Musas y capitalismo

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Barbara (Osamu Tezuka). ECC, 2016. Rústica, 432 págs. B/N, 20 €

En el epílogo de este volumen el propio Tezuka apunta, o más bien deja caer, que Barbara es una obra menor publicada entre Ayako y Shumari. A pesar de que el propio autor reconoce este aspecto de este título no debemos perder de vista la función de Tezuka como cronista de una época de cambio. Es conocida la vertiente humanista de este creador japonés algo que no es difícil de apreciar la preocupación de este por el momento cambiante que estaba cambiando la sociedad occidentalizada, concretamente la influencia de esta sobre un Japón renacido de las cenizas y reconvertido en una sociedad ultracapitalista a pasos agigantados quemando etapas en un periodo de tiempo muy breve.

Barbara se centra en el valor del arte como un elemento, no solo intrínseco a la humanidad, sino como el gran  catalizador de la civilización con la capacidad de cambiar y reorganizar el pensamiento de todos y cada uno de nosotros. En cierta manera aunque aparecen agentes de primer plano la sociedad japonesa, la política, el capitalismo aparecen de fondo, más bien como un acicate para que el protagonista el protagonista dedique su esfuerzo a otras labores. En este escenario cuadriculado cualquier tipo de orden social puede parecer mucho más atractivo que aquel propuesto por el color gris con el que el sistema laboral parece querer pintarnos a todos, convertirnos en seres uniformes incluso en los usos culturales.

El protagonista Yosuke Mikure es un escritor de éxito japonés que no es capaz ni de abordar su siguiente obra ni de lidiar con la popularidad que le ha otorgado su trabajo previo. Yosuke se convierte en el punto de mira de los politos con aspiraciones de poder, empresarios que quieren ver crecer los ingresos de sus negocios y por sus fans que buscan un pedazo de este a cualquier precio. En todo esto aparece una idea que Tezuka maneja a la perfección, la función de la mujer en la sociedad capitalista. Todos los advenedizos con ganas de poder o de dinero utilizan a sus hijas como moneda de cambio. Yosuke rechaza el matrimonio con estas hasta que no puede evitarlo, sin embargo en su camino aparece una mujer que no es ni de lejos ideal.

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Barbara es todas las mujeres del mundo capaz de lo mejor y lo peor. Se presenta delante del escritor como una vagabunda borrachuza en una estación de metro, a primera vista parece una de tantas personas desahuciadas por una sociedad que cabalga sobre el más salvaje de los capitalismos. Pero esta, bajo la apariencia de una persona dejada incapaz de conectar con los mínimos comportamientos sociales se va abriendo camino en el ecosistema egocéntrico de Yosuke para descubrirse como una musa que ha inspirado a cientos de artistas a lo largo de los siglos. Pero no es una musa en el sentido mitológico sino que pertenece a una sociedad que de brujería  que tiene sus propias normas. En un intento de pertenecer a este colectivo Yosuke fracasa y tiene que rendirse a los brazos de la convencionalidad, casarse con una de las candidatas propuestas por sus padres y fracasar en su carrera como escritor.

Barbara es una especie de canto al arte por el arte y una crítica al reconocimiento del arte a través de las masas. Describe el acto de crear y al creador como un ser mitológico cargado de una serie de atributos místicos inasumibles por el contexto en el cual este viva. En cuanto a la relevancia de la obra no es posiblemente uno de sus mejores trabajos pero si uno de aquellos que nos ayuda a comprender el valor de la obra de Tezuka en un momento muy concreto de la historia y que nos ayuda a completar el recorrido humanista que este hace a través de su trabajo. Vamos y que Tezuka siempre es Tezuka.

@Mr_Miquelpg

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El Tezuka más crudo

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Devorar la Tierra (Osamu Tezuka) Ecc, 2016. Rústica, 520 págs. B/N, 27€

Las recientes ediciones de diferentes títulos de temática adulta de Osamu Tezuka nos hacen pensar que se trata de un autor clarividente. En Tezuka no solo debemos reconocer su labor como padre del manga actual con una influencia que pocos autores del medio desde finales del XIX hasta nuestros días pueden igualar. Sino que desde finales de los 60 y a lo largo de los 70 tuvo la visión necesaria para poder plasmar una serie de temas que en aquel momento el manga comercial no trataba. La canción de Apolo (1970), Oda a Kirihito (1970-1971), el libro de los insectos (1970) o MW (1976-1978) son un ejemplo de como este autor es capaz de reivindicar los valores de crónica y denuncia en un manga abierto a todo tipo de lectores.

En este periodo, y a partir de las obras mencionadas podemos extraer una primera conclusión: la principal preocupación del autor son las posibles consecuencias de un capitalismo galopante en una sociedad recién salida de una guerra devastadora y, que en menos de un siglo ha sufrido dos reconversiones socio-económicas forzadas, ambas, por el gobierno de EEUU. La primera por parte del comodoro Matthew Perry que provocaría el advenimiento del Periodo de Renovación Meiji y la segunda tras el fin de la guerra comandad por el General McArthur del año 1945 a 1952, por el que se creó una nueva constitución para el país que reformula las bases estructurales del mismo, en cierta manera a imagen y semejanza a ciertas estructuras económicas estadounidenses.

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Devorar la tierra se publica en 1968, algo menos de dos décadas después de la salida de los americanos del país, justo en el momento en el que Japón se empieza a reconvertir en un país volcado en la renovación industrial y empresarial del mismo, en el que Tezuka empieza a observar una serie de tics que hacen inquietar su espíritu humanista. El origen de la historia parte de la perversión del capitalismo. La hija de un gran científico se casa con un hombre ambicioso que no duda en vender el trabajo de este a los nazis y provoca más tarde la muerte del científico. La hija huye con su prole, 7 niñas a las que criará en una isla en la que trabaja la Srta. Critos. Antes de morir la madre le pide venganza a sus hijas, no del padre sino del mundos y urde de manera breve un plan en tres partes: primero devaluar el dinero por robar la felicidad de los seres humanos, en segundo lugar poner en evidencia la ley para tomar conciencia de lo injusta que es y por último burlarse de todos los hombres del mundo.

Dicha venganza es la que articula el relato que maneja de forma magistral las trama principal, la de la venganza con otras de carácter secundario que tienen que ver con las consecuencias de este plan. Para ello con la ayuda de Critos, que es científica, desarrollan una piel artificial por la cual todo el mundo podrá ser quien quiera y como quiera, esto provoca el no poder acusar a nadie de un delito al desconocer la identidad real. Con la ayuda de esta piel construyen la mujer más deseable del planeta Zephyrus, las siete hermanas se disfrazaran con esta piel para volver locos a los hombres, burlarse de ellos, defenestrarlos y poder conseguir lo que quieran de los más poderosos. En cuanto al capital devalúan las principales economías del mundo haciendo abarrotando las reservas de oro de todo el mundo. Tan solo un hombre, Gohonmatsu, un borracho que no siente la menor atracción por las mujeres consigue apartarse de dicha “catástrofe”.

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La maestría de Tezuka allá por 1968 nos ofrece obras como esta que carga contra un capitalismo creciente, plantea el final del mismo como una consecuencia de este sistema económico: el culpable del fin del capitalismo será el propio capitalismo. Esto nos llevará a una nueva edad media en la que la tecnología será aquella que nos permita sobrevivir en el día a día para cubrir las necesidades mínimas. El entramado narrativo es crudo, Tezuka hace vivir un infierno a todos los personajes en una carrera sin fondo en la que todo está escrito. No se trata de evitar la venganza sino de ver los motivaciones de los personajes, la corrupción de las estructuras sociales o hacer comprender lo que era un nuevo mundo, lo cual desde la actualidad resulta bastante fresco. Devorar la Tierra es otro, como casi todos, título de Osamu Tezuka, un autor del que todavía nos queda mucho por descubrir por estos lares.

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El dibujo de lo humano

Oda a Kirihito Vols 1 y 2 (Osamu Tezuka) ECC, 2015. Rústica, 400 y 432 págs .B/N 22€ c/u

Por suerte en los últimos tiempos hemos tenido la oportunidad de conocer la obra, por catalogarla de alguna manera, más adulta de Osamu Tezuka. De Tezuka son reconocibles las formas redondas en el diseño de los personajes que construyen junto a los más conocidos de sus relatos historias para todos los públicos: desde la canónica La nueva isla del tesoro (1947) a Astroboy (1952-1968). Sin embargo, este reservaba para las historias personales unos trazos más ásperos. Estos relatos son por lo general más próximos al momento en el que son creados por lo que manifiestan siempre las inquietudes de la sociedad, no solo japonesa, sino mundial

En este tipo de trabajos Tezuka pone de relieve el valor de lo humano en los personajes. Pero aparta esa idea de adjetivar de humano a los seres compasivos que solo piensan en hacer el bien y ayudar al prójimo; este autor entiende  la amplitud de la idea extendiendo la definición a los personajes malvados, ruines y egoístas. Estos suelen ser secundarios, casi a excepción de MW que son protagonistas, que potencian el factor humanista, como valor positivo, de los personajes principales.

Oda a Kirihito fue publicada entre 1970 y 1971 y en esta el autor japonés narra un drama médico desde el cual afronta una de las mayores problemáticas del mundo contemporáneo: el racismo. Para ello opta por un triple enfoque para asentar las bases del drama del doctor Kirihito Osanai: el mundo de la medicina, de la ciencia y del humanismo. El tema de la medicina en Tezuka deviene central, en Black Jack, obra posterior, trataría el tema de la medicina a través de un médico que sufre una severa deformación facial y se ocupa de los casos clínicos más difíciles de resolver.

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Tanto en la obra posterior como sobre la que escribo en esta entrada se juega a a la perdida de rasgos humanos  pero manteniendo el intelecto de una persona. Oda a Kirihito trata de un joven médico con unos principios meridianos sobre la profesión que ejerce, para él va mucho más allá de hacer grandes descubrimientos para obtener la fama dentro de la profesión. Kirihito Osanai pertenece al cuerpo médico de un reputado hospital japonés en el cual están tratando a un paciente que padece Monmo. Una enfermedad degenerativa que en hace que en su fase final las personas se conviertan en una especie de hombre-perro. La trama parte dos diagnósticos enfrentados: por un lado el director del hospital dice que se trata de una enfermedad vírica mientras que el protagonista defiende que tiene que ver con el entorno en el que viven los afectados.

Kirihito emprende una búsqueda de la verdad que se verá interrumpida por las ambiciones políticas del director que hará que el médico se convierta en un enfermo más de tan rara dolencia. Tezuka circunscribe un relato sobre la corrupción política, las actitudes xenófobas y el racismo en un ámbito global en el que la pérdida de las características físicas de lo humano hacen aflorar otros aspectos del protagonista. Kirihito pasa, por ser retenido en el pueblo en el que tienen origen la enfermedad, asesinan a su esposa, es hecho esclavo como atracción para un rico millonario, etc.. Todos esos elementos empujan a un personaje a convertirse en algo mucho más complejo que el reflejo de la bondad auspiciada por la profesión del mismo.

En Oda a Kirihito nos encontramos otro de los elementos clave del autor, manejar diferentes estilos visuales dentro de la tradición del manga para recrear las situaciones y darles el tono adecuado; sin embargo, deja de lado el trazo cómico, recurso que utiliza en obras tan trascendentales como Fénix. Se trata de una obra dura sin matices maniqueístas y con una alta carga moral con algunas lecturas que critican un capitalismo que pone por encima de todo la cosificación de lo humano y las estructuras de poder por encima de los valores que lo sustentan. Una obra del mejor Tezuka para entender la importancia de su figura en el medio.

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