Kunst macht frei?

Marc Bell - Stroppy - Forro.indd

Stroppy (Marc Bell). La Cúpula, 2018. Cartoné, 72 págs. Color, 16,90 €

¿Cómo se hace una crítica de un cómic del que la editorial reconoce la dificultad de realizar una sinopsis? Seguramente ese sea el mayor atractivo de Stroppy de Marc Bell. Empezando por la estructura, cada una de las páginas tiene un encabezado propio, algo que en principio podría apuntar a cierta fragmentación del relato y que tiene como función anunciar lo que va a suceder en las viñetas que siguen en dicha página. Eso le confiere cierta extrañeza a la lectura del volumen, y creedme no es lo más raro que os vais a encontrar si os adentráis en estas páginas, que sirve a modo de anclaje para no perderse en el aluvión de información que puebla cada una de las viñetas.

La línea argumental es sencilla, Stroppy trabaja en una cadena de montaje en los que les pone un cerebro a unos seres amarillos. De repente aparece Sean y le propone que participe en un concurso organizado por los Schnauzers, seres que parecen dominar este mundo. El protagonista se distrae y es despedido. Se obsesiona con el concurso porque supone un premio en metálico. Bueno eso es la trama central sencilla pero que da pie a una serie de discursos visuales y temáticos un tanto curiosos. El aspecto gráfico es el más llamativo, Bell opta por la viñeta abarrotada tanto de texto, a veces realmente intrincados, y visuales. La estética es un tanto naif, formas redondas con personajes y objetos que a veces nos recuerda al tipo de dibujo que podemos encontrar en muchos cuentos infantiles pero que tiene matices del cómic underground más clásico. En ese sentido lo surrealista se da la mano con cierta voluntad rupturista que busca, en cierta manera, es todo como muy onírico, pero enseguida encontramos matices que nos remiten al mundo contemporáneo.

Marc-Bell-STROPPY-tripa-España-14.jpg

Es ahí donde posiblemente encontramos referentes que anclan el texto a nuestra realidad. El mundo propuesto por el autor canadiense nos remite a las formas de poder del capitalismo, Stroppy no es solo despedido, sino desahuciado, expulsado de su casa y de su ropa, su incapacidad para mantener el sistema productivo que se le exige llo hace incapaz ante los ojos de su jefe Monsieur Mostacho. Este es un ser déspota que vive rodeado de sirvientes que atienden todos sus deseos, incluso los más banales o aquellos que puede hacer, pero también vive subyugado por Lord Rupert, y todos en general a los schanuzer. Es decir, ninguno es dueño de su destino ni de las decisiones que toma. Pero el relato tiene otra vertiente, la música, y por extensión el arte. Mounsieur Mostacho quiere participar y ganar aduciendo su estatus social como máximo valor de su ingenio como compositor. Stroppy quiere hacerlo por el dinero, pero no tiene el talento, le roba una composición a Clancy el poeta, un amigo suyo, que repudia ese tipo de concursos, pero acaba ganando. El premio es ser recluido para una industria musical que lo exprimirá hasta los topes. Las últimas páginas giran en torno a la música como industria y no como arte sino como un constructo social que debe estar en constante cambio para generar nuevos beneficios a través de nuevas industrias.

La idea de Bell es desarrollar un relato por capas en lo que lo estético recubre como si fuera una fondant una historia de nuestro tiempo que se circunscribe de pleno en la transmodernidad. La globalización asume cualquier discurso por radical, transgresor o alternativo que. Al final no queda claro si los Schnauzer están compuestos de los seres que construye Stroppy, planteándonos una gran cuestión ¿somos nosotros que nos autoimponemos como sistema? A parte de todo eso el trabajo de Marc Bell es complejo y bello por la capacidad de abstraer en un discurso de lo surreal uno sobre la realidad de nuestros días y una crítica feroz al mundo del arte.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Anuncios