Bruja, más que bruja

Harrow County: Innumerables Seres (Cullen Bunn y Tyler Crook). Norma Editorial, 2016. Rústica. 152 págs. Color. 17,50 €

Es curioso pero dentro de la cultura popular y de esa Edad Media Fantástica imaginada desde Estados Unidos, no existen los personajes mágicos masculinos seductores. La magia está siempre ligada al bien, la llamada magia blanca, que la hacen hechiceras o hechiceros de buen corazón; o al mal, la conocida magia negra con terribles brujas y brujos demacrados por su propia maldad y sed de destrucción. Entre estos dos extremos, lo que llamaríamos magia sexual estaba recluida a las mujeres, muchas veces, seamos sinceros, como un mal atractivo, representada en esos súcubos que más que demonios eran tías buenas con cuernos y alas de murciélago, que tampoco iban a tratar tan mal al héroe, o al menos iban a provocar unas risitas cómplices. Es cierto que actualmente la fantasía vive una reestructuración que la hace más accesible, y menos ofensiva a las mujeres, pero queda aún mucho camino por recorrer.

Desde un punto de vista más histórico, si hablamos de brujas, muchas veces habría que dejar de lado a las ancianas decrépitas y a las tías macizas que se pasean desnudas por los bosques, y centrarnos más en figuras de poder mágico alternativas a las religiones estatales, centradas sobre todo en el curanderismo y los remedios naturales. Las brujas pasaron de ser chamanes respetadas por la tribu a perseguidas por un nuevo poder religioso-político. Así que en la actualidad la bruja, más si es una mujer joven, es un personaje satanista de gran atractivo físico que disfruta tanto de provocar el mal como del goce físico. Por suerte, algunos autores están empeñados en dar una nueva visión, muchas veces más realistas, de esa relación mítica de la mujer y la magia, con un enorme peso de la propia feminidad de la practicante. Casos tenemos muchos, siendo uno bastante notable el cómic Harrow County, que en su primer volumen Innumerables seres, hace una relectura de la usuaria de la magia desde un punto de vista más justo y realista, dentro de la fantasía, sin dejar en ningún momento de entretener.

El cómic es obra del guionista Cullen Bunn y del dibujante Tyler Crook, quienes apuestan por crear su propia mitología pero bebiendo de las bases más oscuras de Nueva Inglaterra. Harrow County en resumidas cuentas nos narra la historia de Emmy, una adolescente que se acerca a la edad adulta ante la atenta mirada de un padre sobreprotector, todo en el ambiente asfixiante de los Estados Unidos rurales durante la Gran Depresión. Emmy es como cualquier chica de campo de buen corazón, quizás algo inocente y guapa sin saberlo. Pero claro, no podemos olvidar que Harrow County es un cómic de terror, y todo se embarra un poco cuando sabemos que no hace muchos años existía una bruja en la zona, la cual fue aceptada de buen grado gracias a sus poderes curativos, aunque cuando comenzó a hacerse algo molesta, el pueblo decidió acabar con su vida. En el presente de la historia, el pasado de la bruja está muy presente y a nadie se le escapa que hay cierta relación entre Emmy y la hechicera asesinada. En base es una historia de alguien que debe luchar contra su destino maldito, pero realmente nos encontramos con lo contrario, pues no todo es tan simple y Emmy en lugar de buscar la redención trata de averiguar algo tan sencillo como quién es realmente.

El guión de Cullen Bunn maneja sin problemas este proceso identitario de su protagonista, consiguiendo que la información y el descubrimiento fluyan de forma continua, con la necesaria complejidad para que el lector no pierda interés en ningún momento, más el añadido de los justos golpes de guión para volver a atraparnos y ya no dejarnos escapar. Poco a poco vamos conociendo la historia de Emmy, la bruja y los habitantes de Harrow County, un entramado donde todo es más complejo de lo que parece y el gris campa a sus anchas sin dejar espacio a explicaciones maniqueas. Pero no podemos olvidar que nos encontramos ante un cómic de terror, y aunque la estructura sea un perfecto drama, las paredes están manchadas de sangre y se escuchan extraños ruidos en el bosque. Cullen Bunn consigue crear una atmósfera opresiva que se va volviendo más claustrofóbica a medida que avanzan las páginas, consiguiendo que no sepamos que puede ser lo próximo que ataque desde las sombras, una duda comprensible si contemplamos la imaginación del guionista a la hora de configurar su mitología y poblarla de las más terroríficas criaturas.

Por último, no se podría dejar de lado el trabajo gráfico de Tyler Crook, que consigue un resultado final mucho más perturbador gracias a sus lápices, especialmente de su color, pues vira continuamente entre el terror más puro y un dibujo casi infantil, de libro ilustrado de principios del siglo XX. Tyler Crook, ya sea dibujando una joven que llora en el bosque o una criatura desollada, consigue traernos ese recuerdo de libros infantiles donde los temas eran quizás demasiado fuertes para los jóvenes lectores, con esa sensación ya perdida de una obra para niños y adolescentes donde quizás sus creadores se han pasado de frenada en algún punto. Esas obras que todos los fanáticos de la fantasía y el terror reconocemos como nuestras obras seminales en el camino hacia las esquinas más oscuras de la ficción. Innumerables seres es la perfecta carta de presentación de Harrow County, ahora sólo queda seguir las aventuras de Emmy y disfrutar los malos ratos que nos hayan preparado Cullen Buen y Tyler Crook.

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Legado, historia y leyenda

Los Borgia Integral (Alejandro Jodorowsky y Milo Manara) Norma Editorial, 2012. Cartoné, 216 págs. Color, 24 €

Nadie puede poner en duda que actualmente la novela histórica es uno de los productos de consumo cultural más populares. Una moda que se inició en la novela pero que no ha tardado en dar el salto a otros géneros, como puede ser la televisión (entendemos ya dentro de la televisión las plataformas audiovisuales, el futuro era esto), con una ingente cantidad de producciones que hacen de las coordenadas espaciotemporales uno de sus mayores atractivos. Corriente que no es ajena al cómic, aunque con la salvedad de que la ficción histórica no es nueva en el mundo de la historieta, siendo uno de los géneros más populares, especialmente en la industria europea, donde las aventuras ambientadas en tiempos pretéritos siempre han gozado de una muy buena salud.

Así que no es de extrañar que en los primeros años de nuestro milenio surgiera una serie como Los Borgia, con cuatro volúmenes publicados entre 2004 y 2011, antes de la explosión audiovisual que puede cansar a muchos y encantar a otros, como es el caso de quien escribe la presente crítica. Los Borgia surge como una apuesta industrial destinada a ser un éxito, pues incluso en el mundo del cómic podemos hablar de estrellas aunque la industria nacional no invite a ser muy optimista en dicho género más allá de personas como Paco Roca o David Rubín. El caso es que se publica el primer volumen de Los Borgia en 2004 aunando a dos famosos creadores que hasta entonces no habían colaborado juntos, el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante italiano Milo Manara, todo para una superproducción francesa. Apuesta que puede parecer extraña si hablamos de un guionista amante de los excesos, donde los cómics son excusas para hablar de una filosofía propia a través de lo onírico y la ciencia-ficción; y un dibujante reconocido como maestro mundial del dibujo erótico famoso ante todo por los trazos con los que recrea a la mujeres.

Con esto en mente era lógico que la historia de la familia Borgia era perfecta, pues las acciones del Papa Alejandro VI y sus hijos, con César y Lucrecia Borgia a la cabeza, son una perfecta excusa para hablar de política, filosofía, fé y además llenar todas las páginas posibles de sexo y depravación. Aunque si somos realistas, lo cierto es que Alejandro Jodorowsky gana la partida en una hipotética confrontación de genios y no se puede negar que Los Borgia es más una obra del chileno que del italiano, con un guión pensado más para versar sobre lo humano y lo divino que sobre las aventuras sexuales del Papa valenciano y sus descendientes. Es cierto que las escenas sexuales existen en la obra, pero no son ni tan explícitas ni tan numerosas como suelen serlo en un cómic de Milo Manara, con el añadido de que están siempre al servicio de la trama desarrollada por Jodorowsky, que parece reacio en todo momento a mostrar cualquier escena sexual gratuita por el mero placer voyeur del lector. Hay sexo, sexo divinamente dibujado por Manara, pero siempre al servicio de las tesis del guionista.

Así que se puede decir que Milo Manara trabaja a un nivel altísimo, con un dibujo y un color limpios y tan cercanos al academicismo como a la personalidad única de su autor, pero siempre al servicio del guión. Por su parte, Jodorowsky no sólo doma al dibujante italiano, sino que también juega con los hechos históricos para acercarlos a sus necesidades narrativas. Es lógico que cualquier adaptación de hechos históricos opte al menos parcialmente por la reinterpretación, con acciones tan comunes como obviar hechos menos interesantes o fusionar algunos personajes simplemente para agilizar el guión. Acciones que Jodorowsky lleva a cabo sin frenarse ahí, pues no tiene problemas no sólo en cambiar fechas y orden, sino que también inventa o trastoca episodios para mejorar su ficción, labor que lleva muy a menudo cuando se trata de representar las muertes de los personajes, alterando la mayoría para dar mayor épica y dramatismo al final de sus personajes.

Aunque de ser sinceros, me quedo con el juego metahistórico que lleva a cabo Jodorowsky, basta con saber algo tan sencillo como que Los Borgia no es una obra histórica realizada para narrar los hechos concretos de la vida del Papa valenciano y sus hijos, más bien nos encontramos con una visión de lo que debería haber sido la historia según Jodorowsky, que desde su prisma mejora lo que ya sucedió. Ejercicio que se ve mejorado en todo momento por el envidiable arte de Milo Manara, pues si el guionista chileno trata de entretenernos y exponernos sus ideas filosóficas, no hay mejor acompañamiento que un dibujo que casi supera a lo humano, haciendo que el mundo de Los Borgia sea casi demasiado humano y sin ninguna duda más atractivo que lo que realmente pudiera haber ocurrido en el paso del siglo XV al XVI.

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Spain is Pain #282: Lo mejor de 2016.

El año nuevo se viene el año viejo se va, y por estas fechas, como siempre empiezan a aparecer las listas de lo más reseñable del año en diferentes ámbitos de la cultura. Como siempre en Spain is Pain nos ocupamos de aquellos tebeos que a nivel nacional podemos considerar como más interesantes por un aspecto u otro. Este año en cuestión podemos encontrar dos grandes bloques: uno en el que la experimentación está en primer plano y otro en el que las narrativas más clásicas explotan al máximo sus recursos. Como me ha sido imposible cerrar una lista de 10 obras he cerrado una de 15 imprescindibles, es decir, un buen año para la viñeta (y en lo personal también).

P.D.- Y recuerden, las listas son siempre subjetivas.

  1. Sirio (Fulgencio Pimentel) / Gialla (Ediciones Valientes) de Martín López Lam

Este es el díptico imprescindible de 2016, Martín López Lam explora la relación entre el autor y el lector, convirtiéndola en íntima y optando por un punto de vista subjetivo para convertir a la audiencia en protagonista. Imprescindibles.

  1. Vip (Penguin Random House) de Felipe Almendros

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Felipe almendros sigue con la exploración de su yo artístico y su yo ficcional en un volumen monumental, directo y retórico. Un trabajo en el que el énfasis de la lectura se sitúa en espacios que exploran la relación y la influencia de la obra de ficción tanto para el autor como para el lector. El CD que lo acompaña es maravilloso.

  1. Gran bola de helado (Apa-Apa) de Conxita Herrero

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Un trabajo diferente, aquí la autora vuelve a ser protagonista, pero en un entramado de formas y colores que aspira a trascender al mero relato narrativo. Gran bola de helado es ante todo una obra sinestésica que se debe leer, degustar y sobre todo respirar al ritmo que esta te marque.

  1. Hopper (Autopublicado en TumblR) de Felipe H. Navarro

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Felipe H. Navarro es un autor que evoluciona rápido y en Hopper parece cristalizan todos aquellos elementos que hacen grande a este creador. Este work in progress nos habla de una idea un concepto, el que da título a la obra, que muta en función del relato que se nos narra en ese momento. El formato vinculado a la plataforma nos regala una idea de viñeta-lienzo impagable. Amigos editores ¿para cuándo una edición en formato físico?

  1. Materia (Astiberri) de Antonio Hitos

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Antonio Hitos en su último trabajo hace una aproximación holística y conceptual a nuestro mundo poniendo de relieve y cuestionando algunos de los pilares básicos de la sociedad contemporánea a través del relativismo. Mucho menos críptico que en su obra interior pero más perverso en la forma de elaborar el discurso. Un trabajo imprescindible para comprender la evolución de un autor que aspira a la simplicidad estética.

  1. Hoodo Voodo (Fosfatina) de VVAA

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En una obra colectiva de este calibre es difícil hablar de un creador en concreto, y más en este caso. La gente de Fosfatina se saca de la manga una serie de autores que trabajan al margen de la estética mainstream del cómic. Título fundamental para entender los desarrollos del cómic de vanguardia.

  1. Los dientes de la eternidad (Norma Editorial) de Jorge García y Gustavo Rico

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Jorge García y Gustavo Rico se sacan de la manga una obra sobre la épica vikinga clásica en un contexto visual innovador y rompedor. La magia consiste en no hacer que esas dos ideas choquen, y lo consiguen. El resultado una de las representaciones más preclaras de del Valhalla.

  1. El ala rota (Norma Editorial) de Antonio Altarriba y Kim

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Un relato que cuenta cómo ningún otro la soledad y ostracismo en el que han vivido las mujeres en España durante más de medio siglo. La paracuela de El arte de volar constituye una obra más depurada que su predecesora, más crítica con el sistema de valores del catolicismo español, pero sobre todo por ser una obra que no se basa en la lastima sino en la reivindicación de un personaje femenino lastrado por las circunstancias.

  1. Gran Hotel Abismo (Astiberri) de Marcos Prior y David Rubín

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El mejor escritor de ficción política y el autor que mejor representa la rabia contra el sistema ponen en escena sin ningún tipo de doblez moral la paupérrima situación política y social a la que nos somete el capitalismo feroz. El pueblo frente a la clase dominante, la violencia de clase vs. la violencia del estado y la caída del estado-nación son algunas de las cuestiones que se ponen en juego en esta obra.

  1. Lamia (Astiberri) de Rayco Pulido

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El autor canario vuelve con un trabajo de precisión tanto en el aspecto estético como en lo narrativo. Una thriller con asesino de por medio que pone de manifiesto las visicitudes de aquellas mujeres que buscan independencia en un periodo en el que todo les era negado. Intrigante y visualmente brillante.

  1. Insecto (Norma Editorial) de María Llovet

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Nunca me cansaré de reivindicar a María Llovet, su trabajo en la narración es complejo y lleno de capas. En su último trabajo hace una pequeña tesis sobre el amor y sus circunstancias, sobre lo inadecuado cuando no tiene que aparecer y de lo importante que siempre esté ahí aunque no se pueda satisfacer C. Tal como lo plantea la autora las cosas son como deben ser aunque no sean adecuadas.

  1. Palos de ciego (Astiberri) de El Irra

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La opera prima del autor sevillano es un manifiesto sobre la vida en los barrios del sur y de cómo el devenir de las personas esta en las manos del destino y de algunos cuantos cabrones que les gusta jugar con nosotros. La vida es dura y el Irra nos lo muestra sin ningún tipo de concesiones.

  1. La muerte y Román Tesoro (DeHavilland) de Lorenzo Montatore

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Lorenzo Montatore desmonta por completo la idea de la forma vinculada al relato. Bajo una apariencia banal nos desgrana un relato complejo sobre la muerte repleto de referencias literarias y de la cultura popular de la calle. Un libro para leer rápido, pero que se queda en la mente del lector durante mucho tiempo.

  1. La reina orquídea (El Verano del Cohete) de Borja González

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Una pequeña joya que ha pasado desapercibida, Borja juega con el lector a través de un trampantojo  visual en el que el lector se convierte en un espectador que tiene que estar muy atento para no caer en el agujero de conejo para no quedar atrapado en el relato. Deseando leer lo próximo de Borja.

Pues hasta aquí todo, a ver que nos depara 2017. Chau.

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Spain is Pain #265: el relato de miles.

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El ala rota (Antonio Altarriba y Kim) Norma Editorial, 2016. Cartoné, 256 págs. B/N, 23,9 €

Allá por 2009 el dueto creativo formado por Antonio Altarriba y Kim nos presentaban una de las obras más relevantes del cómic español: El arte de volar. En esta Altarriba nos explicaba la vida de su padre, el interés de esta obra reside tanto en aportar una visión focalizada a través de una persona cercana al guionista como en explicar parte de la historia de aquella España de mediados de siglo a través de la microhistoria y de cómo los grandes eventos afectan a las personas anónimas. Pero no solo en aspectos laborales, políticos y sociales, si no en las interrelaciones personales más próximas. Antonio, padre, tiene como principal característica una aproximación contraria al régimen a pesar de que posteriormente se ve engullido.

Siete años después de la publicación de El arte de volar, el mismo equipo creativo vuelve a contar el mismo periodo histórico pero desde otro foco: el de la madre del guionista. Si en la primera obra se mostraba una fuerte oposición al régimen y a las estructuras conservadoras aquí el punto de vista es otro. Petra es una mujer completamente opuesta a Antonio: creyente, servicial y, por encima de todo cree en mantener el orden impuesto. Esto último lo hace asumiendo su puesto en el escalafón social y de valores. Petra es una persona completamente diferente al que fue su cónyuge: si el proviene de España herida, ella asume el estado de las cosas pero sin apoyar al régimen.

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El ala rota no solo explica la vida de Petra si no la de muchas mujeres de su generación. Un relato que por lo general ha sido anónimo y en gran parte sometido al relato masculino de lo que fue y es España. De ahí que Altarriba opte por explicar la historia de su madre a través de los hombres que la han capitalizado: su padre, su jefe, su marido y un amor crepuscular. Sin embargo, y a pesar de que pudiese parecer lo contrario, Petra es una mujer fuerte con valores morales que pone por delante de todo, una capacidad para el sacrificio inigualable, sacrificio que representa al de miles de mujeres que pusieron, ponen y pondrán por delante de cualquier beneficio personal el favor del bien ajeno.

El ala rota, el título, no solo hace referencia a la incapacidad de Petra de mover el brazo izquierdo si no a esa voluntad creciente que esta mujer mostró por salir adelante sin perder la fe en sus creencias. Si bien podría parecer que partiendo de la oposición ideológica de los protagonistas de ambos volúmenes en este vayamos a encontrarnos la visión de los “vencedores”, resulta ser todo lo contrario. Petra muestra a esa gran parte de población que opto por salir hacia adelante en las paupérrimas condiciones en las que estaba el país, en llevar una vida digna y hacer que su entorno llevase una vida lo más cómoda posible, que no es poco. Es un relato apegado a una cotidianidad que nos revela huecos que habían quedado en el primer volumen, pero partiendo de un contraste narrativo en el que la lectura de uno de los volúmenes no se hace obligatoria para entender al otro. Me atrevo a decir que El ala rota  es una obra mucho más compleja y sutil en el que ambos autores han refinado mucho más su discurso para traernos una obra mucho más plena, concisa y atractiva, si cabe, que el primer volumen.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #262: Love is…

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Insecto (María Llovet) Norma Editorial, 2016. Rústica, 144 págs. Color, 12,95€

La obra de María Llovet es en conjunto, al menos por el momento, sibilina en lo que concierne a la mutación de la forma de la misma. Me explico, mientras que en Eros/Psique y Porcelain gran parte del peso del relato venía influido por los espacios. Los relatos tenían un lugar en una única localización que no siempre que tenía que ser fija, el interés se ha ido desplazando poco a poco hacia los personajes. Algo que se apunta en las obras anteriormente citadas y que en Heartbeat se construye por el interés hacia lo extraño, es decir, el interés por otras personas ajenas al círculo de lo común. En Insecto encontramos el siguiente giro la construcción de mundo a través de dos personajes muy próximos.

A diferencia de sus anteriores obras son los protagonistas los que construyen el ambiente y definen el espacio que habitan; quizás el más convencional de los elaborados hasta este momento por esta autora. Pero necesario para entender que la fuerza de esta narrativa reside en una relación íntima que define una estructura de percepción espacial que lleva a los lectores a leer los espacios tal y como nos los hacen ver Lucas y Lea. Si la casa donde habitan es atona, de una familia de clase alta, sin ningún rasgo distintivo, son los personajes los que a través de su proximidad nos dan a entender la función de los espacios, un giro muy curioso en el desarrollo de narrativo de las obras de María Llovet.

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Lo que si sigue la pauta es la relación entre los personajes, siempre muy próxima. Siempre con vínculos que bordean lo insano y que ponen en cuestión el sistema de valores que rodean a los protagonistas. En este caso Lucas y Lea son dos hermanos de la misma edad, hijos de un matrimonio convencional de clase alta, que viven, hasta el momento, para cumplir las expectativas de sus padres por el bien de la imagen de la familia. Hasta ese punto, el planteamiento nos conduce, al menos en principio a una ruptura. Lucas y Lea deciden romper una norma social preestablecida: no mantener relaciones sexuales entre hermanos. Y lo que en un principio es una pasión carnal se convierte en una relación amorosa, con una especie de final feliz que plantea una serie de preguntas sobre el amor en los nuevos tiempos.

A pesar de que el incesto es tan viejo como la humanidad el relato de María Llovet deja cierto regusto de crítica a lo añejo en varios aspectos. Uno, los padres en los cuales se percibe cierto distanciamiento entre ellos representan la idea de las relaciones sentimentales clásicas, cerradas y abogadas al fracaso la familia como núcleo de la sociedad basada en la representación, y como han dejado de funcionar. Dos, de cómo el amor se reconstruye en los nuevos tiempos. El instituto en el que los dos hermanos cursan estudios no deja de ser un espacio recreativo para la carnalidad. Enamorarse es una función secundaria, al igual que la copresencia de la pareja en un mismo espacio; Lucas y Lea se desean con solo mirarse con una puerta de por medio, la distancia se construye como un valor de la idealización y de revalorización de lo sentimental. Tres, quererse viene después de entender que el amor es solo una fase, quizás bastante destructiva, que uno solo puede llegar a comprender el sentimiento hacia uno mismo a través de la reciprocidad. Cuatro, enfrentar la relación íntima con terceros solo hace comprobar la intensidad de la misma. Y cinco, Insecto no tanto un canto a la libertad sexual, que lo es, sino a la formas propias de construcción del querer y la pasión.

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En este último trabajo, María Llovet sigue con su camino de elaborar texto con múltiples capas de lectura, en el que la metáfora y el background cultural de los lectores juegan un papel importante. Por otro lado, nos encontramos con un dibujo mucho más suelto que en ocasiones anteriores y más desligado de cualquier clasificación que se le haya otorgado anteriormente. Estamos ante una gran parábola sobre la libertad para elegir y sobre los condicionantes a la hora de tomar una decisión que afecte a lo más íntimo de la persona. Un gran trabajo en el que como siempre la autora siembra con gran destreza todos aquellos elementos que nos ayudan a comprender la historia desde el principio. Llovet tiene una de las voces más frescas y sólidas del panorama del cómic nacional, lo malo es que no siempre se le reconoce, por ello Insecto es una buena oportunidad para empezar apreciar el arte de esta artista.

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Spain is Pain #259: En las tripas de Ásgard

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Los dientes de la eternidad (Jorge García y Gustavo Rico) Norma Editorial, 2016. Cartoné, 220 págs. Color, 25€.

En el prólogo de este título Pablo Auladell, habla de la recurrencia de los creadores actuales de utilizar el pasado de manera constante para reescribir el mito y reconvertirlo para nuestro presente, y, añado yo, para hablar del ahora a través del pasado. El futuro ya no es útil en cuestiones ficcionales, o al menos a nivel de metáfora de la humanidad. El futuro es ahora, y por lo que parece permaneceremos en un estatus quo en el que la tecnología evolucionará de manera constante incorporándose cada vez más a todas las facetas de nuestras vidas, y no, nos hará mejores. En parte porque llevamos casi una década de apocalipsis a cámara lenta y no creo que la cosa remonte. Y porque la tecnología no ha sido un elemento redentor.

Los dientes de la eternidad narra el fin, o al menos es una de las instancias narrativa por las cuales se mueve el relato, de un mundo. El de la epicidad de la mitología nórdica, unos relatos que se construyen bajo el amparo de los dioses y la sobriedad hierática de Odín. El fin de este mundo mitológico basado en la sangre, el honor, el deber y la sumisión a los dioses empieza a llegar a su fin con la llegada del dios blanco, el dios de los cristianos que no basa la fidelidad hacia el en otra cosa que la compasión. Ni Odín ni los suyos son compasivos, ni los muertos, que recuerdan si están ahí por una traición o por otro tipo de cuestión.

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La idea del eterno retorno de Mircea Eliade es una constante en esta obra, todo vuelve a empezar de manera cíclica para repetirse los mismos errores que conducirán al fin de dicho ciclo. Jorge García y Gustavo Rico apuestan como trasfondo por un relato que muestran el fin de uno de esos mundos, un fin de ciclo que será conducido ni más ni menos que por un humano: Gylfi. Un hombre que parece encontrarse al final de sus días y que ya engaño a los dioses en su momento, pero que esta vez vuelve para recuperar a Einar un viejo amigo al que traiciono. Para ello deberá romper con todo su pasado, no solo en aspectos terrenales sino de construcción de su mundo, esto es lo mitológico. Su viaje en sí mismo es un retorno que intenta subsanar un error cometido previamente.

En ese intento de recuperar a Einar y traerlo de vuelta al mundo de los mortales. Gylfi se verá envuelto en un conflicto en el que Loki intenta arrebatar el poder a Odín, o quizás tan solo pretenda ver destrucción y confusión en vez de ocupar el puesto del dios nórdico. Ese es el otro sentido de esta obra, reconfigurar esta mitología a modo de relato épico que encajaría perfectamente en las leyendas prototípicas de esta cultura. Pero se trata de una épica certera, apartada de la mística del guerrero, Gylfi no lo es. Se podría decir que en su momento fue cobarde y que eso le lleva a ser un valiente crepuscular que no busca mayor gloria que la redención personal. En ese sentido juega un papel importan el aspecto gráfico de la obra. Gustavo Rico opta por sobredimensionar las mundos a través de diferentes estilos gráficos, que me recuerdan desde algunos apuntes cubistas de Picasso, lo extraño en el retrato de Otto Dix, la espacialidad en Malevich o la descripción de tumultos infernales como en El funeral (1918) de George Gorsz.

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Los dientes de la eternidad es un libro inmenso que algunos llevamos esperando, desde que allá por finales de 2011 apareciera la primera parte en formato álbum, su conclusión con muchas ganas. El guion es intenso pero medido, no convierte el texto en una mera excusa para desbordar al lector. El relato de García aporta dimensiones épicas a la cobardía de un personaje en busca de redención, lo cual se complementa a la perfección con el dibujo de Rico que solo podemos clasificar de sobrenatural y valiente. Ya que este tipo de narrativas tienen asociadas unos estilos gráficos asociados a la “realidad”: espadas, yelmos, escudos, sangre… (la epicidad a través de la pornografía del detalle). Para ello el artista bebe del fondo del relato y lo sustrae en espíritu y alma. Todo empieza desde la primera página, la portada, que no engaña, un dibujo que nos invita sumergirnos en las frías tierras del norte de Europa para buscar algo que solo cada lector sabrá después de acabar el libro.

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Las calles del misterio

SUCESOS_NOCHE_1Los sucesos de la noche 1 (David B) Norma Editorial, 2015. Cartoné, 96 págs. Color, 20 €

En cierto sentido, las ciudades son cadáveres habitados, como es lógico hablamos sólo de las más antiguas, las que han vivido suficiente tiempo como para morir y aún así no desaparecer. Este proceso tiene lugar en parte debido al afán eterno de la arquitectura, tanto en sus edificios como en sus planteamientos urbanos, ningún arquitecto le pone fecha de caducidad a sus creaciones, incluso las realizadas con materiales perecederos, como las yurtas de los mongoles nómadas o los tejados de paja de las casas campestres del norte de Alemania, parten siempre de la base de durar. Pero no todo puede durar, más cuando la sociedad es tan cambiante, con lo que podemos pensar en las ciudades como enormes esqueletos y en las personas como parásitos que los habitan, como cangrejos ermitaños viviendo de prestado. Puede que las antiguas mansiones del centro ya no tengan razón de ser como viviendas unifamiliares, es posible que las estrechas callejas sean un quebradero de cabeza para los repartidores en furgoneta, pero la ciudad es nuestra por el derecho de uso, es nuestra porque la habitamos e insuflamos vida en órganos que deberían haber dejado de funcionar hace mucho.

Aunque lo más importante es recordar que aunque seamos inquilinos temporales, no estamos solos, vivimos entre huesos y debemos pagar un precio, el cual no es el otro que el de compartir calles y plazas, huecos de escalera y portales por debajo del nivel de la calle, con los fantasmas, con entes que pudieron ser los habitantes originales de la ciudad u otros ermitaños que antes que nosotros doblegaron las avenidas y callejones a sus necesidades. Sevilla, Roma o Brujas son ciudades viejas con huesos amarillos, todas modernas pero tensadas por el peso de sus años muertos. Pero si alguna ciudad debe llevarse el título de bello cadáver reanimado, ésta tiene que ser París, la ciudad de la luz y de las sombras, pionera en demasiados campos, tantos como otros que se niega a actualizar. Esto es lo que extraigo yo de mi percepción del París real y del imaginario, tesis apoyada en la obra Los sucesos de la noche de David B. un intento de adentrarse en ciertos sectores de París buscando la tensión entre lo real y actual, y los fantasmas y demonios del pasado.

Si utilizo el término intento no es para remarcar la falta de éxito de David B. sino por subrayar la individualidad de su ejercicio, porque antes que París está el barrio de Marais, espacio real del autor que se mezcla con su leyenda, blanca y negra, para tratar de cartografiar el sentimiento tanto de pertenencia como exilio entre esquinas y negocios de barrio. Los sucesos de la noche nos cuenta una trama terrorífica que asusta menos por la belleza de lo que cuenta, que no aterra todo lo que debiera debido al cuidado de David B. a la hora de convertir en fábula y peripecia conceptos más propios de la metafísica. Pero que nadie se lleve a engaño, tras esa trama casi detectivesca y ante todo divertida, se abre un campo de reflexión sobre la inmortalidad y sus hijos monstruosos, sobre lo humano y lo divino. En una escena de la teleserie The Last Kingdom, un personaje vikingo del siglo IX, define a la escritura como una magia, como voces sin rostro ni sonido. Esta idea es plasmada por David B. desde una perspectiva mucho más romántica, mezclada con la imaginería de las librerías de antiguo y la cábala judía, no por nada Marais es ante todo un barrio judío donde conviven los hebreos ortodoxos con la plaga de la droga de principios de los noventa del siglo pasado. Todo está obligado a ser oscuro, misterioso y decadente.

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Así que seguimos al propio David B. buscando primero números de una revista esotérica del siglo XIX, Los sucesos de la noche, para terminar luego bregando contra elementos como Azrael, el ángel de la muerte; el Capitán Travers, fundador del folletín; o Ene, el dios de la exterminación. Sin olvidar a extraños libreros, agentes de la ley singulares y una atractiva periodista. Todo entre montañas de libros desvencijados, calles oscuras y peligrosas, y una sensación etérea que mezcla la mayor épica con un sentimiento de fatalismo absoluto. Es curioso como David B. consigue una historia tan atractiva, que te agarra y no te suelta, con una puesta en escena tan onírica y conceptual. El autor consigue mezclar como pocos la reflexión con la acción. Es un equilibrio complicado, pues un poco más hacia un lado o hacia otro haría de Los sucesos de la noche una obra pedante y aburrida o ininteligible y vacía.

Sobre el acabado artístico de Los sucesos de la noche poco se puede decir a quienes sean seguidores de la obra de David B. su trazo característico está presente en cada viñeta, con esa habilidad para reducir al mínimo los personajes y aún así llenarlos de vida y emoción. Las criaturas de David B. casi parecen más talladas en madera que dibujadas, expuestas a luces duras para ser fotografiadas entre la oscuridad absoluta y el sol de mediodía, una propuesta que mejora cuando hablamos de sus escenas más fantasiosas, donde el trabajo del autor parece convertirse en una puesta al día de la imaginería medieval más apocalíptica. Recorrer las páginas de Los sucesos de la noche es transitar por un París, un barrio de Marais, que no existe más allá de la propia percepción y reflexión de David B., pero al mismo tiempo es conocer de primera mano unas calles de la forma más directa, transitar no sólo por el aspecto físico de unas intersecciones urbanas, sino también recorrer los fantasmas de la arquitectura, viendo tanto la vida actual como el peso de los fantasmas de las personas y usos que estuvieron antes.

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