Spain is Pain # 312: Decoupage

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El ruido secreto (Roberto Massó). Spiderland/Sanke, 2017. Rústica, 64 págs. 2 tintas, 14 €

Por mucho que pese a las nuevas generaciones una de las coreografías más importantes de la historia del cine es la ejecutada por Loïe Fuller en los inicios del séptimo arte. Esta la ejecutaba delante de la cámara como un simple ejercicio para mostrar la capacidad de captar el movimiento sin nada alrededor o como parte de un microrrelato que servía como excusa para que la bailarina mostrase su técnica. Posiblemente Serpentina sea su danza más conocida, en la última década muchos Vj’s la han utilizado de manera simplona y arrítmica, pero, siempre hay uno, el baile de Fuller no necesitaba de música, y sigue sin necesitarlo, esta brotaba de las ondulaciones de los grandes volantes que componían el vestido. Eso es uno de los grandes paradigmas de ese cine primitivo y mudo que buscaba mostrar la importancia de transmitir sonido a través del silencio.

Creo que ese es uno de los principios conceptuales que Roberto Massó formula en El ruido secreto y que quizás mejor recoja la intención de la coreógrafa de apreciar los movimientos por si mismos, ya que ahí esta la esencia de su danza. Serpentina es el punto de partida de un relato casi mudo, en el que el autor decide desglosar los movimientos de la bailarina anónima que protagoniza el volumen a modo de decoupage cinematográfico. Empezamos por un plano general de situación, el escenario de un teatro en el que se va a desarrollar una ficción dentro de otra, para luego cerrar a un plano entero de la protagonista para luego centrarse en cada uno de las viñetas/fotogramas, poniéndolas en pausa para así poder ver las transformaciones. De ahí ver las mutaciones de los volantes: fuego, mariposas, serpientes, flores… estas reivindican la capacidad de la bailarina para crear con su movimiento, no solo música sino también una localización.

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Cuando la artista y el autor nos invitan a salir del marco que supone el escenario del teatro, un terreno ficcional acotado, lo hace a través de lo recreado en la primera parte del relato, la bailarina se adentra por los lugares producidos por la sinestesia de sus movimientos: una selva antediluviana, una gruta que parece recoger todos los temores del mundo, o una sala de espejos imposibles. Aquí se manifiestan como localizaciones extraídas de ese cine inicial que tenía que recoger toda idea que buscasen transmitir los realizadores en un plano en el cual se sintetizase todo aquello que deseaban contar. Es como si se tratase de resumir un género narrativo a través de un plano único. Massó aprovecha ese recurso a la perfección, vuelve a desglosar en otro sentido, los escenarios sugeridos en las primeras páginas a partir de diferentes los diferentes sujetos en los que se convierte la bailarina se convierte pasan a ser localizaciones diegéticas, la parte por el todo; las flores y la mariposa se refieren a la selva y las montañas a unas grutas que alojan unas figuras chinescas siniestras que son otra vez la manifestación de los miedos internos que empujarán más tarde a la bailarina a escapar y a acabar su baile figurativo.

Pero todo esto quizás no sean más que suposiciones, la obra de Roberto Massó está muy abierta para ser releída desde diferentes focos. Si en Medieval Rangers apostaba por una narratividad acotada a los círculos de la imaginería religiosa abierta totalmente a una lectura interpretativa y en Zona Hadal por un relato leve que nos invitaba a navegar por una liturgia con tintes científicos, en El ruido secreto el punto de partida es otro: una viñeta en la que la bailarina empieza a bailar. Y eso quizás sea mucho más sugerente que contarnos algo apoyado en el texto y en una narrativa de tres actos. Todo se inicia en el teatro con una bailarina en solitario y se cierra igual, el resto es fruto de nuestra imaginación, filtrada a través de la del autor. Los espacios generados por la danza juegan a cierta bidimensionalidad característica de ese medio en ese momento, y si me permiten con cierto regusto a El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920) donde la puesta en escena nos cuenta más que lo que sucede en primer plano. El ruido secreto pone de manifiesto los rasgos autorales de Massó: inquietud por la línea y las formas, personajes anónimos a los que el lector debe aportar parte de su experiencia personal para completarlos y un dibujo concreto pero que en conjunto se convierte en misterioso y complejo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is Pain #305: Navegando por una cartografía de la muerte.

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Zona hadal (Roberto Masso). Fosfatina, 2017. Rústica, 48 págs. Duotono, 12 €

A la hora de hacer una crítica uno tiene que valorar la importancia de desvelar elementos del relato que puedan disuadir, por conocimiento de algunos hechos, de la lectura del título en cuestión. Uno debe de valorar los pros y los contras de destripar los puntos de giro o escenas clave. Eso sería para relatos puramente convencionales en el que se siguen las pautas básicas de los tres actos en el que los puntos de giro están medidos al milímetro. Sin embargo, existen otro de tipo de relatos en el que la trama es un punto de partida y en el que los tres actos se disuelven para centrarse en una forma de contar que tiene que ver más con las sensaciones que causa la lectura que con lo que se está contando.

En Zona hadal Roberto Massó pone de relieve ese aspecto. La historia es bien sencilla: una tripulación de un submarino conduce al vehículo sumergible más allá de la zona abisal para enterrar a alguien. En ese sentido no hay nada más. Pero no hace más que ver la forma en que el autor indaga no solo en la forma sino también en los elementos que intervienen, y reimagina, de la liturgia funeraria. La misión en cuestión se convierte en una exaltación de la técnica en la que se mecaniza un entierro sin olvidar, ni dejar de lado, los aspectos rituales como las salvas de honor o un velatorio protagonizado por unos personajes con túnica que nos impele a pensar que a pesar de la técnica que rodea el entierro lo místico siempre estará presente, algo que al final se reitera modificando a las personas que velan por peces de la zona abisal.

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Como es evidente el relato de Massó es puramente vehicular, lo interesante está en la forma. La interacción de lo técnico de principalmente de la cartografía por la que se orientan los personajes nos lleva a pensar en Baudrillard, accedemos al territorio ignoto y desconocido a través de un mapa que se va reajustando hasta ofrecer una imagen clara para que esta pueda ser recorrida por los sepultureros. Dicha ingerencia narrativa tiene lugar tres veces: la primera, la que narrativamente es más asequible, aparece en las primeras páginas a través de un recorrido a las diferencias estancias del submarino; la segunda cuando Massó decide mostrarnos las imágenes del radar y como los parámetros del mismo se van formando, y la tercera cuando nos muestra un pequeño diccionario de vocabulario gestual para buzos. Algo que me recuerda al diccionario de ondas que Stanislaw Lem inserta en mitad de Solaris.

Dicha interacción entre formas de narrar busca, en cierta manera, mostrar la experiencia de los personajes, dejando de lado cualquier traza de subjetivismo y centrándose en lo estético en lo puramente hierático, algo que ya pudimos ver en Medieval Rangers, que tiene un frio anclaje en el texto. Este ex breve y escueto, pero no le hace falta nada más. Es mecánico cuando se ocupan de cuestiones técnicas y sereno cuando algún personaje muestra algún tipo de emoción.

Roberto Massó sigue en su línea de cómic experimental en el que sugiere más que cuenta y en el que lo narrativo se convierte en un elemento circunstancial, algo mínimo pero necesario, pero omite recovecos y cualquier otro aspecto que distraiga de la experiencia visual que supone cada una de las obras de este creador. La zona hadal es la parte del océano que se encuentra por debajo de la zona abisal, es posiblemente la zona más desconocida del planeta. En eso se apoya el autor para crear un mundo propio en el que la idea de mostrar lo inaudito se convierte en algo secundario frente a la voluntad y la tradición humana de enterrar a sus muertos. Nosotros como lectores nos fascinamos con el viaje, el recorrido, el radar, el submarino y el mar que se va transformando a medida que vamos adentrando cada vez a más profundidad.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #277: l’avant-garde, mon ami, l’avant-garde

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Hoodo Voodo (VVAA) Fosfatina, 2016. Rústica, 192 págs. Color, 30€

Las vanguardias artísticas son de por si elitistas ya sea  por cuestiones de acceso a la obra, de lo circunscrita que esta sea un circulo creativo u otro, incluso en ocasiones por el conocimiento que el espectador tenga de la obra del autor en cuestión. En todos los casos supone una ruptura con las formas más tradicional de cualquier arte, la ruptura implica un compromiso tanto por parte del autor, al cual se le “pide” que explique su obra tal como este entienda que tiene que hacerlo y a una audiencia que se involucre con la obra, no solo a un nivel de investigación, anterior o posterior, sino de dar su punto de vista aportar desde su background cultural que le permita asumir dicha ruptura, en cierta forma cerrarla. Y es que en las vanguardias la necesidad de entender una obra no tiene por qué ser precisamente obligatorio encontrarle un sentido. En gran medida porque este se abona cada vez más a implementar una distancia más larga entre forma y fondo, y a pesar de ello la mente humana se ve abocada de manera compulsiva a crear una narrativa a todo aquello que observamos o se plantea a nuestro alrededor.

En el ámbito del cómic la experimentación sobre la forma del relato es inherente al medio desde sus inicios. Las viñetas como forma de expresión estaban abonadas a rehacer cualquier hallazgo previo para llegar a una forma consensuada de estructuración y de pautas lingüísticas. Una vez establecido lo que el noveno arte va a ser, la experimentación, entiéndase como vanguardia, consiste en pervertir, transformar, rehacer todo aquello planteado como canon, o importar/exportar de/a otros artes para encontrar confluencias discursivas en las que ambas formas textuales se enfrentan

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En el caso de Hoodo Voodo se nos plantean otras cuestiones, pero la principal consistiría en definir que es el cómic de vanguardia. De hecho todo el volumen procura trazar una definición de esta tendencia del noveno arte. Sin embargo, gran parte de los integrantes de esta generación son autores que no se caracterizan por haber sido lectores asiduos de cómics o como mínimo alejados de los tebeos mainstream. Muchos vienen de los estudios de Bellas artes o de disciplinas, como la arquitectura, que en apariencia parecen alejadas de todo rasgo comiquero. Es decir, las nuevas direcciones que debe tomar el cómic  como tal viene dado en esencia por personas que tratan de buscar confluencias, encontrar a través de su experiencia personal, intelectual y cultural una definición propia del noveno arte, y que en la mayoría de ocasiones va  a partir desde fuera de este. A estas alturas aunque pueda ser considerado como algo estéril, podemos plantear otra duda ¿la vanguardia debe ser considerada como tal cuando es generada por autores del propio medio o cuando lo es por artistas ajenos a este?

Las editoriales como Fosfatina nos ayudan a resolver en parte esta pregunta, la publicación seriada de este cómic plantea otra escena muy diferente a la que estamos acostumbrados. Como esencia, y quizás como buque insignia, de su línea editorial Hoodo Voodo se erige como un ejemplo de las diferentes vertientes de ese nuevo cómic, inquietante e intrigante, que nos proporciona la oportunidad de hacer una panorámica global no solo a modo de catálogo de autores, sino también de formas de aproximación a todas las formas de interacción viñeta. Podemos encontrar historietas anarrativas en las que se realiza un acercamiento puramente estético pero en las cuales podemos encontrar evoluciones en ese apartado, pseudonarrativas, en las que una trama mínima busca da pie a la investigación sobre el personaje, puntos narrativos cero, otras en las que la forma es la clave para acceder al texto, etc. Aquí cabe todo, pero no cualquier cosa; los autores que participan en este volumen colectivo son: Roberto Massó, Andrés Magán, María Ramos, Nacho García, Begoña García-Alén, José JaJaJa, Alexis Nolla, Julia Huete, Los Bravú, Santi Z., Cynthia Alfonso, Óscar Raña, Conxita Herrero, Martín López Lam, Alejandro Gaudino, Ana Galvañ, Irkus M. Zeberio, Sergi Puyol, Roberta Vázquez, Cristina Daura y Luis Yang. Sin duda los más representativo y a tener en cuenta en este momento.

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En resumen, Hoodo Voodo es la mejor oportunidad para conocer el nuevo cómic nacional, un trabajo editorial impecable acompañado de dos imprescindibles introducciones de Octavio Beares y Gerardo Vilches que ponen el punto de partida necesario para poder abordar un volumen con la actitud necesaria para ser lo pretendido en un inicio. Esté título hace gala de ser una introducción a esta forma de entender las viñetas, pero que en ningún momento lo hace fácil. Está pensado para aquellos lectores más valientes, los que quieren que las páginas le den algo más que un texto ordenado cronológicamente, los que son capaces de deshacerse de las estructuras mentales de los tres actos y generar nuevas dinámicas de acción entorno a la estructura de la página. Es, en definitiva, uno de los títulos más imprescindibles de lo estos años y de los próximos, un punto de partida que nos permitirá con el tiempo evaluar el estado de nuestras viñetas. Imprescindible.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #202: Imaginería Sentai

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Medieval Rangers (Roberto Massó). DeHavilland, 2014. Cartoné, 64 págs. Color 24 €

Muchas veces me pregunto, sin ser experto en la materia, como se establece un sistema de creencias y como se desarrollan valores en torno a estas. Qué pasaría si de aquí a 300 años los únicos textos que quedan son, por ejemplo, trilogía original de Star Wars. Qué tipo de creencias se establecerían y que valores predominarían en una sociedad futura y que valor tendrían éstas obras, como se representarían o recrearían a lo largo de los tiempos. Está claro que dichos textos han de tener un trasfondo icónico muy fuerte.

Si algo tiene en común los textos seminales, sean de carácter religioso o político, es la eterna lucha entre el bien y el mal; un rasgo heredado en obras de ficción como la saga galáctica mencionada anteriormente, o El señor de los anillos, por mencionar un par de ejemplos. Esa parece ser la piedra angular en la elaboración de este tipo de relatos, algo que todo el mundo pueda entender. El bien y el mal es algo que icónicamente funciona muy bien en todas las culturas y es fácilmente reconocible. Cualquiera de nosotros podemos coger un texto ilustrado y sin entender lo que nos encontremos escrito podemos entender los valores intrínsecos al mensaje que se construye a través de la iconicidad de esos dos valores.

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Ese es el punto de inicio, o mejor dicho, el primer asidero al que nos agarramos en la lectura de Medieval Rangers de Roberto Massó, un códice moderno en la que la sempiterna lucha entre el bien y el mal es la narrativa principal pero no única. Esta se convierte en una doble articulación para elaborar un discurso sobre lo mencionado anteriormente sobre la creación de valores, jerarquía y superstición de una sociedad. Los arquetipos elaborados en torno a dicho discurso es la llegada de una “civilización” superior que impone su forma de vida a los nativos a base de torturas y sacrificios. La sociedad primigenia vive en el paraíso de ahí surgen cinco rangers, cada uno representativo de una serie de valores. Cinco suele ser el número de integrantes de las series sentai japonesas, en las cuales cada personaje encarna una serie de virtudes que aportan al grupo.

Los rangers con sus uniformes impolutos representan cierta pureza frente a la monstruosidad de la nueva civilización, que a la larga impondrá su cultura o puede ser un cuento moralizador sobre el bien y el mal y las argucias de este para vencer. Pero todo esto no son más que lecturas subjetivas, o pensamientos dichos en alto, el rasgo principal por el que se caracteriza esta obra es la apertura de interpretaciones la capacidad del autor para dejar una puerta abierta a través de una estética muy marcada en un alegórico enfrentamiento entre los héroes de los Power Rangers y los habitantes del putrefacto planeta de Prison Pitt. Todo descrito con una belleza equiparable a los antiguos códices, con una ventaja no hay texto que lastre la interpretación tan solo utilización de colores, actitudes de los personajes y la reacción que el lector pueda obtener de esta magnífica obra. Si es cómic o no lo dejamos de la mano de cada uno cuando de vosotros cuando recorráis sus páginas, lo que sí está claro es que la narrativa es prodigiosa: empieza por el planteamiento conceptual, el del texto como códice, pasa por el contexto icónico de los personajes, el fondo a modo de pergamino y acaba con la apertura del texto. Una joyita que no hay que dejar pasar.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo