Invasión planetaria evitada por un estudiante de secundaria


Amazing Fantasy (Stan Lee, Steve Ditko, Jack Kirby, Don Heck y Paul Reinman). Panini Comics, 2016. Cartoné. 416 págs. Color. 39,95 €

La gente no lo suele saber, algo lógico si tenemos en cuenta que es un dato que puede extrañar un poco al consumidor medio, pero cuando más cómics se vendían, los superhéroes casi habían desaparecido de las estanterías de ventas, que solían encontrarse en farmacias y tiendas de desavío. El pico de ventas de superhéroes se alcanzó durante la II Guerra Mundial, cuando la gente disfrutaba de sus héroes, clásicos ahora, dándoles jarabe de palo a las malvadas fuerzas del eje. Pero con los primeros años de la Guerra Fría los lectores, principalmente los hijos del baby boom, se cansaron un poco de los superhéroes y se pasaron a otros géneros como el terror, el rey indiscutible de la década de los cincuenta, y la ciencia-ficción, hasta los cómics de vaqueros o las historias bélicas más o menos realistas vendían más que los tíos en mallas pegando saltos y lanzando rayos.

A día de hoy puede parecernos algo alocado, pero había años que Stan Lee sacaba más pasta escribiendo cómics de chicas aspirantes a secretaria, tratando de copiar el modelo de Archie, que gracias a los superhéroes, si es que aún quedaba alguna colección que se publicara. Todo hasta Comic Code Authority, que todos más o menos conocemos o si no te invito a que investigues un poco y veas como un sólo hombre con la mirada sucia acabó con EC, la mejor editorial de cómics de todos los tiempos. La cosa en resumen era que los cómics se consumían como si no hubiera mañana y de repente el buque insignia había sido destrozado por la liga de madres beatas, con lo que DC y Marvel corrieron a llenar el hueco, huyendo un poco del terror más descarnado y refugiándose en la ciencia-ficción, mezcla muchas veces de la aventura de folletín y la fábula con moraleja más que obvia. Así nacieron cabeceras como Amazing Fantasy, un oasis de creatividad, diversión y defensa del american way of life.

Realmente la colección tuvo tres nombres durante sus 15 números de vida, Amazing Adventures hasta el número 6, Amazing Adult Fantasy del 7 al 14, y Amazing Fantasy durante su último número. El propio Stan Lee se encargó en persona, o al menos firmó sólo él, de los guiones de todos los números, mientras que en los lápices encontramos a gente como Steve Ditko, Jack Kirby Don Heck y Paul Reinman hasta el número 6, para posteriormente encargarse en solitario Steve Ditko de todo el arte hasta el final de la colección. Así que si hablamos sólo de dibujo, tenemos a varios grandes trabajando en Amazing Fantasy, con el trabajo exclusivo, y maravilloso, de Ditko durante 9 números que nos permiten disfrutar de una representación tan pop e histriónica de invasiones alienígenas, desastres nucleares y peligro rojo, tan pegadas a la época y al mismo tiempo tan disfrutables, que no tenemos en ningún momento la sensación de estar realizando un ejercicio de estudio histórico, porque el dibujo es tremendamente bueno, si quieres puedes hacer la prueba de ver el dibujo como algo atrapado en el tiempo, pero yo me veo incapaz de ver como algo caduco estas líneas y colores, no son un ánfora romana tras una vitrina al lado de otras doscientas, es el puñal con el que Marco Junio Bruto asestó el golpe final a Cayo Julio César.

Aunque Amazing Fantasy no se disfruta sólo por el gran trabajo artístico, ya que no podemos dejar de lado los guiones de Stan Lee, los cuales sin duda hay que entenderlos como una producción en serie donde abundan más las ideas en bruto que las narraciones refinadas y pulidas. Pero para ser sinceros, esta fuerza bruta en los guiones de Amazing Fantasy están lejos de ser un problema, ya que pegan totalmente con la fórmula de la colección, mostrándonos escopetazos tras escopetazos de puro genio. Sin dejar en ningún momento el espectro de la ciencia-ficción de su época, con sus monstruos gigantes y robots con sentimientos, Stan Lee crea un corpus casi filosófico donde defiende tanto la paz mundial como el estilo de vida americano, es curioso que pocas veces se habla de los rusos como un enemigo a derrotar, siendo más las veces en las que se los presenta como un elemento necesario para acabar con un peligro exterior que atañe a toda la humanidad.

Así que cualquiera que quiera disfrutar de un dibujo pop más allá de los eternos ochenta, y de unas historias que te hacen disfrutar como un niño de ocho años pero dejándote un poso de reflexión, Amazing Fantasy es tu tomo recopilatorio, historia tan petrificada como viva de los cómics occidentales que recogen el pulso de una época como pueden hacerlo las novelas de Stephen King o el cine de John Carpenter. Además, en el último número puedes leer la primera historia de Spiderman, cuando los superhéroes tenían que colarse entre alienígenas y fantasmas.

@bartofg
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Responsabilidad civil

Demokratia Vols. 1-3 (Motoro Mase) Panini, 2016-2017. Rústica, 200 págs. /CU (aprox) B/N, 8,95€

Cuando la fruta está podrida es cuando se empieza a hablar de ella. Creo que no puedo encontrar una mejor definición para hablar de la situación política que estamos viviendo desde el advenimiento de la crisis. Esta ha hecho que nos cuestionemos nuestro modus vivendi, pero principalmente, ante el peligro inminente que gran parte de la sociedad tiene de caer en riesgo de exclusión social, sobre cómo los gestores de los países han decidido durante décadas dilapidar a través de los esfuerzos de la clase trabajadora y la supuesta clase media, esta última más sugerida que real, nuestro sistema político: la democracia. ¿En qué consiste esta? Básicamente un sistema participativo en el que los ciudadanos de un país votan a sus representantes para que estos puedan gestionar los recursos del país y legislar por el bienestar de este. Pero qué pasa cuando el sistema se convierte tanto por un lado cómo por el otro en un sistema en el que todos buscan la manera de echarse la culpa unos a otros.

Entonces ¿Dónde recae el peso de la responsabilidad civil y política? Muchos dicen que tenemos los políticos que nos merecemos, posiblemente sea verdad. Pero donde está la responsabilidad de los ciudadanos a través de sus elecciones. Votar implica un acto no exento de virtudes y defectos, o mejor dicho de culpa. ¿Qué pasa cuando un partido elegido no responde a las expectativas de los votantes, y las decisiones de los responsables de un país hacen caer a este en desgracia?¿Que parte de responsabilidad tenemos todos cuando emitimos un voto determinado?.

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Demokratia de Motoro Mase plantea todas estas cuestiones dentro de la sociedad japonesa, un país al que en menos de un siglo se le impuso en dos ocasiones una legislación y una forma de vida occidental. La premisa es sencilla pero muy atractiva: Taku Maezawa es un estudiante universitario que desarrolla un software que ayuda a elegir en función de las decisiones propuestas por los usuarios. La elección final será la más votada entre una serie de propuestas seleccionadas por la mayoría. Pero entra en juego Hisashi Iguma un adulto especialista en informática que le convence para instalar ese software en un robot que, como no, tiene forma de mujer. El siguiente paso consiste en instalar el programa informático a una serie de usuarios, concretamente 3000, que gestionaran las acciones de la robot.

Lo que en un principio parece un juego se complica, los miedos, prejuicios, y acciones pasadas de los usuarios forman parte de las decisiones que toma Mai, la robot. Esta está protegida para que no la puedan identificar los usuarios. Estos permanecen casi siempre en el anonimato tan solo los reconocemos con el Nick y en contadas ocasiones conocemos la vida personal de estos, cuando se convierte en algo relevante para el relato. En los tres tomos publicados por el momento se plantean tres grandes cuestiones. En el primero tras el proceso de aprendizaje hacen que Mai se cite con un chico introvertido y acomplejado por su madre, este sufre una decepción amorosa con la robot y decide cometer un asesinato en masa. La cuestión surge cuando un grupo de usuarios deciden que son responsables de las consecuencias de  los actos de este tipo. Evidentemente unos sentirán que los son y otros no querrán saber nada. En el segundo tomo la robot asesina a Iguma cuando este estaba abusando de ella, el uso de la violencia por parte del estado, se pone sobre la mesa, como método para contrarrestar a las acciones de la población. La violencia de la reacción surge de los miedos de una usuaria ante la violación. En el tercer tomo se plantea la xenofobia como un método para asegurar la pureza de un país, una usuaria que de origen extranjero plantea que alguien le ayude a transmitir sus ideas al foro de trabajo; pero otro usuario despedido a causa de la absorción de una empresa japonesa por parte de una extranjera decide volcar su odio sobre esta. En un principio otros usuarios se suman a las propuestas de este, pero al final consiguen contrarrestarlo de una manera poco legal, dentro de los parámetros del software, revelando el perfil de usuario en el mundo real del personaje xenófobo.

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Demokratia es un cómic que en principio puede parecer sencillo, pero el subtexto que esconde detrás de esa fórmula del cómic comercial japonés del episodio o arco argumental dedicado a un caso al cual se debe afrontar la robot plantea un cuestionamiento sobre la democracia. Posiblemente se nos escapen algunos temas de actualidad de la agenda política nipona para entender el global del relato, pero por lo que parece tienen los mismos problemas que tenemos por estos lares. La clave del relato propuesto por Motoro Mase es hacer lo difícil fácil y tocar temas complejos que pueden dividir a la sociedad sin desmarcarse en un sentido o en otro porque en el fondo el lector también forma parte del experimento Demokratia, no solo leyendo sino decantándonos por algunas de las decisiones que toman los usuarios del software.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Reescritura del vórtice desde los límites

providence-coverProvidence: El miedo que acecha (Alan Moore y Jacen Burrows). Panini Comics, 2016. Cartoné. 176 págs. Color. 18,95 €
Providence: El abismo del tiempo (Alan Moore y Jacen Burrows). Panini Comics, 2016. Cartoné. 184 págs. Color. 18,95 €

La mitología creada en su día por Lovecraft y sus discípulos campa hoy en día a sus anchas por la cultura popular, viviendo una eterna juventud no sólo en el audiovisual, sino campos tan heterogéneos como los juegos de mesa o los muñecos de acción. Ya hace mucho que conquisto el cine y los juegos de rol, igual que hizo sin demasiados problemas con el cómic. Esto puede deberse en gran medida a que dichos mitos han alcanzado ya el grado de religión minoritaria, casi perdida, una religión que nadie práctica, más o menos, pero que convive con por todo el mundo. Puedes ser ateo, cristiano o musulmán, e igual que vives junto a personas de otros credos, los mitos de Cthulhu están ahí presentes, de forma minoritaria pero creíble. Puede que no conozcas a nadie que practique el satanismo o la wicca, pero son religiones que sabes que existen, difusas y en los márgenes, al igual que puedes concebir seguidores del gran primigenio que habita en el fondo del océano.

Y buena parte de la culpa de esta concepción de los mitos se la debemos a que se diluyan y perviertan, a que se conviertan en cierto modo en una especie de estética y forma de entender la vida, lo que no deja de ser cualquier religión. Podemos ver el último capítulo de True Detective y preguntarnos si lo que vio el detective Rust Cohle estaba sólo en su cabeza o realmente vivió una experiencia religiosa. Poco importa, porque podemos descartar esa realidad como descartamos cualquier religión si somos ateos o todas las demás menos la nuestra si somos creyente. Lo importante es que para él, para su mundo, era plausible. Y del mismo modo que no hacía falta conocer a Lovecraft o saber situar Carcosa en un mapa para disfrutar de True Detective, lo mismo sucedía con el cómic Neonomicon de Alan Moore y Jacen Burrows, porque simplemente todo estaba allí, listo para cualquiera y especialmente presentado para los iniciados.

Sin embargo, en la obra derivativa del Neonomicon, Providence, Alan Moore ha dado un giro de 180 grados respecto al tratamiento que estaba realizando sobre la obra de Lovecraft y acólitos. Si en Neonomicon teníamos una puesta al día de los mitos de Cthulhu obviando la literatura de Lovecraft, es decir, descartando preparaciones pero jugando con los mismos ingredientes, en Providence tenemos variaciones sobre lo ya conocido, podríamos decir que versiones si cambiamos el símil de la cocina por la música. Al menos esto es lo que vemos en los dos tomos publicados hasta ahora: El miedo que acecha y El abismo del tiempo, ambos también dibujados por Jacen Burrows. Del apartado artístico poco se puede hablar más allá del extremo trabajo utilitarista de Jacen Burrows, con lo más cercano que se puede ver en cómic al sistema de representación institucional en el cine, una apuesta inteligente, pues hay pocas jugadas más exitosas que apostar por el realismo más estricto para tratar los horrores más inimaginables.

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Porque si algo caracteriza a Providence es su relación con los textos originales de Lovecraft, los cuales se fusionan con una Nueva Inglaterra realista al menos en lo que atañe a la geografía. Alan Moore vuelve también al marco temporal de Lovecraft, los años 20 del siglo XX, para desarrollar la historia de un periodista obsesionado con la historia oculta de América, lo que le empuja a perseguir un libro de saber arcano y cruzarse continuamente con lo oculto. La gracia del asunto es que cada capítulo de la obra adapta de forma inusual un relato de Lovecraft, mezclando Alan Moore a su personaje propio, el periodista Robert Black, con diversas historias del autor de culto. Referencias que no son necesarias en ningún momento para disfrutar el cómic de Moore, pero que sin duda son imposibles de pasar por alto para el lector medio de los mitos. Un engarce extraño pero que funciona, consiguiendo que la referencia tenga un peso notable y aún así generando un texto que funciona al margen del reconocimiento.

Todo esto tiene éxito en parte porque Alan Moore desarrolla una idea tan rompedora como obvia, la cual ya fue planteada en Neonomicon, el uso del sexo en el mundo de Cthulhu, un tema que no era tratado por Lovecraft de forma directa pero si continuamente de forma indirecta o insinuada. Alan Moore mueve el foco hacia lo que se intuía en los márgenes y poco más, de modo que el horror sexual necesario para el cosmos de Cthulhu se hace visible en las páginas de Providence. Un cómic que en cierta manera reinterpreta y crea un cisma dentro de la religión de los mitos, una herejía si no necesaria cuan menos interesante y entretenida. Puede que dentro de muchos años muchos conozcan una mitología extraña, llena de simbolismo y horror donde el hombre es menos que un peón, carnaza y juguete sexual para dioses amorales, una mitología a través de las páginas mohosas de un tomo de Providence sin que nadie recuerde ya el nombre de Lovecraft. Así que aceptemos a Alan Moore como un hereje y un posible segundo profeta.

@bartofg
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Dieciséis velas, superpoderes y Alá

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Ms. Marvel: Fuera de lo normal (G. Willow Wilson, Adrian Alphona y Jacob Wyatt ). Panini Comics, 2015. Rústica. 168 págs. Color. 15 €

Hace poco defendíamos aquí la validez de una obra como Astrocity: Vida en la gran ciudad como un uso metafórico de los superhéroes más allá de la fantasía de violencia y cambio propia de cualquier adolescente varón. Pero lo cierto, es que como bien defendíamos, este tópico se había fraccionado, pues por regla general nos encontramos con obras que cuentan temas adultos con la profundidad filosófica de un adolescente, siendo testigos más de bravuconadas pseudointelectuales que de obras complejas pensadas para un público concreto. De ahí la alegría de contar con historias que no sólo se atreven a contar historias adultas sin miedo a todas las complejidades que tiene la vida madura, habitando esos territorios grises donde un puñetazo en la cara o arrancar la columna vertebral de un enemigo nunca son la solución, donde lo sencillo de la vida no se explica desde lo simple

¿Pero qué sucede entonces con los adolescentes y preadolescentes? Pues no es menos cierto que la lectura de la mayoría de colecciones de superhéroes no repercutirán en un diálogo directo con su aquí y ahora. Con esto no voy a defender siquiera el uso de la protección de los adolescentes, yo soy el primero que ya de niño consumía productos culturales para los que debería haber esperado un lustro como mínimo, pero tampoco voy a negar que cuando mi comprensión no era en un amplio sentido parcial, con toda seguridad sabía que dicha obra no iba dirigida a mí. Por eso cuando leo cómics como Aquel verano fantaseo con lo que me hubiera gustado leerlo a los trece años, al mismo tiempo que cuando cada mes me compró las varias colecciones en grapa que leo me pregunto qué cojones tiene que pensar un chaval sobre dichas historias, y sobre todo, sobre las formas en que las narraciones se plantean.

Así que al leer Ms. Marvel de G. Willow Wilson mi sorpresa no ha podido ser mayor. La guionista por fin ha conseguido traer al mercado una obra que recupera el espíritu auténtico de los primeros números de Spiderman, esos cómics en los que Stan Lee acabó con la hegemonía de DC haciendo que los lectores se vieran reflejados en los superhéroes en lugar de verlos como un ideal. Kamala Khan, una joven inhumana que adopta el manto de Ms. Marvel es una superheroína de lengua rápida, pero antes que eso es una chica musulmana de 16 años en Nueva Jersey. Peter Parker era uno de esos adolescentes rebeldes del baby boom, un personaje que ahora nos puede parecer un empollón mojigato, pero era toda una revolución para los padres que había luchado en la Segunda Guerra Mundial y un golpe de frescura para sus lectores adolescentes. Eso es Kamala Khan, una chica revolucionaria ante las generaciones que le preceden, una hija de la multiculturalidad que debe luchar por su papel como mujer, hija de inmigrantes y musulmanas en el corazón de los Estados Unidos blanco y cristiano.

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Aunque lo mejor de todo es que Ms. Marvel es antes que cualquier otra cosa un cómic divertido y colorista, lleno de alegría y vitalidad que se enfrenta al conflicto con la mejor cara posible, demostrando a sus lectores, chavales y chavalas, que los conflictos existen pero que siempre se podrá luchar contra ellos, sobreviviéndose tanto tras las victorias como las derrotas. El primer tomo de Ms. Marvel, Fuera de lo normal, es la típica historia de presentación del personaje, donde vamos conociendo a Kamala al mismo tiempo que ambos conocemos sus nuevos superpoderes. La lucha de la joven funciona a dos niveles, los cuales realmente son el mismo: su entrada en el mundo adulto; por un lado una chica normal de 16 años que adquiere habilidades suprahumanas, y por otro una joven musulmana que sin perder el respeto y amor hacia su cultura lucha por su autonomía. Los guiones de G. Willow Wilson están llenos de entendimiento y comprensión, quizás porque la propia autora tuvo que pasar por el trance de ser joven y musulmana en Estados Unidos. Pero aunque el conflicto está siempre presente, las páginas de Ms. Marvel siempre apuestan por una solución razonada, lo que no quita que Kamala sea capaz de soltar algún que otro súper puñetazo.

En el aspecto gráfico, G. Willow Wilson cuenta con la ayuda de dos dibujantes que hacen de Ms. Marvel una obra en la práctica redonda. Por un lado tenemos a Adrian Alphona y por el otro a Jacob Wyatt. Mientras que el segundo tiene un dibujo personal y juvenil que se adapta al a perfección a los guiones, es el primero el que eleva a una categoría superior la obra. Las páginas de Adrian Alphona son capaces tanto de jugar con rostros humanos y llenos de matices, como de llenar de dinamismo las páginas de acción, jugando con la perspectiva para crear un verdadero espectáculo. Los dos artistas consiguen sin problemas otorgar una personalidad propia a Ms. Marvel muy alejada de la típica recreación fantasiosa de un adulto, mujeres que responden más a la suposición clásica del cómic de que una mujer feminista es una con una espada enorme, pechos operados y capaz de desmembrar a un hombre con sus propias manos. Kamala Khan es realmente una chica de 16 años con toda su complejidad, con la belleza de su inocencia y la energía de su rebeldía, una mujer destinada a grandes cosas por ella misma. Lo único que lamento es no tener ahora mismo 15 años para leer Ms. Marvel, para perderme en sus páginas haciendo los problemas y las victorias de Kamala mías.

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Filosofía, arte, cultura popular y una patata verde con una videocámara

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El nuevo Doop (Peter Milligan y David Lafuente). Panini Comics, 2014. Rústica. 112 págs. Color. 11 €

Alan Moore lo dejó claro, y yo no me canso de repetir el credo, los superhéroes son estúpidos, bajo la máscara sólo hay enfermos mentales y un ser suprahumano se interesaría por cualquier cosa menos por los propios humanos. Fin de la historia, los superhéroes deberían haber muerto en los ochenta. Pero entonces llegan dos colecciones que crean la revolución simplemente mediante el dejarse llevar: The Authority y The Ultimates. Cuando los héroes estaban muertos, el realismo parece salvarlos, incluso durante un tiempo, Mark Millar guioniza las dos series y explota el tópico fascista de principios de los noventas convirtiendo las mallas en peones y reyes de la geopolítica. Que Iron Man necesitara un equipo de cien personas para ponerse el traje era brillante, que las criaturas más poderosas decidieran crear un gobierno mundial era como mínimo lógico. Cuando Millar ha querido ha hecho de la actualización y la aplicación de la lógica un arte, pocos hitos hay comparables a convertir a los 4 Fantásticos en villanos, como hace en Planetary, parece absurdo pero cuando lo ves es lógico. Sin embargo, el escocés, con todo lo listo que es, llego tarde y mal, la verdadera revolución, la no vuelta atrás, ya la había desarrollado Peter Milligan un año antes.

La mejor serie de superhéroes jamás publicada no es otra que la etapa de Fuerza-X, posterior X-Statix, de Peter Milligan. La idea era obvia, estaba delante de nosotros, sólo había que encender la tele y ver como los freaks eran cualquier cosa menos seres despreciables. Es cierto, para una señora de 60 años de Kansas o un señor de 50 años de Burgos los mutantes iban a ser monstruos, para ti y para mí serían la leche. The Flash ni siquiera existe y tengo una camiseta con su logo, si Lobezno fuera real ligaría más que Cristiano Ronaldo. Eso eran los mutantes para Milligan, HÉROES, putas estrellas capaces de eclipsar al sol. Y entre ellos estaba Doop, un ser extraño que hacía de la marginalidad, la existencia en el margen de la trama, un arte. Doop contó con una miniserie junto a Lobezno, pero no es hasta ahora, en el volumen El nuevo Doop, que Peter Milligan se atreve a ahondar en la propia existencia y génesis de esta patata verde con brazos. Para el dibujo no contamos ni con Mike Allred ni con Duncan Fegredo, el dibujante regular de la serie madre y el mejor suplente con el que contó, pero David Lafuente hace un trabajo más que notable. El dibujante está a la altura del legado de Milligan y consigue plasmar toda la loca expresividad de Doop, así como ese nihilismo perezoso que llena toda obra de Milligan.

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En el terreno del propio guión el resultado es más contradictorio, porque puede que una vez más Peter Milligan haya querido morder más de lo que puede tragar, pues no se le puede acusar de no arriesgar. De este modo, El nuevo Doop intenta al mismo tiempo contar los propios misterios de la existencia de Doop y crear un juego de relectura de la saga La batalla del átomo de los mutantes de Marvel. Como es lógico, esto crea un problema para cualquiera que quiera leer el cómic atraído sólo por Doop o los propios autores, desconocedor totalmente de las continuas sagas de la editorial norteamericana. Con esto no quiero decir que la lectura de El nuevo Doop no sea satisfactoria si contamos con tal desconocimiento, aunque es innegable que la sensación de estar perdiéndonos algo estará en el límite de nuestro campo visual todo el tiempo. Pero claro, podemos decir exactamente lo mismo si no conocemos a Ingmar Bergman o a Carl Jung. Pero nadie dijo que la lectura de Milligan fuera sencilla, siendo el cruce de referencias continuo, sin miedo de mezclar a las mismas hasta llegar a dejar muy atrás el concepto de integrado de Umberto Eco.

Aunque claro, esto puede llegar a considerarse positivo, siempre y cuando invite a un hipster a pillarse alguna colección en grapa o haga que un adolescente se siente a ver El séptimo sello. En lo que nos interesa como lectores de El nuevo Doop, la laguna va a seguir persistiendo. Pero no debemos de olvidar que el vacío es constante en la producción de Peter Milligan, quien ha conseguido acercar los cómics de superhéroes a la frescura de la música o el teatro improvisado, dejando la duda eterna de si es un maldito genio o un farsante que ha aguantado con arte su fachada. Posiblemente sea las dos cosas y por ello es injustamente olvidado en la mente de la mayoría cuando piensa en la invasión británica del cómic norteamericano. En todo caso, la lectura de El nuevo Doop no puede más que recomendarse, para los fans del Huérfano y su patulea de inadaptados es una piedra más en el camino de un gran autor, para quien no conozca a Doop o a Milligan es una buena carta de presentación, aunque si después no se quiere recorrer la senda no me extrañaría del todo. Yo lo hice, y la única pista que puedo dar es que el combate estaba perdido de ante mano y era una estratagema para ganar tiempo a la muerte, en este caso al olvido y la lógica.

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Lo mejor del 2014 allende las fronteras

El pasado sábado Miguel nos daba su lista particular de las mejores obras nacionales del 2014, así que ahora me toca a mí añadir algo de orden y coherencia a todos los volumenes que durante el pasado año llegaron a las estanterías. Al igual que mi compañero, mi lista es totalmente subjetiva, debería aspirar a que las obras con mejor guión, dibujo y narración gráfica llenaran la lista, pero lo cierto es que al final no es así. En la lista pongo lo que más me ha gustado de lo que he leído durante todo el 2014, que leer no es lo mismo que conocer, así que si hay alguien que se pregunta por qué obras como L’Amour o Cowboy Henk no están en la lista, se debe a que aún no me las he leído. Cosa que supongo que no tardaré en subsanar. Del mismo modo, si faltan algunas otras obras que han hecho tambalear a los amantes del cómic, es porque personalmente no me han gustado. Esto no me preocupa en lo más mínimo, pues la única intención que tiene la lista es resaltar algunas obras que en mi humilde opinión debería leer y disfrutar todo el mundo, que la memoria tiende a ser frágil y después perdemos joyas entre la niebla.

Como parece que las listas de números dispares están de modo, aquí van los 10 cómics extranjeros que más han gustado a Barto durante el 2014.

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10. No puedes besar a quien quieras de Sandrine Revel y Marzena Sowa
Que fácil es realizar una obra sobre la infancia en un entorno hostil, más si le añadimos ese halo mágico y abstracto del amor puro y la búsqueda de la libertad. Pues no, no es para nada fácil, es algo tremendamente difícil, pues es fácil ceder al sentimentalismo más pueril y al maniqueísmo más simple. Sin embargo, Marzena Sowa sabe centrarse en una historia pequeña y emotiva para dejar que la situación política y social simplemente se cuele en las rendijas. El dibujo de Sandrine Revel no se queda por detrás, pues haciendo de la contención un valor positivo consigue que la ternura sea más directa que la violencia. Una historia pequeña que con un simple bosquejo explica perfectamente lo que era la infancia en la Polonia comunista.

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9. Manabé Shima de Florent Chavouet
Un vago bueno para nada visita una pequeña isla del mar interior de Japón. El turista parece más preocupado por descansar y beber cerveza que por hacer cualquier tipo de turismo. Sin embargo, nos encontramos con la contradicción de que dicho turista tiene alma de etnógrafo y entre paseo sin rumbo y tarde en el bar crea un fresco tan sentimental como científico. Manabé Shima es un estudio tanto de la población de una pequeña isla japonesa como del propio acto de observar de su autor, un canto humanista que mezcla la guía de viajes con la sociología y la psicología. La fascinación de occidente por oriente suele centrarse en la curiosidad y la diferencia, mientras que Florent Chavouet opta más por buscar puentes y lugares comunes, consiguiendo acercar culturas de una forma emotiva y humorística al margen de cualquier pedantería o relativismo.

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8. Bandette de Paul Tobin y Colleen Coover
Para mí una de las sorpresas más agradables del año y un nuevo recordatorio de que las ideas preconcebidas no son un atajo. Bandette puede parecer un cómic para niños, o jóvenes adultos, sin más, pero lo cierto es que esconde mucho más. Cuando el cinismo prácticamente a ahogado a la ironía, es agradable encontrar un cómic donde la inteligencia llena cada página y encima está dedicado para todos los públicos. El trabajo de Paul Tobin y Colleen Coover no se queda sólo en su particular mezcla del cómic americano y francés, a niveles tanto narrativos como visuales, sino en la presentación de unos personajes que dan un nuevo valor a la palabra carisma. La ladrona Bandette es un regalo para cualquier lector, una inyección de buen humor y dinamismo. Bandette se ríe contigo, te guiña un ojo y se despide con una voltereta tras besarte en la mejilla, siempre dejándote con ganas de más.

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7. Aquel verano de Jillian Tamaki y Mariko Tamaki
Volvemos a hablar de la melancolía en la lista, aunque esta vez cambiamos comunismo por capitalismo e infancia por adolescencia. La historia de Aquel verano será compartida por la inmensa mayoría de los lectores, aunque no hayan veraneado en la playa ni se parezcan en lo más mínimo a Rose ni nunca hayan tenido una amiga como Windy. El valor de la obra de las primas Tamaki se encuentra en ese campo tan difícil de hablar de lo más general explicando lo más concreto, centrándose en un caso particular hasta el límite para contarnos algo que hemos vivido todos. Probablemente cualquiera sería capaz de escribir algo como Aquel verano, pues basta con elegir aquel verano adolescente que nos marcó y simplemente explicarlo, pero difícilmente se conseguiría una coherencia y lucidez en el relato como en el del cómic de Jillian y Mariko Tamaki. Una zambullida autoconsciente en la felicidad blanca y la tristeza gris.

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6. Battling Boy de Paul Pope
Nadie pone en duda que El momento de Aurora West es la leche, pero antes de que la precuela se comiera a la obra madre, existía un pequeño chaval semidiós dispuesto a aporrear monstruos. He de reconocer que el paso del tiempo me ha hecho valorar mucho más la obra de Paul Pope, y aunque sigo reconociendo algunos pequeños defectos, cada vez estoy más convencido de sus aciertos y su potencial. Battling Boy es un puñetazo en la cara a la inmensa producción de cómic de entretenimiento, una muestra más de la decadencia de Marvel y DC. Paul Pope no escribe y dibuja para adultos con gustos infantiles, crea un cómic netamente juvenil lleno de acción y humor para que los chavales lo flipen. Nos encontramos con una obra que los adultos debemos leer pidiendo permiso a los chavales, un cómic que entretiene y además trae algo más.

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5. Solanin de Inio Asano
Lo que hace Inio Asano en Solanin es muy simple, nos presenta unos personajes y los pone a andar, creando una historia coherente e interesante, básicamente a lo que aspiraría cualquier autor. Pero no contento con esto, justo en la mitad del cómic, el autor implosiona la historia para llevarla en un nuevo sentido más complicado y difícil, haciendo que un buen comienzo tenga un desenlace impresionante. El planteamiento de Solanin no deja de ser la intranquilidad de alguien que estrena la edad adulta y no termina de estar a gusto a pesar de haber conseguido todo lo que la sociedad le decía que era la felicidad. Aunque el autor, hasta cierto punto cruel, coge esa queja de su protagonista la pervierte para darles razones reales para sufrir. En cierto sentido, Inio Asano conjuga el punto de vista del adolescente rebelde tardío con el adulto responsable para crear un texto lleno de tristeza y esperanza.

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4. Hulka de Charles Soule y Javier Pulido
Hulka es quizás el principal ejemplo de cómo las editoriales clásicas deben dejar lastre atrás, olvidando cronologías caducas y grandes temas adultas contadas por niños. Charles Soule actualmente escribe la colección de los Inhumanos, demostrando que puede crear un cómic tan genérico como cualquiera, reservando el verdadero arte para la abogada verde. Hulka es un cómic de abogados con superpoderes, la entrada del mundo real en la Nueva York de los Vengadores y los 4 Fantásticos, lo que visualiza lo absurdo de los superpoderes. Es cierto que este ejercicio no es nuevo, contando con antecedentes incontestables como X-Statix, pero el hecho de que el propio Charles Soule ejerza como abogado y Javier Pulido de rienda suelta a un dibujo tan personal, convierte Hulka en un auténtico acontecimiento. Esto es realmente un cómic para adultos, una obra inteligente y que supone un reto real para el lector.

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3. El bus de Paul Kirchner
La nada y el todo, una obra que podría definirse como un tratado filosófico en base a chistes blancos y bromas tontas. Es difícil hablar de la obra de Paul Kirchner porque habría que explicar lo inexplicable, pero básicamente lo que hace el autor es reflexionar sobre absolutamente todo de la forma más aséptica posible. Este recopilatorio es sin duda una de las mejores obras publicadas durante el pasado año, una de esas sorpresas editoriales que solucionan una deuda que muchos ni sabíamos que teníamos. la lectura de El bus se puede tomar de forma sosegada, dándole tiempo, o consumirla de una sola vez, sabiendo que en tal caso nuestro cerebro va a recibir un estímulo que nos dejará con una sonrisa en la cara y una sensación de incomodidad en el cerebro.

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2. Gyo de Junji Ito
Dicen que hacer llorar es muy sencillo y hacer reír bastante más difícil. No sé dónde colocaría yo la dificultad de asustar, pues el miedo es más personal que la tristeza o la risa, mucho más. En todo caso no se me ocurren muchas personas que puedan quedar impasibles ante la lectura de Gyo, un cómic de horror cósmico donde lo que no puede ser y el olor toman el mando. Gyo no es una obra excesivamente terrorífica, ya que más bien debería considerarse opresiva y desesperante, un sumar continuo donde los personajes se van ahogando en la putrefacción sin que puedan hacer absolutamente nada por evitarlo. Sin duda, una obra que para mí al menos se quedará mucho tiempo dando vueltas en la trastienda de mi cerebro, tanto por las escenas más realistas y viscerales como por las concesiones de Junji Ito al lirismo, momentos en los que demuestra que con lo más macabro es capaz de crear poesía.

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1. Hechizo total de Simon Hanselmann
Para mí lo mejor del año, el mejor cómic en varios años, es sin duda la selección más subjetiva de la lista. Quizás podría discutir mejor la valía de las otras obras seleccionadas, pero con el cómic de Simon Hanselmann posiblemente tendría más problemas. La calidad de Hechizo total es innegable, pero se me hace harto complejo separar las virtudes intrínsecas de la obra del diálogo que la misma plantea conmigo y con mi generación. Ser un texto generacional puede ser peligroso, pues la obra se puede reducir a flor de un día, pero algo me dice que eso no pasará con Hechizo total, sé que volveré una y otra vez al cómic del mismo modo que tengo que considerar amigos íntimos a personas que veo como mucho un par de veces al año. Lo que ha hecho Simon Hanselmann no tiene nombre, ha escrito el chiste más divertido y triste del mundo, un canto de esperanza para una juventud derrotada.

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Porque salvar el mundo no paga las facturas

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Hulka: Ley y desorden (Charles Soule, Javier Pulido y Ron Wimberly). Panini Comics, 2014. Rústica con solapas. 144 págs. Color. 13,50 €

Al final de la película Saint Laurent (Bertrand Bonello, 2014) el afamado diseñador francés, durante los últimos años de vida, cena con una antigua colaboradora, ambos de etiqueta y frente a la atenta mirada de un mayordomo pétreo. La mujer no para de alabar el talento de su antiguo empleador, defendiendo como su inspiración bebía de Proust mientras los diseñadores actuales mancillan el oficio tomando como referentes el mundo del cómic. Yves Saint Laurent le da la razón a su empleada, definiéndose como el último gran modisto mientras con una cuchara de oro le da caviar a su perro. Durante el documental La danza (Frederick Wiseman, 2009), centrado en el ballet de la Ópera de París, un coreógrafo intenta explicarle durante un ensayo a dos bailarines, vestidos con mallas y camisetas sudadas, como expresar un amor imposible mediante el baile. El coreógrafo termina pidiéndoles que se imagen que son X-men, criaturas llenas de poder pero cuya potencia les impide amarse, llegando incluso a imposibilitarles el contacto físico.

Evidentemente son dos formas de ver la cultura, de percibir la historieta, incluso los superhéroes, como referente y dinamizador de la sociedad. Por fortuna parece que cada vez la sociedad en general es más receptiva a un medio de comunicación que ha tenido que luchar a brazo partido por conseguir su lugar en la cultura global, enfrentándose tanto a censores del buen gusto como a talibanes que se negaban a soltar su objeto de deseo. Pero el tiempo ha abierto las ventanas dejando pasar el aire, demostrando que el cómic tiene mucho que decir. Si alguien tiene alguna duda no tiene más que sentarse un rato y leer el primer tomo de Hulka de Charles Soule, Javier Pulido y Ron Wimberly. El guionista Charles Soule no lleva demasiado tiempo escribiendo cómics, profesión que desde 2009 compagina con la abogacía, actividad a la que ha dedicado la inmensa mayoría de su vida laboral. Sin embargo, colecciones como Inhumanos para Marvel o Red Lanterns para DC demuestran cierta valía como guionista de superhéroes mainstream. Aunque si Hulka tiene algo, es su alejamiento total de cualquier cosa que se acerque a un cómic clásico de superhéroes, siendo al mismo tiempo todo lo que un lector de superhéroes espera encontrar. Puede sonar absurdo, pero la ruptura continuísta de Charles Soule funciona con eficacia, eso sí, contando la ayuda excepcional de Javier Pulido, dibujante estable de la serie; y Ron Wimberly, que realiza dos números del primer volumen de Hulka.

La serie de Charles Soule es continuísta porque Hulka es una colección llena de acción y misterio, una continua invitación a seguir leyendo, tanto en lo referente a cada número, los cuales funcionan de forma autónoma sin problemas, como en el sentido de saga de la historia. Charles Soule sabe gestionar la información para sin que aparentemente pase nada, Hulka entretenga sin exigir demasiado al mismo tiempo que va construyendo una red de relaciones y causalidades al rededor de Jennifer Walters, la profesional abogada que recibió una transfusión de sangre de su primo Bruce Banner, heredando su precioso tono esmeralda y buena parte de sus poderes. Pero en la actual colección de Hulka, el poderío físico de la protagonista se sitúa como mucho al mismo nivel que su portento intelectual, especialmente en lo referente a su labor como letrada, pues Charles Soule llena el cómic con algo que domina en su vida profesional, el derecho, haciendo que los juicios y las demandas no sean sólo elementos secundarios en la colección, pues su Hulka es primero abogada y después heroína.

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Charles Soule es un abogado experto en inmigración y derecho corporativo, con lo que no extraña que dos de los primeros casos de Hulka sean una demanda por violación de patente y la petición de un asilo político, aunque los demandantes sean respectivamente la viuda y el hijo de sendos villanos. Todo este conocimiento ajeno al mundo del cómic enriquece Hulka hasta el punto de que su lectura se aleja de la típica sucesión de combates, Charles Soule nos cuenta principalmente la historia de una joven profesional que trata de abrirse camino en el difícil mundo de la abogacía, intentando al mismo tiempo mantener una vida personal estable, si es que su trabajo se lo puede llegar a permitir. Se podría decir que Hulka es el slice of life de una joven abogada de Nueva York que abre su propio bufete, con la salvedad de que es verde, mide dos metros y tiene una fuerza sobre humana, una fuerza sobre humana que no impide que las pequeñas derrotas del día a día sean menos dolorosas.

Para rematar la jugada, nos encontramos con el dibujo de Javier Pulido, quien con un estilo totalmente alejado del clasicismo superheroico ata a tierra Hulka, haciendo a los personajes, y especialmente a su protagonista, más redondos y humanos. Pulido refuerza el tono de Soule, consiguiendo los dos autores unos personajes femeninos como pocas veces se han visto en el cómic de superhéroes, mostrando una visión realista y colorida, lejos de simplificaciones y estereotipos. El dibujo de Ron Wimberly, tan diferente del de Pulido como del estilo clásico, también trae novedad a la obra, pero sus constantes juegos estilísticos y su obsesión con la perspectiva enfatizan más el dinamismo que la carga emocional de la historia. El tandem entre Soule y Pulido, sin desmerecer en ningún momento a Wimberly, conforma una de las mejores colecciones mainstream de la actualidad, presentando unos resultados parecidos a los del Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja, donde también trabajó Pulido. Quizás ésta sea la salida, la evolución lógica, historias diferentes con acabados artísticos también diferentes, donde los héroes no dejan de ser héroes pero sin olvidar que las facturas no se pagan solas.

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