Integración, clase social y arte contemporáneo

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Sadboi (Berliac). Sapristi cómic, 2017. Rústica, 144 págs. Azul y blanco, 16,90 €

Berliac maneja en Sadboi uno de los personajes arquetípicos que ha desarrollado en sus últimos trabajos. Un tipo del que no sabemos que pensar porque somos incapaces de adivinar que se le pasa por la cabeza, se mueve por unas pautas propias ajenas a la sociedad en la que se vive y sus acciones surgen a modo de acto reflejo de lo que se le ocurre en cada momento. Ciertamente podríamos definirlos como nihilistas, aunque en la mayoría de las ocasiones sus acciones repercuten de manera negativa sobre ellos mismos, de una forma o de otra. Pasa con el hijo que muestra apatía por su padre moribundo en Coinpusher, los personajes que recorren los relatos cortos que conforman Seinen Crap actúan de una manera incomprensible para el lector y en la reciente Asian Store Junkies los protagonistas son dos millenials obsesionados por la comida preparada que venden en supermercados asiáticos.

Aun así, con esos puntos de encuentro que podemos hallar a simple vista Sadboi es completamente diferente; mantiene ciertos elementos, pero el enfoque es mucho más actual, concreto y definido. Podemos encontrar referentes sobre los temas de trasfondo en cualquier tipo de noticia en prensa europea poniendo de relieve tres discursos base para establecer un relato crítico sobre la Europa contemporánea: la integración de migrantes no occidentales, el clasismo que surge del tema anterior y una reflexión sobre la función del arte contemporáneo y su función jerárquica.

Sadboi es un adolescente que llego de niño a Europa en una patera hasta llegar a parar al norte del continente, donde es acogido por un programa de protección e integración. El rechazo le lleva a convertirse en un delincuente de baja estofa que tras conocer a un agente de arte se dedica a ser artista. El personaje se convierte en el centro de atención de los medios por ser la imagen pública del programa de integración. Esta como un elemento que intenta borrar sutilmente, y a veces no tanto, pautas y comportamientos vinculados a los social y lo cultural del país de origen del protagonista. La integración, tal y como nos lo muestra el autor es una lobotomía que pretende convertir a Sadboi en un ciudadano ejemplar, más incluso que los locales, se le inculca que debe de seguir las reglas, más que sus conciudadanos, para no llamar la atención. Se busca una construcción para un tipo de persona al que seguramente no se le vayan a dar las mismas posibilidades que el resto. Todo disfrazado de cierta bondad paternalista. En el tramo final del relato Astrid, la encargada de supervisar la evolución de Sadboi dentro del programa, ante la pregunta de este de si ella le quiere a él ella le responde: “¡No te quiero tal y como eres!¡Te quiero tal y como querría que fueras!”. Es decir, se tolera a los extraños en función del nivel de construcción tutelada que nuestra sociedad permita sobre ellos para reformularlos como ciudadanos, que tiene que ser mejores pero que no se les va a permitir llegar a ciertos puestos sociales.

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Eso nos lleva a lo siguiente, el predefinir la clase social a la que debemos pertenecer los individuos. En ese pack que es el proceso de integración vienen incluido otro: situar dentro de una determinada clase social al ciudadano en cuestión. Eso consiste en adjudicarle unos valores de buen ciudadano y un techo de cristal que nunca podrán traspasar. Sadboi en su infancia es dado a diferentes casas de acogida, pero no acaba de encontrar su lugar, existe cierta imposibilidad por asumir valores que le son ajenos. Así pues, el protagonista decide encontrar su sitio convirtiéndose en una persona que contraviene todos los estatutos sociales. Se rebela de la integración asumiendo por completo el rol de un delincuente, contraviniendo las mentes bien pensantes de la izquierda que creen que todos los migrantes son buenos por naturaleza, y dándole la razón a la derecha más radical asumiendo la maldad intrínseca de los foráneos. De manera que Sadboi es una construcción social no ajena sino de sí mismo para el resto, asume su posición social reivindicándola a través de la violencia y el crimen.

Pero el protagonista decide, aunque sea de manera inconsciente, rebelarse también contra eso y dar un salto de clase a través del arte. La alta cultura contemporánea que implica que un autor este detrás para darle valor a la obra en cuestión, pone en la palestra al protagonista dentro de la sociedad en cuestión. El arte moderno le sirve de excusa para intervenir en el estado de las cosas; esto no es baladí, el arte que se vende en galerías está destinado a una clase social concreta y esta le permite a Sadboi adquirir una relevancia funcional para seguir actuando como un delincuente a través de una performance que llega a todos los medios de comunicación y que ayudará a descubrir toda la farsa social elaborada en torno a las formas en que los occidentales permitimos a foráneos de zonas poco privilegiadas acceder a nuestros privilegios.

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Sadboi es en esencia un cabrón porque lo ha decidido el mismo. Berliac opta por no victimizar a un personaje desposeído exonerando al contexto, la sociedad le ha dado las herramientas justas para que pueda ser en lo que se ha convertido, no hay nada más; no es ni un demonio ni el mal encarnado. Entre todo esto nos encontramos con la primera gran obra de este autor, aunque no es nada desdeñable todo lo que ha publicado anteriormente, en el que el apartado gráfico fascinante que está a la altura del relato y el discurso, el trazo limpio acentúa cierta sensación de extrañeza. En definitiva, obra de lectura obligatoria tanto por forma como por contenido de la que seguramente nos acordaremos cuando llegue el momento de las listas.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is pain #299: sociología del rock

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Heavy. Los chicos están mal (Miguel B. Núñez). Sapristi, 2017. Rústica, 184 págs. Color, 17,90€

Entre tanto revival descafeinado de los años ochenta uno tiene muchas veces dudas si algunas de las personas que escriben sobre estos temas vivieron en la misma década que yo. Los ochenta fueron lo que fueron, nos pillaron desprevenidos a todos incluso a los más niños. Todo era nuevo y todo estaba por inventar, pero nos entreteníamos con lo que teníamos y ya está. Me pregunto si muchos de los que no vivieron en ese periodo y sienten esta nostalgia artificial mediada por las ficciones contemporáneas soportarían vivir como vivíamos y como nos entreteníamos entonces.

Posiblemente la clave para entender correctamente una época relativamente cercana y recientemente distorsionada es la nostalgia. Pero no una artificiosa creada para entretener sino una narrada desde dentro. Esta tiene que pasar por el filtro de la microhistoria, para los adolescentes los grandes hitos históricos no son macro son micro: un concierto, una pelea, una película, una fiesta, etc. porque es cuando tenemos esos años que revelamos nuestro autentico ser vivimos para complacernos y para probar cosas nuevas, y de camino vamos comprobando como vamos gestionando las situaciones más peliagudas. Aquí entra en juego otro factor: la amistad. Esta que se genera a través del aburrimiento cuando no sabes que hacer y encuentras a personas en la misma situación. Son en esos años en los que posiblemente se construyen las amistades imperecederas y las que van a quedar en el recuerdo.

En Heavy. Los chicos están mal, continuación de Heavy 1986, Miguel B. Núñez le da más profundidad a estos conceptos integrando mucho más en la narrativa la cultura del heavy de los ochenta en la vida de los personajes dándole un valor intrínseco al relato. Aquí no cabe una nostalgia artificiosa sino una real de lo vivido y lo añorado con el tiempo, o lo que visto con distancia posiblemente fuese más trivial de lo que parecía en aquel momento. En esta continuación seguimos con el mismo grupo de amigos: Pepe, Adela, Suso, Marta, Richi, el Judas, etc. con ellos navegamos en algo que va mucho más allá de la idea trasnochada y vulgar de la tribu urbana vinculada a una serie de ritos violentos, es más el autor insiste a lo largo del volumen que eso era algo marginal y que no atañía a todas las tribus basadas en un origen musical.

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Con esta aproximación narrativa, que deja de lado el retro reconstruido, podemos observar como la música se convierte en un nexo capaz de crear amistades que superan todo tipo de fronteras. Las tribus urbanas de los ochenta se construían bajo una serie de parámetros muy concretos entre los cuales los pilares eran la música y la vestimenta. Ahí en ese punto el autor encuentra uno de los aciertos de este libro, el hacer una sociología del rock en la España de los ochenta, yendo mucho más allá de lo que podíamos encontrar en el primer volumen. Esta elaboración casi importada del ámbito anglosajón pero no ajena a la cultura de la dictadura tan solo recordar los incidentes causados por los Teddy Boys patrios o el primer concierto de Bill Halley en España, sin olvidarnos de las fans de Raphael y su poder de convocatoria. En Heavy. Los chicos están mal incide en la importancia que tuvo para esa juventud la militancia musical y estilística.

Miguel B. Nuñez ha apuntado mucho más alto en esta entrega que en la anterior, posiblemente porque los personajes están mucho más rodados, principalmente en la confluencia del relato personal con el de una cronología de la cultura popular del momento. Creo que es así como se gestiona la nostalgia, o al menos como debería hacerse. El autor nos habla de su experiencia personal, sus mutaciones, sus recomendaciones y de quienes fueron y son su ídolos; y todos sabemos la importancia de tener alguien a quien admirar con esas edades. Así pues si os gusto Heavy 1986 este os encantará, si el primero os dejó fríos este segundo os hará recuperar la esperanza sobre cómo se deberían narrar los ochenta, una década que nos pilla muy lejos pero que vivimos intensamente.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Nuestros miedos ocultos (Fran Krause)

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Nuestros miedos ocultos (Fran Krause). Sapristi, 2017. Rústica, 144 págs. Color, 15,95€

Fran Krause explica al principio de este volumen como el punto de partida del relato consistía en explicar sus miedos irracionales. Si el autor hubiese decidido seguir con esa línea de trabajo posiblemente estaríamos ante un trabajo diferente. Se denota pues la diferencia entre el relato personal e interior con el colectivo y global. La primera opción seguramente hubiese necesitado de un hilo argumental, saber de dónde vienen esos miedos, y eso posiblemente nos llevara a un tipo de slice of life: el autor frente a la hoja en blanco convirtiéndose esta en una confesora implacable. Pero la decisión del autor de no hablar de sus miedos, o no solo de estos, sino también del de los lectores hace que tengamos que dejar de lado la idea de trama argumental por una temática.

Los miedos son básicamente el reflejo, no tanto de aquello que tememos, sino de lo que la sociedad va inculcando. No tanto a un nivel macro como a un nivel micro. Esto es aquello que se nos inculca desde pequeños: desde tradiciones locales o familiares como situaciones próximas a nuestro hábitus. Este como un punto de partida en la conformación de la psique de las personas. Un evento traumático del pasado, un sueño repetitivo o una historia que corre de boca en boca pueden convertirse en un elemento que se inyecte en nuestra psique y convertirse en un miedo imposible de extraer de nuestros pensamientos.

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La decisión de Fran Krause de dejar el peso de lo personal al colectivo repercute en la mostración del origen y motivos de los miedos pero nos acerca a un cuento, o 101 microcuentos, a través del cual podemos explorar la experiencia personal de sentirse reflejado en los miedos de otros. A pesar de la variedad de los mismos podemos trazar una serie de líneas transversales que nos ayudan a encontrar aspectos comunes entre los diferentes microrrelatos. Hay una serie de temas en común: el doble maligno, muertes ridículas, presencias no físicas, el daño que nos pueden realizar terceras personas o tomarse al pie de la letra algunas creencias populares. Es decir todo aquello que escapa de nuestro propio control.

El autor opta, a pesar de lo macabro de algunas experiencias, por un dibujo no naïve pero si con un toque dulce. Esto puede ser tanto para llegar a un público más amplio o dulcificarlas y no basar el relato en algo truculento. Seguro que muchos lectores al igual que yo nos hemos reconocido en algunas de estas historias, lo cual nos puede ayudar, sin faltar el respeto hacia quien padece dichos miedos, a poner en cuestión los nuestros, de donde vienen y porque están ahí. Nuestros miedos ocultos es un relato ameno y divertido. Y que al igual que parte de la comunidad se puede leer, y casi sería lo aconsejable, en grupo, entre amigos y con algún desconocido, comentando cada uno de los miedos.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #294: Trump is different

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Presidente Trump (Pablo Ríos). Sapristi Cómic, 2016. Cartoné, 48 págs. B/N, 8,95 €

Da igual por la página que abras este libro. Casi con total seguridad el presidente Trump habrá hecho algo en los días anteriores para que la página elegida parezca escrita exprofeso para la última noticia relacionada con él. Pablo Ríos ha encontrado la fórmula perfecta para describir a un personaje que se define a sí mismo a través de trazos gordos, aparte de ser completamente icónico y reconocible a primera vista como si hubiese sido diseñado por uno de los dibujantes de los shows animados de Hannah-Barbera.

Ese es Trump. Puede parecer que lo cómico que se genera a su alrededor pueda parecer difícil hacer comedia a su costa. El autor malagueño da en el clavo cuando juega no solo con lo icónico y lo textual, extrayendo frases pronunciadas por este tipo, sino que las resitúa y las contextualiza en un nuevo entorno. Es decir, llega a crear un imaginario en torno a Trump con situaciones inverosímiles, en algunos casos posibles, y nos muestra la reacción que este puede llegar a tener en cada momento. Pero sin ser descabellado y estableciendo como campo de juego de la tira cómica limitando la iconicidad al despacho oval y a la persona ya reconvertida en personaje. Dentro de esos parámetros cualquier situación es posible, tal y como he planteado al principio. Lo irreal puede llegar a ser real. Por otro lado Trump es un personaje que le cabe todo, cualquier aspecto que se invente el mismo sobre su persona, o el imaginario colectivo, antes o después se hará realidad; no hace falta más que ver la cantidad de ficciones americanas que vaticinaron su ascenso político.

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Lo difícil de este volumen consiste en que no pierda la frescura del momento en el que fue publicado, algo que parece harto difícil a no ser que el presidente se reinvente como político y como persona. El formato de tira permite que se pueda leer y releer en cualquier momento sin ningún tipo de jerarquía narrativa. Pero eso si pide conocer un poco al personaje y estar aunque sea un mínimo al tanto de la actualidad política internacional, no como una obligación sino para sacarle más provecho al libro. El giro autoral de Pablo Ríos ha sido, no solo sorprendente sino que también bastante provechoso. Con un tipo de dibujo y de storytelling que parecía enfocado a obras con un desarrollo más extenso nos encontramos que con el formato más breve se crece captando no solo a antiguos lectores sino que por la temática engancha a nuevos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Tengo diez años y…

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 10 años (Riad Sattouf). Sapristi, 2017. Cartoné, 60 págs. Color, 15,90€.

Hace unos días en la entrada dedicada a Febrero para galgos de Peter Jojaio aventuramos las dificultades actuales para dibujar un relato sobre una infancia feliz, así a secas. Los espacios de la infancia han sido profanados por la tecnología, esto lo invade todo y nos solo eso, sino que tiene la capacidad de borrar todo rastro del pasado. El presente contemporáneo se narra en función de dos parámetros: presente y futuro. El pasado es cosa de viejos lo mismo que el día de ayer. Posiblemente sea tratar con excesiva lógica el devenir de una niña de 10 años pero sí que se manifiesta en el volumen analizado en esta entrada una deriva de las formas sociales y de la cultura que me hacen sentir, muy a mi pesar, más apocalíptico que integrado.

Dejando de lado la sensación que me causa la lectura de este volumen Riad Sattouf me parece que el autor se ha enmarcado en un experimento autoral y social más que interesante. La idea del creador francés parte de un encuentro que acaba fascinando a este. Sattouf establece una conversación con Esther, una niña hija de unos amigos suyos, y a partir de ahí este decide narrar las peripecias de esta en su entorno más inmediato: la escuela y el hogar familiar. La idea de Sattouf es entrañable y ambiciosa, este va a narrar, o al menos tiene la intención de hacerlo, 8 años de la vida de Esther, de los 10 a los 18 en 8 álbumes. Una idea que puede llegar a convertirse en el relato que nos haga entender a una generación.

Esto último es posible gracias a la omnipresente tecnología que beneficia la interconectividad y que no discrimina contenidos por edad. Esther representa a una generación que ha nacido con internet y que ni se plantean la posibilidad de una vida sin los contenidos en red, más bien supeditan sus interés culturales a estos. Eso plantea una vida real, u offline como ya dicen algunos, dependiente de lo virtual, algo que para la generación de la protagonista es ya imprescindible.

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Sattouf utiliza la inocencia del personaje para hablarnos de todo aquello que no cambia. La perspectiva de la infancia permite una distancia para hablar de todo ello, principalmente y lo que creo que es más interesante es el plantear una sociedad multicultural como la francesa en la que los modelos a imitar por los prepúberes son principalmente descendientes de migrantes, al igual que los referentes culturales de esta generación. Se plantea una diferencia entre el origen de los mismos que se soluciona redefiniendo la terminología, es decir los eufemismos al servicio de la convivencia. Los niños conviven a parte de la diferencia, de hecho los descendientes de franceses son los que buscan una identidad propia ya que sus compañeros descendientes de foráneos presumen de la suya.

Las cuestiones de género también se ponen manifiesto en los juegos de las niñas: mamas y papas, orfanato, modelos, etc. Nos habla de cierto condicionamiento que nace del cuidado extremo que tiene la familia sobre ella, la niña va a un centro educativo privado y el hijo va a un colegio público. Ese sobreproteccionismo paternalista puede apuntar hacia cierto dirigismo centrado en la actitud de la niña. El autor francés no deja de lado la oportunidad para hablar de la violencia en las aulas y la dificultad de la integración de algunos alumnos.

El primer volumen de Los cuadernos de Esther es un título que en esencia es tierno y que nos hace esbozar una sonrisa en cada página por lo entrañable de la protagonista. De tras de todo eso nos encontramos las dificultades del ser humano para encajar y la construcción de un yo que funcione con el resto de la comunidad, en el que la violencia y la discriminación son moneda de cambio. Esto nos obliga a hacer un análisis profundo sobre el condicionamiento de género en occidente. Dicho todo eso y dejando lado el trasfondo textual del relato esta primera entrega, podemos encontrar una idea transversal: cada infancia es única y se construye bajo los condicionantes sociales y culturales de un momento determinado de la historia. Ninguna es mejor que otra y a través de esta creamos nuestro imaginario personal que nos ayudará a desarrollarnos como adultos. Eso sí Riad Sattouf nos hace recordar lo complicados que son esos años en lo que todo es tan nuevo y a la vez tan viejo.

Más sobre Riad Sattouf en el blog:

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Relaciones humanas 2.0

algo-mas-que-amistad-coverAlgo más que amistad, algo menos que amor (Yumi Sakugawa). Sapristi Comic, 2016. Cartoné. 128 págs. Color. 11,90 €

La amistad es un constructo social complicado, quizás el más complicado. Dentro de las relaciones humanas, las familiares y las amorosas son fácilmente comprensibles, uno sabe a que atenerse, que esperar y que demandar. Nada está libre de discusión y acuerdo, pero más o menos uno sabe la diferencia entre una madre y un novio. El caso de un amigo es más complicado, porque si ya es difícil definir que es una pareja sentimental, debido sobre todo a las vaguedades y peculiaridades de cada uno, en el caso de la amistad todo alcanza un grado mucho mayor de individualidad y adaptabilidad.

Padre sólo se tiene uno, así que de una forma u otra tú te comportas con el tuyo como puedes y quieres, sin posibilidad de alternativas más allá de la evolución temporal. Con tu novia pues pasa algo parecido, con la diferencia de que puedes ir reseteando con el tiempo, todas las relaciones serán diferentes pero de algún modo tú funcionas como una pareja sentimental de una forma particular. Pero amigos tienes muchos, menos de los que crees pero más de los que te mereces, tranquilo, eso nos pasa a todos. Así que no es sólo cómo funciona tu relación de amistad con tus amigos, es cómo funciona con cada uno de ellos, porque padres sólo tienes uno, y pareja sentimental lo ideal es que tengas sólo de forma simultánea, o al menos es lo más común en nuestros días.

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Así que obras como Algo más que amistad, algo menos que amor de Yumi Sakugawa no pueden servir como guías o definiciones de lo que es la amistad. Nos encontramos simplemente con la definición, por parte de la autora, de un tipo de amistad concreta, pues es lógico que ni ella misma tenga ese tipo de relación con todas sus amistades. El cómic, o libro de ilustración si lo preferimos, es un fresco etéreo porque sólo sirve para definir una relación de amistad para la propia autora. Cada lector se enfrentará a la obra enfrentándola a sus propias amistades, encontrando lugares comunes y versos disonantes en la forma de entender cierto tipo de amistad, de relación humana entre iguales. En todo caso, lo que si se puede defender es la amistad descrita por Yumi Sakugawa, que expone una relación más allá de la mera amistad para jugar un partido de fútbol sala, ir al cine o echar una partida a Dragones & Mazmorras.

Existe esa belleza etérea en Algo más que amistad, algo menos que amor que puede pasarse de edulcorada, que puede dar la sensación de ser demasiado bonito. Pero por suerte, Yumi Sakugawa amarga lo suficiente el relato para que la lectura tenga las suficientes notas agrias y saladas, de modo que no tengamos la sensación en ningún momento de estar chupando una pastilla de sacarina. Aunque lo dulce existe y está presente, muy presente, desde el propio tema del cómic hasta como está contado, incluso el acabado gráfico pertenece a esa ilustración naïf millenial que no necesariamente es para todo el mundo. Yumi Sakugawa está muy conectada a su generación, es parte indisoluble de la generación tumblr, algo que vemos de forma tanto implícita como explícita en el cómic, haciendo de Algo más que amistad, algo menos que amor, una obra anclada en un tiempo y espacio concreto, que sirve tanto como obra generacional como descripción de un tiempo concreto. Es significativo incluso la génesis de la obra, que nace como cómic online en tumblr para pasar a publicarse en papel, más como un objeto fetichista que como un cómic al uso. El papel como historia de Algo más que amistad, algo menos que amor, ya se configura en la red, quedando la publicación en papel como la construcción de un objeto más estético y de posesión que como el vehículo inicial para su discurso.

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Si no pertenecemos a la generación de Yumi Sakugawa, o si pertenecemos a la misma pero nos movemos en otras construcciones mentales, Algo más que amistad, algo menos que amor puede parecer de difícil digestión, lo cual sería ante todo una equivocación, pues el cómic es toda una declaración de intenciones por parte de la autora, una desnudez absoluta de su alma, y aunque vivamos en melodías disonantes, el necesario ejercicio de entrada nos puede ayudar a percibir y entender otras formas de vivir y sentir. Es curioso, porque yo siendo un año menor que la autora me da la sensación de que habitamos mundos diferentes, que percibimos las cosas de formas contrarias, mientras que mi hermana, cuatro años menor que Yumi Sakugawa, establece una armonía total con la obra, desarrollando un diálogo de tú a tú total. Así que creo que Algo más que amistad, algo menos que amor es sobre todo una marca en el camino que define la amistad y al mismo tiempo a los usuarios de ese tipo de amistad.

@bartofg
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Vida de un artista

2383Munch. Una biografía (Giorgia Marras). Sapristi Cómic, 2016. Rústica. 120págs. Bitono. 16,90 €

El estudio biográfico de un artista es una actividad como mínimo peligrosa, peligrosa porque puede convertirse tanto en una aliada de la comprensión de la obra, como en una trampa de la que después ya es complicado escapar. Quizás el debate más básico sea qué hacer con un autor cuya obra posee una calidad y creatividad fuera de toda duda, mientras cuya personalidad, ideología o meras ideas, se presentan del todo como dignas de la más sincera repulsión. Hablando de una forma más sencilla, la duda es qué hacer cuando la obra es buena pero el artista es un gilipollas. Pero esto es sólo la punta visible del iceberg, pues el mero estudio del artista puede mostrarnos a una persona fría y apocada que resté fuerza a la obra, o por contra a alguien demasiado apasionado y tremendo que dé la impresión de que su obra es más fruta del azar que de la reflexión y la inteligencia.

Es peligroso conocer a los genios, pues nuestras filias y fobias sobre su persona alterarán sin duda nuestro parecer sobre su obra. Sin embargo, también están los casos en los que ese conocimiento, cuando obra y vida funcionan a la par, ayuda a profundizar en las notas y colores de la obra, siendo conscientes de que la obra es mera extensión de la existencia, cuando no directamente parte de la misma. La duda siempre está abierta, como bien sucede en Munch. Una biografía de la italiana Giorgia Marras, quién en su primera obra larga trata de enfrentarse al genio noruego, conocido principalmente por El grito, sin duda una de las pinturas que mejor ayudan a definir y entender lo que supuso el siglo XX para el ser humano. Tarea como se puede ver quizás titánica, posiblemente excesiva, pero de la que la autora consigue poner algunos puntos claros, optando más por la radiografía vital que por el recorrido biográfico.

El tiempo es importante en Munch. Una biografía, pero Giorgia Marras no se ata necesariamente a su avance inexorable, eso sí, sin recurrir en ningún momento a una estructura compleja o anárquica. La vida de Edvard Munch avanza a dos niveles, vamos saltando, siempre hacia delante, en la vida del pintor, mientras que al mismo tiempo tenemos rememoraciones de su vida pasada, de su juventud familiar. Estos saltos son básicos y necesarios, porque pocos autores se han visto tan marcados por su infancia como el propio Munch, persona que jamás podría dejar atrás los impactos vitales de sus primeros años, acontecimientos que le marcan de por vida, a él y  a su obra. Sucede lo mismo con la vida amorosa de Munch, una auténtica colección de fracasos y equívocos que le dejaran siempre con la miel en los labios y la tristeza no del desconocimiento, sino la agonía del saber que pudo ser para no serlo.

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No se puede negar ese paralelismo entre obra y vida, entre la desesperación muda que surge de los cuadros de Munch y la vida triste, sin posibilidad real de crítica, que se desprende en Munch. Un biografía. Por fortuna, Georgia Marras desempeña bien su labor y nos permite entrar en la vida del noruego, conociendo tanto lo que le formó en la niñez, como su juventud más activa antes de ser el pintor de talla mundial que es hoy en día. Una historia más trágica que dramática, con un destino cínico de alguien que quizás no fue un mendigo desgraciado, pero a quien sin duda se le negó en todo momento la posibilidad de la felicidad al mismo tiempo que la humanidad alcanzaba en cierto sentido su mayoría de edad. Un hombre que quiso ser libre y que quizás tuvo que pagar el precio de su propia infelicidad.

Si nos detenemos en el dibujo de Georgia Marras, observamos un trazo seguro que sabe modular el detalle con el fin de concentrarse en lo que quiere contar, influenciada más por el dibujo de la época en la que vivió el autor que por la obra artística del mismo, una decisión tan valiente como bien resuelta en Munch. Una biografía. Quizás lo menos reseñable de la obra sean los rostros de los personajes, momento en el que Georgia Marras parece abandonar su propio estilo para engarzar un trazo más propio del cómic oriental que del carboncillo que usa en el resto de la obra. En todo caso, tanto para los aficionados a Munch como los interesados en las obras biográficas, Munch. Una biografía es una obra más que a tener en cuenta, una forma de entrar en la obra del autor a través de su propia figura vital.

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