Las cosas de ser niño

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Benito Sansón – Vol. 1 (Peyo) Dolmen. Cartoné, 144 págs. Color, 29.95 €

Cada vez que releo de nuevo un trabajo de Peyo más convencido estoy que Los pitufos son una obra menor. Es un texto popular pensado para contentar a todo el mundo y que resulta para muchos una lectura agradable. Pero si la comparamos con Johan y Pirluit resulta una obra insulsa, estos dos son mis personajes favoritos como lector infantil. La mezcla de lo fantástico, con lo misterioso en un entorno histórico siempre me ha parecido de lo más entretenido desde un punto de vista lúdico.

La vertiente lúdica del cómic es algo que Peyo domina a la perfección sobre todo en aquellas obras que están destinadas a un público juvenil, o lo que era juvenil en aquellos momentos, por la capacidad del autor de elaborar un discurso pensado para la mentalidad de unos lectores que aprenden a leer en varios sentidos aparte del literal. De entre todos los personajes creados por este autor Benito Sansón es el que siempre me ha pillado más lejos y del que tengo el recuerdo más débil, sin embargo me parece uno de los más conseguidos.

Benito es un personaje particular, representa al típico niño peculiar, perspicaz y con gran facilidad para meterse en líos. Es en muchos casos la imagen que podemos tener de muchos niños que son, por encima de todo, imaginativos. La circunstancia que hace especial a Benito es que es tremendamente fuerte, rápido y capaz de dar grandes saltos. Lo cual por un lado le impide jugar de tú a tú con el resto de niños y por otro ser tomado en serio por los adultos. Pero esas características son las necesarias para convertirlo en un icono de lo infantil y más teniendo en cuenta como los niños se ven a sí mismos. Benito tiene de particular de que vive como un niño, se explica ante los adultos como tal.

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Eso me lleva a pensar de lo equivocado de muchas ópticas actuales a la hora de enfocar el comic (no) pensado para los más jóvenes. Obras organizadas desde una óptica adulta por la cual los lectores a los que van destinados no pueden sentir gran empatía por las carencias en la construcción de los personajes.

Benito es todo lo contrario. En este primer volumen encontramos las dos primeras aventuras de este niño: Los taxis rojos y La señora Adolfina. La primera historia es un tour de force para el protagonista infantil que se debe a enfrentar directamente a la cruda realidad de los adultos una empresa de taxis es una tapadera para atracar a todos los negocios y bancos de la ciudad. Benito conoce todo el plan pero es ignorado por la policía y perseguido por los villanos. Se constata un hecho que se convertirá en una constante de la narración: los adultos no creerán a Benito. La señora Adolfina es un relato muy diferente, se trata de un juego. Benito se encuentra a una adorable anciana en el parque con la que entabla amistad. Esta pierde el conocimiento y llama a un número que esta tiene en el bolso viene un hombre y se la lleva. A la mañana siguiente vuelve a encontrarla y no le reconoce. Adolfina es una anciana de la ciudad que ha servido como modelo a un inventor de androides, el problema es que este último se vuelve malo y comete todo tipo de delitos y detiene a la anciana de verdad que nada tiene que ver, la misión de Benito será mostrar la verdad a la policía, que en primera instancia no le creerán (otra vez).

Ese inconveniente para nuestro protagonista puede que sea el mayor vínculo que pueda establecer con los lectores más jóvenes. Benito Sansón es un imprescindible, un personaje básico para entender la obra de Peyo, el cómic infantil y en este caso por la impecable edición cargada de extras sobre la construcción del personaje.

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Hora de aventuras.

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Johan y Pirluit. Volumen 1 (Peyo) Dolmen Editorial, 2014. Cartoné, 184 Págs. Color 31.95 €

Existe el convencimiento más o menos cierto que los niños han abandonado el cómic como fuente masiva de entretenimiento. Creo que estoy de acuerdo con esa idea, creo que si fuese un niño a día de hoy el cómic no sería mi fuente principal de entretenimiento, al menos tengo esa impresión. Y no se trata de pesimismo si no de que la oferta electrónica de ocio juvenil e infantil es sencillamente apabullante. A eso hay que sumarle que aquellos cómics destinados al entretenimiento masivo de los más jóvenes, al menos en principio, están cambiando y desplazando su plataforma de textos primarios, véase las adaptaciones (por ahora) de las películas Marvel. Posiblemente la edad de entrada del cómic se halla desplazado unos años, una vez pasado el furor de lo electrónico en la infancia.

Pero es que tampoco existe una oferta real como la que hubo antaño sobre todo tras la desaparición de los cómics de los quioscos, lo cual los convertía en un producto habitual y deseado en nuestro día a día, destinada a este público en los formatos con los que hemos crecido los lectores de cómics actuales. Entre mis primeros recuerdos como lector de tebeos están los cómics de la colección Ole, y entre estos guardo un grato recuerdo de los cómics de Johan y Pirluit, creo que fueron entre todos mis favoritos, y aunque sea una paradoja los de Los Pitufos nunca me llegaron a gustar demasiado. Sin embargo, a pesar de que los segundos nunca estuvieron entre mis favoritos hay algo que no se le puede negar a Peyo: su capacidad de hacer un cómic de aventuras, entretenido, asequible sin ser simple pensados para los jóvenes lectores.

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Ese era mi pensamiento original sobre el recuerdo que tenia de las aventuras de estos dos personajes. Mi sorpresa ha sido cuando casi treinta años después he vuelto a releer sus aventuras aprovechando la edición del primer volumen de los integrales editados por Dolmen. La frescura de las historias a pesar de ser las primeras dedicadas a estos personajes se mantiene. La gracia de esta colección, en concreto de este volumen, es ver la evolución de un Johan primigenio que nace en las tiras de la prensa de manera torpe para constituirse como un personaje solido a partir de la primera de sus aventuras El castigo de Basenhau, en el que se convierte en piedra angular del relato.

Lo mejor de la construcción de Johan es una de las mejores características de Peyo como autor: el personaje ficticio hace las veces de protagonista, otras de observador, aunque tiene una función secundaria que cumple a la perfección, servirnos como acompañante y mostrarnos el mundo en el que habita. Dicho en otras palabras, nos hace sentir sus compañeros, nos explica las costumbres del pueblo, la situación social, el contexto pseudohistorico. En el otro vértice está Pirluit un adulto que no ha madurado demasiado, un tanto pueril y que a diferencia de Johan busca las soluciones fáciles y directas, casi una representación del niño, o no tan niño, lector que tiene entre sus manos este volumen. Aunque creo que los buenos recuerdos que tengo de estas historias no solo se deben a las aventuras vividas por los personajes, si no a la experiencia lectora en sí misma. Las aventuras dibujadas por Peyo son perfectas para introducir al pequeño lector en el lenguaje de cómic, en la narrativa gráfica y en la estructura de los tebeos, aunque de eso uno no se da cuenta hasta que pasan unos años y vuelve a releer estas historias justo antes de irse a dormir.

El volumen integral se cierra con las historias El amo de Roucybeuf y El duende del bosque de las rocas, en la que tiene lugar la primera aparición de Pirluit. Aunque el volumen en cuestión ya sería redondo en sí mismo con estos tres álbumes, este se completa con las primeras apariciones de Johan en prensa, páginas pérdidas, un texto sobre la historia que hay detrás de la creación de estos personajes y otro a cargo de Alfons Moliné sobre la andadura de Dupuis en España, a parte de otro material extra. En definitiva, una gran oportunidad para releer, para recuperar, para conocer más de aquello que nos gustó tanto en nuestra infancia, pero lo que es más importante una gran oportunidad para enseñar a leer cómic y enganchar a los niños.

@Mr_Miquelpg

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