Ciudades caníbales

Ciudad-revientacráneos

Ciudad revientacráneos (Jeremy Robert Johnson). Orciny Press, 2016. Rústica, 340 págs. 16,95€

La literatura bizarra, extrema o psicotrónica, aunque sean cosas muy diferentes entre sí, no ha tenido mucho predicamento dentro de nuestras fronteras. Quizás uno de los mayores hitos de estos géneros en España es la publicación de una serie de títulos por parte de Reservoir Books a finales de los noventa. De estos guardo en mi memoria, y en las estanterías de mi biblioteca, un grato recuerdo de obras como El arte más íntimo de Poppy Z. Brite, la maravillosa e inconmesurable La fábrica de avispas de Iain Banks incluso Follame de Virginie Despentes. Son libros que hablaban en presente al lector contemporáneo, sin límites y de forma cruda, en definitiva, hablando claro y proporcionando tramas inéditas hasta el momento. Ya en el año 2000 aparecerían algunos títulos que podemos adjetivar como psicotrónicos de la mano de la editorial La Máscara dentro Attack Gore!, un sello destinado a este tipo de títulos. En realidad solo aparecieron tres títulos: Invasores psicóticos de Stanley Manley y Satán, Satán, Satán de Tony White, dos obras normalitas pero muy entretenidas, y la imprescindible Vacas de Matthew Stokoe, pendiente de una reedición en nuestro país.

Realmente hacía tiempo que ninguna editorial se dedica a un tipo de literatura que no entiende de límites, que juega a lo inesperado y a pillar al lector desprevenido. Orciny Press dentro de su colección Midian ha dedicado un hueco dentro de su catálogo editorial para sorprendernos con obras de culto en el ámbito anglosajón. Entre estas está de la que me ocupo en la entrada de hoy: Ciudad revientacráneos de Jeremy Robert Johnson. Un título que nos desborda en su lectura ya que lo que el autor nos plantea en primera instancia es tan ‘solo’ una invitación a la locura.

Lo que empieza como una aventura postcapitalista acaba como un manifiesto sobre la mutación y la fusión mental de diferentes personajes. S.P. Doyle, el protagonista, lleva trabajando toda la vida en un banco en un cubículo, como símbolo del trabajo especializado y alienado, gestionando documentación anónima hasta que decide reventar el sistema a través de la recopilación de recibos que registran el trasvase de dinero del banco hacia personajes oscuros y ocultos. Doyle crea una serie de personalidades para empezar a sacar dinero de la entidad bancaria para empezar a lucrarse de los desmanes financieros de la empresa en cuestión. Sin embargo, toda buena historia debe de tener un pero, Doyle está consumiendo grandes cantidades de hexa, vamos que se está drogando como un quinceañero en la ruta del bacalao en la década de los noventa, por lo que los límites entre realidad y alucinación empiezan a desdibujarse tanto para el lector como para el protagonista.

La primera parte del relato, está dividido en tres, empieza como una maravillosa fabula anticapitalista a ritmo de hexa que no cae en el buenismo progre de izquierdas dando a entender que el sistema solo se puede dinamitar desde dentro, con las mismas herramientas que posee la hegemonía dominante. Sin querer destripar el resto del relato la segunda parte nos lleva un mundo paralelo en el que el lado oscuro del capitalismo transforma la ciudad en un mundo en el que los valores clásicos han perdido todo el sentido. Doyle se encuentra en mitad de una guerra entre humanos conocedores de la verdad que se oculta detrás de todo y unos seres creados genéticamente por doctores que son criminales de guerra que ahora se dedican a modificar corporalmente a participantes en reality show. Sin embargo, es la conclusión la tercera parte la que nos da las claves totales del título: el sistema somos nosotros, nosotros integramos todas las partes del mundo que conocemos; por lo que la visión y la plasmación de lo que en realidad es el mundo es un reflejo de nuestro conocimiento inmediato. Así pues, Doyle, pasa de una visión del mundo solipsista a una holística.

Ciudad revientacraneos es una de las visiones distópicas más osadas de los últimos años. Es valiente, fresca y cruda. Jeremy Robert Johnson mezcla la ciencia ficción de videoclub de los años ochenta con una idea de distopía reptiliana que circula, al menos en los primeros tramos, por los mismos caminos que El club de la lucha. Si el narrador de la obra de Palahniuk concentra una comunidad de individuos a su alrededor para reconvertir el sistema, aquí la lucha de Doyle es en principio individual y egoísta para luego convertirse en una reivindicación comunitaria amalgamada en el protagonista. Lo dicho un libro recomendable al 100% y que dará que hablar durante mucho tiempo.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

Anuncios