Spain is Pain #326: Hard Sci-Fi

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Pulse Enter para continuar (Ana Galvañ). Apa-Apa Cómics, 2018. Cartoné, 96 págs. Color, 19 €

Con la resurrección de los géneros principalmente el negro, casi el único que puede hacer de sí mismo un género narrativo transversal bordeando el costumbrismo por su posibilidad de la transposición localista. El terror por su lado también ha encontrado su lugar en este nuevo resurgimiento, junto con la ciencia ficción, ambos, géneros que debido a la globalización tiene cada vez menos rasgos regionales optando por cierta estandarización. En el caso de la CiFi dicha estandarización del discurso contextual y visual pasa por cierta visión del mundo futuro, aunque sea de pasado mañana, un ejemplo de ello es la serie de ficción Black Mirror, con unos parámetros discursivos y visuales comprensibles para una chica que vive en el centro de Tokyo como para una persona de la tercera edad que viva en mitad Alpujarra Granadina.

A pesar de lo conocido del último ejemplo es también una muestra que el hacer un texto para todo el mundo también tiene su parte negativa, se pierde el misticismo del discurso, ya no futurista sino de ciencia ficción, aquel que utiliza la parábola del mañana para hablar de la esencia del hombre. Las series antológicas de Rod Serling son el mejor ejemplo de ese tipo de narrativas, que aun guardando cierto discurso moral no dejaban de lado cierto cripticismo en torno al relato. Es decir, cierta oscuridad de lo inexplicable que tiene mucho que ver con lo que Umberto Eco denominaba como obra abierta en la que el lector/espectador tiene que cerrar el trabajo a través de su propio conocimiento personal ya aplicando un código para entender la obra ya sea en el hegemónico-dominante o en el opuesto.

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Lo que nos ofrece Ana Galvañ en su último trabajo, Pulse Enter para continuar, es precisamente eso un relato oscuro y críptico de la mejor ciencia ficción en la línea en la que trabajaba un genio como Rod Serling. Un relato que no opera sobre los tópicos del género, o más bien alejándose de ellos, evitando cierta tendencia al Techno-babbling, a los cronotopos meramente futuristas o a las lecciones morales que incluso a los que tienden muchos narradores del este tipo de trabajos. Dejando todo eso de lado si se busca una representación referencial de los espacios que proporciona a la obra cierta ubicuidad espacial, buscar situaciones fácilmente reconocibles que permiten a la autora profundizar en la estética del volumen. Desde el planteamiento estructural de la página alejado de la plantilla convencional, el uso de colores poco habituales en los cómics convencionales, básicamente fosforescentes y eléctrico; el trazo de la figura humana y la descripción de los espacios a través de una perspectiva rectilínea nos ayudan a reforzar esa idea de extrañeza que viene representada a la perfección en la relación figura y fondo.

Los relatos que componen esta antología son esencialmente jodidos; la sensación de desasosiego viene producida no solo por las decisiones estéticas tomadas por la autora sino porque lo que nos ofrece el momento clave de un relato que desconocemos. Aun así nos da las pistas justas para poder indagar en lo que sería la historia general que rodea dicho microrrelato. Ana Galvañ nos ofrece lo que posiblemente, o al menos a mí me lo parece, uno de sus mejores trabajos demostrando que innovar en el noveno arte es posible, abordando cierta abstracción conceptual sin dejar de lado una narratividad mínima que permite la lectura contextual de lo planteado. Si el año pasado Nuevas estructuras de Begoña García-Alén fue una de las claves para entender 2017 y las nuevas sendas del cómic español contemporáneo, Pulse Enter para continuar de Ana Galvañ sigue por el mismo camino. No dejen de disfrutarlo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is Pain #325: Kiwi 1 (Abel Ippólito)

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Kiwi 1 (Abel Ippólito). África Edita/Verkami, 2017. Cartoné, 64 págs. Color, 15€

El problema de la tradición es que se queda obsoleta. El problema de las normas es que siempre hay una excepción para saltárselas. El problema de los líderes es que son seres humanos y que en algún momento tienen que plantearse tanto las normas como la tradición. En realidad los líderes no son más que unos gestores de los recursos económicos y sociales de una comunidad, cuando estos no son capaces de ser flexibles y de hacer relecturas de todo lo que regula. En ese sentido lo inverosímil, lo raro o lo diferente supone una fuerza de acción que tiene, o tendría, que impeler al líder a realizar unos cambios que procuren el bien de todos.

La pauta argumental de Kiwi de Abel Ippolito se centra en los tres mandatos con los cuales el rey Svlak debe gobernar a su pueblo: el primero es sacrificar a los malditos recién nacido, el segundo es cumplir la última petición de un moribundo y para acabar, cualquier miembro del reino que se levante contra su monarca. Svlak es firme en sus convicciones y en el cumplimiento de los mandatos, pero su pueblo esta pasando un mal momento y todo el mundo busca una explicación; por lo que algunos habitantes se cuestionan si todos y cada uno de sus convecinos están cumpliendo las normas, incluido el rey.

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Abel Ippolito establece un relato de la obsolescencia de la tradición y la norma basada en la superstición y en la utilidad productiva de las personas utilizando como trasfondo la “supuesta” maldición de una persona con Sindrome de Down. Todos aquellos niños que nazcan con ese rasgo son asesinados impunemente por unos mandatos obsoletos. Por su lado el rey, aquel que debe de hacer cumplir la norma, la evita a medias, no sacrifica a su hijo maldito pero cumple la voluntad de su esposa, que muere en el parto, cuando le pide que le deje vivir. Por circunstancias el padre se tiene que ocupar de su hijo, sin nombre, y renunciar a su regencia. Por el camino este le ayudará empezándolo a apreciar más como compañero que como hijo.

El libro se enmarca dentro de la tradición franco-belga de cómic de aventuras narrado a través de un periodo histórico ficticio pero cercano a la baja edad media, lleno de lugares comunes que facilitan la lectura y que no necesita de abigarrados textos que expliquen cosas del universo de ficción en el que se ubica, tan solo los tres mandatos reguladores de la sociedad narrada. Destaca el uso del color, que representa más los estados de ánimo que a la mera representación pictórica, y un diseño de personajes amable necesario para el tema tratado. Un trabajo bien narrado, interesante, y muy entretenido.

@Mr_Miquelpg

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Spain #324:¿Dónde nos llevan estas falsas perspectivas?

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¡Cuidado que te asesinas! (Loreno Montatore). La Cúpula, 2018. Rústica, 104 págs. Color, 12 €

Intentar hacer una crítica en función de referencias pretéritas sobre un cómic contemporáneo suele ser algo complejo. Para empezar en los últimos años se ha producido una rotura en cuanto a influencia de generación en generación, internet abre las puertas a reconocer en autores foráneos y remotos una fuente de influencia. Por otro lado, la pobre cultura de reediciones de obras del pasado de la historia del cómic español que se reduce casi exclusivamente a productos Bruguera hace que perdamos ciertas líneas, temáticas y estilos del pasado que permita reconocer una vía directa entre nuestros primeros cómics y los del presente.

Y luego está Lorenzo Montatore, que de manera consciente o inconsciente nos remonta a los autores más interesantes de eso primeros tebeos; cuando estos empezaban a ser un medio que iniciaba su proceso como medio en nuestro país con una pequeña industria detrás. Me ha sorprendido, y agradado, encontrarme con ciertos rasgos de autores como K-Hito y sus páginas, por ejemplo “De como pasan el rato Currinche y D. Turulato” publicadas en Pinocho en los años 20. Un autor que marca un cambio dentro de la escena por el innovador tratamiento de la composición y de la figura. O de Miguel Mihura que simplificó el dibujo, esquematizó la figura humana y llevó el humor al absurdo, en una serie de historietas antológicas, que carecen de personaje fijo y ganan en variedad por eso mismo. Sin olvidar el desparpajo de ese cómix underground que inició cierta recuperación lectora de historietas por parte de adultos.

Si de los dos primeros autores hereda algunas cuestiones estéticas como la simplificación de la figura humana, el humor absurdo tirando a lo amargo y una composición focalizada en los elementos básicos de la escena; de hecho al final del relato cuestiona algunos aspectos compositivos; del underground adopta el viaje callejero, las drogas, la irrupción en locales surrealistas, las referencias tanto musicales como textuales a la cultura popular, como ya hiciera en La muerte y Román Tesoro la anterior obra del autor. A eso hay que sumarle la interferencia e intervención narrativa de la ficción dentro de la ficción como algo disruptivo que encuentra su espacio en la realidad del relato.

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La historia de fondo se mueve por una trama sencilla en la que Centramina, una escritora bloqueada, y Optalidón, se adentran en la noche con el fin de romper con la obstrucción creativa que le impide seguir con la historia que está escribiendo. Mientras que los dos protagonistas inician su odisea personal, que se convierte en un trayecto que empieza en una tienda de desavíos que está abierta todo el día, sigue por garitos imposibles, encuentros con seres/personas que cumplen la función de dirigir a los protagonistas hacia la siguiente fase del cuento para acabar tirada en la calle. Por su lado la ficción dentro de la ficción va tomando cuerpo e introduciéndose en la vida de la protagonista, se introduce viñeta a viñeta en la parrilla de aventuras del viaje de Centramina.

Lorenzo Montatore apunta en una dirección que pocos autores contemporáneos hacen, sus obras son personales y eso se proyecta en los referentes culturales de carácter popular. Como apunta Steven Johnson en Everything bad is good for you estos textos son los más nutritivos, los que tienen más matices y los que nos permiten incorporarlos a nuestra experiencia personal experimentando con ellos. En eso el autor es un maestro no busca ni la referencia, ni el guiño, ni la complicidad del lector; ni tan siquiera son una cita u homenaje, funciona como parte fundamental de la obra como algo personal e intransferible, algo indistinguiblemente propio. ¡Cuidado que te asesinas! es un trabajo único indiscutiblemente personal, vanguardista y underground, pero que en ningún momento huele a batiburrillo sino a obra construido como un todo.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #323: proxémica.

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Siete sitios sin ti (Juan Berrio). Dibbuks, 2018. Cartoné, 112 págs. Color, 18€

Juan Berrio es uno de esos autores que es un secreto a voces, uno de los pocos que sabe mantener un equilibrio, fundamental para la narración, entre los espacios y los personajes. A veces a uno le cuesta decidir en cuál de estos dos aspectos focalizar la lectura. Las localizaciones en su trabajo constituyen quizás el rasgo más importante de su obra, por ahí transitan sus personajes ficcionales, a través de estos podemos saber más de ellos, de su forma de entender el mundo, y como se sienten a través de esa relación con el espacio. Pero es en la proxémica entre estas dos características donde los personajes revelan sus verdaderas intenciones, principalmente hacia ellos mismos.

Sietes sitios sin ti es un relato sobre las ausencias que están presentes en todo momento. Los espacios suponen, o deberían de hacerlo, una superación de estos vacíos que se traducen en una serie de carencias emocionales que se deben de ir sobreponiendose poco a poco. Elena la protagonista articula esta superación a habitar diferentes espacios que le tienen que ir aportando otros tantos estados emocionales. La historia que plantea Juan Berrio es la de una separación de pareja contada desde el punto de vista de ella y de cómo los sitios que habita de manera fija o temporal condicionan un cambio de mentalidad en ella.

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Los grandes ausentes del relato son los hombres; Jorge y un amigo de Elena, el primero no está físicamente, pero todo el mundo le recuerda a Elena su presencia. Este la ha abandonado sin esbozar ningún motivo aparente, simplemente ha dejado de ir a la casa que comparte con la protagonista y esta decide irse a un lugar nuevo que no le recuerde a su pareja. Pero la opción de Elena no es la de recordar eternamente a Jorge, ni idealizarlo; esa hubiese sido la opción más sencilla por parte del autor, crear un relato sobre la memoria del personaje desaparecido para que el lector lo reimagine para encontrárselo en el capítulo final. Aquí aparece como un remedo de la pareja perfecta, atento y con recursos, pero que funcionan más a modo de palanca secreta que abre el corazón de la protagonista más que por un sentimiento real. Por otro lado, el amigo, que quiere conquistar a Elena en ese momento de ruptura, se presenta, también, como una pareja perfecta y atenta. Ambos son un constructo, no una realidad, una idealización de los nuevos hombres nuevos no real sino idealizada por ellos mismos. A pesar de ello Elena sigue con una búsqueda personal a través de los espacios.

Juan Berrio lejos de mostrar un momento crucial en la vida de una persona como algo cargado de rabia o pasional decide dejar fluir la narrativa. Hay cierta languidez en la concepción de los personajes que se conjuga con unos colores apagados unos espacios definidos, pero con una cierta mirada etérea hacia estos para incrementar la sensación de paseo entre las nubes por la que camina Elena. La obra, que al menos en principio, puede parecer que se encamina hacia la tristeza de la persona abandonada se convierte en un camino que conduce a un punto cero de descubrimiento personal. Por el camino nos encontramos con el arte de Juan Berrio un autor de cómics único capaz de hacer que el lector se sumerja en los espacios y navegue con los personajes.

Otras obras de Juan Berrio reseñadas:

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Spain is Pain #322: El camino como parábola.

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Budapest (Chema Peral). Ediciones La Cúpula, 2018. Rústica, 132 págs. Bicolor, 13,90€

El camino de baldosas amarillas conduce a una ciudad llamada Oz, una urbe cargada de poesía y esperanzas en la que la felicidad que colma a sus ciudadanos está alimentada por una gran mentira, la de un mago que no es tal sino un estafador que se esconde bajo la apariencia de un ser magnánimo. La función de ese camino de baldosas no es tanto conducir a un sitio u otro sino transformar a Dorothy y compañía durante el recorrido para que encuentren en ellos mismo aquello de lo que carecen, así pues, el destino y el lugar de procedencia no están importante como lo que se sitúa en ese amplio espacio intersticial que es el camino.

Roúl Nada, el protagonista de Budapest de Chema Peral, se encuentra pateando un camino que le debe de conducir a Budapest, posiblemente no nuestra Budapest (tan ambicionada por treintañeros en crisis), una ciudad que nadie conoce y en la que toda son promesas. En este caso esta Budapest es un trasunto material del Kurtz de El corazón de las tinieblas. Sobre la ciudad deseada y ambicionada el protagonista centra toda su voluntad de cambio, algo que, evidentemente, se producirá no con la llegada Roúl a sus calles sino con los problemas que va resolviendo durante el camino, enamorándose, huyendo, enfrentándose a situaciones imposibles, solo así puede llegar en condiciones a su Shangri-La particular; su Budapest en la que podrá ser feliz haciendo todo lo que desea.

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La búsqueda de la ciudad viene provocada por el ansia del protagonista por escapar de los traumas de una guerra del pasado, un conflicto paradójicamente llamado Guerra de Paz. Roúl Nada no solo debe abandonar los miedos sino también el odio que alberga por aquellos que fueron sus enemigos, unos invasores que intentaron imponer su fe. Para ello deberá pasar por su territorio, dejar de lado todo tipo de prejuicios y asumir costumbres ajenas para poder liberarse del pasado y encontrar su Budapest. Pero para ello, sin ni siquiera saberlo, se convierte en la pieza principal para anular al enemigo del pasado para siempre, algo de lo que rehuyó en el pasado pero que le resulta inevitable en el presente, no puede escapar eternamente de su misión vital que no solo proporcionara paz real para su pueblo sino también para el mismo.

Eso en el aspecto narrativo, pero es en lo visual con el bitono en azul que consigue que el relato funcione a nivel sinestésico. Con referencias estéticas a las nuevas vanguardias, homenajes a Picasso y ciertas esencias del fauvismo de Matisse. Hace que todo se estructure a dos niveles; en lo narrativo el relato está perfectamente anclado, en lo estético se eleva todo a lo espiritual y aquello que se busca emanciparse de la realidad. Todo unido por un tono definitivamente naif que hace que el mensaje sea algo más crudo, aunque pase de manera más desapercibida. En resumen, Chema Peral se marca una obra larga muy inspirada y valiente en el que todos podemos encontrar referentes o imaginar cual es el subtexto una parábola sobre el significado del camino recorrido y por recorrer.

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Spain is Pain #321: El tabú eterno

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FRANK. La increíble historia de una dictadura olvidada (Ximo Abadía). Dibbuks, 2018. Cartoné, 48 págs. Color, 16€

La Guerra Civil y sus consecuencias siguen siendo un tema delicado en nuestro país la rotura que se produjo en ese momento no ha sido suturada sino remendada hasta encontrarnos el panorama actual. Normalmente los cómics publicados en España por autores nacionales sobre el conflicto giran en torno a situaciones muy concretas: batallas, personajes anónimos o relatos con forma de reportaje. Pero pocas veces se centra en las personas que protagonizaron el conflicto y mucho menos en la figura del dictador. Franco es la representación univoca de un régimen que enterró a España durante cuarenta años con un sepelio que dura hasta nuestros días. Los totalitarismos se significan a través de los individuos que subyugan a la población y valen tanto para que aquellos acólitos se vanaglorien de sus acciones como para ser objeto de protesta y mofa por parte de todos aquellos que están en contra de este.

Por eso es complicado encontrar un punto en el que hacer una crítica seria, y también dura, en la que no se caiga en lo grotesco y en la descalificación barata. Los datos sobre la persona en cuestión los conocemos, los historiadores, tanto de un lado de otro, se han dedicado a desglosar la vida del dictador en diferentes biografías, y en muchos casos hagiografías. Sin embargo, siempre hace falta tener una perspectiva que se centre en retratar a personajes relevantes, para lo bueno y lo malo, desde la esencia de los mismos para así poder entender y comprender mejor quien era ese individuo en cuestión. Eso no implica ni ser simple ni reduccionista, en todo caso abreviar a través de elementos que definan a través del signo más que mediante la palabra.

Ximo Abadía consigue quedarse en esa naturaleza del personaje en un libro con muy poco texto en el que la imagen construye una idea sobre el dictador que queda al libre albedrio del lector. Eso lo consigue sugiriendo página tras página e imponiendo el símbolo como un medio para erigir un discurso basado en lo puramente visual. Para ello también se ayuda del cuento infantil ilustrado como un formato que le permite contar sin tener que explicar de manera detallada. Todo de manera muy medida: los cuadrados, omnipresentes, para idealizar la mentalidad totalitaria, representar al protagonista como un niño con una gorra militar que siempre le va grande, un uso de los colores que busca acentuar los contrastes dentro de la página y mostrar la parte por el todo a partir del icono (bombas, soldados, personajes anónimos en la sombra, etc.)

Frank es, o tiene la apariencia, de un cuento para niños. Y ahí me surge la duda por lo polivalente de los recursos utilizados por el autor. Vale tanto para niños como para adultos la idea es acercar la historia reciente de España de una manera comprensible, poniendo al lector en la tesitura de entender esta obra como él quiera, reducirla a la mera ficción o ponerla en paralelo con la realidad como parte de esta. Desde un punto de vista adulto podría figurar como un artículo de opinión un tanto cómico, por reducir a un dictador a un niño con una rabieta eterna, pero no exento de cierta voluntad de denuncia que encierra en las últimas páginas: “Y 40 años después se sigue escuchando una palabra enterrada. Libertad”. Aparecen pocos textos en esta obra pero son tan contundentes que cada palabra es un golpe en la mesa. Resumiendo, la obra de Ximo Abadía es espectacular, sincero y certero, con este trabajo abre un frasco de las esencias que parecía muy difícil de destapar en el que podemos ver como se conjuga la amargura con la belleza de la poesía visual.

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Spain is Pain #320: crónica de sucesos.

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Crónica negra (Miguel Ángel Martín). Reino de Cordelia, 2017. Cartoné, 160 págs. B/N, 19,95€

Parece que el “periodismo” de sucesos ha vuelto por la puerta grande, pero entre la inmediatez de las redes sociales y la televisión se ha perdido cierta lectura, quizás literatura, que rodeaba a este género periodístico. A día de hoy prima la información técnica y judicial de última hora, bombardeo continuo, juicios prematuros, reconstrucciones continuas y cambiantes, acoso a los familiares de las víctimas y los presuntos culpables, y, si, mucho morbo proporcionado por opinadores y periodistas sin escrúpulos. Aunque esto último ya formaba parte de este tipo de noticias. Por su parte la ficción televisiva basada en hechos reales sigue manteniendo lo literario del hecho: series como Mindhunter o Manhunt: Unabomber lo corroboran, otras como Aquarius lo hacen en menor grado pero lo mantienen. Luego están maravillas de docuficción como Making a Murderer, The Jinx, incluso la española Lo que la verdad esconde: El caso Asunta mantienen una tensión perfecta entre la información de los casos y el relato puramente narrativo.

En Crónica negra nos encontramos con una relación de casos reales y sucesos convencionales cuyo principal atractivo es la imaginación de Miguel Ángel Martin a la hora de recrear los actos violentos. Las páginas que componen el volumen se publicaron a lo largo de la década de los ochenta en La crónica de León. Desde una perspectiva contemporánea podemos apreciar que dichas ilustraciones no se suelen acotar a los espacios pero si recogen la esencia pura del crimen, la violencia y cierta pulsión escópica que todos sentimos hacia esta última. Ante todo, nos encontramos con la obra primigenia de un autor que va a encontrar en esos temas algunos de los temas centrales de su obra posterior. Las crónicas y los dibujos pertenecen al periodo final de la década de los ochenta, seria en 1990 cuando empezó a publicar los relatos cortos que compondrían Psychopathia Sexualis trabajo que le daría a conocer en el ámbito nacional, hasta convertirse en nuestro autor de cómic más emblemático de la década de los noventa, y a nivel internacional.

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Cada una de las ilustraciones que componen el volumen, esta vez con textos explicativos e incluso con la crónica original, es hipnótica; algo que no ha cambiado en la obra del autor leonés desde que a finales de los ochenta emprendiera esta faceta de cronista visual de sucesos. Retomando el inicio de la entrada sobra la falta de literatura en la crónica actual, Martín le aportaba un punto de recreación que le permitía al lector perderse en las imágenes y en el crimen, imaginarse las situaciones y las motivaciones de los asesinos; en definitiva, reimaginar el relato no solo por lo acotado en texto sino, sobre todo, por las posibilidades que nos ofrece una visión artística que ni siquiera la mejor de las fotografías nos puede aportar. Crónica negra es una obra clave para entender la evolución del trabajo de uno de los autores más importantes de los últimos 30 años dentro del panorama nacional. Aparte de eso, que ya es mucho, es historia viva de nuestra prensa.

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