Psychopathia Sexualis 21st-Century Edition

fetus_collection

Fetus Collection (Shintaro Kago). ECC, 2017. Rústica, 184 págs. B/N, 10,95 €

A pesar de las facilidades que da la compra online soy más de ir a las librerías ir a comprarme lo que tengo pensado y picotear algunas cosas más. La adquisición de libros a través de internet me parece algo frio y que se reduce a poco más que una compra de la lista. Escuchar las recomendaciones del librero es algo fundamental, creo que el lector que soy hoy día no lo sería sin todos los libreros que se han cruzado por mi camino. El porqué de todo esto es por hablar del valor del descubrimiento llegar a la librería, coger un volumen que te ha llamado la atención, y quizás no comprarlo por el motivo que sea se para luego volver a adquirirlo. Creo que la compra que más aplace en su momento fue el Psychopatia Sexualis de Miguel Ángel Martín, me costaba llegar a esa narrativa y a esos temas, pero principalmente la forma y el tratamiento.

La estética y el distanciamiento narrativo del autor leonés, permite a lo crudo de los temas tratados; asesinos en serie, torturas, violaciones, pederastia, y cualquier tipo de comportamiento anómalo hacer una aproximación al relato muy determinada. Se trata un texto hijo de la cultura del apocalipsis que auguraba el fin del milenio. Han pasado más de 20 años hasta que me he encontrado con otro título que me costara leer sin tener que despojarme de ciertos prejuicios como lector y del cual haya tenido que tomar con la distancia de la obra citada anteriormente. Se trata de Fetus Collection de, como no, Shintaro Kago. La diferencia con el primer trabajo de Miguel Ángel Martin es la distancia sobre lo narrado. Del autor japonés ya es conocido su gusto por lo escabroso y por recrearse en el detalle, pero también por su investigación sobre la estructura del layout de la página.

Pero vayamos por partes, en primer lugar me gustaría mostrar cómo ha cambiado el panorama editorial: mientras que por un lado la obra de Martín explicita como pocas se podía encontrar en las librerías y hojear sin más, pero este trabajo de Kago no, viene precintado. Me parece significativo que cuanto más estamos expuestos a la violencia en los medios se decida lanzar este volumen que debemos esperar adquirirlo para hojearlo. Mi yo de los noventa se hubiera quejado, mi yo actual posiblemente no lo vea tan mal. En segundo lugar está el enfoque desde el frio y aséptico de Miguel Ángel Martín al algo más cálido a través del sarcasmo de Kago que se filtra con el sentimiento obsesivo de sus personajes. La única diferencia entre ambos autores y obras es la aplicación del sarcasmo en el momento de explicarnos a los personajes, ahí el autor nipón construye, en ocasiones, cierto sentimiento de indiferencia hacia a estos o en otras cierta aproximación hacia el personaje pero no hacia sus acciones.

fetus2

Dejando de lado todo tipo de comparaciones el discurso de Kago recae en cierta crónica sobre las derivas de lo obsesivo de algunas pautas rituales de la cultura nipona amplificada con el capitalismo más salvaje que reina en ese país. La obsesión por obtener y poseer aquello que está más allá de la adquisición monetaria. Los relatos en cuestión giran en torno al coleccionismo y la integración social con un nexo en común: el método. En la primera historia una chica enamorada de un compañero de instituto decide recolectar todo lo que este toca, embolsarlo y etiquetarlo cual científica. Pero el problema llega cuando sospecha que el chico en cuestión ha tocado a una compañera de clase. El segundo relato es el que quizás tenga más relación con la obra del autor español en esta se narra la historia, casi toda en plano subjetivo, de su obsesión por obtener una felación satisfactoria, para ello experimentará con sus partenaires y diferentes elementos externos. Este capítulo refleja mejor que otro la idea del método como punto de partida del coleccionismo. Pero el más terrenal de los relatos es el del niño que colecciona cartas que sirven para excitar a mujeres en juego virtual, la obsesión por la obtención de cartas supera la intención pornográfica del juego, la carta se convierte en un objeto mediador que se pone por encima del fin para el que están destinadas las mismas. El resto de relatos siguen la dinámica de lo atroz y la transgresión: una chica que colecciona vómitos y que trabaja en una fábrica de comida preparada, un chico que recupera las partes de su novia tras ser asesinada, el grupo de mujeres que colecciona abortos, las colegialas que se toman el harakiri como una moda y forma de integrarse socialmente, la que se introduce insectos debajo de la piel y el remate perfecto, un Papa Noel que se dedica a inundar con regalos a aquellos individuos con todo tipo de carencias. Es en ese último relato donde se destapa lo perverso de las dinámicas ultracapitalistas poniendo el objeto por delante de la necesidad dejando patente que vivimos en una sociedad coleccionista.

Intentar explicar de que van los mangas de Shintaro Kago es harto difícil, hay que tener en cuenta la distancia, el tono y lo explícito de sus imágenes. Aun así sabiendo las temáticas que suele tratar siempre será difícil que podamos hacer una aproximación certera de lo que este autor plasma en cada una de sus páginas. El caso de Fetus Collection esa posibilidad se dispara exponencialmente, es en apariencia un discurso duro, en algunos fragmentos más que en otros, en el que lo cómico filtrado a través de lo grotesco queda en un segundo plano. Eso nos lleva a una cuestión de carácter cultural que nos puede llevar a una lectura en el que  el exceso nos haga reír o sonreír, ahí cada uno es dueño de sus emociones. Pensándolo bien esa es la única salida que nos deja el amigo Kago, reírnos, hacerlo muy fuerte para evitar horrorizarnos con lo que estamos leyendo. Esta recopilación de relatos es de lo mejor del autor japonés, por lo atrevido y por la valentía a la hora de afrontar temas escabrosos con total normalidad sin caer en el puro relato causal, pero sobre todo por sorprendernos y seguir haciéndonos torcer la mueca a aquellos que ya tenemos callo en la retina con su obra.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

Destruir para construir

Invasión_Mongola

La formidable invasión mongola (Shintaro Kago) ECC, 2015. Rústica, 192 págs. B/N, 11,95 €

A veces hay que dar un par de pasos para atrás para tener una perspectiva global de la situación o como se dice normalmente tomar un poco de distancia histórica para poner los hechos en su sitio. No es raro encontrar en los tiempos que corren artículos, tuits, entradas en blogs, noticias, o reportajes televisivos, que ensalzan diariamente a diferentes tipos personas como héroes o tachar de histórico cualquier momento. El hecho histórico es un caramelo muy dulce que ningún medio de comunicación o cualquier tipo de arte quiere dejar escapar, lo malo es que seguramente el 95% de las cosas que hoy consideramos históricas en el futuro no sean estudiadas como tal y que los hechos que estructurarán el porvenir de las civilizaciones actuales ni los conocemos.

El hecho histórico acarrea, como es sabido, un gran debate sobre quien lo cuenta, cómo y porqué. De ahí parte otro aspecto, la creación de una mitología de la historia a partir de personajes de los cuales solo se ensalza las virtudes y el sacrificio realizado por el colectivo. Shintaro Kago nos plantea un desarrollo de estos parámetros desde una óptica rara, bizarra, en la que sus dotes para el eroguro se convierten en un medio perfecto para descontextualizar la evolución industrial del mundo. No se trata como se ha querido ver como una visión personal de la historia de la humanidad, sino de los procesos de producción y de los personajes históricos implicados.

invasion2

Para ello se detiene en: las invasiones mongolas, el viaje de Vasco de Gama para generar comercio con oriente, la revolución industrial, la primera guerra mundial y la producción en cadena de bienes materiales, en este caso vehículos. Las personas/personajes históricos son dibujados como seres llenos de defectos inseguridades destruyendo la mitomanía en torno a estos. Aunque el giro de todo el relato es el motor que produce los cambios y la evolución del sistema de producción: los caballos mongoles.

Estos no son equinos procedentes de una parte de Asía sino las manos de unos gigantes que los antiguos cultivaban en Mongolia como montura para la guerra. Al ser traídas a occidente se aliena el objeto, la mano, de su procedencia, y consiguen reproducirlas sin la necesidad de cultivarlas a partir de los gigantes originarios. Estos últimos, se rumorea, que son los dioses del pasado que ayudaron a conformar la tierra. Llegados a la revolución industrial se intuye un giro terrible: si los caballos  mongoles son tratados como cosas nada impide que el resto de los seres vivos del planeta sean tratados como tal, incluso aquellos hombres y mujeres que ocupan los escalafones más bajos de la sociedad.

Así pues Kago elabora una gran metáfora sobre la condición del hombre en el tejido socio-industrial y de cómo la evolución humana ha venido acompañada de una pérdida del miedo a la ira de los dioses, seres convertidos en algo instrumental para una evolución completamente material. El autor japonés sigue en su línea de mostrar lo ridículo de la condición humana y de que el concepto evolución no tiene por qué ser explícitamente positivo. Aunque más convencional en aspectos de forma que ofrece el medio que en obras anteriores, sigue siendo un relato igual de transgresor, crítico y mordaz con respecto a lo ridículo de la experiencia humana.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo