La ficción muerde

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La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. Finch (Neil Gaiman, Michael Zulli y Todd Klein) ECC, 2016. Cartoné, 56 págs. Color, 8,95€

Queda poco por decir a estas alturas del amor que Neil Gaiman profesa por la narración de la intersección entre realidad y fantasía. Esta última como un constructo de lo mejor y lo peor de la psique humana. Ese choque que el autor británico elabora no es más que una representación de la divergencia entre el hecho y la suposición, aquello que podemos constatar contra aquello que tan solo podemos vislumbrar a través de los creadores de ficción en cualquiera de sus modos. Dicha confrontación no solo es algo que podemos encontrar en relatos de este tipo, de los que Gaiman podríamos considerar como uno de sus mayores exponentes, sino en los desarrollos de una civilización. Podríamos decir que, para bien o para mal, las sociedades que se apegan más al hecho evolucionan de una manera más práctica y las que se basan en la suposición están más ligadas a su contexto y sus ancestros.

Pero dejando un poco de lado este tipo de disquisiciones socio-filosóficas La verdad sobre el caso de la desaparición de la Srta. Finch pone de manifiesto dichas visiones a través de tres perspectivas representadas a partir de una serie de personajes. Por un lado están los artistas de un circo de los horrores en el cual se cometen una serie de atrocidades, que luego se descubre como trucos de Grand Guignol, frente a un público que asume la ficción tras la representación. Por otro lado están los protagonistas del relato: una pareja que trabajan con la ficción, que quedan en un segundo plano; y los dos protagonistas principales que representan las dos vertientes de pensamiento comentadas anteriormente; un guionista cuya fuente de trabajo es la suposición y por lo que parece una científica que llena su vida, y la de los que la rodean de hechos (facts). La expectación con la que se disponen a establecer el pacto ficcional con los artistas es completamente diferente, mientras el intenta descubrir cómo funciona el relato que estos plantean ella es una persona completamente escéptica y utiliza la realidad para enfrentarse al demiurgo de la representación. Se trata de un pequeño choque de trenes que se salda con la ficción absorbiendo a la Srta. Finch (nombre ficticio que le dan los protagonistas de la obra), anulando todo el sistema de valores que le impedía disfrutar, en este caso, del teatro.

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Este título plantea de manera muy sencilla dos visiones del mundo, algo que Gaiman sabe plantear de manera muy meridiana pero sin olvidar los recovecos que le da a su relato. Sin dejar de lado para acabar un relato pero sin cerrarlo del todo. Tras finalizar la lectura no podemos dejar de plantearnos preguntas que van desde ¿Quién era realmente la señorita Finch? ¿a qué se dedicaba? ¿El matrimonio que organiza la quedada lo sabía todo de antemano? Al final todos los personajes, incluso los figurantes, saben perfectamente que para salvarse necesitan establecer un pacto de no agresión con la ficción, sino esta los devorará y no los dejarás escapar de sus garras.

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Un Gaiman animalista

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Criaturas de la noche (Neil Gaiman y Michael Zulli) ECC, 2016. Cartoné, 48 págs. Color, 8,95 €

Lo mágico, lo mitológico y la importancia de la flora y la fauna en el devenir de los humanos son algunos de los elementos que caracterizan las narrativas desarrolladas por Neil Gaiman. Los animales, especialmente, ocupan un lugar de honor realizando una labor de puente entre dos mundos el real y el del plano de la magia o lo oscuro. Estos son capaces de estar en dos mundos ya que no tienen la capacidad de transmitir lo que han visto en uno o en otro espacio. Criaturas de la noche cumple esa pauta pero con una deriva bastante interesante, la animalista.

El volumen está compuesto por dos historias: “El precio” y “La hija de los búhos”. En la primera una familia que se dedica a acoger y cuidar los gatos que aparecen en su apartada casa. El relato está centrado en la relación entre el protagonista, un padre que se dedica a escribir y un gato negro recién llegado que aparece todas las mañanas con unas heridas terribles. En un primer momento el hombre cura y cuida al felino y no le deja salir por las noches; sin embargo, este reclama la libertad para poder hacer lo que viene haciendo tras la puesta de sol. El escritor en cuestión decide comprobar que es lo que causa las magulladuras en el animal hasta que descubre que se trata de un ser maligno del otro lado. La decisión que toma el humano es más bien cínica, decide que el animal se vaya desgastando poco a poco y muriendo tras los enfrentamientos por el bien de la familia.

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En La hija de los búhos un grupo de hombres de un poblado, desde los más respetables hasta los más chabacanos, deciden tomar por la fuerza a una muchacha joven que vive aislada en unas ruinas. Esta tiene un vínculo especial con los animales, especialmente con los búhos. Aves que guardan una simbología ligada con lo oscuro y las fuerzas del mal pero que el autor inglés lo recupera como un símbolo de renacimiento. Ambos relatos se caracterizan por el gusto de Gaiman por encontrarse en la herencia de los grandes literatos británicos, cierto punto por gustarse a sí mismo y de crear una narrativa que trata de sumergir a los lectores desde el primer momento con la palabra.

Criaturas de la noche delata ciertos tics de las civilizaciones que se han desarrollado a través de la religión: el utilitarismo de los animales. Casi todas las creencias omiten a la fauna como un elemento de unión entre lo cósmico y lo humano, los animales tan solo sirven para algo, ya que se les niega la capacidad de estos al afecto, al sentimiento y el de cierta conciencia de la evolución de la vida. Gaiman apoyado por Zulli, que desarrolla un dibujo envolvente, capaz de arropar un texto entroncado a medio camino de una lectura de lo místico y lo común. En el que el subtexto navega más hacia mostrar la hipocresía del ser humano a través de dos tipos de hombres: uno supuestamente bienintencionado y otros que no dejan de ser violadores en grupo. Esto supone no solo una lectura animalista sino también feminista.

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Sandman: Muerte (Neil Gaiman, Chris Bachalo, Dave McKean, Jeff Jones y Mark Buckingham)

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Sandman: Muerte (Neil Gaiman, Chris Bachalo, Dave McKean, Jeff Jones y Mark Buckingham) Ecc, 2015. Cartoné, 216 págs. Color, 21,50€

A parte de cualquier tipo de opinión basada en el gusto como lector a Neil Gaiman hay que reconocerle la capacidad de haber creado en Sandman un universo con los suficientes huecos como para poder retomar la historia una y otra vez y poder explorar tanto personajes como situaciones. En este volumen se recopilan las dos miniseries y algunos relatos cortos protagonizados por una de las secundarias más icónicas y queridas de la serie: Muerte, la hermana de Sandman.

El personaje diseñado por Gaiman se aparta de aquellas lecturas puramente tenebrosas al igual que de aquella excesivamente intelectuales. Muerte, la muerte representada por el autor inglés rezuma, paradójicamente, vida. Es una mujer joven que vive en el mundo de los vivos una vez cada 100 años para disfrutar de los placeres de los mortales y más que dar lecciones sobre vivir la vida, aprovecharla o el consabido carpe diem hace que los propios personajes vivos saquen sus propias conclusiones sobre la vida.

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En este volumen se recopilan dos miniseries: El alto coste de la vida y Lo mejor de tu vida. En la primera Muerte está en una de sus viajes a la vida, en este viaje se unirá Sexton Furnival un adolescente que no le gusta el mundo donde vive. Con este emprenderá la búsqueda del corazón de Hettie La loca, una mujer de más de dos siglos de edad, en el trayecto Sexton aprenderá el valor de la vida. En la segunda miniserie Muerte aparece en el contexto de lo etéreo retoma al personaje de Hazel, que aparecía en la serie madre y en la anterior miniserie, retomando también a la pareja de esta Foxglove, una cantante pop emergente que vive atrapada entre lo que realmente quiere y el cómo debería ser. Hazel ha hecho un trato con muerte para salvar a su hijo, y un tiempo después debe ajustar cuentas. El resto de páginas están dedicadas a una serie de relatos cortos, bocetos y diseños y unas páginas muy curiosas en las que Muerte habla sobre modos de evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual.

Al igual que en cualquier obra relacionada con Sandman parece que estamos asistiendo a algo de proporciones mayores a lo mostrado en el texto en cuestión. Las historias de este volumen permiten ser leídas de manera independiente pero para aquellos lectores de Sandman serán una gozada. La ampliación del universo es tal que el nivel de comprensión aditiva hace que la lectura de las miniseries de Muerte sean todavía más plenas. Un tomo imprescindible para completistas.

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Vuelve el hombre

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Lobo, autopista al infierno (Scott Ian y Sam Kieth) ECC, 2015. Cartoné, 144 págs. Color, 15,95 €

Batman/Lobo (Alan Grant, Simon Bisley, Neil Gaiman) ECC, 2015. Rústica, 64 págs. Color, 6,50€

La década de los noventa fueron el equivalente de los locos años 20 en el mundo del cómic, pero aplicando lo decadente a una locura sin sentido de los que pocos títulos y personajes se podrían salvar de la quema. La industria americana entró en barrena con el tema de las primeras ediciones, los números uno y la especulación que rodea muchas veces al mercado editorial y que en aquel momento demostró ser un bluff, la burbuja reventó en poco tiempo. El nacimiento de editoriales que tenían que haber supuesto una entrada de aire fresco al mercado editorial estadounidense supuso la confirmación de la falta de ideas de las editoriales, tanto de las viejas como de las nuevas. Estas recién nacidas venían a encumbrar a autores que podemos considerar como de los peores del cómic estadounidense de superhéroes: Rob Liefeld y Tod McFarlane.

Pero ¿fue todo un destrozo?, quizás no, pero la perspectiva que tiene uno como lector de comics de aquel periodo no es muy halagüeña, aquellos tebeos eran disfrutables en un contexto muy determinado. Sin embargo, surgió uno de los personajes más característico y carismáticos de aquel periodo: Lobo. Los noventa fueron de Lobo. Un tipo que por su construcción no era apto para todo tipo de lectores, que había que entrar a trapo con él y con la estética propuesta por Alan Grant y Simon Bisley en el fundacional El último Czarniano. Lobo representaba todos los excesos del medio, pero mezclándose lo justo para desmarcándose y delinear una personalidad a través de una visión gamberra de lo que es un cómic se superhéroes. El tiempo ha pasado pero el personaje sigue aguantando las visiones que otros tantos autores crearon de este.

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En Batman/Lobo de Alan Grant y Simon Bisley transporta a la bestia czarniana a un Gotham histriónico en el que el mejor Bisley saca punta a uno de los personajes más icónicos del cómic: Batman. Que se ve superado por Lobo, su incapacidad para la moraleja y la reflexión, cuyo único leitmotiv es la violencia. Pero lejos de ser la típica propuesta vacua en la que se plantea un escenario para el enfrentamiento, la trama nos plantea algo mucho más interesante: la suplantación. En un principio Lobo en contratado por el pingüino para matar al Joker, pero este le hace una contraoferta en la que contrata al asesino con la misión de hacer perder la reputación de Batman. Esta supone una maravillosa oportunidad para convertir un crossover en lo que casi seria un What if..? Batman/Lobo se configura como una intervención en la que los autores introducen en el oscuro mundo de Batman el colorido aportado por Lobo, aunque solo sea por la sangre que brota a su paso, y devolviendo al universo gothamita a lo camp y al kistch. La presente edición se complementa con la colaboración de Neil Gaiman para  Batman: Black & White vol. 1 en la que vemos un behind the scene en el que Batman y Joker se preparan para “interpretar” una pelea.

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El caso de Lobo. Autopista al infierno es una obra nostálgica que gira en torno a todo aquello que fue el personaje en sus inicios. Suele pasar que este tipo de personajes que nacen brutales para convertirse en carismáticos, no es que pierdan fuerzan, si no que los lectores habituales buscan una serie de tics que se vayan articulando a lo largo de la historia. Esta obra guionizada por Scott Ian, fan declarado de la serie, y dibujada por Sam Kieth, es un trabajo dedicado a todos los que en algún momento hemos sido fans de este tipejo. El dibujo de Kieth va como anillo al dedo al juego narrativo planteado por Ian, que a veces peca en exceso de metareferencial. Es un trabajo interesante, divertido hecha por alguien que quiere al personaje, por eso las situaciones en las que pone a este están hechas a su medida, para que pueda desarrollarse en toda su amplitud. En este caso a diferencia de la obra anterior, esta es de 2010 y la otra de 2000. No interesa tanto experimentar con Lobo tanto como hacerle vivir nuevas aventuras en este caso ir en busca de Satán para enfrentarse con él.

Ambos títulos son una magnífica oportunidad para reencontrarse con Lobo o para hacerlo por primera vez, que sirven para ir haciendo boca mientras se reeditan los títulos que lo hicieron lo que es a día de hoy.

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