Spain is Pain #346: Objetivo Hedy Lamarr de Ángel Muñoz, Ricardo Vilbor y Abel Pajares

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Objetivo Hedy Lamarr (Ángel Muñoz, Ricardo Vilbor y Abel Pajares). Grafito Editorial, 2019. Rústica, 104 págs. Color, 16€.

Desde hace algún tiempo existe un afán de recuperación de aquellos investigadores anónimos que en el pasado desarrollaron, y en muchas ocasiones patentaron, inventos que pasaron desapercibidos o que tuvieron relevancia décadas después. Habitualmente en esta labor de recuperación nos encontramos a muchas mujeres que en el pasado fueron silenciadas o que simplemente se les robo su invento o descubrimiento. Luego hay casos que van más allá de los prototipos habituales de investigadoras o inventoras que son reconocidas por una faceta de su vida, pero que cuesta reconocerles otras. Ese es el caso de Hedy Lamarr, gran estrella del Hollywood clásico que desarrollo un sistema para el control de torpedos que cambiaría el destino de la II Guerra Mundial y que sentaría las bases científicas del Wifi.

Los autores de Objetivo Hedy Lamarr optan por hablar de la actriz/inventora no desde el clásico relato en el que se narra la vida y milagros de la misma, sino desde una ficción creada en torno a sus dos vertientes personales. Para ello inciden es aspectos reales de su vida, por un lado, la actriz, la gran estrella de Hollywood que se encuentra filmando una escena de Sanson y Dalila, y nos narra los orígenes profesionales de ella en la Alemania nazi. En mitad de ese rodaje un extra intenta asesinarla. Ahí comienza la ficción en la que se inserta la realidad de Lamarr, representada por el sistema de comunicación de los torpedos desarrollado por la actriz, como leitmotiv que mueve el relato de ficción, en el que unos insfiltrados alemanes desean hacerse con los planos del invento. Lamarr, George Antheil y la agente Smith, protectora de la actriz, intenta huir del estudio y recuperar los planos que están en casa de George.

El relato es una huida hacia delante una historia que camina a medio camino entre la novela negra y de acción. Pero es también, en el aspecto visual un viaje nostálgico a ese mágico mundo del cine de finales de los años cuarenta. En ese sentido estamos ante un cómic muy atractivo, en cuanto al dibujo de Angel Muñoz, limpio, ágil y dinámico es uno de los mayores atractivos del volumen.  Pero no debemos olvidar la doble vida de Lamarr, eso se traslada a este cómic, por un lado, está esa ficción pura y dura enfocada hacia el relato lúdico, pero por otro nos encontramos al personaje real y y subiografia personal. Resumiendo, un tebeo que cumple dos funciones, la primera didáctica, el reconocer la historia desde otros puntos de vista, y la segunda entretener. Y en ambos casos funciona a la perfección.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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El imposible descanso del guerrero

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Carroñero (Ricardo Vilbor y Vicente Montalbá). La Cúpula, 2015. Rústica. 144 págs. ByN. 16,50 €

Uno de los últimos episodios de la serie Juego de Tronos parece haber levantado más polémica de la que habitualmente protagoniza la ficción. Todo a relación de una escena en la que asistimos a la violación de una de sus protagonistas. Muchos fans parecen no haber sido capaces de asimilar la escena, no sólo por la violencia inherente del acto, sino por ser la víctima quien es. Para mí la escena no es sólo pertinente, ya que la considero incluso necesaria, pues responde perfectamente a una de las máximas de la serie, atacar a los estereotipos de la fantasía heroica. Pues no nos engañemos, en la guerra la violencia es un elemento básico, incluida la violencia sexual.

Ningún héroe llega en el último momento para evitar la violación, la damisela en apuros no es rescatada con la ropa rasgada mientras que su agresor acaba con una espada clavada en las tripas. La violación acaba con la victima destrozada y el criminal queda impune, al menos de momento, como desgraciadamente sucede en la vida real. La cultura debería servir para esto, no sólo para entretener, también para hacernos reflexionar y para recibir algún que otro baño de realidad. Este ejercicio también se lleva a cabo en Carroñero, el cómic de Ricardo Vilbor y Vicente Montalbá, la aventura crepuscular de un antiguo héroe en un mundo medieval azotado por la guerra. Pero cuando hablamos de crepuscular no nos referimos a un homenaje al héroe en sus últimos días, si no al acercamiento realista a un hombre vencido por la vida, incapaz de adaptarse a la vida civil y condenado a vivir condenado a tener siempre una espada en la mano.

La historia de Carroñero es la de Khanis Fhou, un héroe que ha prestado su espada a los más grandes imperios para terminar los días siendo un mero ladrón que rapiña lo que puede mientras los estados de Tarsis y Krieg se desangran mutuamente en una guerra sin piedad. Ricardo Vilbor toma de partida esta historia, casi cliché, dentro de la fantasía para darle un lavado de barro y mugre hasta convertir a su héroe en el feliz propietario de defectos tan comunes como la avaricia o la cólera, algo que no sería tan malo si no estuvieran marinadas con un leve toque de bondad y remordimientos. De este modo, Ricardo Vilbor crea un personaje complejo que a veces despierta nuestro mayor desprecio para poco después ser digno de toda nuestra lástima. Al final, Khanis Fhou, el Mastín, no es más que un pobre hombre atrapado dentro de su propia vida, atado por recuerdos dolorosos que le castigan a una vida donde la redención no es una opción aplicable.

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Pero Carroñero no es sólo un estudio de un personaje complejo y redondo, también es una representación que busca realismo en el universo ficticio creado por Ricardo Vilbor, que trata de darle una lógica al mundo de Khanis Fhou, intentando que las naciones y sus habitantes se alejen del feudalismo utópico propio de universos como el de Dragones y Mazmorras. Tarsis es un país dominado por la religión más fanática mientras que Krieg es un imperio dominado por gobernantes crueles y despóticos. De este modo nadie es bueno en Carroñero, su protagonista es una hijo de puta atrapado entre dos naciones en guerra igual de nefastas. Aunque es cierto que en la segunda mitad de la obra, cuando cierta crítica social se hace demasiado obvia, Carroñero pierde cierta fuerza, al pasar casi de una fantasía heroica oscura a una parodia de la política actual española. Que nadie me malinterprete, la crítica social presentada por Ricardo Vilbor es tan pertinente como necesaria, aunque rompe la descripción de su héroe para entrar en otro terreno ajeno. Por suerte, el guionista recupera rápido lo que quiere contar y termina Carroñero con un final por todo lo alto y acorde al tono general de la obra, duro y violento, pero también triste e incluso melancólico.

Se puede decir que Ricardo Vilbor sale bien parado de su aventura en Carroñero, en gran parte gracias al trabajo artístico de Vicente Montalbá, pues tras leer el volumen se hace difícil imaginar un dibujo diferente para la historia de Khanis Fhou. El notable feísmo de Vicente Montalbá es el perfecto escenario para los guiones de Ricardo Vilbor, ya que esos claroscuros hacen más profunda la oscuridad de la historia y dan una capa de mugre extra que ayuda a afianzar las ideas que transmite el guión. Especial atención me merece el diseño de Khanis Fhou, que queda perfectamente representado como lo que es, un antiguo héroe rebajado a borracho, Vicente Montalbá muestra sin paliativos la degradación de su héroe, dejando claro en sus primeros planos toda la carga de una vida tan indómita como estúpida, llena de las cicatrices de la fama perdida y la violencia recibida.

@bartofg
@lectorbicefalo

Spain is Pain #216: Todos a la cárcel.

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Chorizos, Atraco a la española (Ricardo Vilbor y Ricar González) Grafito Editorial, 2015. Rústica, 144 págs. Color, 17 € (papel) / 2,50 € (digital)

No es difícil en la situación política actual establecer líneas de conexión con cualquiera de las películas del grandísimo Luis García Berlanga. El realizador valenciano tenía la capacidad de recoger la esencia de lo español para hacer unos relatos que eran más verdad que la realidad misma No me refiero al buenismo costumbrista de Bienvenido Mr. Marshall, sino a la que da título a esta entrada, la trilogía de La escopeta nacional y, mi favorita, Los jueves, Milagro, una cinta en la que las fuerzas vivas del pueblo deciden timar a la gente con una falsa aparición religiosa.

Tampoco es difícil establecer lazos entre cualquiera de las obras citadas con Chorizos, Atraco a la española de Ricardo Vilbor y Ricar González, si bien en esta obra el costumbrismo coral se funde con el de una investigación policial que sirve para explicar la historia en un flashback. La idea es la misma que tenía Berlanga hablar de la sociedad española a partir de ella misma, sin inventarse nada, reflejando los hábitos y las formas que se supone que nos identifican como país, que son todos aquellos que repudiamos y rechazamos en el resto de conciudadanos. Como ejemplo la escena del autobús en la primera páginas en la que todos los protagonistas despliegan lo mejor de sí para escaquearse, colarse, no pagar, etc. pura cotidianeidad.

Me viene ni que pintado hablar de este cómic ahora en periodo de elecciones, para decir que tenemos los políticos que nos merecemos. Y esto queda reflejado en el personaje de Manolo Terroba, este representa lo peor de lo peor de la esencia de la clase política de este país, carente de creencias, ideología, empatía social o de ser un servidor público para con el resto de ciudadanos. Los autores han hecho un personaje chabacano carente de gracia, un hijo de puta en toda regla del cual sabemos desde el principio que va a traicionar a todos aquellos a los que involucra en sus acciones, generalmente ilegales.

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A pesar de que  Chorizos conservar una estructura de género, en el que un grupo de españoles es reclutado para hacer el robo del siglo en Montecarlo, respeta también las pautas del relato costumbrista y la comedia. Sin embargo, todo está rodeado de una hálito de una crónica social que comprime lo que ha sido lo última década en este país. De ahí que los autores no dejen escapar la oportunidad de hacer múltiples cameos que van desde políticos internacionales como Bush, Blair, Merkel o Sarkozy, sin olvidarse de lo mejor de los españoles como Aznar o Felipe González, o actores fantoches con doble moral. Pero no solo se mete con la élite: los sindicatos, los trabajadores, los hijos que se aprovechan de los padres, los padres que se aprovechan de los hijos, al trabajador complaciente y al falsamente reivindicativo. Ricardo Vilbor y Ricar González dan palos a todo el mundo y eso me gusta, me gusta mucho. Porque no hay cosa más española que echarle la culpa a otros y no hacerse responsable de nada. Manolo Terroba es un cabrón sin corazón, protagonista de cualquiera de los casos de corrupción que inundan nuestro país. Si El tesorero de Ibáñez es una oportunidad perdida, Chorizos es todo lo contrario, los autores trabajan una formula en la que se muestra que se puede entretener haciendo crítica a un país sin ahondar en los facilones recursos del falso relato social.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo