Lo mejor del 2014 allende las fronteras

El pasado sábado Miguel nos daba su lista particular de las mejores obras nacionales del 2014, así que ahora me toca a mí añadir algo de orden y coherencia a todos los volumenes que durante el pasado año llegaron a las estanterías. Al igual que mi compañero, mi lista es totalmente subjetiva, debería aspirar a que las obras con mejor guión, dibujo y narración gráfica llenaran la lista, pero lo cierto es que al final no es así. En la lista pongo lo que más me ha gustado de lo que he leído durante todo el 2014, que leer no es lo mismo que conocer, así que si hay alguien que se pregunta por qué obras como L’Amour o Cowboy Henk no están en la lista, se debe a que aún no me las he leído. Cosa que supongo que no tardaré en subsanar. Del mismo modo, si faltan algunas otras obras que han hecho tambalear a los amantes del cómic, es porque personalmente no me han gustado. Esto no me preocupa en lo más mínimo, pues la única intención que tiene la lista es resaltar algunas obras que en mi humilde opinión debería leer y disfrutar todo el mundo, que la memoria tiende a ser frágil y después perdemos joyas entre la niebla.

Como parece que las listas de números dispares están de modo, aquí van los 10 cómics extranjeros que más han gustado a Barto durante el 2014.

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10. No puedes besar a quien quieras de Sandrine Revel y Marzena Sowa
Que fácil es realizar una obra sobre la infancia en un entorno hostil, más si le añadimos ese halo mágico y abstracto del amor puro y la búsqueda de la libertad. Pues no, no es para nada fácil, es algo tremendamente difícil, pues es fácil ceder al sentimentalismo más pueril y al maniqueísmo más simple. Sin embargo, Marzena Sowa sabe centrarse en una historia pequeña y emotiva para dejar que la situación política y social simplemente se cuele en las rendijas. El dibujo de Sandrine Revel no se queda por detrás, pues haciendo de la contención un valor positivo consigue que la ternura sea más directa que la violencia. Una historia pequeña que con un simple bosquejo explica perfectamente lo que era la infancia en la Polonia comunista.

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9. Manabé Shima de Florent Chavouet
Un vago bueno para nada visita una pequeña isla del mar interior de Japón. El turista parece más preocupado por descansar y beber cerveza que por hacer cualquier tipo de turismo. Sin embargo, nos encontramos con la contradicción de que dicho turista tiene alma de etnógrafo y entre paseo sin rumbo y tarde en el bar crea un fresco tan sentimental como científico. Manabé Shima es un estudio tanto de la población de una pequeña isla japonesa como del propio acto de observar de su autor, un canto humanista que mezcla la guía de viajes con la sociología y la psicología. La fascinación de occidente por oriente suele centrarse en la curiosidad y la diferencia, mientras que Florent Chavouet opta más por buscar puentes y lugares comunes, consiguiendo acercar culturas de una forma emotiva y humorística al margen de cualquier pedantería o relativismo.

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8. Bandette de Paul Tobin y Colleen Coover
Para mí una de las sorpresas más agradables del año y un nuevo recordatorio de que las ideas preconcebidas no son un atajo. Bandette puede parecer un cómic para niños, o jóvenes adultos, sin más, pero lo cierto es que esconde mucho más. Cuando el cinismo prácticamente a ahogado a la ironía, es agradable encontrar un cómic donde la inteligencia llena cada página y encima está dedicado para todos los públicos. El trabajo de Paul Tobin y Colleen Coover no se queda sólo en su particular mezcla del cómic americano y francés, a niveles tanto narrativos como visuales, sino en la presentación de unos personajes que dan un nuevo valor a la palabra carisma. La ladrona Bandette es un regalo para cualquier lector, una inyección de buen humor y dinamismo. Bandette se ríe contigo, te guiña un ojo y se despide con una voltereta tras besarte en la mejilla, siempre dejándote con ganas de más.

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7. Aquel verano de Jillian Tamaki y Mariko Tamaki
Volvemos a hablar de la melancolía en la lista, aunque esta vez cambiamos comunismo por capitalismo e infancia por adolescencia. La historia de Aquel verano será compartida por la inmensa mayoría de los lectores, aunque no hayan veraneado en la playa ni se parezcan en lo más mínimo a Rose ni nunca hayan tenido una amiga como Windy. El valor de la obra de las primas Tamaki se encuentra en ese campo tan difícil de hablar de lo más general explicando lo más concreto, centrándose en un caso particular hasta el límite para contarnos algo que hemos vivido todos. Probablemente cualquiera sería capaz de escribir algo como Aquel verano, pues basta con elegir aquel verano adolescente que nos marcó y simplemente explicarlo, pero difícilmente se conseguiría una coherencia y lucidez en el relato como en el del cómic de Jillian y Mariko Tamaki. Una zambullida autoconsciente en la felicidad blanca y la tristeza gris.

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6. Battling Boy de Paul Pope
Nadie pone en duda que El momento de Aurora West es la leche, pero antes de que la precuela se comiera a la obra madre, existía un pequeño chaval semidiós dispuesto a aporrear monstruos. He de reconocer que el paso del tiempo me ha hecho valorar mucho más la obra de Paul Pope, y aunque sigo reconociendo algunos pequeños defectos, cada vez estoy más convencido de sus aciertos y su potencial. Battling Boy es un puñetazo en la cara a la inmensa producción de cómic de entretenimiento, una muestra más de la decadencia de Marvel y DC. Paul Pope no escribe y dibuja para adultos con gustos infantiles, crea un cómic netamente juvenil lleno de acción y humor para que los chavales lo flipen. Nos encontramos con una obra que los adultos debemos leer pidiendo permiso a los chavales, un cómic que entretiene y además trae algo más.

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5. Solanin de Inio Asano
Lo que hace Inio Asano en Solanin es muy simple, nos presenta unos personajes y los pone a andar, creando una historia coherente e interesante, básicamente a lo que aspiraría cualquier autor. Pero no contento con esto, justo en la mitad del cómic, el autor implosiona la historia para llevarla en un nuevo sentido más complicado y difícil, haciendo que un buen comienzo tenga un desenlace impresionante. El planteamiento de Solanin no deja de ser la intranquilidad de alguien que estrena la edad adulta y no termina de estar a gusto a pesar de haber conseguido todo lo que la sociedad le decía que era la felicidad. Aunque el autor, hasta cierto punto cruel, coge esa queja de su protagonista la pervierte para darles razones reales para sufrir. En cierto sentido, Inio Asano conjuga el punto de vista del adolescente rebelde tardío con el adulto responsable para crear un texto lleno de tristeza y esperanza.

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4. Hulka de Charles Soule y Javier Pulido
Hulka es quizás el principal ejemplo de cómo las editoriales clásicas deben dejar lastre atrás, olvidando cronologías caducas y grandes temas adultas contadas por niños. Charles Soule actualmente escribe la colección de los Inhumanos, demostrando que puede crear un cómic tan genérico como cualquiera, reservando el verdadero arte para la abogada verde. Hulka es un cómic de abogados con superpoderes, la entrada del mundo real en la Nueva York de los Vengadores y los 4 Fantásticos, lo que visualiza lo absurdo de los superpoderes. Es cierto que este ejercicio no es nuevo, contando con antecedentes incontestables como X-Statix, pero el hecho de que el propio Charles Soule ejerza como abogado y Javier Pulido de rienda suelta a un dibujo tan personal, convierte Hulka en un auténtico acontecimiento. Esto es realmente un cómic para adultos, una obra inteligente y que supone un reto real para el lector.

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3. El bus de Paul Kirchner
La nada y el todo, una obra que podría definirse como un tratado filosófico en base a chistes blancos y bromas tontas. Es difícil hablar de la obra de Paul Kirchner porque habría que explicar lo inexplicable, pero básicamente lo que hace el autor es reflexionar sobre absolutamente todo de la forma más aséptica posible. Este recopilatorio es sin duda una de las mejores obras publicadas durante el pasado año, una de esas sorpresas editoriales que solucionan una deuda que muchos ni sabíamos que teníamos. la lectura de El bus se puede tomar de forma sosegada, dándole tiempo, o consumirla de una sola vez, sabiendo que en tal caso nuestro cerebro va a recibir un estímulo que nos dejará con una sonrisa en la cara y una sensación de incomodidad en el cerebro.

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2. Gyo de Junji Ito
Dicen que hacer llorar es muy sencillo y hacer reír bastante más difícil. No sé dónde colocaría yo la dificultad de asustar, pues el miedo es más personal que la tristeza o la risa, mucho más. En todo caso no se me ocurren muchas personas que puedan quedar impasibles ante la lectura de Gyo, un cómic de horror cósmico donde lo que no puede ser y el olor toman el mando. Gyo no es una obra excesivamente terrorífica, ya que más bien debería considerarse opresiva y desesperante, un sumar continuo donde los personajes se van ahogando en la putrefacción sin que puedan hacer absolutamente nada por evitarlo. Sin duda, una obra que para mí al menos se quedará mucho tiempo dando vueltas en la trastienda de mi cerebro, tanto por las escenas más realistas y viscerales como por las concesiones de Junji Ito al lirismo, momentos en los que demuestra que con lo más macabro es capaz de crear poesía.

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1. Hechizo total de Simon Hanselmann
Para mí lo mejor del año, el mejor cómic en varios años, es sin duda la selección más subjetiva de la lista. Quizás podría discutir mejor la valía de las otras obras seleccionadas, pero con el cómic de Simon Hanselmann posiblemente tendría más problemas. La calidad de Hechizo total es innegable, pero se me hace harto complejo separar las virtudes intrínsecas de la obra del diálogo que la misma plantea conmigo y con mi generación. Ser un texto generacional puede ser peligroso, pues la obra se puede reducir a flor de un día, pero algo me dice que eso no pasará con Hechizo total, sé que volveré una y otra vez al cómic del mismo modo que tengo que considerar amigos íntimos a personas que veo como mucho un par de veces al año. Lo que ha hecho Simon Hanselmann no tiene nombre, ha escrito el chiste más divertido y triste del mundo, un canto de esperanza para una juventud derrotada.

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Porque salvar el mundo no paga las facturas

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Hulka: Ley y desorden (Charles Soule, Javier Pulido y Ron Wimberly). Panini Comics, 2014. Rústica con solapas. 144 págs. Color. 13,50 €

Al final de la película Saint Laurent (Bertrand Bonello, 2014) el afamado diseñador francés, durante los últimos años de vida, cena con una antigua colaboradora, ambos de etiqueta y frente a la atenta mirada de un mayordomo pétreo. La mujer no para de alabar el talento de su antiguo empleador, defendiendo como su inspiración bebía de Proust mientras los diseñadores actuales mancillan el oficio tomando como referentes el mundo del cómic. Yves Saint Laurent le da la razón a su empleada, definiéndose como el último gran modisto mientras con una cuchara de oro le da caviar a su perro. Durante el documental La danza (Frederick Wiseman, 2009), centrado en el ballet de la Ópera de París, un coreógrafo intenta explicarle durante un ensayo a dos bailarines, vestidos con mallas y camisetas sudadas, como expresar un amor imposible mediante el baile. El coreógrafo termina pidiéndoles que se imagen que son X-men, criaturas llenas de poder pero cuya potencia les impide amarse, llegando incluso a imposibilitarles el contacto físico.

Evidentemente son dos formas de ver la cultura, de percibir la historieta, incluso los superhéroes, como referente y dinamizador de la sociedad. Por fortuna parece que cada vez la sociedad en general es más receptiva a un medio de comunicación que ha tenido que luchar a brazo partido por conseguir su lugar en la cultura global, enfrentándose tanto a censores del buen gusto como a talibanes que se negaban a soltar su objeto de deseo. Pero el tiempo ha abierto las ventanas dejando pasar el aire, demostrando que el cómic tiene mucho que decir. Si alguien tiene alguna duda no tiene más que sentarse un rato y leer el primer tomo de Hulka de Charles Soule, Javier Pulido y Ron Wimberly. El guionista Charles Soule no lleva demasiado tiempo escribiendo cómics, profesión que desde 2009 compagina con la abogacía, actividad a la que ha dedicado la inmensa mayoría de su vida laboral. Sin embargo, colecciones como Inhumanos para Marvel o Red Lanterns para DC demuestran cierta valía como guionista de superhéroes mainstream. Aunque si Hulka tiene algo, es su alejamiento total de cualquier cosa que se acerque a un cómic clásico de superhéroes, siendo al mismo tiempo todo lo que un lector de superhéroes espera encontrar. Puede sonar absurdo, pero la ruptura continuísta de Charles Soule funciona con eficacia, eso sí, contando la ayuda excepcional de Javier Pulido, dibujante estable de la serie; y Ron Wimberly, que realiza dos números del primer volumen de Hulka.

La serie de Charles Soule es continuísta porque Hulka es una colección llena de acción y misterio, una continua invitación a seguir leyendo, tanto en lo referente a cada número, los cuales funcionan de forma autónoma sin problemas, como en el sentido de saga de la historia. Charles Soule sabe gestionar la información para sin que aparentemente pase nada, Hulka entretenga sin exigir demasiado al mismo tiempo que va construyendo una red de relaciones y causalidades al rededor de Jennifer Walters, la profesional abogada que recibió una transfusión de sangre de su primo Bruce Banner, heredando su precioso tono esmeralda y buena parte de sus poderes. Pero en la actual colección de Hulka, el poderío físico de la protagonista se sitúa como mucho al mismo nivel que su portento intelectual, especialmente en lo referente a su labor como letrada, pues Charles Soule llena el cómic con algo que domina en su vida profesional, el derecho, haciendo que los juicios y las demandas no sean sólo elementos secundarios en la colección, pues su Hulka es primero abogada y después heroína.

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Charles Soule es un abogado experto en inmigración y derecho corporativo, con lo que no extraña que dos de los primeros casos de Hulka sean una demanda por violación de patente y la petición de un asilo político, aunque los demandantes sean respectivamente la viuda y el hijo de sendos villanos. Todo este conocimiento ajeno al mundo del cómic enriquece Hulka hasta el punto de que su lectura se aleja de la típica sucesión de combates, Charles Soule nos cuenta principalmente la historia de una joven profesional que trata de abrirse camino en el difícil mundo de la abogacía, intentando al mismo tiempo mantener una vida personal estable, si es que su trabajo se lo puede llegar a permitir. Se podría decir que Hulka es el slice of life de una joven abogada de Nueva York que abre su propio bufete, con la salvedad de que es verde, mide dos metros y tiene una fuerza sobre humana, una fuerza sobre humana que no impide que las pequeñas derrotas del día a día sean menos dolorosas.

Para rematar la jugada, nos encontramos con el dibujo de Javier Pulido, quien con un estilo totalmente alejado del clasicismo superheroico ata a tierra Hulka, haciendo a los personajes, y especialmente a su protagonista, más redondos y humanos. Pulido refuerza el tono de Soule, consiguiendo los dos autores unos personajes femeninos como pocas veces se han visto en el cómic de superhéroes, mostrando una visión realista y colorida, lejos de simplificaciones y estereotipos. El dibujo de Ron Wimberly, tan diferente del de Pulido como del estilo clásico, también trae novedad a la obra, pero sus constantes juegos estilísticos y su obsesión con la perspectiva enfatizan más el dinamismo que la carga emocional de la historia. El tandem entre Soule y Pulido, sin desmerecer en ningún momento a Wimberly, conforma una de las mejores colecciones mainstream de la actualidad, presentando unos resultados parecidos a los del Ojo de Halcón de Matt Fraction y David Aja, donde también trabajó Pulido. Quizás ésta sea la salida, la evolución lógica, historias diferentes con acabados artísticos también diferentes, donde los héroes no dejan de ser héroes pero sin olvidar que las facturas no se pagan solas.

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