Zenith – Fase Dos (Grant Morrison y Steve Yeowell)

Zenith_Fase_DosZenith: Fase Dos (Grant Morrison y Steve Yeowell). ECC, 2016. Carboné. 128 págs. ByN. 14,95 €

Continúa la aventura en cuatro actos de Zenith, el héroe postmoderno de Grant Morrison que defendió a su manera a la Gran Bretaña, y por extensión a todo el mundo, durante los años ochenta del pasado siglo. Decimos a su manera porque si algo quedaba claro en Zenith: Fase Uno, y continúa muy presente en Zenith: Fase Dos, es como el protagonista de la historia es un superhéroe a pesar de su rechazo, tanto inicial como final, a tener cualquier responsabilidad para con la humanidad. En cierto sentido, el Zenith de Grant Morrison es una crítica al realismo de los superhéroes dándoles aún más realismo, Zenith es lo que Zack Snyder quisiera hacer con Superman pero vaciado de cualquier crítica.

Si en Zenith: Fase Uno nuestro héroe se enfrentaba a una amenaza resucitada de la Alemania Nazi, y dirigida por una raza alienígena, la Fase Dos funciona como una extensión de esta estructura, con un enemigo único al que Zenith deberá dar caza para evitar entre otras cosas la aniquilación nuclear de Londres. Aunque en este caso, Grant Morrison parece querer construir algo más,  y entre la lucha de Zenith con un millonario megalómano introduce elementos de lo que supondremos el peligro mayor en las siguientes fases. Morrison introduce la semilla de un conflicto superior que pone en peligro la existencia de las diversas realidades, entre ellas la que cobija a Zenith, el héroe estrella del rock. Esta búsqueda de épica, de convertir las aventuras de Zenith en algo más es de agradecer por parte del guionista, pero es cierto que se convierte en algo casi secundario, pues el motor de la serie sigue siendo su protagonista y especialmente su personalidad, esos recovecos grises de su moral en los que todos habitamos. Zenith no es más ni menos que cualquier futbolista de élite protagonista de anuncios de colonias y bancos. Un tío que simplemente está ahí creyendo que se lo merece más que nadie, simplemente por su don natural.

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Así que es de agradecer como la historia central de Zenith: Fase Dos continúa con la mezquindad y patetismo de la primera fase. El doctor Michael Peyne y el millonario Scott Wallece tienen todas las papeletas para ser villanos estereotipados de James Bond, pero son igual de humanos, y por tanto para nada maniqueos, que nuestro héroe. Así que nadie espere un clímax final de sacrificio heroico, que no se busquen en las páginas de Zenith los valores absolutos de las tragedias griegas, lo que tendremos es lo peor del ser humano desde un sentido heroico, la parte aburrida y egoísta, cobarde y gris que domina nuestro día a día seamos profesores, albañiles, ministros o superhéroes.

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Star Hero

Zenith_Fase_UnoZenith: Fase Uno (Grant Morriston y Steve Yeowell) ECC, 2016. Cartoné, 128 págs. ByN, 14,95 €

Hay una frase que no me canso de repetir, que fuerzo las conversaciones para poder meterla: actualmente en nuestro bolsillo llevamos una capacidad de cálculo superior a la que puso al hombre en la Luna. Cualquier smartphone es más potente que todo el equipo informático que permitió a la raza humana pisar por primera y única vez un suelo no terrícola. ¿Y para que sirve esa potencia? Para hacer fotos a comida, para escribir guarradas y jugar al Angry birds. Con esto no pretendo tomar una postura apocalíptica, si no más bien señalar como el ser humano, en gran medida, ha perdido la capacidad de asombro, dando por hecho que vivimos en la época de las maravillas. Y creo que cada vez se va a más, no puedo explicar de otra forma el tedio con el que un chaval de 12 años se aburre de un drone en par de días.

Esa capacidad de disociación ante lo maravilloso hace que el descubrimiento de las ondas gravitacionales sea una nota al pie en los telediarios o que directamente las personas puedan ver los robots de Boston Dynamics sin saber que algo ha cambiado para siempre, que vivimos en el precipicio dudando, como raza, si saltar a lo más hondo o echar a volar. Pero esto tampoco es nuevo, pues hace ya 30 años vivimos un colapso ante lo maravilloso, una mezcla de duro realismo y frío costumbrismo. Frank Miller y Alan Moore mataron a los superhéroes, convertimos a dioses olímpicos en psicópatas dotados, lo excepcional ya no era maravilloso, si no simplemente estadísticamente extraño, vacío de cualquier magia. Pero estos dos autores no fueron los únicos, y algunos que quizás brillarían más durante la última década del siglo XX ya nos hablaban de la época de la apatía. Un caso a tener en cuenta es la obra Zenith de Grant Morrison y Steve Yeowell, que dentro de la revista 2000 AD nos enseñaron que lo heroico ya era mundano.

Zenith es una colección que se publicó entre 1987 y 1992, el volumen Fase Uno es el primero de cuatro que recogerán las aventuras de Robert McDowell, un dotado, hijo a su vez de superhéroes, que decide usar sus poderes para alcanzar la fama en un mundo que ya no necesita salvadores. En este primer volumen, Grant Morrison nos presenta al héroe menos heroico de Gran Bretaña para seguidamente enfrentarlo a una amenaza, que como no podía ser de otro modo, mezcla la mitología de Lovecraft con las amenazas nazis. No se puede negar que la trama orquestada por Grant Morrison es más que interesante, con unos personajes complejos y unas peripecias llenas de acción, pero sin duda la mayor virtud del guión es la propia fuerza de los personajes y la capacidad que tienen los mismos para no cambiar. Zenith es un niñato cuyo único fin es la fama por la fama, en teoría es un cantante, pero en ningún momento lo vemos componer, grabar o actuar, centrando su tiempo exclusivamente en cultivar la fama y el culto a su persona. Incluso la llegada de la aventura superheroica es vista más como una campaña de marketing que como un intento sincero por salvar el mundo.

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Grant Morrison no tiene necesidad de salvar a ningún personaje, es más, los únicos que acaban positivamente la trama de la Fase Uno son el propio Zenith y todo aquel que ve en la lucha un interés personal, los personajes realmente heroicos, con objetivos desinteresados, están condenados al fracaso o a la más agria de las victorias. No se puede negar que Zenith es una obra hija de su tiempo, enclaustrada a fuego dentro del Reino Unido de Margareth Thatcher. La atmósfera en si recuerda a la primera etapa de Hellblazer, con un Jamie Delano más empeñado en mostrar la miseria moral de un país que las aventuras sobrenaturales del mago John Constantine. Los hombres que vuelan están ahí, incluso los nazis esotéricos, pero Grant Morrison se empeña sin remisión en demostrarnos que hasta un hippy antinuclear puede terminar siendo un político conservador hambriento de sangre.

Por su parte, el dibujo de Steve Yeowell en Zenith es precisamente lo que debe ser, realista y con capacidad para lo asombroso. El dibujante crea un universo totalmente creíble, con unas calles que casi se pueden habitar y unas figuras y rostros llenos de personalidad y matices sin tener que recurrir en ningún momento a la caricatura. Steve Yeowell se mantiene en ese realismo mágico inglés propio de algunas obras de la época, donde la flema británica toma el lugar de la capacidad de asombro latinoamericana. Grant Morrison y Steve Yeowell cuentan en Zenith: Fase Uno el inicio de una saga con un potencial inusitado para la aventura y la acción, pero totalmente alejado de la épica clásica de los cómics, pues tenga poderes o no, Roebert McDowell no deja de ser un veinteañero malcriado por mucha superfuerza que tenga.

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