Dibujando, dibujando…

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Viajes dibujados (VVAA). Altaïr Magazine/Norma Editorial, 2018. Cartoné, 192 págs. Color, 25 €.

Con el tiempo el cómic de no ficción se ha ido abriendo camino en nuestras estanterías. El noveno arte que partía casi desde sus inicios como un medio abocado casi en exclusiva a la ficción, a relatar desde hechos fantásticos, cómicos o a modo de crítica política desde la caricatura. Sin embargo, el cómic siempre ha tenido esa movilidad para desplazarse por diferentes terrenos de la narración saltando de género en género de la ficción hasta llegar a los ensayos, la obra documental, los diarios personales y por fin la traslación de los cuadernos de viaje entroncando y utilizando el rico lenguaje del tebeo. Y como no, no podíamos olvidarnos del periodismo en viñetas. Ya cada vez son más voces nos dicen que el idioma de las viñetas es uno de los más flexibles y más inclusivos a la hora de abordar cualquier tipo de nueva tendencia narrativa y de asimilar otras previas.

Viajes dibujados tiene un título engañoso, reduccionista. Parece que nos vamos a encontrar un volumen solo centrado en esos cuadernos de viajes llevados a las viñetas cuando es algo más. Bueno, bastante más, el volumen en cuestión publicado como un especial de la revista Altaïr no se limita a hacer una mera recopilación de autores que se dedican a estas formas de contar, sino que nos lleva mucho más allá. La propuesta de este especial es una reivindicación del arte de explicar con imágenes y para ello no duda en juntar a algunos de los mejores autores del género y de un excelso prólogo de Jorge Carrión donde hace un resumen ontológico de la relación entre viajar, el periodismo y el dibujo de viaje.

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Los autores escogidos para esta vuelta al mundo no convencional son: Zeina Abirached, Peter Kuper, Sarah Glidden, Olivier Kugler, Barrack Rima y Christophe Dabitch, Marcos Prior y Eloy F. Porta, Amanda Mijangos, Susanna Martín, Pere Joan y Agustín F. Mallo, Ramón Esono y Pere Ortín, Tyto Alba y Gabi Martínez, Aude Picault, Carla Berrocal y Martha Gellhorn, Mario Trigo y Xavier Aldekoa. Lejos del preciosismo estético como base primordial que marca la pauta de las obras dedicadas a representar el viaje como una forma de ver el mundo. Aquí nos vamos a encontrar el viaje como una opción más personal; el trayecto es mucho más íntimo lo cual permite al artista aproximarse a otras realidades con formatos más experimentales. Aquí los datos tienen que ser veraces, pegados a la realidad, algo que en realidad ayuda a ficcionar pero sobre todo en cuestiones de forma permite experimentar, la inclusión de gráficos, mapas, o testimonios permiten reestructurar la página sin las limitaciones de la parrilla de viñetas.

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Viajes dibujados es mucho más que lo que el título anuncia es toda una experiencia lectora, tanto para aquellos asiduos al género como para aquellos que quieren hacer una primera aproximación al mismo. Pero es ante todo una lección de todo lo que el cómic puede dar de sí; se aleja tanto del cómic experimental como aquel que está abonado al canon narrativo pero que se alimenta de lo mejor de esos dos mundos. Aunque lo más reseñable es el conjunto como idea de obra que pretende ser, ante todo seria, pero que no defraudará en ningún momento a los lectores de cómic más avezados que siempre buscan encontrar algo nuevo en el mundo de las viñetas y que no se conforman con cualquier cosa. En todo caso una lectura a descubrir altamente recomendable por lo bien planteado de la propuesta y muy disfrutable como lectura y lección de cómic.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is Pain #222: Sobre las sociedades utópicas

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Viaje a Cotiledonia. La novela gráfica (Cristóbal Serra y Pere Joan) Edicions de Ponent, 2015. Cartoné, 116 págs. Color, 20€

Durante unas clases de sociología en la facultad para explicar el tema de la estratificación social la profesora utilizo como ejemplo Metropolis de Fritz Lang. En la película el director alemán muestra de manera muy gráfica la estructuración de clase y la oposición que cada uno de estos ocupa en la jerarquía del sistema capitalista. Lang sacaba provecho a esta idea estratificando no solo en el sistema económico sino en el lugar en el que estos viven: los obreros, blue collar, en las entrañas de la tierra teniendo solo acceso desde su ciudad a su puesto de trabajo sin poder acceder a otros espacios a excepción del ascensor que los mueve entre esos dos cronotopos. Los white collar, la clase dominante vive en la superficie en habitáculos amplios, modernos y minimalistas, incluso los lugares de trabajo son estancias agradables, como espacios intermedios están los jardines espacios que representan lo paradisíaco.

El concepto de Metropolis funcionó a la hora de representar lo que en aquel momento estaba por llegar Alemania, y también cuando el trabajo era lo que definía pertenecer a una clase. A día de hoy hay cientos de cosas que nos definen por encima del trabajo, ya sea el género, los gustos, o nuestro hábitos de ocio. En el presente actual, lo laboral se ha convertido en un bien escaso, precario y el acceso es cada vez más tardío por lo que no es un referente en la construcción social contemporanea. El mito de la sociedades utópicas tiene que ver con el de las civilizaciones estratificadas y organizadas, algo que puede ser considerado como ideal, pero que también pude convertirse, de hecho lo es, una pesadilla para el indivduo, que poco a poco va perdiendo fuerza frente a las necesidad de la comunidad, no de los ciudadanos y si de los estados que están al servicio de las corporaciones.

Viaje a Cotiledonia de Cristóbal Serra, adaptado por Pere Joan, es un retrato sociodemográfico de una sociedad insular, aislada del mundo y con su propio sistema organizativo. Serra organiza a las microsociedades que viven en las islas en función de sus intereses personales, que van desde la pesca a obtener dinero de manera exacerbada pasando por los pirómanos o por sociedades que celebran la violencia sin ningún tipo de complejo. En todos los casos son modelos extrapolados de la vida real, de las civilizaciones occidentales y de cómo estas exportaban sus visiones del mundo a las colonias sin tener en cuenta los aspectos diferenciales de estas. Se trata de un relato de 1965 que nos habla de lo difícil que es a veces distinguir entre tradición y costumbre con la barbarie y las desigualdades.

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Este viaje propuesto por el escritor mallorquín reconoce la excepcionalidad de las islas en la formación de personalidades y formas de entender la vida de manera diferente de aquellos que viven “en tierra firme”, pero también profundiza  en la necesidad del cambio constante de superar a la historia como una amalgama de ideas impuestas que deben seguir manteniéndose a pesar de todos. Este atlas está dividido en tres partes. En la primera, que ocupa gran parte del volumen, se nos hace una descripción geográfica de cada uno de los grupos sociales que habitan la isla, sus costumbres y pautas de convivencia. Estas son mostradas en ocasiones con sorpresa y otras tantas un tanto neutra, como la del viajero que a veces no entiende aspectos de otra cultura porque no tienen los elementos para poder valorarla adecuadamente. En todas las visiones sociales vemos que se trata de una sociedad patriarcal en el que la mujer no pinta nada o tiene una mera función práctica en muchas ocasiones aceptada por estas.

La segunda parte de este título es un apunte histórico que supone una rotura con el relato inicial: Prun, el nuevo monarca, decide que la sociedad debe cambiar, hacer que el dinero no tenga tanta relevancia en el día a día de sus súbditos y hace que las mujeres ocupen espacios para procurar a esta su independencia y equiparación en derechos con los hombres. La tercera parte es consecuencia de la segunda, tras la muerte de Prun las fuerzas del pasado deciden acabar con todo lo realizado por este y volver a dejar las cosas como estaban, sin ningún ápice de cambio.

En el apartado gráfico Pere Joan tiene la difícil tarea de hacer algo más que ilustrar los textos de Serra, de no ser un mero acompañamiento. Si hay algo interesante en este autor es su capacidad de transmitir ideas y conceptos con los mínimos recursos posibles. En Viaje a Cotiledonia trasciende de las palabras llevándolas más allá, plasmando la idea de origen a la vez que profundizando no solo en los estético sino en las características de cada una de las sociedades descritas. No podríamos mejor imaginarnos mejor guía para el viaje a esa isla que Pere Joan.

A pesar de que han pasado 50 años de la primera edición de este trabajo de Serra nos encontramos con una obra que describe mejor que cualquier obra contemporánea el momento social y político que estamos viviendo hoy día, procesos de cambio que pretenden ser abortados por la fuerza de la peor de las maneras. Viaje a Cotiledonia, es un viaje no solo en el espacio sino también en el tiempo, donde la idea del eterno retorno reescribe de manera continuada el devenir de las sociedades.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo