Wave of mutilation (y 3)

Transmetropolitan Vols. 8 – 10 (Warren Ellis y Darrick Robertson). ECC, 2016. Rústica,  144-156 págs. Color, 13,95 € – 22,50€

En las entradas anteriores dedicadas a Transmetropolitan (aquí y aquí) ya se habló de algunas de las pautas principales del relato planteado por Warren Ellis y secundado por Darrick Robertson, y que se resume en una sola frase: el mundo es una apisonadora que no siente compasión por nada ni por nadie. Para esta obra no ha pasado el tiempo y sigue siendo tan de actualidad que casi da miedo. Ellis desarrolla un universo en el que la verdad no importa demasiado, las injusticias siguen existiendo cada día a pesar de que estas son conocidas por todo. De ahí que la labor de ese antihéroe que es Spider Jerusalem, y que quizás no lo sea tanto. La transversalidad de las crónicas de este periodista nos ataca a todos los ciudadanos, no solo a esos políticos corruptos y con una concepción de la humanidad relativa. Los gobernantes aparecen por la necesidad del relato en encarnar el mal en un solo personaje. En la entrada de hoy nos vamos a centrar en la recta final de este título que no baja el ritmo en ningún momento.

En el 8 volumen Canto fúnebre, se convierte en un punto de giro narrativo que concluirá en los siguientes dos volúmenes. El barrio de la prensa se ve azotado por una catástrofe natural, que dará pie a los tejemanejes del gobierno, mientras que se descubre que Spider es un personaje terminal, este está infectado por Polen informativo lo cual lo sitúa con una patología cercana al alzheimer en un plazo de tiempo relativamente corto. Lo cual pone los pilares para una recta final de infarto en la que el periodista se va a convertir en un kamikaze. En La cura Spider se convierte en un personaje transversal que articula el relato de diferentes personajes secundarios que han ido apareciendo, desde su antiguo editor, una prostituta que se acostó con el presidente y Fred, el transitorio más popular de la ciudad. Todos y cada uno de ellos tienen las piezas necesarias para poder derrocar al presidente. El protagonista siembra la información para que sean otros periodistas los que realizan las preguntas. Dejando a punto la caída de Callahan, para cerrar Una vez más es la conclusión más lógica al relato se cierran las tramas, a estas alturas de la narración tan solo se resumen en una, la de Spider provocando la caída de su némesis, y así es como sucede, en una recta final trepidante nos encontramos justo donde empieza su historia: aislado en la montaña con sus ayudantes.

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A pesar de que el final sea más o menos previsible el viaje al que se nos invita en Transmetropolitan es inigualable, Ellis nos resume a la perfección como sociedad, somos escoria, por mucho que participemos con ONG’s, ayudemos a las abuelitas a cruzar la calle o adoptemos gatos de los albergues de animales. Resulta apasionante releerlo hoy día y supongo que de aquí a 10 año será obligaorio a volver a tenerlo entre las manos y dejar que nos queme las retinas otra vez. Warren Ellis y Darrick Robertson no fallan en ninguna de las entregas tanto en la construcción de las tramas como en la descripción visual del mundo, lo cual convierte a Transmetropolitan en una gozada.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Fuera de la sombra de las torres

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Frecuencia Global (Warren Ellis y VV.AA.). ECC, 2016. Cartoné. 228 págs. Color. 28,50 €

El problema de que no podamos definir bien donde el presente se queda atrás como pasado es la perversión de los conceptos. Si extendemos el presente más allá del mero instante que se vive, es decir, la nada, todo lo vivido por una persona es forma parte de su presente, al menos todo lo que esa persona elija. Las diferenciaciones se vuelven personales y el presente se expande y contrae al gusto del consumidor. El presente puede ser hasta ahora, quedando la duda del desde cuándo. ¿Desde que vives en esta ciudad? ¿Desde que tienes tal pareja? ¿Desde que estás soltero? ¿Desde que trabajas en esta empresa? ¿Desde que lees cómics de Warren Ellis y Grant Morrison? ¿Desde que cayeron las torres y explotaron los trenes?

Si una cosa caracteriza la obra de Warren Ellis es su capacidad para ser un escritor del momento, del ahora, haciendo que sus obras destrocen el presente a riesgo de quedar exhaustas para el futuro. Frecuencia Global, una maxiserie de 12 números editados a principios de siglo, concretamente entre el 2002 y el 2004, son un reflejo reflexivo y cinético de aquellos años, del inicio de la guerra del terror, del mundo virtual que suplantaba al real. Esto hace que la lectura de Frecuencia Global ahora mismo sea más un acto de arqueología, aunque hablemos de una obra con unos 15 años de antigüedad, que de reflexión diaria. Es el precio que paga Warren Ellis con sus guiones, no pueden ser obras eternas porque leídos con el paso del tiempo su modernidad suena igual que un anciano que quiere dárselas de colega con su nieto en una teleserie española, simplemente llega tarde.

Esto no quiere decir que la lectura de Frecuencia Global sea un hecho desaconsejable, en ningún momento, la prosa y el dominio de la acción por parte de Warren Ellis es más que notable, el cómic entretiene y mucho. Además, al contar con la peculiaridad de que cada uno de sus 12 números esta dibujado por un artista diferente, nos permite disfrutar de una docena de estilos variados, la mayoría de las veces acercando dicho estilo a la trama de la historia tratada. Porque una de las ventajas de Frecuencia Global es que no trata de contarnos ninguna historia a través de sus 12 números, el tomo recopilatorio encierra 12 cápsulas protagonizadas por Miranda Zero, la directora de una organización de rescate que cuenta con 1.001 agentes por todo el globo, expertos en disciplinas tan variadas como el alpinismo, la magia, las matemáticas experimentales o el asesinato. Warren Ellis nos lleva de la mano para mostrarnos una docena de misiones en las que Miranda Zero y sus agentes salvan al mundo en el último momento, ya sea el peligro una invasión alienígena, un sistema antimisiles de la Guerra Fría o un grupo terrorista psíquico.

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Pero no podemos olvidar que Frecuencia Global pierde algo de peso en este mundo post Pokemon Go donde la guerra contra el terror ha dado paso a la sociedad del terror. Warren Ellis imaginaba un mundo con peligros secretos que llevarían al borde del colapso a la sociedad en caso de ser conocidos. Actualmente hemos asimilado este escenario al borde del abismo, nos hemos acostumbrado y podemos seguir con nuestras vidas tranquilas, divertidas y ociosas. Hemos perfeccionado hasta el infinito la capacidad de mirar hacia otro y lado e ignorar lo que tenemos directamente frente a nuestros ojos. Las páginas de Frecuencia Global nos pueden servir para recordar esos días cuando cayeron las Torres Gemelas y pensamos que era el principio del fin, pero si los soldados de la Segunda Guerra Mundial supieron dejar atrás las batallas de trincheras y la población civil aprendió que podía ser objetivo militar, nosotros no vamos a ser menos aceptando que el mundo, todo él, es una zona de peligro. Y diversión.

Así que leer ahora Frecuencia Global tiene el mismo sabor que ver las películas clásicas de James Bond, con una crítica pegada a su tiempo que aún rezuma y puede tener lógica en nuestros tiempos, pero que hace de su mayor valor lo entretenido que pueda ser, pues sólo a través de la diversión podemos aceptar el esfuerzo de leer críticas a otros tiempos. Por fortuna, Frecuencia Global, gracias a los guiones de Warren Ellis y el trabajo de los 12 artistas, entretiene y mucho, además de contar con los mimbres suficientes para ayudarnos no a comprender el mundo que vivimos, pero si los pasos que nos han llevado hasta ahora, hasta el presente.

@bartofg
@lectorbicefalo

Nuestro otro universo

Orbitador

Orbitador (Warren Ellis, Colleen Doran y Dave Stewart) ECC, 2016. Cartoné, 112 págs. Color, 13,5 €

Hay temas que siempre funcionan en la ciencia ficción, y uno de ellos es el de los astronautas que vuelven a la Tierra y ya no son los mismos. Estos por lo general sufren un tipo de transformación física que en realidad es holística. La psique de los navegantes espaciales se puede ver afectada de dos maneras: por un lado pueden convertirse en una especie de Mesías tras ver la faz de Dios en sus viajes intergalácticos o bien se ven sumidos en una especie de enajenación mental en la que sufren una regresión a un estado mucho más primitivo en el que rompen con las formas de la civilización terrestre. Algunos ejemplos cinematográficos de esta segunda tendencia son El experimento del doctor Quatermass (Val Guest, 1955) o Viscosidad (William Sachs, 1977) en la que el retorno de los exploradores galácticos suponía una rotura total con los humanos terrestres, en el segundo caso suponía la perdida de la corporeidad del mismo protagonista.

Sin embargo, el caso de Orbitador se mueve a medio camino de las dos opciones comentadas. Ellis narra la vuelta Venture, el último trasbordador espacial lanzado en el pasado antes de que empezaran los viajes tripulados por robots. El desarrollo espacial del relato se construye en una sociedad en la que la tecnología ha pasado a un segundo plano, lo mismo sucede con la ciencia y la investigación. Esa idea nos lleva a otra: estamos ante un relato social que se articula a través de la ciencia ficción. Los autores esbozan un relato coral en el que se focaliza en algunos de los personajes, básicamente los científicos y John Cost, el único superviviente del misterioso viaje de 100 años del Venture.

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Pero no solo es este tripulante solitario el que ha cambiado, que empieza a relacionarse con humanos en un estado primitivo de violencia para convertirse en una especie de mediador de la percepción cambiante del universo. La nave en si misma se convierte en un ente orgánico recubierto de piel poseyendo en su interior órganos vitales. Todo apunta a un cambio de paradigma científico que Ellis, a modo de manifiesto, redirige el punto de vista hacia una nueva forma de aproximarse a los secretos del universo y de entender la ciencia de otra manera. El universo es un ente vivo y como tal solo va a tolerar la exploración por parte de otros seres vivos, incluyendo los vehículos destinados a estas labores.

Orbitador es un relato sencillo de ciencia ficción que saca provecho a los recursos de este género narrativo para establecer un relato mucho más amplio. Sin perderse mucho en tecnojerga y en pajas mentales sobre los viajes espaciales. Este profundiza en aspectos espaciales y sobre la construcción de la percepción de la realidad. Funciona muy bien como One-shot o como un buen capítulo de The Twilight Zone, pero principalmente como un buena obra que merece una atenta lectura, sobre todo en la intensa recta final del mismo. En el que se queda un poso veraderamente inquietante sobre los científicos y a los guetos a los que se va viendo reducida su actividad investigadora.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Wave of mutilation (2)

Transmetropolitan,vols. 5-7 (Warren Ellis y Darick Robertson). ECC, 2015-2016. Rústica, 144 págs. c/u. Color, 13,95 €

En la entrada dedicada a los cuatro primeros tomos ya se habló de algunos de los rasgos principales de la obra de Warren Ellis, que básicamente se pueden resumir en dos: la primera que se trata de una serie de personaje, Spider Jerusalem invade todo el espacio vital de la ciudad en que habita a pesar de la variedad étnica, cultural, religiosa, etc. ; a la vez de ser una obra coral, la ciudad en sí misma y sus habitantes son un macropersonaje definido por el espacio urbano creado. El segundo gran rasgo son los temas, predominantemente de carácter social y político. Ellis toma una distancia brutal, escenifica una nación imposible para hablar de los EEUU del momento, finales de los noventa y casi toda la primera década del s. XXI. Lo cual lo convierte en un texto revelador que a modo de crónica ficcional describe un modelo de sociedad en caída libre.

Para situarnos a nivel narrativo el cuarto tomo finalizaba con la victoria del Sonrisas en las elecciones nacionales, lo cual supone en cierta manera una condena para Spider. Tras ese arco argumental, “La nueva escoria”, Ellis se toma tres números para reanudar la acción, tomándose un tiempo no solo para evaluar al personaje en su nueva situación así como para que este se tome su tiempo en reflexionar sobre la ciudad, llegando a la decisión final de que va a seguir con su trabajo por muy incómodo que les resulte tanto a los ciudadanos como a los poderes del país. Estos tres números no solo sirven para tomar aire sino para asentar y ampliar este universo urbano. El siguiente arco argumental, “Ciudad solitaria”, es un canto desesperado sobre el fin de la libertad de expresión. Spider investiga la muerte de un adolescente por parte de un grupo de extremistas callejeros que no es más que una excusa para intentar asesinar a Spider, aunque este salga vivito y coleando, matan a gran parte de la prensa de la ciudad en el momento en que van a liberar a los criminales.

El siguiente arco consiste en tres números sueltos en los que se reconsidera la situación del personaje. Este es convertido en un personaje popular que aparece en todos los espacios publicitarios a través de técnicas de marketing media mix: cereales, dibujos animados, porno, etc. Por lo cual es percibido como un personaje absorbido por el mainstream y perdiendo con ello el valor crítico de su palabra. Por lo que en el siguiente bloque narrativo, “Escarba hondo”, consiste en el proceso de ruptura con su estatus como periodista de actualidad que muestra su disconformidad con el sistema. Tras la censura impuesta por el gobierno a sus artículos deja de trabajar para el periódico y abandona su vida en los barrios de clase alta.

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Todo esto nos prepara para un personaje quizás menos corrosivo pero más incisivo que se convertirá en un Spider consciente de su función para la sociedad. El dinero pasa a un segundo plano en pos de la necesidad del protagonista de informar sobre las actitudes totalitarias del presidente, que a pesar de aparecer en contadas ocasiones esta omnipresente a lo largo de todos los arcos narrativos. “Vuelta a los orígenes” nos habla de un Spider con ganas de contar historias, pero no solo para provocar el malestar de la sociedad sino que se va a dedicar a escribir de aquello que nadie quiere oir, dar voz a los seres marginales, hablar de una ciudad podrida hasta la raíz. Todo como un preludio de los últimos arcos argumentales en los que el enfrentamiento inminente con el presidente parece que va a ser épico.

En estos tres tomos recopilatorios Transmetropolitan sigue siendo un gran cómic que no ha perdido ni un ápice de su voluntad de molestar. Spider Jerusalem es uno de los mejores personajes escritos para el cómic comercial para adultos que no pierde el temple a medida que avanzan las entregas. La combinación del trabajo entre Ellis y Robertson es la clave para no hacer caer a un personaje que si no tuviese el punto adecuado sería muy fácil hacerlo caer en lo paródico.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Wave of mutilation

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Transmetropolitan,vols. 1-4 (Warren Ellis y Darick Robertson). ECC, 2015. Rústica, 144 págs. c/u. Color, 13,95 € – 14,95€.

Spider Jerusalem, el periodista ficticio que protagoniza Transmetropolitan¸ sirve para explicarnos como es la sociedad contemporánea. Para empezar el cómic es un título atípico para una editorial americana en el que la acción pura y dura queda en un segundo y tercer plano para dar protagonismo a la información relativa a la actualidad de la ficción en la que se desarrolla el texto. Spider no es un santo, tampoco una víctima de la corrompida sociedad en la que vive: unos Estados Unidos creados por Warren Ellis que son una hipérbole de lo que conocemos hoy día, a pesar de cuando dejo de publicarse, hace más o menos una década, pudiera parecer una fantasía política más que una representación social.

El mapa en el que Ellis nos sitúa es en el de una economía de mercado brutal en el que el asesinato y la extinción de animales es un bien de mercado, y rechazado por muy poca gente. Por otro lado el relativismo cultural ha alcanzado su máximo nivel, se permiten desde tecno-religiones que apoyan la lapidación de personas por cualquier motivo, a reservas culturales en las cuales se permite el sacrificio de seres humanos para mantener el sistema cultural. En ese sentido la obra de Ellis y Robertson es impecable, no solo por lo planteado y por el sentido crítico del mismo sino por la idea de dibujar el territorio a partir del mapa.

Spider Jerusalem es el personajes guía, el que nos va a introducir a esta selva en la que las personas se apabulladas por unos sistemas informativos omnipresentes y que obstaculizan la visión y la percepción de la realidad misma. Lo planteado por Ellis a finales de los noventa es nuestro día a día en el que el retuit no solo da respaldo a la información sino que a medida que retuiteamos hacemos la noticia más fiable. La paradoja de Spider es que no es un novato en este mundo, pero si fue testigo de excepción de la reconversión de Estados Unidos a ese futuro viciado.

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Para ello nos valemos del primer recopilatorio “De nuevo en la calle”, en el que el protagonista vuelve de manera obligada a la civilización para poder finiquitar un contrato editorial. Este volumen nos sirve para: ver el ecosistema comunicacional y social en el que se va a desarrollar este título, hablarnos de la prehistoria del personaje, que se intuye rica, y su relación con el presidente del país, las nuevas necesidades biológicas y religiosas del país. Para ello dedica un capítulo para mostrarnos la televisión que se ve en ese momento, la caja tonta como reflejo de un país, y asiste a un congreso interconfesional en el que se muestra la variedad religiosa del momento, que esconde una crítica sobre la formación de las creencias. El segundo volumen “Pasión por vivir” sigue de manera errática el mismo camino a través de pequeñas aventuras: hacernos conscientes de lo extraño que es el mundo sobre el que estamos dispuestos a leer, y seguir indagando sobre los orígenes del personaje.

La tercera y cuarta entrega “El año del cabrón” y “La nueva escoria” marcan el punto de partida real de la historia. Spider se muestra como algo más que un periodista gonzo adicto a todo tipo de drogas, con “El año del cabrón” la obra se sitúa dentro de la política ficción. En periodo electoral el pueblo estadounidense debe elegir entre el presidente que ha hecho que el país se convierta en una selva del consumo amoral o un candidato que es todo sonrisas que pacta con la ultraderecha más rancia. Tras un artículo sobre Callahan, el segundo de los candidatos, Spider se convierte en un personaje mediático eclipsando con ello el verdadero motivo de su popularidad: sus artículos hirientes sobre la política del país.

El cuarto tomo, “La nueva escoria”, es el más brillante hasta el momento Spider se enfrenta a la bestia y vuelve a tener un encuentro con Callahan pocos días antes de las elecciones. Este volumen viene presidido por un trasfondo mucho más oscuro y está protagonizada en segundo plano por una población que elige al sonrisas como presidente a pesar del odio que este les tiene. La nueva escoria es aquella que es capaz de emitir un voto a aquellos políticos que les joden abiertamente sin ningún tipo de matiz. También hace acto de presencia como la política contemporánea desdibuja los rasgos ideológicos de los idearios políticos.

A pesar del tiempo que ha transcurrido de la publicación de Transmetropolitan es un texto que nos habla en presente tanto a la sociedad estadounidense como a la europea, en el que se esboza una visión metafórica de nuestro presente en un universo cruel, no tanto en la forma, sino por los usos y costumbres adoptados por sus habitantes. Así pues podemos entender la obra de Ellis y Robertson como una crónica de actualidad no solo por la representación socioeconómica sino por la puesta en valor de un discurso sobre la política en un medio como el cómic que no deja de ser una relectura sobre la cultura pop y los inconvenientes de trasportar dichos valores a los aspectos más trascendentes de nuestras vidas. Hoy más que nunca Transmetropolitan es una lectura necesaria.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo