Causalidad casual

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Ed, el payaso feliz (Chester Brown). La Cúpula, 2017. Rústica, 268 págs. B/N, 22,50 €

Chester Brown es sin ningún tipo de dudas uno de los valores más sólidos del cómic contemporáneo y es posiblemente de los pocos a los que no se le puede echar en cara ningún pero nada ni en el aspecto narrativo ni en el estético. Aun en obras tan polémicas como Pagando por ello o María lloró sobre los pies de Jesús incluso El Playboy, que no pueden agradar a todos los lectores ambos valores sobresalen por encima del discurso. La evolución del autor pasa de manera evidente desde la transgresión visual, pornográfica, en algunos detalles a ser conceptual basada en los conceptos transversales de cada obra y en el tratamiento de las mismas.

Por eso es siempre refrescante volver a releer las primeras obras de Brown como es el caso de Ed, el payaso feliz. Más aprovechando la edición anotada que recientemente ha publicado La Cúpula; en esta podemos apreciar como el autor lleva, siempre en las esclarecedores notas, sus narrativas hacia lo personal y como estas están vinculadas de manera intrínseca a su forma de ver el mundo a pesar de no tratarse de una obra centrada en lo autobiográfico. Todo lo contrario, en esta obra primigenia encontramos como el autor canadiense va desarrollando una serie de elementos en las primeras páginas, un tanto desconectadas, pero que poco a poco va dándole una forma muy concreta: una narrativa causal construida a partir de casualidades. Construyendo un universo de mundos paralelos que se conectan a través del ojete, si, de un individuo anónimo y los genitales del protagonista.

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Utilizando las herramientas de ciertas narrativas vinculadas a la comedia el relato se construye en forma de un gag detrás de otro generando un gran gag en el cual se explica la desgraciada vida de Ed. El payaso en cuestión, del cual solo vemos los rasgos como tal al principio. En seguida se ve dentro de una trama en la que es acusado de cortarle la mano a un hombre, pero en su huida se encontrará con una chica muerta que resucita constantemente, será atacado por unos pigmeos asesinos, y su prepucio se convertirá en la cabeza de un presidente Reagan de otra dimensión. Es decir, Ed deviene una especie de vórtice de la mala fortuna en un relato en el que se pone de manifiesto lo absurdo del funcionamiento de los estamentos tanto políticos como sociales.

 Con el tiempo Ed, el payaso feliz sigue siendo un cómic que destaca principalmente por su desparpajo y su falta de complejos. Es divertido pero a la vez muy trágico, para ello Brown convierte a su protagonista en un Punching Ball al cual no se corta en arremeter contra él una y otra vez. Otro de los aspectos por los cuales merece ser releído es por el aspecto gráfico, en este volumen podemos ver la evolución estética del autor, de un estilo, por decirlo de alguna manera, más primitivo vinculado al underground más clásico a otro más depurado y definitivamente más reconocible con el que el autor posee a día de hoy. Creo que no hace falte recomendarlo por el valor mismo de la obra, pero como se suele decir en estas ocasiones: una gran oportunidad para aquellos que todavía no han empezado a deleitarse con la obra de este autor canadiense.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

 

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Quiero ser


Fire!! La historia de Zora Neale Hurston (Peter Bagge). La Cúpula, 2017. Rústica. 124 págs. Color. 17,90 €

Posiblemente las biografías que más me gusten sean las de personajes que no conozco. Si el recorrido histórico se centra en una figura de la que conozco algo, el ejercicio suele consistir en aunar lo que ya sabía con las novedades, añadiendo además todo lo que ya supiera que la nueva obra omite o resume. Está claro que esto no evita que siga consumiendo biografías de personajes que ya conozco por mera curiosidad o atraído por planteamientos más novedosos o artísticos. Si no fuera así no seguiríamos devorando tantísimas obras sobre la figura de Hitler, una y otra vez, componiendo un fresco donde persona, personaje y criatura muta y se deforma hasta el infinito. Por eso es agradable a veces enfrentarse a la vida y obra de una figura desconocida, con la magia de esa primera incursión en la que no sabemos absolutamente nada y vamos avanzando con curiosidad sincera por el simple hecho de querer saber.

Así que no me queda más remedio que confesar que hacía muchísimo que no disfrutaba tanto una biografía como Fire!!: La historia de Zora Neale Hurston de Peter Bagge. Una biografía sencilla en la forma pero tremendamente poderosa en el fondo, que nos permite acercarnos a una figura quizás no demasiado conocida pero sí merecedora de estar en el batiburrillo de nombres de figuras de las letras que al menos conocemos de oídas. Yo en lo personal jamás había oído el nombre de Zora Neale Hurston, pero Fire!! tiene tanta fuerza, y es tan tremendamente entretenido, que me he visto obligado a leerme el cómic de una sentada, dedicándole otra a las interesantes y reveladoras notas del final. Una biografía digna de mención porque el personaje de Zora, como bien defiende Peter Bagge en su introducción, es una compleja unidad llena de claros y sombras que atraen en el mismo modo que repelen, algo que debería ser común a todas las personas interesantes.

Aunque no es la primera incursión de Peter Bagge en el terreno de las biografías de mujeres notables del siglo XX, me sigue llamando la atención el viraje del autor, quizás porque su trazo se me hacía demasiado atado a ciertos modos y tonos. Aunque defenderé siempre estas obra de Bagge como prueba de que un buen artista es capaz de huir de cualquier molde o etiqueta. Y si otras obras del autor nadaban en el costumbrismo más descarnado o el humor más directo, en Fire!!, así como en La mujer rebelde, tenemos una radiografía donde el talento que le presumíamos a Peter Bagge se aúna a la perfección con una cuidada documentación y una notable vena divulgativa que se empeña en enseñarnos quién era Zora Neale Hurston y por qué deberíamos conocerla.

Zora Neale Hurston es un personaje complejo de los que difícilmente hoy encontraríamos, pues el mundo actual es quizás demasiado veloz y cerrado como para permitir que alguien luchara al mismo tiempo por su propia libertad y por dar voz a su pasado. Desde el punto de vista académico tampoco hablemos, pues posiblemente aunque los trabajos de Zora se encuentren cercanos a los actuales estudios culturales, la maquinaria administrativa y burocrática bien se encargaría de acotar y organizar un corpus tan arbitrario, complejo y artístico. Pues Zora no dejó de ser una autora afroamericana de la primera mitad del siglo XX, empeñada en dar voz y reconocimiento a la cultura negra rural del sur de Estados Unidos y el Caribe, recogiendo desde sus leyendas y modos de habla hasta las prácticas del voodoo y otras creencias mágicas.

Pero Zona Neale Hurston, como nos enseña Peter Bagge, no se conformó con ser una mera cronista de su gente, también fue una mentirosa en lo personal y una embaucadora que o bien tuvo la suerte de estar en el lugar oportuno o si no se limitó a crear alguna tormenta perfecta. Sin duda una vida ejemplar que Peter Bagge nos cuenta de forma lineal y progresiva, donde los saltos temporales y las elipsis son continuas para contarnos la evolución de una mujer que no dejó de creer y cambiar para simplemente ser ella misma. Mención aparte se merecen las notas del propio autor, que nos ayudan a contextualizar cada momento y pasaje de la vida de Zora, lectura que yo recomiendo realizar tras la propia biografía, pues una vida tan intensa bien merece que se lea como se vivió, rápido y sin pedir permiso, con el corazón en el pasado y la vista en el futuro.

Ahora la pena, como ocurre tantas veces al leer biografías como Fire!! La historia de Zora Neale Hurston, es encontrar la obra del ilustre personaje, tanto las novelas como los estudios antropológicos de la misma, lo que sin duda me obligará a recurrir a la segunda mano o incluso a tener que leer en inglés, inconvenientes que su biografía me han demostrado más que soportables si el fin es conocer el corpus de tan interesante mujer.

@bartofg
@lectorbicefalo

Spain is pain #303: Anarcoma Lives Again!!!

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Anarcoma – Obra Gráfica Completa (Nazario). La Cúpula, 2017. Cartoné, págs. Color, 34,90€

A lo largo de la historia del cómic español hay pocas obras que podamos calificar como iconos dentro de la cultura popular. Estas son aquellas que trasciende de los lectores asiduos de viñetas y que forman parte del imaginario social, podemos remitirnos a personajes como Mortadelo, Filemón y el Capitán Trueno para un público muy amplio o a Luca Torrelli y Makoki para un tipo de lector generacional. Pero si hay alguno que ha permanecido como hitos de un ámbito cultural, social y temporal muy concreto ese/a es Anarcoma, la creación de Nazario.

La concreción de los parámetros que define esta obra es algo que viene marcado, no solo por la voluntad de ejercer de cronista de una parte de la historia de la Ciudad Condal, sino porque dicho excepcional retrato viene dado por un autor que concentra gran parte de su obra desde mediados de la década de los setenta y los ochenta. Posteriormente su trabajo como autor de cómics ha sido anecdótica en favor de una obra pictórica. De ahí que el registro de las formas, las actitudes y las costumbres de la comunidad LGTB del momento convierten en vitales los dos álbumes de Anarcoma publicados durante la década de los ochenta.

En esta edición integral que publica La Cúpula recopila ambos volúmenes además de un grupo de historias breves relacionadas con el universo Anarcoma, también hay que sumarle una serie de portadas e ilustraciones del personaje aparecidas en diferentes publicaciones; lo que suele ser un volumen imprescindible tanto para los lectores que ya hayan leído anteriormente al personaje como aquellos nuevos lectores que busquen conocer no solo parte de la historia del cómic, sino una parte de la historia oculta de nuestro país. En las páginas de Anarcoma se entremezclan personajes ficcionales salidos de la imaginación del autor, alguna reimaginacion de los siempre bien dotados hombres dibujados por Tom of Finland, el homenaje al cine negro clásico que se respira, principalmente en el primer volumen; y la aparición de espacios y personajes reales de la Barcelona del momento, por ejemplo Ocaña, Onliyú o el mismísimo Nazario.

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Si bien la primera entrega utiliza el robo de una máquina, que nadie sabe cómo es ni para que sirve, creada por el doctor Onliyú como McGuffin para mostrarnos la escena underground barcelonesa en este se destila un estilo gráfico que sigue estando de rabiosa actualidad. Anarcoma será la encargada de buscar la máquina pero de camino se encontrará a XM2 un robot-chulazo bien dotado y con una capacidad para el sexo inusual. Esta primera entrega gira en torno a lo lúdico festivo mientras que la desaparición de la máquina va pasando a un segundo plano, algo que se hace efectivo en el segundo álbum, bajo mi punto de vista mucho más interesante. En Anarcoma-2 existe un punto de denuncia contra el maltrato y las torturas que sufrió la comunidad gay en los años 80 como un remanente de la dictadura franquista. Lo más interesante de esta segunda entrega es el aspecto grafico mucho más depurado que en el anterior volumen y que siguen manteniendo la frescura del momento.

Que más decir de Anarcoma de Nazario… básicamente que es una obra fundamental por lo que supuso en aquel momento y por la necesidad real que tenemos en la actualidad de que esta obra salga otra vez a la palestra. A diferencia de muchos de sus contemporáneos Nazario le dio una impronta atemporal, tanto en lo visual como en lo narrativo, que todavía la convierte en un referente tres décadas después y que no puede faltar en ninguna de nuestras bibliotecas.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #296: Delicias nimias (y 2)

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Nimio (VVAA) La Cúpula, 2016. Rústica, 180 págs. B/N 10 €

Hace ya algún tiempo ya dedique una entrada a uno, sino él, de los fanzines más representativos del último lustro. Evidentemente se trata de Nimio, las páginas de este fanzine desprenden, aunque sea un tópico, frescura. Pero sobre todo por una percepción personalísima de los autores al acto de creación de un cómic. El/los relatos principales y transversales apuntan, no a comentar, como hacen muchas de estas publicaciones sino a reflexionar sobre el acto de contar. Esa opción, posiblemente inconsciente por parte de Anabel Colazo, Ferro, Luis Yang, María Ponce y Nuria Tamarit, es parte inherente e imprescindible de las historias que podemos encontrar en las páginas de las diferentes entregas del fanzine.

Ese punto me lleva a la sensación que como lector me ha dejado el último número de Nimio. Por lo general los fanzines nacen de forma insospechada, o al menos eso me gusta creer, y acaban cuando los creadores no tienen el tiempo necesario para poder llevar adelante la publicación. El caso de Nimio ha sido totalmente diferente no solo porque han decidido publicar su última entrega con el buque insignia del cómic underground patrio, sino por lo que se puede respirar a través de las últimas 180 páginas de esta publicación.

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No sé si voy a entrar en algún tipo de paranoia personal o con la relación que suelo establecer con los textos que realmente me gustan. Está claro que esta entrega es una despedida y no lo digo porque se ha anunciado como un último número sino por la conciencia de los autores de que son las últimas aventuras de sus personajes se traspasa a estos de una manera ¿consciente? A medida que uno va  avanzando en la lectura de este volumen se va dando cuenta de la importancia de ver al autor dentro de la obra de ficción, entender como tal que las cosas tienen un final por mucho que queramos que las aventuras de los personajes de Nimio continúen eternamente. Todo es una gran despedida, a una forma de entender el comic como una forma de relacionarse con el mundo.

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A dicha fiesta final no podían faltar algunos de los autores más interesantes del panorama nacional como  Roberta Vázquez, Antonio Hitos, Lorenzo Montatore o Álvaro Ortiz. La idea es hacer un último número que sea memorable y en el que se reivindique el papel del fanzine tanto dentro como fuera de la industria, entendida esta como un estamento inamovible, no solo como una vía de expresión sino también como una manera de expresarse a través de la forma. En cuanto a contenidos los protagonistas de las aventuras que tienen lugar en Nimio son hijos de la iconografía y la mitología personal de cada uno de los autores, haciendo de cada una de las entregas una fiesta de reencuentro de elementos que conocemos o nos suenan de una manera u otra. El subtítulo de este último número es Fantasía Final apuntando a cierta complicidad con el lector que ha estado siguiendo los pasos del fanzine y que espera algo especial en esta entrega algo que los autores cumplen con creces. En fin, echaremos de menos a Nimio.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Medias naranjas

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Poncho Fue (Sole Otero) La Cúpula, 2017. Rústica, 218 págs. Color, 19,90€

Que las relaciones sentimentales son complejas y difíciles lo sabe todo el mundo. Más todavía cuando las personas buscan una media naranja, tópico que viene a describir la incapacidad de parte de la sociedad para definirse a sí mismo en su integridad a partir de otra persona. O dicho de otra manera las personas parece que llevamos el corazón en la mano esperando que haya alguien dispuesto a cogerlo para hacer con él lo que quieran. No hay nada más que ver la parrilla actual de televisión en la que las relaciones interpersonales, y no el amor copan espacio televisivo y máximas audiencias. Se trata de programas en los que los “protagonistas” solo hablan de cómo le hacen sentir otras personas sin preocuparse si a la inversa existen los mismos problemas.

Esa idea pequeñoburguesa de juntarse con otra persona para crear patrimonio ha devenido en una especie de obligación social de tener pareja. Parece no estar bien visto llevar una vida independiente, sin pareja fija o transitoria, y solitaria. Esto supone una tensión que enfrenta la forma de entender de cómo debían de ser las tradiciones a como son en la actualidad, gracias al menor grado de dependencia económica de las mujeres, y a una concepción más abierta, por parte de estas, a encerrar su vida de manera “forzada” bajo una sola relación.

En Poncho fue, Sole Otero, explora esa convergencia vital que son las relaciones de pareja en la actualidad en una batalla entre la necesidad de estar acompañado y pelear por la independencia personal. Si hay que ponerle un pero a los personajes, Lu y Santi, es que están definidos con trazo gordo, aunque existe cierta necesidad en ello para la elaboración del discurso pretendido por la autora. La relación de ambos surge como por casualidad, sin embargo a medida que avanza el relato vemos que hay cierta predisposición por parte de el a la hora de definir y redefinir de manera continuada los términos de la interacción interpersonal.

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Santi está representado como una persona que llena el espacio, quiere ser todo aquello que él cree que una pareja pueda desear. Pero esa voluntad convierte esa pareja de iguales en una relación paternalista: pasa de querer complacer en todos los sentidos a Lu, a pensar que sabe lo que ella necesita hacer convirtiéndose al final en la imposición de su voluntad a través del chantaje emocional. Por su lado Lu es una mujer apocada que se siente culpable por todo aquello que Santi le dice que no le gusta de ella. La relación se convierte en una pesadilla de la que solo somos conscientes los lectores; Lu no se da cuenta hasta que el relato no está bien avanzado.

Poncho fue es un cuento con moraleja, sencillo y directo. Ahí en parte reside la fuerza de este, en no querer complicar demasiado las cosas y querer contar lo que la autora quiere contar, es decir ir directa al grano sin ningún tipo de aparataje superficial. Para ello se centra en describir a los personajes y su breve entorno. Resulta curioso el juego que establece entre el monologo eterno de Santi cuando en realidad se trata de uno de Lu; pero realizado a través de su compañero masculino. Sole Otero plantea lo mencionado al inicio de esta entrada: la necesidad de considerarse a uno mismo de manera íntegra antes de buscar pareja.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Dos mujeres

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La niña de sus ojos (Mary M. Talbot y Brian Talbot). La Cúpula, 2017.Rústica, 104 págs. Color, 14 €

La labor que están haciendo Mary M. Talbot y Brian Talbot por la visibilización de la mujer en la historia y su influencia en momentos muy concretos de la misma es impagable. Tanto en Sally Heathcote. Sufragista como en La Virgen Roja estos autores destacan la labor de la mujer sin caer en la hagiografía barata. La tesis de partida de Mary M. Talbot es que la historia de la humanidad puede ser explicada a partir de mujeres ejemplares que no dudaron ni un momento de la importancia de la lucha por una emancipación de la mujer, y que esta no debía de ser en solitario sino de la mano de sus compañeros masculinos. Una idea sencilla y que a día de hoy nos parece algo más que evidente; Pero que en los periodos ficcionados por esta guionista parecía algo muy alejado de la realidad.

En ninguna de las dos obras citadas anteriormente el factor personal salía a relucir. La niña de sus ojos responde a esa cuestión tratándose de un relato iniciático. Se trata de un doble biomic que recoge su experiencia vital como mujer que trata de emanciparse de los postulados machistas que la obligan a convertirse en una extensión de la familia. Todo ello ejemplarizado a través de la figura del padre. El reflejo comparativo se establece a través de la vida de Lucia Joyce, la hija del escritor que sucumbe a esa voluntad heteropatriarcal de enmarcar su vida dentro de los patrones que defines a la mujer en la sociedad nuclear burguesa de principios del siglo XX. Ambas vidas, autora y personaje histórico, estructuran el fin de una forma de pensar la manera en el que la mujer es definida desde el machismo.

Por un lado está la hija de James Joyce, Lucía, la cual sufre las idas y venidas del famoso autor dublinés por toda Europa. Esta tiene que aparcar toda su voluntad por las necesidades de este, pero articulado con el discurso del heteropatriarcado a través de su madre. Esta es la que gestiona los valores familiares de sacrificio de la mujer en pos de la familia y del paterfamilias, que queda en un segundo plano en esta gestión del universo nuclear. La mujer, la madre, como alma mater protectora de los valores heteropatriarcales constituye el principal escoyo para la evolución y la emancipación de Lucia, la única, en ese ambiente opresivo que busca crecer como persona a través del baile. De manera paralela Mary escribe sobre su infancia, adolescencia y primera madurez mediada por la sobriedad de su padre un hombre instalado en un continuum masculino que no impide a la hija hallar su camino pero que trata que esta siga el camino predispuesto por él. Las circunstancias de ambas son distintas, los periodos históricos también. Pero cierta idea del condicionamiento de la mujer sobre su futuro personal por parte del hombre permanece en ambos relatos.

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Dos mujeres, dos momentos, dos historias y dos vidas ambas muy diferentes pero muy iguales que nos sirven para entender la necesidad de un cambio radical. Muchos pensamos que ya no hay marcha atrás. Pero este mundo que poco a poco se está convirtiendo en ultraconservador y parece que estamos en un momento clave para decidir entre todos de qué lado va a caer la balanza. Las obras de Mary M. Talbot y Brian Talbot son fundamentales para entender la necesidad de seguir cambiando a través de una toma de conciencia, de que debemos evitar dar una marcha atrás artificial impuesta por una forma de pensar retrograda y fascistoide. Este título, al igual que los dos anteriormente publicados por La Cúpula muestran lo sorprendente que es la historia de la humanidad contada a partir de la experiencia de la mujer, quizás ese es el mejor aliciente: mirar con nuevos ojos nuestra historia contada y explicada mil veces, pero esta vez desde un nuevo foco.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

Excusatio non petita…

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Pagando por ello (Chester Brown). La Cúpula, 2016. Rústica, 304 págs. B/N, 21,90 €

Las confesiones y las excusan siempre esconden cierto sentimiento de culpabilidad, ya sea por los condicionantes sociales o interpersonales hacia las personas con la que estás hablando. El slice of life siempre tiene algo de eso, contar aquello que no se ha explicado a nadie pero a una gran audiencia. Podría parecer que navegaren las propias intimidades, que luego van a ser leídas por otros, deben, o deberían, de tener algún gancho emocional o morboso que enganche al lector, un cebo del cual se pueda desarrollar una historia o convertirlo en  un leit motiv a partir del cual podamos entender las motivaciones y la forma de actuar del autor/personaje. Por lo general exponer las fracturas emocionales o la imposibilidad enfrentarse al mundo suele ser una de las narrativas más comunes en este tipo de relato.

Pero el slice of life tiene una pequeña trampa de la que a veces es muy difícil escapar: una cierta forma del autobombo. La recreación de la propia vida como hipérbole sobre la personalidad propia del creador en torno a la representación de la propia figura. Esto puede suponer una caída hacia dos tipos de tendencias, por un lado una propia de los fan fictions conocida como Mary Sue en la que el escritor se define a sí mismo como imagen de la perfección física y moral en la cual es capaz de sacrificarse por el colectivo. Por otro lado está la autohagiografía, posiblemente mucho más peligrosa, en la que el autor convierte su vida en una pedregal por el que es imposible transitar y que de una manera u otra su fuerza de voluntad se centra en el convencimiento de que sus acciones y convicciones son las correctas y que está autorizado a hacer lo que hace. Mientras que la primera puede constituir un juego más o menos divertido entre autor y lector la segunda tiene cierto punto de establecer ciertas creencias propias en populares.

Y aquí entra en valor de marcar una distancia entre la forma del relato y el contenido del mismo sobre una obra de una autor que me gusta mucho, muchísimo, pero que lanza un discurso que se inserta dentro del neoliberalismo en el que se mueven tan bien las culturas anglosajonas. El autor es Chester Brown que sabe  cómo pocos hablar de su vida, mostrar sus miserias y darnos a conocer todos los matices de su devenir sexual. Pagando por ello parte de una ruptura sentimental en la que la última pareja del autor le comunica a este que le gusta otro hombre hasta el punto en que los tres viven en la misma casa. Brown, autor y personaje, actúa de una forma un tanto peculiar, no siente celos, no tiene cree poseer a su compañera y respeta la libertad de esta. Todo muy loable, durante un tiempo podría parecer que él se convertiría en un ser asexual carente de emoción, a veces impacta ver hasta qué punto lleva el tema de la racionalización de su posición. En cierta manera se podría decir que está narrando un Mary Sue de sí mismo. Sin embargo no es así ya que gran parte del relato nos lleva por otro camino.

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En cierto momento y ante la poca necesidad personal de mantener relaciones sentimentales, pero ante la irrefrenable necesidad de mantener relaciones sexuales, decide contratar los servicios de diferentes prostitutas. Hasta aquí todo más o menos coherente, el instinto puede todos los miedos y prejuicios que este pudiera tener previamente. Sin embargo, a medida que avanza el relato se construye cierto discurso que bordea la autohagiografía en la que Brown se esboza como un putero (así es como se denomina así mismo) ejemplar en el que la costumbre en la contratación de esos servicios no solo reconfigura su vida y economía sino la visión que tiene este negocio.

En el cómic, y en los apéndices, articula un discurso realmente coherente en el que define la emoción y el sentimiento amoroso hacia otras personas como algo que no es más que un condicionamiento cultural de occidente que se ha extendido por todo el globo. El entender que el no necesite cierta vinculación emocional o atractivo personal para mantener relaciones sexuales hace que este  se convierta en una persona muy práctica. Tiene sexo solo a través de la adquisición del mismo y posiblemente en esa justificación articula la necesidad de las páginas de reseñas sobre prostitutas, escribiendo también en ellas, categorizando a las personas por su físico y sus habilidades sexuales. En cierta manera entiendo eso como mirar los dientes de un esclavo para ver en qué estado de salud se encuentra.

A pesar de cierta disconformidad sobre cómo trata y percibe este negocio el aspecto formal del relato es sobresaliente. Brown sabe perfectamente como plantear un cómic-tesis con un sujeto polémico. No solo profundiza a través de su experiencia personal en lo que es el cómic en si sino que a través de apéndices apoya sus opiniones personales en torno a la prostitución. Pagando por ello es un texto necesario para sembrar el debate y poner sobre la mesa ciertos constructos sociales/morales impuestos decantándose por cierta idea de que el dinero lo justifica absolutamente todo. En un polo opuesto podríamos abrir este debate con el documental Whore’s Glory  (2011) de Michael Glawogger (Trailer , Fragmento) en el que se muestra la otra cara de la prostitución que él no quiere mostrar, y trata de manera breve en los apéndices: la esclavitud sexual y el desprecio social. Quizás el tratamiento que hace Brown aparte de ser atractivo tenga un inconveniente, que no pueda ser aplicado a todo el mundo, ni tan siquiera a todo occidente. Aun así este alegato personal, que en ocasiones se puede leer como una justificación de sus actos, es uno de los textos más interesantes que se ha escrito en los últimos años sobre el negocio del sexo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo