Hiperrealidad y solipsismo (y 2)

Los invisibles vols. 5-7 (Ashley Wood, Cameron Stewart, Chris Weston, Dean Ormston, Frank Quitely, Grant Morrison, Jill Thompson, John Ridgeway, Mark Buckingham, Michael Lark, Paul Johnson, Philip Bond, Rian Hughes, Steve Parkhouse, Steve Yeowell, The Pander Bros., Warren Pleece) ECC, 2015. Cartoné, entre 224 – 288 c/u. Color, entre 22€- 28,50€ c/u.

En el post de la crítica de los 4 primeros tomos recopilatorios de Los Invisibles  se plantearon dos ideas principales para entender la obra de Morrison, o al menos para entrar en ella con buen pie en este título y que dan título a las dos entradas dedicadas a este trabajo. La hiperrealidad hace referencia a como la ficción ha superado a la hora de delimitar espacios físicos, entendemos como ficción toda aquella interpretación de la realidad, desde un relato ficcional ambientado en una comunidad o un mapa o Google Maps que trata que no deja de ser un reflejo del espacio real, pero más completo ya que se complementa con detalles que apuntan a la recreación. Por su lado el solipsismo es un pensamiento que apunta a creer que solo podemos estar seguros de nuestra existencia  y nuestra realidad.

Los invisibles dibujan la realidad pasada y presente a través de ese doble paradigma reutilizando cuestiones recurrentes de la ciencia ficción pero en otro sentido. Por ejemplo el tomo titulado “Contar hasta atrás” tiene como temática transversal los viajes en el tiempo, pero sin ser el eje central de la trama. En este volumen este grupo de terroristas hiperrealistas y solipsistas viajan hasta San Francisco para encontrarse con Takashi un empleado de uno de Mason Lang que está trabajando en una máquina del tiempo. Este punto de partida ayuda a redibujar ideas preconcebidas sobre la obra en en cuestión y sobre el género en si mismo. Robin viene del futuro y King Mob la transporta entre dimensiones, Jack Frost y Lord Fanny consigue un objeto de poder, la mano de la gloria, y King Mob viaja al pasado para descubrir cómo utilizar dicho objeto. No se trata de un brevísimo resumen, si no tratar de esbozar la idea de Morrison de mezclar realidad y ficción y jugar con la coetaneidad del tiempo y el espacio, la lógica y lo irracional y, el poder y la conspiración.

“Besos para el señor Quimper” es un final en falso, los personajes establecen relaciones sentimentales entre ellos Robin con King Mob y Jack Frost con Boy, y en este caso el objeto de deseo de todos los personajes es el Espejo mágico de la Iglesia exterior. Mob destruye al final la mansión de Lang. Tanto este volumen como el anterior son los antecesores de The Matrix en el que los objetos totémicos adquieren relevancia para aquellos conocedores de los mismos. Estos sirven para disolver las fronteras entre realidades y poder jugar con estas.

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El último tomo de la colección “El reino invisible” se trata de una cuenta atrás en la que King Mob y compañía desarrollan un ataque a través de diferentes dimensiones, y en el que lo villanos poderosos del relato aparecen en primer plano compartiendo protagonismo con los personajes que han ido conduciendo esta narrativa a lo largo de estos siete volúmenes. La historia empieza un año después de los hechos sucedidos en el tomo anterior, cada tomo tiene diferentes arcos argumentales en pos de un mitoarco, en este caso evitar que Moonchild sea el huésped de Rex Mundi, una especie de gobernador extradimensional de la Iglesia exterior. Jack Frost utilizado como macguffin durante todo el relato se desquita aquí como personaje y toma consciencia de su rol como salvador de la humanidad. Todos los objetos de poder recopilador convergen en este punto para salvar la Tierra. Pero finalmente tal y como se ha ido prediciendo la tierra llega a su fin el 22 de diciembre de 2012.

Los invisibles sigue siendo una obra capital para entender el cambio de siglo, los finales de los noventa, el auge de la cultura del apocalipsis, las dobles lecturas sobre la violencia publica, la toma de conciencia del fin de la sociedad como la habíamos conocido, el precio a pagar por la estratificación social, etc. En esta obra Morrison no salva a nadie, porque nadie necesita ser salvado, estamos todos perdidos. El fin del mundo fue hace tiempo y aquí seguimos pataleando como recién salidos de la cueva reclamando la centralidad como especie de un planeta que solo entiende de estructuras de poder.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Gotham Central – De patrulla por el infierno (Ed Brubaker, Greg Rucka, Michael Lark, Stefano Gaudiano y Jason Alexander)

gotham_central_patrulla_infiernoGotham Central – De patrulla por el infierno (Ed Brubaker, Greg Rucka, Michael Lark, Stefano Gaudiano y Jason Alexander). ECC, 2015. Cartoné. 224 págs. Color. 22 €

Ed Brubaker y Greg Rucka continúa ahondando en la vida de los responsables de la Unidad de Crímenes Mayores de la policía de Gotham, unas historias que obligatoriamente mezclan la vida personal y profesional, siendo la labor del detective un trabajo que jamás termina donde los fracasos son continuos y las victorias son siempre amargas. En De patrulla por el infierno, la tónica no cambia lo más mínimo, y los dos guionistas, acompañados de los lápices de Michael Lark, Stefano Gaudiano y Jason Alexander, nos traen unas cuantas historias donde el murciélago de Gotham sigue siendo un ente gris en las sombras, aunque de vez en cuando la luz le recorre levemente, como sucede con otros personajes, o bichos raros como los llaman los detectives, que pueblan las extrañas calles de la ciudad gótica.

El tomo se abre con una historia de Crispus Allen Renee Montoya, dos detectives del primer turno que concentran casi todo el protagonismo de la colección, una historia donde la corrupción vuelve a ser el hilo conductor, con una Montoya preocupada por librar a su compañero de una falsa acusación. Es curioso como los guionistas se empeñan en demostrar que los detectives luchan tanto con los enemigos externos, los criminales, como los internos, representados por la corrupción y la burocracia. De este modo, nos quedamos con la sensación de que los personajes luchan continuamente contra la corriente, con lo que su trabajo al final adquiere una proporción épica debido a la lucha contra la sociedad y el propio sistema. Después tenemos un número único donde la batseñal abandona la azotea de la comisaría de Gotham, un fresco donde agentes, superiores y Batman se ven retratados.

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Seguidamente tenemos una historia donde Catwoman debe unir fuerzas con la detective Josie Macdonald para evitar una acusación de asesinato. Esta historia, fantásticamente dibujada por Jason Alexander, es una muestra más de personajes grises a ambos lados de la ley que deben colaborar para traer algo de justicia a las calles de Gotham. Pero sin duda la mejor historia es la que cierra De patrulla por el infierno, con un villano de visita por Gotham, un policía convertido en un monstruo y un montón de burocracia con Keystone, la ciudad de Flash. Ed Brubaker y Greg Rucka continúa su buen trabajo con la serie negra en el universo de DC, sólo a la espera del último volumen que cerrará su saga detectivesca.

Gotham Central 1: En el cumplimiento del deber

Gotham Central 2: Payasos y lunáticos

Gotham Central 3: De patrulla por el infierno

Gotham Central 4: Corrigan

Gotham Central 5: Momentos decisivos

Gotham Central 6: Agente herido

@bartofg
@lectorbicefalo

Gotham Central – Payasos y lunáticos (Ed Brubaker, Greg Rucka, Michael Lark, Brian Hurtt, Gregg Scott, Stefano Gaudiano)

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Gotham Central: Payasos y lunáticos (Ed Brubaker, Greg Rucka, Michael Lark, Brian Hurtt, Gregg Scott, Stefano Gaudiano). ECC, 2015. Cartoné. 288 págs. Color. 28,50 €

La buena serie negra tiene que ser ante todo triste, deprimente, casi asfixiante, porque sólo en ese rincón oscuro donde la esperanza ha muerto pueden nacer los héroes más puros e incorruptibles, aunque el propio peso de su heroísmo sea muchas veces la causa de sus agonías e incluso sus muertes. En la serie negra el ser humano toca fondo para renacer, no con una gran explosión de virtuosismo, pero si al menos con la fuerza de la resistencia, del aguante. Resumiendo, se trata de colocar a los personajes más defectuosos en el entorno más violento y conseguir que la victoria del bien sea creíble. Esto es lo que hicieron Ed Brubaker y Greg Rucka con los detectives que protagonizaron su serie Gotham Central, que en su segundo tomo recopilatorio, Payasos y lunáticos, continúa mostrándonos ese valle de lágrimas que recorren cada día los agentes de la Unidad de Crímenes Mayores.

El segundo volumen recopilatorio se inicia con un número suelto que sirve de fresco de los agentes de la unidad, un impás para recordarnos que son humanos, después asistimos a tres arcos argumentales donde los guionistas no pierden el tiempo en enfrentar a los detectives con la mayor locura criminal que ha azotado Gotham, quizás no la más cirquense, pero sí al menos la más sangrante para el común de los viandantes. Los mayores villano de la ciudad del murciélago no tienen problemas con asesinar al alcalde o a un equipo deportivo de instituto, y si además consiguen que el pánico se adueñe de la calles mejor. Todo esto con la contrapartida de unas fuerzas del orden que fluctúan entre la corrupción presente en el cuerpo y los recortes presupuestarios que amenazan con menguar su capacidad de actuación.

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No se puede negar que Payasos y lunáticos es una evolución positiva frente al anterior volumen, en cierto sentido por un hecho tan notable como que Batman aparece todavía menos, y cuando lo hace no es precisamente para ser recibido entre vítores de alegría y júbilo. Los detectives tienen que hacer un trabajo que muchas veces choca de frente con un individuo que o no comparte su información o directamente estorba. Este realismo a la hora de tratar a Batman se agradece en las páginas de Gotham Central, un texto que hace del realismo su mayor bandera, aunque sea un realismo con hombrecillos capaces de ejercer control mental mediante un sombrero de copa. Pero por suerte, el trabajo gráfico de Michael Lark, Brian Hurtt, Gregg Scott y Stefano Gaudiano, ayuda a afianzar ese realismo sucio y veraz, de una Gotham que se puede casi habitar, una ciudad que es un infierno real, no la fantasía gótica de un futuro descartado, si no una ciudad sucia donde tienen lugar asesinatos y violaciones bajo una lluvia densa y oscura.

Gotham Central 1: En el cumplimiento del deber

Gotham Central 2: Payasos y lunáticos

Gotham Central 3: De patrulla por el infierno

Gotham Central 4: Corrigan

Gotham Central 5: Momentos decisivos

Gotham Central 6: Agente herido

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El coste emocional del crimen

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Gotham Central: En el cumplimiento del deber (Ed Brubaker, Greg Rucka y Michael Lark). ECC, 2015. Cartoné. 240 págs. Color. 23 €

Los médicos y los policías son tan golosos porque todos sabemos que hacen, o más bien creemos saberlo. Aunque al final lo único que sabemos es que se enfrentan a la muerte, los primeros porque la combaten en las trincheras del cuerpo humano, bregando contra todo para que el último suspiro vital no abandone el recipiente mortal; los segundos viven un escenario quizás más complejo, pues al mismo tiempo que luchan contra la muerte tratan de vengarla y burlarla. Pero quizás lo más interesante de los médicos y policías no sea lo que hacen para enfrentarse a la muerte, si no el reguero de cicatrices que la misma deja en su cuerpo, más allá de lo obvio, los finales y las conclusiones. Todo eso que queda en el interior que conforma ese enredo intelectual y sentimental con su trabajo, desde los yonquis de la adrenalina que suspiran por que alguien grite parada en el pasillo del hospital, hasta los policías insomnes con cajas con papeles arrugados y fotos amarillentas de niños que nadie sabe donde están desde hace décadas.

De este modo, los mejores dramas profesionales no son los que presentan a sus protagonistas como héroes de mármol, seres tan incansables como infalibles, si no por el contrario los que tienen como protagonistas a seres falibles empujados por el deber y la necesidad moral de servir más allá de lo prometido, en resumen más mártires que mesías. Esto es lo que hacen Ed Brubaker y Greg Rucka en la serie Gotham Central, una colección que colocaba el foco en el departamento de policía de la ciudad del Caballero Oscuro, eso sí, dejando de lado totalmente al murciélago para centrarse en los hombres de a píe que han decidido entregar su vida a proteger y servir. Las fuerzas de la ley han estado presentes a lo largo de toda la historia de Batman, pues el mejor detective del mundo ha contado con la ayuda de aliados como James Gordon, comisario de policía la mayor parte del tiempo; así como de enemigos como Dos Caras, quien comenzó su carera profesional como fiscal; todo sin olvidar cuando Batman no ha sido declarado enemigo público número uno y ha tenido que enfrentarse a los criminales mientras esquivaba a la propia policía.

Pero en Gotham Central todo esto queda de lado, incluso el propio murciélago es visto como un enemigo más, o al menos como un recordatorio de la locura que puebla las calles de Gotham haciendo el trabajo de sus policías más complicado que el de cualquier otro agente del mundo occidental. El primer tomo recopilatorio de la colección, En el cumplimiento del deber, aúna tres arcos argumentarles: el primero que da nombre al tomo está escrito por los dos guionistas y sirve para presentar al Departamento de Crímenes Mayores de la policía de Gotham; el segundo está escrito por Ed Brubaker y el tercero por Greg Rucka, para lo que los guionistas se reparten los turnos de la comisaría, cogiendo cada uno una pareja de detectives y enfrentándolos a un caso diferente. Aunque por suerte los dos guionistas trabajan en una perfecta sintonía, haciendo que el tono de todo el cómic sea homogéneo y tengamos una sensación de universo vivo interrelacionado, no sólo porque los casos que cada uno escribe estén relacionados con el primero y entre sí, si no porque van más allá del trabajo meramente policial hasta conseguir que sus policías estén vivos en un mundo igual de cambiante, consiguiendo que sean tanto héroes resolutivos como prisioneros de las circunstancias.

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Todo esto se consigue con un principio de la colección tan sencillo como novedoso, tirando del hilo de la muerte de un detective mientras realizaba su trabajo. La muerte es una constante en los cómics de superhéroes, y no hablamos de la muerte de Superman, si no de los inocentes que pasan por allí, algo bastante común si nos encontramos en un mundo donde existen personas capaces de lanzar un camión con sus manos desnudas. Así que es lógico que más de un policía muera víctima de una pistola de hielo. Y aunque todos sepamos que al final Batman acabará con el villano, cabe preguntarse que pasa con la mujer de esa víctima, con sus amigos, con sus compañeros de trabajo, personas atrapadas en la locura de los dotados que se pasean por ahí con disfraces estrafalarios. Eso es en resumen Gotham Central, la historia no sólo de los hombres que padecen a los superhéroes y los supervillanos, si no la de los hombres encargados de limpiar sus destrozos y ordenar el caos aunque se dejen la vida en ello. Ed Brubaker y Greg Rucka engarzan lo más salvaje del cómic de superhéroes con el drama más gris para conseguir un resultado tan potente como desolador, la historia de hombres destinados a luchar contra gigantes, a soportarlos y a tener que rogarles ayuda cuando es lo último que desean.

Tampoco se puede dejar de lado al tercer miembro del trío responsable de Gotham Central, el dibujante Michael Lark, quien consigue con su arte asentar totalmente el tono de la colección. El dibujante utiliza un estilo que sólo puede definirse como sobrio, aunque lleno en todo momento de intensidad contenida, consiguiendo que la antítesis de lo dinámico encierre una carga emocional a punto de colapsar en cualquier instante. Los rostros de los personajes de Gotham Central sólo sonríen si es por resignación o bravuconearía, del mismo modo que la tristeza está siempre presente en sus ojos con una enorme cantidad de rabia. Al final, el dibujo de Michael Lark representa todo eso que gotea de los guiones de Ed Brubaker y Greg Rucka, un deseo que se sabe imposible de normalidad. Al final de Batman Año Uno, el comisario Gordon señala que alguien que se hace llamar el Joker ha amenazado con envenenar el embalse de agua de Gotham, aunque por suerte el cuenta con un aliado. Pero quizás, y sólo quizás, la llegada de Batman fue el catalizador que despertó a los locos, algo que a la larga ha traído enormes y costosas repercusiones a la sociedad de Gotham y a su cuerpo de policía.

Gotham Central 1: En el cumplimiento del deber

Gotham Central 2: Payasos y lunáticos

Gotham Central 3: De patrulla por el infierno

Gotham Central 4: Corrigan

Gotham Central 5: Momentos decisivos

Gotham Central 6: Agente herido

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