Spain is pain #327: el mundo de la mente

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Las voces y el laberinto (Alfredo Borés y Ricard Ruiz Garzón). Sapristi cómic, 2017. Rústica, 112 págs. Color, 14,90€

El cómic patrio contemporáneo no es muy dado a adaptar a viñetas relatos de otros medios. Podemos pensar que no es tanto por que no haya obras literarias, por ejemplo, que estén a la altura de ser adaptadas, que sean excesivamente complejas en el proceso de traslación o que estén pensadas para pertenecer a un medio concreto y sea muy difícil adaptarlas. La cuestión puede que sea que el lector de cómics, por lo general, desea leer títulos que estén pensados para ser directamente trasladados a la viñeta, tanto aquellos que se amparan bajo obras de concepción más clásica a aquellas experimentales. En todo caso la adaptación necesita una sensibilidad especial para no decepcionar a los lectores de la obra original.

Este es el caso de Las voces y el laberinto de Alfredo Borés, una adaptación/inspiración de la obra Las voces del laberinto de Ricard Ruiz Garzón. En este caso parece que ambas obras se conjugan en favor de un concepto de expansión. No se trata de una adaptación pura y dura que respeta todos y cada uno de los rasgos del texto original, sino que adopta estos para crear una obra propia; capaz de coger esos elementos y jugar con ello para convertir en un relato que parece pensado desde un primer momento para este medio. En ese sentido el trabajo de Borés es notable, sucede en muchas ocasiones que, en esa acomodación, muchas veces realizada a través de la reducción, se sustraen demasiados elementos hasta hacerla a veces incomprensible. En esta obra en cuestión no sucede hace suya el dicho la parte por el todo. Todo aquello que es necesario para entender la obra en su complejidad está presente, ni se pretende que se sobreentienda ni se suponga.

Por otro lado, lo que hace realmente interesante a Las voces y el laberinto es el tema, un recorrido por los recovecos de la mente y de las patologías asociadas a esta. Lo más importante creo que es el tono que el autor aporta nivel estético. Todo aquello que se relaciona con la locura suele imaginarse visualmente como un espacio de rotura con la realidad a través de lo escabroso. Borés opta por mostrar a los monstruos interiores de manera sutil suave sin imágenes macabras ni planteamientos surrealistas. En ese aspecto adquiere mucho peso los escenarios urbanos, definiendo la realidad como un espacio en el que, a pesar de cada uno de los síntomas de los personajes, estos tocan con los pies en el suelo, son conscientes de sus problemas y de la compleja situación en la que están sus familias.

Lo que más destaca de este trabajo es su vertiente pedagógica y de concienciación social lo que lo hace un título muy adecuado para su lectura entre los más jóvenes. De ahí surgen cuestiones como la forma de narración, sencilla y efectiva pero no maniquea. No cae en cuestiones de denuncia social, pero si de una toma de realidad, no hay ni buenos ni malos sino de perspectiva. El laberinto se muestra como el espacio interior de cada uno de nosotros y las voces aquello que no guía, el libro nos explica que pasa cuando esas voces no nos indican la dirección correcta, están son impostadas y buscan confundir. Todo constituye un trabajo interesante, con unos recursos visuales muy interesantes capaz de transmitir toda la angustia que sienten las personas que padecen dichas enfermedades.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is pain #317: Saben aquel que diu…

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Presidente Puigdemont (Pablo Ríos). Sapristi cómic, 2017. Cartoné, 40 págs. B/N, 8,95 €

Pablo Ríos lo ha vuelto hacer, empezar así siempre es genial, pero es la pura verdad. El año pasado se marcó un excelente libro de chistes en tiempo record sobre el recién elegido presidente Trump. Este año, y me da la sensación que, con mucho menos tiempo, ha creado Presidente Puigdemont, un libro que por los tiempos que vivimos, la urgencia de la información diaria sobre el tema en cuestión y por la proximidad puede levantar alguna ampolla que otra. En su trabajo anterior dicha distancia geográfica y el carácter autoparódico del protagonista, no sabemos si autoconsciente, nos permitía hacer una lectura netamente cómica tanto de sus acciones, frases y sus posicionamientos. Otra cosa es cuando ha subido al poder y lo divertido se puede convertir en peligroso. El matiz con el presente volumen debe ser otro, la gravedad con la que los medios están tratando todo el asunto casi impide la aparición de la lectura cómica en su vertiente cínica sin entrar en el humor negro, un equilibrio difícil de mantener en el que el autor se sale con la suya.

Entender la inmediatez como una forma de reflexión es otra de las claves para poder acercarse a este libro. Da igual lo que se piense sobre el asunto en cuestión, y más cuando se está llevando todo desde lo emocional, la información que se proporciona esta generada por bloques de opinión que no tienen piedad a la hora de mostrar contenidos no contrastados, y los datos se pueden ver desde tantas perspectivas que casi han perdido total validez. Cuando algo es tan polisémico se convierte en neutrosémico, es decir la multiplicidad de interpretaciones hacen que nada tenga un sentido concreto. Y en la situación actual ya casi no vale la pena saber de dónde se viene, pero si hacia dónde vamos. Es decir, cuestionar, y no hay herramienta mejor que el humor. En ese sentido Ríos ha elidido lo obvio del personaje, sus rasgos, su ideología y ha tirado por lo contextual, leyendo entre líneas y planteando ahí sus dudas, haciéndolo como un humorista debe hacerlo: sabiéndola meter doblada.

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El ejercicio del autor es pues hacer un poco de ventrílocuo, o para ser un poco más actuales hace un redoblaje del político convirtiéndolo en un personaje. Así consigue convertir la neutrosemia en reflexión y como mínimo conseguir esbozar una sonrisa entre tanta cifra y opinión maleable. Tomar voz en este discurso bipolar es algo complejo y más si uno comprende que no se trata de algo que no tiene que ver con bandos ni con banderas, sino una cuestión de poderes mal entendidos. Pablo Ríos consigue salirse airoso por segunda vez con el reto, no por la contrarreloj realizado sino por saber tomar el pulso de toda la situación y plasmarlo en poco más de una treintena de viñetas, lo que nos hace plantearnos que haría este andaluz con una tira diaria en un periódico nacional, pues eso.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Como la vida misma

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 11 años (Riad Sattouf). Sapristi Cómics, 2017. Cartoné, 52 págs. Color, 15,90 €.

Una de las características que define la obra de Sattouuf es la de retratar el día a día ya sea en su saga autobiográfica El árabe del futuro o en la que nos ocupa hoy Los cuadernos de Esther. Si bien creo que la segunda es compleja a la hora de representar una infancia actual, muy distinta a la suya y con la que el propio autor guarda no solo una distancia temporal sino también una cultural. En su autobiografía la distancia se construye consigo mismo a través de un mecanismo que navega entre lo objetivo-subjetivo, entre la descripción histórica y social de un entorno que le resulta ajeno contra la experiencia personal y su percepción de un mundo extraño, tanto occidental como árabe, en el cual crece rodeado de múltiples culturas que en el fondo se parecen más de los que creemos.

El foco de Esther es una niña, de 11 años en este segundo volumen, en la Francia actual. Haciendo una lectura paralela de las dos obras nos encontramos con ciertos elementos de la infancia que perduran: el conocimiento distorsionado, rellenar huecos con imaginación donde este no llega, inocencia, forjar las primeras amistades y el centro escolar como kilómetro cero de la vida social de los niños. El primer volumen de esta saga, que pretende durar hasta que Esther cumpla los 18 años, servía a modo de introducción para ir haciéndonos a la idea de cómo es la protagonista a la que vamos a acompañar durante casi una década en este entrañable viaje. Esta segunda entrega sirve para conocer la retranca que tiene la niña y la evolución en la relación con el sexo opuesto.

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Aunque lo que me parece fascinante es la capacidad de Sattouf para describirnos a los personajes secundarios a base de trazos narrativos muy básicos y conocerlos a la perfección: los padres, el hermano, las amigas, profesoras, etc. Sin embargo, a Esther la conocemos muy poco a poco a pesar de ser la protagonista del álbum. Eso si el autor la va despiezando poco a poco viendo todos los matices de la edad y de cómo se acerca a la temida, por los padres, adolescencia. Este volumen se centra en un aspecto principal que entiendo que se convertirá en central a lo largo de los siguientes volúmenes: el cambio. Por un lado, se inicia un proceso de personalización por el cual se aleja de la imagen que los padres tienen de ella, se empieza con un corte de pelo decidido por ella misma para luego iniciarse en la toma de decisiones propias. Por otro lado, hay un cambio de centro escolar que la sitúa en una esfera de cierta independencia y de formación de nuevas amistades. Pero el más importante es el de la conciencia del sexo como un fantasma que todavía no ha llegado, pero por las reflexiones que hace la protagonista está a la vuelta de la esquina.

Quizás la idea de Riad Sattouf sea esa la de crear diferentes líneas temáticas, abiertas y que se irán cerrando poco a poco, o abriéndose más, como la vida misma. Lo que sí está claro es lo certero que se está volviendo el autor francés a la hora de tratar temas complejos relacionados con la preadolescencia. La naturalidad con lo que lo hace no está reñida con su estilo con el que trata de diseccionar cada uno de los momentos de la vida de Esther. Esto hace de esta obra una lectura obligatoria, que posiblemente nos ayuda a entender a los adultos del futuro, ver cómo han crecido en su yo más íntimo. Lo cual me hace plantearme una pregunta ¿llegaran Esther y Riad al final del proyecto? La complejidad de la adolescencia nos abre un interrogante para el que no tenemos respuesta por el momento, pero que aun así nos regala una de las narrativas más frescas provenientes del país vecino.

@Mr_Miquelpg

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Leñadora busca lectora (y lectores)

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Leñadoras. Un plan terrible (Noelle Stevenson, Shannon Watters, Carolyn Nowak, Maarta Laiho) Sapristi, 2017. Rústica, 200 págs. Color, 19,90 €

Actualmente estamos ante un proceso en el que la cultura debe de ser analizada desde el punto de vista al que están destinadas las obras. Evidentemente esto ha existido de una manera clara y meridiana desde hace décadas, pero la cultura de nicho contemporánea nos indica que esa fragmentación de la audiencia va a ser cada vez mayor y que los productos culturales o de entretenimiento generalistas apuntan cada vez a una mayor anomia que aquellos destinados a públicos concretos. En todo esto, a día de hoy, los productos culturales que más están creciendo es aquel destinado a mujeres de entre 12 y 25 años. Las mujeres jóvenes consumen más cualquier producto cultural que el resto de segmentos. Y eso la industrias culturales han sabido verlo a la perfección.

Quizás el segmento más goloso es el de nuevas lectoras por lo que tiene de conformación de una futura audiencia lectora, en el caso que nos ocupa. Los buenos cómics destinados a esta parte de la audiencia es una inversión de futuro para las editoriales que depende de los títulos publicados hoy. Pero ¿Cómo deberían ser esos textos?¿Qué aspectos deberían incluir? El principal rasgo que los define es la no existencia de una narrativa en el que la acción de las mujeres protagonistas dependan de la intervención de un hombre o esté relacionado por estos. Por ello la mujer debe ser el centro del relato, resolver los problemas por si misma o rodeada de otras mujeres, y mostrar una variedad en la estereotipia femenina fuera de los cánones convencionales y conservadores. Es decir, apostar por nuevos puntos de partida que reflejen los cambios sufridos por la sociedad en el último medio siglo, pero sin perder de vista los artilugios otorgados por los géneros narrativos.

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Leñadoras de Noelle Stevenson y Shannon Watters cumple esas pautas y van mucho más allá. Las mujeres adultas mostradas en esta obra son autónomas y capaces de enseñar a las nuevas generaciones, no son perfectas, cometen errores, pero no dudan en reconocerlo delante del grupo y tratar de solucionarlo. En este trabajo cabe todo: nuevas relaciones entre mujeres apartadas de la estereotipia que las define como competidoras, relaciones de amistad que van más allá del canon de la aventura. Pero sobre todo un respeto por la aventura como género narrativo del que gozan muy pocas obras en la actualidad. La frescura con la que se aborda este relato en función del género me recuerda a la de Haggard, salvando todo tipo de distancias y cuestiones de representación social de aquel momento histórico, en la que todo resulta conocido pero nuevo, definiendo un equilibrio muy difícil de defender pero que estas autoras hacen a la perfección.

En esta segunda entrega empezamos a profundizar en el pasado de Jen  y la mujer oso, eso implica mujeres con un pasado que las ha convertido en lo que son en el presente del relato. No existen hombres en la conformación de la psique de las protagonistas. Pero Leñadoras tiene otro aspecto positivo, a pesar de tener un público definido a la perfección es capaz de encandilar a lectores de otras edades, yo mismo. Es un cómic disfrutable como pocos en el que la fantasía, la aventura y la reivindicación de género se dan la mano sin resultar una obra cerrada a un target completo. Así pues tenemos una de las obras de referencia del momento dentro del comic de entretenimiento pero que no se queda solo en la cáscara del género narrativo ni en la de representación de la mujer, no vale con solo poner mujeres como protagonistas, con una amplia representación de las mismas. Una delicia para lectores jóvenes y una grata lectura para adultos.

P.D.- ¿Para cuándo la tercera entrega?

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Integración, clase social y arte contemporáneo

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Sadboi (Berliac). Sapristi cómic, 2017. Rústica, 144 págs. Azul y blanco, 16,90 €

Berliac maneja en Sadboi uno de los personajes arquetípicos que ha desarrollado en sus últimos trabajos. Un tipo del que no sabemos que pensar porque somos incapaces de adivinar que se le pasa por la cabeza, se mueve por unas pautas propias ajenas a la sociedad en la que se vive y sus acciones surgen a modo de acto reflejo de lo que se le ocurre en cada momento. Ciertamente podríamos definirlos como nihilistas, aunque en la mayoría de las ocasiones sus acciones repercuten de manera negativa sobre ellos mismos, de una forma o de otra. Pasa con el hijo que muestra apatía por su padre moribundo en Coinpusher, los personajes que recorren los relatos cortos que conforman Seinen Crap actúan de una manera incomprensible para el lector y en la reciente Asian Store Junkies los protagonistas son dos millenials obsesionados por la comida preparada que venden en supermercados asiáticos.

Aun así, con esos puntos de encuentro que podemos hallar a simple vista Sadboi es completamente diferente; mantiene ciertos elementos, pero el enfoque es mucho más actual, concreto y definido. Podemos encontrar referentes sobre los temas de trasfondo en cualquier tipo de noticia en prensa europea poniendo de relieve tres discursos base para establecer un relato crítico sobre la Europa contemporánea: la integración de migrantes no occidentales, el clasismo que surge del tema anterior y una reflexión sobre la función del arte contemporáneo y su función jerárquica.

Sadboi es un adolescente que llego de niño a Europa en una patera hasta llegar a parar al norte del continente, donde es acogido por un programa de protección e integración. El rechazo le lleva a convertirse en un delincuente de baja estofa que tras conocer a un agente de arte se dedica a ser artista. El personaje se convierte en el centro de atención de los medios por ser la imagen pública del programa de integración. Esta como un elemento que intenta borrar sutilmente, y a veces no tanto, pautas y comportamientos vinculados a los social y lo cultural del país de origen del protagonista. La integración, tal y como nos lo muestra el autor es una lobotomía que pretende convertir a Sadboi en un ciudadano ejemplar, más incluso que los locales, se le inculca que debe de seguir las reglas, más que sus conciudadanos, para no llamar la atención. Se busca una construcción para un tipo de persona al que seguramente no se le vayan a dar las mismas posibilidades que el resto. Todo disfrazado de cierta bondad paternalista. En el tramo final del relato Astrid, la encargada de supervisar la evolución de Sadboi dentro del programa, ante la pregunta de este de si ella le quiere a él ella le responde: “¡No te quiero tal y como eres!¡Te quiero tal y como querría que fueras!”. Es decir, se tolera a los extraños en función del nivel de construcción tutelada que nuestra sociedad permita sobre ellos para reformularlos como ciudadanos, que tiene que ser mejores pero que no se les va a permitir llegar a ciertos puestos sociales.

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Eso nos lleva a lo siguiente, el predefinir la clase social a la que debemos pertenecer los individuos. En ese pack que es el proceso de integración vienen incluido otro: situar dentro de una determinada clase social al ciudadano en cuestión. Eso consiste en adjudicarle unos valores de buen ciudadano y un techo de cristal que nunca podrán traspasar. Sadboi en su infancia es dado a diferentes casas de acogida, pero no acaba de encontrar su lugar, existe cierta imposibilidad por asumir valores que le son ajenos. Así pues, el protagonista decide encontrar su sitio convirtiéndose en una persona que contraviene todos los estatutos sociales. Se rebela de la integración asumiendo por completo el rol de un delincuente, contraviniendo las mentes bien pensantes de la izquierda que creen que todos los migrantes son buenos por naturaleza, y dándole la razón a la derecha más radical asumiendo la maldad intrínseca de los foráneos. De manera que Sadboi es una construcción social no ajena sino de sí mismo para el resto, asume su posición social reivindicándola a través de la violencia y el crimen.

Pero el protagonista decide, aunque sea de manera inconsciente, rebelarse también contra eso y dar un salto de clase a través del arte. La alta cultura contemporánea que implica que un autor este detrás para darle valor a la obra en cuestión, pone en la palestra al protagonista dentro de la sociedad en cuestión. El arte moderno le sirve de excusa para intervenir en el estado de las cosas; esto no es baladí, el arte que se vende en galerías está destinado a una clase social concreta y esta le permite a Sadboi adquirir una relevancia funcional para seguir actuando como un delincuente a través de una performance que llega a todos los medios de comunicación y que ayudará a descubrir toda la farsa social elaborada en torno a las formas en que los occidentales permitimos a foráneos de zonas poco privilegiadas acceder a nuestros privilegios.

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Sadboi es en esencia un cabrón porque lo ha decidido el mismo. Berliac opta por no victimizar a un personaje desposeído exonerando al contexto, la sociedad le ha dado las herramientas justas para que pueda ser en lo que se ha convertido, no hay nada más; no es ni un demonio ni el mal encarnado. Entre todo esto nos encontramos con la primera gran obra de este autor, aunque no es nada desdeñable todo lo que ha publicado anteriormente, en el que el apartado gráfico fascinante que está a la altura del relato y el discurso, el trazo limpio acentúa cierta sensación de extrañeza. En definitiva, obra de lectura obligatoria tanto por forma como por contenido de la que seguramente nos acordaremos cuando llegue el momento de las listas.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is pain #299: sociología del rock

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Heavy. Los chicos están mal (Miguel B. Núñez). Sapristi, 2017. Rústica, 184 págs. Color, 17,90€

Entre tanto revival descafeinado de los años ochenta uno tiene muchas veces dudas si algunas de las personas que escriben sobre estos temas vivieron en la misma década que yo. Los ochenta fueron lo que fueron, nos pillaron desprevenidos a todos incluso a los más niños. Todo era nuevo y todo estaba por inventar, pero nos entreteníamos con lo que teníamos y ya está. Me pregunto si muchos de los que no vivieron en ese periodo y sienten esta nostalgia artificial mediada por las ficciones contemporáneas soportarían vivir como vivíamos y como nos entreteníamos entonces.

Posiblemente la clave para entender correctamente una época relativamente cercana y recientemente distorsionada es la nostalgia. Pero no una artificiosa creada para entretener sino una narrada desde dentro. Esta tiene que pasar por el filtro de la microhistoria, para los adolescentes los grandes hitos históricos no son macro son micro: un concierto, una pelea, una película, una fiesta, etc. porque es cuando tenemos esos años que revelamos nuestro autentico ser vivimos para complacernos y para probar cosas nuevas, y de camino vamos comprobando como vamos gestionando las situaciones más peliagudas. Aquí entra en juego otro factor: la amistad. Esta que se genera a través del aburrimiento cuando no sabes que hacer y encuentras a personas en la misma situación. Son en esos años en los que posiblemente se construyen las amistades imperecederas y las que van a quedar en el recuerdo.

En Heavy. Los chicos están mal, continuación de Heavy 1986, Miguel B. Núñez le da más profundidad a estos conceptos integrando mucho más en la narrativa la cultura del heavy de los ochenta en la vida de los personajes dándole un valor intrínseco al relato. Aquí no cabe una nostalgia artificiosa sino una real de lo vivido y lo añorado con el tiempo, o lo que visto con distancia posiblemente fuese más trivial de lo que parecía en aquel momento. En esta continuación seguimos con el mismo grupo de amigos: Pepe, Adela, Suso, Marta, Richi, el Judas, etc. con ellos navegamos en algo que va mucho más allá de la idea trasnochada y vulgar de la tribu urbana vinculada a una serie de ritos violentos, es más el autor insiste a lo largo del volumen que eso era algo marginal y que no atañía a todas las tribus basadas en un origen musical.

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Con esta aproximación narrativa, que deja de lado el retro reconstruido, podemos observar como la música se convierte en un nexo capaz de crear amistades que superan todo tipo de fronteras. Las tribus urbanas de los ochenta se construían bajo una serie de parámetros muy concretos entre los cuales los pilares eran la música y la vestimenta. Ahí en ese punto el autor encuentra uno de los aciertos de este libro, el hacer una sociología del rock en la España de los ochenta, yendo mucho más allá de lo que podíamos encontrar en el primer volumen. Esta elaboración casi importada del ámbito anglosajón pero no ajena a la cultura de la dictadura tan solo recordar los incidentes causados por los Teddy Boys patrios o el primer concierto de Bill Halley en España, sin olvidarnos de las fans de Raphael y su poder de convocatoria. En Heavy. Los chicos están mal incide en la importancia que tuvo para esa juventud la militancia musical y estilística.

Miguel B. Nuñez ha apuntado mucho más alto en esta entrega que en la anterior, posiblemente porque los personajes están mucho más rodados, principalmente en la confluencia del relato personal con el de una cronología de la cultura popular del momento. Creo que es así como se gestiona la nostalgia, o al menos como debería hacerse. El autor nos habla de su experiencia personal, sus mutaciones, sus recomendaciones y de quienes fueron y son su ídolos; y todos sabemos la importancia de tener alguien a quien admirar con esas edades. Así pues si os gusto Heavy 1986 este os encantará, si el primero os dejó fríos este segundo os hará recuperar la esperanza sobre cómo se deberían narrar los ochenta, una década que nos pilla muy lejos pero que vivimos intensamente.

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Nuestros miedos ocultos (Fran Krause)

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Nuestros miedos ocultos (Fran Krause). Sapristi, 2017. Rústica, 144 págs. Color, 15,95€

Fran Krause explica al principio de este volumen como el punto de partida del relato consistía en explicar sus miedos irracionales. Si el autor hubiese decidido seguir con esa línea de trabajo posiblemente estaríamos ante un trabajo diferente. Se denota pues la diferencia entre el relato personal e interior con el colectivo y global. La primera opción seguramente hubiese necesitado de un hilo argumental, saber de dónde vienen esos miedos, y eso posiblemente nos llevara a un tipo de slice of life: el autor frente a la hoja en blanco convirtiéndose esta en una confesora implacable. Pero la decisión del autor de no hablar de sus miedos, o no solo de estos, sino también del de los lectores hace que tengamos que dejar de lado la idea de trama argumental por una temática.

Los miedos son básicamente el reflejo, no tanto de aquello que tememos, sino de lo que la sociedad va inculcando. No tanto a un nivel macro como a un nivel micro. Esto es aquello que se nos inculca desde pequeños: desde tradiciones locales o familiares como situaciones próximas a nuestro hábitus. Este como un punto de partida en la conformación de la psique de las personas. Un evento traumático del pasado, un sueño repetitivo o una historia que corre de boca en boca pueden convertirse en un elemento que se inyecte en nuestra psique y convertirse en un miedo imposible de extraer de nuestros pensamientos.

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La decisión de Fran Krause de dejar el peso de lo personal al colectivo repercute en la mostración del origen y motivos de los miedos pero nos acerca a un cuento, o 101 microcuentos, a través del cual podemos explorar la experiencia personal de sentirse reflejado en los miedos de otros. A pesar de la variedad de los mismos podemos trazar una serie de líneas transversales que nos ayudan a encontrar aspectos comunes entre los diferentes microrrelatos. Hay una serie de temas en común: el doble maligno, muertes ridículas, presencias no físicas, el daño que nos pueden realizar terceras personas o tomarse al pie de la letra algunas creencias populares. Es decir todo aquello que escapa de nuestro propio control.

El autor opta, a pesar de lo macabro de algunas experiencias, por un dibujo no naïve pero si con un toque dulce. Esto puede ser tanto para llegar a un público más amplio o dulcificarlas y no basar el relato en algo truculento. Seguro que muchos lectores al igual que yo nos hemos reconocido en algunas de estas historias, lo cual nos puede ayudar, sin faltar el respeto hacia quien padece dichos miedos, a poner en cuestión los nuestros, de donde vienen y porque están ahí. Nuestros miedos ocultos es un relato ameno y divertido. Y que al igual que parte de la comunidad se puede leer, y casi sería lo aconsejable, en grupo, entre amigos y con algún desconocido, comentando cada uno de los miedos.

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