Spain is Pain#310: La postal de Etty Hillesum

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Cuerda de presas (Jorge García y Fidel Martínez). Astiberri, 2017. Cartoné, 96 págs. B/N, 15 €

El 7 de septiembre de 1943 Etty Hillesum tiró una postal dirigida a su amiga Christine van Nooten desde el tren que la conducía a Auschwitz. Etty fue una de las millones de mujeres que perdieron la vida en los campos de concentración diseñados por los nazis. En Ya sabes que volveré, el último libro de Mercedes Monmany, la autora hace un repaso a las vidas de las que tendrían que haber sido las intelectuales de la segunda mitad del s. XX. Esta se centra tanto en la vida de Etty así como en la de Irène Nemirovsky y Gertrud Kolma, tan solo tres mujeres que sirven para intuir no solo la lamentable pérdida de vidas humanas sino la futura repercusión que este holocausto tuvo sobre la cultura occidental contemporánea. Pero esa postal lanzada al aire, al azar, tenía algo más que la voluntad de vivir, tenía esperanza.

La perspectiva histórica de los conflictos bélicos y la posguerra suelen ser siempre de carácter masculino. En la Guerra Civil Española el hombre como principio y fin de todo: hombres topo, los maquis, los rojos, etc. Dejando de lado o con un mero rol de sufriente o acompañante de la mujer, incluso en las revisiones de carácter progresista la mujer ocupa ese lugar otorgado por el catolicismo español con un rol eminente pasivo. Pero en nuestra guerra las mujeres jugaron un papel importante en todas las vertientes: social, política, en el frente, en la retaguardia o como profesionales en diferentes ámbitos de la vida. Durante el conflicto fueron rechazadas como guerrilleras y durante el franquismo aquellas que no estuvieron en la cárcel sufrieron una merma de derechos considerable.

Cuerda de presas de Jorge García y Fidel Martínez tiene como protagonistas a un grupo de mujeres que sufrieron no solo el tener que estar retenidas sin ningún tipo de garantía legal sino ser despreciadas hasta el punto de intentar que perdieran su condición humana. Teniendo como obra paralela la Mercedes Monmany, no podemos llegar a comprender a alcanzar la perdida no solo en vidas humanas sino en ciudadanas capaces de contribuir en todos los ámbitos sociales al bien de un país. Porque en España, y aunque cueste mucho reconocerlo desde el presente, tuvo lugar un holocausto femenino con el fin de acabar con la voluntad y los derechos de las mujeres. En este fueron cómplices la iglesia en su espectro más amplio, todas las asociaciones políticas reaccionas y una sociedad predispuesta, en parte a que eso sucediese.

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La obra de García y Martínez no es tan solo un retrato que busca emocionar empatizar con un solo personaje sino a través de diferentes protagonistas que habitan los once relatos propuestos por los autores, y con estas aquellas que las rodean otras mujeres retenidas en contra de su voluntad, y aquellas que controlan sus vidas con formas machistas disfrazadas de seudocatolicismo. Estos microrrelatos ofrecen una panorámica atroz de la sumisión a unos valores impuestos sin filtro y de manera violenta. Algo de lo que participo, en gran parte, ‘toda’ la sociedad española.

El guion de Jorge García es preciso, nada maniqueo y dejando mucho espacio para el lector para que este pueda verter su conocimiento del posconflicto sobre el texto. Se convierte en un narrador implacable mostrando las pruebas, las situaciones y los espacios que dan lugar a la injusticia. Por su lado Fidel Martínez nos muestra el horror de lo planteado en el guion; Cuerda de presas se podría haber saldado con un aspecto gráfico con un estilo realista pero el dibujante nos coge de la mano y nos lleva un poco más allá del dato y del hecho nos introduce en la crudeza de lo que sucedió. Sin embargo, aparte de los valores artísticos intrínsecos de la obra existen otros de carácter paraliterario, como el que dos hombres reivindiquen la vida de unas mujeres. La herstory no solo debe de ser explicada por mujeres, de esa manera el sistema actual lo acabaría relegado a un ghetto, tiene que ser explicada por todos y cada uno de nosotros. Así pues, Cuerda de presas es una de esas obras esenciales e inevitables dentro de nuestro cómic, un must have de libro. Por cierto, la postal de Etty Hillesum llego a su destino la encontró un campesino en el campo y la depositó en un buzón. No debemos ni olvidar, ni perder la esperanza.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

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Spain is Pain #309: Preguntas sin responder

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Encuentros cercanos (Anabel Colazo). La Cúpula, 2017. Rústica, 116 págs. B/N, 10,9 €

Las paraciencias tienen como un rasgo común: intentar demostrar lo teorizado a través de cualquier tipo de prueba sólida que demuestre al resto de la sociedad que existen otras realidades. Para bien o para mal en la mayoría de ocasiones las pruebas se pueden desmentir con un análisis exhaustivo. A partir de ahí solo queda un elemento para refrendar cualquier tipo de experiencia: el testimonio. Este es la primera piedra de toque de algunas paraciencias como la ufología. Muchas de las situaciones y avistamientos se parapetan no en la prueba sino en el testimonio de las personas supuestamente afectadas. Pablo Ríos centro en este aspecto su brillante Azul y pálido (Entrecómics Cómics, 2011), el autor malagueño se apoyaba en su amplio conocimiento sobre el tema para poner en boca de los protagonistas los hechos acontecidos.

La creencia o no en estas experiencias paranormales depende básicamente en la consistencia del relato. La coherencia se construye a través de la comparación de la experiencia de otras personas testigos de avistamientos o que hayan sufrido abducciones. Las ideas más extrañas y que se salgan de la línea marcada por la mayoría son descartadas desde el primer momento, las que siguen las pautas generales son aceptadas ya que ayudan a construir y solidificar un canon dentro de la ufología y más concretamente sobre los contactados. En Encuentros cercanos, Anabel Colazo, nos invita a un viaje a este tipo de situaciones a través de un personaje que parece tener cierta disposición a enfrentarse a lo paranormal.

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A diferencia de Pablo Rios, basado en el testimonio, Colazo opta por crear una ficción dentro de una ficción con diferentes enfoques. En su obra anterior, El cristal imposible, ponía, a través de un relato sencillo, dos vertientes de aproximación a un hecho: la teoría vs. la pragmática. A partir de ese punto se constituía la aproximación de los personajes y definían sus roles dentro de la narración. En Encuentros cercanos la distancia entre lo sucedido y el personaje marca la creencia en las abducciones. Daniel, el protagonista de este título, tiene cierta predisposición a creer en lo paranormal, pero con el paso de la edad se siente empujado a racionalizar todo lo que ve, pero sin dejar de lado que lo perceptivo puede encerrar explicaciones poco lógicas y racionales. Este se encuentra en un pueblo pequeño que tienen lugar avistamientos y abducciones por parte de entes extraterrestres. Pero los dogmas de fe requieren de un demimurgo que vehicule el relato, en este caso es Barry un extranjero que vive a las afueras del pueblo y que utiliza a Juan, un adolescente para divulgar la palabra. Esta debe de estar unificada, no debe de presentar fisuras, la experiencia se define a través de un pararelato de reafirmación basado en la censura y por extensión en los hombres de negro.

Pero al igual que en El cristal imposible la estructura de esta obra se basa en la distancia que se construye en la percepción de la experiencia. La diferencia entre lo sufrido por Daniel y Marina, hermana de Juan, y este último hace dudar de la realidad y si es lo constatado a nivel personal puede ser considerado como algo fehaciente. Lo sufrido por Juan es tan diferente a lo padecido por los otros que le hace dudar sobre si su abducción fue real; por su parte Daniel al no tener recuerdos duda sobre lo relatado por Marina. El relato se rompe si los protagonistas no quieren ver las señales y estas pueden ser malinterpretadas.

Este relato sobre la percepción de la realidad de Anabel Colazo se construye a base de paradigmas eso nos conduce al enfrentamiento de realidades. Estas pasan a un segundo plano cuando no se está seguro de poder razonar aquello que percibimos. Ahí entra en juego el dibujo de la autora jugando con las perspectivas, alienando a la persona y proporcionando cierto aire místico a través de un trazo limpio. En Encuentros cercanos nos encontramos con una obra que nos habla de los cuestionamientos y la asunción de las ideas dejando la realidad en un hiato. Siendo esta un paréntesis para la vida de los personajes. Para Daniel, Marina y Juan las consecuencias son diferentes, los relatos que construyen son divergentes rompiendo el canon creando inseguridad en estos. Este título tiene todos los rasgos característicos de la autora una estética muy marcada, un ritmo sosegado, una narrativa por capas y una capacidad para describir contextos extraños dentro de la normalidad; en la que nada es como aparenta ser, aunque pueda serlo. En definitiva: una obra plena.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain # 308 : contar la historia.

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Arde Cuba (Agustín Ferrer Casas). Grafito editorial, 2017.Cartoné.136 págs. Color, 17€

No hay aspecto más voluble dentro de los cimientos que construyen la humanidad que la historia. Esta es voluble y se reescribe constantemente, ya sea por intereses políticos, sociales, nacionales o simplemente por nuevos hallazgos dentro del campo de la arqueología o la revisión y comparación de documentos de tiempos pretéritos. Las historias nacionales normalmente son elaboradas bajo un foco de construcción antagonista, ellos contra nosotros: nosotros buenos y ellos malos. Pero la bondad con la que se describe los fundamentos de un país no deja de ser un foco telúrico en el que los habitantes de una región definen su relación con la tierra con un trasfondo mágico y por tanto irracional.

Posiblemente en la antigüedad y hasta bien entrado el siglo XIX solo los gobernantes y las personas que ostentaban el poder eran conscientes de la idea del paso de la historia por el papel que ellos, y pocas veces ellas, desempeñaban sobre el territorio. Es a partir de la mitad del XIX y ya bien entrado el siglo XX que los ciudadanos son conscientes de la voluntad de cambio. Aunque por desgracia son los gobernantes y, ahora más que nunca, los mercados los que siguen cambiando la dirección y el estado de las cosas. En todo esto ha jugado un gran papel las revoluciones políticas en las que la sublevación del proletariado jugaba un gran papel. Sin embargo, la idea de clase social ha ido perdiendo fuerza; mientras que las revoluciones de clase han sido siempre verticales de abajo a arriba, que es la única manera de cambiar las cosas, otros tipos de revolución, construidas desde arriba, están dispuestas solo para beneficiar a tan solo unos pocos.

En Arde Cuba Ferrer Casas nos habla de una revolución vertical, de abajo a arriba en la que la transversalidad no existe, eso como tal en los movimientos que pretenden cambiar los cimientos de un país no es más que una falacia. Para que el orden de las cosas cambie es necesario que los de abajo tomen conciencia de la asimetría de su situación personal, laboral, económica y cultural. Castro, Cienfuegos y Guevara supieron ver eso en Cuba y de cómo era necesario instaurar un cambio. El autor de la obra acierta de pleno en situarnos en mitad de la historia a través de Frank Spellman, un trasunto del fotógrafo John McKay para situarnos en las vísperas del cambio político en Cuba. Este va engañado por Errol Flynn con la intención de entrevistar a un Fidel Castro en su cuartel de Sierra Maestra. El fotógrafo nos servirá de intermediario para conocer los actores políticos y económicos que mueven a la isla caribeña.

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El gran acierto del relato es ceñirse a la historia y conjugarlo con lo ficcional para hacer amena la lectura. No se trata de una visión heroica de la revolución sino de una visión en la que se muestran los costes de estos movimientos revolucionarios. La traición constituye uno de los elementos centrales de la narrativa, una vez Spellman consigue convivir con los guerrilleros se da cuenta que la revolución está fragmentada y aunque las luchas intestinas no puedan acabar con el movimiento se cobra vidas por fuego amigo; mientras que el poder es más monolítico: el dictador, la mafia, la industria frutícola y el ejército son solo uno. Es decir, la falsedad de la revolución transversal.

La puesta en escena sigue siendo uno de los puntos fuertes de este autor, tal y como pudimos apreciar en Cazador de sonrisas, eso nos ayuda a situarnos a vivir el relato de otra manera. Ferrer Casas no define los escenarios de manera esquemática sino descriptiva, pero sin ser barrocos, no se comen ni la acción ni a los personajes. Por otro lado, está la mesura a la hora de definir personaje históricos sin que en ningún momento se convierta en una hagiografía. La mesura en este punto es vital ya que esta es una de las miles de historias que podemos contar sobre la Revolución cubana, una de muchas. Está en concreto descrita por dos foráneos que buscan a su manera entender lo que le está sucediendo al mundo en ese momento.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is pain #307: ¿Loser?.

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La deuda (Martín Romero). La Cúpula, 2017. Rústica, 228 págs. B/N, 17,50€

El mundo contemporáneo parece que nos impele de manera directa a cierta dictadura de la felicidad: obtener todo lo que deseamos, mil amigos, la facilidad para poder tener una pareja o varias, ser socialmente atractivo, un trabajo creativo o único, etc. Pero en realidad las cosas no son así, las redes sociales han jugado un papel fundamental en la simulación de una apariencia, ya no triunfadora, pero si plena, completa y sin carencias en ámbitos que no siempre tienen que ver con la situación económica. Pero debemos plantearnos una serie de cuestiones: ¿necesitamos estar a la última?, ¿aparentar lo que no somos?, ¿tener mil amigos? o ¿aparentar unicidad en un entorno clónico?

Ser feliz o el diseño conceptual que existe actualmente de esa idea pasa por mostrar una apariencia concreta, sin embargo; no todos somos triunfadores sociales, ni sentimentales, y tampoco en el ámbito laboral. Quizás por ello los libros autoayuda siguen siendo una fuente de ingresos para las editoriales. El coaching emocional lleva ya con nosotros un par de décadas sin que haya servido de mucho y de ahí, quizás, y por la necesidad de una puesta en realidad surgen los libros de antiayuda como The Subtle Art of Not Giving a F*ck: Counterintuitive Approach to Living a Good Life de Mark Manson, El Libro Definitivo de Antiayuda y Desmotivación de Eva García Fornet o Manual de autodepresión: Guía práctica para arruinarse la vida de Julio César Toledo. De estos títulos surgen ciertas ideas como que la vida es dura y no siempre es maravillosa y que la apariencia es solo eso un envoltorio bonito para mostrar algo mediocre.

La deuda de Martín Romero apunta a todos los aspectos comentados anterioremente a través de un personaje pusilánime y vulgar, pero no más que cualquiera de nosotros. Benjamín Castaño es un tipo que no tiene amistades en las que apoyarse, ni un trabajo estable, no tiene pareja sentimental y tiene una deuda económica que le acucia a buscar una solución inmediata a todos sus problemas. A pesar de todo y de no ser solvente económicamente se consuela con “vivir” de sus tristes, y pasados de moda, monólogos humorísticos. Benjamín Castaño es un paradigma de nuestros tiempos un individuo que vive aparte de todo y que carece de esa voluntad de aparentar. Los monólogos aparecen al final de cada capítulo como una ensoñación en la que se puede apreciar que el protagonista no es consciente de su solemne soledad y de su desconexión social.

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Pero es la deuda que tiene Benjamín la que marca el ritmo del relato, este ha contraído una con una misteriosa mujer que le acosa y amenaza constantemente. Para vigilar los pasos de Benjamin esta mujer utiliza a un individuo que no solo va detrás de él sino que va anotando los gastos que el protagonista tiene. La deuda en si misma se encarna en esta persona, todavía más anónima que el propio humorista mediocre, su única función es perseguir a acreedores. Aunque todo cambia en el momento en que Benjamin tiene que volver a su pueblo natal al entierro de un familiar, es allí donde empieza a recuperar su identidad, una muy apartada de aquella que él ha querido crear en la gran ciudad.

Martín Romero apunta en La duda a un cambio en lo estético con respecto a Episodios lunares, obra en la que los espacios dominaban la narración. En el presente trabajo sigue apareciendo algunos de dichas características, principalmente en la descripción de las calles, los interiores de las casas y cualquier tipo de espacio dramático. Este es el elemento definitivo para aislar al solitario Benjamín que no le queda otra que huir de un sitio a otro buscando algo que ni él sabe que es. De ahí que dé la impresión que la deuda no le preocupe mucho, se ha resignado a tener una sombra en forma de cobrador, optando por intentar seguir viviendo dentro de lo que él ha construido como una vida con la que seguro muchos lectores les costará sentirse reconocidos. Podemos considerar que La deuda opera más en el terreno de lo metafórico dejando hasta el último momento trabajar en el plano de la realidad, que al final, como siempre decide aplastarnos y ahogarnos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #306: el lector como constructor.

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Nuevas estructuras (Begoña García-Alén). Apa Apa Cómics, 2017. Rústica, 68 págs. Color, 15 €.

En Perlas del infierno Begoña García-Alén optaba por el camino de la abstracción abortando cualquier posibilidad de narración y dejándolo de la mano de desarrollos visuales los microrrelatos que componen dicho volumen.  La puesta en escena de esa obra era mínima y los recursos utilizados giran en torno a una serie de situaciones planteadas para la experimentación. La autora en cuestión busca forzar los elementos estructurales y narrativos del cómic para llevarlo a un terreno propio y personal, y posiblemente un tanto críptico para el lector convencional, en el que la obra final tiene mucho más que ver con una visión formal de la secuenciación gráfica y la investigación sobre los límites del relato que la servidumbre de lo gráfico en función de la narración.

En Nuevas estructuras da un pasito atrás en cuanto a la abstracción y da otro hacia adelante en cuanto a la representación a través del símbolo. Eso sí, en este caso lo narrativo y el relato, aunque sencillo, está presente como un hilo que cose una relación entre imagen y palabra, pero la imagen como una reducción que representa la parte por el todo y que traduce lo propuesto en el texto de manera simbólica. La narración propuesta por la autora consiste en un grupo de arquitectos que se desplazan para construir un anexo a una casa preexistente. Pero el diseñador en cuestión tiene una peculiaridad, sus últimos trabajos han consistido en hacer casas para pájaros.

La historia en cuestión no es ni como empieza ni como acaba sino el planteamiento sinestésico propuesto por la autora en el que la acción y el hecho se ve únicamente representado por el símbolo. Esto viene acentuado por una diagramación funcional de la página que busca resaltar el elemento representado a través de una exaltación de la forma sobre el fondo, poniendo solo de relieve en primer plano a la primera sin más contexto que el lector le quiera dar: unas flechas señalando cada una en una dirección dispuestas en diferentes viñetas para representar que el narrador se ha perdido en un recorrido, una llave tal cual, una puerta, o un martillo dibujados de manera aislada para formular un anclaje con el texto hacia el objeto plasmado en la página.

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En este caso nos encontramos un relato fragmentado por la focalización de los narradores. En “La casa” la persona que encarga la construcción recibe a los arquitectos, este primer capítulo sirve para marcar las pautas del relato y las reglas del juego que establece con el lector. Una vez planteado como tenemos que enfrentarnos a la obra en “El proyecto” vemos el punto de vista de los constructores, la llegada a la casa y la peculiaridad de su obra anterior, en “El sueño” la autora se permite una retícula diferente con viñetas más grande y poner en relación a los diferentes elementos aparecidos en los apartados anteriores junto con elementos de construcción abstractos. El volumen se cierra con “La construcción” focalizando otra vez con la persona que encarga el trabajo, aquí podemos ver como el trabajo en cuestión gira más en torno a las expectaciones que sobre lo planificado. La obra acabada en la ficción es como la que estamos leyendo tiene más que ver con el cumplimiento de las expectativas que nos hemos creado con la lectura de la misma que con como acaba realmente.

Cerrar la obra, como decía Umberto Eco, consiste en “entenderla” en función de nuestro background cultural, pero eso suele suceder con aquellas obras que basan su narración en los géneros. Aquí dicho cierre funciona de manera diferente García-Alén nos ha ido dando todo aquello que forma parte de la construcción final, somos nosotros los que debemos de imaginarnos ese anexo de la casa en función de cómo hemos ido construyendo el relato y su contexto. Nuevas estructuras funciona en torno a lo poético, lo sugerido y lo minimal. Las focalizaciones interpelan al lector para que forme parte del relato, para ello no hay personajes definidos solo personajes en sombra, silueteados y sugeridos. Nosotros debemos poner un escenario que ha sido despiezado y amueblarlo escénicamente a nuestro antojo. En definitiva, una obra llena de misterio en el planteamiento en la que el lector es algo más que un actor pasivo.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #305: Navegando por una cartografía de la muerte.

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Zona hadal (Roberto Masso). Fosfatina, 2017. Rústica, 48 págs. Duotono, 12 €

A la hora de hacer una crítica uno tiene que valorar la importancia de desvelar elementos del relato que puedan disuadir, por conocimiento de algunos hechos, de la lectura del título en cuestión. Uno debe de valorar los pros y los contras de destripar los puntos de giro o escenas clave. Eso sería para relatos puramente convencionales en el que se siguen las pautas básicas de los tres actos en el que los puntos de giro están medidos al milímetro. Sin embargo, existen otro de tipo de relatos en el que la trama es un punto de partida y en el que los tres actos se disuelven para centrarse en una forma de contar que tiene que ver más con las sensaciones que causa la lectura que con lo que se está contando.

En Zona hadal Roberto Massó pone de relieve ese aspecto. La historia es bien sencilla: una tripulación de un submarino conduce al vehículo sumergible más allá de la zona abisal para enterrar a alguien. En ese sentido no hay nada más. Pero no hace más que ver la forma en que el autor indaga no solo en la forma sino también en los elementos que intervienen, y reimagina, de la liturgia funeraria. La misión en cuestión se convierte en una exaltación de la técnica en la que se mecaniza un entierro sin olvidar, ni dejar de lado, los aspectos rituales como las salvas de honor o un velatorio protagonizado por unos personajes con túnica que nos impele a pensar que a pesar de la técnica que rodea el entierro lo místico siempre estará presente, algo que al final se reitera modificando a las personas que velan por peces de la zona abisal.

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Como es evidente el relato de Massó es puramente vehicular, lo interesante está en la forma. La interacción de lo técnico de principalmente de la cartografía por la que se orientan los personajes nos lleva a pensar en Baudrillard, accedemos al territorio ignoto y desconocido a través de un mapa que se va reajustando hasta ofrecer una imagen clara para que esta pueda ser recorrida por los sepultureros. Dicha ingerencia narrativa tiene lugar tres veces: la primera, la que narrativamente es más asequible, aparece en las primeras páginas a través de un recorrido a las diferencias estancias del submarino; la segunda cuando Massó decide mostrarnos las imágenes del radar y como los parámetros del mismo se van formando, y la tercera cuando nos muestra un pequeño diccionario de vocabulario gestual para buzos. Algo que me recuerda al diccionario de ondas que Stanislaw Lem inserta en mitad de Solaris.

Dicha interacción entre formas de narrar busca, en cierta manera, mostrar la experiencia de los personajes, dejando de lado cualquier traza de subjetivismo y centrándose en lo estético en lo puramente hierático, algo que ya pudimos ver en Medieval Rangers, que tiene un frio anclaje en el texto. Este ex breve y escueto, pero no le hace falta nada más. Es mecánico cuando se ocupan de cuestiones técnicas y sereno cuando algún personaje muestra algún tipo de emoción.

Roberto Massó sigue en su línea de cómic experimental en el que sugiere más que cuenta y en el que lo narrativo se convierte en un elemento circunstancial, algo mínimo pero necesario, pero omite recovecos y cualquier otro aspecto que distraiga de la experiencia visual que supone cada una de las obras de este creador. La zona hadal es la parte del océano que se encuentra por debajo de la zona abisal, es posiblemente la zona más desconocida del planeta. En eso se apoya el autor para crear un mundo propio en el que la idea de mostrar lo inaudito se convierte en algo secundario frente a la voluntad y la tradición humana de enterrar a sus muertos. Nosotros como lectores nos fascinamos con el viaje, el recorrido, el radar, el submarino y el mar que se va transformando a medida que vamos adentrando cada vez a más profundidad.

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Spain is Pain #304: Lo normal en perspectiva.

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Tibirís (Arnau Sanz Martínez). Trilita Ediciones, 2017. Rústica, 112 págs. Bitono, 16€

A lo largo de las numerosas entradas dedicadas al cómic patrio hemos podido comprobar como el slice of life ha ido ganando como género narrativo. El slice se caracteriza por una reflexión sobre la vida del autor contada en tiempo presente narrada en primera persona y en la que terceras personas no toman el protagonismo muy a menudo. Con eso se corre el riesgo de construir una historia en la que el autor busca cierta complacencia personal frente al público lector, cuando no una justificación a sus actos y de los cuales, en ocasiones, no se muestra muy convencido. Así pues el slice of lice como género con unas pautas definidas busca la complicidad del lector en vez de plantear, tanto una estructura clara en lo narrativo y los subjetivo.

Creo que la clave para entender este género consiste en saber dar voz al resto de personajes la obra, no convertirlo en un monólogo insulso y en la gestión de la memoria de los hechos representados. Ambos elementos constituyen dos rasgos que permiten tanto al lector como al autor encontrar un camino en el que la ficción, como rasgo narrativo, se convierte en un vehículo para articular el discurso y no el puente que justifica todo el relato. Arnau Sanz es posiblemente el autor que mejor ha encontrado el equilibrio entre ficcionar y contar aspectos personales de su vida, todo bajo una estética que nos ayuda a sumergirnos en lo emocional de la viñeta. Tanto en Tito, en la que habla en primera persona; como en Albert contra Albert, en la que explica la relación con su padre; así como en Nacatamal, que narra una breve experiencia personal, nos encontramos las pautas narrativas de su obra.

En Llavaneres ponía relieve el valor de la memoria explicada en primera persona pero dando un gran peso a la forma. Este trabajo recogía rasgos de sus obras anteriores y asienta algunos aspectos de la siguiente: Tibirís. Arnau opta esta vez por narrar a través de la memoria de sus familiares y en encontrar una piedra que sostenga, no solo, todo el relato sino que le da una forma, y sobre todo, un fondo que nos permita entender y situarnos, tanto en el periodo histórico como en la opinión de los personajes.

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Tibirís es el tío de la abuela del autor, un homosexual que vivió su sexualidad como pudo durante la dictadura franquista. En este caso Sanz opta por hacer un papel de intermediario con el lector. Está ahí planteando preguntas y poniendo de relieve algunos aspectos que muchos de nuestra generación tenemos sobre el periodo histórico en cuestión. No es tanto la abuela, el abuelo y el autor que ponen en cuestión la perversidad del termino y la definición de la normalidad. Esta implica cierta idea de bonanza social dentro de unos parámetros estructurados de manera férrea constituyendo un totalitarismo social. Dicha normalidad impuestas por estados, secundada por medios de comunicación y que los ciudadanos ratifican en la calle. El statu quo que nos narra la abuela es terrorífico: la mujer en casa, los curas con caras de perdonavidas, y familias que aceptan el rechazo como un comportamiento convencional.

Lo que hace Arnau Sanz en Tibirís, como en el resto de sus obras, es contar desde las tripas, pero sin dejarse llevar por la rabia o caer en el exabrupto. La forma que tiene de desarrollar los hechos está elaborada de tal manera que esa denuncia viene dentro tanto del relato como en la forma del mismo. Todo tiene como elemento neurálgico la elaboración de la comida, algo tan común y mundano como lo que se narra. La comida constituye central y enfrenta las comidas compartidas de la familia frente a las solitarias a las que se enfrentaba Tibirís. La soledad como una forma de conformarse ante la indiferencia exterior se convierte en una manera de hacerse fuerte e independizarse del pensamiento regulado e impuesto. Arnau Sanz sigue, pues, planteado unos títulos plenos, emocionales y crudos con una sencillez como pocos autores hacen que nos conducen a un cómic íntimo pero capaz de explicarse al mundo con un a claridad meridiana.

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