Spain is Pain #294: Trump is different

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Presidente Trump (Pablo Ríos). Sapristi Cómic, 2016. Cartoné, 48 págs. B/N, 8,95 €

Da igual por la página que abras este libro. Casi con total seguridad el presidente Trump habrá hecho algo en los días anteriores para que la página elegida parezca escrita exprofeso para la última noticia relacionada con él. Pablo Ríos ha encontrado la fórmula perfecta para describir a un personaje que se define a sí mismo a través de trazos gordos, aparte de ser completamente icónico y reconocible a primera vista como si hubiese sido diseñado por uno de los dibujantes de los shows animados de Hannah-Barbera.

Ese es Trump. Puede parecer que lo cómico que se genera a su alrededor pueda parecer difícil hacer comedia a su costa. El autor malagueño da en el clavo cuando juega no solo con lo icónico y lo textual, extrayendo frases pronunciadas por este tipo, sino que las resitúa y las contextualiza en un nuevo entorno. Es decir, llega a crear un imaginario en torno a Trump con situaciones inverosímiles, en algunos casos posibles, y nos muestra la reacción que este puede llegar a tener en cada momento. Pero sin ser descabellado y estableciendo como campo de juego de la tira cómica limitando la iconicidad al despacho oval y a la persona ya reconvertida en personaje. Dentro de esos parámetros cualquier situación es posible, tal y como he planteado al principio. Lo irreal puede llegar a ser real. Por otro lado Trump es un personaje que le cabe todo, cualquier aspecto que se invente el mismo sobre su persona, o el imaginario colectivo, antes o después se hará realidad; no hace falta más que ver la cantidad de ficciones americanas que vaticinaron su ascenso político.

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Lo difícil de este volumen consiste en que no pierda la frescura del momento en el que fue publicado, algo que parece harto difícil a no ser que el presidente se reinvente como político y como persona. El formato de tira permite que se pueda leer y releer en cualquier momento sin ningún tipo de jerarquía narrativa. Pero eso si pide conocer un poco al personaje y estar aunque sea un mínimo al tanto de la actualidad política internacional, no como una obligación sino para sacarle más provecho al libro. El giro autoral de Pablo Ríos ha sido, no solo sorprendente sino que también bastante provechoso. Con un tipo de dibujo y de storytelling que parecía enfocado a obras con un desarrollo más extenso nos encontramos que con el formato más breve se crece captando no solo a antiguos lectores sino que por la temática engancha a nuevos.

@Mr_Miquelpg

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Tengo diez años y…

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 10 años (Riad Sattouf). Sapristi, 2017. Cartoné, 60 págs. Color, 15,90€.

Hace unos días en la entrada dedicada a Febrero para galgos de Peter Jojaio aventuramos las dificultades actuales para dibujar un relato sobre una infancia feliz, así a secas. Los espacios de la infancia han sido profanados por la tecnología, esto lo invade todo y nos solo eso, sino que tiene la capacidad de borrar todo rastro del pasado. El presente contemporáneo se narra en función de dos parámetros: presente y futuro. El pasado es cosa de viejos lo mismo que el día de ayer. Posiblemente sea tratar con excesiva lógica el devenir de una niña de 10 años pero sí que se manifiesta en el volumen analizado en esta entrada una deriva de las formas sociales y de la cultura que me hacen sentir, muy a mi pesar, más apocalíptico que integrado.

Dejando de lado la sensación que me causa la lectura de este volumen Riad Sattouf me parece que el autor se ha enmarcado en un experimento autoral y social más que interesante. La idea del creador francés parte de un encuentro que acaba fascinando a este. Sattouf establece una conversación con Esther, una niña hija de unos amigos suyos, y a partir de ahí este decide narrar las peripecias de esta en su entorno más inmediato: la escuela y el hogar familiar. La idea de Sattouf es entrañable y ambiciosa, este va a narrar, o al menos tiene la intención de hacerlo, 8 años de la vida de Esther, de los 10 a los 18 en 8 álbumes. Una idea que puede llegar a convertirse en el relato que nos haga entender a una generación.

Esto último es posible gracias a la omnipresente tecnología que beneficia la interconectividad y que no discrimina contenidos por edad. Esther representa a una generación que ha nacido con internet y que ni se plantean la posibilidad de una vida sin los contenidos en red, más bien supeditan sus interés culturales a estos. Eso plantea una vida real, u offline como ya dicen algunos, dependiente de lo virtual, algo que para la generación de la protagonista es ya imprescindible.

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Sattouf utiliza la inocencia del personaje para hablarnos de todo aquello que no cambia. La perspectiva de la infancia permite una distancia para hablar de todo ello, principalmente y lo que creo que es más interesante es el plantear una sociedad multicultural como la francesa en la que los modelos a imitar por los prepúberes son principalmente descendientes de migrantes, al igual que los referentes culturales de esta generación. Se plantea una diferencia entre el origen de los mismos que se soluciona redefiniendo la terminología, es decir los eufemismos al servicio de la convivencia. Los niños conviven a parte de la diferencia, de hecho los descendientes de franceses son los que buscan una identidad propia ya que sus compañeros descendientes de foráneos presumen de la suya.

Las cuestiones de género también se ponen manifiesto en los juegos de las niñas: mamas y papas, orfanato, modelos, etc. Nos habla de cierto condicionamiento que nace del cuidado extremo que tiene la familia sobre ella, la niña va a un centro educativo privado y el hijo va a un colegio público. Ese sobreproteccionismo paternalista puede apuntar hacia cierto dirigismo centrado en la actitud de la niña. El autor francés no deja de lado la oportunidad para hablar de la violencia en las aulas y la dificultad de la integración de algunos alumnos.

El primer volumen de Los cuadernos de Esther es un título que en esencia es tierno y que nos hace esbozar una sonrisa en cada página por lo entrañable de la protagonista. De tras de todo eso nos encontramos las dificultades del ser humano para encajar y la construcción de un yo que funcione con el resto de la comunidad, en el que la violencia y la discriminación son moneda de cambio. Esto nos obliga a hacer un análisis profundo sobre el condicionamiento de género en occidente. Dicho todo eso y dejando lado el trasfondo textual del relato esta primera entrega, podemos encontrar una idea transversal: cada infancia es única y se construye bajo los condicionantes sociales y culturales de un momento determinado de la historia. Ninguna es mejor que otra y a través de esta creamos nuestro imaginario personal que nos ayudará a desarrollarnos como adultos. Eso sí Riad Sattouf nos hace recordar lo complicados que son esos años en lo que todo es tan nuevo y a la vez tan viejo.

Más sobre Riad Sattouf en el blog:

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Relaciones humanas 2.0

algo-mas-que-amistad-coverAlgo más que amistad, algo menos que amor (Yumi Sakugawa). Sapristi Comic, 2016. Cartoné. 128 págs. Color. 11,90 €

La amistad es un constructo social complicado, quizás el más complicado. Dentro de las relaciones humanas, las familiares y las amorosas son fácilmente comprensibles, uno sabe a que atenerse, que esperar y que demandar. Nada está libre de discusión y acuerdo, pero más o menos uno sabe la diferencia entre una madre y un novio. El caso de un amigo es más complicado, porque si ya es difícil definir que es una pareja sentimental, debido sobre todo a las vaguedades y peculiaridades de cada uno, en el caso de la amistad todo alcanza un grado mucho mayor de individualidad y adaptabilidad.

Padre sólo se tiene uno, así que de una forma u otra tú te comportas con el tuyo como puedes y quieres, sin posibilidad de alternativas más allá de la evolución temporal. Con tu novia pues pasa algo parecido, con la diferencia de que puedes ir reseteando con el tiempo, todas las relaciones serán diferentes pero de algún modo tú funcionas como una pareja sentimental de una forma particular. Pero amigos tienes muchos, menos de los que crees pero más de los que te mereces, tranquilo, eso nos pasa a todos. Así que no es sólo cómo funciona tu relación de amistad con tus amigos, es cómo funciona con cada uno de ellos, porque padres sólo tienes uno, y pareja sentimental lo ideal es que tengas sólo de forma simultánea, o al menos es lo más común en nuestros días.

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Así que obras como Algo más que amistad, algo menos que amor de Yumi Sakugawa no pueden servir como guías o definiciones de lo que es la amistad. Nos encontramos simplemente con la definición, por parte de la autora, de un tipo de amistad concreta, pues es lógico que ni ella misma tenga ese tipo de relación con todas sus amistades. El cómic, o libro de ilustración si lo preferimos, es un fresco etéreo porque sólo sirve para definir una relación de amistad para la propia autora. Cada lector se enfrentará a la obra enfrentándola a sus propias amistades, encontrando lugares comunes y versos disonantes en la forma de entender cierto tipo de amistad, de relación humana entre iguales. En todo caso, lo que si se puede defender es la amistad descrita por Yumi Sakugawa, que expone una relación más allá de la mera amistad para jugar un partido de fútbol sala, ir al cine o echar una partida a Dragones & Mazmorras.

Existe esa belleza etérea en Algo más que amistad, algo menos que amor que puede pasarse de edulcorada, que puede dar la sensación de ser demasiado bonito. Pero por suerte, Yumi Sakugawa amarga lo suficiente el relato para que la lectura tenga las suficientes notas agrias y saladas, de modo que no tengamos la sensación en ningún momento de estar chupando una pastilla de sacarina. Aunque lo dulce existe y está presente, muy presente, desde el propio tema del cómic hasta como está contado, incluso el acabado gráfico pertenece a esa ilustración naïf millenial que no necesariamente es para todo el mundo. Yumi Sakugawa está muy conectada a su generación, es parte indisoluble de la generación tumblr, algo que vemos de forma tanto implícita como explícita en el cómic, haciendo de Algo más que amistad, algo menos que amor, una obra anclada en un tiempo y espacio concreto, que sirve tanto como obra generacional como descripción de un tiempo concreto. Es significativo incluso la génesis de la obra, que nace como cómic online en tumblr para pasar a publicarse en papel, más como un objeto fetichista que como un cómic al uso. El papel como historia de Algo más que amistad, algo menos que amor, ya se configura en la red, quedando la publicación en papel como la construcción de un objeto más estético y de posesión que como el vehículo inicial para su discurso.

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Si no pertenecemos a la generación de Yumi Sakugawa, o si pertenecemos a la misma pero nos movemos en otras construcciones mentales, Algo más que amistad, algo menos que amor puede parecer de difícil digestión, lo cual sería ante todo una equivocación, pues el cómic es toda una declaración de intenciones por parte de la autora, una desnudez absoluta de su alma, y aunque vivamos en melodías disonantes, el necesario ejercicio de entrada nos puede ayudar a percibir y entender otras formas de vivir y sentir. Es curioso, porque yo siendo un año menor que la autora me da la sensación de que habitamos mundos diferentes, que percibimos las cosas de formas contrarias, mientras que mi hermana, cuatro años menor que Yumi Sakugawa, establece una armonía total con la obra, desarrollando un diálogo de tú a tú total. Así que creo que Algo más que amistad, algo menos que amor es sobre todo una marca en el camino que define la amistad y al mismo tiempo a los usuarios de ese tipo de amistad.

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Vida de un artista

2383Munch. Una biografía (Giorgia Marras). Sapristi Cómic, 2016. Rústica. 120págs. Bitono. 16,90 €

El estudio biográfico de un artista es una actividad como mínimo peligrosa, peligrosa porque puede convertirse tanto en una aliada de la comprensión de la obra, como en una trampa de la que después ya es complicado escapar. Quizás el debate más básico sea qué hacer con un autor cuya obra posee una calidad y creatividad fuera de toda duda, mientras cuya personalidad, ideología o meras ideas, se presentan del todo como dignas de la más sincera repulsión. Hablando de una forma más sencilla, la duda es qué hacer cuando la obra es buena pero el artista es un gilipollas. Pero esto es sólo la punta visible del iceberg, pues el mero estudio del artista puede mostrarnos a una persona fría y apocada que resté fuerza a la obra, o por contra a alguien demasiado apasionado y tremendo que dé la impresión de que su obra es más fruta del azar que de la reflexión y la inteligencia.

Es peligroso conocer a los genios, pues nuestras filias y fobias sobre su persona alterarán sin duda nuestro parecer sobre su obra. Sin embargo, también están los casos en los que ese conocimiento, cuando obra y vida funcionan a la par, ayuda a profundizar en las notas y colores de la obra, siendo conscientes de que la obra es mera extensión de la existencia, cuando no directamente parte de la misma. La duda siempre está abierta, como bien sucede en Munch. Una biografía de la italiana Giorgia Marras, quién en su primera obra larga trata de enfrentarse al genio noruego, conocido principalmente por El grito, sin duda una de las pinturas que mejor ayudan a definir y entender lo que supuso el siglo XX para el ser humano. Tarea como se puede ver quizás titánica, posiblemente excesiva, pero de la que la autora consigue poner algunos puntos claros, optando más por la radiografía vital que por el recorrido biográfico.

El tiempo es importante en Munch. Una biografía, pero Giorgia Marras no se ata necesariamente a su avance inexorable, eso sí, sin recurrir en ningún momento a una estructura compleja o anárquica. La vida de Edvard Munch avanza a dos niveles, vamos saltando, siempre hacia delante, en la vida del pintor, mientras que al mismo tiempo tenemos rememoraciones de su vida pasada, de su juventud familiar. Estos saltos son básicos y necesarios, porque pocos autores se han visto tan marcados por su infancia como el propio Munch, persona que jamás podría dejar atrás los impactos vitales de sus primeros años, acontecimientos que le marcan de por vida, a él y  a su obra. Sucede lo mismo con la vida amorosa de Munch, una auténtica colección de fracasos y equívocos que le dejaran siempre con la miel en los labios y la tristeza no del desconocimiento, sino la agonía del saber que pudo ser para no serlo.

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No se puede negar ese paralelismo entre obra y vida, entre la desesperación muda que surge de los cuadros de Munch y la vida triste, sin posibilidad real de crítica, que se desprende en Munch. Un biografía. Por fortuna, Georgia Marras desempeña bien su labor y nos permite entrar en la vida del noruego, conociendo tanto lo que le formó en la niñez, como su juventud más activa antes de ser el pintor de talla mundial que es hoy en día. Una historia más trágica que dramática, con un destino cínico de alguien que quizás no fue un mendigo desgraciado, pero a quien sin duda se le negó en todo momento la posibilidad de la felicidad al mismo tiempo que la humanidad alcanzaba en cierto sentido su mayoría de edad. Un hombre que quiso ser libre y que quizás tuvo que pagar el precio de su propia infelicidad.

Si nos detenemos en el dibujo de Georgia Marras, observamos un trazo seguro que sabe modular el detalle con el fin de concentrarse en lo que quiere contar, influenciada más por el dibujo de la época en la que vivió el autor que por la obra artística del mismo, una decisión tan valiente como bien resuelta en Munch. Una biografía. Quizás lo menos reseñable de la obra sean los rostros de los personajes, momento en el que Georgia Marras parece abandonar su propio estilo para engarzar un trazo más propio del cómic oriental que del carboncillo que usa en el resto de la obra. En todo caso, tanto para los aficionados a Munch como los interesados en las obras biográficas, Munch. Una biografía es una obra más que a tener en cuenta, una forma de entrar en la obra del autor a través de su propia figura vital.

@bartofg
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Fantasy Camp

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Leñadoras (Noelle Stevenson, Grace Ellis, Brooke Allen y Shannon Watters). Sapristi Cómic, 2016. Rústica, 190 págs. Color, 19,90 €

Parece que el cómic destinado a lectores más jóvenes está refloreciendo, no es que hayan desparecido nunca de las estanterías, pero hay una serie de títulos que parece que están revitalizando el mercado a base de nuevas propuestas. Uno de los títulos que ha abierto brecha para ese target de lectores es BattleBoy de Paul Pope y el spin-off en dos tomos dedicado a Aurora West de Paul Pope, David Rubín y JT Petty, o Leñadoras, que es el título que nos ocupa hoy. Aunque no hay que dejar de lado las adaptaciones de series de animación como es el caso de Hora de aventuras, Steven Universe o Historias corrientes, o reboots como el caso de Archie de Mark Waid y Fiona Staples, Jem and The Holograms de Ross Campbell y Kelly Thompson, sin olvidarnos de la revisión que Brandon Montclare, Amy Reeder Hadley y Natacha Bustos hacen de Moon Girl and Devil Dinosaur.

El contexto para desarrollar este tipo de proyectos parece el adecuado, y más teniendo en cuenta al tipo de público al que va destinado, joven y sin prejuicios que permite casi cualquier cosa que llame a su atención. La innovación en el relato pasa por romper con ciertas estructuras de la página, un diseño de personajes atrevido y una utilización desprejuiciada de los colores. Todo vale para atraer a nuevos lectores entre la gente más joven. Algunos de ellos, como este Leñadoras, se están convirtiendo en referentes no solo para aquellos a los que van destinados, sino que también son leídos  y disfrutados por lectores adultos, entre los que me incluyo.

Leñadoras es un título perfecto para formar nuevos lectores de cómic, incluso a aquellos que rechazan cualquier tipo de subordinación cronológica al que se ven sometidos cualquier tipo de cómics del mainstream, principalmente de superhéroes, en los que muchas veces es difícil incorporarse al universo ficcional. En esa independencia cronológica no se sacrifica la continuidad del relato, los ocho números americanos que componen este primer volumen componen un arco argumental que cierra a la perfección en la última entrega.

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Por otro lado, las creadoras reconfiguran un universo fantástico en el que tiene cabida todo, principalmente lo más interesante de esta propuesta: las protagonistas. Son todas mujeres de todas las edades, aunque las principales son unas adolescentes cuya principal misión en la vida es romper las reglas impuestas por la directora del campamento (aunque ella no tiene mucho aprecio por las mismas). Será Jen, la monitora de estas, la que tendrá que intentar hacer respetar dichas reglas. Pero la localización deja de ser un espacio idílico en el que las chicas viven plácidamente; en el bosque que rodea el campamento podemos encontrar zorros de 3 ojos, yetis, dinosaurios o grutas que llevan a lugares fantásticos. Jo, April, Mal, Molly y Ripley forman parte de un grupo peculiar, todas y cada una de ellas no son solo anárquicas sino que se mueven en una esfera relacional abierta en la que algunas de ellas muestran un afecto que va más allá de la mera amistad. Todo ello mostrado con la mayor naturalidad y sin forzar la situación.

Noelle Stevenson, Grace Ellis, Brooke Allen y Shannon Watters crean con Leñadoras un espacio en el que la mitología se mezcla con dinámicas narrativas más contemporáneas, vinculadas a las estéticas de la animación contemporánea, para ofrecer un título para todas las edades, pero no por ello complaciente y facilón. Estamos, principalmente, con una obra divertida que toma a sus lectoras en serio, principalmente a aquellas a los que va destinada, en la que gran parte de la importancia del relato reside en la gran variedad de personajes femeninos no-dependientes de una réplica masculina, lo cual implica una reconfiguración de la heroicidad en los relatos. Leñadoras nos recuerda a aquellos títulos que durante los 80 y los 90 estaban destinados a un público juvenil, sin resultar ñoño y alejado de toda nostalgia ochentera, ni falta que le hace, para enamorarnos de unos personajes muy carismáticos que no son conscientes de los peligros en cualquiera de las realidades que habitan.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Glamur y desigualdad

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El New Deal (Jonathan Case). Sapristi, 2016. Rústica, 112 Págs. Bitono, 19,90 €

Parece que algunos géneros narrativos están estrechamente vinculados a periodos históricos muy concretos. Algunos inapelables son, por ejemplo, el western, que no tiene otra cabida en otro momento histórico, el género negro vinculado a los detectives imposibles del primer tercio de siglo XX en Estados Unidos o los ladrones de guante blanco hasta la mitad de ese siglo. En este último caso no solo cuenta el contexto histórico sino también los topos recreado para este.

Aunque posiblemente lo más importante en la construcción de este tipo de relatos es la elaboración de un tipo de personajes prototípicos que deben de jugar a la confusión con el lector a la vez de buscar la simpatía de este. Ese es el trámite inicial planteado por Jonathan Case para  El New Deal, obra que se desarrolla en los años 30 en uno de los lugares más glamurosos de Nueva York: el hotel Waldrof Astoria. Ese espacio definirá el relato en su integridad, ya que da lugar a la aparición de una serie de personajes prototipos que nos llevaran de la mano por el ambiente de una ciudad que solo veremos a través de unos cuantos espacio.

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El hotel es un topo que dará pie no solo al relato sino a mostrarnos la construcción social de la ciudad a través de las aspiraciones de una serie de personajes que tratan de superar el trance de ser esclavos de su condición laboral. Por un lado está Frank, uno de los botones del hotel, que trata de salir de la miseria a través de métodos míseros. No tiene mucha conciencia de lo que sucede a su alrededor lo cual provoca que se vea involucrado en todo tipo de problemas relacionados con el dinero. Frank está enamorado de Theresa una chica afroamericana que trabaja en el servicio de habitaciones, pero cuya mayor esperanza de sobrevivir a este mundo es convertirse en actriz. Pero entra en juego Nina Booth, personaje que sirve como catalizador a los dos anteriores para que estos se rebelen de una situación plana de la que no son capaces de escapar por sí mismos.

Pero El New Deal no es solo una obra de género que cumple sobradamente las expectativas. En esta se ponen de manifiesto valores de denuncia del clasismo y el racismo imperante en la época, y en la actualidad, en la que el glamur supone un sistema de estratificación cruel que se sustenta en inundar de brillos todo tipo de desigualdades sociales, en el que los que están por debajo se ven deslumbrados hasta tal punto de sentir más las desgracias de los poderosos que la de sus conciudadanos o las suyas propias. A pesar del happy end de la historia este es un tanto frustrante en su lectura socio-económica, Frank y Theresa han de dejar todo, incluso sus principios, para poder sustentar una forma de vida alejada basada en construcciones sociales basadas en la desigualdad.

@Mr_Miquelpg

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Cuando el presente adelanta al futuro

golem portadaGolem (Lorenzo Ceccotti). Sapristi Cómic, 2016. Rústica. 280 págs. Color. 21,90 €

Hay suficientes motivos económicos para saber que el brexit es una estupidez de proporciones como pocas veces hemos visto. Pero lo que realmente me preocupa a mí, a pesar de que profesionalmente la salida del Reino Unido del mercado único me toca de cerca, es la vertiente social del asunto. Primero porque demuestra que el ser humano no es bondadoso a nivel general y abstracto, cuando más debería serlo; y segundo porque demuestra que la democracia no funciona. El Reino Unido se va de Europa por los votos de personas mayores sin estudios que viven en zonas rurales, quienes menos tiempo vivirán con su decisión, quienes menos entienden el problema, y sobre todo quienes menos padecen un supuesto problema de inmigración. Prueba es que Londres, donde más debería ser el descontento contra una inmigración nociva, ha votado mayoritariamente quedarse. A veces votar es peligroso porque nos mostramos como lo que somos, y no es precisamente como hijos de la Ilustración, los movimientos sociales y la sociedad del bienestar.

Yo creía que esa Inglaterra, más que el propio Reino Unido, distópica y fascista, que pintaban los guionistas de cómic británicos durante los ochenta y principios de los noventa, era una respuesta virulenta al reinado de Thatcher, pero la actualidad más reciente les da un nuevo papel, como textos premonitorios de una sociedad donde la incultura y la xenobofia den lugar a una sociedad tan democrática como fascista. Así que leyendo Golem de Lorenzo Ceccotti no me queda más remedio que pararme a reflexionar de vez en cuando, a preguntarme si lo que leo es una crítica a nuestros días bajo el prisma de la ciencia-ficción, o si me hallo ante un texto premonitorio sobre no sólo la Italia del futuro, sino sobre la Europa que nos tocará vivir y dejar en herencia. Lo primero que llama la atención de Golem es su acabado artístico, la primera obra de Lorenzo Ceccotti, diseñador gráfico de profesión, es una declaración de intenciones sin paliativos, una experiencia visual que ya sólo por el trabajo artístico vaciado de trama merece la pena, pero que afortunadamente para el lector esconde ideas poderosas. Digo esconde porque los niveles de lectura de Golem son muchos y variados.

A un nivel superficial, podríamos defender a Golem como una obra de ciencia-ficción pura, una distopia aparentemente perfecta que esconde un corazón podrido. Por suerte para este cosmos de Europa de pasado mañana, existe un grupo de rebeldes y un chico elegido, todos fuente del conflicto y motores del cambio, que no buscan traer una vida mejor en el sentido mundano, sino una existencia más libre. El universo imaginado por Lorenzo Ceccotti podría definirse como una especie de dictadura comunista donde la base socialista se suplanta con el capitalismo, es decir, sus ciudadanos carecen de valores y viven encerrados en una aparente libertad donde el consumo suplanta a la igualdad. Asistimos a una especia de Un mundo feliz de Aldous Huxley pero más perturbador, porque la sensación de aparente bienestar es aún mayor. En la obra de Huxley bastan unas páginas para saber que ese mundo no es perfecto, en Golem necesitamos algo más, Lorenzo Ceccotti juega con nosotros enseñándonos algo que aparentemente deberíamos odiar, pero que nos cuesta comprender hasta que no entramos en sus engranajes profundos. Y quizás este sea uno de los pocos problemas de Golem, pues en cierto momento el autor rompe la poesía de la duda del buen ciudadano para entrar en la gesta de la acción y la revolución, convirtiendo su obra en un díptico.

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Esto no quiere decir en ningún momento que Golem pierda fuelle o contradiga su espíritu interno, pero si es cierto que hablamos de dos obras en una. Lo curioso es que se me hace complicado enfrentar las dos mitades, al menos en cuestión de calidad, porque ambas funcionan perfectamente. Cuando Lorenzo Ceccotti nos habla de política y sociedad, está claro que quiere plantear pregunta tras pregunta al lector, haciendo del consumo de su obra un enfrentamiento continuo al espejo de lo que sentimos y creemos. Pero cuando cambian las tornas y la acción toma el protagonismo de la obra, no podemos hablar de una traición al texto, pues toda violencia responde a las preguntas anteriormente planteadas. El lector puede empatizar más o menos con esos rebeldes dispuestos a salvar al mundo de si mismo, pero lo que no puede bajo ninguna circunstancia es negarles el valor de la coherencia. La espita se levanta, la bomba explota y la energía cinética toma el control de Golem.

Sí durante la reflexión el trabajo gráfico de Lorenzo Ceccotti funciona sabiendo plasmar vida a personajes y escenarios, durante la acción no se desenvuelve peor, haciendo de la línea y el movimiento una herramienta afilada y certera. Las referencias visuales del autor son tan variadas como en su guión, y del mismo modo consigue que todas cuadren hasta un estilo único puesto al servicio de la historia que se quiere contar. Tras una lectura de Golem es fácil encontrar autores y obras que han influenciado en su creación, pero no se puede negar que Lorenzo Ceccotti no se pierde en la referencialidad, consiguiendo en todo momento un estilo propio y reconocible, quizás más cercano al mundo de la ilustración y al grafismo que al cómic clásico, pero ya tocaba que la generación digital, los artistas que pueblan tumblr, nos regalaran una obra que nos hablara de ahora, de nosotros, y del futuro que nos espera. Un futuro que aún nos pertenece a pesar de lo idiota que somos, como bien demuestran las estadísticas.

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