Manga noir

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Killing Morph vol. 2 (Masaya Hokazono y Nokuto Koike). ECC, 2019. Rústica, 200 págs. B/N, 8,95€

Si el primer volumen de Killing Morph se construía entorno a la idea de colectividad frente a lo extraño que representa el asesino, el segundo volumen se opone a esa idea de comunidad poniendo de protagonista a la individualidad. Si bien el personaje se convierte en un ser solitario, lo hace por un bien mayor. Se aísla para que el homicida no aparezca de nuevo y cometa otra masacre contra el colectivo. Al final del primer volumen Madoka y Honda, el policía que lleva el caso, descubrían que el asesino posee el poder de la bilocación, poder estar en dos sitios a la vez. En este volumen descubrimos que tiene cierta omnisciencia sobre Madoka, y el poder de multiplicarse. Por lo que se convierte en un asesino ubicuo.

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Ese mal ubicuo que ya nunca más será local, arrasa a través de una red de contactos sociales que tienen como nexo a Madoka. Personas que no se conocen entre sí pero que la cercanía con la protagonista les garantiza una muerte cruenta. Los autores son muy sutiles creando una ficción de género negro que nos habla de una sociedad hiperconectada aunque no sea por relación directa en el que el mundo de las ideas y la cultura ya no pertenece a nadie y pertenece a todos. En ese mundo en el que Madoka busca una individualidad a partir de que en su mundo ha entrado el mal. De ser la prototípica estudiante de instituto japonesa, despreocupada y consumista, a ser una persona que madura que adquiere un conocimiento manifestado por otra persona. Pasa de ser víctima para ser una cazadora que ha ido aprendiendo los métodos para atrapar al asesino y de paso matarlo.

Masaya Hokazono y Nokuto Koikebordan un giallo a la japonesa, la puesta en escena, el planteamiento, asesinatos obscenamente sangrientos, victimas que se reconvierten, un misterio rocambolesco que tendrá una explicación enrevesada y un asesino grotesco. Pero sobre todo una pieza de relojería que funciona a la perfección y una de las mejores muestras del manga noir contemporáneo de los últimos tiempos.

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¿Quién es el asesino? ¿Por qué lo hace? y ¿Cuál es la conexión con la víctima?

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Killing Morph vol. 1 (Masaya Hokazono y Nokuto Koike). ECC, 2018. Rústica, 200 págs. B/N, 8,95€

Killing Morph parte de convertir en un personaje que vive bajo la presión de un trauma psicológico tras haber presenciado el asesinato de varias personas por parte de un tipo enmascarado que portaba dos cuchillos. La globalización nos permite empatizar mucho más allá de los espacios interpersonales más cercanos y tener empatía por la desgracia ajena de manera que el trauma colectivo se convierte en más colectivo que nunca a base de emojis y likes. Pero no es empatía verdadera, esta te impele a moverte hacia la persona que está sufriendo para consolarla de la mejor manera que sepamos. Clicar sobre un icono no es, ni será nunca, una forma de empatía. Aun así, el trauma colectivo es posible, la sensación de miedo a que nos suceda aquello que le ha pasado a alguien siempre está ahí.

En estas cuestiones de la colectividad, aunque deberíamos de hablar de masas, los autores de manga son verdaderos expertos en crear narrativas en los que la comunidad es recreada a través de una serie de personajes muy reducidos, incluso llegando a centrar toda la personalidad nipona en un personaje. Eso teniendo en cuenta que Japón siempre es citado como el país con menos criminalidad y delincuencia callejera del mundo, la yakuza entraría en otra taxonomía del crimen. Quizás esos dos aspectos hacen de aquellos relatos japoneses que se centran en lo criminal sean tan atractivos. Aquí ese personaje colectivo es Madoka que se encuentra en mitad de la calle cuando un tipo empieza a masacrar a todo el que se encuentra por el camino, y, aunque, en primera instancia el asesino la deja de lado finalmente se dirige a asesinarla antes de que detengan al asesino.

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Madoka representa esa centralidad de la fragilidad del ser humano occidentalizado, que solo está preparado para resolver asuntos realmente intrascendentes del día a día y que no sabe resolver aquellos que realmente son necesarios para salir de una situación complicada. Madoka ha sobrevivido por causas que todavía no han sido desveladas y su trauma empieza a salir a la luz cuando empieza a aparecer la figura del asesino detenido por lugares en los que no debería, incluso lo ve ejecutar a personas en oficinas alejadas de la comisaría. En este caso el trauma de Madoka sale a la luz convirtiéndolo en colectivo, un asesino desconocido, sin aparente relación con los personajes pero que sigue apareciendo por sorpresa para seguir con su matanza allí donde la había dejado y con las personas que estaban presentes. Podemos considerar Killing Morph un relato de investigación criminal puro y duro, con los roles clásicos, víctima, policía, asesino anónimo, y con tres grandes incógnitas que resolver ¿Quién es el asesino? ¿Por qué lo hace? y ¿Cuál es la conexión con Madoka?, una historia sencilla pero muy entretenida.

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