Nihilismo nipón (y 2)

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Bajo un cielo como unos pantis vol. 2 (Shun Umezawa). ECC, 2017. Rústica, 224 págs. B/N, 9,95 €

En la entrada dedicada a la primera entrega de Bajo un cielo como unos pantis vimos la voluntad de este autor de crear controversia a través de unos relatos cortos en el que la provocación y la crítica contra el sistema de valores japonés no viene por la forma sino por un discurso puramente cínico. Umezawa apuesta, básicamente, por tratar unos temas realmente incómodos que van desde la inutilidad de las dinámicas de equipo impuestas culturalmente, la invalidez de un sistema de valores nacionalista anclado en el pasado y una desvalorización de lo idealizado de la vida de los estudiantes de instituto. Sus personajes, por lo breve del relato, podrían ser cualquiera y se podrían ubicar en cualquier país.

En esta segunda entrega este autor sigue desarrollando dichas dinámicas focalizando en distintos aspectos de la sociedad nipona. En “Un día de verano que nunca termina” se pone de relieve el valor de lo dicho y de lo que se debe de callar. En un pueblo una chica extraña le hace creer a un chico que su verano no acaba nunca, el intenta que para el suceda los mismo. La creencia a pies juntillas de una verdad construida como tal no tiene por qué ser cierta es la base de este relato. Uno de los más curiosos de este volumen es “La Shibuya del futuro siglo”, aquí Umezawa nos muestra un Tokyo desolado. La megalópolis ha sido abandonada por toda la población a causa de un cambio de ideología sobre las forma de vida capitalista, ahora los ciudadanos viven en el campo y comen de manera sana. En la ciudad solo viven algunos ancianos y entre estos el protagonista que es visitado por su hijo y su familia. Este ha creado un relato sobre las colegialas como un constructo surgido de las calles de Shibuya, planteado un paradigma por el cual estas no existen sin Shibuya y viceversa. Esta especie de certeza es elaborada como una fábula sobre un viejo verde al cual le falta algo para ser constituido como tal. En cierta manera cierta denuncia sobre ciertos comportamientos recíprocos entre ambos grupos sociales.

El siguiente bloque de acciones se centra en las relaciones interpersonales. En “Mendel”, el cuento más breve del volumen, una pareja decide tener descendencia a pesar de que ella tiene la cara pixelada con una resolución muy baja, se transmite cierta esencia de lo práctico incluso en lo genético a la hora de tener pareja. Las dos últimas historias son las más extensas. En la primera “De madrugada” el tema principal es la rutina y de cómo esta acaba absorbiendo todas las facetas de la vida del protagonista, el cual es un simple trabajador municipal que se dedica a recoger los residuos orgánicos de la ciudad. Nada o casi nada de lo que suceda a su alrededor altera sus planes diarios: come todos los días en el mismo restaurante de comida rápida, las relaciones sexuales cumplen una función instintiva y, ni siquiera, el que su compañero de trabajo se convierta en un asesino altera su ritmo de vida diario. Sasaki lleva una vida completamente funcional útil para la comunidad e inútil para si mismo, la rutina surge como un ancla para la esperanza del día a día.

Pero es el último relato el más jugoso de todos el protagonista de “Seres únicos” es  Hirada un tipo introvertido que parece sufrir un trastorno comunicativo por el que apenas se comunica con las personas que lo rodean. Este parece carente de voluntad en parte causada por la medicación que recibe como tratamiento. No es hasta la aparición de Rui, una vecina de la infancia y excompañera del pasado, que empezamos a descubrir el motivo de la apatía del protagonista: es un pedófilo condenado en el pasado por acosar a una chica. Hirada vive arrepentido y con un sentimiento de culpa eterno,¡ a pesar de sentir ese impulso sexual por las niñas que apaga leyendo roricon y viendo animes del género en cuestión. Rui lejos de escandalizarse anima a Hirada a seguir adelante con su vida. “Seres únicos” tiene una doble focalización crítica, por un lado a través de un ejemplo extremo de excepcionalidad y por otro lado como aquellos tipos de sexualidad, incluidas las de carácter delictivo, tienen una gran variedad de productos de consumo asequibles para todo el mundo.

Los relatos planteados por Umezawa son por lo general incómodos esconden situaciones complejas que se alejan del gag final, a excepción de “Mendel”. Al igual que en el volumen anterior el autor ataca de frente algunos de los tópicos más recónditos de la cultura nipona aquellos que en occidente pueden parecernos más morbosos. El autor despeja todo tipo de dudas sobre cuáles son los frentes sociales sobre los cuales debe de trabajar la sociedad japonesa. En resumen, un volumen imprescindible tanto por el tratamiento de los temas, el planteamiento de los mismo y la soltura con la que el autor maneja la focalización crítica sobre una sociedad concreta.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Nihilismo nipón

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Bajo un cielo como unos pantis (Shun Umezawa). ECC, 2017. Rústica, 224 págs. B/N, 9,95 €

Shun Umezawa puede ser uno de los nuevos nombres más relevantes en 2017 en cuanto a la publicación de cómic, y más concretamente manga, en España. Bajo un cielo como unos pantis muestra los valores autorales con los que es capaz de combinar la crudeza de la crítica social hacia un Japón decadente que no es capaz de remontar del delirio occidentalista que se ha apoderado del país. Pero quizás lo más me relevante me parece es el cinismo del que Umezawa hace gala. Este no se deja llevar por metáforas huecas y de libre interpretación optando por asestar golpes directos al lector y más concretamente a una sociedad nipona.

De trasfondo a los cuatro relatos que integran esta primera entrega encontramos la caída de los estados nación como un espacio de referencia externo e interno. Estos marcos culturales proveen no solo una tradición en la cual nos podemos parapetar tanto como ciudadanos del propio país como los foráneos podemos interpretar las conductas de los habitantes de un país extranjero. Pero el discurso de la globalización hace que cada vez sean menos necesarios el reconocimiento de dichos marcos de referencia y de los códigos culturales que nos ayudan a interpretar ciertas conductas foráneas.

Umezawa aborda este discurso sobre la desintegración de la sociedad a través de unos relatos asentados no en la situación ni en la trama sino sobre unos personajes al borde de todo. La primera historia, que da título al volumen, se centra en lo que en primera instancia parece un relato típico de acoso en el instituto. Sin embargo, el autor deja de lado la idea de construir personajes débiles y fuertes para, de paso, dejar de lado el retrato maniqueo que suele reflejar este tipo de situaciones. Los tres protagonistas de este cuento son Mikami, un nihilista muy cínico; Hiroshi, un chico que apunta a tener cierta minusvalía intelectual; y Ai, un chico que desea ser mujer y está enamorado del adolescente que lo maltrata. En este caso Mikami constituye el pilar de la historia y del grupo, a través de este el autor establece un discurso anticomunidad. Mikami solo actúa por interés propio y desprecia todas aquellas actividades que tienen que ver con las supuestas bondades del beneficio comunitario. A pesar de ello acepta dentro de su espacio personal a Hiroshi, con el que piensa ir a un país tercermundista para formar un harén y a Ai, dos outsaiders en toda regla.

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En El avance de la gran hambruna de la era Heisei Umezawa retoma a los dos personajes unos años después. Mikami no tiene trabajo fijo y se le ha acabado el subsidio de paro, Hiroshi trabaja en un sexshop y todavía no ha tenido relaciones sexuales. Mientras que el primero mantiene su visión cínica y distante del mundo, Hiroshi encuentra a una mujer con la que tener sexo, pero esta padece el Síndrome de Münchhausen por poder y daña a la hija para ser el centro de atención, aparte de eso es una adicta al sexo y no le importa practicarlo en lugares públicos. El tercero en discordia será el hermano de la mujer en cuestión, este pertenece a un grupo ultranacionalista japonés que reclama tanto la devolución de las islas que están bajo la soberanía de otros países asiáticos, el retorno de japoneses secuestrados por el gobierno de Pyongyang, o la expulsión de coreanos de Japón. Hiroshi con tal de mojar el churro seguirá hacia adelante con esos ideales y se afiliará al grupo en cuestión. Mikami será el que aportará, a su manera, cordura al asunto a través de su inquebrantable individualismo.

En Caos en las aulas presenciamos como durante la pausa para el desayuno en un instituto sucede de todo al mismo instante: una chica da a luz, una pareja tiene relaciones sexuales en la enfermería, otros se pinchan heroína, desamor, acoso escolar, etc. Una microsociedad en el que las normas han sido sustituidas por el instinto de unos adolescentes que ya no entienden la forma de comportarse japonesa como tal. El volumen se cierra con Paisaje con Watanabe en el cual navegamos a través de la memoria de Akemi, una joven prostituta universitaria, que recuerda su relación con Watanabe un chico que no tiene un cuerpo visible. La relación de este con ella es puramente material y sexual, él es violento y carece de empatía por aquellos que le rodean. Akemi creyendo que está desarrollando un sentimiento hacia este se da cuenta que en realidad no lo conoce.

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Shun Umezawa nos da una aproximación cercana, certera y cínica no solo al Japón contemporáneo sino a la evolución social que está teniendo lugar en todo el occidente económico. En este caso la crítica va dirigida a la inutilidad de ampararse en un colectivo formado en torno a unos valores que están desapareciendo a causa de un capitalismo salvaje. Mikami representa la resistencia a través del imperio del yo; el autor reivindica a aquellos que están fuera de los estándares sociales como verdaderos revolucionarios. No existe ningún protagonista del volumen que tengan intención de ‘progresar’ para formar parte de ese Japón enmarcado en la historia ni en el espíritu que define al mismo. Las únicas referencias son aquellas del grupo de ultraderecha que dibuja una ideología antigua incapaz de asumir los nuevos retos que la humanidad requiere. A partir de ahora tendremos que seguir a Umezawa muy de cerca ya que lo que nos tiene que contar es realmente interesante.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo