Make inu

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El club del divorcio (Kazuo Kamimura). ECC, 2017. Rustica, 504 págs. B/N, 25 €

La curva M, que consiste en empezar a trabajar entre los 20 y los 24 años, después casarse y dejar de trabajar para dedicarse a la familia y volver al trabajo de nuevo cuando los hijos son mayores, entre los 45 y los 49 años de edad. Sin embargo, a partir de la década de los 90 las mujeres retrasan la edad de casarse en pos de una carrera profesional de acorde con sus estudios, a éstas se les conoce como career woman, aunque también reciben, de manera figurada, el nombre de make inu (perras perdedoras) porque son mujeres que han encontrado la felicidad dedicándose a su trabajo, pero son rechazadas e incomprendidas por la sociedad japonesa.

Dentro de lo que podemos considerar sociedades occidentalizadas en Asia el caso japonés es uno muy especial en el que a pesar de haber avanzado en ciertas cuestiones sociales la mujer sigue cargando con ciertos estigmas. Creo que los dos autores que mejor han sabido representar la situación de la mujer en este país asiático son el realizador Mikio Naruse en el que plantea siempre protagonistas femeninas en entornos básicamente masculinos llegando a tratar, en una temprana posguerra, temas como el aborto en su film La voz de la Montaña (1954).

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El otro es que nos ocupa hoy en esta entrada, Kazuo Kamimura. Este tiene una capacidad de mostrar el enfrentamiento entre la voluntad de la mujer japonesa en la década de los setenta. Yuko es una mujer de 25 años divorciada que regenta un local de acompañantes femeninas, siendo la gran mayoría de estas también divorciadas. El local en cuestión no es un espacio construido a modo del gineceo griego, sino que es un lugar en el que las mujeres intentan sobrevivir emocionalmente al discurso social impuesto de la mujer, por el cual esta se debe de casar tener hijos y cumplir con la dichosa curva M de la sociedad nipona. Pero las mujeres que perviven en este local son algo más que unas supervivientes, han decidido saltarse dichas normas y empoderarse casi por el único camino que les quedaba, explotando su cuerpo. Esa es la única manera que les queda de salir del circuito cerrado del matrimonio planteado como la típica salida que pudiese tener una mujer en ese momento. Kamimura relata la historia de estas mujeres a través de Yuko como una mujer fuerte de cara al público pero con sus debilidades personales en el ámbito más interno: su ex marido, su hija, su madre o el camarero del local con el que tiene un romance atípico; definen a un personaje que a pesar de sus dudas es fuerte y duro que a su vez representa la perseverancia y la constancia japonesa.

El club del divorcio es una obra singular de un momento muy determinado de la historia de un país, la podríamos definir con una temporalidad definida y localista. Lamentablemente no es así el autor hace una obra atemporal y en ese regionalismo anotado en las formas y costumbres de los personajes reside la fuerza para crear unos personajes que se escapan de cualquier límite fronterizo. Yuko son todas aquellas mujeres que en cierta manera deciden salirse de los esquemas planteados para ellas y que escogen un camino, el que sea, en el que puedan ser libres, elegir y aprender de los errores propios. Posiblemente es uno de los mejores mangas publicados en décadas y de lectura obligatoria para cualquier amante del cómic.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Good Old Times

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Black Hammer. Orígenes secretos. (Jeff Lemire, Dean Ormston, Dave Stewart). Astiberri, 2017. Cartoné, 184 págs. Color, 19 €.

Salvando distancias, o no, existen en la actualidad un grupo de guionistas de cómic que normalmente trabajan en el cómic de género superheroico que recuerdan a la generación de los barbudos que pobló Hollywood a finales de los setenta. Estos guionistas al igual que aquellos realizadores son grandes conocedores de medio en el que desarrollan sus actividades, sino que también sienten un gran amor por el mismo y lo que es más importante saben reconocer los topos y reconstruirlos a los tiempos actuales. Se trata de una reconstrucción alejada del posmodernismo y basada en los orígenes de los superhéroes basada en cierta nostalgia respetando los cánones del relato de género.

Jeff Lemire es uno de esos guionistas, de los que han crecido con los cómics, conociendo los recursos que este medio otorga. Este sabe escribir desde lo antiguo, lo conocido y crear un texto nuevo, que, aunque parezca que no diste mucho de publicaciones previas siempre aporta un vértice nuevo a este género, tan denostado por muchos lectores, que tiene tantas aproximaciones y exploraciones como títulos publicados. En Black Hammer nos encontramos con un relato que bordea en un difícil equilibrio entre lo crepuscular y el renacimiento. La vida de los superhéroes que protagonizan esta cabecera ha pasado por momentos mejores, en el momento en el que entramos en la historia se encuentran en una granja alejada del planeta Tierra y parece que su vida como protectores de la sociedad ha pasado a mejor vida. La granja en la que viven en una idealizada Norteamérica rural representa la esencia de los mismos a pesar de que muchos de ellos, tan solo Abe, no se encuentren a gusto allí.

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Ese espacio, esa representación, es un hilo con el pasado de los personajes y de su construcción como tales. Estos eran superhéroes a chapados a la antigua muy vinculados con la primera ciencia ficción de los años treinta y cuarenta de las revistas pulp, es decir, de carácter cientifista, esto como paradigma de un pensamiento que la ciencia seria una tabla de flote de la humanidad además nos redimiría. Contra todo eso esperanza representada en esos héroes se presenta Anti-Dios un villano de tamaño titánico que los reta y a causa del enfrentamiento se ven teleportados a ese espacio idealizado. En esta primera entrega se nos presenta a los personajes, uno por uno, la relación con el resto de compañeros y lo que les llevo a ser superhéroes.

Pero el mérito no es solo de Lemire, el apartado gráfico por parte de Dean Ormston y Dave Stewart, el primero al dibujo y el segundo al color, se completan a la perfección para delinear esa doble perspectiva de crepuscular y de renacimiento. Black Hammer funciona como un reloj, y eso que por el momento tan solo se ha planteado la situación, espacio y tiempo, con una separación entre pasado y presente muy clara y con una utilización de los flashbacks muy intuitivos que sugieren más que explican. El resto lo rellenamos con nuestra experiencia lectora. Pero es ante todo una obra destinada tanto para amantes del género como para aquellos que no lo son, o que tienen una idea preestablecida de este pero no le apetece meterse en la pornografía actual entorno a la cronología en la que vive sumergida este tipo de títulos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Un mal padre a través del tiempo y el espacio

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Black Science: How to fall forever (Rick Remender, Matteo Scalera y Dean White). Image, 2014. Rústica. 152 págs. Color. 9.99$

La superposición es un recurso tan válido como cualquier otro a la hora de crear cualquier obra artística, tomando por bandera una idea tan simple como a veces obviada: más es más. Aunque como es lógico, no todo el mundo suma igual. En la actualidad se ha optado quizás en demasia por resumir y aclarar las tramas, especialmente en géneros como la ciencia-ficción, donde se ha intentado que la epopeya, la space opera, se defina contra un fantástico del día a día. Como es lógico, esto no tiene porque significar que las obras sean más aperturistas, pues sólo hay que prestar un mínimo de atención a obras como la película Primer para observar que con tres elementos se puede organizar el artificio más complejo. Nos encontraríamos entonces una dualidad entre densidad especulativa y densidad expresiva. Así que mientras pequeñas historias tratan de exponer los grandes misterios del cosmos, los grandes relatos se vacían para dejar todo el interés en la mera pirotecnia.

Ante este panorama la ciencia-ficción clásica, la que no tenía problemas en mezclar aventura con divulgación o experimentación, se encuentra acorralada entre productos de mera evasión y tratados masturbatorios. Por suerte para nosotros como lectores, no todo está perdido y aún se abren caminos en los que es posible al mismo tiempo divertirse y reflexionar. En el terreno del cómic podemos encontrar esta vieja tercera vía en la obra Black Science, nuevamente editada por Image, una editorial que parece empeñada en demostrar que mainstream y calidad son dos adjetivos tan compatibles como la leche y el cacao. La historia desarrollada por Rick Remender, y trasladada al papel por Matteo Scalera y Dean White, es tan antigua que casi cualquier fan de la ciencia-ficción no tendrá problemas para encontrar varias obras donde ya se ha expuesto. En resumidas cuentas, el científico Grant McKay, líder de la Liga de Científicos Anarquistas, inventa un dispositivo conocido como el Pilar que es capaz de viajar a través de los billones de universos alternativos que pueblan el todoverso. Como es lógico, Grant no se encuentra solo, pues en su viaje le acompañan sus dos hijos, un par de colegas científicos, siendo una de ellas su amante y el mecenas que ha pagado toda su investigación. Ah, por cierto, el Pilar ha sido saboteado y cada viaje entre realidades es totalmente aleatorio. Por lo que el grupo de dimensionautas sólo espera que el próximo salto sea el que por fin les lleve de vuelta a casa.

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Así que es imposible negar todo lo que Black Science debe a obras clásicas como Flash Gordon, Perdidos en el Espacio Quantum Leap. Pero lo que hace diferente a la obra de Rick Remender, Matteo Scalera y Dean White, son por un lado los guiones del primero, capaz de darle no sólo una, sino un par de vueltas a la idea original; y el trabajo visual de los dos últimos, quienes convierten cada página en un tributo a la ciencia-ficción más clásica, desde las portadas de novelas pulp hasta los carteles de cine más psicodélicos. De este modo, nos encontramos con un cómic que gracias a la trama general de aventuras y a su arte nos obliga a permanecer totalmente atentos a la lectura, devorando literalmente las páginas con tal de saber que es lo próximo que va a pasar. Remender sabe jugar con el interés y la tensión del lector, haciendo que la historia avance a un ritmo frenético, sin tener el más mínimo problema en cambiar la composición de la expedición MacKay, pues los integrantes van desapareciendo al mismo ritmo que son suplantados por otros. El poder jugar con universos paralelos y un deux ex machina que obliga a cambiar el escenario cada poco tiempo, puede que cinco minutos o varios días, hace que la trama siempre sea sorpresiva, pues lo mismo podemos ser testigos de una Primera Guerra Mundial Alternativa que vernos atrapados en un mundo de espada y brujería. Así, cualquier idea que se escape de la cabeza de Remender, por muy loca que sea, tiene cabida en las páginas de Black Science.

Aunque si habría que elegir un único elemento que hace de Black Science una obra única, ese no es el otro que el propio Grant MacKay, ya que la personalidad del científico es la que hace que la historia tenga una profundidad más allá de la mera acción. MacKay es ante todo un egoísta y un ególatra, alguien que no tiene problemas en tergiversar todas sus acciones para vender los actos más caprichosos como sacrificios por un bien común: ya sean estos desatender a sus hijos o engañar a su mujer. Pero con lo que no contaba Grant era con perderse en el tiempo y el espacio en compañía de sus dos vástagos, una situación que de la noche a la mañana le obliga a ser un buen padre, algo que evidentemente nunca ha sido. El protagonista de Black Science vive en una realidad, o en un compendio de realidades, donde la muerte es una opción más que posible, donde el peligro es el elemento más común. Así que ante una situación tan extrema se ve obligado a pasar de ser un pagado de si mismo a sacrificarse continuamente para poder volver con sus hijos y su esposa. Pero claro, cambiar no es sencillo, y mucho menos bajo presión.

@bartofg

@lectorbicefalo

La importancia de una buena pareja sexual para robar un banco

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Sex Criminals: One Weird Trick (Matt Fraction y Chip Zdarsky). Image, 2014. Rústica. 25,5 x 16,5 cm. 128 págs. Color. 9,99$

Hace poco no tuve otra idea que ir al cine a ver Mil maneras de morder el polvo. Como es lógico, la sala estaba completamente llena de niños menores de 12 años, la inmensa mayoría sin sus padres. En un momento de la película un enorme bloque de hielo destroza el cráneo de un desgraciado con todo lujo de detalles, las risas de los niños eran ensordecedoras. En otra escena, el protagonista sufre un ataque de ansiedad al fumar marihuana, las carcajadas eran un torrente sin freno. Por último, en otro instante de la película, el protagonista por fin besaba a la chica, la sala se llenó de un silencio incómodo y denso, los chicos no podían más que murmurar molestos. No es nada nuevo que la juventud esté más preparada para la violencia que para el amor, y por extensión para el sexo. Con el tiempo esto sólo puede derivar en adultos insensibilizados ante la violencia y con carencias emocionales de primer orden.

Es fácil culpar a la tradición religiosa como principal fuente de este problema, pero lo cierto es que la sociedad actual, desde los educadores a los medios de comunicación, han confundido la sexualidad con la mecánica. Sólo hay que prestar atención a los productos culturales relacionados con el sexo, los cuales han pasado del erotismo, donde imperaba la relación entre los participantes, colocando el foco en conceptos como el deseo; hasta la pornografía, donde todo se resume al placer más primario, siendo la fricción de órganos sexuales el único punto de interés real. Así que nadie espere que los jóvenes que están por llegar sean mejores amantes, o simplemente compañeros de cama, debido a la sobre explotación visual de bombeos orgánicos.

Por suerte no toda la producción cultural se concentra en esa simplificación, sino que también existen propuestas que saben tratar el sexo desde una perspectiva mucho más abierta y profunda. Casos como el cómic Sex Criminals de Matt Fraction y Chip Zdarsky son un perfecto ejemplo de como el sexo tiene mil y una posibilidades. Matt Fraction se ha convertido rápidamente en uno de los guionistas más interesantes del mainstream americano, sabiendo trabajar tanto en obras personales como en longevas series de las editoriales más clásicas, casos en los que siempre consigue un valor añadido y una marca propia que le separa de la media. Sex Criminals es un cómic camino entre el romance y la ciencia-ficción, todo cubierto con una pátina de comedia, donde dos jóvenes, Suzie y Jon, tienen el extraño poder de congelar el tiempo cuando alcanzan el orgasmo. Aunque la trama general del cómic es el robo, más bien su preparación, de un banco utilizando sus capacidades suprahumanas, lo cierto es que al menos durante su primer arco argumental, Matt Fraction nos habla principalmente sobre el despertar sexual y la convivencia en pareja.

La capacidad de congelar el tiempo cuando se alcanza el clímax no es más que una excusa para sustentar la trama de ciencia-ficción, pero el verdadero valor de Sex Criminals se encuentra en la historia de Suzie y Jon, tanto la conjunta como la que cada uno ha vivido por separado hasta el momento en el que se han encontrado. La historia de Suzie es una continua ruptura de tabúes en la que Matt Fraction habla sin tapujos de la sexualidad femenina. En la mayoría de la producción de cómics de temática sexual, la mujer se presenta como un objeto de deseo pasivo, y en las contadas ocasiones en las que toma la iniciativa lo hace copiando el modelo clásico masculino, mostrándose más a un hombre con vagina que a una mujer. Pero Suzie no es la típica fantasía que convierte a las mujeres activas en ninfómanas, es una chica normal con sus propias necesidades, las cuales no tiene problemas en saciar, pero siempre desde su propia óptica. Son especialmente notables las escenas de la adolescencia de Suzie, donde queda perfectamente plasmada la idea de como la mujer es acorralada por la sociedad cuando intenta obtener la más mínima información sexual.

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Por su parte Jon es completamente diferente, el hombre no suele tener problemas para explorar su sexualidad, siendo la sociedad mucho más permisiva con él. Así que Matt Fraction en lugar de conformarse con un hombre estándar que se masturbó en exceso durante su adolescencia para pasar a ser un adulto egoísta en la cama; construye un individuo lleno de claroscuros y aristas. El problema de los hombres actuales no es decir que les gusta el sexo, sino asumir que son imperfectos, y eso es precisamente lo que hace Jon, intentar lidiar con sus demonios interiores, tanto con su propio esfuerzo como con el apoyo de Suzie. Quizás sin quererlo, Matt Fraction ha conseguido construir una pareja tan real y compleja que deja en evidencia a la inmensa mayoría de las series que tratan única y exclusivamente dichos temas. Para Suzie y Jon el sexo existe y está siempre presente, como debería estarlo para cualquier persona.

Pero por si esto fuera poco, Sex Criminals es además un cómic tremendamente divertido y entretenido. El descubrimiento y dominio de los poderes de los protagonistas tiene poco que envidiar a los grandes cómics de superhéroes, igual que el universo que se intuye en los primeros números, con ideas tan bien aprovechadas como la Policía Sexual. Sex Criminals está recomendada para lectores adultos, aunque yo no vería descabellado recomendar su lectura a adolescentes con un mínimo de formación, pues al fin y al cabo van a ver cosas mucho peores y al menos podrán aprender algo realmente útil cuando Suzie, perfecto reflejo de Frank Underwood en House of Cards, rompe la cuarta pared y deja claro al lector lo que es importante en la cama y en la vida.

@bartofg

@lectorbicefalo

A F#ck¡ng Crazy Palimpsest

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That’s Because you’re a Robot (David Quantik y Shaky Kane) Image Comics, 2014. 26 x 17 cm. Color, 28 págs. 3,99 $

Un palimpsesto es un grabado o escritura que conserva restos de una escritura anterior. Para Genette ese hecho físico trasladado a la teoría literaria consiste en la copresencia de dos o más textos en uno solo, y dependiendo de la presencia efectiva de estos se estipulan diferentes grados de transtextualidad. Para que esto tenga lugar ni siquiera hace falta que haya una intervención literal de ninguno de los textos en ese caso se trata de una alusión.

Otra forma de transtextualidad es la parodia, muchas veces entendida como comedia o como un texto derivado directamente de otro, aunque no siempre es así como suele suceder con el pastiche; término utilizado muchas veces de manera despectiva aunque no siempre tiene que ser así. Esta práctica consistente en utilizar o imitar abiertamente diversos autores, estilos o textos y que como resultado de combinarlos de la impresión de que estamos ante un texto independiente. A medio camino entre la alusión y el pastiche nos encontramos con That’s Because you’re a Robot  de David Quantik y Shaky Kane, un cómic de grapa pensado para los lectores más jóvenes.

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Así que imagínate que eres un poli, que eres un poli en Estados Unidos, pero no en un Estados Unidos normal y corriente, sino en uno distópico, aunque decididamente utópico para un lector de tebeos. Pues eso, imagínate que eres ese poli en ese Estados Unidos pop y te presentas junto con tu compañero ante tu superior y éste os dice: “uno de los dos es humano, pero el otro es un robot, sólo que no sabemos cuál es cuál”

Así empieza la aventura de Matt y Jeff, dos polis cuya mayor aventura a partir de ese momento consistirá en saber cuál de los dos es un robot. Sólo que en el camino se encontraran una conspiración psicotrónica en la que están envueltas un villano capaz de cambiar de edad a su antojo y una banda de villanos compuesta por un vaquero, un monstruo de Frankenstein, un leprechaun, un fantasma, etc.

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That’s Because you’re a Robot es el mejor ejemplo de pop art llevado al cómic, una obra de arte en cada una de sus páginas. Con una trama absurdamente sencilla pero descacharrante que ni tan solo se cierra en este número único. Pero realmente da igual, la lectura se disfruta con la mera contemplación del dibujo de Shaky Kane, colaborador fijo de Image, pero al que todavía no se le ha dado una gran serie.

Pero quizás lo mejor de este título es el público al que va orientado, no puede haber mejor experiencia lectora para una persona que está empezando en esto de los cómics que esta obra; y es que junto con Battling Boy de Paul Pope parece que se vuelve a empezar a cuidar y a buscar unos lectores con textos de calidad. Yo no puedo dejar de recomendar That’s Because you’re a Robot a todos aquello que busquen en el cómic algo con lo que sorprenderse y recordar porque empezó en esto de los tebeos. Para mi uno de los títulos del año, y a ver cuándo lo editan por estos lares.

@MrMiquelpg

@lectorbicefalo