El poder del mitoarco

Archie Vols. 1 y 2 (Mark Waid, Fiona Staples, Annie Wu, Veronica Fish, Thomas Pitilli, Ryan Jampole). Norma Editorial, 2016/2017. Cartoné, 192/160 págs. c/u. Color, 19,95 € y 18,50€

Dentro el ámbito del cómic destinado a grandes masas las grandes cabeceras han sido y son, por lo general, aquellas protagonizadas por superhéroes. Sin embargo, muchas veces se nos escapan todos aquellos lectores de cómics casuales que no están por la cansina labor de seguir el rastro de una cronología seudoépica en la que el mitoarco narrativo ha desaparecido por completo. Todo para convertirse en una sucesión de eventos en los que de manera regular se intercala las aventuras individuales del personaje que da título en cuestión al comic-book.

El mitoarco se construye como un motor narrativo que mueve el relatol con unas constantes mínimas, pero nunca, raramente, se suele resolver. Un ejemplo de libro es la serie El Fugitivo (ABC, 1963-1967) en el que el Doctor Richard Kimble huye como un desesperado, capítulo tras capítulo, de la justicia y de un asesino tras ser acusado falsamente de la muerte de su esposa. En este caso se resolvió con un espectacular episodio final con unos altísimos índices de audiencia. Quizás impuesto por las nuevas narrativas televisivas este modelo parece estar en desuso y en vías de extinción, no se escapan ni los procedimentales. Aunque el ejemplo se refiera a la pequeña pantalla no se escapa ningún medio contemporáneo que intente alcanzar una audiencia mínima para mantener una longevidad aceptable debe utilizar los recursos de la ficción para televisión actual.

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Pues bien, la colección regular finalizó en 2015, con 666 números en su haber, este fin de una estética definida se abría a una más contemporánea, no solo en las formas de vestir de los personajes y la ambientación sino en la definición de los roles, principalmente en los femeninos: Betty y Verónica. Aunque Archie y Reggie siguen siendo personajes predecibles, el primero es torpe y el segundo ladino, Jughead ha sido reescrito como un tipo ciertamente sofisticado dejando de lado cierto tufo misógino que se podría apreciar en la serie clásica. En las nuevas entregas salen ganando ellas, son personajes mucho más profundos, y lo que es más importante, más independientes. Para ellas el amor ocupa un aspecto muy relevante en sus vidas, pero no por ello dejan de acometer proyectos propios independientemente de su relación con los hombres. Aun así, Archie sigue siendo Archie, no ha perdido la esencia que lo ha caracterizado a lo largo de 75 años, podemos cerrar los ojos y coger una de las nuevas entregas al azar y no nos habremos perdido nada.

Archie no aspira a ser una obra maestra del cómic, sino a entretener a una masa lectora considerable. Y en eso es único, ha sabido mantener el espíritu de la serie original desde principio de la década de los cuarenta ajena a cualquier tipo de modas pasajeras, en algunos casos los ha marcado, “Sugar, Sugar” es un ejemplo de ello. En la actualidad a Archie, al igual que muchos otros textos populares, le ha tocado actualizar los arquetipos de género de los que hacía gala, algo que Mark Waid ha sabido solucionar con soltura. El nuevo Archie es un texto actual pero que no ha perdido la esencia. Es divertido, entretenido y chispeante: puro Riverdale.

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Reajustando los orígenes

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Superman: Legado (Mark Waid y Leinil Francis Yu) ECC, 2015. Cartoné, 304 págs. Color, 29,50 €

No hay cosa que más me fascine que las reescrituras de los orígenes de los héroes/mitos de la cultura pop. Es algo que puede suceder tanto con celebrities de carne y hueso como con personajes de ficción. Es algo que va a más allá de los reboot y que solo puede funcionar en una estructura de work in progress como son los tebeos populares, concretamente aquellos que son longevos y que pasan por la mano de diferentes tipos de lectores de otras tantas generaciones y periodos históricos donde la percepción de lo que debe ser un héroe es completamente diferente. Son reajustes que tratan de plasmar y acotarse a un periodo histórico concreto.

No descubro nada a nadie si digo que mi superhéroe favorito es Superman, la pureza y la simplicidad del concepto sobre el que se construye me fascina; a pesar de ser el tipo más poderoso sobre la faz de la tierra utiliza sus poderes para hacer la que la humanidad sea un poco menos injusta. A eso hay que sumarle otras dos ideas que hacen al personaje único: su identidad real es aquella que utiliza cuando es superhéroe y cierta idea de que la humanidad está abocada a la autodestrucción, de ahí que sea un extraterreste el que imparta justicia. Mi Superman favorito es el de sus inicios aquel que pasaba de la justicia institucionalizada y encerraba por su cuenta a banqueros, delincuentes, mafiosos y que para más inri era perseguido por la policía. Era un héroe mucho mas terrenal imperfecto con virtudes pero también con muchos defectos

En Superman: Legado de Mark Waid y Leinil Francis Yu nos encontramos con un reajuste de los primeros de días de Clark Kent como el héroe supremo de Metrópolis. Este relato atiende a cierta voluntad de incluir relatos de otros medios y que queden más o menos incorporados a la cronología “oficial” de los cómics. La iconicidad del héroe ya traspasó el papel hace unas cuantas décadas y en el imaginario popular la importancia y los hechos que componen la biografía de este personajes no se limitan solo a los cómics sino también a las películas, sobre todo a la primera, y en periodos más recientes a series como Smalville.

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De Legado interesa por encima de todo ese rediseño del personaje que lo desvincula de la idea del boyscout, recupera las imperfecciones y le añade defectos al igual que en sus inicios, apartándolo de lo puro y nos acerca a la creación del personaje de Clark Kent, aquel a través del cual Kal-El el kryptoniano decide interactuar en su vida adulta en la ciudad como profesional en los medios de comunicación. Ni tan siquiera es el Clark que ha crecido en Smallville, sino el que se ha formado en su experiencia previa en África justo antes de irse a Metrópolis. Nos muestra a un personaje que actúa con premeditación lo cual hace que en cierta manera pierda esa dualidad bajo la cual siempre ha operado Superman/Clark Kent. Por otro lado la relación con el padre no es la que nos hemos encontrado hasta ahora, es hasta cierto punto conflictiva en el momento en el que el hijo adoptivo decide seguir con su camino al margen de las enseñanzas de los padres.

Lo que mejor se explota en este volumen es la relación entre Kent y Lex Luthor, a partir de Smallville los años como adolescentes de ambos personajes han adquirido una gran importancia, la configuración de una rivalidad que nace de una amistad plena y que se reconvierte la historia no solo en es sobre el reajuste en la vida de Superman sino el origen del Lex Luthor actual. Waid y Yu nos dibujan a un personaje maduro pero huraño, un niño inmaduro que no ha superado una adolescencia traumática con el padre. Luthor pasa de ser un genio científico brillante y hombre de negocios equilibrado a un hombre rencoroso cuya máxima es un poder desbocado que nace del rencor hacia el resto de las personas.

Legado es una obra imprescindible para todos aquellos seguidores de El hombre de acero por la cantidad de guiños que contiene a los lectores de toda la vida, desde aspectos inspirados en la serie de televisión que explora la adolescencia del personaje, la escena en que Lois Lane cae al vacío y es salvada por Superman o el homenaje a la portada del número 1 de Action Comics. Un relato de orígenes tanto de Superman como de Luthor, así como el descubrimiento de un nuevo Clark Kent periodista que lucha por informar de la pérdida de derechos de una etnia minoritaria en África.

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