Estoicismo gráfico (y 2)

Chiisakobe Vols. 2-4 (Minetaro Mochizuki). ECC, 2016. Rústica, 224-240 págs. B/N, 9,95 € c/u

En el post dedicado al primer volumen de Chiisakobe ya se apuntaba  a la idea del pragmatismo vinculado a la lengua y cultura japonesa se transmitía de manera bastante precisa en esta obra de Mochizuki. Los personajes son incapaces de desnudarse emocionalmente condicionado por las formas de la comunicación impuestas por una sociedad en la que no existen los no abiertos y en la que entender la inflexión de la forma es absolutamente necesario para entender el contenido y el significado de los que se nos está diciendo.

Chiisakobe, es una gran muestra de ello de como aquello que no se dice es más importante que lo que se dice, hasta el punto que las conversaciones raramente toman la dirección deseada por la persona que la inicia. El relato trata de como Shigeji, el heredero de una constructora, tiene que ponerse al mando de la empresa de sus padres tras el fallecimiento de estos. Pero el protagonista se ve envuelto, no solo en llevar las riendas del negocio sin conocimiento previo del mismo, sino que de repente se ve con una casa llena de gente y una parafamilia formada por un grupo de niños huérfanos y Ritsu que lo ayuda en el cuidado de los niños. Esta es una chica sencilla con mucha voluntad pero con poca autoestima que busca encajar/ser útil para la gente que lo rodea. En oposición a esta tenemos a Yuko, hija del banquero que le da el préstamo a Shigeji, con apariencia segura de mujer profesional que no necesita reflejarse en nadie para mostrar su voluntad. Existe pues, también, cierto discurso sobre la representación de la mujer: o a partir de sí misma o con referencia al hombre. En ese sentido mientras que Yuko aparece como una mujer mucho más completa por no depender del hombre para ser ella misma Ritsu, en esa dependencia, muestra en parte su debilidad, ya que para ella todo depende de la relación que vaya a tener con nuestro barbudo protagonista.

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Esa relación es la que mueve la trama de los tres tomos finales en la que el rumor se convierte en un hecho indiscutible. Ritsu presupone que parte de las condiciones del préstamo incluye que Shigeji se case con Yuko. Si bien eso atormenta a la primera a la segunda parece no quitarle el sueño, y es que como lectores nos puede dejar un poco perplejos las posición que adopta este personaje. Para eso el autor recurre a los niños, algo que recuerda en forma al cine iraní de los años 90 en el cual los directores desarrollaban largometrajes protagonizados por menores de edad lo cual les permitía hablar de cosas muy complejas y de paso pasar la censura, estos se convierten en los catalizadores de Ritsu y Shigeji. Cada uno de los críos tiene un rasgo definitorio que ayuda a los personajes adultos a catalizar sus emociones, posiblemente en el heredero sean más visibles, en ella se circunscriben dentro de del monologo interior, raramente se manifiesta en público.

El relato planteado en un principio como un triángulo amoroso se va reconfigurando en una obra que nos habla de la manera en la que abandonamos los circunloquios de la juventud para llegar a la madurez intelectual y emocional. Shigeji a pesar del hieratismo con el que cubre su cara, solo al final del relato le veremos la faz al completo, se descubre en su forma más compleja siendo él el que asume las enseñanzas de los niños dando a entender que su adultez ha llegado a su punto álgido, al igual que le sucede a Ritsu. Se trata de una cadena emocional en la que el punto de origen está en los niños y finaliza por abarcar a todas las personas relacionadas con Shigeji. Chiisakobe es una obra clave para entender el nuevo seinen, se mueve a medio camino entre la obra de autor y el género costumbrista, apabulla por un ritmo sostenido que hace avanzar la historia continuamente a pesar de que en apariencia haya tomos que se asemejen más a un tiempo muerto que a otro elemento narrativo.

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Estoicismo gráfico

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Chiisakobee Vol. 1. (Minetarô Mochizuki). ECC, 2016. Rústica, 208 págs. B/N, 9,95 €

Uno de los grandes motores sociales de Japón es la cultura comunitaria. La idea del mura como uno de los aspectos más destacables que hace que las comunidades sean capaces de prosperar cuidando uno de otros. De ahí que uno de los aspectos que más suelen destacar de la cultura popular japonesa, sobre todo en él manga: el principio de rebeldía. Este pasa por crear personajes que se desmarcan por completo de las pautas grupales y de las estructuras sociales predominantes. Esto no deja de ser una fantasía en un país en el cual las interrelaciones personales están medidas al milímetro, algo que se traspasa al lenguaje y a las formas pragmáticas del mismo.

La adaptación que Mochizuki hace del relato de Shûgorô Yamamoto trasportándolo del Edo a nuestros días juega con ambas ideas: el de la comunidad y el del rebelde social. Reconstruyendo una especie de equilibrio entre diferentes formas de entender las relaciones entre el individuo y la sociedad en la que vive. Shigeji, el protagonista, es el encargado de reflotar una empresa de construcción de casas de madera tras la muerte de sus padres en un incendio. Ese tipo de construcción supone un claro antagonismo con la modernidad continua en la que vive el país del sol naciente desde finales de los setenta. Shigeji es un tipo estoico, con una gran capacidad para controlar sus sentimientos y ocultarlos tras unas gafas de sol, una larga melena y una tupida barba. Es en esencia un tipo asocial que se plantea reconstruir la empresa por una cuestión de honor pero que en un segundo grado por una especie de cortesía hacia la sociedad.

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Las otras dos protagonistas, Ritsu y Yuko, están hechas por el mismo corte que Shigeji. La primera es una chica que vuelve al barrio tras la muerte de sus padres y no tener la necesidad imperiosa de ganar dinero. Ella se ocupará de la gestión de la mansión principal, del cuidado de un par de trabajadores que se han quedado sin casa, de Shigeji y de cinco niños de un orfanato. El protagonista empieza a articular a través de la relación con Ritsu un principio de acción social para trabajar en pos de la comunidad a través de los niños. Sin embargo, esto funciona, principalmente a través de Yuko, en un segundo plano, hija del presidente de la asociación vecinal y que actúa principalmente por el bien común.

Estos tres personajes nos presentan una historia que apunta a un pequeño triángulo amoroso a través que tiene como misión principal la apertura social de Shigeji y que a nivel narrativo tiene como función mostrar las diferentes estructuras sociales y la actitud ante estas por parte de cada uno de los personajes: Ritsu, perteneciente a la clase trabajadora; Shigeji, autodesplazado de su propio contexto y Yuko, que pertenece a la clase dirigente aunque no lo utiliza de una manera consciente. Chiisakobee opera en varios sentidos pero destaca principalmente por ser en lo estético totalmente opuesto a Dragon Head con un estilo mucho más recargado. Aquí se decide por un trazo mucho más limpio en consonancia con la idea de estoicismo que transmiten todos los personajes de la obra. Este título es una de las obras más interesantes del año tanto por la forma como por el fondo y por como ambos aspectos se funden en un solo discurso.

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