Lobo – El regreso (Alan Grant, Keith Giffen, Simon Bisley y Kevin O’Neill)

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Lobo: El regreso (Keith Giffen, Alan Grant, Simon Bisley y Kevin O’Neill). ECC, 2015. Cartoné. 232 págs. Color. 22,50 €

Hace poco ha saltado la noticia de que en la última reedición de las novelas juveniles de Los cinco han sido eliminados o retocados todos los pasajes machistas. Es uno de esos casos que me gustan, porque ayudan en gran medida a definir a la gente, obligándoles a tomar partido en contra o a favor de la iniciativa. En lo personal debo declarar que tal medida me parece una aberración, un movimiento cercano al Ministerio de la Verdad que Orwell describía en 1984, algo parecido a lo que se hacía en la Rusia Comunista con la eliminación de los disidentes mediante el trucaje fotográfico. Pero los ejemplos son muchos, incluso se vendió como una victoria de los derechos sociales una revisión de las novelas de Mark Twain en la que todo elemento racista era eliminado.

Pero lo que no piensan estos buenos pensantes, la mayoría de las veces autoproclamados defensores de la infancia, es que si un niño no conoce la injusticia no podrá reconocerla, pero en fin, parece mejor obviar los errores del pasado en lugar de perder algo de tiempo explicándole al niño lo mal que estaban las cosas antes y todo lo que se ha avanzado desde entonces. Pero supongo que el futuro será más bien una versión de El diario de Ana Frank sin nazis que termina con la niña judía de vacaciones en el sur de una España donde no ha existido la Guerra Civil. Pero por fortuna, obras como Lobo: El regreso son una fuerte declaración de intenciones, pues tras más de 20 años de su publicación, la obra no acepta la más mínima reescritura, todo el ambiente hiperviolento, misógino y vulgar no se puede separar pues no quedaría nada. La única reedición políticamente correcta de los cómics que componen Lobo: El regreso sería meterla en una papelera y prenderle fuego.

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En Lobo: El regreso tenemos la miniserie que da nombre al tomo, más otra titulada Lobo: Infanticidio, y el número especial Lobo-Con: El lamento de un fan. Las tres parten de ideas planteadas por Keith Giffen y desarrolladas por Alan Grant, aunque la primera está dibujada por Simon Bisley, la segunda por el propio Keith Giffen y la tercera por Kevin O’Neill. Lobo: El regreso nos muestra al anti-héroe obligado a resucitar más de una vez para acabar con el sicario que acaba con su vida, una simple excusa para disfrutar de la grosería del guión y el dibujo de Simon Bisley. Lobo: Infanticidio, nos cuenta las andanzas de los 200 hijos bastardos del czarniano intentando acabar con su progenitor, un guión con una historia principal casi estúpida pero con unos cuantos recursos narrativos a tener en cuenta, sin olvidar el dibujo de Giffen, que a veces no sabes qué estás viendo pero su energía es innegable. Por último, el especial dedicado a la Comic-Con de San Diego, en este caso a la de 1993, es una especie de cápsula en el tiempo con más valor como baliza espaciotemporal que como obra creativa. En todo caso, Lobo 100%, lo que eran los cómics a principios de los años noventa del pasado siglo.

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Lobo – El último czarniano (Alan Grant, Keith Giffen y Simon Bisley)

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Lobo: El último czarniano (Keith Giffen, Alan Grant y Simon Bisley). ECC, 2015. Cartoné. 160 págs. Color. 16,95 €

En la crítica de Batman/Lobo y Lobo: Autopista al infierno quedaba bien claro lo que significó el personaje de DC a lo largo de su historia, con dos miniseries publicadas a principios y finales de la primera década del siglo XX. Pero más allá de lo que supone el poso actual de lo que es el héroe bárbaro por antonomasia, esta bien recuperar el origen de El Hombre, un héroe hijo de su tiempo que hace de la testosterona y la violencia los atributos más apreciables en cualquier humanoide.

Si en los mencionados volúmenes podíamos ver lo que ha supuesto Lobo en el universo de DC, tanto en su cruce con Batman como en la reinterpretación casi honorífica de Scott Ian, en Lobo: El último czarniano asistimos a la génesis total del personaje. Aunque lobo ya había pupulado por diversos cómics de Keith Giffen, no es hasta El último czarniano cuando el personaje se pone totalmente a los mandos de su propio destino, convirtiéndose en lo que es, una excusa para la violencia, el movimiento perpetuo y el cambio a través de la entropía más pura y explosiva.

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En El último czarniano, Lobo debe trasladar, con vida, a una prisionera galáctica, lo cual no es más que una anécdota para los guionistas, que utilizan el viaje para enfrentar al héroe con todos los grupos que se le cruzan por delante, añadiendo palizas y matanzas a un conteo infinito. Al final todo se resume a lo mismo, Lobo es un tío integro y violento, una oda al ideal más fascista, el sueño húmedo de cualquier poeta futurista y la peor interpretación posible de los ideales nihilistas.

Por si esto fuera poco, el tomo se cierra con una aventura en la que Lobo tiene la misión de acabar con la vida del propio Santa Claus, el cual no es más que un déspota que abusa de sus elfos esclavos. Al final todo es lo mismo, lobo desmembrando y soltando one-liners demoledoras. Lo mismo pero tremendamente divertido si somos capaces de leer la inteligente ironía de Keith Giffen y Alan Grant.

@bartofg
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Vuelve el hombre

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Lobo, autopista al infierno (Scott Ian y Sam Kieth) ECC, 2015. Cartoné, 144 págs. Color, 15,95 €

Batman/Lobo (Alan Grant, Simon Bisley, Neil Gaiman) ECC, 2015. Rústica, 64 págs. Color, 6,50€

La década de los noventa fueron el equivalente de los locos años 20 en el mundo del cómic, pero aplicando lo decadente a una locura sin sentido de los que pocos títulos y personajes se podrían salvar de la quema. La industria americana entró en barrena con el tema de las primeras ediciones, los números uno y la especulación que rodea muchas veces al mercado editorial y que en aquel momento demostró ser un bluff, la burbuja reventó en poco tiempo. El nacimiento de editoriales que tenían que haber supuesto una entrada de aire fresco al mercado editorial estadounidense supuso la confirmación de la falta de ideas de las editoriales, tanto de las viejas como de las nuevas. Estas recién nacidas venían a encumbrar a autores que podemos considerar como de los peores del cómic estadounidense de superhéroes: Rob Liefeld y Tod McFarlane.

Pero ¿fue todo un destrozo?, quizás no, pero la perspectiva que tiene uno como lector de comics de aquel periodo no es muy halagüeña, aquellos tebeos eran disfrutables en un contexto muy determinado. Sin embargo, surgió uno de los personajes más característico y carismáticos de aquel periodo: Lobo. Los noventa fueron de Lobo. Un tipo que por su construcción no era apto para todo tipo de lectores, que había que entrar a trapo con él y con la estética propuesta por Alan Grant y Simon Bisley en el fundacional El último Czarniano. Lobo representaba todos los excesos del medio, pero mezclándose lo justo para desmarcándose y delinear una personalidad a través de una visión gamberra de lo que es un cómic se superhéroes. El tiempo ha pasado pero el personaje sigue aguantando las visiones que otros tantos autores crearon de este.

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En Batman/Lobo de Alan Grant y Simon Bisley transporta a la bestia czarniana a un Gotham histriónico en el que el mejor Bisley saca punta a uno de los personajes más icónicos del cómic: Batman. Que se ve superado por Lobo, su incapacidad para la moraleja y la reflexión, cuyo único leitmotiv es la violencia. Pero lejos de ser la típica propuesta vacua en la que se plantea un escenario para el enfrentamiento, la trama nos plantea algo mucho más interesante: la suplantación. En un principio Lobo en contratado por el pingüino para matar al Joker, pero este le hace una contraoferta en la que contrata al asesino con la misión de hacer perder la reputación de Batman. Esta supone una maravillosa oportunidad para convertir un crossover en lo que casi seria un What if..? Batman/Lobo se configura como una intervención en la que los autores introducen en el oscuro mundo de Batman el colorido aportado por Lobo, aunque solo sea por la sangre que brota a su paso, y devolviendo al universo gothamita a lo camp y al kistch. La presente edición se complementa con la colaboración de Neil Gaiman para  Batman: Black & White vol. 1 en la que vemos un behind the scene en el que Batman y Joker se preparan para “interpretar” una pelea.

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El caso de Lobo. Autopista al infierno es una obra nostálgica que gira en torno a todo aquello que fue el personaje en sus inicios. Suele pasar que este tipo de personajes que nacen brutales para convertirse en carismáticos, no es que pierdan fuerzan, si no que los lectores habituales buscan una serie de tics que se vayan articulando a lo largo de la historia. Esta obra guionizada por Scott Ian, fan declarado de la serie, y dibujada por Sam Kieth, es un trabajo dedicado a todos los que en algún momento hemos sido fans de este tipejo. El dibujo de Kieth va como anillo al dedo al juego narrativo planteado por Ian, que a veces peca en exceso de metareferencial. Es un trabajo interesante, divertido hecha por alguien que quiere al personaje, por eso las situaciones en las que pone a este están hechas a su medida, para que pueda desarrollarse en toda su amplitud. En este caso a diferencia de la obra anterior, esta es de 2010 y la otra de 2000. No interesa tanto experimentar con Lobo tanto como hacerle vivir nuevas aventuras en este caso ir en busca de Satán para enfrentarse con él.

Ambos títulos son una magnífica oportunidad para reencontrarse con Lobo o para hacerlo por primera vez, que sirven para ir haciendo boca mientras se reeditan los títulos que lo hicieron lo que es a día de hoy.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo