Obsessed bodies

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Paranoia Star (Suehiro Maruo). ECC, 2019. Rústica, 160 págs. B/N, 12,95€

Si hiciéramos una cata de la obra de Suehiro Maruo, como si fuera un vino, esta desprendería una serie de aromas que nos recordarían al surrealismo más crudo, una idea del romanticismo deconstruido, una idea de utopía derruida desde el interior del ser humano y una nostalgia estética por el Japón prebélico. Todo aderezado con una idea de personajes obsesivos en contextos cerrados que prevén ciertas actitudes de los mismos. Maruo ha sido una constante en la publicación de manga en España y sus obras han sido la piedra angular del ero-guro en todo occidente. Sus trabajos rezuman una violencia perversa que se produce a través de una ficcionalización de ciertos momentos históricos. El hecho ficcional es igual de perverso que los hechos representados.

Paranoia Star es una recopilación de historias cortas que recoge la esencia del trabajo de Maruo. Relatos que recogen todas las obsesiones de un autor que reescribe la relación entre cuerpos como una pasión subyugadora que impele a sus personajes a realizar actos de difícil catadura moral. Pero si hay algo que une estas piezas son la relación entre lo humano y lo inanimado. “Sojin” es un retrato idílico del Shangai de los años treinta y unos traficantes de diamantes que son atracados por un androide que hace eclosionar una energía que devasta la ciudad. “La hormiga eléctrica” sobre la obsesión, el personaje protagonista esta poseído por un espíritu compulsivo por desmontar aparatos tecnológicos para luego masturbarse con la banda magnética de cintas de casete; “La hormiga eléctrica falsa” sigue con la idea del salaryman mecanicista que saca sus instintos como una forma de violencia. Ambas entregas tienen en común aspectos de la Nueva Carne con homenajes a Videodrome de David Cronenberg y reminiscencias a Tetsuo, el hombre de hierro de Shinya Tsukamoto.

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 La obsesión de un nacionalismo ideológico en “El triunfo de la voluntad”, en un claro homenaje a la cinta de Leni Riefenstahl pero resituándola en el barro del combate y utlizando fotomontajes de El Gabinete del Dr. Caligari a modo de subtexto de la perversión de los totalitarismos basados en el concepto de raza. También se regodea en la autoficción sádica en “El vampiro de la enfermería” o en la parahistoria en “El planeta de los japos” tomando el relevo de Philip K. Dick, en este caso es el Imperio japonés el que invade Estados Unidos. Pero con una toma de tierra cruel y sádica, tal y como fue en todo Oriente. Y “Madre Misteriosa” un relato surrealista sobre la utilidad del arte.

Con el tiempo Maruo se distingue de otros autores que utilizan el ero-guro como forma de e expresión son los subtextos y como los articula. Son historias complejas que se cierran más por lo que no se dice y por el background cultural del lector que por lo que el autor expone en la página. Con el tiempo se ha vuelto más rebuscado en cuanto al uso de referencias y árido en cuanto a la forma de contar. Pero en todo caso de eso se trata de perderse en la obra y rebuscar entre la intención del autor y los significados que nosotros queramos, o podamos, encontrar. Imprescindible para cualquier gourmet del cómic y para aquellos lectores que buscan perderse en paraísos narrativos indómitos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Maruo Island

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La extraña historia de la Isla Panorama (Suehiro Maruo). ECC, 2016. Rústica, 280 págs. B/N, 14,95€

La escenificación de sociedades ideales son una constante dentro del constructo social humano. La historia de las civilizaciones se escribe a través de las visiones de una serie de personas que tratan de esbozar una sociedad lo más “perfecta” posible. El siglo XX ha sido rico en ejemplos de este tipo desde los estados autoritarios como la Unión Soviética, la Alemania nazi, la China que nace tras la sangrienta Revolución Cultural o la actual Corea del Norte. Se trata de realidades políticas que funcionan como una ficción ideal que para funcionar de manera correcta todo debe de funcionar tal y como el guión indica.

La ficción no escapa, evidentemente, de ese germen a la hora de idear versiones de mundo alejadas de la realidad y que operan a modo de visión subjetiva sobre la posibilidad de un mundo reglado y perfecto. Tal es el caso de Utopia  de Tomas Moro y de reescrituras en su vertiente protestante, véase Wolfaria. La dificultad de implantar mundos ficcionales utópicos es harto compleja, muchas veces la imaginación del escritor es un límite para implantar ciertos aspectos en la realidad. Recientemente en un artículo de Jonathan Freedland para The Guardian, publicado en España por Eldiario.es, nos habla de la influencia de Ayn Rand, la novelista de cabecera de la derecha libertaria, en el gobierno estadounidense actual. En este caso la ficción se filtra en la realidad a través de los ideales plasmados por esta escritora en sus novelas.

Aparte de esos mundos ideales que buscan solaparse a la realidad están aquellos dentro de nuestro continuo contemporáneo en el que se insertan ficciones sobre espacios de entretenimiento como son el caso de: la saga de Jurassic Park, Tomorrowland o Westworld. Son mundos de entretenimiento que funcionan aparte de lo real en esa ficción que por lo general suele ser muy parecida a la del momento en el que se ha creado dicha ficción. Sin embargo, en La extraña historia de la Isla Panorama, obra original de Ranpo Edogawa, y adaptada a manga por Suehiro Maruo, mucho menos perverso en lo visual pero mucho más en el subtexto y en la descripción de personajes, la idea es un tanto diferente se trata de un mundo creado para saciar las ansias hedonistas de un escritor venido a menos.

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Hirosuke Hitomi es un escritor pobre cuyo mayor deseo es ser rico para poder rodearse de placeres. Para ello escribe un relato a modo de manifiesto titulado La historia de Ra y que lleva a cabo cuando ve que puede hacerse pasar por un millonario conocido fallecido recientemente. Este pone su plan en marcha, compra una isla y crea un gran parque de atracciones para vivir en él. No como un espacio para habitar de manera intermitente sino como un espacio vital en el que se pone de relieve una representación física y manifiesta de su ego. El mundo recreado en la pequeña ínsula sobredimensiona el espacio real de la misma, Hitomi diseña un espacio en el cual aprovecha cada centímetro de terreno edificable para crear diferentes ambientaciones a modo de una forma art brut sofisticado.

 Hirosuke Hitomi nos recuerda a esa representación del típico escritor deslavazado y marginal que cuando adquiere algo de poder se convierte un déspota incapaz de pararse ante nada. Maruo reimagina el universo de Edogawa con un forma de expresar la perversión alejada a de sus cánones tradicionales. Esta aparece en la descripción física del protagonista, en sus ademanes y en la forma en que este se pasea por su nuevo paraíso. Lo planteado por Edogawa ya era de por si una obra que ponía de manifiesto del capitalismo y nacionalismo galopante que arrasaría a Japón durante el periodo Showa. Para los lectores habituales de Maruo es una forma de redescubrirlo, siendo este más ladino en las formas y en la representación de los personajes.

@Mr_Miquelpg

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Amor pero de otra manera

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Infierno embotellado (Suehiro Maruo). ECC, 2016. Rústica, 192 págs. B/N, 13,95€

Suehiro Maruo es una de las claves para entender el manga, o más bien un tipo de manga: el ero-guro. Ese género que está a medio camino entre lo grotesco y lo poético que surge como representación de los más bajos instintos humanos pero en su vertiente más estética. Maruo es un viejo conocido del público español, el que abrió la publicación de este tipo de títulos, luego vendrían otros autores como Shintaro AKgo, mucho más experimental y dialogante con la forma del relato; o Junji Ito, menos espectacular en la forma pero mucho más formal en cuanto a las pautas narrativas del terror más clásico.

En Infierno embotellado seguimos algunas pautas discursivas que ya aparecen en otras obras del autor y que orbitan, principalmente alrededor de la familia o la cercanía entre personajes. En gran parte el encanto que Maruo desprende a la hora de narrar se basa en su capacidad de transformar las relaciones entre personas, pervertirlas, reconvertirlas en algo que nunca debió ser. Entre los matices que aplica el autor japonés no están aquellas dependencias corporales entre personas, también podemos encontrar aquellas que fluctúan hacia la subordinación intelectual y la más peligrosa es el amor. Este es mostrado de manera exacerbada con una pasión enfermiza que hace que los protagonistas sean capaces de traspasar los límites personales de cada uno.

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Podríamos decir que los cuatro relatos que componen este volumen están presididos por el amor: fraternal que se convierte en carnal, hacia el propio estatus personal, hacia la humanidad y el familiar que se convierte en una fuente de dependencia y autojustificación de las propias acciones. En el relato que le da título al volumen, basado en una obra de Yumeno Kyusaku, se narra la historia de dos hermanos que conviven juntos en una isla desierta tras haber naufragado cuando eran pequeños. Estos fueron lanzando botellas explicando su situación, concretamente tres, en cada una de ellas, sobre todo en las dos primeras, se explica cómo estos se han ido convirtiendo esclavos de una pasión que no saben definir como tal. Convertirse en adultos también les ha hecho cambiar su cuerpo, no solo con las transformaciones de la pubertad sino convirtiéndolos en una especie de demonios. “La tentación de San Antonio” es un tanto diferente, en esta ocasión el santo sale con su talante solidario a la calle para ser maltratado por el prójimo a pesar de su insistencia en la bondad de los humanos.”Kogane-Mochi” es sobre un masajista ciego que siente tanto miedo por lo que le rodea como amor por sus ahorros, la desconfianza que le transmiten sus vecinos hace que se coma el dinero antes de que otros se queden con este. Aunque el relato más Maruo de todos es “Pobre hermanita” en el que una chica cuida de su hermano pequeño, el cual tiene una deficiencia intelectual, tras un intento del padre para venderlo a un Freak Show. Ella se prostituirá para mantener al niño alejado de todo mal.

En Infierno embotellado Maruo nos muestra que en su arte no está el mostrar la brutalidad ni imágenes que puedan dañar nuestras retinas sino sembrar en nuestra alma un sentimiento descorazonador hacia el resto de la humanidad. En eso el autor nipón es mucho más fino que algunos de sus contemporáneos de género, no se deja llevar por esa suerte de impulso de querer impresionarnos desde el primer momento, sabe que para eso hay sembrar, dejar que la incertidumbre hacia el texto crezca en el lector hasta el punto que estas atrapado y no puedes dejar de leer, de rastrear las páginas buscando el detalle. En ocasiones así nos permitimos ser morbosos, aun sabiendo que ninguno de los personajes acabará a salvo. Eso es Maruo, léanlo.

@Mr_Miquelpg

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