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Paseando con Samuel (Tommi Musturi). Aristas Martínez, 2016. Cartoné, 160 págs. Color, 22€

Simplemente Samuel (Tommi Musturi) Aristas Martínez, 2016. Cartoné,  160 págs. Color, 22€

Tommi Musturi a través de Samuel, un personaje creado exprofeso para desarrollar uno escenarios oníricos, construye un paradigma crítico sobre el concepto de evolución y civilización, sobre todo en su primer volumen: Paseando con Samuel. Si bien este título es un punto de partida para investigar sobre ciertos aspectos sobre como un personaje debe ser creado para un fin concreto en un espacio de acción determinado, el segundo volumen sugiere otro tipo de reflexión que tiene que ver mucho más con la mutación de los personajes en función de sus rasgos pop(ulares) y la conjunción con otros personajes famosos de la cultura pop contemporánea.

Musturi es un autor en apariencia sencillo que parece quedarse en el plano visual para mostrar una narración basada en el alarde visual, y quizás ese pequeño disfraz que aporta al relato lo hace más digerible captando a aquellos incautos y reconduciéndolos hacia la reflexión interior que el autor finlandés nos ofrece. El paseo en el cual nos convertimos en acompañantes no es de carácter descriptivo sino cognitivo. Se nos da la oportunidad de retar a nuestra mente reubicar nuestro lugares comunes y reubicarlos a través de las diferentes propuestas espaciales  que Musturi reimagina no sin cierto encanto del kawaii japonés, aunque sin la saturación que caracteriza al mismo. Convierte en encantador y adorable cualquier aspecto de lo humano desde el más despreciable a las virtudes. Pero Samuel no es un personaje ejemplar, es un observador, por lo que parece le encanta reflexionar, fluye por los espacios y entra en acción solo para experimentar pero no para involucrarse, eso nos lo deja a los lectores, la distancia entre los espacios y el personaje la debemos aportar nosotros.

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Dichas pautas discursivas se ponen de manifiesto a través de las primeras páginas de Paseando con Samuel donde podemos ver como un nuevo mundo se crea y Samuel surge de la nada explorando ese mundo primigenio que a las pocas páginas empieza a complicarse en una sociedad hiperpoblada y en el que la soledad es imposible. Musturi propone la soledad como una salida, un viaje sinestésico, algo que ya habíamos podido comprobar en la magnífica Sr. Esperanza. Esta reflexión sobre lo que implica la civilización pasa por la creación y posterior quema de ídolos, la producción en cadena de personalidades grises y anónimas autocanibalismo.

Sin embargo, Simplemente Samuel es una suerte de continuación pero apunta hacia otra dirección. En este caso la reflexión apunta hacia el desarrollo de un personaje muy icónico y mutarlo/confrontarlo a la experiencia cultural de los lectores. En este título nos vamos a encontrar historias más cortas que en el anterior, pero que no están estructurados como gags. El personaje en cuestión aparece en una situación que más o menos se resuelve o simplemente se deja a abierta, como un relato al cual se recorta el final para sembrar la incertidumbre en el lector. En ocasiones nos encontramos que Samuel encarna diferentes roles, desde vampiro a motero pasando por luchador; sin olvidarnos de las páginas que el autor dedica a transformar al protagonista en personajes como Charles Chaplin, Rambo, He-Man o el capitán Haddock entre otros.

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Si bien el segundo volumen es más estético también es más placentero, pero no hay que dejarse engañar, Samuel no es un personaje casual para echar el rato. La sencillez de su diseño lo convierte en un lienzo en blanco que es capaz de reflejar la perplejidad ante la cual nos encontramos a la hora de ponernos ante estos dos títulos. Sobre todo por la impresión de serenidad-hieratismo que aporta el protagonista. En ambos casos el trabajo de Musturi apunta hacia un viaje lisérgico por mundos de difícil concepción en el que en ocasiones el cuerpo humano constituye para Samuel un espacio por el cual transitar en busca de algo que nunca sabemos que es lo que es. Tampoco parece cargado de prejuicios, ni valores morales, ni tan siquiera esta agobiado por cuestiones sobre sus orígenes y el fin con el que ha nacido. Eso lo ponemos nosotros, con todo eso leemos estas obras que tan solo buscan maravillarnos en el aspecto visual y nos animan a poner una lectura a nivel narrativo.

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La sinestésica naturaleza de la vejez

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Sr. Esperanza (Tommi Musturi) Aristas Martínez, 2015. Cartoné con sobrecubierta, 230 págs. Color, 25 €

La tercera edad no suele ocupar un espacio importante entre los personajes de cómic contemporáneos, en general las narrativas convencionales suelen espantar el halito de la vejez para no espantar a las audiencias más jóvenes, casos como el de Arrugas de Paco Roca, en el que la mayoría de los personajes que protagonizan las historias son personas mayores, o de El arte de volar de Altarriba y Kim, que al principio y el final se explica la vida del padre del guionista ya adulto, son una excepción. Si aparecen en suelen ocupar una serie de espacios estereotípicos que o bien se decantan por representar los valores de lo anacrónico y de resignación o lo caduco o representan un espacio de libertad que al haberse despojado de las obligaciones paternofiliales y laborales pueden hacer lo que les venga en gana. Eso sin olvidarnos de esa representación de la sabiduría que siempre encarnan.

Hace tiempo que llegue a una conclusión: las personas mayores no es que sean más o menos sabias, sino que lo que hacen es escuchar todas las opiniones, y cuando todo el mundo ha hablado dan la suya sentenciando. Aunque ese atributo no es propiedad de la edad sino del conocimiento de las situaciones, problemas y sus causas en contextos que reconocen a la perfección. Sin embargo, Tommi Musturi nos lleva a otro punto en la representación de la iconicidad de la tercera edad en Sr. Esperanza. Relato protagonizado por una pareja de la tercera edad en el cual la mujer permanece en off hasta la quinta y última parte del libro. El hombre será aquel que nos enseña una posible, y factible, etapa soñadora en la que se puede convertir la tercera edad. Este renuncia completamente a la realidad para evadirse de la triste soledad que define como “una amiga peligrosa, una musa y una asesina” (pág. 45).

Esta entre otras reflexiones sobre la realidad son las que aparecen en la primera parte del libro. Musturi abre las puertas a un personaje que se irá creando para evadirse poco a poco y fundirse en una autoficción de evasión para al final retomar el pulso del mundo real en el que parece haberse reconciliado con este a través de la relación con su esposa que vive, por lo que podemos percibir, anclada al día a día a través de las obligaciones más mundanas: que van desde la limpieza de la casa hasta hacer la comida o intentar que su marido salga del mundo de fantasía en el que se ha sumergido.

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Este es desarrollado en la tercera parte del volumen, configurado como un western post-mortem en el que el hombre navega en su mitología personal, algo que ya hace a lo largo del relato, pero aquí de manera más acentuada. Esta travesía personal es un dialogo con la muerte, al igual que hiciera Bergman en la indispensable El séptimo sello pero aquí la partida es con el mismo, solo que tiene lugar en su mente o simplemente tras una mala noche por haber comido mucho. De ahí pasa a ser un ermitaño que es que se esconde en el bosque, siendo ahí donde la mujer lo recupera desde lo más mundano: dándole de comer. El último capítulo es una revisión a la vida de la pareja desde sus inicios pasando por los mitos, lo que les  ha unido durante años que acaba con el primer beso de ambos.

El pulso narrativo de Musturi es firme, capaz desarrollar una poética sobre el fin, o el principio, de un individuo cuya ligazón con el mundo real está muy lejos de ser el deseado. El autor finlandés nos lleva por un universo muy personal, en el que tiene cabida la rutina de la vida diaria y las posibilidades de un mundo onírico creado para no morir de realidad. Plasma a la perfección lo hierático asociado a las sociedades nórdicas en las que no se acaban nunca de mostrar todos los sentimientos a pesar de la situación. Sr. Esperanza es una oportunidad para conocer a uno de los mejores autores del momento, un creador capaz de marcar un tempo de lectura pausado, lineal, causal pero abierto a la reflexión. Con una estética propia y reconocible, capaz de mostrar con el color estados de ánimo, mundos y sensaciones en cada una de sus viñetas. Una obra imprescindible para todos.

@Mr_Miquelpg

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