Spain is Pain #201: Lo mejor de 2014.

Se acaba el año, empieza uno nuevo y para no perder la costumbre, ya por tercer año consecutivo, publico la lista de lo mejor del año a nivel estatal. Se trata de una lista subjetiva,  quizás más de sensaciones y de valores. Creo que he escogido los títulos listados a continuación por los valores narrativos, estéticos y discursivos en los que los autores se han apoyado para elaborar su relato; y en las sensaciones que me han provocado cada título. Esta lista como cualquier otra es puramente subjetiva. Como por lo general no me gustan las listas de 10 este año he escogido 12, porque 12 son las campanadas y las uvas que nos separan un año de otro. Pues eso, ahí va la lista:

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  1. Culto Charles de José Ja Ja Ja (Fulgencio Pimentel)

La primera posición es para el trabajo de José Ja Ja Ja. Su obra nos habla de un descubrimiento que empieza por la edición en intonso (quiero pensar que no soy el único tonto que escribí a Berni para decirle que mi volumen estaba defectuoso 😉 ) que nos remite a aquellos textos inéditos que han estado ocultos durante mucho tiempo y aparecen ante nosotros vírgenes, por abrir, en un lenguaje visual críptico que nos obliga a repasar las páginas una y otra vez. Una obra difícil pero gratificante que va en contra las visiones ultracanónicas y preconcebidas del cómic. 2014 no hubiese sido lo mismo sin Culto Charles.

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  1. Las meninas de Santiago García y Javier Olivares (Astiberri)

Frente al primer título que compone esta lista podríamos  considerar la obra de Santiago García y Javier Olivares como clásica. Pero no nos engañemos, Las meninas es uno de esos títulos que seguiremos releyendo una y otra vez por la cantidad de capas discursivas que los autores han aplicado y  que no hace más que revalorizar, más si cabe, la figura de Velázquez y poner un granito de arena más en el valor del cómic como medio para explicar la historia de un país. Firme candidato para el Premio Nacional del Cómic.

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  1. Ikea Dream Makers de Cristian Robles (DeHavilland)

Una de las sorpresas de la temporada, Ikea Dream Makers es el cómic que nadie esperaba encontrarse este año y el autor se ha plantado ahí con una gran solvencia narrativa y estética. Pero sobre todo por la capacidad de elaborar un discurso que nos habla del lado más cruel del capitalismo sin recurrir a lo más patético del relato social. Imprescindible.

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  1. Trabajo de clase/Nuevos Románticos de Ana Galvañ y Marc Torices (Apa-Apa Cómics)

Dos relatos centrados en la extrañeza de la adolescencia, y lo difícil que es crecer en una sociedad completamente alienada. Ana Galvañ y Marc Torices nos proponen un viaje alucinógeno al centro de la adolescencia, al terror que producen esos años de llenos de dudas y miedo. Así son las dos historias que componen el Miedo Issue, dos joyitas que no han de pasar desapercibidas.

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  1. VERSUS de Luis Bustos ( Entrecomics Comics)

El último combate de Tom King no es un combate normal, contra un adversario; no es un simple intercambio de golpes; sino que  es contra el tiempo y su vida. Esta cuenta atrás es narrada brillantemente por Luis Bustos, en un relato del que todos sabemos el final, pero nadie conoce el transcurso. Versus es una apología de la estética aplicada al deporte, una obra intensa que explica la fuerza de este deporte a través de unos lápices que no tiemblan a la hora de utilizar cualquier recurso y mostrar el sufrimiento del protagonista. Soberbia, dura e intensa, una obra para devorar que va directamente a la retina.

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  1. DLTLPS de Gabriel Corbera (Space Face Books)

La vida como un bucle, hacer del momento clave algo infinito del que no se sale. EL punto fuerte de DLTLPS es la creación de unos personajes muy icónicos que no evolucionan en un escenario que no para de plantearle una serie de obstáculos, que en realidad les debería hacer crecer como personajes. El relato es un reto constante al lector por plantear una aventura infinita de la que solo vemos un fragmento, de la que solo podemos percibir la esencia de lo ahí narrado.

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  1. F$P #1 de Irra y Dabi (Autoedición)

Estos dos tipos son los autores sevillanos, que si todo va como tiene que ir, van a dar mucho que hablar. El pasado noviembre se autoeditaron dos obras F $ P y A. Las dos me encantaron, pero si me tengo que quedar con una escojo la primera. Se trata de un texto adrenalítico que se desarrolla en una Sevilla sumergida en el Iberpunk con fuerzas demoniacas de por medio. El conjunto me recuerda a la primera vez que leí Akira de Katsuhiro Otomo, no digo más. Siganles la pista por las redes sociales.

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  1. Kiosco de Juan Berrio (Dibbuks)

Otro canto a la vida en la ciudad del autor vallisoletano. Este trabajo planteado con sencillez nos planta la historia de una persona, un ser humano desde que se levanta hasta que se acuesta. Su puesto de trabajo es una atalaya desde la que puede vislumbrar todo lo que sucede en la ciudad. Lejos de ser una obra voyeur, como fue su anterior Cuaderno de frases encontradas, se trata de una obra que fabricada, creada desde cero pero que guarda ese aspecto de crónica social que tiene los últimos trabajos del autor. Juan Berrio es uno de los imprescindibles del cómic español.

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  1. PutoKrío de Jorge Riera y VVAA (Edicions de Ponent)

Los que conocen a Jorge Riera dicen que es un tipo peculiar: genial, borrachuzo, pesado, encantador, bipolar, etc. No sé si es cierto pero en PutoKrío nos lo deja muy clara en su muy verdadera, aunque quizás no tanto, biografía. Esta obra es un gran juego metabiográfico en el que el personaje de ficción se apodera de la falsa vida real del guionista. Todo empieza como una broma pero el juego de Riera se encuentra a medio camino entre el found footage y el mockumentary se salda con resultados más que satisfactorios.

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  1. Inercia de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)

Posiblemente el trabajo más anunciado y esperado del año. Antonio Hitos debuta con una obra sobre lo humano y lo divino, con una crítica brutal a esto último. Para matar ese ápice de la trascendencia de la vida y lo humano utiliza el puñal de la ciencia. Todo en un entorno urbanita, deshumanizado con unos edificios y contextos que prescinden de las personas. Un título impecable en el aspecto gráfico que sorprenderá a muchos por su solvencia narrativa. Un cómic que necesita releerse unas cuantas veces para captar las metáforas y el uso narrativo del color.

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  1. El Polo Sur de Alexis Nolla (Apa-Apa Cómics)

En este trabajo Alexis Nolla dota al fracaso con una estética casi naif a unos seres voluntariosos que saben que no van a conseguir lo que se han propuesto, y a pesar de ello siguen para adelante. El autor nos plantea una obra sobre el viaje, el trayecto supone lo más importante de la narración, el fin no existe, sino una continua secuencia de idas y venidas que retratan el carácter de unos personajes cuyo mayor logro ha sido pervivir a pesar de no lograr sus metas.

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  1. Fútbol. La novela gráfica de Santiago García y Pablo Ríos (Astiberri)

Vamos a ser sinceros, pensaba que Futbol iba a ser el comic que menos me iba a gustar este año. Me encanta el estilo de Pablo pero no lo acababa de ver. Pero tonto de mí, Futbol es un texto que ha sido capaz de alejarse de todos los tópicos del deporte rey (topicazo por excelencia) sin perder la esencia de lo que hace que este deporte sea socialmente tan aceptado. Gusta a los más forofos y enganchará a aquellos que descubran la faceta humana del deporte. Porque de eso va esta obra de la dimensión que adquieren cuando se pone por medio una pelota. Eso y que el trabajo de Pablo, y el de Santiago, es la p*ll* (perdonen)

 

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

Spain is Pain #194: Ut pictura poesis.

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Inercia (Antonio Hitos) Salamandra Graphic, 2014. Flexibook, 128 págs. Color 19 €

Tienes que ir de Huelva a Sevilla y como por tren la comunicación es más bien precaria tienes que ir en autobús. El trayecto es corto, de apenas una hora, eso siempre que no cojas el que va parando por todos los pueblos. Pero ese no, no lo coges. Te subes al que va directo, te sientas más o menos por mitad del autobús. El trayecto es corto pero da igual sacas un libro que intentas leer hasta que te das cuenta que hay un tipo a tu lado que parece sacado del Seattle de los noventa en el momento de mayor esplendor del grunge, hasta ahí bien. Este mira atentamente a todos y cada uno de los pasajeros que compartirán durante una hora el mismo espacio con él como si tomara nota de las actitudes de cada uno de ellos. No solo los mira, lo hace como si tomara nota mental, como si los dibujara trazo a trazo, y luego vuelve la mirada hacia su skate comparándolo con el resto de seres del bus. Después de observar, después de mirar, después de comparar comprende, y acaricia su monopatín intentando encontrar humanidad donde no la hay.

La búsqueda de la humanidad, y en cierta manera de la deshumanización, en las urbes es el tema de fondo de Inercia de Antonio Hitos. Una obra en la que la figura humana aparece en la mayoría de ocasiones en un plano entero. El fondo deshumanizador lo proporcionan las relaciones entre unos personajes que podríamos definir como próximos pero no cercanos y cuyo máximo nivel de comunicación es la cercanía física. Jaime busca la calidez en un objeto al cual dota de una serie de atributos o virtudes, según se vea, en el contexto de una ciudad aplastante pero más humana que cualquiera de los seres que la habitan, por ser más narrada, en extensión, que los propios personajes.

La urbe toma un protagonismo al estilo de las antiguas sinfonías dedicadas a las grandes ciudades europeas. Películas que buscaban la belleza de lo material en la que los hombres no tenenian una función más allá de convertirse en un mero acorde. Inercia recupera ciertas ideas de lo sinfónico desglosando la ciudad en unas maravillosas páginas dobles en la que esta pierde profundidad y corporeidad con una serie de perspectivas planas en las que los humanos dejan de ser meros acordes para conjugarse con esos fondos urbanos.

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Jaime y Juan viven su vida en la calle, los lugares cerrados están abocados a un hábito mortal que les lleva a vivir el día a día bajo la losa más pesada: la rutina. Ambos se ven envueltos en una conducta vital a medio camino entre lo vulgar y lo banal. Constantes que trascienden en un discurso que podemos denominar como postcientifico en el que se desarrolla una idea de lo inútil de considerar la vida humana como el centro de gravedad del planeta. Esa vertiente explota en las primeras páginas cuando al romperse el skate de Jaime este se convierte como un colisionador de electrones generando un agujero negro que escupe pasado, presente y ¿futuro? Que hace entrar en juego a una cucaracha, a modo de un dios repugnante, cuya misión principal es proporcionar patadas de realidad y certeza que ponen de manifiesto e infravaloran la falsa autocompasión del protagonista.

Para desplegar tal complejidad Hitos muestra un arsenal gráfico respaldado por un uso del color que va más allá de lo meramente decorativo para convertirse en un elemento narrativo de peso que unifica determinados momentos de la historia. Esto redunda en el uso de la metáfora, a pesar de ser un cómic escrito en tiempo presente guarda en su interior espasmos de poesía que nos obligara a releer la obra más de una vez para poder disfrutarla en todo su esplendor.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Fricción: Una entrevista a Antonio Hitos

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Una cosa que me llama mucho la atención de Inercia es que está hecho en base a dos niveles que se enfrentan, por un lado la historia que es muy pequeña, pero que se expande muchísimo. Algo que sucede igual en los espacios, por ejemplo los espacios del día a día están muy vacíos y cuando tenemos los juegos gráficos todo se expande.

En narración gráfica funciona muy bien cuando pones una cosa y su opuesta, porque se refuerzan mutuamente por contraste. En Inercia la mayoría son espacios cerrados, pero luego hay un par de escenas importantes en espacios abiertos que funcionan por ese contraste con el resto. También hago esa contraposición de ideas con la arquitectura y las formas orgánicas, por ejemplo, o en el uso del color cuando elimino alguno de los tonos o aumento la presencia de otro.

Después de leer el cómic a mi me vienen a la mente dos  películas, más que dos cómics, que creo que tienen mucho en común con Inercia. Una es Magical Girl de Carlos Vermut por la utilización de las heterotopias, los no-lugares. Tanto en la película como en Inercia, los espacios como la casa de Jaime están totalmente vacíos, sin que haya ninguna personalidad, encontramos pequeños destellos como un póster de una película u otros objetos de decoración, pero poco más.

Hay una intención en que se perciba con cierta frialdad, con distancia, y eso se construye desde el dibujo técnico, la expresividad neutra de los personajes, y también la construcción esquemática de los espacios, aunque conservando algunos elementos que refuercen la personalidad de los protagonistas. En el caso concreto de la casa de Jaime, y también en la de Juan, hay un par de giros en la historia que me obligaban a medir bien los elementos que ocupaban esos espacios, porque debía verse cómo cambian o desaparecen llegado el momento.

La otra película que creo que viene mucho a colación es El árbol de la vida de Terrence Malick, en el sentido de que una historia muy pequeña se expande a lo más grande. En ese sentido creo que hay cierto paralelismo entre las dos obras porque la historia de Jaime y Juan no existe, es una historia sin un desarrollo narrativo en tres actos, sino que casi es una única acción.

Soy un apasionado de la ciencia, de la física sobre todo, y me interesa mucho desde un punto de vista estético la explicación de los fenómenos que suceden en el mundo natural. También la biología es muy importante en el desarrollo de la historia en Inercia. Funciona muy bien a modo de metáfora, y me permite una aproximación técnica a la historia. No he querido hacer una recreación verbal de la emotividad del personaje, ni una explicación más lírica, y por eso las partes de mayor densidad textual son también las más técnicas.

Porque aunque son elementos que tenemos más relacionados con la poesía, como lo que se dice muchas veces, lo típico del polvo de estrellas y todo eso, que es un intento de darle una belleza poética a la ciencia, tú te lo cargas totalmente.

Yo creo que la ciencia tiene una belleza poética inherente. Lo que has dicho del polvo de estrellas es cierto, es una explicación sencilla para un fenómeno muy grande. Pasa igual con la evolución o con la formación de los planetas. A modo de divulgación, todo esto se puede reducir a explicaciones que, llevadas a la síntesis, son muy emocionantes por el hecho mismo de lo que son, y no hace falta adornarlas con artificios textuales. Creo además que cuando se procura darle esa pomposidad a la explicación, en muchas ocasiones se le quita parte de la belleza cruda que tiene por sí misma.

A raíz de Inercia se ha hablado mucho a nivel social, como el paro juvenil. Pero casi que veo más en esos personajes un problema menos social y más centrado en el tedio, en el dejarse llevar.

Mi intención haciendo Inercia era la explicación visual de ese tedio, lo que pasa es que el contexto en el que sucede la historia, que es el mío propio, es el que es: niveles de paro juvenil escandalosos, incertidumbre económica… Eso marca la forma en la que te relacionas con el mundo que te rodea. Si tú estás sometido a esta incertidumbre, a la fragilidad laboral y sin expectativas a medio y largo plazo, todo lo demás termina estando muy condicionado por eso.

Tú optas siempre por la no-acción, en ese sentido no es una juventud en rebeldía, no es un correr hacia delante, sino casi chocando con la pureza de las matemáticas es un existencialismo de dejarse llevar. Me da la sensación de que los personajes se dan ya por derrotados.

Eso no representa necesariamente mi punto de vista con respecto al problema, pero también es verdad que cada uno de los personajes está en una situación distinta. Ana sí parece que es una profesional con posibilidades de progresar y ella está enfocada en eso. Juan está perdido. Jaime tiene ese trabajo y sobrevive. Pero tampoco sabemos, porque no se explica, qué situación les ha llevado ahí, no sabemos si han buscado trabajo mucho o poco, si vienen de un contexto socioeconómico más perjudicado o no. Todo esto se queda en el aire, por el mismo motivo por el que la arquitectura es más bien genérica o los personajes en muchos sentidos sean estereotípicos. Quería que el estado de ánimo que se cuenta primara sobre la historia.

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Ahora que me has hablado del punto de vista, no lo reduciremos a que Jaime eres tú. Ya que si tú fueras Jaime no hubieras hecho el cómic, te hubieras quedado vendiendo discos. Pero, ¿cuánto hay de ti en Inercia?

Supongo que un montón. Pero no sólo en Jaime, también en Juan, y en Ana, en todos los personajes. Aunque la verdad es que me reconozco mucho más en el punto de vista alejado y frío, mezcla de íntimo y técnico, que en los personajes particulares y la forma en la que se comportan.

Se ve en esa sequedad, en la puesta en escena, es casi reduccionista. Yo conozco tu trabajo y sé que es un estilo que has estado trabajando mucho tiempo, pero a mí me da la sensación de que has estado buscando una depuración en lugar de una perfección.

Sí, además lo noto muchísimo más ahora que estoy haciendo otro cómic, porque durante el proceso de realización de Inercia he sentido evolucionar mi dibujo muchísimo. Me veo con una economía de líneas más pensada, una composición de página y de estructura más medidas. Sí que llegó un momento en el proceso, en los pasos previos, en el que vi que debía ir por ahí, y entonces enfoqué más conscientemente el estilo en esa dirección.

¿Sientes que has tenido que sacrificar algún alarde técnico?

Sí, claro, un montón. Pero creo que eso es un buen síntoma, cuando empiezas a sacrificar alardes técnicos en beneficio de una coherencia interna y de una cohesión en toda la obra. Ahí es cuando estás viendo cada una de las partes como eso, como partes de algo más grande.

En esa evolución de tu estilo, no puedo evitar encontrar lugares comunes con otros autores. Ese contraste entre una arquitectura de líneas muy puras, muy rectas, y unos personajes más redondeados, casi estilo cartoon, que podemos ver en clásicos como Chris Ware o autores más actuales como Alex Schubert.

Alex Schubert y Chris Ware son, sobre todo Chris Ware por la densidad de su obra, dos de los tíos que más me gustan en el mundo. Chris Ware es el que mejor hace esa puesta en contexto, los personajes siempre están muy ubicados en un entorno arquitectónico particular. Building Stories es el ejemplo perfecto de hasta qué punto se puede relacionar al personaje con el ambiente que habita, y cómo una cosa afecta a la otra.

Más que relacionar tiende a sacar fuera, hay un contraste entre el fondo y la figura que también lo vemos en Inercia. Los personajes habitan el mundo pero ese mundo no es suyo. Casi que están por estar.

Sí, puede ser, no sé. Depende de tu estilo, pero es difícil evitar que la figura orgánica sea distinta de la figura arquitectónica, porque las naturalezas son muy distintas y las formas de representarlas, si pretendes una cierta figuración, siempre tienen que ser distintas. Uno puede sintetizar, pero si quieres que sigan haciéndose reconocibles tienes que mantener esa diferencia. Alex Schubert por ejemplo, en The Blobby Boys parece que lo mantiene un poco más, pero cuando hace Fashion Cat sí veo algo mucho más técnico incluso en los personajes. Lo prefiero cuando se distingue un poco mejor.

Hablando de lo que es el autor. Yo tengo la mala suerte de conocerte desde hace muchos años. Me sorprende una cosa que pasa muchísimo, que ves una obra sin conocer el autor y piensas “éste tiene que ser un amargado encerrado en su casa”, pero después yo te conozco a ti y tienes un humor de chistes de pollas y pedos. ¿Cómo eso después lo dejas fuera de la obra?

A mí los chistes de pollas y el humor muy pasado de rosca son de las cosas que más me gustan en el mundo, y lo disfruto muchísimo cuando lo leo. Nosotros somos amigos desde hace muchos años y la mitad de nuestras conversaciones se basan en mierdas por el estilo. Lo que pasa es que sentía que darle sitio a esto no beneficiaba a la obra en absoluto. Primero porque hubiera orientado mucho la personalidad de los personajes en una dirección u otra y hubiera ido en detrimento de lo que hemos hablado antes, de hacer un cómic más abierto, y luego lo que pasa es que el diálogo en Inercia está muy medido y sirve a unos intereses muy concretos en cada punto, y probablemente los chistes de pollas se habrían terminado comiendo la intención del diálogo. Pero habrá muchos más en el que estoy haciendo ahora.

Es bueno oírlo. Sobre ese poco uso del diálogo, ¿no te da miedo, o directamente no te importa, que la obra pueda ser demasiado críptica?

No sé si me importa mucho, pero tampoco creo que sea muy críptica. A mí me cuesta saberlo porque yo no puedo acercarme a la obra con ojos extraños, pero creo que muy críptica no es. Las metáforas visuales están bastante contextualizadas y aunque es un tebeo abierto, el desarrollo de lo que se cuenta es muy claro. No da lugar, creo, a que el lector se pierda y no sepa muy bien por dónde va el eje central de la historia. Luego el estado de ánimo que cada uno le pone a cada una de las secuencias sí que está abierto, pero no me parece mal que sea así.

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La historia, a pesar de ser sencilla y lineal sin juegos temporales, está llena de muchas elipsis. El espacio off tiene una gran importancia. ¿Tú tenías la historia y la vaciaste de contenido en los puntos que te interesaba o no llegaste a llenar esos puntos en ningún momento?

Lo segundo, yo no llené esos puntos. Puede que en alguna fase preliminar sí que tuviera alguna escena que al final acabé desechando, pero la historia está construida usando cuatro o cinco acciones claves que determinan el desarrollo que yo necesitaba. Y ya a partir de ahí añadí otras tantas para darle una coherencia y una cadencia concreta a la estructura que reforzara la sensación de desidia y todo eso, pero no he tenido una historia más completa a la que luego he mutilado.

Tenías unos puntos de giro y los rellenaste para conseguir un ritmo.

Eso es, es otra forma de decirlo. Añadí otras tantas escenas para dar esa cadencia.

Hablando de tu próxima obra.  ¿Será un cómic o una novela gráfica?

Bueno, una novela gráfica es un cómic. He tenido dudas porque sigo sin tener muy claro cuál es el formato idóneo para lo que quiero contar, pero últimamente está avanzando a un ritmo en el que parece que será una novela gráfica de una extensión parecida a la de Inercia.

En el sentido temática, ¿alguna variación? Tampoco sin destrozar la sorpresa.

Habrá algunos elementos visuales con los que tenía muchas ganas de trabajar, aliens sobre todo, porque es uno de mis temas favoritos y tú lo sabes. Intentaré que sea un poco más ambiciosa en el concepto. Habrá una exploración un poquito más intensa de la vertiente técnica o física que había en Inercia.

Tu idea es seguir el mismo camino, en el cual te sientes cómodo. Quizás más investigar el medio que la narración.

No creo que puedas investigar el medio sin investigar la narración.

Me refiero a la narración implícita al cómic, no a la narración de cómo contar una historia sino de cómo contar una historia en el cómic.

Yo estoy obsesionado con los cómics, y cuando me siento a dibujar un cómic me gusta, porque me gusta así cuando lo leo en otros autores, que exprima los códigos propios del medio. Eso no quiere decir que un cómic tenga que ser un continuo artificio en el que se manipulen los medios tradicionales de la secuencia para hacer algo espectacular todo el tiempo, sino a que simplemente tenga conciencia de sí mismo. El autor debe tener en cuenta las particularidades del medio en el que está trabajando y usar las herramientas propias del mismo, que son intransferibles a otros medios, para construir su mensaje.

Muchas gracias por la entrevista, Antonio, ya puedes vestirte.

Necesito ducharme.

@bartofg
@lectorbicefalo