Blanco Humano – El usurpador (Peter Milligan, Cliff Chiang, Cameron Stewart y Javier Pulido)

blanco_humano_num4Blanco Humano: El usurpador (Peter Milligan, Cliff Chiang, Cameron Stewart y Javier Pulido). ECC, 2016. Rústica. 192 págs. Color. 17,95 €

Llegamos al final de la saga de Christopher Chance ideada por Peter Milligan, una historia se cierra en Blanco Humano: El usurpador como sólo podía hacerlo el guionista londinense, jugando con el lector y su protagonista, hasta el punto de dejarnos en un estado de duda donde no sabemos muy bien lo que ha pasado pero estando seguros de que todo el camino que hemos recorrido nos ha servido para aumentar las dudas que teníamos al principio. Peter Milligan siempre ha estado obsesionado con la identidad, especialmente con la construcción de la misma, obsesionándose con las máscaras reales e imaginarias, con lo que el final de Blanco Humano no podía ser otro que el abandono total de la mascarada por parte de Christopher Chance, aunque no sepamos muy bien que demonios quiere decir eso.

El usurpador comienza con una historia en tres números sobre la religión, otro de los grandes temas a los que Peter Milligan vuelve una y otra vez, en este caso contando con el dibujo de Cliff Chiang, quien junto a Javier Pulido ha construido el imaginario visual de Blanco Humano. Esta historia de religión, con milagros y mesías, se aleja de la tónica general, pues Peter Milligan no se limita a describir una secta sedienta de dinero, sino que mezcla el negocio capitalista del alma con la duda y las obsesiones más mezquinas, cualquier otro guionista se habría limitado a mostrarnos lo absurdo y vacío de la religión, pero el londinense deja tanto hueco para la duda y la posibilidad de redención que parece una historia escrita por un ateo católico, un canto hacia la duda suprema y la imposibilidad de una respuesta absoluta.

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Blanco Humano: El usurpador continúa con dos números únicos, el primero dibujado por Cameron Stewart y centrado en la relación de Christopher Chance y Mary, aunque esta última no aparezca; y el segundo dibujado por Javier Pulido, donde la guerra contra el terror y el multiculturalismo de Los Angeles hablan a su manera de la alianza de civilizaciones. Pero todo se cierra con otros tres números dibujados por Cliff Chiang donde Christopher Chance se enfrenta una vez más a un viejo conocido, otro experto en el arte de suplantar y perderse por el camino. Estos tres números son la apoteosis perfecta para lo que Peter Milligan ha estado desarrollando durante tantas páginas, el cierre perfecto que en ningún momento puede considerarse un final cerrado y libre de cabos sueltos, pues los cabos sueltos han sido siempre el andamiaje sobre el que se ha construido Blanco Humano, y la serie no podía terminar de otra forma que lanzando una pregunta al lector si esperar ninguna respuesta por su parte. Peter Milligan concluye su obra, la conclusión que saque cada uno es cosa suya, lo cual seguramente diga más sobre uno mismo que sobre el guionista o Christopher Chance.

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Blanco Humano – Vivir en Amérika (Peter Milligan, Cliff Chiang y Javier Pulido)

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Blanco Humano: Vivir en Amérika (Peter Milligan, Cliff Chiang y Javier Pulido). ECC, 2016. Rústica. 176 págs. Color. 15,95 €

Peter Milligan, acompañado por los dibujantes Cliff Chiang y Javier Pulido, continúo su serie Blanco Humano empeñado en ir un paso más, como podemos ver el el tomo Vivir en Amérika, que recoge los números del 7 al 13 de la colección americana. Si anteriormente el guionista se había atrevido construir al hombre de las mil personalidades a través de la América más excesiva, narrando relatos relacionados con la gran América, como es Hollywood, el 11S o el béisbol, en estos números no tiene miedo en recorrer la Norteamérica más escondida, indagando en historias secundarias tanto en el presente como en el pasado del único país que podía gestar a un personaje como Christopher Chance, el Blanco Humano.

Vivir en Amérika comienza con la miniserie de tres números Hacia donde sopla el viento, donde Peter Milligan, junto al dibujante Cliff Chiang, se centra en una historia sobre los restos del movimiento terrorista de izquierdas de los años setenta del pasado siglo. Es una práctica recurrente en la carrera del británico recurrir a historias que corren el riesgo de desaparecer entre la gran Historia, con el acierto de no convertirlas en anécdotas, sino desarrollarlas en el sentido más amplio. Hacia donde sopla el viento es un juego continuo de ser y no ser, de máscaras más allá de las propias de Christopher Chance, y de las heridas mal curadas por el tiempo. Más allá de lo curioso del tema a tratar, Peter Milligan realiza una radiografía del terrorismo y de sus derivas hacia lo criminal o la asimilación por el sistema, con la gran ventaja de que su reflexión se asienta en un terreno pocas veces explorado. Peter Milligan podría haber recurrido sin problemas a las milicias de ultraderecha, al narcoterrorismo o a los radicales religiosos, pero apuesta y gana con una historia de extremistas comunistas olvidados por la historia americana.

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Tras un número único lleno de acción y giro final, Christopher Chance sufre una especie de reseteo en Juegos de azar, momento en el que vuelve el portentoso lápiz de Javier Pulido, para volver a su status quo en Los Ángeles, tras recorrer la arcadia americana con el fin de recuperar su relación con Mary White. Es entonces cuando Peter Milligan sólo necesita dos números para conseguir esa unión perfecta entre entretenimiento de acción, denuncia social y angustia existencial. Los dos números que componen Cruzar la frontera es quizás de lo mejor que Blanco Humano había dado hasta el momento, dos simples números para contar el tráfico de personas desde México hasta Estados Unidos, especialmente el de niños. Peter Milligan tiene un talento único para tocar los temas más duros de la forma menos explícita pero más efectiva, es un genio, y como muestra estas páginas llenas de héroes caídos en busca de redención y la imposibilidad de la victoria absoluta. La última página de Cruzar la frontera es una muestra violenta y descarnada de como el menos es más.

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Blanco Humano – Zonas de choque (Peter Milligan, Javier Pulido y Cliff Chiang)

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Blanco Humano: Zonas de choque (Peter Milligan, Javier Pulido y Cliff Chiang). ECC, 2015. Rústica. 160 págs. Color. 14,95 €

Peter Milligan es inglés, muy inglés. Hace muchos años ya, en compañía de varios amigos, entre los que se encontraban el dibujante Antonio Hitos y el artista Garrido Barroso, tuvimos la suerte de conocer a Duncan Fegredo, bueno, dos le conocimos y Antonio le acosó sentimentalmente. En un momento le preguntamos por Peter Milligan y el dibujante lo definió como so british. Así que es curioso como el autor británico se empeña en resolver el misterio norteamericano, como un padre que intenta por todos los medios entender a su hijo. El segundo tomo que recopila su trabajo con el personaje de Christopher Chance, Blanco Humano: Zonas de choque, es un intento claro por desentrañar que es Estados Unidos, tanto por sus peculiaridades como por sus mentiras.

Zonas de choque recopila los primeros seis números de la colección Blanco Humano, tras las dos miniseries recogidas en el tomo anterior. Si Peter Milligan llegó al personaje indagando primero la propia naturaleza del mismo para después meterlo de lleno en las mentiras de Hollywood, en el show business más exceso, con niños muertos incluidos, ahora toca el turno de las huidas y de los falsos refugios. Tras un primer número que nos enseña que el perdón, y sobre todo la redención, de Christopher Chance como una posibilidad lejana, llegan dos historias de dos números que tratan temas tan americanos como el 11S y el baseball. En ambos casos, el personaje escrito por Peter Milligan, y perfectamente recreado por Javier Pulido, se vacía para buscar calidez en la vida de los otros, aunque sólo para describir que él no es el único que esconde secretos y vergüenzas.

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Estas dos historias, llenas de una crudeza y tristeza pocas veces vistas en el cómic, hacen la lectura de Zonas de choque una experiencia obligatoria para casi cualquier lector, por una recreación onírica en el trazo de Javier Pulido y una despiadada belleza, entendiendo la verdad como belleza, en los guiones de Milligan. Por fortuna, el recopilatorio se cierra con un número único donde Peter Milligan no baja las apuestas, y tras conseguir convertir en villanos a héroes nacionales, ataca a la yugular de un tema como la religión y sus esquinas más negras, esta vez con la ayuda de Cliff Chiang, a la altura de Javier Pulido y dominando también la línea clara. Las cuatro historias recopiladas en Blanco Humano: Zonas de choque tienen en común la mentira y la máscara, pero sobre todo los finales amargos y crueles, pues Peter Milligan huye de cualquier edulcuración, mostrándonos que la justicia, casi divina, es totalmente compatible con el dolor.

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El juego de las identidades

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Blanco Humano: Encuentros casuales (Peter Milligan, Edvin Biukovic, Javier Pulido). ECC, 2015. Rústica. 200 págs. Color. 18,50 €

La conciencia es un concepto peliagudo, pues vendría a referirse tanto a la capacidad de sentir el mundo sensible a nuestro alrededor, como a encuadrarnos a nosotros dentro del mismo y ser capaces de situar en un marco de referencia moral todos los actos que tienen lugar en dicho mundo físico. De modo que aunque la capacidad de situarnos en el espacio físico sea accesible a casi cualquier criatura, la posibilidad de autoconciencia está más limitada a sólo una serie de criaturas, quedando por último la capacidad de clasificar moralmente los actos limitada a los seres humanos, al menos por lo que sabemos hasta ahora. La duda última es saber si poseer estos tres niveles de conciencia es un don o una maldición.

La perfección de lo sensible es una mera herramienta de supervivencia, pero ser conscientes de nuestra propia existencia y de las nociones de bien y mal tiene una finalidad más difusa. Todo esto nos permite tener felicidad más allá del mero placer, pero también extiende el dolor más allá hasta convertirlo en tristeza. Es un alargamiento por los extremos, con lo que se nos otorga la posibilidad del paraíso sabiendo que el infierno está presente en igual medida. Debido a esto a veces se presenta como una salida más que deseable colocarnos en el lugar del otro, intercambiarnos con otra persona, con el deseo último no de tener otras cosas, si no de transformarnos nosotros mismos, cambiar la autoconciencia al trasladar los parámetros de nuestra existencia. Esto es lo que hace Christopher Chance, el blanco humano, un maestro del disfraz y la imitación que se oferta para suplantar, en el sentido más amplio de la palabra, a sus clientes. Aunque la historia de Blanco Humano se extiende dentro del universo de DC varias décadas en el tiempo, no es hasta la traslación del personaje a Vertigo por parte de Peter Milligan en 1999 que pasa a ser algo más que un mero guardaespaldas-asesino de élite.

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En Blanco Humano: Encuentros casuales, tenemos la primera miniserie de cuatro números de Peter Milligan, dibujada por Edvin Biukovic; y la novela gráfica Montaje Final, Final Cut, dibujada por Javier Pulido. Aunque Peter Milligan no descarta en ningún momento la carga de acción y las tramas detectivescas, centra toda su atención, poniendo su talento al servicio de la misma, en la conciencia de Christopher Chance, haciendo que su don para la suplantación se base en la fragilidad de su propia conciencia, convirtiendo al personaje en un cangrejo ermitaño necesitado de refugiarse en las personalidades y vidas de los otros. De este modo, los guiones de Peter Milligan se vuelven obligatoriamente farragosos, sembrando en todo momento la duda de la identidad, sin que sepamos muy bien si estamos ante el original o la copia, llegando el momento en que la duda se convierte en un detalle secundario.

Las tramas detectivescas están muy presentes en las dos historias, y cualquier fan de la serie negra encontrará en las mismas suficientes elementos como para disfrutarlas sin querer ir más lejos: desde femmes fatales hasta policías de moral ambigua, sin olvidar entregas de dinero en rincones apartados. Pero el verdadero éxito de Peter Milligan radica en su estudio sobre la personalidad, en ese intento por construir a su protagonista destruyéndole, haciendo de él el hombre mínimo, casi como si buscara la esencia del ser humano sin saber si al final del camino se va a encontrar con algo. Para esto, el guionista no tiene problemas con confundir al lector y con reducir a su personaje, incluso en el apartado físico, a la nada, aumentando su capacidad de mimesis incluso destrozando su identidad primaria. En Blanco Humano: Encuentros casuales encontramos dos partidas del mismo juego, donde las manos son muy diferentes hasta el punto de hacernos olvidar las reglas, hasta el extremo de que olvidemos de que existían ciertas reglas.

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Lo mejor del 2014 allende las fronteras

El pasado sábado Miguel nos daba su lista particular de las mejores obras nacionales del 2014, así que ahora me toca a mí añadir algo de orden y coherencia a todos los volumenes que durante el pasado año llegaron a las estanterías. Al igual que mi compañero, mi lista es totalmente subjetiva, debería aspirar a que las obras con mejor guión, dibujo y narración gráfica llenaran la lista, pero lo cierto es que al final no es así. En la lista pongo lo que más me ha gustado de lo que he leído durante todo el 2014, que leer no es lo mismo que conocer, así que si hay alguien que se pregunta por qué obras como L’Amour o Cowboy Henk no están en la lista, se debe a que aún no me las he leído. Cosa que supongo que no tardaré en subsanar. Del mismo modo, si faltan algunas otras obras que han hecho tambalear a los amantes del cómic, es porque personalmente no me han gustado. Esto no me preocupa en lo más mínimo, pues la única intención que tiene la lista es resaltar algunas obras que en mi humilde opinión debería leer y disfrutar todo el mundo, que la memoria tiende a ser frágil y después perdemos joyas entre la niebla.

Como parece que las listas de números dispares están de modo, aquí van los 10 cómics extranjeros que más han gustado a Barto durante el 2014.

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10. No puedes besar a quien quieras de Sandrine Revel y Marzena Sowa
Que fácil es realizar una obra sobre la infancia en un entorno hostil, más si le añadimos ese halo mágico y abstracto del amor puro y la búsqueda de la libertad. Pues no, no es para nada fácil, es algo tremendamente difícil, pues es fácil ceder al sentimentalismo más pueril y al maniqueísmo más simple. Sin embargo, Marzena Sowa sabe centrarse en una historia pequeña y emotiva para dejar que la situación política y social simplemente se cuele en las rendijas. El dibujo de Sandrine Revel no se queda por detrás, pues haciendo de la contención un valor positivo consigue que la ternura sea más directa que la violencia. Una historia pequeña que con un simple bosquejo explica perfectamente lo que era la infancia en la Polonia comunista.

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9. Manabé Shima de Florent Chavouet
Un vago bueno para nada visita una pequeña isla del mar interior de Japón. El turista parece más preocupado por descansar y beber cerveza que por hacer cualquier tipo de turismo. Sin embargo, nos encontramos con la contradicción de que dicho turista tiene alma de etnógrafo y entre paseo sin rumbo y tarde en el bar crea un fresco tan sentimental como científico. Manabé Shima es un estudio tanto de la población de una pequeña isla japonesa como del propio acto de observar de su autor, un canto humanista que mezcla la guía de viajes con la sociología y la psicología. La fascinación de occidente por oriente suele centrarse en la curiosidad y la diferencia, mientras que Florent Chavouet opta más por buscar puentes y lugares comunes, consiguiendo acercar culturas de una forma emotiva y humorística al margen de cualquier pedantería o relativismo.

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8. Bandette de Paul Tobin y Colleen Coover
Para mí una de las sorpresas más agradables del año y un nuevo recordatorio de que las ideas preconcebidas no son un atajo. Bandette puede parecer un cómic para niños, o jóvenes adultos, sin más, pero lo cierto es que esconde mucho más. Cuando el cinismo prácticamente a ahogado a la ironía, es agradable encontrar un cómic donde la inteligencia llena cada página y encima está dedicado para todos los públicos. El trabajo de Paul Tobin y Colleen Coover no se queda sólo en su particular mezcla del cómic americano y francés, a niveles tanto narrativos como visuales, sino en la presentación de unos personajes que dan un nuevo valor a la palabra carisma. La ladrona Bandette es un regalo para cualquier lector, una inyección de buen humor y dinamismo. Bandette se ríe contigo, te guiña un ojo y se despide con una voltereta tras besarte en la mejilla, siempre dejándote con ganas de más.

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7. Aquel verano de Jillian Tamaki y Mariko Tamaki
Volvemos a hablar de la melancolía en la lista, aunque esta vez cambiamos comunismo por capitalismo e infancia por adolescencia. La historia de Aquel verano será compartida por la inmensa mayoría de los lectores, aunque no hayan veraneado en la playa ni se parezcan en lo más mínimo a Rose ni nunca hayan tenido una amiga como Windy. El valor de la obra de las primas Tamaki se encuentra en ese campo tan difícil de hablar de lo más general explicando lo más concreto, centrándose en un caso particular hasta el límite para contarnos algo que hemos vivido todos. Probablemente cualquiera sería capaz de escribir algo como Aquel verano, pues basta con elegir aquel verano adolescente que nos marcó y simplemente explicarlo, pero difícilmente se conseguiría una coherencia y lucidez en el relato como en el del cómic de Jillian y Mariko Tamaki. Una zambullida autoconsciente en la felicidad blanca y la tristeza gris.

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6. Battling Boy de Paul Pope
Nadie pone en duda que El momento de Aurora West es la leche, pero antes de que la precuela se comiera a la obra madre, existía un pequeño chaval semidiós dispuesto a aporrear monstruos. He de reconocer que el paso del tiempo me ha hecho valorar mucho más la obra de Paul Pope, y aunque sigo reconociendo algunos pequeños defectos, cada vez estoy más convencido de sus aciertos y su potencial. Battling Boy es un puñetazo en la cara a la inmensa producción de cómic de entretenimiento, una muestra más de la decadencia de Marvel y DC. Paul Pope no escribe y dibuja para adultos con gustos infantiles, crea un cómic netamente juvenil lleno de acción y humor para que los chavales lo flipen. Nos encontramos con una obra que los adultos debemos leer pidiendo permiso a los chavales, un cómic que entretiene y además trae algo más.

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5. Solanin de Inio Asano
Lo que hace Inio Asano en Solanin es muy simple, nos presenta unos personajes y los pone a andar, creando una historia coherente e interesante, básicamente a lo que aspiraría cualquier autor. Pero no contento con esto, justo en la mitad del cómic, el autor implosiona la historia para llevarla en un nuevo sentido más complicado y difícil, haciendo que un buen comienzo tenga un desenlace impresionante. El planteamiento de Solanin no deja de ser la intranquilidad de alguien que estrena la edad adulta y no termina de estar a gusto a pesar de haber conseguido todo lo que la sociedad le decía que era la felicidad. Aunque el autor, hasta cierto punto cruel, coge esa queja de su protagonista la pervierte para darles razones reales para sufrir. En cierto sentido, Inio Asano conjuga el punto de vista del adolescente rebelde tardío con el adulto responsable para crear un texto lleno de tristeza y esperanza.

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4. Hulka de Charles Soule y Javier Pulido
Hulka es quizás el principal ejemplo de cómo las editoriales clásicas deben dejar lastre atrás, olvidando cronologías caducas y grandes temas adultas contadas por niños. Charles Soule actualmente escribe la colección de los Inhumanos, demostrando que puede crear un cómic tan genérico como cualquiera, reservando el verdadero arte para la abogada verde. Hulka es un cómic de abogados con superpoderes, la entrada del mundo real en la Nueva York de los Vengadores y los 4 Fantásticos, lo que visualiza lo absurdo de los superpoderes. Es cierto que este ejercicio no es nuevo, contando con antecedentes incontestables como X-Statix, pero el hecho de que el propio Charles Soule ejerza como abogado y Javier Pulido de rienda suelta a un dibujo tan personal, convierte Hulka en un auténtico acontecimiento. Esto es realmente un cómic para adultos, una obra inteligente y que supone un reto real para el lector.

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3. El bus de Paul Kirchner
La nada y el todo, una obra que podría definirse como un tratado filosófico en base a chistes blancos y bromas tontas. Es difícil hablar de la obra de Paul Kirchner porque habría que explicar lo inexplicable, pero básicamente lo que hace el autor es reflexionar sobre absolutamente todo de la forma más aséptica posible. Este recopilatorio es sin duda una de las mejores obras publicadas durante el pasado año, una de esas sorpresas editoriales que solucionan una deuda que muchos ni sabíamos que teníamos. la lectura de El bus se puede tomar de forma sosegada, dándole tiempo, o consumirla de una sola vez, sabiendo que en tal caso nuestro cerebro va a recibir un estímulo que nos dejará con una sonrisa en la cara y una sensación de incomodidad en el cerebro.

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2. Gyo de Junji Ito
Dicen que hacer llorar es muy sencillo y hacer reír bastante más difícil. No sé dónde colocaría yo la dificultad de asustar, pues el miedo es más personal que la tristeza o la risa, mucho más. En todo caso no se me ocurren muchas personas que puedan quedar impasibles ante la lectura de Gyo, un cómic de horror cósmico donde lo que no puede ser y el olor toman el mando. Gyo no es una obra excesivamente terrorífica, ya que más bien debería considerarse opresiva y desesperante, un sumar continuo donde los personajes se van ahogando en la putrefacción sin que puedan hacer absolutamente nada por evitarlo. Sin duda, una obra que para mí al menos se quedará mucho tiempo dando vueltas en la trastienda de mi cerebro, tanto por las escenas más realistas y viscerales como por las concesiones de Junji Ito al lirismo, momentos en los que demuestra que con lo más macabro es capaz de crear poesía.

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1. Hechizo total de Simon Hanselmann
Para mí lo mejor del año, el mejor cómic en varios años, es sin duda la selección más subjetiva de la lista. Quizás podría discutir mejor la valía de las otras obras seleccionadas, pero con el cómic de Simon Hanselmann posiblemente tendría más problemas. La calidad de Hechizo total es innegable, pero se me hace harto complejo separar las virtudes intrínsecas de la obra del diálogo que la misma plantea conmigo y con mi generación. Ser un texto generacional puede ser peligroso, pues la obra se puede reducir a flor de un día, pero algo me dice que eso no pasará con Hechizo total, sé que volveré una y otra vez al cómic del mismo modo que tengo que considerar amigos íntimos a personas que veo como mucho un par de veces al año. Lo que ha hecho Simon Hanselmann no tiene nombre, ha escrito el chiste más divertido y triste del mundo, un canto de esperanza para una juventud derrotada.

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Porque salvar el mundo no paga las facturas

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Hulka: Ley y desorden (Charles Soule, Javier Pulido y Ron Wimberly). Panini Comics, 2014. Rústica con solapas. 144 págs. Color. 13,50 €

Al final de la película Saint Laurent (Bertrand Bonello, 2014) el afamado diseñador francés, durante los últimos años de vida, cena con una antigua colaboradora, ambos de etiqueta y frente a la atenta mirada de un mayordomo pétreo. La mujer no para de alabar el talento de su antiguo empleador, defendiendo como su inspiración bebía de Proust mientras los diseñadores actuales mancillan el oficio tomando como referentes el mundo del cómic. Yves Saint Laurent le da la razón a su empleada, definiéndose como el último gran modisto mientras con una cuchara de oro le da caviar a su perro. Durante el documental La danza (Frederick Wiseman, 2009), centrado en el ballet de la Ópera de París, un coreógrafo intenta explicarle durante un ensayo a dos bailarines, vestidos con mallas y camisetas sudadas, como expresar un amor imposible mediante el baile. El coreógrafo termina pidiéndoles que se imagen que son X-men, criaturas llenas de poder pero cuya potencia les impide amarse, llegando incluso a imposibilitarles el contacto físico.

Evidentemente son dos formas de ver la cultura, de percibir la historieta, incluso los superhéroes, como referente y dinamizador de la sociedad. Por fortuna parece que cada vez la sociedad en general es más receptiva a un medio de comunicación que ha tenido que luchar a brazo partido por conseguir su lugar en la cultura global, enfrentándose tanto a censores del buen gusto como a talibanes que se negaban a soltar su objeto de deseo. Pero el tiempo ha abierto las ventanas dejando pasar el aire, demostrando que el cómic tiene mucho que decir. Si alguien tiene alguna duda no tiene más que sentarse un rato y leer el primer tomo de Hulka de Charles Soule, Javier Pulido y Ron Wimberly. El guionista Charles Soule no lleva demasiado tiempo escribiendo cómics, profesión que desde 2009 compagina con la abogacía, actividad a la que ha dedicado la inmensa mayoría de su vida laboral. Sin embargo, colecciones como Inhumanos para Marvel o Red Lanterns para DC demuestran cierta valía como guionista de superhéroes mainstream. Aunque si Hulka tiene algo, es su alejamiento total de cualquier cosa que se acerque a un cómic clásico de superhéroes, siendo al mismo tiempo todo lo que un lector de superhéroes espera encontrar. Puede sonar absurdo, pero la ruptura continuísta de Charles Soule funciona con eficacia, eso sí, contando la ayuda excepcional de Javier Pulido, dibujante estable de la serie; y Ron Wimberly, que realiza dos números del primer volumen de Hulka.

La serie de Charles Soule es continuísta porque Hulka es una colección llena de acción y misterio, una continua invitación a seguir leyendo, tanto en lo referente a cada número, los cuales funcionan de forma autónoma sin problemas, como en el sentido de saga de la historia. Charles Soule sabe gestionar la información para sin que aparentemente pase nada, Hulka entretenga sin exigir demasiado al mismo tiempo que va construyendo una red de relaciones y causalidades al rededor de Jennifer Walters, la profesional abogada que recibió una transfusión de sangre de su primo Bruce Banner, heredando su precioso tono esmeralda y buena parte de sus poderes. Pero en la actual colección de Hulka, el poderío físico de la protagonista se sitúa como mucho al mismo nivel que su portento intelectual, especialmente en lo referente a su labor como letrada, pues Charles Soule llena el cómic con algo que domina en su vida profesional, el derecho, haciendo que los juicios y las demandas no sean sólo elementos secundarios en la colección, pues su Hulka es primero abogada y después heroína.

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Charles Soule es un abogado experto en inmigración y derecho corporativo, con lo que no extraña que dos de los primeros casos de Hulka sean una demanda por violación de patente y la petición de un asilo político, aunque los demandantes sean respectivamente la viuda y el hijo de sendos villanos. Todo este conocimiento ajeno al mundo del cómic enriquece Hulka hasta el punto de que su lectura se aleja de la típica sucesión de combates, Charles Soule nos cuenta principalmente la historia de una joven profesional que trata de abrirse camino en el difícil mundo de la abogacía, intentando al mismo tiempo mantener una vida personal estable, si es que su trabajo se lo puede llegar a permitir. Se podría decir que Hulka es el slice of life de una joven abogada de Nueva York que abre su propio bufete, con la salvedad de que es verde, mide dos metros y tiene una fuerza sobre humana, una fuerza sobre humana que no impide que las pequeñas derrotas del día a día sean menos dolorosas.

Para rematar la jugada, nos encontramos con el dibujo de Javier Pulido, quien con un estilo totalmente alejado del clasicismo superheroico ata a tierra Hulka, haciendo a los personajes, y especialmente a su protagonista, más redondos y humanos. Pulido refuerza el tono de Soule, consiguiendo los dos autores unos personajes femeninos como pocas veces se han visto en el cómic de superhéroes, mostrando una visión realista y colorida, lejos de simplificaciones y estereotipos. El dibujo de Ron Wimberly, tan diferente del de Pulido como del estilo clásico, también trae novedad a la obra, pero sus constantes juegos estilísticos y su obsesión con la perspectiva enfatizan más el dinamismo que la carga emocional de la historia. El tandem entre Soule y Pulido, sin desmerecer en ningún momento a Wimberly, conforma una de las mejores colecciones mainstream de la actualidad, presentando unos resultados parecidos a los del Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja, donde también trabajó Pulido. Quizás ésta sea la salida, la evolución lógica, historias diferentes con acabados artísticos también diferentes, donde los héroes no dejan de ser héroes pero sin olvidar que las facturas no se pagan solas.

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