Huyamos por la izquierda: las crónicas del león Melquíades (Mark Russell y Mike Feehan)

PORTADA_JPG_WEB_the_snagglepuss_chronicles

Huyamos por la izquierda: las crónicas del león Melquíades (Mark Russell y Mike Feehan). ECC, 2019. Cartoné, 168 págs. Color, 17,95 €

Si la reescritura de Los Picapiedra  fue uno de los títulos destinados para el gran público con mayor peso político; podemos decir que Huyamos por la izquierda: las crónicas del león Melquíades de Mark Russell y Mike Feehan hace lo suyo con las reivindicaciones LGTBIQ+ pasadas o actuales. Pero lo más interesante es ubicar a los personajes de Hannah Barbera en un contexto histórico real el de la guerra fría y el de la caza de brujas anticomunista en la industria del espectáculo y la cultura.

El león Melquiades, Snagglepuss en su versión original, fue uno de tantos personajes del mejor estudio de animación para TV que más iconos culturales construyo para la infancia desde mitad del s. XX. En su caso fue uno de los más transversales de la factoría, con un par de temporadas estrenadas el mismo año, 1961, pero con apariciones en varios shows de la productora. Si bien en el caso de la reimaginación de Los Picapiedra consistía en jugar con el capitalismo galopante del que disfrutaban los personajes originales para convertirlos en una clase media que empieza a cuestionar el sistema incluso a oponerse a él. Con Melquiades la transformación pasa por el ya mencionado contexto histórico y por realzar algunas de la formas del personaje original realzándolas.

Mark Russell y Mike Feehan crean un personaje nuevo pero que borra al original, es un dramaturgo que recuerda a Tenesse Williams en la década de los 50 en mitad de una ola de ultranacionalismo ideológico purista estadounidense. Se dedica a escribir obras con un subtexto claramente homosexual, que en cierta manera son toleradas por una incipiente clase media que aspira a demostrar su riqueza a través de la asistencia al teatro y a ciertos tipos de cultura más o menos asequible. Como clase media, lo que ahora denominamos nuevos ricos, solo se quedan con la trama no entendiendo el carácter vehicular de este. Una sociedad capitalista que necesita consumir a todas horas, pero sin la necesidad de digerir.

1_jLFLc4q7nZhxfCvHlTTI9w

Melquiades está acompañado por otros personajes como Huckelberry Hound, otro escritor gay que se esconde del mundo, Tiro Loco McGraw, Canito y Canuto, el pulpo Manotas o Pepe Pótamo, aparecen como personajes secundarios pero todo con un matiz tremendamente dramático. Pero no estamos ante un cómic solo con animales antropomorfos, sino que, al igual que en las series originales, los seres humanos conviven  con estos. Con un pequeño detalle, mientras que en las series televisivas se exhibía el carácter jerárquico de la relación hombre-animal, aquí conviven en igualdad de oportunidades con estos.

Huyamos por la izquierda: las crónicas del león Melquíades es ante todo un drama, que nadie espere encontrar chistes directos que hagan sonreír a su nostalgia, ni grandes escenas de acción o gags. Es básicamente una crónica de los momentos duros que vivió la comunidad gay en EEUU en un periodo en el que ante todo la fidelidad a una bandera justificaba todo tipo de atrocidades. No puedo dejar de recomendarlo, me parece una lectura fundamental para estos tiempos que se conjuga muy bien con uno de los clásicos sobre la lucha de este colectivo, Stuck Rubber Baby de Howard Cruse, uno desde un punto de vista autobiográfico y directo y otro reflexivo. A parte de todo lo mencionado los personajes siguen teniendo ese encanto, siendo otros siguen siendo los mismos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Anuncios

El manifiesto picapiedrista

cubierta_los_picapiedra_integral_web

Los Picapiedra. Integral (Mark Russell y Steve Pugh). ECC, 2018. Cartoné, 320 págs. Color, 30,50€

Las producciones de Hannah-Barbera tenían la capacidad de hablar en tiempo presente de la sociedad americana, sobre todo en aquellas series en las que las familias eran las protagonistas, y la comedia era el vehículo de transmisión. De ahí que Los picapiedra, la conocida como primera familia de la animación americana estuviese tantos años en antena, concretamente de 1960 a 1966 en la ABC. Siete años reimaginando los sesenta en una edad de piedra dulcificada convertida en una alegoría del consumismo feliz de aquel periodo. A parte de lo entrañable de la serie, de lo icónico de los personajes y lo divertido de las tramas, la serie enseñaba las bases del consumismo y la cultura familiar americana a los jóvenes.

Las subsiguientes series, spinófs actualizaciones, etc. y las dos películas de imagen real que se produjeron, no eran más que explotaciones icónicas o celebraciones de la serie original, pero ninguna conseguía realmente adaptar a los tiempos modernos la serie original. De ahí que el trabajo de Mark Russell y Steve Pugh se realmente tan importante y relevante. Por lo general a pesar de que me encantan estas reescrituras de las series de los sesenta por lo general son todas decepcionantes, beben de los orígenes y la narrativa gira en torno a hacer guiños a los lectores de cierta edad. En esta serie limitada de 12 número pasa todo lo contrario. Los alegres Pedro y Pablo son dos trabajadores de clase media baja a los cuales les ha llegado el momento de replantearse la vida que están viviendo, pero no solo eso, si el sistema es tan justo como parece y el sistema de valores es el adecuado para los respectivos hijos que están criando.

fshandprints1_58d9bf52dae4d7.67120385

Si bien el consumismo desmedido era la pauta a seguir los autores de esta reactualización hacen una apuesta por cuestionarlo, pero no como tal. Ese rechazo pasa más por ser una reivindicación animalista que un cese del consumo puro y duro. La parte todo, en ese sentido resulta brillante, los animales como objetos que representan el desmedido abuso de la humanidad en el uso desnaturalizado y masivo de los recursos naturales de la tierra. Pero tiene dos líneas narrativas transversales más, la primera es la laboral, el señor Rajuela es un tipo despiadado, ya en la primera entrega no duda en tratar como cosas a unos homínidos menos evolucionados, estos, perdiendo a uno de sus amigos, se dan cuenta que los bienes materiales no merecen la pena. Junto a esta línea está la política, de ahí consecuencias como las guerras que se hacen para acallar a la opinión pública, y la televisión como un modificador de tendencias ideológicas.

La segunda línea narrativa viene dada por la diatriba ciencia-religión, el primer extremo está protagonizado por un sosias de Carl Sagan que intenta explicar el mundo a través de la ciencia, o mejor dicho de una forma de ver la ciencia. Aunque lo intenta no acaba de explicar toda la existencia. En esta línea, lo más interesante está en la otra punta la religión cambia todo el día de normas y de ritos, el nombre del dios no es fijo, también cambia de manera repetitiva. Los encargados de dicha iglesia, como dos profesionales del marketing buscan la manera de atraer a más gente a su centro. El capítulo más interesante de esta temática tiene que ver con la unión entre personas, siendo el matrimonio representado como una opción minoritaria y nueva frente al libre albedrio. Pero esos no son los únicos temas tratados: la banalización del arte, la gentrificación, la independencia de la mujer, la xenofobia o la homosexualidad son tratados en toda su complejidad.

fsmarriage_58d9bff10cd0f0.17833821

¿Qué es pues, Los picapiedra de Mark Russell y Steve Pugh? Pues posiblemente el cómic político de 2018. Capaz de coger los elementos de una serie reconocida por todos los lectores de una generación, subvertirlos completamente y hacer que se mantengan la esencia de los mismos. Dicha reconversión pasa por esa crítica a todo el sistema y no solo eso, sino plantearnos nuestra existencia como especie y como afecta al planeta, dejando de lado el típico humanismo cristiano para llegar a la medula de la cuestión el animalismo y la posesión de objetos como dos claves para entender el mundo de manera diametralmente opuesta. En todo caso cabe destacar la valentía de los dos autores a la hora de hacer este planteamiento desde una de las dos grandes editoriales, los revolucionarios tienen que hablar el mismo lenguaje que el pueblo con los mismos dejes y eso es lo que hacen Mark Russell y Steve Pugh con maestría, sin hacer alardes y siendo sinceros.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo