Spain is pain #299: sociología del rock

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Heavy. Los chicos están mal (Miguel B. Núñez). Sapristi, 2017. Rústica, 184 págs. Color, 17,90€

Entre tanto revival descafeinado de los años ochenta uno tiene muchas veces dudas si algunas de las personas que escriben sobre estos temas vivieron en la misma década que yo. Los ochenta fueron lo que fueron, nos pillaron desprevenidos a todos incluso a los más niños. Todo era nuevo y todo estaba por inventar, pero nos entreteníamos con lo que teníamos y ya está. Me pregunto si muchos de los que no vivieron en ese periodo y sienten esta nostalgia artificial mediada por las ficciones contemporáneas soportarían vivir como vivíamos y como nos entreteníamos entonces.

Posiblemente la clave para entender correctamente una época relativamente cercana y recientemente distorsionada es la nostalgia. Pero no una artificiosa creada para entretener sino una narrada desde dentro. Esta tiene que pasar por el filtro de la microhistoria, para los adolescentes los grandes hitos históricos no son macro son micro: un concierto, una pelea, una película, una fiesta, etc. porque es cuando tenemos esos años que revelamos nuestro autentico ser vivimos para complacernos y para probar cosas nuevas, y de camino vamos comprobando como vamos gestionando las situaciones más peliagudas. Aquí entra en juego otro factor: la amistad. Esta que se genera a través del aburrimiento cuando no sabes que hacer y encuentras a personas en la misma situación. Son en esos años en los que posiblemente se construyen las amistades imperecederas y las que van a quedar en el recuerdo.

En Heavy. Los chicos están mal, continuación de Heavy 1986, Miguel B. Núñez le da más profundidad a estos conceptos integrando mucho más en la narrativa la cultura del heavy de los ochenta en la vida de los personajes dándole un valor intrínseco al relato. Aquí no cabe una nostalgia artificiosa sino una real de lo vivido y lo añorado con el tiempo, o lo que visto con distancia posiblemente fuese más trivial de lo que parecía en aquel momento. En esta continuación seguimos con el mismo grupo de amigos: Pepe, Adela, Suso, Marta, Richi, el Judas, etc. con ellos navegamos en algo que va mucho más allá de la idea trasnochada y vulgar de la tribu urbana vinculada a una serie de ritos violentos, es más el autor insiste a lo largo del volumen que eso era algo marginal y que no atañía a todas las tribus basadas en un origen musical.

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Con esta aproximación narrativa, que deja de lado el retro reconstruido, podemos observar como la música se convierte en un nexo capaz de crear amistades que superan todo tipo de fronteras. Las tribus urbanas de los ochenta se construían bajo una serie de parámetros muy concretos entre los cuales los pilares eran la música y la vestimenta. Ahí en ese punto el autor encuentra uno de los aciertos de este libro, el hacer una sociología del rock en la España de los ochenta, yendo mucho más allá de lo que podíamos encontrar en el primer volumen. Esta elaboración casi importada del ámbito anglosajón pero no ajena a la cultura de la dictadura tan solo recordar los incidentes causados por los Teddy Boys patrios o el primer concierto de Bill Halley en España, sin olvidarnos de las fans de Raphael y su poder de convocatoria. En Heavy. Los chicos están mal incide en la importancia que tuvo para esa juventud la militancia musical y estilística.

Miguel B. Nuñez ha apuntado mucho más alto en esta entrega que en la anterior, posiblemente porque los personajes están mucho más rodados, principalmente en la confluencia del relato personal con el de una cronología de la cultura popular del momento. Creo que es así como se gestiona la nostalgia, o al menos como debería hacerse. El autor nos habla de su experiencia personal, sus mutaciones, sus recomendaciones y de quienes fueron y son su ídolos; y todos sabemos la importancia de tener alguien a quien admirar con esas edades. Así pues si os gusto Heavy 1986 este os encantará, si el primero os dejó fríos este segundo os hará recuperar la esperanza sobre cómo se deberían narrar los ochenta, una década que nos pilla muy lejos pero que vivimos intensamente.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Spain is Pain #253: La resistencia nº1 (VVAA)

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La resistencia nº1 (VVAA) Dibbuks, 2016. Rústica, 80 págs. Color y B/N, 8€.

La desaparición en 2005 de El víbora auguraba un hecho que quizás en aquel momento los lectores no éramos muy conscientes el panorama editorial iba a cambiar para siempre. Principalmente para las revistas. Por suerte no fue la última en los más de diez años que han pasado desde que cayó el buque insignia del cómix nacional han ido apareciendo diferentes publicaciones que realmente no lo han tenido muy fácil; desde TOS a Zander Magazine, pasando por Humo, Dos veces Breve, El Manglar. Las revistas implican en mayor o menor grado cierta complicidad por parte del lector a la hora de seguir las series de las mismas, eso implica una periodicidad razonable.

La gente de Dibbuks vuelve al ataque con otra revista aunque quizás con una mentalidad un tanto diferente a la que tenían las anteriormente citadas. En este caso La resistencia busca crear una revista que no implica un seguimiento continuo, todas las historias son autoconclusivas y nos permiten conocer los registros de distintos autores actuales y también hacer un poco de arqueología del panorama nacional. No es baladí que la revista reciba dicho nombre, el planteamiento de una publicación de estas características es un acto bastante atrevido con el que muchos no cuentan. Imagino que aparte de los fanzines puros y duros nos resulte extraño encontrarnos este tipo de publicaciones en las tiendas a día de hoy.

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El enfoque de la publicación es para lectores habituales de cómic nacional pero sin excluir a aquellos que se quieran acercar por primera vez a conocer otros autores o deseen realizar una aproximación al panorama actual. En ese sentido los editores no han optado por obras radicalmente experimentales buscando una publicación que sirva para divulgar las virtudes de la historieta nacional contemporáneas. Una labor divulgativa en pro de favorecer el acercamiento de nuevos lectores. Lo cual lo convierte en una buena oportunidad para retomar la costumbre de ir a comprar revistas de cómics, ya no a los quioscos pero si a las librerías especializadas.

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En este número de la resistencia colaboran: Juan Berrio, Pablo Velarde, Chipi, Juanjo el Rápido, Javi de Castro, Josep Busquet, Miguel B. Núñez, Manel Cráneo, Olaf Ladousse, Jali, Rubén Garrido, Raúl, Álex Fito, José Luis Ágreda, Antoine Ozanam, Infame & co, Chema García y Fermín Solís.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is pain #247: Hijos (obreros) del metal.

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Heavy 1986 (Miguel B. Núñez) Sapristi, 2016. Rústica, 192 pags. Color 17,90€

En 1986 me hallaba yo en la preadolescencia, por aquel entonces escuchaba casi todo tipo de música menos heavy (sip). De hecho escuchaba más el rap que llegaba de Estados Unidos y los primeros intentos de hip hop patrio. De aquellos años recuerdo el pique entre raperos y heavies como una especie de antagonismo sin sentido en el que ambos grupos, provenientes de la cultura de suburbio, competían por el espacio musical alternativo. Eso sí, ambos colectivos con un “enemigo” en común: los pijos.

A parte de esos piques entre adolescentes la situación social del país era otra, teniendo en cuenta que apenas había pasado una década desde la implantación de la democracia España, sufría, de una manera u otra una especie de cambio en costumbres y en los usos sociales. En la periferia la situación no había variado mucho solo que los jóvenes empezaban a vislumbrar nuevas formas de expresión que se llevaban forjando desde el fin del régimen dictatorial.

A pesar de no haber sido nunca heavy, Heavy 1986 de Miguel B. Núñez me ha traído muchos recuerdos de aquellos años en los que la música era lo que nos procuraba una forma de escapismo que, debido a lo diferente de los artistas que escuchaban nuestros padres, nos procuraba una pequeña isla donde aislarnos de todos los problemas del momento. Hasta aquí bien, porque uno de los aciertos de este trabajo de Núñez consiste en representar a los de su generación a través de tres vértices: música, problemas de la adolescencia y la familia.

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Empecemos por lo último, la familia, es esbozada bajo dos polos opuestos aquellos que están ausentes que no son representados o que no prestan atención a sus hijos y los que pretenden subordinar a sus descendientes como si fuesen militares. Dicha representación representa una extensión de esa sociedad patriarcal que todavía sigue coleando en la que el hombre tiene unas funciones y la mujer otras. La idea que se transmite a través del personaje del padre de Suso es el de una sociedad que se resiste al cambio y que no pretende más que mantener el statu quo. En el otro lado están los padres de “Venom”, ausentes, abandonaron al hijo dejándolo a cargo de una tía que no le hace mucho caso.

En cuanto a la adolescencia, Núñez evita ante todo caer en el tópico representando con toda naturalidad, más que el descubrimiento de la sexualidad la apertura de los personajes a los sentimientos, sobre todo en el caso de los chicos. Pero también con la lucha que suponen esos años que van desde el rechazo a la escuela y al trabajar, que no es otra cosa que someterse a unas reglas, y un oxímoron de la adolescencia. El tercer vértice es la música preside todos y cada uno de los capítulos y los cierra con una breve descripción del grupo y lo que implica para él y los personajes la canción que ha recorrido dicho capítulo. De la música trasciende la forma de vestir, de esta su forma de entender el mundo y de enfrentarse a él. El heavy más que un estilo de vida una forma de resistirse a lo que le rodea.

En Heavy 1986, Miguel B. Núñez construye un relato a medio camino entre la adoración a los artistas que le ayudaron a articular su juventud y un retrato del Madrid de extrarradio en un momento de cambio. Con un toque de cómic social pero como representación de las estructuras sociales y familiares; siendo el heavy el elemento unificador de todos los personajes haciendo de esta obra una pequeña biografía generacional a través de la música y la importancia de la misma en una generación, quizás no la primera, pero sí de las primeras en que la elección del ocio es tan importante como tener un trabajo o una formación, y el heavy marca a esta generación de forma definitiva. No hay que dejar que el título engañe es una obra solo para los amantes de este género musical, si no para cualquiera que le guste indagar en la década de los 80 y profundizar en la relación de esta música con sus seguidores dejando de lado el fenómeno fan y articulándolo hacia una relación mucho más orgánica con la vida de estos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo