Spain is Pain #320: crónica de sucesos.

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Crónica negra (Miguel Ángel Martín). Reino de Cordelia, 2017. Cartoné, 160 págs. B/N, 19,95€

Parece que el “periodismo” de sucesos ha vuelto por la puerta grande, pero entre la inmediatez de las redes sociales y la televisión se ha perdido cierta lectura, quizás literatura, que rodeaba a este género periodístico. A día de hoy prima la información técnica y judicial de última hora, bombardeo continuo, juicios prematuros, reconstrucciones continuas y cambiantes, acoso a los familiares de las víctimas y los presuntos culpables, y, si, mucho morbo proporcionado por opinadores y periodistas sin escrúpulos. Aunque esto último ya formaba parte de este tipo de noticias. Por su parte la ficción televisiva basada en hechos reales sigue manteniendo lo literario del hecho: series como Mindhunter o Manhunt: Unabomber lo corroboran, otras como Aquarius lo hacen en menor grado pero lo mantienen. Luego están maravillas de docuficción como Making a Murderer, The Jinx, incluso la española Lo que la verdad esconde: El caso Asunta mantienen una tensión perfecta entre la información de los casos y el relato puramente narrativo.

En Crónica negra nos encontramos con una relación de casos reales y sucesos convencionales cuyo principal atractivo es la imaginación de Miguel Ángel Martin a la hora de recrear los actos violentos. Las páginas que componen el volumen se publicaron a lo largo de la década de los ochenta en La crónica de León. Desde una perspectiva contemporánea podemos apreciar que dichas ilustraciones no se suelen acotar a los espacios pero si recogen la esencia pura del crimen, la violencia y cierta pulsión escópica que todos sentimos hacia esta última. Ante todo, nos encontramos con la obra primigenia de un autor que va a encontrar en esos temas algunos de los temas centrales de su obra posterior. Las crónicas y los dibujos pertenecen al periodo final de la década de los ochenta, seria en 1990 cuando empezó a publicar los relatos cortos que compondrían Psychopathia Sexualis trabajo que le daría a conocer en el ámbito nacional, hasta convertirse en nuestro autor de cómic más emblemático de la década de los noventa, y a nivel internacional.

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Cada una de las ilustraciones que componen el volumen, esta vez con textos explicativos e incluso con la crónica original, es hipnótica; algo que no ha cambiado en la obra del autor leonés desde que a finales de los ochenta emprendiera esta faceta de cronista visual de sucesos. Retomando el inicio de la entrada sobra la falta de literatura en la crónica actual, Martín le aportaba un punto de recreación que le permitía al lector perderse en las imágenes y en el crimen, imaginarse las situaciones y las motivaciones de los asesinos; en definitiva, reimaginar el relato no solo por lo acotado en texto sino, sobre todo, por las posibilidades que nos ofrece una visión artística que ni siquiera la mejor de las fotografías nos puede aportar. Crónica negra es una obra clave para entender la evolución del trabajo de uno de los autores más importantes de los últimos 30 años dentro del panorama nacional. Aparte de eso, que ya es mucho, es historia viva de nuestra prensa.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is Pain #318: el sistema.

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Larson (Javi de Castro). Modernito Books, 2017. Rústica, 176 págs. B/N, 17,50€

La televisión o por extensión el medio audiovisual es un contexto lo suficientemente fuerte para generar historias de gloria y fracaso, como escenario puede llegar a ser tan épico como los deportes no de élite como el fútbol. La televisión tiene un elemento que lo convierte en central: estar en el del salón de todas las casas ocupando el espacio que antes ocupaba el fuego a tierra. Eso ha dado lugar a que en el último medio siglo lo que suceda en esta se convierta en parte de las anécdotas familiares, principalmente los concursos, tanto de habilidades como de conocimientos que en el último lustro se han revalorizado como unos contenidos capaces de acumular cuotas de audiencia más que interesantes y, sobre todo, fieles.

La cultura estadounidense popular es básicamente de carácter audiovisual, en cierta manera sino inventaron todo lo que podemos ver por un televisor lo mejoraron o lo perfeccionaron. Para ellos el conocimiento del medio es tan intrínseco a su día a día que el imaginario popular colectivo con respecto al medio se remonta a la década de los sesenta convirtiéndose en una parte sólida y estable de su propia cultura. En su último trabajo Javi de Castro explora el periodo de oro de los concursos estadounidense a través de un caso paradigmático de un concursante que supo reconocer el sistema de funcionamiento del juego y derrotar a los creadores del concurso. Yendo un poquito más allá de la representación de un momento mítico de la televisión, los concursos siempre han sido como un coto vedado de participación del espectador en el que puede interactuar, pero siempre dentro de unos cauces, Michael Larson se puso en el mismo nivel que los productores para poder derrotarlos.

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En Larson, el homenaje que le hace el autor leonés le hace al medio, la tele deja de ser una experiencia mágica para mostrarnos la construcción de la misma. El productor del programa intenta entender el mecanismo real del concurso, no el impuesto a los participantes, ni tampoco el escénico. Estas reglas tan solo las ha entendido Michael Larson un tipo de persona para la cual la televisión como generadora de contenidos ha sido creada. Es un personaje con una expectativa laboral y de futuro pobre que se vuelca con el aparato electrónico, no tiene nada más que hacer. El deseado espectador pasivo es aquel que consigue golpear en las entrañas del sistema. Pero Larson no es un tipo revolucionario, sino uno que ve una oportunidad de triunfar con aquello que conoce de su día a día. Pero la fama de la tele es efímera para los participantes, aparecen en número limitado de programas, pero y luego desaparecen en la maraña de imágenes. La vida del protagonista después del concurso tiene cierto gusto agridulce que pasa desde el reconocimiento de la gente a ser un fugitivo sin muchos planes para el futuro.

Javi de Castro se marca, como de costumbre, un trabajo impecable en el que se permite en algunas páginas el experimentar con la composición de la misma poniendo diferentes elementos en un solo plano diseccionando la entrega del concurso en el que participo Michael Larson. Por otro lado, es muy de agradecer que no entre en cuestiones excesivamente técnicas sobre el funcionamiento de patrones, ni el funcionamiento de un programa en directo de manera que no resta importancia ni al personaje ni al relato. Larson es por el momento la obra más larga de un autor que se mueve muy bien en el cuento corto y que empieza a encontrar cada vez más cómodo en el formato novela gráfica. En definitiva, un volumen que hará las delicias de los seguidores de este autor y de aquellos interesados en la historia de la televisión antes del advenimiento de internet.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is pain #317: Saben aquel que diu…

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Presidente Puigdemont (Pablo Ríos). Sapristi cómic, 2017. Cartoné, 40 págs. B/N, 8,95 €

Pablo Ríos lo ha vuelto hacer, empezar así siempre es genial, pero es la pura verdad. El año pasado se marcó un excelente libro de chistes en tiempo record sobre el recién elegido presidente Trump. Este año, y me da la sensación que, con mucho menos tiempo, ha creado Presidente Puigdemont, un libro que por los tiempos que vivimos, la urgencia de la información diaria sobre el tema en cuestión y por la proximidad puede levantar alguna ampolla que otra. En su trabajo anterior dicha distancia geográfica y el carácter autoparódico del protagonista, no sabemos si autoconsciente, nos permitía hacer una lectura netamente cómica tanto de sus acciones, frases y sus posicionamientos. Otra cosa es cuando ha subido al poder y lo divertido se puede convertir en peligroso. El matiz con el presente volumen debe ser otro, la gravedad con la que los medios están tratando todo el asunto casi impide la aparición de la lectura cómica en su vertiente cínica sin entrar en el humor negro, un equilibrio difícil de mantener en el que el autor se sale con la suya.

Entender la inmediatez como una forma de reflexión es otra de las claves para poder acercarse a este libro. Da igual lo que se piense sobre el asunto en cuestión, y más cuando se está llevando todo desde lo emocional, la información que se proporciona esta generada por bloques de opinión que no tienen piedad a la hora de mostrar contenidos no contrastados, y los datos se pueden ver desde tantas perspectivas que casi han perdido total validez. Cuando algo es tan polisémico se convierte en neutrosémico, es decir la multiplicidad de interpretaciones hacen que nada tenga un sentido concreto. Y en la situación actual ya casi no vale la pena saber de dónde se viene, pero si hacia dónde vamos. Es decir, cuestionar, y no hay herramienta mejor que el humor. En ese sentido Ríos ha elidido lo obvio del personaje, sus rasgos, su ideología y ha tirado por lo contextual, leyendo entre líneas y planteando ahí sus dudas, haciéndolo como un humorista debe hacerlo: sabiéndola meter doblada.

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El ejercicio del autor es pues hacer un poco de ventrílocuo, o para ser un poco más actuales hace un redoblaje del político convirtiéndolo en un personaje. Así consigue convertir la neutrosemia en reflexión y como mínimo conseguir esbozar una sonrisa entre tanta cifra y opinión maleable. Tomar voz en este discurso bipolar es algo complejo y más si uno comprende que no se trata de algo que no tiene que ver con bandos ni con banderas, sino una cuestión de poderes mal entendidos. Pablo Ríos consigue salirse airoso por segunda vez con el reto, no por la contrarreloj realizado sino por saber tomar el pulso de toda la situación y plasmarlo en poco más de una treintena de viñetas, lo que nos hace plantearnos que haría este andaluz con una tira diaria en un periódico nacional, pues eso.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #316: navegando por la dictadura del entretenimiento.

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Comprobando la realidad (Mauro Entrialgo y Javi Rodríguez). Ediciones La Cúpula, 2017. Rústica, 132 págs. Color, 22,90€

La revolución tecnológica que ha tenido lugar en los últimos 15-20 años posiblemente no tengan parangón en la historia de la humanidad, y eso a la espera de lo que suceda a lo largo de este siglo. Lo que quizás no esperábamos dentro de esa evolución tecnológica nos conduciría a nuevos paradigmas sociales muy alejados de lo que los relatos de ciencia ficción más optimista nos auguraba. Desde luego nos hemos ido apartando de esa visión cientifista y buenista por la cual la tecnología nos llevaría a una humanidad mejor, para llegar a un punto en el que el entretenimiento, no la cultura, lo ha llenado todo hasta un punto que está eclipsando cualquier tipo de mejora o implementación que nos lleve al fin original.

El ocio y el entretenimiento ha sido una de las grandes conquistas de la humanidad a lo largo del s. XX hasta absorberlo todo en la actualidad. Lo que no entretiene a las masas queda desplazado definitivamente a un segundo o tercer plano. Por eso es grato releer algunas obras de ficción creadas a finales del s. XX y principios del s. XXI que mostraban a modo de crónica lo que podría suceder en un futuro de pasado mañana, entre estas destacaba Surfing on the Third Wave de Miguel Ángel Martín, pero el autor leonés se centraba más en los efectos causados por los contenidos informativos que de los de puro entretenimiento. Posiblemente la única que abordó el advenimiento de esa dictadura del entretenimiento fue Comprobando la realidad de Mauro Entrialgo y Javi Rodríguez, dos de los autores más reconocidos de la década de los noventa que destacaban en aquel momento por su pasión por la cultura popular de masas y su impacto en la sociedad contemporánea.

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Si bien es cierto, aunque es más bien una sensación personal, la serie pasó un poco de puntillas por El Vibora creo que dejo una impronta en mi bastante interesante, de hecho, la menciono en clases junto con películas como Summer Wars o El congreso para hablar de ese paradigma del entretenimiento que trata de arrasar todo lo que se le pone por delante, y que en el último mes tiene ya un nombre propio: Disney. La premisa de la obra de Entrialgo y Rodríguez es en principio bastante sencilla a la par que atractiva: un tipo que es capaz de tener sueños lucidos entra a formar parte de una conspiración en la que dos empresas de videojuegos, dirigidas por dos hermanas que no se pueden ni ver. La tecnología que promueve las nuevas generaciones de consolas se construye sobre una base cognitiva extraída directamente de humanos que son utilizados  como conejillos de indias para implementar cualquier tipo de innovación.

El planteamiento por parte de los autores era muy goloso; el final de la década de los noventa empieza la cultura de masas entorno al videojuego, las tribus urbanas se habían asumido dentro de la cultura española y empezaban a ser cronológicamente paralelas a su desarrollo en el extranjero, las drogas estaban empezando a superar la estigmatización social y a ser parte de la cultura de la juventud de los noventa y la homosexualidad formaba parte del escenario de cualquier veinteañero. Así pues, los autores supieron recoger todos aquellos elementos y ponerlos juntos en su justa creando una obra con un desarrollo de universo ficcional coherente y con grandes posibilidades de expansión diegética, lo cual hubieses sido más que interesante.

Quizás la mayor carencia es la no aparición del concepto de redes sociales, pero siendo sinceros, nadie nos esperábamos esta avalancha digital en aquel momento, creo que a todos nos pilló desprevenidos. A parte de eso releer la Comprobando la realidad desde el presente sigue planteando algunas cuestiones sobre las prioridades que ira adoptando la sociedad occidental en cuestiones sociales, económicas o laborales y si están se pondrán por debajo de esa idea de entretenimiento continuo en el que nos tenemos que sumergir cada día para poder estar al día y que el final de El congreso nos planteaba como un apocalipsis cultural que convertía al ser humano en un yonki de los avatares de famosos o que en esta obra se planteaba con el Canal Tertulia, un talkshow eterno sin contenidos programados que funciona por una dinámica perversa participantes de usar y tirar, convirtiendo al usuario en un contenido efímero. En definitiva, una obra atractiva, divertida y fresca, de lectura muy gratificante a día de hoy con la perspectiva histórica que el tiempo nos ha dado.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #315: Recordar momentos, construir recuerdos.

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Conociendo a Jari (José Ja Ja Ja). Fulgencio Pimentel, 2017. Cartoné, 176 págs. B/N, 21,95€

Hay personas por que por mucho que hables con ellas, que compartas momentos o que se convierta en parte de tu día a día no las conoces nunca. Siempre me ha dado la impresión que eso sucede porque ni siquiera ellos mismos se conocen por lo que son incapaces de proyectar una imagen concreta de sí mismos. En cierto momento del último trabajo de José Ja Ja Ja, realmente bastante avanzado la obra, da con la clave de es con para entender estos comportamientos, y de paso esclarecer la construcción del personaje protagonista: “Recordar momentos, construir recuerdos”. El cual se desconoce así mismo debe reelaborar sus recuerdos a través de momentos presentes, aunque en realidad no tengan ninguna relación con la evocación pretérita.

Tras leer las 176 páginas de Conociendo a Jari tengo la sensación clara y meridiana de no conocer al personaje, ni siquiera estoy seguro de que todo lo que nos cuenta le suceda en realidad o le haya pasada a lo largo de su vida. El relato se inicia con un pequeño prologo que se convierte en un hecho central de su vida: ir a ver a jugar a Larry Bird y a su equipo, los Celtics de Boston, un evento capital que sirve para cartografiar el resto de su vida. Aun así, no tiene un recuerdo nítido del mismo, entonces ¿es cierto o es falso? El relato sigue a continuación con una excursión matutina para ir a cazar, como un acto reflejo, que tiene lugar en mitad de la penumbra de la noche y con una niebla que no le permite que no le permite distinguir los objetos con los que se cruza, ni en su totalidad ni en conjunto. Una niebla que es una ensoñación que funciona a modo de demiurgo narrativo para desarrollar el resto del relato.

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A partir de ese momento el personaje vaga por un descampado, un limbo en el que todo el mundo va a verter sus desperdicios entre los que se encuentran muebles, colchones, etc. y desde el cual empieza a rememorar el pasado al mismo tiempo que lo construye, pero todo parece ser más un deseo personal que algo fehaciente. Da la sensación que es un animalillo del bosque, viviendo más por instinto que por voluntad propia. Así Jari carece de cara, la emoción del recuerdo le aporta le dota de unas facciones ¿reales o imaginadas por el mismo? En la vida de este protagonista todo se plantea bajo esos mismos parámetros, dejando una puerta abierta a una lectura polisémica sobre el personaje en cuestión, el escenario en el que se desarrolla la acción y los recuerdos narrados.

José Ja Ja Ja vuelve con una obra mucho menos críptica que Culto Charles pero posiblemente más misteriosa. En este caso la narrativa tiene algo más de peso y la estructura de página bebe de una diagramación que no es ajena al cómic convencional. Estas páginas le permiten al autor desglosar la acción a base de microcortes cercanos al jumping-cut del montaje cinematográfico, con elipsis mínimas que acentúan el detalle del trazo grueso utilizado. Conociendo a Jari es una obra de vanguardia y atractiva, que permite al lector perderse en sus páginas buscando un sentido y un significado en la misma dirección que lo hace el protagonista y que por momento tiene elementos que recuerdan a los recursos utilizados por Begoña García-Alén y Andrés Magán. En definitiva, una obra interesante y misteriosa que plantea muchas preguntas y pocas respuestas, tampoco tiene que darlas, sobre la formación del recuerdo en la memoria.

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Spain is Pain #314: pasado, presente y futuro en femenino.

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Estamos todas bien (Ana Penyas). Salamandra Graphic, 2017. Cartoné, 112 págs. Color, 17€

Una de los aspectos más llamativos de la ficción contemporánea entorno a la mujer pasa por la representación de la misma. A día de hoy nos encontramos con una gama de personajes femeninos mucho más amplia y apegada a la realidad de la que nos encontrábamos antaño. Para producir ficción siempre es necesario reducir los roles y los rasgos de los personajes a unos breves puntos de guion para que estos puedan ser entendidos y desarrollados por el espectador/lector en función de su background cultural. En el caso de los personajes femeninos hemos podido ver como la estereotipia de los mismos ha ido creciendo a lo largo de los últimos veinte años. Ya sea para obra literaria, audiovisual o en el cómic; podríamos argumentar el porqué de este crecimiento de narrativas entorno a la mujer: desde cuestiones de mercadotecnia basada en la captación de nuevas audiencias, la llegada de muchas mujeres a primeras filas del mercado de creación, un público femenino (y masculino aunque sea en menor grado) interesado de manera casi exclusiva en obras de sus compañeras de género o la constatación de que a día de hoy el público compuesto por mujeres en su globalidad consume más productos culturales que los hombres.

Puede que sea un poco de todo, lo que sí está claro es que poco a poco esa necesidad de ver a otro tipo de mujeres en las páginas que leemos se ha convertido en una necesidad imperante, y sobre todo que estén alejadas de esa construcción que las hace interesantes a través de atributos que funcionan dentro de los géneros narrativos sumándole a los personajes algo que tienen que tener de manera inherente. En ese sentido han triunfado las mujeres que nos rodean en el día a día: las compañeras de trabajo, las amas de casa, las hijas, pero por encima de todo nuestras madres y abuelas. Estas han sido, para los que pertenecemos a cierta generación, son las verdaderas protagonistas de nuestras vidas y el motor de muchas familias, pero que por circunstancias históricas, haber sufrido un régimen represivo, fueron dejadas en un segundo plano, sino en un tercero, a causa de las políticas del nacional catolicismo.

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Ana Penyas reivindica a través de la vida de sus dos abuelas la labor de estas mujeres. Personas que, por las políticas restrictivas de la dictadura, la cultura de género del momento y una visión del catolicismo que inculca la culpa en la mujer tuvieron que crear hogar, familia y sociedad parapetadas en su casa en periodos como la posguerra, el desarrollismo y la transición. La autora se centra en dos circunstancias diferentes a partir de sus dos abuelas Maruja y Herminia. La primera representa a esas mujeres que se casaron jóvenes por compromiso en una relación sin amor desplazada de su pueblo. A Maruja como a muchas mujeres de su generación tiene un presente que se reduce a su casa, concretamente al salón. La casa como un cronotopo vinculado a la mujer como un espacio propio construido en el tiempo. Por su lado Herminia ha estado más determinada a tener cierta independencia dentro de ese contexto y con un punto de vista de la vida mucho más positivo.

Pero el aspecto que me parece más interesante es el visual en el que la autora trabaja la referencialidad con la realidad, por la cual podemos reconocer a los personajes con respecto a cómo son, pero con cierta desproporción con respecto al fondo. Eso ayuda mostrar cierta distorsión en la percepción de unos personajes con respecto a un fondo más proporcionado. Ana Penyas apunta a un relato sobre el paso de las generaciones, que nos muestra la evolución de la situación personal y social de las mujeres en el último medio siglo. Pero lo hace sin aleccionar, sin querer dar pena y sin ser moralista siendo también una puesta en situación del presente de cara al futuro; Estamos todas bien es, sin ningún tipo de duda, el mejor Premio Fnac – Salamandra Graphic de los últimos años. Brilla por la concisión y por tener muy claro el que cuenta y como lo hace.

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Spain is Pain #313:Lo sórdido en negro

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Alta Tensión (Alfredo Pons). La Cúpula, 2017. Rústica, 144 págs. B/N y color, 19 €

A estas alturas del s. XXI resulta gratificante revisar y releer algunos de los autores nacionales que configuraron el “canon clásico” de El Víbora este año ya hemos podido disfrutar, en el sentido más amplio de la palabra, del integral de Anarcoma y ahora toca con otro de los referentes de la emblemática publicación Alfredo Pons y una recopilación de sus páginas para la mítica revista de comix bajo el título de Alta Tensión. Como la revisión del trabajo de Nazario y la de Pons es reciente es interesante ver cómo nos encontramos en ambos autores un rasgo común: Barcelona. Ambos narran la ciudad como nunca se había hecho hasta aquel momento. Una ciudad que viscosa, tal como la define Pons en alguno de sus relatos, contada al lector a través de una definición coral, algo en lo que los dos también coinciden. Pero, divergen, eso sí, en el tono del relato y la utilización de géneros narrativos. Mientras Nazario opta por un toque de ciencia ficción y tragicomedia Pons se decide por el el relato negro.

Alfredo Pons nos propone una visión de la ciudad que evita lo clasista poniendo a todo tipo de personajes en un entorno sórdido en el que lo moral es algo que se queda fuera de cualquier consideración. Tanto hombres como mujeres saben a qué salen a la calle y nadie, casi nadie, es inocente. La ciudad se convierte en un espacio de vicio, muerte y sexo consensuado por todos aquellos que la habitan y la noche en un paradigma de libertad en el que todo vale y en el que los roles de género se reformulan. Las historias cortas que componen el volumen están poblados de mujeres, la grandes protagonistas de Pons; están pasan, en mayor y menor grado, por ser femmes fatales capaces en gran medida de controlar el entorno que les rodea. Son mujeres fuertes que se enfrentan a la muerte no solo como victimas sino también como ejecutoras, también con un rol dominante en el ámbito sexual.

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Pero no son solo las personas, las situaciones y las localizaciones construyen el relato al mismo nivel que la narrativa. Las primeras sorprenden por la normalidad es el día a día, la prostituta que ejerce su trabajo sin mayor problema o se enfrenta a una escena violenta, los hombres aceptan su posición de poder, al menos en primera instancia, gestionan en gran medida la violencia, pero tampoco son capaces de salirse del camino marcado por el destino, la posición social o la situación personal. En cuanto a los espacios utilizados son aquellos que narrativamente, en el aspecto visual, vincula de manera definitiva a los personajes con el género narrativo. Malas calles, bares cutres, locales de alterne e, incluso, en algún momento una casa lujosa de alguien que le gusta juntarse con la gente que vive en la parte oscura de la sociedad. Quizás las historias de Pons sean más oscuras que negras, y los responsable de esto son los personajes que sin ser lúgubres alojan en su interior la capacidad de normalizar la muerte y la violencia en las calles.

Si bien gran parte los relatos del título tienen como localización la ciudad Condal en algunos casos no se determina el nombre del lugar, pero se intuye que puede ser la capital catalana. Eso nos lleva a una cuestión de proximidad, el lector asume el espacio como propio y los topos del género narrativo se abren alejándolo de los tópicos estadounidenses. Por otro lado, están los homenajes desde Hitchcock a las adaptaciones de Bukowski y Bloch abriendo y asumiendo su propia obra dentro de los cánones del negro y desubicándolo de los bajos fondos de las urbes estadounidenses. En definitiva, una joyita para los aficionados al relato negro y un buen libro para recorrer las páginas de uno de los referentes del cómic español de finales del s. XX.

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