Spain is pain #350: la nueva visibilización.

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El corazón entre las piernas (Sebas Martín). La Cúpula, 2019. Rústica, 148 págs. B/N, 14,50€

En su momento El Víbora se caracterizaba por romper esquemas en cuanto a la representación de la realidad. Ello daba ligar a una publicación única que hablaba del discurrir de los tiempos, los cambios sociales, pero, principalmente, que llevaba a primer plano los nuevos usos y costumbres de la ciudadanía. Desde aspectos que en principio podían pasar desapercibido, como introducir el lenguaje de la calle, a algunos aspectos que llaman más la atención como los cambios de gustos musicales, las nuevas formas de ocio o la moda. Sin embargo, de todos cambios plasmados en la revista el de la apertura de miras a la hora de representar el sexo y las nuevas formas de entenderlo es quizás el más importante: la introducción de un nuevo lenguaje en el que se incluían personajes de toda orientación sexual, en el que se ponía en primer plano la importancia del sexo porque si, sin ningún tipo de compromiso, aparte del mero acto, y sobretodo hablar de ello.

Si El Víbora se siguiera publicando hoy día no tengo ningún tipo de dudas que Sebas Martín publicaría en sus páginas. Los tiempos mandan, y a parte de cuestiones de mercado, el trabajo del autor catalán tiene todos los rasgos de la añorada cabecera. Uno de los rasgos más característicos es hablar en tiempo presente debido a cierta urgencia por contar lo contemporáneo; la visibilización y normalización del colectivo LGTB es uno de los grandes hitos sociales de nuestra época, y de poco nos sirve hoy hacer una representación simplista e hiperestereotipada del gay como se hecho hasta ahora. Eso nos lleva a una construcción de personajes un tanto más compleja en la que la condición sexual solo sea una de las caras de una personalidad poliédrica. Eso nos lleva a una mostración del sexo, dentro del colectivo, sin pudor, desprejuiciada y viva.

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El corazón entre las piernas es una historia de vidas entrecruzadas, dentro del mismo entorno ficcional, a través de pequeñas historias que nos narra la vida de un grupo de hombres que buscan ser ellos mismos. El amor, el deseo sexual, la pasión por la carne, pero también la desazón de no encontrar a nadie con el que estar y compartir la vida, o al menos una parte, las ambiciones personales y profesionales, así como los problemas personales que trascienden de la mera búsqueda del placer circunstancial son algunos de los valores que hacen que los personajes de Martín sean tan interesantes. Pero son las conversaciones las que delatan otro matiz de su forma de desarrollar los diálogos; son las conversaciones las que nos hablan de poder ver a sus personajes alejados del estereotipo. Estás hacen que veamos a unos tipos resueltos, inteligentes y con una gran capacidad para la réplica.

Aun así, tal como he planteado al principio de que este autor estaría a día de hoy en El Víbora nos indica que, aunque, en principio es un título muy enfocado para el colectivo homosexual, estamos ante un trabajo cuya apertura apunta a ser leído por lectores no gays. La historia manda, en un mundo en el que el concepto de redes ha explotado a causa de la revolución digital, Martín decide enseñarnos un grupo de seres humanos hiperconectados. No solo por el móvil y las aplicaciones de citas sino también a nivel humano. A todo esto hay que sumarle la habilidad del autor de hacer un tebeo divertido, entretenido y, eso sí, siempre con un punto de reivindicación.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Demasiado guapo (Sebas Martín)

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Demasiado guapo (Sebas Martín). La Cúpula, 2016. Rústica. 116 págs. Color. 12 €

Está claro que no hacen falta más de un par de obras de Sebas Martín para dejar más que claro cual es su línea artística, siendo ninguna otra que el costumbrismo más localista, incluso tribal, posible. Pues al final lo que hace Sebas Martín es convertirse en cronista de una forma de vida bastante concreta, cierto tipo de hombre homosexual urbano de clase media. En su anterior obra, No debí enrollarme con una moderna, el autor enfrentaba a su protagonista, el guionista de cómic Peluche, a la vorágine hipster, haciendo chocar las  vivencias de su sector social con la nueva moda, ya casi caduca. Pero en Demasiado guapo, Sebas Martín recupera a su personaje estrella Salvador para seguir ahondando en su día a día, en lo que le sucede a un hombre de mediana edad soltero que parece más dejarse llevar que tratar de encontrar un fin a su vida.

Demasiado guapo tiene tanto de diario que casi carece de una estructura argumental clásica con sus tres actos y sus correspondientes puntos de giros, más bien parece una colección de anécdotas unidas por la propia existencia de Salvador. Esto no quiere decir en ningún momento que nos encontremos ante una retahíla de chistes privados para integrantes del llamado ambiente, no, aunque Sebas Martín tampoco busca la labor pedagógica de explicar cómo es la vida de un gay. En su lugar tenemos el día a día realista de una persona normal, como es lógico desde una base ficcionada, pero de un realismo sin concesiones. Demasiado guapo no es una historia alocada, a pesar de que el humor está muy presente, ni un relato cáustico, a pesar de que el drama es casi continuo. Demasiado guapo es un relato en el que sentirse reflejado o ver la vida que viven otros.

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Todo esto hace que el cómic repita los aciertos y fallos de Sebas Martín, ya que en ciertos momentos se le podría definir como demasiado centrado en el ambiente que reina sus historias, lo que las hace más atractivas a los pertenecientes a dichos círculos y a los curiosos. Sin embargo, si no se es demasiado fan del estilo de vida que retrata Sebas Martín, Demasiado guapo puede resultar poco interesante, pues importa tanto lo que sucede en la historia como las implicaciones de dichos actos, lo que requiere una lectura capaz de percibir los detalles escondidos a plena vista o la suficiente curiosidad como para querer buscarlos.

@bartofg
@lectorbicefalo

Fanservice y costumbrismo

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No debí enrollarme con una moderna (Sebas Martín). La Cúpula, 2015. Rústica. 108 págs. ByN. 12 €

No seré yo quien critique jamás la conveniencia de los estereotipos, ya que son herramientas útiles para ordenar todos los elementos de significado que tenemos en nuestro cerebro. Sin embargo, también son un elemento peligroso, porque pueden llegar a mezclarse con juicios de valor que cierren el interés por conocer a fondo cualquier elemento, permaneciendo en el alegre terreno del tópico. Después queda a juicio de cada uno pensar si es lo mismo el estereotipo de que los gitanos están más dotados para el baile y para la vida criminal, algo del todo injusto para los gitanos que viven dentro de los márgenes de la ley y que tienen problemas de coordinación, los cuales estoy seguro de que son mayoría dentro de su etnia. Por lo que habría que tener también presente como el ruido alimenta al tópico, haciendo que los individuos más extremos y llamativos de un grupo se identifiquen como el individuo medio del mismo. No podemos olvidar ni que no todos los japoneses son karatekas ni que el homosexual medio no es un hombre de profesión liberal con buena posición económica y social.

Esto es lo que sucede un poco en No debí enrollarme con una moderna de Sebas Martín, un intento de confrontar las realidades de ciertos tipos de homosexuales, bregando entre el costumbrismo casi documental y el estereotipo más artificial. La estructura del cómic es intercambiable entre un sinfín de universos. Pensemos por ejemplo en un fan obsesivo de los cómics de Marvel y DC, alguien que no ve más allá y se siente perfectamente cómodo en su situación hasta que un día se enamora de una otaku. Los dos personajes inician un romance lleno de altibajos, con más momentos de choque que de unión, hasta que al final el fan de los superhéroes la abandona y vuelve a su grupo, buscando una chica con una camiseta de Batman. Todo esto regando las páginas con escenas donde se mezcla el sexo y el cosplay con el único interés de alegrar al lector. Esto es precisamente No debí enrollarme con una moderna, la historia de Peluche, un oso, que se encapricha de un hipster, abandonando la osera para iniciar una especie de relación con un chico quizás demasiado moderno.

Por suerte, el cómic de Sebas Martín no se reduce a la relación de Peluche con un hipster cabeza hueca, también se mezclan las relaciones del protagonista con sus amigos y su familia, especialmente su padre y su hijo. En lo relativo a la relación que sirve como hilo conductor a la narración, Sebas Martín plantea una descripción del todo desequilibrada, pues mientras los osos son presentados como personajes redondos, no sólo por sus figuras, los hipsters son más bien planos, mostrándose sin ambigüedad que no dejan de ser más que máscaras de papel. Mientras los osos hablan de sus problemas en el día a día, desde la tristeza de las relaciones que salen mal hasta la caza furtiva de hombres; los hipsters son una caricatura de ellos mismos, preocupados por la mera apariencia y una supuesta hambre cultural. Es cierto que ambas representaciones pueden ser reales, pues mientras los osos se han asentado tras décadas de visualización, los hipsters no dejan de ser una moda que ya muestra señales de agotamiento. En todo caso hubiera sido de agradecer que Sebas Martín hubiera sido menos agresivo contra los hipsters, o al menos hubiera enfocado mejor sus ataques más allá de los tópicos más obvios.

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Pero con esto no quiero decir que Sebas Martín ataque a todo lo que no sea su protagonista, pues también se debe reconocer que el autor utiliza tanta cal como arena a la hora de construir a Peluche. El guionista de cómics que realiza traducciones para sobrevivir, es un hombre complejo que lucha por vivir con dignidad sin negarse caprichos, pudiendo ser tanto la voz de la razón como un auténtico cure, en resumen un ser vivo. Es notable la relación entre Peluche y su padre, pues aunque las quejas del primero sobre su progenitor son del todo comprensibles, Sebas Martín tiene la delicadeza de hacer que los modos de su protagonista sean un poco explosivas e infantiles. De este modo, Peluche no se presenta como un ser perfecto, como ese gentil gay idealizado, sino como un hombre normal que simplemente está hasta los cojones de que su padre no le deje en paz, de que le critique mientras le gorronea.

La duda después de leer No debí enrollarme con una moderna son varias, si lo vemos como un cómic dirigido especificamente a homosexuales de la facción oso no podemos más que defender que funciona a las mil maravillas, algo que por desgracia consigue quizás expulsando al resto de los lectores. Si lo queremos ver como una obra general abierta a cualquier público pero con protagonistas homosexuales, objetivo que encontramos de sobra conseguido en obras como El condón asesino, lo cierto es que el cómic de Sebas Martín no funciona demasiado bien, muestras auténticos aciertos de costumbrismo donde el autor consigue mostrarnos la historia humana de Peluche, sin embargo esos aciertos se ven golpeados por una vuelta constante a querer contentar a su público objetivo. Una pena, pues momentos como la relación de Peluche con su hijo, o las últimas páginas del cómic, son un bofetón de realidad y ternura muy necesarias en la cultura actual.

@bartofg
@lectorbicefalo