Futuro reciente

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IAN (Integral) (Fabien Vehlman y Ralph Meyer). Spaceman Books, 2015. Cartoné, 208 págs. Color, 35€

No nos engañemos, el futuro ya está aquí. La intersección entre realidad y tecnologías futuras se vive en el presente. No hace falta irse muy lejos para ver como las herramientas de acceso a contenidos informativos han evolucionado en los últimos 15 años. Recientemente, este fin de semana pasado, he asistido a algunas conferencias del EBE (Evento Blog España) en las que se hablaba del pasado en función de las expectativas que se han creado en los últimos años, la conclusión obtenida es la misma que tuve tras ver la hiperclasista Her (Spike Jonze, 2013): el futuro hipertecnológico será tan solo para unos pocos. En el uso de tecnologías futuribles convivirán diferentes tecnologías al mismo tiempo, no todos será tan unificado como se nos suele mostrar.

En esa onda de representación opera IAN, título compuesto por cuatro álbumes, en el que el primero se diferencia completamente del resto de la colección. IAN es un androide con una inteligencia artificial emocional y que aprende a través de su experiencia con los humanos, con la característica que el crecimiento intelectual se corresponde con el de la edad que tiene el robot en ese momento. Vehlman y Meyer plantean un universo muy diferenciado entre estas cuatro obras. El primer álbum, titulado “El mono eléctrico”, define alguna de las pautas sociales en las el ser artificial protagonista va a tener que desarrollar sus habilidades, sin embargo, se sitúa en un género completamente diferente al del resto de volúmenes. “El mono eléctrico” es un relato de aventuras y acción a través del cual se inicia la socialización de IAN con un grupo de operaciones especiales en una misión de rescate en Siberia.

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Si bien el emplazamiento de un protagonista de este tipo parece encajar en el género de la primera aventura es en las tres siguientes, “Lecciones oscuras”, “Blitzkrieg” y “Metanoia”, ubicadas no tanto en la aventura futurista tal cual sino en las disquisiciones morales que surgen a partir de la construcción de un individuo de este tipo. La acción se desarrolla en Los Ángeles, un crisol de culturas pero también de clases sociales que están a punto de reventar el statu quo. En mitad de eso se encuentra IAN con una mentalidad cuasi infantil en cuanto a la percepción del bien y del mal, perseguido por la sociedad a la que debe proteger. En este contexto IAN se convierte en un ser maldito tanto por parte de los luditas como de aquellos creyentes de alguna fe lo consideran una aberración.

IAN es ante todo una aventura emocionante de un ser que trata de sobrevivir a algo que no comprende: los humanos. Aunque también su inconsciente, que no puede controlar, se convierte en su enemigo. De ahí parte su ferocidad en el combate, nacida de una evolución que él no ha experimentado en primera persona, sino que ha sido implementada en su memoria. Pocos relatos reflejan la frustración en el uso de las tecnologías, no solo mostrando las desigualdades sociales que estas generan sino que parte de un protagonista que no entiende su función en la civilización que habita.  Una historia que se acerca mucho a lo que esta por venir.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

El juego de la literatura

pagnegra portPágina negra (Frank Giroux, Denis Lapière y Ralph Meyer). Spaceman Books, 2015. Cartoné. 120 págs. Color. 25 €

Los juegos metaliterarios son casi tan antiguos como la propia literatura, es probable que el nacimiento de la ficción se diera cuando unos de aquellos protonarradores pensara que su historia sobre la caza de un mamut no era todo lo interesante que debía. Quizás si el jefe de los cazadores fue herido durante la contienda, y tuvo que acabar con la bestia sólo con media lanza, la narración sería de más agrado para el público. Entonces la mentira tomo su lugar eclipsando a la verdad. Después, con los agotamientos cíclicos de la mentira, se recurre habitualmente a la no-ficción para dar más interés a las historias, con ese gran eslogan “basado en hechos reales”. Aunque claro, todo vuelve a complicarse, siendo el sino de nuestros días, y la no-ficción se convierte en una nueva ficción estética para jugar con el espectador nuevamente.

No nos referimos con esto sólo a obras como El proyecto de la Bruja de Blair, pues ya El Quijote hacia referencia al despiste, vendiéndose como una rara conjunción donde realidad y literatura bailan un extraño vals para disfrute y engaño del lector. En cierta forma esto es algo parecido a lo que encontramos en el cómic Página negra, escrito por Frank Giroud y Denis Lapière, dibujado por Ralph Meyer, y coloreado por este último y Caroline Delabie. En su nivel más superficial, Página negra es un thriller de misterio en el sentido más puro y aséptico. Por un lado tenemos a Kerry Stevens, una periodista literaria obsesionada con conocer la verdadera identidad de Carson McNeal, un escritor misterioso que rehuye a la prensa hasta el punto de que ni siquiera se conoce su aspecto físico. Por el otro lado tenemos a Afia Maadour, una refugiada palestina en Beirut que tuvo que soportar la parte más dura de la Guerra del Líbano hasta que pudo refugiarse en Francia, donde la vida no fue más sencilla. Estos tres personajes se relacionan de forma constante aunque por caminos muy separados, ya que Afia es la protagonista de la última novela de Carson, el objeto más preciado por Kerry.

Nos encontramos con tres estereotipos muy transitados. Kerry es la chica intrépida dispuesta a todo por una buena historia. Carson es el reflejo de un intelectual obrero llevado al extremo, como un Cormac McCarthy o Thomas Ligotti al límite. Afia es la chica que tras una infancia atroz termina cayendo en la prostitución y las drogas, pudiendo sobrevivir gracias a una rabia y nobleza interior casi animal. Pero poco importan el origen o planteamiento inicial que Frank Giroud y Denis Lapière dan a su trío de protagonistas, pues la verdadera puesta en valor de Página negra llega con la relación entre los mismos y el propio desarrollo de la historia. Es notable como los guionistas no necesitan recurrir a la violencia cruda para llenar de intensidad la trama de su cómic. Todo está muy bien calculado y los personajes se van transformando para pasar desde sus primeros planteamientos como arquetipos hasta ganar una redondez y profundidad más allá del yo soy así porque me pasó tal. No se puede dejar de lado el hecho de que Página negra es ante todo un juego y un engaño, una historia totalmente lineal donde los narradores van jugando continuamente con las expectativas del lector.

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Así que lo mejor es no entrar en detalles sobre el devenir de Página negra para que el lector pueda llegar lo más virginal posible, disfrutando de cada quiebro referencial en la trama y de los varios niveles de juego que plantean Giroux y Lapière. Leer Página negra es saber que uno se tiene que dejar llevar durante el baile, pues aunque todo parezca obvio, sus autores esconden los artificios a plena luz. En parte, todo esto no se podría llevar a cabo sin el dibujo de Ralph Meyer, que con una línea clara, tan simple como libre, consigue llenar de efectividad cada viñeta. Su dibujo es casi cinematográfico en su concepción, haciendo que los personajes tengan la dureza propia del realismo pero los suficientes resquicios como para llenar de intensidad, dinamismo, e incluso ternura, su actuación. De este modo, nos encontramos con una puesta en escena casi escueta donde se sacrifica el virtuosismo para atar a tierra la historia, dándole mayor gravedad gracias a la contención.

Pero si algo hay que remarcar por encima de todo es el color, ya que aunque todo el lápiz pertenezca a Ralph Meyer, éste sólo se encarga de colorear parte del cómic, dejando el resto a Caroline Delabie. Ambos artistas se reparten la historia de Kerry y Afia, creando así un nuevo nivel de diferenciación plástica entre realidad y literatura, con los consiguientes juegos de cruce que hacen del color un elemento narrativo como pocas veces se puede ver en el cómic. En resumen, Frank Giroud y Denis Lapière consiguen una historia, que aunque no sea demoledora, enganchará y jugará con el lector con acierto, para que después Ralph Meyer lo plasme en un dibujo que se bebe con los ojos, para que finalmente el artista remate el juego con Caroline Delabie con un color que hacen de Página negra un perfecto disfrute para cualquier amante del thriller o los juegos metaliterarios.

@bartofg
@lectorbicefalo