New Generation Ghost

fantasma

Fantasma (Laura Lee Bahr). Orciny Press, 2015. Rústica, 300 págs. 16,95€

Uno de los grandes problemas del terror en cualquier medio es el saber mantener la expectación, de un  lector que se esconde detrás de las páginas, propuesta y que va a definir el relato. Puede ser una situación, un tipo de personaje, una localización o un elemento cultural se repita una y otra vez. Esto último nos da otro rasgo, la reescritura continua de aquellos personajes que aparecen en los textos de terror y con el tiempo deben de ser reconcebidos ya sea por cuestiones comerciales o por ciertas necesidades temporales relacionadas con la contemporaneidad del nuevo relato. Vampiros, hombres lobos, asesinos en serie, Scream Queens, casas encantadas y fantasmas, entre otros. En el caso del libro que nos ocupa en esta entrada se trata de los dos últimos como algo indisoluble en el que el topo trasciende a la personalidad del ente no corpóreo que protagoniza este título.

Fantasma de Laura Lee Bahr no es un cuento clásico de fantasmas dentro de los cánones del género de relatos fantasmagóricos, la autora utiliza algunos de los rasgos que mejor definen el bizarro: la apertura de una narrativa que literalmente no sabemos hacia a donde nos va a conducir, cierre de todas, o casi, las tramas abiertas, recorrer todos los vericuetos del universo ficcional planteados sin ningún tipo de pudor, hilar relaciones insospechadas entre los personajes a pesar de que no se encuentren hasta el momento en el que se desarrolla la historia y, creo que es el más importante, tener cierta conciencia como lector que la escritora está jugando constantemente con esos personajes que ha creado y que en principio no va a tener ningún tipo de límite moral para hacer con ellos lo que le apetezca.

En este trabajo de Lee Bahr el juego se proyecta hacia el lector, en principio está planteado como un falso libro de “Elige tu propia aventura” en el que la autora elide la posibilidad de elegir por lo que no nos queda otra opción de leer todas las opciones posibles. Eso nos va a permitir ver a los personajes protagonistas en todo su esplendor y alejados de una trama argumental única y delineada. En este caso estamos ante tres personajes que mueven toda la trama argumental; por un lado los dos vivos Simon Would, un periodista estrella venido a menos que trata de esclarecer las condiciones de la muerte de la protagonista, y Richard Jamison, un tipo que intenta buscarse una vida sin saber muy bien que hacer y que se encuentra sin quererlo en mitad de todo el meollo; y la protagonista Sarah While, muerta desde el primer momento del relato y que se convierte en un halo que lo envuelve todo, ella es un espíritu consciente de serlo pero también es la casa encantada, lejos de ser no perceptible maneja la vida de los otros dos protagonistas. Esta les empujará a buscar al responsable de su asesinato.

Laura Lee Bahr juega con que el resultado final de la investigación posiblemente no importe tanto como las relaciones que extremas que se van a producir entre los diferentes personajes. Estos están ligados hasta la médula, es ahí donde el relato juega su mejor baza dejando los estereotipos del relato noir como un argumentario que sirve para articular un relato que dada las constantes del bizarro se desborda por todos los lados. En Fantasma nos encontramos con una Sarah While esplendorosa convirtiéndose uno de los personajes más interesantes de ficción fantástica literaria de esta generación, uno no puede dejar de enamorarse de ella, a la vez que temerla. Lo mejor de la obra la posibilidad de releerla siguiendo tomando decisiones propias, a pesar de que no hay indicativos de página para saltar de una opción a otra, y encontrarnos con un relato mucho más centrado en uno de los dos personajes masculinos, porque Sarah, siempre, siempre, estará ahí.

@Mr_Miquelpg

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Ciudades caníbales

Ciudad-revientacráneos

Ciudad revientacráneos (Jeremy Robert Johnson). Orciny Press, 2016. Rústica, 340 págs. 16,95€

La literatura bizarra, extrema o psicotrónica, aunque sean cosas muy diferentes entre sí, no ha tenido mucho predicamento dentro de nuestras fronteras. Quizás uno de los mayores hitos de estos géneros en España es la publicación de una serie de títulos por parte de Reservoir Books a finales de los noventa. De estos guardo en mi memoria, y en las estanterías de mi biblioteca, un grato recuerdo de obras como El arte más íntimo de Poppy Z. Brite, la maravillosa e inconmesurable La fábrica de avispas de Iain Banks incluso Follame de Virginie Despentes. Son libros que hablaban en presente al lector contemporáneo, sin límites y de forma cruda, en definitiva, hablando claro y proporcionando tramas inéditas hasta el momento. Ya en el año 2000 aparecerían algunos títulos que podemos adjetivar como psicotrónicos de la mano de la editorial La Máscara dentro Attack Gore!, un sello destinado a este tipo de títulos. En realidad solo aparecieron tres títulos: Invasores psicóticos de Stanley Manley y Satán, Satán, Satán de Tony White, dos obras normalitas pero muy entretenidas, y la imprescindible Vacas de Matthew Stokoe, pendiente de una reedición en nuestro país.

Realmente hacía tiempo que ninguna editorial se dedica a un tipo de literatura que no entiende de límites, que juega a lo inesperado y a pillar al lector desprevenido. Orciny Press dentro de su colección Midian ha dedicado un hueco dentro de su catálogo editorial para sorprendernos con obras de culto en el ámbito anglosajón. Entre estas está de la que me ocupo en la entrada de hoy: Ciudad revientacráneos de Jeremy Robert Johnson. Un título que nos desborda en su lectura ya que lo que el autor nos plantea en primera instancia es tan ‘solo’ una invitación a la locura.

Lo que empieza como una aventura postcapitalista acaba como un manifiesto sobre la mutación y la fusión mental de diferentes personajes. S.P. Doyle, el protagonista, lleva trabajando toda la vida en un banco en un cubículo, como símbolo del trabajo especializado y alienado, gestionando documentación anónima hasta que decide reventar el sistema a través de la recopilación de recibos que registran el trasvase de dinero del banco hacia personajes oscuros y ocultos. Doyle crea una serie de personalidades para empezar a sacar dinero de la entidad bancaria para empezar a lucrarse de los desmanes financieros de la empresa en cuestión. Sin embargo, toda buena historia debe de tener un pero, Doyle está consumiendo grandes cantidades de hexa, vamos que se está drogando como un quinceañero en la ruta del bacalao en la década de los noventa, por lo que los límites entre realidad y alucinación empiezan a desdibujarse tanto para el lector como para el protagonista.

La primera parte del relato, está dividido en tres, empieza como una maravillosa fabula anticapitalista a ritmo de hexa que no cae en el buenismo progre de izquierdas dando a entender que el sistema solo se puede dinamitar desde dentro, con las mismas herramientas que posee la hegemonía dominante. Sin querer destripar el resto del relato la segunda parte nos lleva un mundo paralelo en el que el lado oscuro del capitalismo transforma la ciudad en un mundo en el que los valores clásicos han perdido todo el sentido. Doyle se encuentra en mitad de una guerra entre humanos conocedores de la verdad que se oculta detrás de todo y unos seres creados genéticamente por doctores que son criminales de guerra que ahora se dedican a modificar corporalmente a participantes en reality show. Sin embargo, es la conclusión la tercera parte la que nos da las claves totales del título: el sistema somos nosotros, nosotros integramos todas las partes del mundo que conocemos; por lo que la visión y la plasmación de lo que en realidad es el mundo es un reflejo de nuestro conocimiento inmediato. Así pues, Doyle, pasa de una visión del mundo solipsista a una holística.

Ciudad revientacraneos es una de las visiones distópicas más osadas de los últimos años. Es valiente, fresca y cruda. Jeremy Robert Johnson mezcla la ciencia ficción de videoclub de los años ochenta con una idea de distopía reptiliana que circula, al menos en los primeros tramos, por los mismos caminos que El club de la lucha. Si el narrador de la obra de Palahniuk concentra una comunidad de individuos a su alrededor para reconvertir el sistema, aquí la lucha de Doyle es en principio individual y egoísta para luego convertirse en una reivindicación comunitaria amalgamada en el protagonista. Lo dicho un libro recomendable al 100% y que dará que hablar durante mucho tiempo.

@Mr_Miquelpg

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