La nostalgia del icono pop

Jaime Hernandez - El retorno de las Ti-Girls- cubierta - rústica

El retorno de las Ti-Girls. Dios y ciencia (Jaime Hernandez). La cúpula, 2017. Rústica, 136 págs. B/N, 14,50 €

Algo tiene de maravilloso el universo creado por Jaime Hernandez son sus personajes. La capacidad del autor para crear un grupo de mujeres que con el tiempo podemos considerar como de carne y hueso. Hernandez ha sabido darle un hálito de realidad a sus protagonistas como pocos autores saben hacer. En parte creo que dicho afecto, el que profesamos los lectores por los personajes que pueblan estos relatos, se debe a la longevidad de los mismos. Hay entra en valor el crecimiento de unos personajes que no se han quedado en la edad con la que fueron creados y que han ido creciendo y madurando, y de paso desechando una narrativa indefinidamente diferida. A los personajes les suceden cosas y repercuten en el futuro de las mismas, es decir, tienen memoria.

El retorno de las Ti-Girls es una fantasía supeheróica que encaja en la narrativa de origen. Se plantea como un relato en el que los deseos de algunos personajes, concretamente Angel decide explotar sus poderes. Algo que nos lleva a otro punto de partida, en ese universo tan convencional en el que Maggie regenta unos apartamentos de alquiler, en el que los amores y desamores están en primer plano, pero, sobre todo, las ambiciones personales de ellas son el leit motiv de la narración; parece que hay un gran secreto oculto en algunas de las protagonistas: estas tienen poderes y al parecer existen grupos de heroínas en las que todas las miembros son mujeres. Esto entronca con el trasfondo mitológico de este universo, ya en los primeros números de Locas, la admiración de las protagonistas por las luchadoras de wrestling era palpable.

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Todo esto nos lleva a otro punto mujeres que son referencia para otras mujeres. La mujer como modelo de superhéroe tal y como se plantea aquí es algo que va mucho más allá de la omnipresencia de Wonder Woman como la superheroina total. El deseo de Penny Century es convertirse en una mujer con poderes pero acaba convirtiéndose en una villana y Angel descubre que, posiblemente, hacer de las fantasías una realidad no tiene por qué ser precisamente bueno. Si recordamos los orígenes de Maggie y compañía, estas eran un grupo de jóvenes que se movían en un ambiente punk, se incluían aventuras en las que aparecían cohetes, robots, dinosaurios, etc por lo que esta deriva de género forma parte del imaginario de este mundo, y quizás no solo eso sino que también apunta a la vertiente fantástica del macrorrelato a pesar de que en ocasiones tire por fundamentos narrativos realistas.

En todo caso El retorno de las Ti-Girls tiene ese punto de nostalgia por los comics de antaño y ahí Hernandez juega con el metarrelato. Maggie colecciona todos los tebeos en los que aparecen las heroínas que aparecen en este volumen, pero estas no los pueden leer. Ellas deben de vivir las aventuras para poder ser admiradas por otras personas, dividiendo a la humanidad en dos: los que hacen cosas y los que actúan en relación con los primeros. En cuanto a la vertiente del homenaje nos vamos a encontrar científicos, viejas glorias, versiones malignas de las protagonistas, mitosclásicos de la cultura mexicana, lo pop en los sesenta, pero sobre todo un relato entrañable sobre el valor del icono en la actualidad. Por otro lado, y como siempre repito, es un placer reencontrarse a Maggie, Angel, Penny y a todas a aquellas mujeres que van apareciendo en este universo, ver cómo crecen, como solucionan sus problemas y como muchas veces consiguen, otras no, sus propósitos.

Otras obras de Jaime Hernandez en el Blog:

Locas

Chapuzas de amor

La educación de Hopey Glass

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Maggie y el universo infinito

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Locas 1 (Jaime Hernandez). Lacúpula, 2016. Rústica, 276 págs. B/N 19,9€

Sin ser un experto en la obra de Jaime Hernandez me atrevo a decir que uno de los grandes méritos del universo Locas, por llamarlo de alguna manera, es la capacidad de crear un universo pleno en el que se nos permite leer cada una de las obras de manera independiente o de forma global, la más recomendable, sin ser esclavo de una cronología. Es decir crear una narrativa indefinidamente diferida en la que los personajes tienen la última palabra y en la que sus recuerdos no son solo historias vacuas sino que tienen un gran peso en la intrahistoria.

En este primer volumen Hernandez, no sé si de manera consciente o inconsciente ya elabora una construcción de universo que gira en torno a dichas pautas discursivas. Sin embargo, para aquellos que hemos conocido a Maggie Chascarrillo y sus amigas a partir de obras posteriores resulta chocante la particular puesta en escena inicial de estos personajes. Se trata de un escenario retrofuturista de pasado mañana tan viable en los ochenta como en la segunda década del siglo XXI. En estas primeras historias se nos presenta a una Maggie adolescente que empieza a trabajar para Rand Race un mecánico prosolar, o lo que es lo mismo el mecánico más importante del planeta. Los prosolares son aquellos mecánicos que son valorados tanto por sus habilidades para arreglar cualquier tipo de objeto sino por su carisma, son unas celebrities en este universo ficcional.

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Estas primeras aventuras rondan son principalmente textos de corte ci-fi que bordean a través de la comedia y el drama. A través de estas se nos presentan a los personajes que poco a poco se irán convirtiendo en protagonistas: Hopey, Izzy, Penny Century, etc. a partir de estas se despliega el resto de personajes articulando el presente y el pasado de las mismas a través de un entramado de relatos paralelos, prehistoria de los personajes y con un futuro siempre en tiempo presente. Vamos, una maravillosa correlación de hechos que nos permite como lectores entrar en cualquier momento de la historia de la cuadrilla de la señorita Chascarillo.

En Locas todo evoluciona desde una evolución pulp futurista en la que se crea una mitología del wrestling femenino que se desarrolla en relatos breves, retazos de amor pop e historias de femmes fatales que se entrecruzan con cierta idea del relato costumbrista latino que como no parece enraizado en una hibridación de un realismo mágico situado en unos Estados Unidos utópicos en el diseño de la ciudad, los coches lo locales… mezclado con la escena punk y hardcore de los años 80. La amalgama  de Jaime Hernandez nos sitúa en un lugar común en el que todos podemos reencontrarnos tras la lectura de cualquiera de los libros de este universo. Pocos libros pueden recibir el apelativo de imprescindible. Este es uno.

Otras obras de Jaime Hernandez del Universo Loca son:

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@lectorbicefalo

Defectos de amor

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La educación de Hopey Glass (Jaime Hernandez) La Cúpula, 2015. Rústica, 132 págs. B/N, 14,50€

Me suelen gustar mucho ese tipo de historias, independientemente del medio, en el que hay un personaje central o protagonista  que apenas aparece, o directamente no lo hace, pero esta omnipresente en el relato. Como lector, el desconocer a un personaje del que todo el mundo habla me crea una expectativas sobre el mismo, que van desde la recreación física a crear un perfil sicológico. En ese sentido mi personaje literario favorito es Kurtz, el protagonista de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad al que, casi, considero propio por imaginado y recreado una y otra vez en mi mente.

Lo mismo me sucede con Maggie Chascarrillo, el personaje central del universo creado por Jaime Hernandez a través de obras como Locas, El retorno de las Ti-Girls: Dios y ciencia, la recientemente publicada en España Chapuzas de amor o La educación de Hopey Glass, entre otras. Maggie es el personaje más importante para todos los personajes de la serie, deviene central por los odios y pasiones que despierta. En cierta manera esos sentimientos hacia ella vienen derivados tanto de las virtudes como de los defectos  de Maggie, siendo estos últimos los que enamoran a personas como Hopey y Ray. De hecho los defectos de todos los personajes creados por Hernandez son los que atraen al lector, que los veamos de igual a igual sin que el papel impida que los convirtamos en unos buenos amigos que tan solo vemos de tanto en tanto.

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La educación de Hopey Glass construye la personalidad de Maggie a través de las emociones que dos personajes manifiestan por esta, ambos seres imperfectos y conscientes de ello. La primera es Hopey una chica joven insegura en un momento de transacción en la que cambia de trabajo e intenta hacerse un hueco como docente en el ámbito infantil. Hopey no es capaz de atar ningún cabo en su vida se mueve a medio camino de varias relaciones sentimentales: Grace, Rosie, una mujer que trabaja en una óptica, y está enamorada de Maggie.

El segundo personaje es Ray una expareja Maggie, un cuarentón que en el momento de la narración está saliendo con Viv, una morena explosiva que parece que mantiene otras tantas relaciones a parte de la oficial. Ray vive del lamento y de las oportunidades perdidas tras romper la relación con Maggie, sabe que lo que tiene con Viv no es algo duradero sino una relación del momento (aquí te pillo…). Pero Viv es una superviviente que transpira ansiedad por el carpe diem y no dejar nada al azar del futuro, ella sabe que lo que importa es el paso, para zanjar deudas, y el presente para vivirlo. En un interludio a modo de transición vemos a Angel, amiga íntima de Maggie o quizás algo más, una deportista amateur, de formas generosas, que vive la vida de manera inconsciente sin darle mucha importancia a hechos que otros consideran relevantes.

La educación de Hopey Glass es otra oportunidad de volver a encontrarse con la maraña de amores y desamores que giran en torno a Maggie, ver como los personajes cambian, crecen, se frustran o como la cagan de manera continuada. Jaime Hernandez nos regala en cada uno de estas entregas una ventana a nuestras vidas y nos explica que los defectos es la parte de nosotros que mejor nos define.

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Maggie (Just Us)

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Chapuzas de amor (Jaime Hernandez) La Cúpula, 2015. Rustica, 124 págs. B/N, 14,50€

Los cuarenta son una época de reevaluación en el que las personas miramos al pasado para saber que tenemos que hacer con el presente y sobre todo con el futuro, o al menos así lo imponen los cánones vitales que nos imponen hoy día. Lo estético y los gustos parece que deben ser reevaluados constantemente en favor del mercado de consumo. Cambiar es una constante del ser humano pero la traslación capitalista de la misma consiste en la modificación continua del modus vivendi, a eso hay que añadirle la precariedad laboral contemporánea y el cambio de contextos sociales continuos.

Chapuzas de Amor de Jaime Hernández es un canto en contra de todo lo impuesto en esos cambios forzados a los cuarenta. Maggie Chascarrillo ha llegado a la cuarentena con una vida más o menos plena con algunos aciertos y más de una metedura de pata. Hemos leído sus desventuras personales y la conocemos perfectamente desde hace algún tiempo y los cambios sufridos en ella le han llevado a una vida más o menos complicada, pero no más que la del resto de los mortales. Pero lo que más me fascina es la naturalidad con la que Hernandez representa los cambios físicos del personaje y la naturalidad con los que los muestra y que los lectores los aceptamos. Vivimos un mundo en el que la estilización de los cuerpos, sobre todo el de la mujer que parece que siempre debe ser el de una modelo adolescente es la norma, y eso pasa mucho en los cómics, de todo tipo. Sin embargo, Hernandez a través de Maggie universaliza a la mujer como ningún otro personaje femenino de ficción lo hace, y su día a día la acerca más a todos nosotros, a leer este comic al igual que vemos como las personas que nos rodean en nuestra cotidianeidad.

La trama de Chapuzas de amor, viene condicionada por el segundo capítulo del libro “Ciudad marrón”, una historia sobre el pasado de Maggie y sus hermanos, Esther y Calvin. En este se narra el periodo en el que estuvieron viviendo en familia en Cadezza un pueblo gris en el que no hay mucho que hacer y en el que el destino de Calvin cambia para siempre. Este capítulo hace que podamos leer el libro de manera independiente sin necesidad de leer todo lo publicado anteriormente de Maggie y compañía, aunque si se ha leído, evidentemente la experiencia es más completa.

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El resto de la historia tiene que ver con ese capítulo como se desarrolla, como vincula unos hechos del pasado a ciertas incapacidades emocionales del entorno masculino de Maggie. La chica perla sigue siendo la mejor besando, pero le cuesta mucho mantener una relación, sin embargo su atractivo personal hace que siga siendo el centro de ese universo social. En el segundo flashback, “Vuelve para mi” en el que se relata la vuelta a Hoppers en plena adolescencia y es un punto de inflexión para la capacidad de la protagonista para congregar a personas a su alrededor, todas ajenas a su familia. Ese es el paradigma de este personaje es capaz de crear una familia a partir de amistades que ha ido conociendo a lo largo de su vida, en las cuales deja una impronta por la que siempre se mantienen vinculadas a ella de una manera u otra, mientras que su familia se ha convertido en un serie de extraños con los que tiene encuentros esporádicos.

Chapuzas de amor es sin ningún tipo de dudas de lo mejor que podemos leer de Jaime Hernandez, El autor construye un relato que tras la aparente dispersión narrativa funciona de manera precisa, el pasado repercute en el presente de manera continuasda, pero no a modo de referencias continuadas, por un lado esta lo que se nos explica y por otro lado lo que queda fuera de campo, que es lo que condiciona las relaciones contemporáneas. Es una obra sobre los fracasos y los triunfos personales de todos y cada uno de nosostros, sin grandes epopeyas, ni misticismo, ni épocas de superación,: just us. Esta obra es una de las pocas que puedes leer como si una amiga te estuviese contando su vida y que a pesar de sentirte un poco pagafantas adoras seguir escuchándola una y otra vez.  Un must have de toda la vida.

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