Relatos Terroríficos 3 (Junji Ito)

Relatos Terroríficos 3 (Junji Ito). ECC, 2016. Rústica. 160 págs. ByN. 5,95 €

Sigue el repaso a la producción en corto de Junji Ito recopilada en la colección Relatos terroríficos, llegándole el turno al tercer volumen. Este tomo está trufado de historias cortas, es decir, no nos encontramos con una o dos narraciones de duración media junto a unas cuantas más de menor duración. El tercer volumen de Relatos terroríficos funciona como una macedonia de horror, o si preferimos como un mix de frutos secos. Y como en todas las mezclas pues tenemos lo de siempre, bocados que gustan más y otros que más bien están de relleno.

No podemos negar la lógica de que Junji Ito tiene ideas más o menos geniales, sin olvidar que pocos autores alcanzan una media tan notable en su producción. La teoría del demonio o La melena larga del ático son típicas historias de terror con su planteamiento más o menos original y su final en climax, casi interrumpido para dejar más dudas que respuestas. Historias que bien podrían adaptarse como películas de terror contemporáneo japonés. Un amor de guión es quizás la historia más original del volumen, no necesitando Junji Ito de lo sobrenatural para darnos una historia que aúna tanto el horror como la tristeza, con un par de giros de guión bastante interesantes.

La antepenúltima y última historia del tomo son La espada del reanimador y Un laberinto insoportable, ambas imbuidas por un toque de épica y aventura de terror que no es ajena a Junji Ito. En estas historias la escala es un poco mayor e incluso se crea un poco de mitología alrededor de lo que se cuenta. Aunque siendo sinceros las dos historias varían en su final, siendo bastante flojo el de la primera y considerablemente potente el de la segunda, que sin innovar en el género se resuelve de una forma brillante. Por último, el tercer volumen lo cierra la historia La abusa, que deja un buen sabor de boca con una historia de redención imposible que no necesita en ningún momento de lo sobrenatural para asustar y dejarnos con un final totalmente desalentador.

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Relatos Terroríficos 2 (Junji Ito)

junji_ito_relatos_terrorificos_vol2Relatos Terroríficos 2 (Junji Ito). ECC, 2016. Rústica. 152 págs. ByN. 5,95 €

Continuamos el recorrido por la colección Relatos terroríficos de Junji Ito, en esta ocasión deteniéndonos en el segundo volumen, con la idea de hacer un recorrido más personal como lector de género que otra cosa. Muchas veces hemos hablado de Junji Ito y esas tesis que tanto hemos defendido se muestran claramente en Relatos Terroríficos, con un autor capaz de lo mejor pero no invulnerable a los pequeños traspiés de la creación artística y terrorífica. El segundo volumen de la colección está compuesto por cuatro historias que son puro Ito, aunque notándose que nos encontramos con historias quizás más primerizas del autor.

Los guiones, y sobre todo el dibujo, invitan a pensar que nos encontramos con un Junji Ito algo menos suelto que no ha terminado de encontrar su voz pero que ya apunta maneras. Bio House, la primera historia del volumen engloba perfectamente la obra de Junji Ito, tenemos su mejor vertiente, ser capaz de crear ideas y conceptos novedosos dentro del saturado terreno del horror; pero también encontramos el fallo más común de Junji Ito, no saber frenar y llevar la historia demasiado lejos, queriendo quizás explicar más de la cuenta y abandonando el horror para caer rendido en los brazos del absurdo y la parodia del género.

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No voy a negar en ningún momento estos pequeños fallos de Junji Ito a pesar de rendirme como fan absoluto a su obra. Fallos que con el tiempo ha depurado, aunque no eliminado. Así tenemos las tres historias que completan el tomo: La ladrona de caras, La guarida del demonio del sueño y La mente de un padre. La segunda es un entretenimiento para fans; la tercera es quizás la mejor del volumen, con un concepto rompedor en lo conceptual y lo estético que no se pierde en explicaciones; algo parecido a lo que sucede con la cuarta, una historia que sería redonda si no fuera por un epílogo demasiado largo y explicativo. Como dije en la primera reseña, Relatos Terroríficos es un plato perfecto para cualquier amante de Junji Ito y del terror, una recopilación antológica perfecta que nos permite saborear toda la creación del genio, pues jamás se debe olvidar que un relato mediocre de Junji Ito siempre está por encima de la media. Lástima que siempre exijamos lo máximo al maestro japonés.

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Amor y culpa

el_muerto_enfermo_de_amorEl muerto enfermo de amor (Junji Ito). ECC, 2016. Rústica. 248 págs. ByN. 9,95 €

Hay dos verdades que nadie puede dejar de lado. La primera es el valor que tiene el género como vehículo para la reflexión social, para el debate en sí. La ciencia-ficción y el terror son más que meras etiquetas de entretenimiento, aunque también es cierto que pueden quedarse precisamente en eso. Pero cuando un buen autor, alguien que tiene algo que decir, se enfrasca en una aventura narrativa, y hasta cierto punto ideológica, no existen límites a lo que uno puede explicar. Valiéndonos siempre de la excusa de la ficción, con la salvaguarda del género, no hay debate que quede fuera de la mesa. El género es la mayor de las mentiras, la más necesaria, pues al final del día, al final del relato, el monstruo o el alien, hasta el propio androide, no serán más que reflejos de lo que somos, pues poco podemos imaginar más allá de nuestra propia existencia y de sus largos tentáculos de la imaginación.

Junji Ito, autor tremendamente presente en mis obras básicas, es un genio que pivota entre los conceptos más rompedores y los desarrollos más insatisfactorios. Algo lógico, pues la historia corta siempre ha sido el mejor mercado para las ideas, para los conceptos que maneja el género. Así nos encontramos con genialidades como Fragmentos del mal, y otros ejercicios donde el enlongamiento de la trama lastra el resultado final, como su particular Frankenstein. Así que no he podido sorprenderme más que con El muerto enfermo de amor, una historia larga de ununji Ito donde por fin veo aunados los rompedores conceptos del autor y un desarrollo más amplio. El muerto enfermo de amor empieza como todas las historias de Junji Ito, con una idea tan apasionante que durante un buen número de páginas nos cuesta quitarnos el asombro que nos inunda. En una ciudad japonesa anónima existe la tradición de la llamada adivinación callejera: te detienes en un cruce y a la primera persona que pase le preguntas sobre tu futuro, principalmente sobre el amor.

Esta idea inicial, que daría perfectamente para una comedia romántica infantil, se convierte en Junji Ito en una obra opresiva sobre la responsabilidad y la culpa cuando un joven vuelve a la ciudad tras varios años de ausencia. Es entonces cuando Junji Ito coge la historia, ya de por sí interesante, una extraña figura, tan atractiva como infernal que se dedica a realizar la adivinación callejera con funestos resultados, y la eleva colocando sobre los hombros de su protagonista la búsqueda de la redención imposible. De este modo, asistimos a una sucesión de capítulos donde al mismo tiempo que acompañamos al protagonista en sus aventuras urbanas, también vamos descubriendo una rica y compleja mitología sobre la adivinación callejera y ese extraño chico vestido de negro que parece atraer a todas las chicas como el fuego a las polillas.

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Realmente, El muerto enfermo de amor no deja de ser una obra puramente japonesa, así que quien sienta cierta aversión por como dicha sociedad toca ciertos sentimientos puede seguir sintiéndose fuera de la misa. Pero para cualquiera mínimamente versado en la ficción o la sociedad japonesa, este manga es todo un descubrimiento, pues sin obviar en ningún momento los localismos propios de la sociedad japonesa, nos encontramos con una obra, que pretendiéndolo o no, apela a sentimientos y razones universales con las que cualquiera puede sentirse identificado. Desde mi humilde punto de vista nos encontramos ante una de las mejores obras de Junji Ito, con un acabado gráfico a gran nivel y ese domino como pocos del género de terror.

Pero El muerto enfermo de amor no es sólo una de las mejores obras de Junji Ito por afianzar más que nunca los mejores aciertos del autor, también es merecedora de dicha etiqueta porque el autor consigue salir victorioso donde normalmente más suele flaquear. El muerto enfermo de amor funciona perfectamente a lo largo de toda la historia, manejando el flujo de información de forma excepcional y consiguiendo que, a diferencia de otras obras del género, su recta final no se convierta en un final obligatorio cuando todos los trucos se han agotado. Junji Ito consigue aquí una obra larga que funciona más allá del punto de explicación, más allá de mostrarnos al monstruo, y que encima se cierra con un final redondo que no puede dejar mejor sabor de boca.

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Las hormigas se comen la luna de queso

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Wet Moon 2 y 3 (Atsushi Kaneko). ECC, 2016. Rústica. 256 y 344 págs. ByN. 10,95 y 13,95 €

Stanley Kubrick es uno de mis directores favoritos. La naranja mecánica es una de mis películas favoritas de Stanley Kubrick. Pero aún así me gusta más la novela de Anthony Burgess que la adaptación fílmico. Todo por el Nadsat, la jerga inventada por el autor. Al final de la novela hay un pequeño diccionario de nadsat, pero lo recomendable es obviarlo y leer la novela sin red, para que a medida que avance la lectura ir comprendiendo, aprendiendo por asimilación, el vocabulario nadsat, una experiencia cultural mágica que mezcla el aprendizaje involuntario con el esfuerzo por la asimilación. Algo equiparable a desentrañar sin guía la filmografía de David Lynch o a embarcarse en la lectura de los tres tomos que conforman el manga Wet Moon de Atsushi Kaneko.

Si el primer tomo de Wet Moon es una violenta declaración de intenciones, donde la fuerza autoral mira de frente y con arrogancia a cualquier petición de accesibilidad para el lector. Los tomos dos y tres que continúan la historia del agente Sada no se quedan atrás en cuestión de misterio, belleza y complejidad. Las referencias siguen siendo importantes para Atsushi Kaneko, aunque queda a discreción de cada lector darles mayor o menor medida. Siguen presentes todas esas alusiones al cine primigenio surrealista, desde los intentos artesanales de Georges Méliès hasta el juego psicológico de Luís Buñuel, referencias que no son explicadas en ningún momento y exigen que el lector conozca sus juegos. Evidentemente seguro que a mí se me pasan otras referencias, las cuales por suerte, al igual que las mencionadas, no son necesarias para entender, cosa que es imposible del todo, la trama de Wet Moon. Las declaraciones de amor a los autores ya nombrados, así como a otros como Lynch o Kubrick, están ahí, pero no son para nada el único sustento de Atsushi Kaneko para hacernos explotar la cabeza.

La magia sigue presente en Wet Moon, aunque el thriller aumenta en el segundo y tercer volumen hasta coquetear con el horror, del mismo modo que cierta fantasía se transmuta en ciencia-ficción dura que exige tanto curiosidad por parte del lector como interés. Este es un elemento que el autor repite mucho, la exigencia para con el lector, algo que es de agradecer en estos tiempos modernos. Que nadie espere una lectura sencilla con Wet Moon, ni mucho menos una resolución redonda en su final que cierre todas las incógnitas y grabe sobre piedra las reglas de su universo. Es fácil perderse entre las páginas del manga, tanto por su complejidad como por su belleza estética, siendo responsabilidad nuestra en todo momento encontrar la salida del laberinto, salida que siempre será aparente. Por contra podemos definir que la lectura de Wet Moon nos regala una sensación de trabajo realizado, quizás no la clausura más satisfactoria para los completistas, pero si la suficiente como para saber que nuestro esfuerzo ha tenido su fruto, un fruto al que nosotros debemos darle nombre, forma, color y sabor.

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Por su parte, el dibujo de Atsushi Kaneko sigue siendo impecable, capaz de mantener un estilo sólido y personal en todo momento, con un acabado delicioso de las tintas que funcionan a un nivel superior en blanco y negro. Aunque como buen cómic, al igual que la llegada del cine sonoro dio importancia al sonido, el blanco y negro pretendido por Atsushi Kaneko hace del color una herramienta tan poderosa como narrativa e ideológica. No cabe duda de que Wet Moon pasará a ser una lectura recurrente en mi futuro, aunque alimentado de la necesidad del paso del tiempo para que las teorías se afiancen y el misterio crezca. Pues aunque el hombre haya llegado a la Luna, el satélite no ha perdido su halo de misterio, del mismo modo que aunque creamos conocer el desenlace de las aventuras del agente Sada, aún son muchos los misterios que habitan en Tatsumi, lugar donde la corrupción es ley, la información el bien más escaso y preciado; y donde lo imposible es tan bello como mortal.

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En la luna

WetMoon1 portWet Moon (Atsushi Kaneko). ECC, 2016. Rústica. 272 págs. ByN. 10,95 €

Muybridge no inventó el cine, simplemente colocó varias cámaras en fila y capto de forma aislada el movimiento, viendo las imágenes una tras otras se podía captar el movimiento. El escocés era un científico, para nada un narrador. Con posteridad, los hermanos Lumière tampoco inventaron el cine, levantaron la estructura necesaria para rodar y proyectar imágenes en movimiento, pero la mayoría de las veces no eran más que planos aislados que sorprendían simplemente por conseguir mostrar el movimiento. Los franceses eran empresarios, hasta abandonaron el invento por verlo poco rentable. El verdadero padre del cine no fue otro que Georges Méliès, el cual no era ni científico ni empresario, era un mago que supo ver las posibilidades de la cinematografía en el campo más básico de la narrativa humana, la mentira. El cine permitía el truco final, congelar el tiempo, cambiar la realidad y volver al presente sin que el espectador fuera consciente de ese no-tiempo en el que todo había cambiado.

La leyenda dice que Méliès fue consciente de estas posibilidades al ver una grabación de una toma de una calle, el plano no cambiaba, pero debido a un fallo técnico la cámara no grabó durante unos segundos, los suficientes para que un caballo que cruzaba la calle desapareciera al instante, esfumándose sin dejar rastro. Algo así es lo que le sucede al agente Sada, el protagonista del cómic Wet Moon de Atsushi Kaneko un policía de la ciudad de Tatsumi empeñado en capturar a una sospechosa de asesinato, y descuartizamiento, a pesar de los saltos y huecos que su mente padece, todo fruto de un extraño accidente del que nada recuerda y de un extraño trozo metálico alojado en su cerebro. Atsushi Kaneko opta en esta obra en tres tomos por desarrollar un drama policiaco con fuertes influencias fantásticas, más concretamente bajo la marca del neofantástico de autores como Kafka o Calvino, mostrándonos un Japón de mediados de los años sesenta del pasado siglo lleno de eteriedad y sumido en la fuerza del cambio, con la carrera espacial como telón de fondo.

Wet Moon es un seinen, manga de corte adulto, que exige atención en su lectura, ya que se derrama por los detalles y hace de la repetición y el código sus principales caballos de batalla. Es fácil construir una historia en apariencia críptica, hay muchas copias de David Lynch, pero la mayoría se limitan a la extrañeza aparente sin ser conscientes de que la verdadera fuerza recae sobre el código, sobre conseguir que el espectador desentrañe un idioma desconocido careciendo de diccionario. En muchas de estas obras el código se muestra vacío, carente de sentido y construido con cartón piedra. No es el caso de Atsushi Kaneko, que sin dejar en ningún momento de ser críptico consigue una coherencia absoluta, podemos no entender los detalles que oculta la historia por debajo de la trama principal, pero sin duda escuchamos la música y percibimos su tonalidad. Quizás la obra más cercana a Wet Moon la encontremos en Homunculus de Hideo Yamamoto, otro fresco sobre Japón, sus constantes y contrastes bajo la mirada personal de un artista.

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La trama superior de Wet Moon está perfectamente planteada, con el agente Sada persiguiendo a una fugitiva mientras cae irremediablemente en las redes de la corrupción, todo sin saber muy bien que sucede, pues tan importante es lo que sucede como los actos que protagonizan las lagunas de memoria del personaje, incógnitas tanto para él como para el lector. Pero hay algo más detrás, en lo más hondo, desde un extraño proyecto de investigación aeroespacial hasta la predominancia de la Luna, ese territorio ansiado por todo el mundo. Sólo cabe esperar que los dos tomos restantes estén a la altura de lo que Atsushi Kaneko plantea en el primero, pregunta tras pregunta y respuestas que mutan en dudas. Todos queremos saber que le sucedió a Sada, cómo terminó con esa cicatriz en la cabeza y que hay dentro de su mente, tanto en lo figurativo como en lo literal. Atsushi Kaneko consigue una historia noir en la cara oculta de la Tierra como pocos.

Aunque lo que no se puede olvidar en ningún momento es el trabajo gráfico de Atsushi Kaneko, un dibujo, y sobre todo una tinta, que elevan aún más la calidad de Wet Moon. Aunque el manga tuviera un mal dibujo se podría disfrutar, pero es que el autor consigue un acabado ajeno a las críticas. El trazo de Wet Moon es completamente atemporal, lleno de referencias que van desde el manga más clásico hasta el underground americano y el cómic europeo más comercial. Se podría decir que Atsushi Kaneko dibujó Wet Moon hace cincuenta años para que hoy pareciera moderno, o que está realizado ahora para que en treinta años nadie sepa donde situarlo cronológicamente. Un acabado artístico que redondea aún más la obra, aumentando el misterio, su dureza y su bondad. Capítulos como Cabaret o El confidente son experiencias visuales que todo lector de cómics debería disfrutar, porque la narrativa gráfica no es sólo dibujar viñetas con bocadillos, hay que jugarse el tipo y llevar la obra más allá.

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