La nueva Esther

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 12 años (Riad Sattouf). Sapristi Cómic, 2018. Cartoné, 72 págs. Color, 15,90€

En las entregas anteriores de Los cuadernos de Esther. Historias de mis 10 años y Historias de mis 11 años veíamos cuales iban a ser las pautas de las siguientes entregas de este experimento vivencial del autor francés. Recordemos, Sattouf va seguir la vida de Esther desde los 10 años hasta los 18, a través de una serie de páginas que más adelante se recopilan en los volúmenes que podemos leer de manera anual. La cuestión es que en los dos anteriores, nos encontramos con una Esther niña, todavía muy enfrascada en su universo familiar y que empieza a tener relaciones sociales complejas. Sin embargo, este último volumen podemos ver como esa niña empieza a dejar de serlo a través de esas nuevas relaciones sociales, una percepción más aguda del mundo ajeno a la familia y un reconocimiento de ella misma como mujer.

De lo social parte algo tan común como las relaciones de amistad a los prejuicios. Ella misma empieza a darse cuenta de que empieza a darse cuenta de que hay gente que no le gusta, ya sea por el origen o actitud de las personas a cuestiones meramente estéticas: los feos, los gordos, o aquellos que simplemente no asocian su sexualidad a lo que se supone de su género. Lo binario se construye todavía como una extensión de la infancia, bueno/malo, bonito/feo, etc. La opinión de esta niña se forma, por el momento, a través de los absolutos, por el momento no hay zonas grises. En eso entra en juego otro aspecto, la autoconciencia de ser una persona popular para entrar en ese juego bipolar y no caer siendo una paria en el instituto.

De la mano de esto entra la idea de género, Esther es consciente de las diferencias entre hombres y mujeres, y de que gran parte de sus relaciones personales van a pasar por ese hecho. En el instituto los adolescentes, chicos, pasan por su época de estúpidos totales y por una sexualización del cuerpo femenino. En la página titulada “Los chicos y las chicas” (24) habla de la superioridad de los hombres sobre las mujeres a través de un constructo social, la percepción del cuerpo femenino validado a través del punto de vista de los hombres. De la mano de esta idea, que supongo que se irá desmontando en los siguientes cuadernos, un inicio de autoconocimiento del propio cuerpo a través de la diferencia.

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En último lugar un conocimiento del mundo exterior más allá del hogar y el centro de estudios, en este caso de la política imbuida por la preocupación de los padres por el devenir político. La victoria de Trump en Estados Unidos y la posibilidad de que Le Pen tuviera posibilidades reales de gobernar Francia, empieza a darse cuenta de que el mundo se gobierna mucho más allá de aquellas cosas que ella puede controlar o manejar y de que no todo es abarcable desde su mundo. ¿es el despertar de una conciencia política? Posiblemente no tanto, pero sí de la idea de que aparte de las diferencias personales, sociales, de procedencia o de forma de comportarse existe otra que es de ideología.

Los cuadernos de Esther. Historias de mis 12 años es por el momento la mejor entrega de esta biografía, no tanto por la calidad del autor, que también, sino porque Esther empieza a ser un personaje poliédrico, mucho más complejo, que nos permite ver el crecimiento de la juventud de nuestros tiempos. En breve supongo veremos como la tecnología, a.k.a. smartphones, empieza a convertirse en un mediador con el mundo y más adelante la entrada de la sexualidad en primer plano, pero para todo eso tendremos que esperar a los siguientes cuaderno.

 @Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Como la vida misma

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 11 años (Riad Sattouf). Sapristi Cómics, 2017. Cartoné, 52 págs. Color, 15,90 €.

Una de las características que define la obra de Sattouuf es la de retratar el día a día ya sea en su saga autobiográfica El árabe del futuro o en la que nos ocupa hoy Los cuadernos de Esther. Si bien creo que la segunda es compleja a la hora de representar una infancia actual, muy distinta a la suya y con la que el propio autor guarda no solo una distancia temporal sino también una cultural. En su autobiografía la distancia se construye consigo mismo a través de un mecanismo que navega entre lo objetivo-subjetivo, entre la descripción histórica y social de un entorno que le resulta ajeno contra la experiencia personal y su percepción de un mundo extraño, tanto occidental como árabe, en el cual crece rodeado de múltiples culturas que en el fondo se parecen más de los que creemos.

El foco de Esther es una niña, de 11 años en este segundo volumen, en la Francia actual. Haciendo una lectura paralela de las dos obras nos encontramos con ciertos elementos de la infancia que perduran: el conocimiento distorsionado, rellenar huecos con imaginación donde este no llega, inocencia, forjar las primeras amistades y el centro escolar como kilómetro cero de la vida social de los niños. El primer volumen de esta saga, que pretende durar hasta que Esther cumpla los 18 años, servía a modo de introducción para ir haciéndonos a la idea de cómo es la protagonista a la que vamos a acompañar durante casi una década en este entrañable viaje. Esta segunda entrega sirve para conocer la retranca que tiene la niña y la evolución en la relación con el sexo opuesto.

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Aunque lo que me parece fascinante es la capacidad de Sattouf para describirnos a los personajes secundarios a base de trazos narrativos muy básicos y conocerlos a la perfección: los padres, el hermano, las amigas, profesoras, etc. Sin embargo, a Esther la conocemos muy poco a poco a pesar de ser la protagonista del álbum. Eso si el autor la va despiezando poco a poco viendo todos los matices de la edad y de cómo se acerca a la temida, por los padres, adolescencia. Este volumen se centra en un aspecto principal que entiendo que se convertirá en central a lo largo de los siguientes volúmenes: el cambio. Por un lado, se inicia un proceso de personalización por el cual se aleja de la imagen que los padres tienen de ella, se empieza con un corte de pelo decidido por ella misma para luego iniciarse en la toma de decisiones propias. Por otro lado, hay un cambio de centro escolar que la sitúa en una esfera de cierta independencia y de formación de nuevas amistades. Pero el más importante es el de la conciencia del sexo como un fantasma que todavía no ha llegado, pero por las reflexiones que hace la protagonista está a la vuelta de la esquina.

Quizás la idea de Riad Sattouf sea esa la de crear diferentes líneas temáticas, abiertas y que se irán cerrando poco a poco, o abriéndose más, como la vida misma. Lo que sí está claro es lo certero que se está volviendo el autor francés a la hora de tratar temas complejos relacionados con la preadolescencia. La naturalidad con lo que lo hace no está reñida con su estilo con el que trata de diseccionar cada uno de los momentos de la vida de Esther. Esto hace de esta obra una lectura obligatoria, que posiblemente nos ayuda a entender a los adultos del futuro, ver cómo han crecido en su yo más íntimo. Lo cual me hace plantearme una pregunta ¿llegaran Esther y Riad al final del proyecto? La complejidad de la adolescencia nos abre un interrogante para el que no tenemos respuesta por el momento, pero que aun así nos regala una de las narrativas más frescas provenientes del país vecino.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Tengo diez años y…

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Los cuadernos de Esther. Historias de mis 10 años (Riad Sattouf). Sapristi, 2017. Cartoné, 60 págs. Color, 15,90€.

Hace unos días en la entrada dedicada a Febrero para galgos de Peter Jojaio aventuramos las dificultades actuales para dibujar un relato sobre una infancia feliz, así a secas. Los espacios de la infancia han sido profanados por la tecnología, esto lo invade todo y nos solo eso, sino que tiene la capacidad de borrar todo rastro del pasado. El presente contemporáneo se narra en función de dos parámetros: presente y futuro. El pasado es cosa de viejos lo mismo que el día de ayer. Posiblemente sea tratar con excesiva lógica el devenir de una niña de 10 años pero sí que se manifiesta en el volumen analizado en esta entrada una deriva de las formas sociales y de la cultura que me hacen sentir, muy a mi pesar, más apocalíptico que integrado.

Dejando de lado la sensación que me causa la lectura de este volumen Riad Sattouf me parece que el autor se ha enmarcado en un experimento autoral y social más que interesante. La idea del creador francés parte de un encuentro que acaba fascinando a este. Sattouf establece una conversación con Esther, una niña hija de unos amigos suyos, y a partir de ahí este decide narrar las peripecias de esta en su entorno más inmediato: la escuela y el hogar familiar. La idea de Sattouf es entrañable y ambiciosa, este va a narrar, o al menos tiene la intención de hacerlo, 8 años de la vida de Esther, de los 10 a los 18 en 8 álbumes. Una idea que puede llegar a convertirse en el relato que nos haga entender a una generación.

Esto último es posible gracias a la omnipresente tecnología que beneficia la interconectividad y que no discrimina contenidos por edad. Esther representa a una generación que ha nacido con internet y que ni se plantean la posibilidad de una vida sin los contenidos en red, más bien supeditan sus interés culturales a estos. Eso plantea una vida real, u offline como ya dicen algunos, dependiente de lo virtual, algo que para la generación de la protagonista es ya imprescindible.

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Sattouf utiliza la inocencia del personaje para hablarnos de todo aquello que no cambia. La perspectiva de la infancia permite una distancia para hablar de todo ello, principalmente y lo que creo que es más interesante es el plantear una sociedad multicultural como la francesa en la que los modelos a imitar por los prepúberes son principalmente descendientes de migrantes, al igual que los referentes culturales de esta generación. Se plantea una diferencia entre el origen de los mismos que se soluciona redefiniendo la terminología, es decir los eufemismos al servicio de la convivencia. Los niños conviven a parte de la diferencia, de hecho los descendientes de franceses son los que buscan una identidad propia ya que sus compañeros descendientes de foráneos presumen de la suya.

Las cuestiones de género también se ponen manifiesto en los juegos de las niñas: mamas y papas, orfanato, modelos, etc. Nos habla de cierto condicionamiento que nace del cuidado extremo que tiene la familia sobre ella, la niña va a un centro educativo privado y el hijo va a un colegio público. Ese sobreproteccionismo paternalista puede apuntar hacia cierto dirigismo centrado en la actitud de la niña. El autor francés no deja de lado la oportunidad para hablar de la violencia en las aulas y la dificultad de la integración de algunos alumnos.

El primer volumen de Los cuadernos de Esther es un título que en esencia es tierno y que nos hace esbozar una sonrisa en cada página por lo entrañable de la protagonista. De tras de todo eso nos encontramos las dificultades del ser humano para encajar y la construcción de un yo que funcione con el resto de la comunidad, en el que la violencia y la discriminación son moneda de cambio. Esto nos obliga a hacer un análisis profundo sobre el condicionamiento de género en occidente. Dicho todo eso y dejando lado el trasfondo textual del relato esta primera entrega, podemos encontrar una idea transversal: cada infancia es única y se construye bajo los condicionantes sociales y culturales de un momento determinado de la historia. Ninguna es mejor que otra y a través de esta creamos nuestro imaginario personal que nos ayudará a desarrollarnos como adultos. Eso sí Riad Sattouf nos hace recordar lo complicados que son esos años en lo que todo es tan nuevo y a la vez tan viejo.

Más sobre Riad Sattouf en el blog:

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