Spain is pain #319: Los imprescindibles de 2017.

Entre finales de diciembre y principios de enero llegan las listas de lo mejor del año de la misma forma que millones de turistas se tiran a las playas en el mes de agosto. Las listas como se sabe son subjetivas y vinculadas a gusto del que las hace. No tienen por qué ser ni un grandes éxitos ni compuestas por aquellos título que venden más. Esta en concreto está integrada por aquellos títulos que considero fundamentales dentro del panorama nacional. Este año me han salido 12 títulos que considero imprescindibles para entender el cómic español en 2017, pues eso.

1.- Fragmentos seleccionados (Apa-Apa Cómics) de Andrés Magán

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En Fragmentos seleccionados Andrés Magán da un gran paso a la hora de crear no-historias más complejas valiéndose de las herramientas que ha utilizado hasta el momento, creando un suspense no vinculado al género narrativo sino que apunta directamente a las expectativas de un lector que tiene ante sí una obra que se despliega como abierta. Magán es un autor único y brillante, de los pocos capaces de hacernos abrir más los ojos para meternos de lleno en lo que desarrolla en cada una de sus propuestas.

2.- Nuevas estructuras (Apa-Apa Cómics) de Begoña García-Alén

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Nuevas estructuras funciona en torno a lo poético, lo sugerido y lo minimal. Las focalizaciones interpelan al lector para que forme parte del relato, para ello no hay personajes definidos solo personajes en sombra, silueteados y sugeridos. Una acción convencional como es el construir una casa se convierte en un mcguffin perfecto para que nosotros como lectores empecemos a reconsiderar nuestra experiencia como tales. Obra fundamental e imprescindible para entender el nuevo cómic.

3.- El ruido secreto (Spiderland/Snake) de Roberto Massó / Zona Hadal (Fosfatina) de Roberto Massó.

No acabo de decirme por ninguno de los dos trabajos de Massó, un autor que resulta enigmático aun en las narrativas más sencillas como sucede en Zona Hadal o partir de un elemento único y desglosarlo hasta crear un relato complejo tal y como ocurre en El ruido secreto. En cualquier caso, dos obras muy diferentes entre sí que sirven para entender a uno de nuestros autores más inquietos.

4.- Cosmonauta (Astiberri) de Pep Brocal

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Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Cada obra de Pep Brocal es una sorpresa que debemos de leer muy atentamente.

5.- Encuentros cercanos (La Cúpula) de Anabel Colazo

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La obra de Anabel Colazo me fascina desde hace unos cuantos años. Ya en El cristal imposible nos mostraba una historia de dobles matices en lo que nada es lo que parece. En su último trabajo bajo el disfraz de lo paranormal nos ofrece un relato sobre la percepción de la realidad y el enfrentamiento entre las diferentes realidades. Una delicia.

6.- La deuda (La Cúpula) de Martín Romero.

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Para mi una de las grandes sorpresas del año, un trabajo sobre la no necesidad de ser un triunfador en la vida, la vida en solitario y posiblemente en fracasar sobre todo lo que uno se propone siempre y cuando uno lo intente. El protagonista del relato es una de tantas personas que no le salen las cosas y que en cierta manera demuestra lo falso que es intentar llevar una vida basada solo en la apariencia social.

7.- Tíbiris (Trilita Ediciones) de Arnau Sanz

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Las obras de Arnau Sanz son siempre muy personales, tanto que o bien habla de si mismo o de sus familiares más allegados. En este caso narra a través de la memoria de sus abuelos, dos personas que entre comida y comida nos explican la dura vida de la posguerra y del tío de la abuela. Como siempre Sanz sabe dónde darle a uno sin ser un sentimentaloide ni ser morboso, un equilibrio en el que este autor se mueve como nadie.

8.- Catálogo para Bunkers (Astiberri) de Jordi Pastor y Marcos Prior

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Una de esos trabajos que parece que pasan desapercibidos pero que mejor hablan sobre como debemos cuestionar la información a día de hoy. La posverdad es el subtexto a través del cual se construye un relato en el que cuando se sabe a ciencia cierta que los enunciados en los cuales creemos no son ciertos es ya demasiado tarde.

9.- Conociendo al Jari (Fulgencio Pimentel) de José Ja Ja Ja

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Esta vez el autor de Culto Charles deja de lado el cripticismo de su obra previa para adentrarse en los caminos de una narrativa mínima y misteriosa. El relato que compone la presente obra para de la autodescripción de un personaje que no deja de ser una construcción de sí mismo a partir de la visión que intenta ofrecer al mundo, a partir de ahí todo es polisemia pura en una obra que permite al lector realizar todo tipo de interpretaciones sobre Jari, un personaje enigmático como pocos.

10.- Febrero para galgos (Entrecomics Cómics) de Peter Jojaio

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La adolescencia como un momento de ruptura con todo en el que puede pasar de todo. Jojaio nos trae una pequeña fábula sobre la violencia y el aislamiento en esas edades; en una obra en el que la estética de lo bello se confunde con las escenas más cruentas que busca ir más allá de la mera violencia por la violencia y la moraleja que suele acompañar a estos relatos.

11.- La balada de Jolene Blackcountry (Autsaider Cómics) de Víctor Puchalski

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El último trabajo de Puchalski es sencillamente alucinógeno, es como cuando en esas películas de conquista de territorios inhóspitos el explorador occidental se encuentra con un indígena solitario y este le induce al trance con una droga potentísima. En este trabajo nos encontramos dos planos de lectura: el real, que se lee a simple vista, y el astral, impreso con tintas fluorescentes. Todo para conseguir una experiencia de lectura única y realmente psicotrópica.

 

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Spain is pain #291: Rocket Man

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Cosmonauta (Pep Brocal). Astiberri, 2017. Rústica, 176 págs. Color, 16 €

 

She packed my bags last night pre-flight
Zero hour nine AM
And I’m gonna be high as a kite by then
I miss the earth so much I miss my wife
It’s lonely out in space
On such a timeless flight
“Rocket Man” – Elton John

 

Uno de los temas clásicos de la humanidad es el fin de los tiempos. O dicho de otra manera, la visión antropocentrista que tenemos sobre nuestra existencia nos sitúa en el centro de todo y como fin mismo de la creación hace que creamos que cuando dejemos de existir la vida, el planeta y todo aquello que surgió del caldo cultivo primigenio dejará de existir. La otra visión, la religiosa, es aquella que nos pone como meros seres que aparecemos por la gracia de un ser superior del que estamos a su merced, tanto en nuestra presencia en este planeta como en nuestro fin. ¿Qué pasaría si alguna de estas líneas de pensamiento se demostrase como cierta y no como mera imposición ideológica o evolutiva? ¿y si no fuésemos algo más que, como dice Juarma, una sucesión de polvos tontos desde los hombres de las cavernas?. Posiblemente la verdad se aproxime mucho más a esta última cuestión que a cualquier otro aspecto. Por lo que podemos considerar la evolución tecnológica y social como una mera cuestión de supervivencia.

A medida que el ser humano como especie ha ido evolucionando ha ido creciendo su consciencia, casi autoinducida, hacia sí mismo. Situándonos en el centro de todo, hasta el punto de creer de que todas las especies animales, la flora y el mismo planeta están a nuestra plena disposición. Como un Edén eterno, a modo de nevera que siempre esta llena, del que consideramos que no debemos ser expulsados. Sin embargo, los científicos, desde hace más de medio siglo, consideran que las cosas no van bien y se dedican a la exploración espacial en busca de nuevas fronteras, ya sea por el bien de la ciencia o de futuras exploraciones para la extracción de bienes materiales. O bien como futuras nuevas fronteras en las que desarrollar tecnologías relacionadas con la terraformación.

Bien, esto es un punto de partida para hablar de Cosmonauta de Pep Brocal, porque en el fondo eso son algunos de los temas centrales que toca la nueva obra del autor catalán. El hombre como centro de todo y la extinción pura y dura del planeta. Pero este no lo hace ni desde lo banal y sencillo ni desde una complejidad que busca apabullar al lector, sino como un pequeño juego que el lector debe ir aprendiendo a jugar a medida que desentraña las reglas del mismo; algo a lo que ya pudimos asistir en la maravillosa Alter y Walter o la verdad invisible (Entrecomics Comics, 2013).

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El punto de partida es un hombre en la inmensidad del espacio en una nave monoplaza, este es uno de los millones que han sido enviados para contactar con Dios y entregarle una carta exigiendo una serie de rectificaciones sobre su creación. Antes asistimos, a través de flashback al colapso de la humanidad y del planeta, pero principalmente a la disolución de Héctor, el protagonista, como persona. Este sufre un gran desengaño amoroso al que le sigue una desvinculación de la humanidad. Poco a poco este se va desdibujando hasta que encuentra como única solución ofrecerse como voluntario para dicha misión. La extensa duración de la misma, de más de dos milenios, se debe a una reducción al mínimo de las constantes biológicas y de las necesidades biológicas. Podría parecer que este va a perder los rasgos de lo humano a través de sus elementos funcionales, pero Héctor se define como tal a través de su consciencia y sus defectos. Este tipo al cual podemos observarlo con desde la pena o la soberbia que se define a través de todos y cada uno de sus fracasos. Brocal apunta a una humanidad que rinde pleitesía a la frustración y a los reveses. Pero sobre todo a los accidentes y al azar que es de ahí donde surgimos como especie y no de esa filosofía metahumana por la cual somos frutos de un experimento de otros u otro ser tal como defiende el creacionismo.

Y es en ese punto donde este autor hace del símbolo verbo. Las cápsulas se convierten en unos grandes espermatozoides que abandonan una Tierra que es un ovulo incapaz de fecundar vida (pág. 97) y los juegos relacionales nos ayudaran a anticipar algunos de los elementos claves del relato. Aunque no todos son pistas a veces la utilización de los colores, en el global del relato nos harán tener unas expectativas narrativas que al final se desbarataran. Así pues utiliza los azules para narran hechos del presente y del pasado que son reales, al menos en un principio, y el rojo aquellos recuerdos del protagonista, que NIC, el ordenador de a bordo, puede llegar a poner en duda.

Cosmonauta de Pep Brocal es ciencia ficción, sí; pero es ante todo una reflexión del devenir humano, de ahí que no se pierda en una construcción estereotipada de universo narrativo. Es seria y crítica con la humanidad emitiendo un juicio sobre la misma, pero a su vez guarda en su interior un sentido del humor muy propio. Este se gestiona a través del sarcasmo, del personaje sobre sí mismo y del autor esbozando a unas autoridades inoperantes incapaces de gestionar una sociedad que lleva años colapsándose y capaz de mentir por el bien de ella misma. Quizás lo que más he disfrutado en esta lectura es la experiencia visual, es realmente grata. El autor no solo explota al máximo las metáforas visuales sino que le da, como debe ser, un carácter protagonista al lenguaje visual, sencillo con personalidad propia pero sin perderse en alardes visuales a pesar de las maravillosas páginas dobles que podemos encontrar a lo largo del relato. Este título es una gran oportunidad para reencontrarse con uno de los autores más interesantes del panorama patrio, y para los que no lo conozcan todavía una gran ocasión para leerlo por primera vez.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo