Spain is Pain #364: los ochenta de otra manera

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Rompepistas (Rosa Codina, basado en la novela de Kiko Amat). La Cúpula, 2019. Rústica, 232 págs. Blanco y negro y color, 21,50€

Para los que nacimos a lo largo de la década de los setenta, recordar y reimaginar la década de los ochenta es casi una obligación, o más bien un derecho. Fueron años de crecimiento social en los que la diversidad social empezó a emerger y a consolidarse permitiendo que en los noventa hubiese una explosión cultural y social. Esta apología de los ochenta está abarcando todo tipo de ámbitos desde aquellos más comerciales y machacones que recuerdan el sistema educativo que cursamos, aquellos vídeos o memes que hacen una exaltación de ese periodo como mejor que el actual. Aunque también están aquellos textos que reflexionan sobre aquellos años que buscan explicarlos desde dentro, de cómo se generó la cultura adolescente desde dentro, sin ampararse en la cultura mainstream comercial. Como es el caso de Rompepistas, la novela de Kiko Amat.

Ese es el punto de partida de la adaptación que realiza Rosa Codina, un cómic en el que se respira esa cultura adolescente apartada de los focos de la televisión y que busca formas de expresión propias en un país que todavía respira cierta ranciedad. En el que los barrios de clase obrera todavía son una trampa que no dejan escapar a aquellos que nacen allí. Rompepistas es un chico de 17 años que vive en un pueblo que al igual que esos barrios deja de lado a aquellos que no cumplen la norma, es punk y su pandilla suelen ser los redskins del pueblo. Sus días pasan por ir a ensayar con su grupo punk compuesto por su colega Carnaval, su exnovia Clareana y el mismo, estar en los garitos con los amigos y hacer el destroy con alguna papelera y estatua. Es decir, una vida sin obligaciones, que no sin preocupaciones, pero sí de crecimiento personal en el que el protagonista debe de empezar a lidiar con las decisiones que toma dentro de la familia, las tropelías que hace con sus amigos o el hecho de haber dejado a Clareana de mala manera.

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Las tramas sobre las que se sustenta el argumento son tres, una menor, pero que sostiene la idea del futuro del personaje, que es la relación tormentosa de sus padres; el intentar recuperar a Clareana asumiendo su culpa y pidiendo perdón, y la que quizás de más fuerza al relato y lo estructura de forma más compacta, las rencillas entre las diferentes pandillas del pueblo. Eso nos lleva a otro punto dentro de este, la consolidación de las tribus urbanas basadas en el sustento y las diferencias culturales entre ellas.

Rosa Codina elabora un fresco muy interesante y con personalidad propia, eso sí, sin perder de vista el trabajo de Amat. Se trata de un equilibrio difícil cuando se trabaja con material ajeno con tanta personalidad como el de la novela. Como el libro va de recordar y añorar, ya sea de una manera u otra, a mí me ha parecido estar leyendo una de las muchas historietas publicadas en El Víbora. Este Rompepistas tiene ese sabor, a explicar las cosas de la calle, con un punto de narración en directo pero sin perder de vista que estar hablando del pasado. Muy recomendable para todos aquellos que recuerdan los ochenta de otra manera, o mejor dicho, a su manera.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #363: nosotros somos el rumor

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No mires atrás (Anabel Colazo). La Cúpula, 2019. Rústica, 132 págs. Color, 16,50€

Miguel, el mago, El cristal imposible, Encuentros cercanos o No mires atrás tienen en común, no solo a la autora, sino la forma de abordar la narración. Cada obra de Anabel Colazo es una pequeña gran investigación sobre un tema concreto, en El cristal imposible se producía un debate entre la pragmática y la teoría a la hora de abordar un problema concreto, en Encuentro cercanos era el fenómeno ovni y las abducciones abordado con cierta distancia para poder narrar el tema con concreción y de manera plena. En No mires atrás, su último trabajo, despliega las mismas herramientas, pero de una forma más extensa, sobre el fenómeno de los creepypasta.

En esta ocasión Colazo despliega más elementos para abordar el fenómeno. Si al final del relato nos encontramos con un breve texto, bien documentado, sobre el fenómenos de los creepypasta, en el que se aborda no solo de manera explícita sino también analizando dicha práctica textual desde un punto reflexivo y cerrando el relato con una idea muy sencilla: el rumor somos nosotros. Somos los propios individuos los que autogeneramos las formas del miedo sobre nosotros mismos con cosas que no existen; de la misma manera que con estas intentamos imponer el miedo a otros. El creepypasta como fenómeno viral y de construcción coral no deja de ser como las antiguas leyendas urbanas que se contaban de boca en boca y a cada versión cada uno le añadía algo de cosecha propia, por lo que el fenómeno es mutable desde sus inicios. Pero la viralidad en la actualidad es textual, queda grabada, ya sea un comentario, una imagen, un vídeo, una imagen o un testimonio oral todo, y a partir de ahí empieza a construirse un relato que busca anidarse a la realidad como una variable más.

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No mires atrás utiliza creepypastas muy conocidos para hablarnos como la sociedad, fuera de las redes vive con estas narrativas. Para ello Anabel Colazo crea una serie de personajes muy reconocibles en el contexto social contemporáneo; empezando por Blanca, una mujer que busca tener la cabeza ocupada para no pensar en el pasado; su amiga Sam, que vuelve al pueblo para darse cuenta que ya no tiene interés en la pasión de su vida, la música; Eric, que quiere entrar en el conservatorio a pesar de su carencia de talento, y Cookiefire, una youtuber de videojuegos con un gran número de seguidores. En cierta manera son un grupo de personas que viven al margen de todo en un pequeño pueblo en el que aparece una chica muerta. Antes de encontrar el cadáver con su amiga Sam ha tenido una serie de visiones sobre un ser fantasmal que la vigila y la atormenta.

Aunque pueda parecer un aspecto vital de la narración, lo es pero quizás a un nivel interno, se puede decir que la chica ha sido asesinada por otras dos chicas de su edad que creían en el creepypasta Don´t Look Back y buscaban cierto favor del ser espectral. La reflexión es aún mayor cuando nos enfrentamos al nivel absorción de estas ficciones por parte de los usuarios de estas páginas como epítome de una sociedad que se mueve cada vez más en lo literal y que abandona cada vez de manera más radical la metáfora y la ironia. Anabel Colazo firma, otra vez, un gran trabajo en el que como siempre el subtexto adquiere una gran importancia, casi más que la narración pura y dura; y como no, yo nunca me canso de recomendar su trabajo, y este menos.

@Mr_Miquelpg

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Lo-Fi SF

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30 Millones (Ángel Mosquito y Federico Reggiani). La Cúpula, 2019. Rústica, 144 págs. Bicolor, 17,90 €

El terreno de la ciencia ficción lo-fi suele ser muy agradecido. Trabajar con elementos del día a día para convertirlos en ajenos a lo cotidiano; los objetos adquieren una serie de valores y significados completamente ajenos a aquellos para los que fueron creados. Los vehículos, teléfonos, ordenadores o puertas pueden convertirse en un pasadizo que permite cambiar la condición y el espacio de los personajes que protagonizan el relato. En principio, a nivel de creación supone un alivio, no inventarse ni objetos, ni palabros, ni teorías pelegrinas para explicar funcionamientos extraños; por otro a nivel de lectura es un tipo de ciencia ficción que suele enganchar a un tipo de lector mucho más amplio por lo reconocible de los referentes.

30 Millones de Ángel Mosquito y Federico Reggiani opera en ese sentido, el lugar en el que se desarrolla parte del relato es la Argentina contemporánea en la que Daniel, un tipo del montón, que trabaja arreglando la instalación eléctrica de un viejo instituto descubre gracias a su camello de confianza que consumiendo cierta droga aparecen puertas que le conducen a diferentes espacios, y algunas de estas le llevan al pasado. Si, Daniel es un tipo normal, tan normal que da asco, cuando consigue llegar a los setenta a través de una puerta que se le aparece en los lavabos del instituto se encuentra con una parte de Argentina que lucha contra la opresión del estado. El interés de este no pasa en ningún momento por apoyar a aquellos que buscan una sociedad libre, a pesar de sus métodos, y decide utilizarlos con la información que tiene del presente para quedarse con el rescate de un secuestro. Para ello no dudará en utilizar a todo el mundo que se le cruce en su camino, incluida su familia.

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La idea de mostrar el pasado a través del presente siempre es muy utilitaria, pero en este caso la reflexión es doble, en más de una ocasión los personajes comentan que dicha década es como otro universo, en el que las personas trataban sin tanta mediación tecnológica; eso nos lleva a la segunda reflexión, el trato entre personas configura una relación diferente con el contexto político. En 30 Millones se nos muestra un pasado concienciado mientras que el presente está capitalizado por Daniel, un tipo que no es capaz de sentir mayor empatía que por sí mismo y al que el progreso social parece no importarle demasiado. Ángel Mosquito y Federico Reggiani nos ofrecen una obra que capitaliza lo mejor de la SF lo-fi, utilizando los mínimos recursos posibles para obtener el mejor de los resultados.

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Terror transnacional

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El hijo del diablo (Hideshi Hino). La Cúpula, 2019. Rústica, 264 págs. B/N, 13,90 €

La capacidad de Hideshi Hino de incorporar cualquier aspecto del terror a su obra es incontestable. Desde aquellos elementos considerados intrínsecamente nipones, como su visión enfermiza de la soledad y la exclusión social en una sociedad que se vanagloria de vivir como una comunidad; a aquellos relacionados con la ficción occidental ya sean vampiros, hombres lobos y zombis. Recubriéndolo todo de ese tour de forcé que al autor japonés sabe darle a sus trabajos. Ese parece ser uno de los motivos del éxito de Hino, somete a los personajes a una tortura continua que nunca acaba para ellos y que satisface el morbo del lector.

El hijo del diablo es una amalgama de todas esas ideas sobre este autor. Por un lado la idea de la maldición inherente a casi todas las culturas, pero esta vez bebiendo de los licántropos europeos, mezclada con la idea del paria social, independientemente de la clase a la que pertenezca, que debe de ser apartado por parte de todos. Ese ostracismo viene en ocasiones impuesto y en otras es una elección de la propia familia. El hijo del diablo narra la historia del hijo del doctor Emma, uno de los más reputados científicos del planeta que vive en el castillo familiar, llamado Inferno. Tras un accidente de coche el hijo fallece pero tras la recomendación de una bruja finalmente consigue resucitarlo matando a otro niño de la misma edad. Es en ese punto en el que se rebela la verdadera naturaleza de la maldición familiar. Daio, el hijo del doctor, tras resucitar se convierte en una bestia sedienta de sangre y a pesar de que el doctor intenta revertir dicha feria de sangre descubre que el hijo es el portador de una maldición por la que se convertirá en hombre lobo.

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En el momento en el que el número de cadáveres empieza a ser un acuciante la policía y la gente del pueblo se solivianta y hacen arder el castillo. Daio, en su forma de hombre lobo muere, pero de su glóbulo ocular desprendido nace un homúnculo que seguirá sembrando el terror. Hideshi Hino se sirve de este ser para abandonar esa vertiente  más fabuladora en favor de ubicarlo en la contemporaneidad japonesa. El nuevo ser sufre las consecuencias de la deshumanización de la sociedad moderna. Su sed de sangre es utilizada por monjes exorcistas, niños crueles y una fantasma. Para al final acabar en el purgatorio de Dante.

En Hino nada es ajeno, ni lo propio de su cultura y tradición ni las ajenas le resultan extrañas a la hora de incluirlas dentro de su imaginario. El hijo del diablo es uno de los mejores ejemplos dentro de su obra, muy nipona en la construcción del relato, con cierta enseñanza moral, pero no dejando de lado una mostración explicita de la crueldad, no solo la gráfica sino también la intelectual; en la que podemos encontrar todo tipo de referencias culturales occidentales, tanto populares como el literarias. Estos aspectos forman parte de un todo que no es ni más ni menos que el universo ficcional de Hideshi Hino. Inevitable, al igual que cualquiera de sus obras, e imprescindible para cualquier lector de cómic de terror que se precie.

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Short Cuts

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Balas perdidas Vol. 3: Otra gente (David Lapham). La Cúpula, 2019. Rústica, 260 págs. B/N,  19,90 €

Lapham define como característica principal de Balas Perdidas las vidas cruzadas de los diferentes personajes. Tanto los recurrentes como de aquellos que tienen mayor protagonismo en los diferentes relatos que componen este fresco de los Estados Unidos de la década de los noventa. Aunque esa acotación temporal es una referencia en la que podemos ubicar principalmente dichos años, pero se define como un cronotopo en el que caben todos los estereotipos y momentos del relato negro, desde el oscuro jolgorio del Hollywood clásico a los espacios áridos que empiezan a poblar este tipo historia a finales de siglo. En Balas perdidas cabe todo eso.

Pero retomando la idea principal, este tercer volumen recopilatorio recoge ambos principios a la perfección, pero sirve, principalmente, para ilustrar la primera. El planteamiento narrativo difiere del de otros volúmenes en el reparto variable de la jerarquía de los personajes. Algunos de estos aparecen como secundarios en los primeros relatos y se convierten en protagonistas en otros, o se inicia su historia y finaliza en otros. Un sistema de relatos entrelazados por unos seres que parecen tener vida propia y que van cambiando en función de donde los sitúe el autor. Pero la idea no es tanto mezclar a unos personajes con otros sino dotarles de vida. Como todos los lectores de Balas perdidas sabemos muchos de estos son individuos que viven una doble vida, por un lado llevan una vida de tipos grises pero en el fondo ansían una vida llena de emociones, mujeres, sexo, drogas, etc. Sin embargo, cuando consiguen lo que quieren se arrepienten ya que no son capaces de revelar su verdadero yo;  enfrentarse, principalmente, a su mujer en dicho desenmascaramiento.

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A diferencia de otros volúmenes de este título en los que Amy Racecar tiene un gran protagonismo, en este su aparición es tan solo anecdótica en un relato sobre intrigas sexuales y asesinatos en el Hollywood de los cuarenta-cincuenta. Posiblemente sea uno de los volúmenes más interesantes de Balas perdidas, el juego que establece no solo con el espacio, el mismo en cada una de las entregas, el cronotopo de la América eterna de la segunda mitad del Siglo XX, y el juego entre personajes que van cambiando su rol en cada una de las historias hace que el lector tenga que hacer una lectura más atenta, volver a capítulos anteriores para hacer encajar todo. Como un crimen sin resolver.

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Esa otra resplandeciente Ciencia Ficción (y 2)

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En un rayo de sol – Segunda Parte (Tillie Walden)- Ediciones La Cúpula, 2019. Rústica, 276 págs. Color, 27,9 €.

En la entrada dedicada al primer volumen de esta obra de Tillie  Walden ponía de relieve la importancia de jugar con los géneros canónicos y reconvertirlos en nuevos modelos para nuevos públicos. Las sagas espaciales suelen presentarse como una especie de Génesis en el podemos consultar cualquier evento de la historia ficcional de ese relato. Walden lo plantea de manera diferente, no existe una necesidad imperiosa por tener que contarlo absolutamente todo; la autora tejana narra brillantemente el pasado a través del presente, como una forma de eco que va tomando fuerza hasta que repercute en la vida de las protagonistas.

En este volumen se incrementa esa sensación de que la autora usa un gatillo emocional para empujar la acción hacia adelante. No existen motivos lógicos por los que Mia decida trasladarse a uno de los lugares más aislados de la galaxia en busca de Grace. Es lo que podríamos denominar como un amor épico más cercano a la fe en una relación que en la creencia en la misma. La escalinata, lugar al que se dirige toda la tripulación, es un lugar fundado por las hermanas Hill que posee notables riquezas naturales y que el resto de imperios galácticos han intentado conquistar, por las buenas y por las malas dicho territorio para al final abandonarlo aislándolo.

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El encuentro entre Mia y Grace es uno de los mejores momentos de la historia y que mejor define la idea de gatillo emocional. Aquí como una esperanza máxima que casi muere pero que al final surge con fuerza. Pero antes de eso se define la idea de lo foráneo, lo extraño. Las Hill definen a todo ser extranjero como enemigo, hasta el punto de convertirse en un precepto para dicha civilización. La irrupción masiva de alienígenas, en este caso la protagonista y sus compañeras de trabajo, obliga a producir un tipo de relación entre los personajes del planeta, nace el cuestionamiento del pensamiento único. También podemos considerar que las Hill adquieren otros valores entorno al amor más allá de los vínculos de sangre. Una riqueza infinita que se expandirá por todo el universo.

La propuesta de enfrentamiento entre culturas sin llegar al conflicto podría resumir el tema de En un rayo de sol; las protagonistas se enfrentan entre ellas dialécticamente, respetando los espacios personales del resto de personajes. Quizás desde esa visión podamos entender ese final feliz en el que todas encuentra su lugar en el mundo, no perfecto, pero en el que ellas se integran a la perfección. Una ciencia ficción optimista para todos los públicos pero que trata temas complejos sobre las relaciones humanas y que busca redirigir el género a otros lugares todavía desconocidos.

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El lugar es el relato

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Balas perdidas 2: en algún lugar del Oeste (David Lapham). La Cúpula, 2019. Rústica, 268 págs. B/N, 19,90 €

La definición de espacios en el relato negro es tan fundamental como trabajar con los personajes prototípicos del género. Desde los rincones más oscuros  o los antros de la ciudad a aquellos pueblos de la América profunda, muchas veces alejados de la oscuridad, que se rigen a partir de sus propias reglas y normas. Este último rasgo puede ser adaptado en función de los parámetros culturales de la localización. De ahí la importancia de crear un espacio que funcione a modo de universo con sus propias normas, que tenga una mitología propia y personal y que los personajes que pueblan esos espacios giren en torno a todos estos elementos.

Para el segundo gran arco argumental de Balas perdidas Lapham nos pone frente a uno de esos espacios inevitables del género negro, el pueblo aislado en mitad de la nada con una población un tanto particular. Es un pueblo que vive alrededor de dos elementos, por un lado una vaca de 5 patas que es la mayor atracción del pueblo y por la que de vez en cuando algún turista se deja caer por ahí; el segundo, es que a pesar de vivir en el interior del oeste estadounidense tienen un paseo marítimo para el día en que la falla de San Andes colapse toda la costa y ellos se queden en primera línea de mar. Elementos que ninguno de los habitantes de Seaside cuestiona.

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El punto es cuando un grupo de personajes, en este caso los protagonistas, llega a ese pueblo huyendo de unos traficantes a los que les han robado un alijo de cocaína. Estos nos servirán al lector de enlace para ver de manera crítica a los habitantes de ese pueblo, pero al ser ellos los foráneos destacarán  en un contexto en el que la perversión local, al ser asumida, resalta de la de este trío de fugitivos. Lapham se apoya en una narrativa cronológicamente fragmentada para relatar diferentes momentos de esa relación entre un pueblo abducido por su propia mentira y un grupo de personajes urbanos que desconfían de sí mismos y que intentan moldear a su nuevo entorno como una forma de protegerse de cualquier amenaza exterior.

Balas perdidas de David Lapham fue en su momento un giro definitivo a ese cómic independiente que bebía de los géneros canónicos pero actualizando algunos de los temas y los estereotipos del mismo. En el caso de este volumen se trata de darle esa importancia a los espacios, renovados, sí, pero respirando del aire decadente de estos lugares, algo que el autor estadounidense retrata a la perfección. Una colección imprescindible en cualquier comicteca.

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