Fantastic World (Ryo Hirano)

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Fantastic World (Ryo Hirano). Héroes de papel cómic, 2019. Rústica, 282 págs. Color, 19,95€

Más de una vez o dos se ha hablado en este blog sobre la creación de universo como una constante dentro de la ficción contemporánea. La creación de universo como un amarradero en el que tienen que confluir todas las narrativas y sobre todo las reglas de juego de ese territorio ficcional. Si bien en la realidad la disolución de la idea de mapa y territorio como una gran realidad vertical es un hecho, la ficción por su lado delimita ambos espacios en función de lo que muestra o no muestra al lector. Mientras que en la ficción lo mostrado es canon, y el territorio crece en función de si este se muestra específicamente, muchas veces al principio de los textos viene un mapa, como una sugerencia de mundo del que verdaderamente no tenemos más certeza que cuando este aparece en el relato con los protagonistas viviendo y desarrollándose en este espacio.

De manera que crece el personaje a través del entorno pero este adquiere otros niveles. La lectura de Fantastic World  de Ryo Hirano supone una construcción de la relación simbiótica entre personajes y escenarios diferentes. El autor nos plantea un universo disparatado, con un referente muy claro en la Hora de aventuras. Un mundo sin reglas en las que vemos como los personajes se mueven con mayor o menor soltura, pero del que nosotros aprendemos las reglas del juego poco a poco. Hirano nos muestra una variante, somos unos espectadores privilegiados a la hora de ver como la narrativa crece en riqueza visual en cada capítulo. Los personajes crecen, los escenarios también, pero en cada uno de ellos el estilo de dibujo varía, las formas y la luz de los escenarios, los personajes, y a veces hasta las reglas del juego. Un mundo en desarrollo continuo como un trabajo progresivo que nos muestra ese territorio ficcional como un gran patchwork que todavía se tiene que cerrar.

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Hirano se inspira en  el libro The Smoky God, or a Voyage Journey to the Inner World (1908) de Willis George Emerson. Un relato que narra la vida de un aventurero de la superficie terrestre que pasa una larga temporada con los habitantes que viven en el interior del planeta y tienen las mismos problemas de libertas, conflictos políticos y religiosos y cuyos habitantes deben de someterse a totalitarismos estúpidos. Dicha madurez aparece oculta entre una historia y un dibujo falsamente infantil. Biko, el protagonista, tiene como rasgo principal ser el único ser humano en Shambhala, y y su compañero de viaje es un diente, al que llama Dientecin, que es hijo derivado genéticamente de Biko. Ambos se explicaran el mundo el uno a otro para intentar resolver cuales son los mecanismos que hacen que ese espacio funcione. El trabajo de Ryo Hirano, es divertido e interesante, las páginas recogen estilos gráficos diferentes pero llevados a su territorio. Especialmente dedicada para aquellos que les gusta navegar más allá de los mangas más comerciales y prototípicos.

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Terror transnacional

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El hijo del diablo (Hideshi Hino). La Cúpula, 2019. Rústica, 264 págs. B/N, 13,90 €

La capacidad de Hideshi Hino de incorporar cualquier aspecto del terror a su obra es incontestable. Desde aquellos elementos considerados intrínsecamente nipones, como su visión enfermiza de la soledad y la exclusión social en una sociedad que se vanagloria de vivir como una comunidad; a aquellos relacionados con la ficción occidental ya sean vampiros, hombres lobos y zombis. Recubriéndolo todo de ese tour de forcé que al autor japonés sabe darle a sus trabajos. Ese parece ser uno de los motivos del éxito de Hino, somete a los personajes a una tortura continua que nunca acaba para ellos y que satisface el morbo del lector.

El hijo del diablo es una amalgama de todas esas ideas sobre este autor. Por un lado la idea de la maldición inherente a casi todas las culturas, pero esta vez bebiendo de los licántropos europeos, mezclada con la idea del paria social, independientemente de la clase a la que pertenezca, que debe de ser apartado por parte de todos. Ese ostracismo viene en ocasiones impuesto y en otras es una elección de la propia familia. El hijo del diablo narra la historia del hijo del doctor Emma, uno de los más reputados científicos del planeta que vive en el castillo familiar, llamado Inferno. Tras un accidente de coche el hijo fallece pero tras la recomendación de una bruja finalmente consigue resucitarlo matando a otro niño de la misma edad. Es en ese punto en el que se rebela la verdadera naturaleza de la maldición familiar. Daio, el hijo del doctor, tras resucitar se convierte en una bestia sedienta de sangre y a pesar de que el doctor intenta revertir dicha feria de sangre descubre que el hijo es el portador de una maldición por la que se convertirá en hombre lobo.

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En el momento en el que el número de cadáveres empieza a ser un acuciante la policía y la gente del pueblo se solivianta y hacen arder el castillo. Daio, en su forma de hombre lobo muere, pero de su glóbulo ocular desprendido nace un homúnculo que seguirá sembrando el terror. Hideshi Hino se sirve de este ser para abandonar esa vertiente  más fabuladora en favor de ubicarlo en la contemporaneidad japonesa. El nuevo ser sufre las consecuencias de la deshumanización de la sociedad moderna. Su sed de sangre es utilizada por monjes exorcistas, niños crueles y una fantasma. Para al final acabar en el purgatorio de Dante.

En Hino nada es ajeno, ni lo propio de su cultura y tradición ni las ajenas le resultan extrañas a la hora de incluirlas dentro de su imaginario. El hijo del diablo es uno de los mejores ejemplos dentro de su obra, muy nipona en la construcción del relato, con cierta enseñanza moral, pero no dejando de lado una mostración explicita de la crueldad, no solo la gráfica sino también la intelectual; en la que podemos encontrar todo tipo de referencias culturales occidentales, tanto populares como el literarias. Estos aspectos forman parte de un todo que no es ni más ni menos que el universo ficcional de Hideshi Hino. Inevitable, al igual que cualquiera de sus obras, e imprescindible para cualquier lector de cómic de terror que se precie.

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Ero taisho

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Sakura Gari: En busca de los cerezos en flor Vol. 1 (Yuu Watase) ECC, 2019. Rústica, 234 págs. B/N, 9,95€.

El Periodo Taisho (1912 – 1926) es en el que se asienta la cultura occidental en Japón. Si el Meiji fue un periodo convulso, y el que siguió, Showa, fue caracterizado por el militarismo, el Taisho registra un proceso de cambio: partidos democráticos, lucha obrera, sindicalismo, en definitiva, luchas por la igualdad en una sociedad férreamente jerarquizada y que todavía arrastraba ciertos tics de su estructura medieval. Entonces estamos ante un periodo de apertura y cambio que se traslada a una sociedad en la que a pesar de todas las novedades en cuestión de libertades sigue siendo una sociedad cerrada.

Yuu Watase se centra en ese periodo de manera muy astuta para hablar de diferentes temas, quizás más actuales a pesar del periodo representado. La idea de hacer un relato de época inspirados en momentos muy determinados de la historia, parte de cierta idea de trasladar el encanto de lo nostálgico a través de una estética que puede dar pie, según el giro genérico que quiera, a obras que exploren cuestiones más profundas que las planteadas en un primer momento. En Watase el rasgo estético es firme, acompañado de un trazo que se aleja de lo etéreo del Yaoi más convencional.

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Eso le ayuda a crear unos personajes que en su aspecto físico pasan por ser paradigma de la belleza. En este título son Tagami, un chico provinciano que llega a Tokyo con el fin de estudiar, y Saiki Souma, hijo de un importante empresario. Ambos representan esa belleza, con cierto punto femenino. A partir de ahí es todo es una careta, Tagami representa ese Japón que se adapta a las nuevas circunstancias políticas y de puntos de vista sobre el mundo. Llega a Tokyo, paradigma de la modernidad asiática del momento, donde una serie de circunstancias hace que entre a trabajar al serivicio de Souma hijo de un japonés y una occidental que guarda trás de su rostro un ser perverso. Posiblemente se trata de una lectura básica, sin profundizar demasiado, pero está ahí. Souma, el único con sangre extranjera, se dedica a seducir con malas artes a jovencitos japoneses para expandir su zona de influencia.

Tagami muestra esa inocencia con la que se representan las nacionalidades a sí mismas. Souma una sociedad occidental indefinida que busca encontrar su espacio con sus propias reglas sin respetar a los que le rodean. Lejos, o dentro, de ese mismo nivel de lectura, lo que realmente es En busca de los cerezos en flor es una historia de aprendizaje sexual. Tagami caerá en la enrevesada tela de araña tejida por Souma, poco a poco van siendo conscientes de que la belleza sublime de ambos es absoluta, para el nipón como un enigma que debe de resolver y para el foráneo un reto que debe de ser superado. En todo esto Watase muestra su maestría en un relato amoroso que escapa a ciertos tópicos como el tormento o el deseo inenarrable, la relación entre hombres se construye de manera natural sin ningún tipo de acento.  En busca de los cerezos en flor es un trabajo tanto para los fans del autor como aquellos lectores asiduos del Yaoi, pero en este caso con una elegancia que a veces no encontramos en obras del género.

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Manga noir

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Killing Morph vol. 2 (Masaya Hokazono y Nokuto Koike). ECC, 2019. Rústica, 200 págs. B/N, 8,95€

Si el primer volumen de Killing Morph se construía entorno a la idea de colectividad frente a lo extraño que representa el asesino, el segundo volumen se opone a esa idea de comunidad poniendo de protagonista a la individualidad. Si bien el personaje se convierte en un ser solitario, lo hace por un bien mayor. Se aísla para que el homicida no aparezca de nuevo y cometa otra masacre contra el colectivo. Al final del primer volumen Madoka y Honda, el policía que lleva el caso, descubrían que el asesino posee el poder de la bilocación, poder estar en dos sitios a la vez. En este volumen descubrimos que tiene cierta omnisciencia sobre Madoka, y el poder de multiplicarse. Por lo que se convierte en un asesino ubicuo.

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Ese mal ubicuo que ya nunca más será local, arrasa a través de una red de contactos sociales que tienen como nexo a Madoka. Personas que no se conocen entre sí pero que la cercanía con la protagonista les garantiza una muerte cruenta. Los autores son muy sutiles creando una ficción de género negro que nos habla de una sociedad hiperconectada aunque no sea por relación directa en el que el mundo de las ideas y la cultura ya no pertenece a nadie y pertenece a todos. En ese mundo en el que Madoka busca una individualidad a partir de que en su mundo ha entrado el mal. De ser la prototípica estudiante de instituto japonesa, despreocupada y consumista, a ser una persona que madura que adquiere un conocimiento manifestado por otra persona. Pasa de ser víctima para ser una cazadora que ha ido aprendiendo los métodos para atrapar al asesino y de paso matarlo.

Masaya Hokazono y Nokuto Koikebordan un giallo a la japonesa, la puesta en escena, el planteamiento, asesinatos obscenamente sangrientos, victimas que se reconvierten, un misterio rocambolesco que tendrá una explicación enrevesada y un asesino grotesco. Pero sobre todo una pieza de relojería que funciona a la perfección y una de las mejores muestras del manga noir contemporáneo de los últimos tiempos.

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Las apariencias engañan

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La isla de las pesadillas (Hideshi Hino) La Cúpula, 2018. Rústica, 204 pags. B/N, 10,50€

Tanto Junji Ito, como Suehiro Maruo o Hideshi Hino basan el concepto de su terror, el de los tres es muy personal y único, en crear ciertas expectativas sobre los personajes a través de las apariencias con la que juega en un primer momento del relato. Cada uno de ellos tiene una serie de personajes arquetípicos, dentro los prototipos personajes nipones y su medida estructura. Lo que diferencia a Hino por encima de los otros dos autores es la visceralidad y lo poético de su trabajo. El dibujo tiene cierta tendencia infantiloide que nos remite a horrores mucho más primitivos, en el que cierta idea poética que ronda todo su trabajo se somete a lo enfermizo en esa relación entre el asco y ese dibujo, en ocasiones, dulce.

La isla de las pesadillas juega principalmente con las dobles apariencias en contextos reconocibles. En “Nuestro querido profesor” nos encontramos con un profesor con un aspecto afable muy querido por lo alumnos, este esconde un secreto que nace en su adolescencia cuando por accidente se come un insecto y empieza a superar su debilidad, a partir de ahí desarrolla una dieta a base de animales vivos y muertos. “Hola señor siluro” otra vez el protagonista es un niño débil que se ve poseído por un dios siluro de su pueblo que le dota de fuerza. En “La niña de los cuentos” la chiquilla en cuestión tiene una apariencia dulce y desprotegida, pero esconde una personalidad perversa que se dedica a espantar con falsos relatos sobre su pueblo a un visitante. “La isla de las pesadillas” es una especie de parábola sobre la sociedad moderna, un náufrago llega a una isla sin recordar quien es, cuando intenta sobrevivir se da cuenta que allí habitan unas bestias antediluvianas que se devoran unas a otras, en cierto momento encuentra un muro al que los habitantes no le dejan traspasar. Estos se deshacen de sus despojos, de bebes deformes y de las personas mayores de las que se alimentan las bestias del exterior. Cuando consigue entrar se da cuenta de que es una sociedad civilizada. En “Sudor frio” un samurái sediento llega a un pueblo y tras la burla de un aldeano decide utilizar su katana con los campesinos. “El cazador” rememora la idea del cazador cazado, un tipo va por una zona nevada y aislada en busca de una presa solo por el placer de abatirlo, pero pierde el conocimiento. Cuando despierta se encuentra a un anciano que lo ha rescatado del frio invernal, este con cara afable y con una gran colección de presas disecadas, pero esa no es su mayor colección sino una de la que el cazador espera no formar. El volumen se cierra con “La sirena” en la que un señor encarga a su súbdito que le traiga una sirena, este se pasa años, cuando vuelve, este explica su historia, pero la sirena no está en la jaula que este ha portado.

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Hideshi Hino plantea esa idea de los dobles matices, historias divididas en dos partes en las que la resolución viene a contravenir en la primera. Las expectativas que nos hemos planteado en las primeras páginas de cada relato no van a tener la resolución que esperamos, se trata de un juego en el que lo macabro, lo extraño y lo bizarro vienen a deshacer ese manido dicho de ‘la primera impresión es lo que cuenta’ en ninguno de los cuentos es realmente así. Existe, aunque de manera más atenuada, esa manera de mostrar la putrefacción del ser humano a través de malformaciones físicas o del alma. La isla de las pesadillas es, también, una colección sobre lo perverso ligado a lo tradicional, a los entornos pequeños y a aquello que no ha sido domesticado por la civilización. Es pues, una obra imprescindible, como todas las suyas, para entender el horror nipón contemporáneo.

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El jefe es una Onee (Nagabe)

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El jefe es una Onee (Nagabe). ECC, 2018. Rústica, 232 págs. B/N, 9,95

En Japón el termino onee hace referencia a aquellos hombres que se visten, comportan o hablan como mujeres; algo que podemos asemejar al travestismo occidental, pero alejado de la idea de Drag Queen. Por otro lado, onee se utiliza para nombrar a una ide a de hermana mayor, con mayor experiencia, guapa, simpática y agradable. Con esas dos definiciones parte la descripción del personaje protagonista de El jefe es una Onee. Vincent Falnail es un empleado de alto nivel de una gran empresa japonesa, es admirado por sus subordinados tanto por su eficiencia como por su belleza; sin embargo, para estos hay algo que no cuadra en su comportamiento. La amabilidad de Falnail hace que sus trabajadores le pregunten sobre temas personales y se acerquen a él en exceso, diríamos que demasiado teniendo en cuenta las distancias personales dentro de la cultura japonesa.

Pero Falnail tiene una doble vida por las noches hace de onee en un bar nocturno donde se encuentra con otros hombres de su condición. En esa doble vertiente del personaje navega el leitmotiv de este volumen ocultar su faceta nocturna para no perder el respeto de sus compañeros de trabajo y la posibilidad de perder el mismo. Nagabe se adentra en los terrenos del yaoi a través de animales antropomórficos pero de manera muy ligera. No es el típico manga de este género, que es más o menos explícito, aquí la sutilidad manda hasta deslizarse hasta la comedia romántica. Falnail es cortejado por otros dos hombres Dant, un empleado de Falnail, y George, un colaborador de la empresa proveniente de Reino Unido. Así pues, gran parte del relato consiste en la resolución de esta diatriba. Todo en medio de esa necesidad imperante, socialmente, de tener pareja y escoger aquella que más se ajuste a su lista de necesidades; amor bajo el síndrome de la lista de la compra.

Pero lo importante es el tema y el contexto, no debemos olvidar que el protagonista es un travesti, y la normalidad con el que es tratado por su entorno más próximo. Eso y lo naïf del tratamiento, de comedia ligera, hace que sea un relato agradable, pero que seguramente lastra el potencial narrativo. Aunque esa forma de enfocar la historia no tiene por qué ser un punto débil sino también una forma de normalizar el contexto y la orientación sexual de los personajes. Aun así una lectura agradable, y divertida, con un gran diseño de personajes.

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¿Quién es el asesino? ¿Por qué lo hace? y ¿Cuál es la conexión con la víctima?

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Killing Morph vol. 1 (Masaya Hokazono y Nokuto Koike). ECC, 2018. Rústica, 200 págs. B/N, 8,95€

Killing Morph parte de convertir en un personaje que vive bajo la presión de un trauma psicológico tras haber presenciado el asesinato de varias personas por parte de un tipo enmascarado que portaba dos cuchillos. La globalización nos permite empatizar mucho más allá de los espacios interpersonales más cercanos y tener empatía por la desgracia ajena de manera que el trauma colectivo se convierte en más colectivo que nunca a base de emojis y likes. Pero no es empatía verdadera, esta te impele a moverte hacia la persona que está sufriendo para consolarla de la mejor manera que sepamos. Clicar sobre un icono no es, ni será nunca, una forma de empatía. Aun así, el trauma colectivo es posible, la sensación de miedo a que nos suceda aquello que le ha pasado a alguien siempre está ahí.

En estas cuestiones de la colectividad, aunque deberíamos de hablar de masas, los autores de manga son verdaderos expertos en crear narrativas en los que la comunidad es recreada a través de una serie de personajes muy reducidos, incluso llegando a centrar toda la personalidad nipona en un personaje. Eso teniendo en cuenta que Japón siempre es citado como el país con menos criminalidad y delincuencia callejera del mundo, la yakuza entraría en otra taxonomía del crimen. Quizás esos dos aspectos hacen de aquellos relatos japoneses que se centran en lo criminal sean tan atractivos. Aquí ese personaje colectivo es Madoka que se encuentra en mitad de la calle cuando un tipo empieza a masacrar a todo el que se encuentra por el camino, y, aunque, en primera instancia el asesino la deja de lado finalmente se dirige a asesinarla antes de que detengan al asesino.

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Madoka representa esa centralidad de la fragilidad del ser humano occidentalizado, que solo está preparado para resolver asuntos realmente intrascendentes del día a día y que no sabe resolver aquellos que realmente son necesarios para salir de una situación complicada. Madoka ha sobrevivido por causas que todavía no han sido desveladas y su trauma empieza a salir a la luz cuando empieza a aparecer la figura del asesino detenido por lugares en los que no debería, incluso lo ve ejecutar a personas en oficinas alejadas de la comisaría. En este caso el trauma de Madoka sale a la luz convirtiéndolo en colectivo, un asesino desconocido, sin aparente relación con los personajes pero que sigue apareciendo por sorpresa para seguir con su matanza allí donde la había dejado y con las personas que estaban presentes. Podemos considerar Killing Morph un relato de investigación criminal puro y duro, con los roles clásicos, víctima, policía, asesino anónimo, y con tres grandes incógnitas que resolver ¿Quién es el asesino? ¿Por qué lo hace? y ¿Cuál es la conexión con Madoka?, una historia sencilla pero muy entretenida.

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