Narrative Meets Transmodernity

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Trees (Warren Ellis y Jason Howard) Norma Editorial, 2017. Rústica, 168 págs. Color, 18 €

A mediados de la década de los ochenta se empezó a utilizar el término glocalización para referirse a una dinámica de actuación que se resume con la consigna “pensar globalmente y actuar localmente”. Esto se podía ver, principalmente bajo dos perspectivas: la económica y la cultural. La primera consistía en que las grandes empresas se adaptaban a las características de una sociedad en concreto. De ahí que las empresas de comida rápida proliferan en regiones del mundo que no se corresponden con los paradigmas alimenticios del occidente capitalista. En lo cultural pasaba por asumir y adaptar costumbres de un punto del planeta en otro. Posiblemente esos fueron los primeros pasos de la transmodernidad: la idea de lo global aplastando la posmodernidad y de paso arropando cualquier tipo de discurso de lo local. Ya no nos extraña poder consumir productos orientales, leer al segundo cualquier cosa escrita por alguien en la India o simplemente ver un partido de futbol entre dos equipos camerunenses.

En lo narrativo ese discurso daba pie a cualquier tipo de relato relacionado con la ciencia ficción, desde Star Trek, con una innegable visión etnocentrista que se ha ido perdiendo a lo largo de la franquicia, a Babylon 5, pasando por series como Space Precinct. Los ejemplos son televisivos adrede, no hay nada más global que un medio audiovisual que desde un principio se pensó para formar discursos únicos para territorios amplios. Si hablamos de series más modernas el discurso de la transmodernidad empieza a calar en Lost, protagonistas de diferentes partes del globo terráqueo intentando resolver un problema que les atañe a todos. Aunque es con Sense 8, de las Hermanas Wachowski y J. Michael Straczynski, que el discurso de la transmodernidad en lo narrativo ha explotado una trama explicada por una serie de personajes cada uno de ellos viviendo en una parte del planeta.

Trees me ha recordado mucho a Sense 8, ¿o quizás debería de decirlo a la inversa?. La serie de Netflix tiene muchos de los elementos que el guionista británico dispone a lo largo del relato, cabe recordar que Trees es previa a Sense 8. La trama es más bien sencilla, se plantea como un punto de partida en el que un hecho excepcional afecta a los personajes protagonistas desde los más íntimo, la política, ciencia, economía, o aspectos que parecen de carácter esotérico. El hecho en cuestión es la llegada desde el espacio de unas columnas que se implantan en algunas zonas concretas del mundo; en principio estas están situadas en lugares que no parecen relevantes: desde China, al sur de Italia, pasando por Nueva York, el ártico, Rio de Janeiro o Somalia. En un principio parecen destruir cualquier tipo de vida, pero con el tiempo, 10 años concretamente, la gente se ha acostumbrado a vivir a la sombra de los árboles sin saber cuál es la misión de estos. Las nuevas situaciones plantean un cambio de relato social y económico, desde la ascensión de la ultraderecha en el sur de Italia, un enfrentamiento entre países limítrofes con Somalia, la creación de nuevas sociedades libres en China o la posibilidad de comunicarse con los árboles en el ártico.

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Las ficciones normalmente muestran este tipo de situaciones desde la bipolaridad, o bien de cómo se gestiona desde el poder o como lo sufre la población. En Trees, por el momento, tan solo podemos percibir algo de lo primero, pero Ellis se centra principalmente en la mejora o peoría de algunos individuos en concreto. Los más interesantes son Tian Chenglei, un chico joven que llega a la ciudad de Shu, nacida a la sombra de un árbol, en la que el gobierno chino ha declarado como una ciudad libre en la que viven artistas de todo tipo y personas con todo tipo de orientación sexual. Tian descubrirá la suya tras participar en una orgia en la que también está Zhen, una chica transexual. Por otro lado, esta Eligia Gatti, una mujer joven que sale con un fascista italiano solo por lo que este le procura manutención. Ella quiere emanciparse, pero en tiempos de cambio esto pasa por derramar sangre.

Trees resume a la perfección lo que implica la transmodernidad en la narrativa moderna. Cada vez cuesta más explicar lo que nos pasa en nuestro país sin saber lo que está sucediendo en otros lugares. Ellis desarrolla un relato contado desde diferentes perspectivas que justo explota en el último capítulo de este volumen; pero que ya en las primeras páginas parece estar planteando una colección en el que la resolución de la misma va a pasar más por el viaje interior que el lector va a hacer de la lectura que por una conclusión narrativa en sí misma. La obra refleja la constante de un mundo cambiante que posiblemente no sea tan rabiosa como Tranmetropolitan en sus planteamientos pero que está sembrando para poder serlo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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