The Young Seth

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Un verano en las dunas (Seth). Fulgencio Pimentel, 2016. Cartoné, 88 págs. Bitono, 19,95€

Si hay una obra clave para entender el cómic de autor de finales del siglo XX es La vida es buena si no te rindes, en esta Seth nos permite hacer una aproximación sincera y personal a lo que significa tener una pasión: tener una constancia que nunca se apaga por algo, el trabajo de alguien o un alguien. Es unos de los trabajos capitales para entender el slice of life contemporáneo definiendo los límites y las posibilidades del mismo y en cierta medida acotando los márgenes de implicación del creador a la hora de mostrar su propia vida sin llegar al exhibicionismo.

Un verano en las dunas recoge dos obras cortas previas a la consagración de Seth con la obra citada; en estas ya se pueden apreciar algunos de los rasgos autorales como son una visión exterior de su propia vida pero sin perder los matices de lo personal, una descripción de sí mismo algo idealizada pero no de manera excesiva y la importancia de mostrar el contexto como algo que no es capaz de moldear pero que le condiciona de manera continua. Aun así el autor canadiense sabe mantener cierta distancia entre el yo-autor y el yo-personaje.

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El yo-personaje de estas dos historias es un Seth joven alejado de la imagen actual de hombre de los años cuarenta; nos encontramos con un tipo con el pelo largo un tanto despreocupado. En el primer relato Un verano en las dunas nos habla de su primer amor, cuando trabajaba en un restaurante familiar; aquí, como en el resto de obras posteriores el autor se detiene en la descripción de unos personajes arquetípicos deteniéndose en los detalles le van a proporcionar una posibilidad de narración plena. En este primer apartado la historia se centra en el primer amor, consumado pero imposible, del yo-personaje, con la dueña del propietario del local en el que él trabaja. El segundo relato es una anécdota, también de la juventud del autor, esta al igual que el anterior se centra en el yo-personaje dejando un tanto de lado la narración periférica del resto del contexto. El cuento trata de cuando el canadiense iba con el pelo largo y decolorado y un grupo de adolescentes empiezan a insultarlo considerándolo homosexual, este les provoca y le dan una paliza. Tras esto va peregrinando buscando ayuda hasta que encuentra a su novia.

En definitiva son dos relatos que nos muestran las pautas a partir de las cuales Seth se convertiría en uno de los autores más importantes de nuestro tiempo. En estos podemos encontrar los rasgos que posteriormente lo definirían, principalmente el gusto por una narración suave, de las que te coge de la mano y te conduce por aquello que pretende contar, haciéndolo casi como si estuviese a tu lado explicándotelo. También se puede apreciar ese trazo sencillo, transparente y elegante que lo caracteriza. Un verano en las dunas es imprescindible para entender la evolución de Seth, son relatos breves en los que ya se puede empezar a vislumbrar el futuro de este.  A eso hay que sumarle la maravillosa edición hecha por el equipo de Fulgencio Pimentel, como siempre.

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Elegancia y pasión

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La vida es buena si no te rindes (Seth). Salamandra Graphic, 2017. Rústica, 196. Bitono, 20€

Seth es de ese selecto grupo de autores capaces de hacer entrar el cómic en otra esfera, no es tanto la forma de narrar ni su estética, que también, sino el compromiso personal con el medio. El autor canadiense es capaz de reivindicar el noveno arte como uno de las artes más validas, por la capacidad de llegar a un amplio sector de la población sin ser elitista como las artes de la alta cultura, pero sin rebajar las expectativas propias que tiene el autor a la hora de concebir cada una de sus obras. En esto juegan dos valores que Seth conjuga a la perfección, elegancia y pasión. Seth habla de sí mismo y de lo sus cosas sin que suene a justificación personal de sus actos, algo que sí me parece que sucede con el notable Chester Brown en obras como Pagando por ello. Su vida es el relato, sin embargo, parece existir cierta conciencia por abordar la narración alejándose de ciertas pautas del slice of life.

La vida es buena si no te rindes fue serializada desde 1993 hasta 1996 en la saga autobiográfica Palookaville siendo publicada como un solo volumen el año de su finalización seriada por Drawn and Quaterly. En este relato Seth nos habla de su vida, al percepción que tiene de la misma y la forma de afrontar las relaciones sociales como una metáfora de su pasión por los cómics, aunque a veces parece completamente a la inversa. El conocimiento que tiene de la historieta y su mundo le permite afrontar la vida en su día a día, pero se va dando cuenta de que ciertas aspiraciones aislacionistas no son más que meras fantasías. El autor/personaje vive no es solo siendo un creador sino que también es un arqueólogo de lo imposible, se dedica a buscar en antiguas publicaciones a autores más o menos desconocidos intentando hallar la esencia de su arte.

En este caso se obsesiona por Kalo, un historietista del que no solo no es capaz de encontrar muchas historietas, sino que le es casi imposible hallar referencias sobre su trabajo y su biografia. Seth emprende un trabajo de investigación personal que le lleva a interrogarse por su posición en un mundo que está cambiando, y que sin saberlo se encuentra justo en el abismo de lo que será la revolución de la información a través de internet, con cierta angustia. La búsqueda de la obra de Kalo, de la que haya una decena de viñetas, le hace plantearse una serie de cuestiones que van desde la especulación de la vida de ese dibujante anónimo, que llego a alcanzar una meta que parece inalcanzable para muchos como es publicar en el New Yorker, a si el no poder dedicarse a vivir de ello le supuso una gran decepción.

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Ese declive que supone en Kalo Seth se lo toma como un cuestionamiento de su forma de vida, el autor es una persona que vive en la nostalgia de un pasado ideal además de ser resistente a los cambios sociales y tecnológicos. Creyendo que al no poder vivir de su trabajo como artista se va a convertir en fracasado. Sin embargo, para Kalo fue solo un periodo de su vida, su capacidad para querer ser feliz le hizo seguir hacia adelante formar una familia y tener un trabajo que le gustaba. Ese cambio que tanto rechaza Seth se convierte en un elemento transformador capaz de reconvertir la vida en algo mejor que lo que uno se pude esperar en un principio.

La vida es buena si no te rindes es uno de los cómics más relevantes del siglo XX, y con razón, no solo por la elegancia que podemos apreciar a lo largo de la obra en cuestión sino por mostrar la relación íntima del autor con el arte al que se debe. Eso que podría parecer un canto al cómic solo para lectores de historietas se da la mano con una nostalgia que sigue funcionando dos décadas después de su publicación original. Todo en un periodo en el que los cambios que se avecinan producen a los lectores de cierta edad un vértigo equivalente al que Seth sentía a finales de la década de los noventa. Algo que hace que uno sienta empatía con el autor a medida que lee la desazón que le provoca la desaparición de cualquier aspecto de su deseado e imaginado pasado perfecto.

@Mr_Miquelpg

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