Spain is pain #353: noir japo-hispano

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Liquid Memories – El asesino del agua Vol. 1 (Fidel de Tovar y Dani Bermúdez). Norma Editorial, 2019. Rústica, 216 págs. B/N, 8,50 €

Previamente en esta sección del blog destinada al cómic patrio ya se ha hablado de los vericuetos existentes para definir el manga de producción nacional. Si bien eso, a la larga, no deja de ser un poco una tontería, los autores españoles que crean entorno a una influencia nipona son cada vez más, pero también son más aquellos que incluyen una forma de contar o de narrar visualmente a través de la estética del manga, pero no son hijos directos de esta manera de narrar. Sin embargo, entre los lectores de manga más puristas se sigue apreciando que se mantengan las “formas”, por decirlo de alguna manera. Principalmente para que todo cuadre en ciertos esquemas mentales a la hora de leer.

El primer volumen de Liquid Memories demuestra que la influencia no lo es todo. Nos encontramos con un manga de género negro, que narra la posible vuelta de un asesino del pasado, con una gran influencia estética de Urasawa en la creación de los personajes. Este trabajo se distingue de otros tantos intentos de crear un manga desde aquí por dos motivos; en primer lugar, una más que correcta utilización de los rasgos del noir, y sobre todo del noir japonés. Por lo general más enrevesados, incluso que los giallos italianos, en el que los puntos de giro radicales son una de sus marcas más distintivas. En segundo lugar, hacer un relato occidental con una escritura de personajes muy de aquí en la forma en que se comportan, pero que siguen con esas pautas de los relatos originales de personajes anónimos, muy circunstanciales que se ven envueltos en algo que desconocen por completo.

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Así pues, la primera entrega de Liquid Memories – El asesino del agua de Fidel de Tovar y Dani Bermúdez, es ante todo un buen relato de género negro que navega entre dos formas de contar pero que en ningún momento se ve perjudicado por ello. Todo lo contrario, dicha mixtura desarma al lector hasta el punto de que cuando se quiere dar cuenta se ve sumergido en un relato de conspiraciones, personajes que tienen que descubrir que les está sucediendo y de unos policías, que como sucede en muchas narrativas asiáticas, andan muy, pero que muy perdidos. Liquid Memories cumple ante todo con una función, entretener, algo que se hace a través de una lectura ávida que los lectores han sabido crear principalmente con el gran cliffhanger de libro con el que han cerrado el volumen. Lo dicho, muy recomendables para los lectores de literatura negra.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Dibujando, dibujando…

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Viajes dibujados (VVAA). Altaïr Magazine/Norma Editorial, 2018. Cartoné, 192 págs. Color, 25 €.

Con el tiempo el cómic de no ficción se ha ido abriendo camino en nuestras estanterías. El noveno arte que partía casi desde sus inicios como un medio abocado casi en exclusiva a la ficción, a relatar desde hechos fantásticos, cómicos o a modo de crítica política desde la caricatura. Sin embargo, el cómic siempre ha tenido esa movilidad para desplazarse por diferentes terrenos de la narración saltando de género en género de la ficción hasta llegar a los ensayos, la obra documental, los diarios personales y por fin la traslación de los cuadernos de viaje entroncando y utilizando el rico lenguaje del tebeo. Y como no, no podíamos olvidarnos del periodismo en viñetas. Ya cada vez son más voces nos dicen que el idioma de las viñetas es uno de los más flexibles y más inclusivos a la hora de abordar cualquier tipo de nueva tendencia narrativa y de asimilar otras previas.

Viajes dibujados tiene un título engañoso, reduccionista. Parece que nos vamos a encontrar un volumen solo centrado en esos cuadernos de viajes llevados a las viñetas cuando es algo más. Bueno, bastante más, el volumen en cuestión publicado como un especial de la revista Altaïr no se limita a hacer una mera recopilación de autores que se dedican a estas formas de contar, sino que nos lleva mucho más allá. La propuesta de este especial es una reivindicación del arte de explicar con imágenes y para ello no duda en juntar a algunos de los mejores autores del género y de un excelso prólogo de Jorge Carrión donde hace un resumen ontológico de la relación entre viajar, el periodismo y el dibujo de viaje.

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Los autores escogidos para esta vuelta al mundo no convencional son: Zeina Abirached, Peter Kuper, Sarah Glidden, Olivier Kugler, Barrack Rima y Christophe Dabitch, Marcos Prior y Eloy F. Porta, Amanda Mijangos, Susanna Martín, Pere Joan y Agustín F. Mallo, Ramón Esono y Pere Ortín, Tyto Alba y Gabi Martínez, Aude Picault, Carla Berrocal y Martha Gellhorn, Mario Trigo y Xavier Aldekoa. Lejos del preciosismo estético como base primordial que marca la pauta de las obras dedicadas a representar el viaje como una forma de ver el mundo. Aquí nos vamos a encontrar el viaje como una opción más personal; el trayecto es mucho más íntimo lo cual permite al artista aproximarse a otras realidades con formatos más experimentales. Aquí los datos tienen que ser veraces, pegados a la realidad, algo que en realidad ayuda a ficcionar pero sobre todo en cuestiones de forma permite experimentar, la inclusión de gráficos, mapas, o testimonios permiten reestructurar la página sin las limitaciones de la parrilla de viñetas.

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Viajes dibujados es mucho más que lo que el título anuncia es toda una experiencia lectora, tanto para aquellos asiduos al género como para aquellos que quieren hacer una primera aproximación al mismo. Pero es ante todo una lección de todo lo que el cómic puede dar de sí; se aleja tanto del cómic experimental como aquel que está abonado al canon narrativo pero que se alimenta de lo mejor de esos dos mundos. Aunque lo más reseñable es el conjunto como idea de obra que pretende ser, ante todo seria, pero que no defraudará en ningún momento a los lectores de cómic más avezados que siempre buscan encontrar algo nuevo en el mundo de las viñetas y que no se conforman con cualquier cosa. En todo caso una lectura a descubrir altamente recomendable por lo bien planteado de la propuesta y muy disfrutable como lectura y lección de cómic.

@Mr_Miquelpg

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Miller puto amo

Xerxes, 1-5 (Frank Miller). Norma Editorial, 2018. Grapa, 36-48 págs, c/u. Color, 3,95 c/u

Hablar de Frank Miller es hablar de uno de los valores más seguros del cómic contemporáneo, con contemporáneo me refiero a que nos lleva regalando durante casi cuarenta años clásicos instantáneos del cómic. Algo que no es fácil en ningún arte, y menos en los tiempos actuales los hits duran lo mismo que un trending topic. Pero también es un autor que divide a los lectores, están aquellos que marcan una línea entre Batman: The Dark Knight Strikes Again (2001-2002) y su obra anterior y posterior. Para los lectores de cómic de superhéroes más “canónicos” rechazan la obra por la ruptura estética con respecto a los rasgos clásicos de este tipo de historietas. Para otros supuso tal atrevimiento que se convirtió en una de las obras esenciales del nuevo siglo. La segunda ruptura vino con Holy Terror (2011), esta vez no tanto por las decisiones artísticas sino por cuestiones del enfoque ideológico que le da a la obra. Lo dicho, es un autor del que poco nuevo se puede decir, pero siempre hay una predisposición a redescubrirlo y reivindicarlo.

En mitad de todo esto a finales del siglo XX, concretamente en 1998, Miller publica la que posiblemente sea su obra más conocida, dicho de otra manera, la más popular entre aquellos que no son lectores regulares de cómic, quizás por la película dirigida por Zack Snyder, por el trasfondo histórico o por la idea de honor que rezuma por cada una de sus páginas. Veinte años después del lanzamiento de 300, vuelve al universo de los conflictos entre persas y griegos con una obra que se centra en la caída del Imperio persa y el ascenso de Alejandro como uno de los conquistadores más importantes de la historia. Sin embargo, el foco narrativo es completamente diferente, si en el trabajo de finales de los 90 el foco temporal y la acción estaba centrado en una sola acción, la batalla de las Termópilas. En Xerxes amplía el foco en más de un siglo para narrarnos en unas 200 páginas aproximadamente la caída del imperio persa, poniendo la lupa en el emperador persa que ya conocimos en 300. Pero también a su antecesor y sus descendientes hasta la aparición de Alejandro Magno. Técnicamente este tipo de narrativas, siempre teniendo como referente la obra primera, se les denomina transcuelas; a través de las cuales se hace explica un periodo de tiempo mucho más amplio de que se cuenta en la obra original.

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Pero Xerxes es mucho más que todo eso, más que una obra con un vínculo con otra anterior, más que la idea de explotación de producto. Se nota que Miller ha vuelto a viajar a la antigüedad con gusto, visualmente nos encontramos con una obra apabullante que cada una de sus páginas es un homenaje a cierto primitivismo estético, reduciendo la anatomía humana a lo justo y necesario, sin que se pierda la idea del guerrero, del sudor y la sangre de la batalla y de la lucha por la continuidad de una estirpe y una cultura. Algunas de las entregas se sitúan entre lo más innovador del cómic actual,  la tercera, es un canto a dibujar desde las entrañas, figuras que pierden la forma y se esbozan a partir de los complementos de joyería que lleva Xerxes y sus descendientes; cierta idea del dios intangible, pero visible, se enfrenta a unos griegos corpóreos, definidos no solo por su anatomía sino también por aquello que la sustenta: capas, yelpos, lanzas, escudos… El ejercicio de Frank Miller me parece similar a la realizada por George Miller en Mad Max: Fury Road. La de un autor consolidado de cierta edad que vuelve a un terreno que conoce para querer subvertirlo y jugar con él, no a explotarlo y vivir de las rentas, sino a reconvertirlo y hacer una obra tan a la altura, o más, que sus obras cumbre. En definitiva, tanto si es en un formato grapa como en la edición en tapa dura en apaisado, que espero que salga pronto, es una obra imprescindible, no hay comicteca que se precie de serlo si no tiene esta obra maestra en sus estanterías.

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@lectorbicefalo

Jughead (Chip Zdarsky y Erica Henderson) / Betty & Verónica (Adam Hughes)

Jughead –Vol. 1 (Chip Zdarsky y Erica Henderson). Norma Editorial, 2017. Color, 19,95€

Betty y Verónica (Adam Hughes). Norma Editorial, 2018. Color, 16,50 €

En la entrada dedicada a los dos primeros volúmenes recopilatorios de la nueva serie de Archie se habló del concepto de mitoarco de ese motivo que mueve una narración de manera infinita sin que este se queme. El trio sentimental compuesto por Archie, Betty y Verónica, ha sido el eje central de un universo mitológico basado en la nostalgia de unos Estados Unidos de América caracterizados por el american Way of life. Por supuesto a lo largo de las más de siete décadas en las que este personaje que encarna universo narrativo en sí mismo se ha explotado esa narrativa indefinidamente diferida, nada acaba de solucionarse y la aparición de nuevos personajes que merecen ser explotados  narrativa y económicamente ha sido una constante.

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Hoy nos ocupamos de dicha explotación narrativa de tres de los personajes centrales. El primero que nos ocupa es Jughead, el mejor amigo de Archie, aunque posiblemente sería mejor decir el mejor amigo de sí mismo. El Jughead de la serie clásica era un tipo preocupado solo por comer hamburguesas, algo que mantiene esta reescritura, y con ciertos toques misóginos con un completo despreció por el sexo opuesto, que en esta nueva serie se ha reconvertido en un tipo ciertamente asexuado. Ya no entramos en la descripción de este en la reciente serie televisiva en la que aparece como un chico amargado que quiere apartarse de la sociedad. El nuevo Jughead de la mano de Chip Zdarsky es un tipo divertido, imaginativo, pero igual de vago y hambriento que en sus orígenes al cual se le ha dotado de cierto toque friki para hacerlo más digerible para las nuevas generaciones. El toque dado por el guionista es realmente divertido y ameno, siguiendo en cada entrega una estructura dividido entre mundo real y ficcional del personaje donde existen citas continuas a series de televisión contemporáneas como Juego de Tronos o cómics de superhéroes. En este primer volumen el leitmotiv es la llegada de un nuevo director al instituto que impone unas duras normas a los alumnos y el mayor perjudicado es nuestro protagonista.

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Si bien Jughead es un título más que recomendable Betty y Verónica no es más que una mera explotación de la mano de Adam Hughes, autor especialista en dibujar mujeres muy atractivas y ciertamente neumáticas. Aquí la idea es otra explorar a estos personajes femeninos recreados en este nuevo universo para un nuevo tipo de lector y alejándolo de los estereotipos femeninos del siglo pasado. Aquí el juego pasa por una charada planeada por ambas para intentar evitar que se cierre Pop’s, su restaurante favorito, por enésima vez. Este hecho recurrente en el universo clásico reaparece aquí como un evento que ayuda a introducir una narrativa más bien débil pero que explota muy bien el carácter de estos personajes femeninos, sobre todo el de Verónica, recuperando su carácter altivo, aunque no sea por mucho tiempo.

Se trata de dos cómics destinados al entretenimiento puro y duro destinados a los fans del universo Archie. Son dos tebeos pensados para ser disfrutados de la manera más simple y esencial recuperando la idea de estos como un producto cultural de masas reconocido y reconocible por todo el mundo y del que no hay que atarse a una cronología preestablecida e inquebrantable. Lo dicho, solo para aquellos que quieran divertir con algo sencillo pero muy efectivo.

@Mr_Miquelpg

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Narrative Meets Transmodernity

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Trees (Warren Ellis y Jason Howard) Norma Editorial, 2017. Rústica, 168 págs. Color, 18 €

A mediados de la década de los ochenta se empezó a utilizar el término glocalización para referirse a una dinámica de actuación que se resume con la consigna “pensar globalmente y actuar localmente”. Esto se podía ver, principalmente bajo dos perspectivas: la económica y la cultural. La primera consistía en que las grandes empresas se adaptaban a las características de una sociedad en concreto. De ahí que las empresas de comida rápida proliferan en regiones del mundo que no se corresponden con los paradigmas alimenticios del occidente capitalista. En lo cultural pasaba por asumir y adaptar costumbres de un punto del planeta en otro. Posiblemente esos fueron los primeros pasos de la transmodernidad: la idea de lo global aplastando la posmodernidad y de paso arropando cualquier tipo de discurso de lo local. Ya no nos extraña poder consumir productos orientales, leer al segundo cualquier cosa escrita por alguien en la India o simplemente ver un partido de futbol entre dos equipos camerunenses.

En lo narrativo ese discurso daba pie a cualquier tipo de relato relacionado con la ciencia ficción, desde Star Trek, con una innegable visión etnocentrista que se ha ido perdiendo a lo largo de la franquicia, a Babylon 5, pasando por series como Space Precinct. Los ejemplos son televisivos adrede, no hay nada más global que un medio audiovisual que desde un principio se pensó para formar discursos únicos para territorios amplios. Si hablamos de series más modernas el discurso de la transmodernidad empieza a calar en Lost, protagonistas de diferentes partes del globo terráqueo intentando resolver un problema que les atañe a todos. Aunque es con Sense 8, de las Hermanas Wachowski y J. Michael Straczynski, que el discurso de la transmodernidad en lo narrativo ha explotado una trama explicada por una serie de personajes cada uno de ellos viviendo en una parte del planeta.

Trees me ha recordado mucho a Sense 8, ¿o quizás debería de decirlo a la inversa?. La serie de Netflix tiene muchos de los elementos que el guionista británico dispone a lo largo del relato, cabe recordar que Trees es previa a Sense 8. La trama es más bien sencilla, se plantea como un punto de partida en el que un hecho excepcional afecta a los personajes protagonistas desde los más íntimo, la política, ciencia, economía, o aspectos que parecen de carácter esotérico. El hecho en cuestión es la llegada desde el espacio de unas columnas que se implantan en algunas zonas concretas del mundo; en principio estas están situadas en lugares que no parecen relevantes: desde China, al sur de Italia, pasando por Nueva York, el ártico, Rio de Janeiro o Somalia. En un principio parecen destruir cualquier tipo de vida, pero con el tiempo, 10 años concretamente, la gente se ha acostumbrado a vivir a la sombra de los árboles sin saber cuál es la misión de estos. Las nuevas situaciones plantean un cambio de relato social y económico, desde la ascensión de la ultraderecha en el sur de Italia, un enfrentamiento entre países limítrofes con Somalia, la creación de nuevas sociedades libres en China o la posibilidad de comunicarse con los árboles en el ártico.

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Las ficciones normalmente muestran este tipo de situaciones desde la bipolaridad, o bien de cómo se gestiona desde el poder o como lo sufre la población. En Trees, por el momento, tan solo podemos percibir algo de lo primero, pero Ellis se centra principalmente en la mejora o peoría de algunos individuos en concreto. Los más interesantes son Tian Chenglei, un chico joven que llega a la ciudad de Shu, nacida a la sombra de un árbol, en la que el gobierno chino ha declarado como una ciudad libre en la que viven artistas de todo tipo y personas con todo tipo de orientación sexual. Tian descubrirá la suya tras participar en una orgia en la que también está Zhen, una chica transexual. Por otro lado, esta Eligia Gatti, una mujer joven que sale con un fascista italiano solo por lo que este le procura manutención. Ella quiere emanciparse, pero en tiempos de cambio esto pasa por derramar sangre.

Trees resume a la perfección lo que implica la transmodernidad en la narrativa moderna. Cada vez cuesta más explicar lo que nos pasa en nuestro país sin saber lo que está sucediendo en otros lugares. Ellis desarrolla un relato contado desde diferentes perspectivas que justo explota en el último capítulo de este volumen; pero que ya en las primeras páginas parece estar planteando una colección en el que la resolución de la misma va a pasar más por el viaje interior que el lector va a hacer de la lectura que por una conclusión narrativa en sí misma. La obra refleja la constante de un mundo cambiante que posiblemente no sea tan rabiosa como Tranmetropolitan en sus planteamientos pero que está sembrando para poder serlo.

@Mr_Miquelpg

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El poder del mitoarco

Archie Vols. 1 y 2 (Mark Waid, Fiona Staples, Annie Wu, Veronica Fish, Thomas Pitilli, Ryan Jampole). Norma Editorial, 2016/2017. Cartoné, 192/160 págs. c/u. Color, 19,95 € y 18,50€

Dentro el ámbito del cómic destinado a grandes masas las grandes cabeceras han sido y son, por lo general, aquellas protagonizadas por superhéroes. Sin embargo, muchas veces se nos escapan todos aquellos lectores de cómics casuales que no están por la cansina labor de seguir el rastro de una cronología seudoépica en la que el mitoarco narrativo ha desaparecido por completo. Todo para convertirse en una sucesión de eventos en los que de manera regular se intercala las aventuras individuales del personaje que da título en cuestión al comic-book.

El mitoarco se construye como un motor narrativo que mueve el relatol con unas constantes mínimas, pero nunca, raramente, se suele resolver. Un ejemplo de libro es la serie El Fugitivo (ABC, 1963-1967) en el que el Doctor Richard Kimble huye como un desesperado, capítulo tras capítulo, de la justicia y de un asesino tras ser acusado falsamente de la muerte de su esposa. En este caso se resolvió con un espectacular episodio final con unos altísimos índices de audiencia. Quizás impuesto por las nuevas narrativas televisivas este modelo parece estar en desuso y en vías de extinción, no se escapan ni los procedimentales. Aunque el ejemplo se refiera a la pequeña pantalla no se escapa ningún medio contemporáneo que intente alcanzar una audiencia mínima para mantener una longevidad aceptable debe utilizar los recursos de la ficción para televisión actual.

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Pues bien, la colección regular finalizó en 2015, con 666 números en su haber, este fin de una estética definida se abría a una más contemporánea, no solo en las formas de vestir de los personajes y la ambientación sino en la definición de los roles, principalmente en los femeninos: Betty y Verónica. Aunque Archie y Reggie siguen siendo personajes predecibles, el primero es torpe y el segundo ladino, Jughead ha sido reescrito como un tipo ciertamente sofisticado dejando de lado cierto tufo misógino que se podría apreciar en la serie clásica. En las nuevas entregas salen ganando ellas, son personajes mucho más profundos, y lo que es más importante, más independientes. Para ellas el amor ocupa un aspecto muy relevante en sus vidas, pero no por ello dejan de acometer proyectos propios independientemente de su relación con los hombres. Aun así, Archie sigue siendo Archie, no ha perdido la esencia que lo ha caracterizado a lo largo de 75 años, podemos cerrar los ojos y coger una de las nuevas entregas al azar y no nos habremos perdido nada.

Archie no aspira a ser una obra maestra del cómic, sino a entretener a una masa lectora considerable. Y en eso es único, ha sabido mantener el espíritu de la serie original desde principio de la década de los cuarenta ajena a cualquier tipo de modas pasajeras, en algunos casos los ha marcado, “Sugar, Sugar” es un ejemplo de ello. En la actualidad a Archie, al igual que muchos otros textos populares, le ha tocado actualizar los arquetipos de género de los que hacía gala, algo que Mark Waid ha sabido solucionar con soltura. El nuevo Archie es un texto actual pero que no ha perdido la esencia. Es divertido, entretenido y chispeante: puro Riverdale.

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Their Satanic Majesties Request

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The Wicked + The Divine. El acto faústico (Kieron Gillen, Jamie McKelvie, Wilson Cowles). Norma Editorial, 2017. Rústica, 176 págs. Color, 18 €

El mundo del pop-rock contemporáneo está muy alejado de aquello que fue hasta la década de los ochenta. Hasta aquel momento los y las que fueron estrellas de este tipo de música se forjaron como ídolos de masas a golpe de concierto, componer, crear y elaborar una imagen propia que ha llegado hasta nuestros días. Evidentemente la mercadotecnia, la explotación de producto y la creación de clones siempre ha estado ahí. En la actualidad vivimos en la época de los algoritmos no solo sirven para que Netflix haga series sin alma a medida de la audiencia suscrita al servicio, sino que en el ámbito de la música es algo que cada vez es más que evidente. Desde las Boys y Girls Bands de mediados de los noventa, los grupos “alternativos” creados por MTV (también por ese periodo) la música ha vivido un periodo de transformación más cercano a la creación de Idols del J-Pop y el K-Pop contemporáneo. No existe una escalada por parte de los artistas que están en primera plana sino que una construcción sesgada para nichos muy concretos de mercado.

The Wicked + The Divine juega en cierta manera a esa nostalgia por las grandes estrellas del pop y del rock, el magnetismo que estas generaban en torno a ellas, pero con un giro sobre la obsolescencia programada, no sobre la tecnología sino sobre la cultura de masas contemporánea de usar y tirar. El punto de partida es la relación de adoración que Laura, una adolescente británica, siente por Amaterasu una mega estrella del pop que forma parte de un evangelio de músicos y artistas que están copando la escena cultural del momento. Lo que no sabe Laura es que la fama es efímera, más en estos tiempos que corren, y las megaestrellas del pop que forman una especie de nuevo evangelio para las nuevas generaciones tan solo van a tener dos años de vida.

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Los dioses reencarnados se juegan no morir en el presente ya que sino desaparecerían para siempre. En este contexto Laura se convierte en una especie de sidekick de Luci, la reencarnación de Lucifer, la cual ha sido condenada por haber matado a unas personas con un simple chasquido de dedos. Laura intentará ayudarla y para ello deberá introducirse en el mundo de los dioses reencarnados para intentar saber quién está detrás de todo el asunto.

Estos dioses que se reencarnan cada noventa años no han encontrado una forma mejor de ser queridos y odiados que la de ser populares a nivel masivo, incluso en lo efímero de las redes sociales se convierten en unos totems para la sociedad contemporánea. Pero si hubiesen querido una adoración sin fisuras e intergeneracional seguramente se hubiesen decidido por ser estrellas (masculinas) del futbol, pero, evidentemente el mundo del deporte rey es mucho más gris, menos imaginativo y creativo que lo que supone ser una estrella de la música pop-rock. Kieron Gillen y Jamie McKelvie consiguen construir un universo solapado en el que la ficción funciona como un reloj con la inclusión de ese panteón de dioses. Otro aspecto en el que brilla es en el ritmo, en ese sentido está en su punto con un tempo muy marcado, dejando que se desarrollen las cosas con las pausas necesarias. En definitiva, un cómic interesante, divertido y que atrapa desde la primera página.

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