Lo mejor más allá de las fronteras nacionales del 2015

Esta lista no es que sea mala, es que está tan incompleta como dominada por la subjetividad. Aún tengo bastantes cómics amontonados por leer, la mayoría editados en el 2015, e incluso puede que alguno del 2014, y como sé, porque me pasó el año pasado, alguno merecería estar en la lista de lo mejor de este año, pero no lo va a estar porque no lo leeré hasta dentro de algún tiempo. Así que supongo que si alguien hecha en falta algún título es primero porque no me lo he podido leer, y a lo mejor, es posible, porque lo he leído y no ha sido tanto para mí. Pero en fin, estaría feo disculparme, o siquiera dar razones al porqué de un cómic u otro. Son los que son. Son los diez cómics extranjeros que más le han gustado a Barto durante sus lecturas del 2015.

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10. La cólera de Fantomas 1: La guillotina (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau)

Los verdaderos protagonistas de esta obra no son Fantomas y sus maldades, si no sus perseguidores, los hombres de bien encargados de acabar con el caos del Príncipe del Crimen. Oliver Bouquet y Julie Rocheleau recrean un París de principios de siglo XX lleno de magia y personalidad, consiguiendo que la ciudad de las luces sea un escenario tan evocador como misterioso, capaz de albergar la mayor belleza y la más repulsiva maldad. Por el momento, el segundo volumen de lo que será una trilogía cumple lo expuesto con anterioridad, lo que puede cerrar un perfecto tríptico sobre la maldad pura y los hombres que la combaten.

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9. Navilandia (Tronchet)

La idea de una dictadura de la felicidad no es un tema que nunca se haya trabajado, pero por suerte, el intento de contar el terror a través de la felicidad por parte de Tronchet se asienta en el humor, lo que lo hace aún más malsano y divertido de leer. Navilandia es un cuento perverso que mezcla la obligatoriedad de la felicidad con la devoción malsana por el calendario, haciendo que la vida se convierta en un círculo vicioso del que no se puede salir, y es que uno se cansa de todo, incluso de ser feliz. Pero no sólo de esto habla Tronchet, pues también tiene espacio para divagar sobre las revueltas sociales y el amor, todo desde el prisma del héroe involuntario que se ve arrastrado a la épica por el simple interés de llamar la atención de una bella mujer.

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8. Mater Morbi (Roberto Recchioni y Massimo Carnevale)

Las historias de Dylan Dog son un perfecto ejemplo de un buen producto comercial, una obra de publicación regular con el único fin de entretener al lector. Mater Morbi consigue este fin sin problemas, pero le añade el valor de tratar un tema tan esquivo al arte como la enfermedad. Todos estamos hartos de ver como la muerte se presenta como un mal necesario, un ente casi seductor depredador de los vivos. Pero mientras la parca es fulminante y poderosa, la enfermedad es lenta, cruel de forma innecesaria y carente de cualquier sensualidad. Recchioni y Carnevale le dan la vuelta a la tortilla, nos muestran la enfermedad de otra forma y obligan a Dylan Dog a luchar contra un enemigo tan macabro como patético, digno de su propia y esquiva belleza, o al menos comprensión.

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7. El botones de verde caqui (Schwartz y Yann)

Hay pocas cosas que me gusten tanto como los juegos dentro de las obras de ficción, con personajes que cambian sus coordenadas existenciales o los creadores que les insuflan vida. En este sentido, El botones de verde caqui era una lectura obligada, tanto por el cariño que tengo por el personaje como los gratos recuerdos que guardo de una ciudad como Bruselas, más cuando la misma está bajo dominación nazi. Pero Schwartz y Yann no se limitan a realizar una buena obra de aventuras bélicas, también crea un extraño entramado dentro de la resistencia, consiguiendo un fresco de personajes buenos pero obligados por las circunstancias a vivir en la mayor desconfianza, como toda buena obra ambientada en la guerra, llena de épica, pero con un regusto tan amargo como triste.

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6. Neptuno (Jean-Yves Delitte)

Jean-Yves Delitte mezcla la influencia del mejor Julio Verne con su talento para el dibujo realista. Poco más se le puede pedir a una obra como Neptuno, aunque por suerte es más lo que ofrece. Una historia llena de imaginación y desprecio al límite, pero llena de un realismo y complejidad cercano a los engranajes de un reloj. Neptuno está llena de aventuras y acción, pero sus parámetros y universo está construido desde una lógica fría, casi matemática, para después calentarse con la furia y bondad de los personajes que la pueblan. En un mundo lleno de steampunk que se limita a la estética vacía y la excusa de la fantasía, es meritorio encontrar una obra que nos recuerda que el género no es más que ciencia-ficción aplicada al pasado.

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5. La isla de las mujeres (Zanzim)

Este año no han faltado las obras que de una u otra forma están relacionadas con la primera mitad del siglo XX, especialmente en su plano más bélico, pero tampoco son pocas las que han utilizado ese marco para hablar de algo completamente diferente. Quizás una de las más llamativas sea La isla de las mujeres de Zanzin, que aunque está centrada en un piloto seductor nato, se vale de dicho personaje para hablar del amor y del cambio en las relaciones entre hombres y mujeres. El piloto seductor puede ser un ejemplo de las nuevas relaciones amorosas donde la caza y la servidumbre dan lugar a los juegos y los sentimientos, un camino que no siempre es sencillo y que obliga a los sacrificios. Por fortuna, Zanzim sabe que habla de amor y tiene un hueco reservado al humor y la ternura.

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4. The Bomb (Steve Mannion)

Este año no han faltado obras que recuperen la esencia de los cómics de terror clásico, autores y obras que han reintentado los años 50 del baby boom americano del siglo pasado desde la óptica actual. Entre ellos sobresale Steve Mansión con su The Bomb, un cómic que es algo más que el lugar de nacimiento de su personaje estrella Fearless Dawn. En las páginas de The Bomb encontramos desde nazis zombies hasta piratas con horribles tatuajes, todo desde la perspectiva personal de Steve Mannion, empeñado en recuperar cierta edad dorada del horror y la cultura popular, una lectura tanto para nuevos lectores, que descubrirán un nuevo universo, como para los más entendidos, que disfrutan con este tributo.

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3. Vil y miserable (Samuel Cantin)

Una de las mejores cosas que hay es amar a un personaje mezquino, pues nos debatiremos en una lucha infernal entre empatizar con su dolor y disfrutar de sus desgracias. Esto es lo que nos regala Samuel Cantin en Vil y miserable un personaje tan ruin como patético, presa de las mayores injusticias pero culpable al fin y al cabo de las mismas. Vil y miserable es la historia de un demonio que vende libros usados en un concesionario de coches de segunda mano, alguien empeñado en conseguir lo mejor de la forma más sencilla y egoísta posible, con la salvedad de que la desgracia siempre llama a su puerta y sus planes de grandeza sólo están a la altura de su mediocridad.

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2. Sunny 1 (Taiyô Matsumoto)

La lectura de Sunny sólo se puede definir como la victoria moral de los derrotados llevada a su máxima potencia. Nos encontramos con una historia sencilla sobre unos niños en una casa de acogida, llena de los sinsabores y alegrías de cualquier niño pero desde el prisma de unos chavales que viven una situación anormal a ojos de la mayoría. En este sentido, hay que alabar el trabajo de Taiyô Matsumoto, que obviando cualquier atisbo de sentimentalismo barato, consigue que una obra llena de contención conmueva a niveles insospechados, haciendo que unas historias simples, que no sencillas, muestren una ternura tan desnuda que duele, todo desde una perspectiva casi anecdótica, casi insustancial, pero llena de profundidad y verdad.

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1. Preciosa oscuridad (Fabien Vehlmann y Kerascoët)

Posiblemente uno de los cómics más bellos y crueles que he leído nunca. Un arma traicionera que se vale de la ternura y la inocencia para desatar el mayor terror y golpear nuestras mentes. Lo que hacen Fabien Kehlmann y Kerascoët no tiene perdón, estos dos nombres ocultan a tres artistas capaces de jugar con lo más sangrado para desmontarlo todo y dejarnos incapaces de reconstruirlo. Una obra que obliga a la relectura instantánea, pues tras la primera nos quedamos con la duda de si hemos leído realmente lo que hemos leído, algo que se confirmará tras volver a recorrer esas páginas llenas de amor y tortura.

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Fearless Dawn (Steve Mannion)

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Fearless Dawn (Steve Mannion). Tyrannosaurus Books, 2015. Rústica. 132 págs. ByN. 16,95 €

No se puede negar que el talento personal de Steve Mannion casa a la perfección con las historias que quiere contar. Su dibujo está puesto al servicio de unos guiones que mezclan la mala baba más actual con el baby boom de los años cincuenta del pasado siglo en Estados Unidos. Todo tiene esa magia de un mundo donde en teoría la tecnología lo podía todo y la felicidad más hedonista se daba bajo la amenaza de un apocalípsis nuclear. Aquí es donde entra en juego su personaje Ferales Dawn, que en su primer recopilatorio en solitario repite estrategias, amigos y enemigos.

Porque es difícil imaginar un cómic de Steve Mannion sin nazis mutantes, los clásicos enemigos de Fearless Dawn, hombres con ideales tan retorcidos como su cuerpo por la ingesta de mutágenos que los transforman en bestias. Amenaza a la que se enfrenta una pequeña pero atlética muchacha, la aspiración romántica de cualquier adolescente lector de cómics, con una alta cantidad de fuerza, decisión y hasta inocencia. El recopilatorio recoge los cuatro primeros números de la colección Fearless Dawn y su especial en el espacio, porque esta chica todoterreno no tiene problemas con enfrentarse a los nazis mutantes incluso más allá de la órbita terrestre.

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Fearless Dawn es una continuación de lo que ya pudimos leer en The Bomb, un regalo para los seguidores de Steve Mannion y de su personaje, o una perfecta oportunidad para que todo aquel que no conozca este universo tan personal entre a disfrutarlo. Estos cinco números tienen tanta acción como humor, con lo que no queda más que esperar la llegada de su continuación, algo que se hace aún más urgente si tenemos en cuenta el final con el que Steve Mannion cierra el volumen, una invitación a continuar la aventura.

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Tres acercamientos lunáticos

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Strange Tales (Steve Mannion). Tyrannosaurus Books, 2015. Rústica. 128 págs. ByN. 14,95 €

Uno de los debates más clásicos dentro de la cultura popular es saber si mola más un pirata o un robot, algo que lleva a la elaboración de largos y contundentes argumentos. Una dialéctica que se expande hacia el infinito a medida que crece el tiempo libre y la masculinidad de los integrantes del debate. Existe un perfecto ejemplo en el programa televisivo El guerrero más letal que empleando la ciencia más puntera respondía a preguntas tan básicas como quién ganaría en una pelea entre un vikingo y un samurai, para derivar hasta incógnitas más ontológicas sobre si un comando de la contra nicaragüense podría vencer a otro de las SS nazis. Al final todo era una estupidez sin más, pero te podías pasar horas viendo a expertos destrozar reproducciones en gelatina de torsos humanos con espadas medievales o granadas de mano.

Parece que Steve Mannion se veía incapaz de elegir entre tantas opciones de cosas molonas que la historia humana y la imaginación más estúpida han regalado al imaginario colectivo, con lo que nunca ha tenido problemas con mezclar los más diversos conceptos del divertimento más popular para después de pasarlos por su visión personal crear relatos e historias con el único y último fin de divertir y molar, molar más que nada. Ya en The bomb se pueden ver y disfrutar todos los elementos que hacen única la obra de Steve Mannion, pero antes de crear esa serie donde nació su personaje estrella Fearless Dawn, Steve Mannion había desarrollado las bases de su universo propio en tres cómics: Strange Battle Tales, Strange Fairy Tales y Strange Pirate Tales. Dedicados a tres géneros tan populares como el bélico, la fantasía o los piratas, una de las subdivisiones del género de aventuras más popular.

Los tres cómics, que ahora son agrupados en el tomo Strange Tales comparten un estilo y puesta en escena totalmente común, poco importa que Steve Mannion esté narrando una batalla en un futuro lejano o contándonos la búsqueda de un tesoro en una isla llena de caníbales, todo pasa por su interés personal en mostrar montañas de músculo con pocas luces y mujeres de curvas imposibles con una inteligencia superior. La estupidez, la ironía y las ganas de sorprender habitan los tres números, aunque para ser justos hay que reconocer que las tres apuestas tienen un resultado algo diferenciado, siendo sin duda la segunda, la dedicada a la fantasía, muy superior a las otras dos, aunque no se puede negar que el Steve Mannion más personal lo encontramos en la sección dedicada a los piratas, donde nos presenta por primera vez a sus personajes Brownhole Jones y la marinera Lil, una de las mejores parejas de la historia de la ficción pirata.

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El primer tercio de Strange Tales, el dedicado a los relatos bélicos, nos presenta historias sin demasiada profundidad pero llenas de ingenio. Casi parece que el autor está más preocupado por tener ideas geniales que por trabajarlas. Esto se puede ver fácilmente en las historias cortas dedicadas a la Segunda Guerra Mundial, donde tan rápido como plantea la idea la finiquita, dejando más un regusto de ingenio que las verdaderas ganas de explicar un relato. En cierto sentido, el último tercio es bastante parecido, con historias de piratas cortas, aunque la genialidad de sus personajes marineros, los cuales repetirán en siguientes obras, eleva estas historias. Quizás si fueran protagonizadas por otros personajes no serían tan geniales, pero Brownhole Jones y Lil son una perfecta pareja cómica, un clásico instantáneo dentro del cómic, ya que si el humor estúpido de Brownhole Jones es de tu agrado es difícil que puedas dejarlo escapar.

Aunque la verdadera genialidad la encontramos en el segmento intermedio, donde Steve Mannion hace una loca relectura del género de fantasía que realmente no es tan innovadora, aunque permanece alejada de la representación cultural. Steve Mannion plasma la historia de espada y brujería más absurda que uno pueda imaginar, con personajes planos llenos de profundidad y un amor enorme por solucionar los problemas rompiendo sus causas. La historia principal de este relato parece una partida de Dungeons & Dragons pasada de vueltas, que no es más que lo que suele ser cualquier partida de dicho juego de rol. La perfecta fantasía escapista de cualquier nerd lleno de granos, con músculos, muchos músculos y demonios y tías buenas por doquier. Steve Mannion recoge lo que ha pasado por la mente de incontables preadolescentes y se toma la molestia de hacer un cómic de ello. Todo un regalo muy de agradecer.

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Chicas explosivas

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The Bomb (Steve Mannion). Tyrannosaurus Books, 2015. Rústica. 158 págs. ByN. 17,95 €

Los estudios culturales son una rama de pensamiento de las ciencias sociales que en cierto sentido abandonan por completo todo lo que tenga que ver con el concepto científico, reduciéndose casi a la interpretación subjetiva como único medio para desentrañar el funcionamiento de la sociedad y las relaciones de poder que se establecen dentro de ella misma. Este resumen puede molestar a algún que otro investigador, pero en resumen eso es lo que se defiende, la sociedad como un constructo de relaciones que se va perpetuando y reformando a si misma. La imagen es casi poética, ya que la sociedad, lo humano más allá de lo biológico es un entramado primero artificial y después con vida extra. Así que no es de extrañar que las minorías, desde los inmigrantes antillanos en Inglaterra hasta los homosexuales, fueran los primeros en usar los estudios culturales primero para denunciar como la sociedad los colocaba como sujetos de segunda, muchas veces de forma subversiva; y segundo como herramienta de acción para mejorar su propio estatus dentro de la sociedad.

Así que en cierto sentido los estudios culturales dejaron de ser un medio de estudio para pasar a ser una herramienta de acción, un elemento académico en si mismo pero que realmente busca más el cambio de su objeto de estudio que el análisis del mismo. De este modo podemos encontrarnos cosas tan interesantes como análisis de la producción de películas de la saga James Bond desde una perspectiva lesbiana. Todo esto sirve simplemente para que me pregunte qué diantres pensaría algún o alguna que otra investigadora de los estudios culturales si en sus manos cayera un volumen de The Bomb, el cómic de Steve Mannion, una celebración de la fantasía escapista masculina heterosexual desde los idealizados años de la Segunda Guerra Mundial. Me gustaría pensar que lo primero que defendería cualquier lector de The Bomb es que es un cómic ante todo divertido, divertido a rabiar, lleno de humor y acción, y con ese toque picante que alegra un poquito a cualquier adolescente, sin importar el número de décadas que el adolescente cargue en sus piernas. The Bomb es la bomba.

Steve Mannion crea un universo atemporal donde se mezclan los elementos más tópicos de la serie b más barata, desde los nazis hasta los piratas, regándolo todo con dinosaurios, zombies y robots. Pero sin duda, lo más llamativo de The Bomb sons sus protagonistas femeninas, chicas que parecen pin-ups de bombarderos B52 que han tomado vida y han optado por vivir las aventuras más disparatadas posibles sin abandonar un halo de ingenuidad y fuerza. Ingenuidad porque el mal presente en The Bomb es del todo anecdótico, casi infantil, pues es una maldad de opereta donde los nazis no pasan de ser masas de músculo tan torpes como idiotas y los dinosaurios son incapaces de herir a una mosca. Esto hace que las protagonistas pongan todo su empeño, sin saber muy bien, lo que hacen al enfrentarse a estos enemigos, lo que garantiza siempre que las chicas terminen salvando el día aunque sea de forma casual y sin que sus intrincados planes tengan que ser exitosos como ellas pensaban.

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Y fuerza porque no se puede negar que Steve Mannion tiene un cariño especial por sus chicas, haciéndolas del todo independientes y poderosas. Fearless Dawn, la protagonista principal, es una adolescente que sin saber muy bien como termina luchando contra un grupo de nazis que intentan conquistar su bucólico pueblo, representante de la arcadia americana de los pasados años cincuenta. Como lectores no podemos evitar encariñarnos con Fearless Dawn, pues aunque aparezca ligera de ropa y con unas curvas espectaculares, es antes una bomba de ternura que cualquier otra cosa. Algo parecido ocurre con la Chavala de la Jungla, la cual carece de una inteligencia avispada y debe su supervivencia más a la suerte que a cualquier otra cosa. Incluso Betty, la compañera de aventuras de Fearless Dawn, y la marinera Lil, dolor de cabeza y obsesión del pirata Brownhole Jones, son capaces de mostrar una feminidad propia más allá de su personalidad más dura y directa.

No nos engañemos en ningún momento, porque el propio Steve Mannion no intenta engañarnos en ningún momento, The Bomb no es un cómic para tomarse en serio, lo excesivo, lo absurdo e incluso por momentos lo idiota, puebla todas sus páginas. Pero esto no significa en ningún momento que la lectura del cómic sea una perdida de tiempo o un mero entretenimiento a olvidar tras su consumo. The Bomb se debe leer como está dibujado, jugando con la improvisación, con los continuos saltos de estilo de Steve Mannion que no son más que una respuesta a una narración que crece y decrece continuamente, sin miedo a los callejones sin salida o a los descubrimientos fortuitos. Todo desde una perspectiva de amor hacia el entretenimiento más puro y visceral. Al final, creo que The Bomb, desde una perspectiva de los estudios culturales, es un acto de empoderamiento social, principalmente femenino, pero también del grueso de la sociedad, un intento de virar el timón hacia una sociedad más igualitaria pero también más desenfadada y divertida.

@bartofg
@lectorbicefalo