Spain is pain #327: el mundo de la mente

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Las voces y el laberinto (Alfredo Borés y Ricard Ruiz Garzón). Sapristi cómic, 2017. Rústica, 112 págs. Color, 14,90€

El cómic patrio contemporáneo no es muy dado a adaptar a viñetas relatos de otros medios. Podemos pensar que no es tanto por que no haya obras literarias, por ejemplo, que estén a la altura de ser adaptadas, que sean excesivamente complejas en el proceso de traslación o que estén pensadas para pertenecer a un medio concreto y sea muy difícil adaptarlas. La cuestión puede que sea que el lector de cómics, por lo general, desea leer títulos que estén pensados para ser directamente trasladados a la viñeta, tanto aquellos que se amparan bajo obras de concepción más clásica a aquellas experimentales. En todo caso la adaptación necesita una sensibilidad especial para no decepcionar a los lectores de la obra original.

Este es el caso de Las voces y el laberinto de Alfredo Borés, una adaptación/inspiración de la obra Las voces del laberinto de Ricard Ruiz Garzón. En este caso parece que ambas obras se conjugan en favor de un concepto de expansión. No se trata de una adaptación pura y dura que respeta todos y cada uno de los rasgos del texto original, sino que adopta estos para crear una obra propia; capaz de coger esos elementos y jugar con ello para convertir en un relato que parece pensado desde un primer momento para este medio. En ese sentido el trabajo de Borés es notable, sucede en muchas ocasiones que, en esa acomodación, muchas veces realizada a través de la reducción, se sustraen demasiados elementos hasta hacerla a veces incomprensible. En esta obra en cuestión no sucede hace suya el dicho la parte por el todo. Todo aquello que es necesario para entender la obra en su complejidad está presente, ni se pretende que se sobreentienda ni se suponga.

Por otro lado, lo que hace realmente interesante a Las voces y el laberinto es el tema, un recorrido por los recovecos de la mente y de las patologías asociadas a esta. Lo más importante creo que es el tono que el autor aporta nivel estético. Todo aquello que se relaciona con la locura suele imaginarse visualmente como un espacio de rotura con la realidad a través de lo escabroso. Borés opta por mostrar a los monstruos interiores de manera sutil suave sin imágenes macabras ni planteamientos surrealistas. En ese aspecto adquiere mucho peso los escenarios urbanos, definiendo la realidad como un espacio en el que, a pesar de cada uno de los síntomas de los personajes, estos tocan con los pies en el suelo, son conscientes de sus problemas y de la compleja situación en la que están sus familias.

Lo que más destaca de este trabajo es su vertiente pedagógica y de concienciación social lo que lo hace un título muy adecuado para su lectura entre los más jóvenes. De ahí surgen cuestiones como la forma de narración, sencilla y efectiva pero no maniquea. No cae en cuestiones de denuncia social, pero si de una toma de realidad, no hay ni buenos ni malos sino de perspectiva. El laberinto se muestra como el espacio interior de cada uno de nosotros y las voces aquello que no guía, el libro nos explica que pasa cuando esas voces no nos indican la dirección correcta, están son impostadas y buscan confundir. Todo constituye un trabajo interesante, con unos recursos visuales muy interesantes capaz de transmitir toda la angustia que sienten las personas que padecen dichas enfermedades.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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