Spain is Pain #283: ¡Tengo Rabo!

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Teen Wolf (VVAA). Fosfatina y Tik Tok, 2016. Cartoné, 116 págs. Color, 23 €

¿La nostalgia ochentera ha vuelto para quedarse? Pues no lo sé, pero parece, pero en ocasiones y por momentos pienso que ese acto de rememorar el pasado, ya sea como adolescente o niño, tiene un efecto colateral, rebatir y destruir los pocos rasgos de posmodernidad que quedan en la cultura popular contemporánea. La nostalgia de este tipo consiste en focalizar en un objeto considerado de culto para volcar toda la experiencia personal sobre este. Se trata de cosas (físicas, conceptuales, ideas, etc) que tienen el poder de ser intermediarios entre el espectador y en este caso una década. A parte de eso existe cierto revisionismo cultural que poco tiene que ver con la nostalgia y si más con las formas artísticas populares, ahí están como ejemplo grupos de música como El último vecino o series como Stranger Things.

El caso de Teen Wolf (Rod Daniel, 1985) es el de la típica película de Hollywood para adolescentes sin mayor pretensión que entretener a ciertos sectores de la audiencia. Es un cine que se convierte en obra de culto con el paso de los años y por la vinculación sentimental de los espectadores hacia este. Dicha experiencia se traslada al volumen que nos ocupa en la entrada de hoy Teen Wolf publicado por Fosfatina en el que nos encontramos con las autoras más representativos del cómic nacional contemporáneo. Este libro tiene varios puntos de partida; el primero es la nostalgia que en este caso consiste en reconocer y reutilizar aquellos elementos del texto primario, revisarlos y reconvertirlos bajo la experiencia personal propia. El segundo punto es el de una transposición pragmática que pasa por actualizar el texto y hacer que el protagonista pasa de ser un hombre a una mujer. O mejor dicho, tantas mujeres como autoras reescriben a través de sus propias visiones este icono del cine ochentero.

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Los relatos se circunscriben dentro de los relatos de aceptación e inadaptación a la condición lupina pero principalmente por llevar al ámbito de lo humano un personaje idealizado, si por un lado Scott Howard, era un personaje banal en el cual se concentraban todos los topos de la adolescencia, la inseguridad, los primeros amores y la popularidad en el insti, a lo cual se le sumaba el reconocimiento por ser un hombre lobo; por otro las autoras que componen este volumen colectivo exploran no solo a ese personaje concreto sino todas las opciones del mismo con todos los matices posibles.

En Teen Wolf cada uno de los relatos focaliza en un aspecto concreto, en un matiz que ayuda a torcer el sentido de la obra original nos reencontramos, quizás, con nosotros mismos y con una forma de entender una década, desde el presente, sin nostalgias peyorativas hacia lo contemporáneo y la forma de entender las formas culturales actuales, a través de diferentes estéticas, formas y contenidos que se reescriben en cuentos breves que parten de un lugar común concreto.

Las autoras que componen este volumen son: María Herreros, Inma Lorente, María Ramos, Laura Castelló, Inés Casarejos, Powerpaola, Mirena Ossorno, Tana Oshima, Los Bravú, Miriam Persand, Roberta Vázquez, Mireia Pérez, Anabel Colazo, Klari Moreno, Ada Díez, Ana Galvañ, Alixe Lobato, Lilines Tximinika, Óscar Chíviri y Carmen Segovia.

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Spain is Pain #277: l’avant-garde, mon ami, l’avant-garde

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Hoodo Voodo (VVAA) Fosfatina, 2016. Rústica, 192 págs. Color, 30€

Las vanguardias artísticas son de por si elitistas ya sea  por cuestiones de acceso a la obra, de lo circunscrita que esta sea un circulo creativo u otro, incluso en ocasiones por el conocimiento que el espectador tenga de la obra del autor en cuestión. En todos los casos supone una ruptura con las formas más tradicional de cualquier arte, la ruptura implica un compromiso tanto por parte del autor, al cual se le “pide” que explique su obra tal como este entienda que tiene que hacerlo y a una audiencia que se involucre con la obra, no solo a un nivel de investigación, anterior o posterior, sino de dar su punto de vista aportar desde su background cultural que le permita asumir dicha ruptura, en cierta forma cerrarla. Y es que en las vanguardias la necesidad de entender una obra no tiene por qué ser precisamente obligatorio encontrarle un sentido. En gran medida porque este se abona cada vez más a implementar una distancia más larga entre forma y fondo, y a pesar de ello la mente humana se ve abocada de manera compulsiva a crear una narrativa a todo aquello que observamos o se plantea a nuestro alrededor.

En el ámbito del cómic la experimentación sobre la forma del relato es inherente al medio desde sus inicios. Las viñetas como forma de expresión estaban abonadas a rehacer cualquier hallazgo previo para llegar a una forma consensuada de estructuración y de pautas lingüísticas. Una vez establecido lo que el noveno arte va a ser, la experimentación, entiéndase como vanguardia, consiste en pervertir, transformar, rehacer todo aquello planteado como canon, o importar/exportar de/a otros artes para encontrar confluencias discursivas en las que ambas formas textuales se enfrentan

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En el caso de Hoodo Voodo se nos plantean otras cuestiones, pero la principal consistiría en definir que es el cómic de vanguardia. De hecho todo el volumen procura trazar una definición de esta tendencia del noveno arte. Sin embargo, gran parte de los integrantes de esta generación son autores que no se caracterizan por haber sido lectores asiduos de cómics o como mínimo alejados de los tebeos mainstream. Muchos vienen de los estudios de Bellas artes o de disciplinas, como la arquitectura, que en apariencia parecen alejadas de todo rasgo comiquero. Es decir, las nuevas direcciones que debe tomar el cómic  como tal viene dado en esencia por personas que tratan de buscar confluencias, encontrar a través de su experiencia personal, intelectual y cultural una definición propia del noveno arte, y que en la mayoría de ocasiones va  a partir desde fuera de este. A estas alturas aunque pueda ser considerado como algo estéril, podemos plantear otra duda ¿la vanguardia debe ser considerada como tal cuando es generada por autores del propio medio o cuando lo es por artistas ajenos a este?

Las editoriales como Fosfatina nos ayudan a resolver en parte esta pregunta, la publicación seriada de este cómic plantea otra escena muy diferente a la que estamos acostumbrados. Como esencia, y quizás como buque insignia, de su línea editorial Hoodo Voodo se erige como un ejemplo de las diferentes vertientes de ese nuevo cómic, inquietante e intrigante, que nos proporciona la oportunidad de hacer una panorámica global no solo a modo de catálogo de autores, sino también de formas de aproximación a todas las formas de interacción viñeta. Podemos encontrar historietas anarrativas en las que se realiza un acercamiento puramente estético pero en las cuales podemos encontrar evoluciones en ese apartado, pseudonarrativas, en las que una trama mínima busca da pie a la investigación sobre el personaje, puntos narrativos cero, otras en las que la forma es la clave para acceder al texto, etc. Aquí cabe todo, pero no cualquier cosa; los autores que participan en este volumen colectivo son: Roberto Massó, Andrés Magán, María Ramos, Nacho García, Begoña García-Alén, José JaJaJa, Alexis Nolla, Julia Huete, Los Bravú, Santi Z., Cynthia Alfonso, Óscar Raña, Conxita Herrero, Martín López Lam, Alejandro Gaudino, Ana Galvañ, Irkus M. Zeberio, Sergi Puyol, Roberta Vázquez, Cristina Daura y Luis Yang. Sin duda los más representativo y a tener en cuenta en este momento.

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En resumen, Hoodo Voodo es la mejor oportunidad para conocer el nuevo cómic nacional, un trabajo editorial impecable acompañado de dos imprescindibles introducciones de Octavio Beares y Gerardo Vilches que ponen el punto de partida necesario para poder abordar un volumen con la actitud necesaria para ser lo pretendido en un inicio. Esté título hace gala de ser una introducción a esta forma de entender las viñetas, pero que en ningún momento lo hace fácil. Está pensado para aquellos lectores más valientes, los que quieren que las páginas le den algo más que un texto ordenado cronológicamente, los que son capaces de deshacerse de las estructuras mentales de los tres actos y generar nuevas dinámicas de acción entorno a la estructura de la página. Es, en definitiva, uno de los títulos más imprescindibles de lo estos años y de los próximos, un punto de partida que nos permitirá con el tiempo evaluar el estado de nuestras viñetas. Imprescindible.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #207: El Kovra es un animal salvaje

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Kovra 6 (VV AA). Ediciones Valientes, 2015. Rústica.224 págs. B/N. 15 €

Muchas veces nos olvidamos que los fanzines deben ser como animales indomables en los que caben contenidos que o bien no tendrían lugar en otro tipo de publicaciones o que no están pensados para públicos demasiado amplios. A día de hoy nos encontramos con dos tipos de fanzines según el formato: aquellos hechos de a base de fotocopias y grapas, y los que están editados con mimo, y a veces con más gusto con el que lo hacen algunas editoriales profesionales. En la mayoría de ocasiones en la forma está el fondo y los fanzines de grapa juegan con esa estética formal y esta se transfiere al interior de sus páginas.

En el caso del Kovra se establece un juego entre forma y fondo. La forma es exquisita, una edición impecable que contiene un monstruo en su interior, los contenidos de esta publicación se sitúan entre aquello que supuestamente encontraríamos en los fanzines de grapa y los contenidos del fanzine más innovador. Desde  hace años esta publicación ha presentado la apertura del cómic como medio cubriendo un hueco esencial para que los nuevos valores se den a conocer, o de aquellos autores que hacen del cómic medio y fin, el cómic por el cómic, como forma de expresión y quizás sin la aspiración a poder vivir de este.

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El Kovra se presenta a bocajarro sin una editorial lo cual es perfecto para entrar sin saber que encontrarnos y recibir un bofetón en nuestras retinas. Los contenidos se dividen básicamente en dos bloques: de carácter narrativo y los anarrativos o experimentales; aunque la mayoría se mueven a medio camino de ambas tendencias. De la casi treintena de autores que participan en este número me han parecido los más destacables: Andrés Magán con una historia mínima absurda, pero rica en la línea de las aparecidas en Grisa Zono, Carlos Gonzalez Boy con unas micronarrativas basadas en la forma y la estética, el exceso en el trabajo de Diego Gerlach , Berliach con una historia sobre el rencor y la resignación, la suciedad en la historia de Abraham Díaz, lo esteta en Carles G.O’D, Martin López Lam una historia sobre la amistad y las consideraciones en torno a esta, Laura Höldein con una historia cruda, Amanda Baeza ahondado en lo experimental, Agnieszka Piksa que utiliza la fotografía como intervención en vez de ilustración y Ulli Lust con la que quizás sea la historia más narrativa de todas.

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Posiblemente  lo más interesante aparte de los gustos personales, una de las ventajas de esta publicación es que cada lector puede hacer su lista de favoritos, es la capacidad de compilar diferentes tendencias y mostrar el panorama del cómic a nivel underground de hoy día. El Kovra es una representación de la viñeta como un medio sin fronteras, desprejuiciado que deja de lado las categorías y las clasificaciones, presentando una visión del mundo única e intratable. Sin Kovra no se entiende el panorama actual del cómic a nivel internacional, un imprescindible.

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