Legado, historia y leyenda

Los Borgia Integral (Alejandro Jodorowsky y Milo Manara) Norma Editorial, 2012. Cartoné, 216 págs. Color, 24 €

Nadie puede poner en duda que actualmente la novela histórica es uno de los productos de consumo cultural más populares. Una moda que se inició en la novela pero que no ha tardado en dar el salto a otros géneros, como puede ser la televisión (entendemos ya dentro de la televisión las plataformas audiovisuales, el futuro era esto), con una ingente cantidad de producciones que hacen de las coordenadas espaciotemporales uno de sus mayores atractivos. Corriente que no es ajena al cómic, aunque con la salvedad de que la ficción histórica no es nueva en el mundo de la historieta, siendo uno de los géneros más populares, especialmente en la industria europea, donde las aventuras ambientadas en tiempos pretéritos siempre han gozado de una muy buena salud.

Así que no es de extrañar que en los primeros años de nuestro milenio surgiera una serie como Los Borgia, con cuatro volúmenes publicados entre 2004 y 2011, antes de la explosión audiovisual que puede cansar a muchos y encantar a otros, como es el caso de quien escribe la presente crítica. Los Borgia surge como una apuesta industrial destinada a ser un éxito, pues incluso en el mundo del cómic podemos hablar de estrellas aunque la industria nacional no invite a ser muy optimista en dicho género más allá de personas como Paco Roca o David Rubín. El caso es que se publica el primer volumen de Los Borgia en 2004 aunando a dos famosos creadores que hasta entonces no habían colaborado juntos, el guionista chileno Alejandro Jodorowsky y el dibujante italiano Milo Manara, todo para una superproducción francesa. Apuesta que puede parecer extraña si hablamos de un guionista amante de los excesos, donde los cómics son excusas para hablar de una filosofía propia a través de lo onírico y la ciencia-ficción; y un dibujante reconocido como maestro mundial del dibujo erótico famoso ante todo por los trazos con los que recrea a la mujeres.

Con esto en mente era lógico que la historia de la familia Borgia era perfecta, pues las acciones del Papa Alejandro VI y sus hijos, con César y Lucrecia Borgia a la cabeza, son una perfecta excusa para hablar de política, filosofía, fé y además llenar todas las páginas posibles de sexo y depravación. Aunque si somos realistas, lo cierto es que Alejandro Jodorowsky gana la partida en una hipotética confrontación de genios y no se puede negar que Los Borgia es más una obra del chileno que del italiano, con un guión pensado más para versar sobre lo humano y lo divino que sobre las aventuras sexuales del Papa valenciano y sus descendientes. Es cierto que las escenas sexuales existen en la obra, pero no son ni tan explícitas ni tan numerosas como suelen serlo en un cómic de Milo Manara, con el añadido de que están siempre al servicio de la trama desarrollada por Jodorowsky, que parece reacio en todo momento a mostrar cualquier escena sexual gratuita por el mero placer voyeur del lector. Hay sexo, sexo divinamente dibujado por Manara, pero siempre al servicio de las tesis del guionista.

Así que se puede decir que Milo Manara trabaja a un nivel altísimo, con un dibujo y un color limpios y tan cercanos al academicismo como a la personalidad única de su autor, pero siempre al servicio del guión. Por su parte, Jodorowsky no sólo doma al dibujante italiano, sino que también juega con los hechos históricos para acercarlos a sus necesidades narrativas. Es lógico que cualquier adaptación de hechos históricos opte al menos parcialmente por la reinterpretación, con acciones tan comunes como obviar hechos menos interesantes o fusionar algunos personajes simplemente para agilizar el guión. Acciones que Jodorowsky lleva a cabo sin frenarse ahí, pues no tiene problemas no sólo en cambiar fechas y orden, sino que también inventa o trastoca episodios para mejorar su ficción, labor que lleva muy a menudo cuando se trata de representar las muertes de los personajes, alterando la mayoría para dar mayor épica y dramatismo al final de sus personajes.

Aunque de ser sinceros, me quedo con el juego metahistórico que lleva a cabo Jodorowsky, basta con saber algo tan sencillo como que Los Borgia no es una obra histórica realizada para narrar los hechos concretos de la vida del Papa valenciano y sus hijos, más bien nos encontramos con una visión de lo que debería haber sido la historia según Jodorowsky, que desde su prisma mejora lo que ya sucedió. Ejercicio que se ve mejorado en todo momento por el envidiable arte de Milo Manara, pues si el guionista chileno trata de entretenernos y exponernos sus ideas filosóficas, no hay mejor acompañamiento que un dibujo que casi supera a lo humano, haciendo que el mundo de Los Borgia sea casi demasiado humano y sin ninguna duda más atractivo que lo que realmente pudiera haber ocurrido en el paso del siglo XV al XVI.

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