El oasis como metáfora

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Sabor a Coco (Renaud Dillies). La Cúpula, 2017. Rústica, 92 págs. Color, 18,90€

El desierto es una localización que permite esbozar y diseñar escenarios abiertos, no en un sentido geográfico o de extensión del territorio sino en la apertura que sugiere un espacio sin límites en el que todo es posible. Quizás una confirmación de lo que nos puede sugerir lo fantástico en una superficie árida son los oasis. Esos recovecos mentales en los que los que están perdidos en el desierto desean refugiarse pero apunta a otro frente estético, el surrealismo. Algunas de las obras más celebradas de Dalí apuntan a esa condición de esos lugares que son una frontera continua, no solo en lo geográfico sino también en los límites de lo onírico.

Sabor a coco de Renaud Dillies le saca rendimiento a esa localización como los grandes maestros de la ficción redefiniendo el espacio a voluntad y reconstruyendo todo aquello que la realidad preconcibe para el desierto. Autores como George Herriman con su Krazy Kat, Saint-Exupéry y El principito, Max y Vapor ya ponen de relieve la importancia de encontrar y desarrollar la acción en un lugar que se puede reimaginar como un lienzo en blanco en el que pueda caber todo aquello que el subconsciente del autor; explorar nuevos territorios como ya hiciera Carroll en las aventuras de Alicia o Winsor McCay en Little Nemo in Slumberland. De estas fuentes bebe Dillies para crear un mundo que no se mueve por ningún tipo de lógica, más que aquella interna del universo y que en muchos ocasiones se reconfigura a medida que avanza el relato.

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Los protagonistas de esta aventura son Jiri y Polka, un ave y un canido, que deciden emprender un viaje por el enorme desierto que es su pequeño planeta en busca de agua. El recorrido será complejo, no tanto por las dificultades que se encontraran a cada paso, sino por la forma en que cada descubrimiento realizado por ambos se desarrolla como una reconstrucción continua del universo nada de lo que aprenden de una dificultad anterior les sirve para resolver el siguiente obstáculo. Estos suelen estar camuflados de cronotopos, lugares y existentes reconocibles por su forma y su uso en nuestro contexto pero aquí no funciona de esa manera. Peces que vuelan, puertas que no conducen a ningún lado, columnas antiguas abandonadas, policías que tienen que mantener el orden de un lugar que no parece reglado, etc. sirven para dejar de lado cualquier idea preconcebida que tengamos antes de leer el volumen dejando claro que aquí vale todo.

Ese sentido de la representación que juega a la puesta en abismo no solo de la obra consigo misma y con otras, como las citadas anteriormente; se acentúa por el uso de unas viñetas que más que cumplir una función institucional que le otorga el lenguaje clásico del cómic da lugar a un juego de espejos. Por un lado aparte del uso del encuadre tradicional de viñeta existen otros que manifiestan cierta atracción por una visión del mundo a través de un espejo estos, en forma de marco, son una parte importante de las viñetas que nos podemos encontrar en este trabajo. En otras tantas Dillies manipula las formas preexistentes dentro de la narración para configurar un viñeta dentro de otra. Este alarde visual va mucho más allá del mero placer estético, nos marca las pautas de “funcionamiento” del universo, un relato dentro de otro, cada objeto guarda un significado dentro de una viñeta que apuesta por enmarcar la complejidad en unas formas muy sencillas. Como el coco, una figura redonda, que encierra las esperanzas de ambos protagonistas, pero que por sí solo no sirve de nada necesitan vehicular el deseo de este objeto con otro, en este caso un martillo. Denotando la diferencia entre deseo y logro.

Al igual que ese coco no es nada sin ese martillo, el dibujo de cada viñeta no es nada sin el marco de la misma. Dillies apunta a un cuento de tipo naíf, al menos en la parte visual y el diseño de personajes, pero que deja en ocasiones cierto regusto amargo por la imposibilidad de llegar y conseguir lo que desean. Aunque el viaje, el recorrido por el territorio es más sobre uno mismo que por lo que nos rodea. Jiri y Polka son dos seres muy diferentes, con necesidades diametralmente opuestas (aparte de la necesidad de agua), pero que consiguen resolver poco a poco los problemas planteados, quizás más por el sentido de la observación del entorno que por instinto o inteligencia propia, porque a veces los problemas más complejos tienen las soluciones más sencillas. El oasis sirve de metáfora para este cuento en el que las formas no tienen que coincidir con aquello que visualmente reconocemos, como sucede en El principito, pero si con aquello que deseamos ver.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #309: Preguntas sin responder

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Encuentros cercanos (Anabel Colazo). La Cúpula, 2017. Rústica, 116 págs. B/N, 10,9 €

Las paraciencias tienen como un rasgo común: intentar demostrar lo teorizado a través de cualquier tipo de prueba sólida que demuestre al resto de la sociedad que existen otras realidades. Para bien o para mal en la mayoría de ocasiones las pruebas se pueden desmentir con un análisis exhaustivo. A partir de ahí solo queda un elemento para refrendar cualquier tipo de experiencia: el testimonio. Este es la primera piedra de toque de algunas paraciencias como la ufología. Muchas de las situaciones y avistamientos se parapetan no en la prueba sino en el testimonio de las personas supuestamente afectadas. Pablo Ríos centro en este aspecto su brillante Azul y pálido (Entrecómics Cómics, 2011), el autor malagueño se apoyaba en su amplio conocimiento sobre el tema para poner en boca de los protagonistas los hechos acontecidos.

La creencia o no en estas experiencias paranormales depende básicamente en la consistencia del relato. La coherencia se construye a través de la comparación de la experiencia de otras personas testigos de avistamientos o que hayan sufrido abducciones. Las ideas más extrañas y que se salgan de la línea marcada por la mayoría son descartadas desde el primer momento, las que siguen las pautas generales son aceptadas ya que ayudan a construir y solidificar un canon dentro de la ufología y más concretamente sobre los contactados. En Encuentros cercanos, Anabel Colazo, nos invita a un viaje a este tipo de situaciones a través de un personaje que parece tener cierta disposición a enfrentarse a lo paranormal.

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A diferencia de Pablo Rios, basado en el testimonio, Colazo opta por crear una ficción dentro de una ficción con diferentes enfoques. En su obra anterior, El cristal imposible, ponía, a través de un relato sencillo, dos vertientes de aproximación a un hecho: la teoría vs. la pragmática. A partir de ese punto se constituía la aproximación de los personajes y definían sus roles dentro de la narración. En Encuentros cercanos la distancia entre lo sucedido y el personaje marca la creencia en las abducciones. Daniel, el protagonista de este título, tiene cierta predisposición a creer en lo paranormal, pero con el paso de la edad se siente empujado a racionalizar todo lo que ve, pero sin dejar de lado que lo perceptivo puede encerrar explicaciones poco lógicas y racionales. Este se encuentra en un pueblo pequeño que tienen lugar avistamientos y abducciones por parte de entes extraterrestres. Pero los dogmas de fe requieren de un demimurgo que vehicule el relato, en este caso es Barry un extranjero que vive a las afueras del pueblo y que utiliza a Juan, un adolescente para divulgar la palabra. Esta debe de estar unificada, no debe de presentar fisuras, la experiencia se define a través de un pararelato de reafirmación basado en la censura y por extensión en los hombres de negro.

Pero al igual que en El cristal imposible la estructura de esta obra se basa en la distancia que se construye en la percepción de la experiencia. La diferencia entre lo sufrido por Daniel y Marina, hermana de Juan, y este último hace dudar de la realidad y si es lo constatado a nivel personal puede ser considerado como algo fehaciente. Lo sufrido por Juan es tan diferente a lo padecido por los otros que le hace dudar sobre si su abducción fue real; por su parte Daniel al no tener recuerdos duda sobre lo relatado por Marina. El relato se rompe si los protagonistas no quieren ver las señales y estas pueden ser malinterpretadas.

Este relato sobre la percepción de la realidad de Anabel Colazo se construye a base de paradigmas eso nos conduce al enfrentamiento de realidades. Estas pasan a un segundo plano cuando no se está seguro de poder razonar aquello que percibimos. Ahí entra en juego el dibujo de la autora jugando con las perspectivas, alienando a la persona y proporcionando cierto aire místico a través de un trazo limpio. En Encuentros cercanos nos encontramos con una obra que nos habla de los cuestionamientos y la asunción de las ideas dejando la realidad en un hiato. Siendo esta un paréntesis para la vida de los personajes. Para Daniel, Marina y Juan las consecuencias son diferentes, los relatos que construyen son divergentes rompiendo el canon creando inseguridad en estos. Este título tiene todos los rasgos característicos de la autora una estética muy marcada, un ritmo sosegado, una narrativa por capas y una capacidad para describir contextos extraños dentro de la normalidad; en la que nada es como aparenta ser, aunque pueda serlo. En definitiva: una obra plena.

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Textos de siempre para lectores de hoy

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Freezer (Veronica Carratello). La Cúpula, 2017. Rústica, 148 págs. Color, 16,5 €

De un tiempo a esta parte tengo la firme certeza que la producción de ficción contemporánea ya no está hecha para mi habla a un público joven muy concreto que claramente tiene muchísimas menos referencias clásicas que el gran público de mi generación. La cosa no es que sea ni mejor ni peor la cultura popular contemporánea siempre ha generado textos tanto de baja estofa, para ser devorados como si fuesen palomitas, como obras comerciales que son clásicos instantáneos. Sin embargo, en la última década ese flujo continuo de un público que garantizaba un estándar narrativo y cualitativo para que sucediese lo segundo se ha roto. Los millenials como publico han generado desde nuevas formas de consumo cultural en gran parte mediados por los nuevos medios sociales. Las dinámicas clásicas se han dinamitado y existe una necesidad real de crear nuevos contenidos para esta nueva generación y reformular lo que se ha ido haciendo durante el último siglo.

Quizás una de las cosas que me ha sorprendido de Freezer es el enfoque que Verónica Carratello le da al recurrente discurso de la adolescencia. En ese sentido es un relato clásico en el que Mina, una chica de 12 años, parece esperar como agua de mayo la llegada del periodo. Sin embargo, eso que se podría traducir como un ansia explicita, cada vez que va al lavabo comprueba su ropa interior por si hubiese algún rastro de su adultez biológica, se traduce en un miedo tanto a crecer como a quedarse como está. La indecisión de ese periodo de la vida se traduce no solo en ese aspecto, una chica nerviosa con cierta reticencia a las relaciones sociales y cierta incapacidad para entender que es aquello que le rodea, familia y compañeros de clase, pero tolerándolo a modo de resignación.

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Carratello utiliza todos los topos del relato adolescente que van desde la familia que no le comprende pero le quiere a las compañeras de clase que utiliza las excentricidades de los padres de la protagonista para burlarse de ella. En ese sentido los progenitores configuran un entorno atípico en el contexto descrito no son gente acomodada, no malviven pero les cuesta llegara a final de mes ya que viven de la paga de la madre y de los trabajos como actor que le llegan al padre, generalmente para participar en comerciales relacionados con el tránsito intestinal. Pero tras ciertos apuntes de carácter cómico se esconde una familia en la que ninguno de sus integrantes tiene lo que quiere: desde ese crecimiento instantáneo que desea la protagonista, una hija que quiere que su madre hable (la abuela), un padre que no consigue el reconocimiento por su trabajo, un tío que no sabe superar un trauma, un gato llamado Kafka que se intenta suicidar en cuanto sus propietarios se descuidan y un hermano pequeño que solo quiere jugar al último juego de moda.

La propuesta de la autora italiana pasa por mostrarnos un mundo extraño tanto aquel que es cercano a la protagonista como aquel más lejano. Ella erigida como eje central del relato irradia cierta calma, Carratello ha desviado los temores de la adolescencia, que también aparecen reflejados en ella, en el entorno que la rodea dejando la agresividad del mundo exterior a un vecino que no deja de hacer la vida imposible a su familia y las compañeras de clase que no dudan en ridiculizarla a la mínima y sin ningún tipo de excusa. En ese sentido la autora acierta en no demonizar a estos personajes sino en mostrar solo su actitud hacia el resto del mundo. Así pues, Freezer traspasa los tópicos del relato de adolescentes jugando a la alienación de lo externo, definiéndolo como convencional y aislando a la familia protagonista del mainstream social. La familia de Mina lejos de cumplir con los parámetros socioeconómicos dominantes vive a su ritmo y eso tiene riesgos, pero también algunas recompensas.

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Spain is pain #307: ¿Loser?.

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La deuda (Martín Romero). La Cúpula, 2017. Rústica, 228 págs. B/N, 17,50€

El mundo contemporáneo parece que nos impele de manera directa a cierta dictadura de la felicidad: obtener todo lo que deseamos, mil amigos, la facilidad para poder tener una pareja o varias, ser socialmente atractivo, un trabajo creativo o único, etc. Pero en realidad las cosas no son así, las redes sociales han jugado un papel fundamental en la simulación de una apariencia, ya no triunfadora, pero si plena, completa y sin carencias en ámbitos que no siempre tienen que ver con la situación económica. Pero debemos plantearnos una serie de cuestiones: ¿necesitamos estar a la última?, ¿aparentar lo que no somos?, ¿tener mil amigos? o ¿aparentar unicidad en un entorno clónico?

Ser feliz o el diseño conceptual que existe actualmente de esa idea pasa por mostrar una apariencia concreta, sin embargo; no todos somos triunfadores sociales, ni sentimentales, y tampoco en el ámbito laboral. Quizás por ello los libros autoayuda siguen siendo una fuente de ingresos para las editoriales. El coaching emocional lleva ya con nosotros un par de décadas sin que haya servido de mucho y de ahí, quizás, y por la necesidad de una puesta en realidad surgen los libros de antiayuda como The Subtle Art of Not Giving a F*ck: Counterintuitive Approach to Living a Good Life de Mark Manson, El Libro Definitivo de Antiayuda y Desmotivación de Eva García Fornet o Manual de autodepresión: Guía práctica para arruinarse la vida de Julio César Toledo. De estos títulos surgen ciertas ideas como que la vida es dura y no siempre es maravillosa y que la apariencia es solo eso un envoltorio bonito para mostrar algo mediocre.

La deuda de Martín Romero apunta a todos los aspectos comentados anterioremente a través de un personaje pusilánime y vulgar, pero no más que cualquiera de nosotros. Benjamín Castaño es un tipo que no tiene amistades en las que apoyarse, ni un trabajo estable, no tiene pareja sentimental y tiene una deuda económica que le acucia a buscar una solución inmediata a todos sus problemas. A pesar de todo y de no ser solvente económicamente se consuela con “vivir” de sus tristes, y pasados de moda, monólogos humorísticos. Benjamín Castaño es un paradigma de nuestros tiempos un individuo que vive aparte de todo y que carece de esa voluntad de aparentar. Los monólogos aparecen al final de cada capítulo como una ensoñación en la que se puede apreciar que el protagonista no es consciente de su solemne soledad y de su desconexión social.

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Pero es la deuda que tiene Benjamín la que marca el ritmo del relato, este ha contraído una con una misteriosa mujer que le acosa y amenaza constantemente. Para vigilar los pasos de Benjamin esta mujer utiliza a un individuo que no solo va detrás de él sino que va anotando los gastos que el protagonista tiene. La deuda en si misma se encarna en esta persona, todavía más anónima que el propio humorista mediocre, su única función es perseguir a acreedores. Aunque todo cambia en el momento en que Benjamin tiene que volver a su pueblo natal al entierro de un familiar, es allí donde empieza a recuperar su identidad, una muy apartada de aquella que él ha querido crear en la gran ciudad.

Martín Romero apunta en La duda a un cambio en lo estético con respecto a Episodios lunares, obra en la que los espacios dominaban la narración. En el presente trabajo sigue apareciendo algunos de dichas características, principalmente en la descripción de las calles, los interiores de las casas y cualquier tipo de espacio dramático. Este es el elemento definitivo para aislar al solitario Benjamín que no le queda otra que huir de un sitio a otro buscando algo que ni él sabe que es. De ahí que dé la impresión que la deuda no le preocupe mucho, se ha resignado a tener una sombra en forma de cobrador, optando por intentar seguir viviendo dentro de lo que él ha construido como una vida con la que seguro muchos lectores les costará sentirse reconocidos. Podemos considerar que La deuda opera más en el terreno de lo metafórico dejando hasta el último momento trabajar en el plano de la realidad, que al final, como siempre decide aplastarnos y ahogarnos.

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La nostalgia del icono pop

Jaime Hernandez - El retorno de las Ti-Girls- cubierta - rústica

El retorno de las Ti-Girls. Dios y ciencia (Jaime Hernandez). La cúpula, 2017. Rústica, 136 págs. B/N, 14,50 €

Algo tiene de maravilloso el universo creado por Jaime Hernandez son sus personajes. La capacidad del autor para crear un grupo de mujeres que con el tiempo podemos considerar como de carne y hueso. Hernandez ha sabido darle un hálito de realidad a sus protagonistas como pocos autores saben hacer. En parte creo que dicho afecto, el que profesamos los lectores por los personajes que pueblan estos relatos, se debe a la longevidad de los mismos. Hay entra en valor el crecimiento de unos personajes que no se han quedado en la edad con la que fueron creados y que han ido creciendo y madurando, y de paso desechando una narrativa indefinidamente diferida. A los personajes les suceden cosas y repercuten en el futuro de las mismas, es decir, tienen memoria.

El retorno de las Ti-Girls es una fantasía supeheróica que encaja en la narrativa de origen. Se plantea como un relato en el que los deseos de algunos personajes, concretamente Angel decide explotar sus poderes. Algo que nos lleva a otro punto de partida, en ese universo tan convencional en el que Maggie regenta unos apartamentos de alquiler, en el que los amores y desamores están en primer plano, pero, sobre todo, las ambiciones personales de ellas son el leit motiv de la narración; parece que hay un gran secreto oculto en algunas de las protagonistas: estas tienen poderes y al parecer existen grupos de heroínas en las que todas las miembros son mujeres. Esto entronca con el trasfondo mitológico de este universo, ya en los primeros números de Locas, la admiración de las protagonistas por las luchadoras de wrestling era palpable.

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Todo esto nos lleva a otro punto mujeres que son referencia para otras mujeres. La mujer como modelo de superhéroe tal y como se plantea aquí es algo que va mucho más allá de la omnipresencia de Wonder Woman como la superheroina total. El deseo de Penny Century es convertirse en una mujer con poderes pero acaba convirtiéndose en una villana y Angel descubre que, posiblemente, hacer de las fantasías una realidad no tiene por qué ser precisamente bueno. Si recordamos los orígenes de Maggie y compañía, estas eran un grupo de jóvenes que se movían en un ambiente punk, se incluían aventuras en las que aparecían cohetes, robots, dinosaurios, etc por lo que esta deriva de género forma parte del imaginario de este mundo, y quizás no solo eso sino que también apunta a la vertiente fantástica del macrorrelato a pesar de que en ocasiones tire por fundamentos narrativos realistas.

En todo caso El retorno de las Ti-Girls tiene ese punto de nostalgia por los comics de antaño y ahí Hernandez juega con el metarrelato. Maggie colecciona todos los tebeos en los que aparecen las heroínas que aparecen en este volumen, pero estas no los pueden leer. Ellas deben de vivir las aventuras para poder ser admiradas por otras personas, dividiendo a la humanidad en dos: los que hacen cosas y los que actúan en relación con los primeros. En cuanto a la vertiente del homenaje nos vamos a encontrar científicos, viejas glorias, versiones malignas de las protagonistas, mitosclásicos de la cultura mexicana, lo pop en los sesenta, pero sobre todo un relato entrañable sobre el valor del icono en la actualidad. Por otro lado, y como siempre repito, es un placer reencontrarse a Maggie, Angel, Penny y a todas a aquellas mujeres que van apareciendo en este universo, ver cómo crecen, como solucionan sus problemas y como muchas veces consiguen, otras no, sus propósitos.

Otras obras de Jaime Hernandez en el Blog:

Locas

Chapuzas de amor

La educación de Hopey Glass

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Causalidad casual

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Ed, el payaso feliz (Chester Brown). La Cúpula, 2017. Rústica, 268 págs. B/N, 22,50 €

Chester Brown es sin ningún tipo de dudas uno de los valores más sólidos del cómic contemporáneo y es posiblemente de los pocos a los que no se le puede echar en cara ningún pero nada ni en el aspecto narrativo ni en el estético. Aun en obras tan polémicas como Pagando por ello o María lloró sobre los pies de Jesús incluso El Playboy, que no pueden agradar a todos los lectores ambos valores sobresalen por encima del discurso. La evolución del autor pasa de manera evidente desde la transgresión visual, pornográfica, en algunos detalles a ser conceptual basada en los conceptos transversales de cada obra y en el tratamiento de las mismas.

Por eso es siempre refrescante volver a releer las primeras obras de Brown como es el caso de Ed, el payaso feliz. Más aprovechando la edición anotada que recientemente ha publicado La Cúpula; en esta podemos apreciar como el autor lleva, siempre en las esclarecedores notas, sus narrativas hacia lo personal y como estas están vinculadas de manera intrínseca a su forma de ver el mundo a pesar de no tratarse de una obra centrada en lo autobiográfico. Todo lo contrario, en esta obra primigenia encontramos como el autor canadiense va desarrollando una serie de elementos en las primeras páginas, un tanto desconectadas, pero que poco a poco va dándole una forma muy concreta: una narrativa causal construida a partir de casualidades. Construyendo un universo de mundos paralelos que se conectan a través del ojete, si, de un individuo anónimo y los genitales del protagonista.

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Utilizando las herramientas de ciertas narrativas vinculadas a la comedia el relato se construye en forma de un gag detrás de otro generando un gran gag en el cual se explica la desgraciada vida de Ed. El payaso en cuestión, del cual solo vemos los rasgos como tal al principio. En seguida se ve dentro de una trama en la que es acusado de cortarle la mano a un hombre, pero en su huida se encontrará con una chica muerta que resucita constantemente, será atacado por unos pigmeos asesinos, y su prepucio se convertirá en la cabeza de un presidente Reagan de otra dimensión. Es decir, Ed deviene una especie de vórtice de la mala fortuna en un relato en el que se pone de manifiesto lo absurdo del funcionamiento de los estamentos tanto políticos como sociales.

 Con el tiempo Ed, el payaso feliz sigue siendo un cómic que destaca principalmente por su desparpajo y su falta de complejos. Es divertido pero a la vez muy trágico, para ello Brown convierte a su protagonista en un Punching Ball al cual no se corta en arremeter contra él una y otra vez. Otro de los aspectos por los cuales merece ser releído es por el aspecto gráfico, en este volumen podemos ver la evolución estética del autor, de un estilo, por decirlo de alguna manera, más primitivo vinculado al underground más clásico a otro más depurado y definitivamente más reconocible con el que el autor posee a día de hoy. Creo que no hace falte recomendarlo por el valor mismo de la obra, pero como se suele decir en estas ocasiones: una gran oportunidad para aquellos que todavía no han empezado a deleitarse con la obra de este autor canadiense.

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Quiero ser


Fire!! La historia de Zora Neale Hurston (Peter Bagge). La Cúpula, 2017. Rústica. 124 págs. Color. 17,90 €

Posiblemente las biografías que más me gusten sean las de personajes que no conozco. Si el recorrido histórico se centra en una figura de la que conozco algo, el ejercicio suele consistir en aunar lo que ya sabía con las novedades, añadiendo además todo lo que ya supiera que la nueva obra omite o resume. Está claro que esto no evita que siga consumiendo biografías de personajes que ya conozco por mera curiosidad o atraído por planteamientos más novedosos o artísticos. Si no fuera así no seguiríamos devorando tantísimas obras sobre la figura de Hitler, una y otra vez, componiendo un fresco donde persona, personaje y criatura muta y se deforma hasta el infinito. Por eso es agradable a veces enfrentarse a la vida y obra de una figura desconocida, con la magia de esa primera incursión en la que no sabemos absolutamente nada y vamos avanzando con curiosidad sincera por el simple hecho de querer saber.

Así que no me queda más remedio que confesar que hacía muchísimo que no disfrutaba tanto una biografía como Fire!!: La historia de Zora Neale Hurston de Peter Bagge. Una biografía sencilla en la forma pero tremendamente poderosa en el fondo, que nos permite acercarnos a una figura quizás no demasiado conocida pero sí merecedora de estar en el batiburrillo de nombres de figuras de las letras que al menos conocemos de oídas. Yo en lo personal jamás había oído el nombre de Zora Neale Hurston, pero Fire!! tiene tanta fuerza, y es tan tremendamente entretenido, que me he visto obligado a leerme el cómic de una sentada, dedicándole otra a las interesantes y reveladoras notas del final. Una biografía digna de mención porque el personaje de Zora, como bien defiende Peter Bagge en su introducción, es una compleja unidad llena de claros y sombras que atraen en el mismo modo que repelen, algo que debería ser común a todas las personas interesantes.

Aunque no es la primera incursión de Peter Bagge en el terreno de las biografías de mujeres notables del siglo XX, me sigue llamando la atención el viraje del autor, quizás porque su trazo se me hacía demasiado atado a ciertos modos y tonos. Aunque defenderé siempre estas obra de Bagge como prueba de que un buen artista es capaz de huir de cualquier molde o etiqueta. Y si otras obras del autor nadaban en el costumbrismo más descarnado o el humor más directo, en Fire!!, así como en La mujer rebelde, tenemos una radiografía donde el talento que le presumíamos a Peter Bagge se aúna a la perfección con una cuidada documentación y una notable vena divulgativa que se empeña en enseñarnos quién era Zora Neale Hurston y por qué deberíamos conocerla.

Zora Neale Hurston es un personaje complejo de los que difícilmente hoy encontraríamos, pues el mundo actual es quizás demasiado veloz y cerrado como para permitir que alguien luchara al mismo tiempo por su propia libertad y por dar voz a su pasado. Desde el punto de vista académico tampoco hablemos, pues posiblemente aunque los trabajos de Zora se encuentren cercanos a los actuales estudios culturales, la maquinaria administrativa y burocrática bien se encargaría de acotar y organizar un corpus tan arbitrario, complejo y artístico. Pues Zora no dejó de ser una autora afroamericana de la primera mitad del siglo XX, empeñada en dar voz y reconocimiento a la cultura negra rural del sur de Estados Unidos y el Caribe, recogiendo desde sus leyendas y modos de habla hasta las prácticas del voodoo y otras creencias mágicas.

Pero Zona Neale Hurston, como nos enseña Peter Bagge, no se conformó con ser una mera cronista de su gente, también fue una mentirosa en lo personal y una embaucadora que o bien tuvo la suerte de estar en el lugar oportuno o si no se limitó a crear alguna tormenta perfecta. Sin duda una vida ejemplar que Peter Bagge nos cuenta de forma lineal y progresiva, donde los saltos temporales y las elipsis son continuas para contarnos la evolución de una mujer que no dejó de creer y cambiar para simplemente ser ella misma. Mención aparte se merecen las notas del propio autor, que nos ayudan a contextualizar cada momento y pasaje de la vida de Zora, lectura que yo recomiendo realizar tras la propia biografía, pues una vida tan intensa bien merece que se lea como se vivió, rápido y sin pedir permiso, con el corazón en el pasado y la vista en el futuro.

Ahora la pena, como ocurre tantas veces al leer biografías como Fire!! La historia de Zora Neale Hurston, es encontrar la obra del ilustre personaje, tanto las novelas como los estudios antropológicos de la misma, lo que sin duda me obligará a recurrir a la segunda mano o incluso a tener que leer en inglés, inconvenientes que su biografía me han demostrado más que soportables si el fin es conocer el corpus de tan interesante mujer.

@bartofg
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