Natacha crece.

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Natacha Vol.3 (Walthéry, Mitteï, Borgers y Jidéhem) Dolmen Editorial, 2015. Cartoné, 184 págs. Color, 29,95€

Lo que hemos leído en los dos tomos recopilatorios anteriores de Natacha es un aperitivo para lo que viene a partir del tercero. Natacha, creada por Walthery, es un personaje prototípico de los años sesenta y setenta dentro del cómic juvenil franco-belga; no solo por el tipo de aventuras que desarrolla sino por poseer una profesión, exótica y no carente de atractivo en aquellos momentos, que permite a la protagonista moverse en un ambiente proclive a la acción. Este personaje femenino se desarrolla bajo un doble perfil vinculado al ideal de atractivo que tienen aquellas mujeres que ejercen dicha profesión, pero que a la vez es capaz de tomar sus propias decisiones y sin necesidad de ser protegidas por los hombres.

Esta tercera entrega marca un reinicio de las aventuras de esta azafata, se dejan de lado las tramas más sencillas en las que se busca resolver un delito para sumergirse en aquellas de más profundidad; que no solo dan la oportunidad de crear un personaje más tridimensional, sino también ayudan a esbozar de manera más concreta a los personajes secundarios. Como es el caso de Walter, compañero de trabajo de la protagonista. Las dos primeras historias son un juego con el lector. En La azafata y la Mona Lisa, los protagonistas no son los habituales sino los antepasados de estos y la acción se traslada a principios del siglo XX durante el cual la abuela de la azafata debe transportar la Gioconda al British Museum evitando que caiga en malas manos.

La continuación de esta microhistoria es un tanto atípica, en el presente tras recordar la aventura de sus antepasados Natacha y Walter se encuentra en el mismo avión que el descendiente del personaje que intento robar el cuadro, que vuelve al avión. La detención de este tipo queda en off para dar pie a una aventura en la que el avión llena de dibujantes de la editorial es secuestrado por un magnate que pretende que estos dibujen un álbum exclusivo para sus hijas.

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Sin embargo, el plato fuerte de este volumen es una historia de ciencia ficción en dos partes: Instantaneas para Caltech y Las máquinas inseguras. No solo desplaza el género original de la obra, sino que esto obliga a que Natacha y Walter sobredimensionen el perfil monotemático que han tenido hasta ahora para hacerlo crecer. Todo empieza de la manera más sutil, Walter se va a tomar tres semanas de vacaciones en Estados Unidos para escribir un reportaje sobre la cultura norteamericana tomada desde el punto de vista de un Europeo. Este personaje amante del Jazz sueña con ir a Nueva Orleans, pero en pleno vuelo ve un par de destellos luminosos que distingue como OVNI’s. En ese momento sus planes cambian y decide ir en busca de un científico especializado en dichas temáticas. Natacha lo acompaña, en el sentido literal de la palabra, perdiendo el protagonismo frente al que ha sido un secundario hasta el momento.

En esta trama dividida en dos partes juega un papel importante la estereotipia de la conspiranoia estadounidense encarnada en unos servicios secretos que tratan que Walter no se encuentre con el doctor Warring. No obstante, tiene lugar un encuentro en la tercera fase en la que Walter atrapado en la nave viaja al futuro encontrándose con los últimos humanos libres. Existe cierta vertiente ideológica ludita en el relato, los robots han esclavizado a la humanidad, poseen un museo que sirve para mostrar la evolución de la robótica. Esa visión de que las máquinas van a acabar con la humanidad que vuelve una y otra vez en la historia del siglo XX.

Estos dos álbumes son, por el momento, lo mejor que se ha publicado de Natacha, no solo por el desarrollo del relato, sólido y contundente, abonado a la ciencia ficción dejando de lado la comedia, la historia de es de Étienne Borgers; es también uno de los mejor dibujados, los personajes a cargo de Walthéry y los decorados de Jidéhem. En el que la acción brilla por momentos de la mano de Walter un personaje que toma forma más allá del típico secundario cómico.

El volumen se completa con algunas historias cortas aparecidas en diferentes revistas de la editorial y numeroso material extra que como siempre ayuda a profundizar en el desarrollo de los personajes y de los autores.

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Más que una simple Pin-up

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Natacha Vol. 2 (Walthéry) Dolmen Editorial, 2015. Cartoné, 176 Págs. Color, 29,95€

Hace unos meses apareció en el mercado el primer volumen recopilatorio de las aventuras de Natacha, el personaje creado por Walthéry, hable del valor de la profesión en algunos géneros del cómic así como el valor del género y su representación en este título. El segundo volumen nos vale para seguir expandiendo dicho concepto ya que Natacha es una azafata de vuelo de cuando se empezó a configurar el mito de esta profesión allá por la década de los 70, cuando los vuelos no eran asequibles para todo la población, y volar, los aviones, los aeropuertos era algo exótico y ser azafata una profesión para privilegiadas. De ahí que Natacha sea uno de esos personajes interesantes del cómic franco belga por todo el tipo de lecturas que puede suscitar, ya que llevaba a las páginas de Spirou la imagen de una mujer sexual, con sus atributos intelectuales y físicos.

Pero el personaje de Natacha está muy lejos de ser una mera pin-up la cual solo posa para llamar atención, aunque tenga algo de eso porque la estética del personaje es muy atractiva. Por otro lado aporta un perfil profesional de la azafata, realiza su trabajo de manera impecable, tiene gran capacidad para las relaciones personales, pero sobre todo se nos muestra su vertiente intelectual. Natacha no es, ni mucho menos, la típica rubia tonta, todo lo contrario, la tramas giran en torno a ella no por su belleza sino por sus dotes para resolver todo tipo de misterios y problemas. Porque en el fondo las aventuras de la asistenta de vuelo están a medio camino entre el relato de aventuras y el género negro.

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En este volumen vienen recogidos tres álbumes correspondientes al periodo 1974-1977, y algunas historias cortas. La primera de ellas es Un trono para Natacha en la que ella, instigada por el servicio secreto de su país, debe convertirse en una guía, si surge ser la prometida, de un rey africano que tiene entre sus consejeros a un mercenario que pretende recuperar el oro que robo durante la Guerra Civil española. La segunda es Doble Vuelo una historia interesante en la que la misma Natacha secuestra el avión en la que está trabajando, y la última es El decimotercer apóstol, tanto este álbum como el primero están guionizados por Maurice Tillieux, para mí el mejor álbum de este personaje publicado hasta el momento y en el que Natacha es mostrado en todo su esplendor. Es un relato clásico de aventuras que incluye viaje en tren, intentos de asesinatos, investigación en tierras exóticas (en este caso la costa turca), terremotos y un gran secreto por descubrir sobre el origen del cristianismo. Una historia muy medida en su tempo y también en el estilo gráfico en el que Walthéry dibuja a la azafata sufriendo todo tipo de vicisitudes.

El volumen se completa con una breve pero gran historia que posiblemente hubiese dado para mucho más: Juego de manos, juego de villanos, en la que el avión se llena de magos y desaparece uno, una historia en el que el formato de las viñetas cambian de tamaño. Las últimas páginas están dedicadas a recopilar material inédito, historia de la evolución del personaje y del autor así como portadas e ilustraciones inéditas. Imprescindible para los fans del personaje, de la Escuela de Marcinelle y para todos aquellos que quieran, tanto recuperar viejas lecturas como para hacer una aproximación a una forma de entender el cómic en el que los géneros narrativos juegan un papel fundamental.

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Profesión y género

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Natacha (Walthéry) Dolmen Editorial, 2014. Cartoné, 160 Págs. Color, 29,95€

Natacha de Walthéry es uno de esos trabajos que transita en un difícil equilibrio en lo que se refiere al diseño de personajes sexualizados en publicaciones destinadas inicialmente al público infantil-juvenil. Pongámonos en situación: las aventuras de esta azafata empiezan allá por 1970 cuando la segunda ola del feminismo está en su momento álgido. Tan solo 2 años antes el colectivo New York Radical Women encabezaba la protesta No More Miss America por considerar el certamen de belleza sexista y racista. Dichas protestas tienen como piedra angular el desmontar una visión del cuerpo de la mujer que pasa por unos cánones de belleza muy concretos que marcan un estereotipo sexualizado de la mujer muy determinado.

Quien conozca un poco a la azafata que protagoniza los cómics de Walthéry sabrá que Natacha encarna esos prototipos de belleza contra los que protestaban las New York Radical Women. Y posiblemente en aquel momento ese ideal de mujer fuese diametralmente opuesto a aquel planteado por las mujeres que reivindicaban su derecho a decidir sobre su propio cuerpo y a crear un espacio propio en el que desarrollarse sin tener que someterse a los cronotopos patriarcales clásicos. Posiblemente a día de hoy esas dos visiones de la mujer no sean tan opuestas, los cánones de bellezas preestablecidos por el patriarcado en el pasado no son sinónimo de alienación si no de la conquista de la mujer de su propio cuerpo.

¿Qué papel juega ahí Natacha? Evidentemente es una mujer que por su físico podemos considerar como sexy, ¿Es feminista? Seguramente no, rotundamente no. Pero a pesar de eso es capaz de delimitar su espacio físico, personal y decidir por sí misma los riesgos que desea correr. Natacha no deja de ser una ensoñación de un personaje que encarna un prototipo de mujer vinculado a una profesión que hasta hace un par de décadas se podía considerar exótica. A parte del aspecto laboral el físico de esta mujer se ve constreñido por el género narrativo en el que se circunscriben sus acciones: aventuras y espionaje. Resumiendo: por todas esas razones el físico de Natacha debe de tener esas formas por lo vinculado a los topos de esas historias.

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Dejando de lado ciertas lecturas el cómic de Walthéry se enfrenta de entrada a un gran escollo el hacer de un personaje que parece sacado de un cómic para adultos en protagonista de un tebeo destinado para los más jóvenes de la casa. A pesar de la sexualidad que brota de Natacha, ni el dibujante ni los guionistas (en este volumen participan Gos, Borgers y Wasterlain) se salen nunca de lo preestablecido para este tipo de narrativas, que más bien son de carácter iniciático. Por otro lado Natacha es un buen cómic de género muy cercano al giallo en cuanto a lo rocambolesco de la resolución de las tramas de unas historias que están destinadas a entretener a todos los públicos.

Si bien, como decía antes, lo exótico de la profesión de azafata se ha perdido por el camino, al igual que el hecho de volar que era algo que hace 40 años no podía hacer todo el mundo, las historias encarnadas por esta mujer siguen teniendo un gran encanto, lo cual justifica esta edición a cargo de Dolmen, que nos sirven para ver cómo se percibía las diferencias culturales entre el primer y el tercer mundo. Pero Natacha es sobre todo un cómic divertido con un derroche visual impresionante. En este primer integral ya se puede apreciar la evolución estilística de un dibujante que brilla, por encima de todo, en las escenas de acción, las persecuciones y en la descripción de personajes (el diseño de la protagonista y en el de Walter, su sidekick, también es auxiliar de vuelo). La serie se enmarca perfectamente en esas narrativas en la que la profesión de la protagonista define las circunstancias de las acciones en las que esta se encontrará en el futuro y el que el lector poco a poco va conociendo algo de ese mundillo profesional. Natacha es otro volumen imprescindible para ver en todo su esplendor a uno de los autores clave de la “Escuela de Marcinelle” amen de una oportunidad estupenda para recuperar a uno de los personajes más icónicos de la revista Spirou.

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