Ser uno de ellos para no serlo

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Utopías (Shun Umezawa). ECC, 2017. Rústica, 224 págs. B/N, 9,95 €

En dos entradas anteriores dedicas a Shun Umezawa ya pudimos observar la capacidad de este autor japonés para analizar la sociedad japonesa y cuestionar los usos y costumbres de la rígida sociedad japonesa. En Bajo un cielo como unos pantis planteaba una serie de tramas que giran en torno a ciertos topos internos culturales que por desconocimiento en occidente pueden parecer sacados de contexto pero que panorámicamente afectan a todas las sociedades contemporáneas. En los dos volúmenes que componen esta antología tiene como foco aspectos como el nacionalismo exacerbado, la pedofilia, la sexualidad en torno a la adolescencia a través del ideal de colegiala japonesa, desvirtuar las constreñidas reglas de las relaciones interpersonales en Japón, etc. todo un catálogo de  ponerse en el lugar del otro para poder verse a uno mismo con total plenitud.

Aun conociendo los giros del autor la lectura de Utopías, que camina por los mismos senderos que los dos volúmenes publicados anteriormente, sigue “atacando” el orden preestablecido de lo japonés y también a algunas cuestiones de género, relaciones sentimentales, y orientación sexual; pero siempre con un trasfondo orientado a describir el extrañamiento de lo “normal”. Uno de los principales rasgos de la sociedad japonesa y que poco a poco se va imponiendo en occidente, se trata de la cultura de nicho aplicado a los consumos de todo tipo hasta hacerlos convencionales y habituales. En “Los días en los que estuve al servicio de la reina Naomi” en el que las prácticas sadomasoquistas están legisladas hasta el punto que existen dominas que toman a voluntarios durante un tiempo para poder ejercer en el futuro. “Iguales” es el segundo relato este narra la obsesión de una chica por su pareja masculina y su fijación por querer parecerse físicamente a él. Pero es “Cuidado con el tren de tocones” el cuento que puede plantear más reticencias a la hora de ser valorado dependiendo de la perspectiva adoptada. En esta un mangaka que va a hacer una entrega de última hora entra, sin darse cuenta, entra en el vagón destinado a mujeres; estas empiezan a acusarle de mirón y tocón, pero todo bajo la perspectiva del prejuicio. Las mujeres que se encuentran ahí tienen formación, son feministas, parece que son personas reconocidas a nivel social por esta labor y son reivindicativas  ponen a prueba a este hombre para comprobar si este las valora como simples objetos sexuales.

En “Tubo”, “Contención” y “Un mundo conectado” el tema es la sociedad en general. En la primera un soldado tras salir de un coma de 12 años se encuentra con una sociedad que ha cambiado de paradigma de evolución social, en este caso hacia el de la salud, pero hasta un punto extremo. La nueva idea gira entorno a capar al ciudadano obstruir cualquier posibilidad de libre albedrio a través de advertencias en todo tipo de sitios sobre lo perjudicial que puede ser realizar una actividad concreta o utilizar un recurso. El segundo, mucho más sencillo en el planteamiento, trata de una pareja de adolescentes que se gustan pero no se han declarado, pero sucede que en el pueblo en el que residen todo el mundo va corriendo de un sitio a otro sin ningún motivo en concreto. El último tiene como protagonista las redes sociales y la doble vertiente humana de estas, la protagonista por un lado es capaz de expresar sus sentimientos más íntimos en estas, pero no es capaz de decirle a una persona que le gusta.

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Quizás los tres últimos sean los más interesantes. En “Virus del odio” se habla del adoctrinamiento sobre un invento sobrevenido en el que se habla del odio como un virus que se puede transmitir de persona a persona. Esta historia corta pone de manifiesto cierta capacidad de cierto sector del mundo de la ciencia a la hora de crear ideas que no se sustentan en nada. El otro capítulo que investiga sobre la identidad de género es el que se dedica a las relaciones homosexuales, “Sobrevivir coscorrón tras coscorrón” está dividido en dos partes. Se habla de la relación de amor (humor) entre ambos, utilizando el término atolondrado en vez de homosexual o gay haciendo referencia a la posición que estos adoptan durante el coito utilizando un símil de pareja cómica: por un lado está el que recibe la bofetada o la pulla y por otro el que las da o lanza (pasivo/activo). Al igual que la historia corta del vagón de mujeres la perspectiva adoptada en la lectura puede cambiar el juicio sobre la misma. En “Para quién existe la tortuga” un chico tras un intento de practicar el sexo con su novia le lleva a descubrir que el universo es una tortuga que se quedará bocarriba de aquí a millones de años, esto que podría parecer un alivio para la sociedad da lugar a cierto descontrol por parte de la sociedad y un incremento de la carrera militar de diferentes países.

En las tres entradas dedicadas al autor, contando esta, hemos podido apreciar los rasgos autorales de Umezawa, y aunque en un principio puede parecer un texto localista muchos de los temas tratados y situaciones son globales. A pesar de ello, del trasfondo de crítica a algo real, la perspectiva surrealista y cómica de las situaciones nos lleva a uno de las principales características del mangaka, narrar lo propio desde la otredad: ser uno de ellos para ver las situaciones anormales que derivan del comportamiento costumbrista y reglado hasta la saciedad. Shun Umezawa, como ya se dijo en posts anteriores, es un valor a descubrir en nuestras fronteras, puede que las historias nos dejen un regusto amargo en la boca, pero de eso se trata.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Nihilismo nipón (y 2)

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Bajo un cielo como unos pantis vol. 2 (Shun Umezawa). ECC, 2017. Rústica, 224 págs. B/N, 9,95 €

En la entrada dedicada a la primera entrega de Bajo un cielo como unos pantis vimos la voluntad de este autor de crear controversia a través de unos relatos cortos en el que la provocación y la crítica contra el sistema de valores japonés no viene por la forma sino por un discurso puramente cínico. Umezawa apuesta, básicamente, por tratar unos temas realmente incómodos que van desde la inutilidad de las dinámicas de equipo impuestas culturalmente, la invalidez de un sistema de valores nacionalista anclado en el pasado y una desvalorización de lo idealizado de la vida de los estudiantes de instituto. Sus personajes, por lo breve del relato, podrían ser cualquiera y se podrían ubicar en cualquier país.

En esta segunda entrega este autor sigue desarrollando dichas dinámicas focalizando en distintos aspectos de la sociedad nipona. En “Un día de verano que nunca termina” se pone de relieve el valor de lo dicho y de lo que se debe de callar. En un pueblo una chica extraña le hace creer a un chico que su verano no acaba nunca, el intenta que para el suceda los mismo. La creencia a pies juntillas de una verdad construida como tal no tiene por qué ser cierta es la base de este relato. Uno de los más curiosos de este volumen es “La Shibuya del futuro siglo”, aquí Umezawa nos muestra un Tokyo desolado. La megalópolis ha sido abandonada por toda la población a causa de un cambio de ideología sobre las forma de vida capitalista, ahora los ciudadanos viven en el campo y comen de manera sana. En la ciudad solo viven algunos ancianos y entre estos el protagonista que es visitado por su hijo y su familia. Este ha creado un relato sobre las colegialas como un constructo surgido de las calles de Shibuya, planteado un paradigma por el cual estas no existen sin Shibuya y viceversa. Esta especie de certeza es elaborada como una fábula sobre un viejo verde al cual le falta algo para ser constituido como tal. En cierta manera cierta denuncia sobre ciertos comportamientos recíprocos entre ambos grupos sociales.

El siguiente bloque de acciones se centra en las relaciones interpersonales. En “Mendel”, el cuento más breve del volumen, una pareja decide tener descendencia a pesar de que ella tiene la cara pixelada con una resolución muy baja, se transmite cierta esencia de lo práctico incluso en lo genético a la hora de tener pareja. Las dos últimas historias son las más extensas. En la primera “De madrugada” el tema principal es la rutina y de cómo esta acaba absorbiendo todas las facetas de la vida del protagonista, el cual es un simple trabajador municipal que se dedica a recoger los residuos orgánicos de la ciudad. Nada o casi nada de lo que suceda a su alrededor altera sus planes diarios: come todos los días en el mismo restaurante de comida rápida, las relaciones sexuales cumplen una función instintiva y, ni siquiera, el que su compañero de trabajo se convierta en un asesino altera su ritmo de vida diario. Sasaki lleva una vida completamente funcional útil para la comunidad e inútil para si mismo, la rutina surge como un ancla para la esperanza del día a día.

Pero es el último relato el más jugoso de todos el protagonista de “Seres únicos” es  Hirada un tipo introvertido que parece sufrir un trastorno comunicativo por el que apenas se comunica con las personas que lo rodean. Este parece carente de voluntad en parte causada por la medicación que recibe como tratamiento. No es hasta la aparición de Rui, una vecina de la infancia y excompañera del pasado, que empezamos a descubrir el motivo de la apatía del protagonista: es un pedófilo condenado en el pasado por acosar a una chica. Hirada vive arrepentido y con un sentimiento de culpa eterno,¡ a pesar de sentir ese impulso sexual por las niñas que apaga leyendo roricon y viendo animes del género en cuestión. Rui lejos de escandalizarse anima a Hirada a seguir adelante con su vida. “Seres únicos” tiene una doble focalización crítica, por un lado a través de un ejemplo extremo de excepcionalidad y por otro lado como aquellos tipos de sexualidad, incluidas las de carácter delictivo, tienen una gran variedad de productos de consumo asequibles para todo el mundo.

Los relatos planteados por Umezawa son por lo general incómodos esconden situaciones complejas que se alejan del gag final, a excepción de “Mendel”. Al igual que en el volumen anterior el autor ataca de frente algunos de los tópicos más recónditos de la cultura nipona aquellos que en occidente pueden parecernos más morbosos. El autor despeja todo tipo de dudas sobre cuáles son los frentes sociales sobre los cuales debe de trabajar la sociedad japonesa. En resumen, un volumen imprescindible tanto por el tratamiento de los temas, el planteamiento de los mismo y la soltura con la que el autor maneja la focalización crítica sobre una sociedad concreta.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Nihilismo nipón

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Bajo un cielo como unos pantis (Shun Umezawa). ECC, 2017. Rústica, 224 págs. B/N, 9,95 €

Shun Umezawa puede ser uno de los nuevos nombres más relevantes en 2017 en cuanto a la publicación de cómic, y más concretamente manga, en España. Bajo un cielo como unos pantis muestra los valores autorales con los que es capaz de combinar la crudeza de la crítica social hacia un Japón decadente que no es capaz de remontar del delirio occidentalista que se ha apoderado del país. Pero quizás lo más me relevante me parece es el cinismo del que Umezawa hace gala. Este no se deja llevar por metáforas huecas y de libre interpretación optando por asestar golpes directos al lector y más concretamente a una sociedad nipona.

De trasfondo a los cuatro relatos que integran esta primera entrega encontramos la caída de los estados nación como un espacio de referencia externo e interno. Estos marcos culturales proveen no solo una tradición en la cual nos podemos parapetar tanto como ciudadanos del propio país como los foráneos podemos interpretar las conductas de los habitantes de un país extranjero. Pero el discurso de la globalización hace que cada vez sean menos necesarios el reconocimiento de dichos marcos de referencia y de los códigos culturales que nos ayudan a interpretar ciertas conductas foráneas.

Umezawa aborda este discurso sobre la desintegración de la sociedad a través de unos relatos asentados no en la situación ni en la trama sino sobre unos personajes al borde de todo. La primera historia, que da título al volumen, se centra en lo que en primera instancia parece un relato típico de acoso en el instituto. Sin embargo, el autor deja de lado la idea de construir personajes débiles y fuertes para, de paso, dejar de lado el retrato maniqueo que suele reflejar este tipo de situaciones. Los tres protagonistas de este cuento son Mikami, un nihilista muy cínico; Hiroshi, un chico que apunta a tener cierta minusvalía intelectual; y Ai, un chico que desea ser mujer y está enamorado del adolescente que lo maltrata. En este caso Mikami constituye el pilar de la historia y del grupo, a través de este el autor establece un discurso anticomunidad. Mikami solo actúa por interés propio y desprecia todas aquellas actividades que tienen que ver con las supuestas bondades del beneficio comunitario. A pesar de ello acepta dentro de su espacio personal a Hiroshi, con el que piensa ir a un país tercermundista para formar un harén y a Ai, dos outsaiders en toda regla.

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En El avance de la gran hambruna de la era Heisei Umezawa retoma a los dos personajes unos años después. Mikami no tiene trabajo fijo y se le ha acabado el subsidio de paro, Hiroshi trabaja en un sexshop y todavía no ha tenido relaciones sexuales. Mientras que el primero mantiene su visión cínica y distante del mundo, Hiroshi encuentra a una mujer con la que tener sexo, pero esta padece el Síndrome de Münchhausen por poder y daña a la hija para ser el centro de atención, aparte de eso es una adicta al sexo y no le importa practicarlo en lugares públicos. El tercero en discordia será el hermano de la mujer en cuestión, este pertenece a un grupo ultranacionalista japonés que reclama tanto la devolución de las islas que están bajo la soberanía de otros países asiáticos, el retorno de japoneses secuestrados por el gobierno de Pyongyang, o la expulsión de coreanos de Japón. Hiroshi con tal de mojar el churro seguirá hacia adelante con esos ideales y se afiliará al grupo en cuestión. Mikami será el que aportará, a su manera, cordura al asunto a través de su inquebrantable individualismo.

En Caos en las aulas presenciamos como durante la pausa para el desayuno en un instituto sucede de todo al mismo instante: una chica da a luz, una pareja tiene relaciones sexuales en la enfermería, otros se pinchan heroína, desamor, acoso escolar, etc. Una microsociedad en el que las normas han sido sustituidas por el instinto de unos adolescentes que ya no entienden la forma de comportarse japonesa como tal. El volumen se cierra con Paisaje con Watanabe en el cual navegamos a través de la memoria de Akemi, una joven prostituta universitaria, que recuerda su relación con Watanabe un chico que no tiene un cuerpo visible. La relación de este con ella es puramente material y sexual, él es violento y carece de empatía por aquellos que le rodean. Akemi creyendo que está desarrollando un sentimiento hacia este se da cuenta que en realidad no lo conoce.

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Shun Umezawa nos da una aproximación cercana, certera y cínica no solo al Japón contemporáneo sino a la evolución social que está teniendo lugar en todo el occidente económico. En este caso la crítica va dirigida a la inutilidad de ampararse en un colectivo formado en torno a unos valores que están desapareciendo a causa de un capitalismo salvaje. Mikami representa la resistencia a través del imperio del yo; el autor reivindica a aquellos que están fuera de los estándares sociales como verdaderos revolucionarios. No existe ningún protagonista del volumen que tengan intención de ‘progresar’ para formar parte de ese Japón enmarcado en la historia ni en el espíritu que define al mismo. Las únicas referencias son aquellas del grupo de ultraderecha que dibuja una ideología antigua incapaz de asumir los nuevos retos que la humanidad requiere. A partir de ahora tendremos que seguir a Umezawa muy de cerca ya que lo que nos tiene que contar es realmente interesante.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo