Spain is Pain #296: Delicias nimias (y 2)

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Nimio (VVAA) La Cúpula, 2016. Rústica, 180 págs. B/N 10 €

Hace ya algún tiempo ya dedique una entrada a uno, sino él, de los fanzines más representativos del último lustro. Evidentemente se trata de Nimio, las páginas de este fanzine desprenden, aunque sea un tópico, frescura. Pero sobre todo por una percepción personalísima de los autores al acto de creación de un cómic. El/los relatos principales y transversales apuntan, no a comentar, como hacen muchas de estas publicaciones sino a reflexionar sobre el acto de contar. Esa opción, posiblemente inconsciente por parte de Anabel Colazo, Ferro, Luis Yang, María Ponce y Nuria Tamarit, es parte inherente e imprescindible de las historias que podemos encontrar en las páginas de las diferentes entregas del fanzine.

Ese punto me lleva a la sensación que como lector me ha dejado el último número de Nimio. Por lo general los fanzines nacen de forma insospechada, o al menos eso me gusta creer, y acaban cuando los creadores no tienen el tiempo necesario para poder llevar adelante la publicación. El caso de Nimio ha sido totalmente diferente no solo porque han decidido publicar su última entrega con el buque insignia del cómic underground patrio, sino por lo que se puede respirar a través de las últimas 180 páginas de esta publicación.

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No sé si voy a entrar en algún tipo de paranoia personal o con la relación que suelo establecer con los textos que realmente me gustan. Está claro que esta entrega es una despedida y no lo digo porque se ha anunciado como un último número sino por la conciencia de los autores de que son las últimas aventuras de sus personajes se traspasa a estos de una manera ¿consciente? A medida que uno va  avanzando en la lectura de este volumen se va dando cuenta de la importancia de ver al autor dentro de la obra de ficción, entender como tal que las cosas tienen un final por mucho que queramos que las aventuras de los personajes de Nimio continúen eternamente. Todo es una gran despedida, a una forma de entender el comic como una forma de relacionarse con el mundo.

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A dicha fiesta final no podían faltar algunos de los autores más interesantes del panorama nacional como  Roberta Vázquez, Antonio Hitos, Lorenzo Montatore o Álvaro Ortiz. La idea es hacer un último número que sea memorable y en el que se reivindique el papel del fanzine tanto dentro como fuera de la industria, entendida esta como un estamento inamovible, no solo como una vía de expresión sino también como una manera de expresarse a través de la forma. En cuanto a contenidos los protagonistas de las aventuras que tienen lugar en Nimio son hijos de la iconografía y la mitología personal de cada uno de los autores, haciendo de cada una de las entregas una fiesta de reencuentro de elementos que conocemos o nos suenan de una manera u otra. El subtítulo de este último número es Fantasía Final apuntando a cierta complicidad con el lector que ha estado siguiendo los pasos del fanzine y que espera algo especial en esta entrega algo que los autores cumplen con creces. En fin, echaremos de menos a Nimio.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is Pain #260: vuelve el underground.

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Voltio #1 (VVAA) La cúpula, 2016. Rústica, 124 págs. Color, 12€

En una entrada anterior sobre la primera entrega de La resistencia sobre este posible nuevo ciclo que puede estar empezando de revistas periódicas dedicadas al cómic en un formato algo diferente del que habíamos visto anteriormente y condicionado por las publicaciones digitales y por un tipo de autores cada vez más acostumbrados a publicar regularmente online, ya sea historietas, ilustraciones incluso opinión sobre el trabajo de otros autores. El caso de Voltio es un tanto diferente tanto por el perfil de editorial con un público con un gusto por un tipo de cómic de autor y arriesgado y por los autores que componen el volumen en sí mismo.

La apuesta de Voltio, editado por Ana Oncina y Alex Giménez, es por una serie de autores de la última generación que arriesgan con nuevas estéticas, diferentes formas de abordar la narración o innovar dentro de las formas más tradicionales del relato. Por lo general estamos ante dos tipos de relatos aquellos que bordean lo cómico, cada una con un estilo diferente, o aquellos que construyen la historia bajo la perspectiva de lo incómodo.

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Entre estos últimos están Mancha de Nuria Tamarit en la que una marcada elipsis de años se convierte en una gran incógnita sobre un reto de adolescencia. Yo y tú  de Alexis Nolla en la que dos personajes, que probablemente ni se conozcan, establecen una relación basada en el instinto inmediato de ambos. En Bicicletas Power Paola esboza a través de un breve relato en el que dos personajes se enseñan mutuamente a montar en bicicleta cierta incomodidad bajo la estética que lo caracteriza.

En una vertiente más experimental se encuentra Blah de José Domingo, en este el protagonista busca la experiencia de la soledad alejándose de ruidos y palabras vanas. Los relatos más estéticos son aquellos de Andrew Rae, Moonhead in the City, de una sola página en la que un hombre luna sufre una ensoñación mientras pasea, o Alan, del incólume skater y autor de cómics onubense Antonio Hitos, a medio camino entre lo esteta un humor puñetero y cabroncete.

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El resto de autores participan con relatos en los que predomina lo humorístico bajo diferentes vertientes, a excepción de Alicia de Ana Oncina una reescritura de Alicia en el país de la maravillas, quiero creer, que profundiza en un relato en el que el espacio cobra un papel relevante y se apoya en ciertos aspectos de estética adorable. Fran Collado juega con la idea de los espiritistas de plantas en Coldbridge & Blackguard espiritistas botánicos; Cristian Robles (a.k.a. Kensausage) en sus dos historias juega con la idea de la condición humana, en la primera Tú eras mi hermano, yo te quería un gato ve como un niño recién llegado a casa, al que él considera como hermano, crece y crece sin contarle el secreto de su desarrollo físico. Por otro lado en El caso normal de Benjamin Button negando por completo la excepcionalidad del ser humano. Alex Giménez participa con Rojo y crudo, Amor Absoluto y la primer entrega de Pedrín y Jeremías; el primero son historias de una página protagonizada por dos personajes transgresores, la segunda es una historia de amor entre un hombre y una mujer en la que nada es lo que parece, y la comida adopta un papel muy importante,y Pedrín y Jeremías un relato que se desarrolla en la época de los bandoleros y en que Jeremías  disfruta metiendo miedo a Pedrín justo antes de que este se interne en el bosque. Para acabar falta hablar de Aroha Travé y Corvis en el que un par de amigos, uno con un problema peculiar por un problema de crecimiento se mudan de ciudad y Larry Keel de Alex Red, que trata sobre las ensoñaciones y pesadillas de un tipo que en vez de nariz tiene un pene del tamaño de un infante.

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Solo queda decir lo fresco de la propuesta, es poco habitual que las editoriales apuesten por un tipo de creación que últimamente estamos más acostumbrados a ver en el ámbito de la autoedición o en la red. La idea de Voltio creo que dista mucho de la idea de revista a la que estamos acostumbrados y que por narices deberá seguir mutando en función de las necesidades tanto del público, las editoriales, pero sobre todo de los autores y de sus necesidades creativas.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Paraíso rural

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Duerme pueblo (Núria Tamarit y Xulia Vicente). La Cúpula, 2016. Rústica. 116 págs. Bicolor. 12 €

La gente que se ha criado en una ciudad no se lo cree, pero no hay nada comparable a la potencia de lo rural. Yo viví mi infancia y adolescencia en un pueblo de 15.000 habitantes, aunque hubiera preferido que tuviera aún menos población. Por suerte mi casa estaba justo donde terminaba el pueblo, con lo que a un lado tenía las calles, las plazas, la biblioteca y la heladería; pero al otro lado tenía los arroyos, los campos de cereal, los árboles secos al sol, la marisma y los caballos que correteaban sueltos. Hay algo mágico en salir de tu casa y en 10 minutos estar rodeado de naturaleza salvaje, hasta la rodilla de barro mientras capturas renacuajos, o a la sombra de una caba hecha con balas de paja seca. Hay pocas cosas comparables durante la infancia a que se te haga de noche en mitad del campo y tener que volver entre las sombras más negras a casa, sabiendo que entre las sombras habitan criaturas hambrientas y que tu madre te va a dar con la zapatilla.

Conseguir capturar ese ambiente de la cotidianidad rural, de la existencia en los límites entre humanidad y naturaleza, ciudad y campo, es bastante complicado. Pues tanto para el desconocedor como para el experimentado, es peligroso no caer en los lugares comunes, en las fantasías arquetípicas que los urbanitas proyectan sobre el pueblo como concepto más poético que real. Una buena historia rural debe ser ante todo cruda y trágica, pues la belleza y la tristeza habitan en valores absolutos. En los pueblos hay menos crímenes, pero cuando sucede uno es el infierno en la tierra. Creo que Núria Tamarit y Xulia Vicente han conseguido en su primera obra conjunta, Duerme pueblo, ese fin, representar lo rural desde la óptica del que lo vive, todo gracias a la eliminación de fronteras entre hombre y naturaleza, ciencia y magia.

Aunque Duerme pueblo es un cómic a cuatro manos donde Núria Tamarit y Xulia Vicente comparten labores de guión y dibujo, se nota cierta predominancia a la hora de retratar los ambientes que la primera tuvo que vivir durante su infancia en la Galicia rural. La aldea ficticia de Barballo recuerda a cualquier pequeño asentamiento humano en mitad de la naturaleza, pero no se puede negar que las dos autoras se han valido de una estética y un tono que recuerda enormemente al norte de España, desde sus paisajes hasta la utilización de personajes típicos de su folklore como la bruja o el lobo; hasta el alcalde o el cura del pueblo tienen ese gusto típico de los minifundios gallegos. Pero que nadie espere con esto un drama documental en la Galicia profunda, pues ante todo Duerme pueblo es un cómic que juega a diversos niveles, sin miedo a mancharse las manos o a transitar por caminos poco recorridos. Esto llega a puntos álgidos en el último tercio de la obra, donde Núria Tamarit y Xulia Vicente pervierten la figura del deux ex machina para convertirla en un portador de sentido en lugar de en una salida fácil. Es un juego ingenioso y que aumenta aún más lo perturbador de la obra.

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Pues ante todo, Duerme pueblo es una historia perturbadora, un relato que comienza con el hallazgo de un cadáver en el pueblo pero que se aleja completamente de una trama detectivesca, llegando por momentos a ser un tour de force con forma de caja china donde la violencia y los desastres traídos por las buenas intenciones se van sumando de forma exponencial. Audrey la huérfana es el personaje más cercano a la figura de un protagonista claro dentro de Duerme pueblo, y aún así funciona más como una proyección del propio lector, un personaje que lo sabe todo pero que aún así se ve incapacitado para solucionar los problemas, pues hay una diferencia entre lo que la chica sabe, lo real, y lo que las apariencias insinúan, lo que los vecinos de Barballo prefieren creer, influenciados siempre por sus propios intereses. Las dos autoras generan un guión trepidante alimentado por impulsos, lo que obliga a una lectura casi impulsiva, pues aunque esperemos una solución con la siguiente escena, en el fondo sabemos que sólo veremos una nueva complicación, y puede que alguna muerte más.

Pero no deberíamos optar por una lectura tan impulsiva a la hora de enfrentarnos a Duerme pueblo, o si lo hacemos deberíamos recurrir a una segunda lectura. Pues el dibujo de Núria Tamarit y Xulia Vicente bien merece ser observado con detalle, autoras capaces de tener un trazo dulce y animoso a la hora de representar a dos niños que juegan en las calles de un pueblo rural; pero también capaces de retratar el horror más primigenio con dos figuras con forma de lobo bailando alrededor de un hombre. Pero para eso lo mejor es que cada uno se lea Duerme pueblo y recuerde la oscuridad del bosque y sus sombras durante su infancia, o al menos se sienta mal por no haberlo vivido.

@bartofg
@lectorbicefalo

Spain is pain #214: Delicias nímias

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Nimio, nº 1 al 4 (VVAA). Nuez Ediciones, 2015. Grapa, 52 págs. B/N 4 € c/u

Todavía es pronto para hablar de la influencia de ciertas obras en futuros autores de comics. En los últimos años han predominado una serie de textos que desde cierta perspectiva fántástica, en principio infantil, han sido consumido por lectores/espectadores de todas las edades: Harry Potter, Bob Esponja, Hora de aventuras, Historias corrientes o Tito Yayo, entre otras. Estos serán sin ningún tipo de dudas obras fundamentales para entender futuras creaciones.

No sé si por mi parte será adelantarme poniendo en relación obras contemporáneas con las anteriormente mencionadas, o simplemente es ver rasgos comunes en obras diferentes, con tonos, en principio, bastante dispares pero con universos que comparten pautas discursivas. Eso es lo que me ha sucedido con Nimio, un fanzine de publicación mensual y que por el momento lleva cuatro números publicados presidido por una sana voluntad de jugar con los textos e introducir referencias de unos títulos en otro. Ya que la forma elegida es la de revista en la aparecen diferentes historias seriadas y con, más o menos, una continuidad velada.

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Los autores que llevan las riendas de esta publicación son: Ferro, María Ponce, Luis Yang, Nuria Tamarit y Anabel Colazo. Cuellos altos de pana tejana de Ferro es una serie protagonizada por una unos personajes un tanto infantiloides que tienen circunloquios sobre comida: Ganchitos, cacahuetes, o happy meals. El estilo de dibujo es engañosamente infantil y desproporcionado, pero esconde un buen trabajo de composición amparado en el horror vacui. El cartero de Luis Yang es un personaje enigmático que lleva su profesión a lo surrealista repartiendo paquetes y cartas, con un gran estilo gráfico que evoluciona y empieza a tomar forma en el último número.

María Ponce nos presenta a tres personajes que bordean la adolescencia y que viven en un mundo violento que es asumido con total normalidad por estos, pero sin ser el leit motiv de la historia, es una de los segmentos en los que el dibujo tiene un toque realista. El otro es el realizado por Nuria Tamarit, que se inicia con La plaga una historia de corte fantástico en un mundo desfigurado en el que los zorros parece que tienen cierto poder místico y no todos los humanos están tan evolucionados y en el que alguien que utiliza algo tan mundano como una moneda para pagar muere. Y para acabar Miguel el mago de Anabel Colazo, en el que un labrador, acompañado por una especie de patata negra con piernas, se hace pasar por mago para impresionar a la gente. Este personaje aparece en el resto de historias del fanzine de forma directa o indirecta.

La suma es un fanzine que mezcla tendencias actuales y ciertas referencias, o formas de entender la narración en los que lo fantástico juega un papel vital pero no central en el relato y sirve como excusa para plantear mundos con reglas muy concretas. Aunque quizás sea demasiado pronto para hablar de esta publicación sí que es necesario llamar la atención sobre este proyecto que tiene una periodicidad mensual, la evolución de lo planteado en las páginas de Nimio, resulta un mezcla muy interesante, sobre todo en unos autores de los que esperemos que nos den muchas alegrías en un futuro próximo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo