Con el jijí jajá

Una vida en familia tan agradable (Antoine Marchalot). Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica. 112 págs. ByN. 19 €

El humor es un tema delicado, no ya por el triste y aburrido, y estéril, e idiota, debate sobre los límites del humor. Lo resumo, no existen, si algo no te hace gracia no es gracioso para ti, evita chistes de ese tipo o humoristas que los usen. En fin, para mí el límite del humor es la indiferencia, que un chiste no me provoque la más mínima reacción. Eso es lo delicado del humor, que existen tantos tipos de humor como receptores, cada cual escoge que le hace gracia y busca ese tipo de humor. A mí me pasa como a todo el mundo, me encanta el humor bestia, el que carece de frenos y parece que el chiste llega antes a la lengua que a la mente cognitiva; también me gusta mucho el humor incómodo, especialmente cuando se relaciona con entornos ajenos al humor o surge como un intento de estirpar cualquier tipo de gracia; y el humor escatológico, me vuelve loco, mejor cuando es lo más simple y gráfico posible.

Lo que no me gusta tanto es el humor azul, un amigo monologuista me dijo que se llamaba así al humor basado en la vida cotidiana y que no ofende, lo típico de “es gracioso porque es verdad”. Cierto, pero sería más gracioso con un comentario que se malinterpretara como un intento de ligue, con una referencia a Hitler bailando, o simplemente con una caca. Así lo veo yo, con lo que consumo muchísimos tipos de creadores de humor, buscando siempre algo que me mueva muy dentro. Así que no podría estar más contento que tras la lectura de Una vida en familia tan agradable de Antoine Marchalot, una obra que para mí recoge el mejor humor posible, uno que se presenta como una creación rápida, casi espontánea, pero que esconde en su interior construcciones y reflexiones que sólo pueden surgir de la mente de un genio, una mente entrenada y bregada en el campo de batalla de lo surreal, lo hiperbólico, lo estúpido y la lucha constante por la emancipación de lo literal.

Lo primero que llama la atención de Una vida en familia tan agradable es el dibujo de Antoine Marchalot. El autor apuesta por un dibujo simple hasta el extremo, compuesto casi en su inmensa totalidad por líneas negras alejadas de cualquier academicismo, así como de cualquier antiacademicismo. Antoine Marchalot parece dibujar con el único requisito de que lo que dibuja se parezca mínimamente al referente real, que un león se reconozca y se distinga de un perro es más que suficiente. Todo esto no a través de un proceso de depuración técnica con el objeto de reducir lo representado a su mínima expresión, más bien con el sano interés de que si para su chiste necesita un león, basta con que el lector perciba, más o menos, que lo que está viendo es un león. Con eso es más que suficiente y la broma puede funcionar. Así que sólo podemos definir el trabajo gráfico del autor como feísta y descuidado para cualquiera que busque una experiencia estética a través del dibujo.

Pero por fortuna, este acabado gráfico no se convierte en ningún momento en algo que haya que perdonar a Antoine Marchalot para disfrutar de su humor, pues bastan pocas páginas para entrar en el universo gráfico propio del autor, lo que confiere una unidad y coherencia superior a Una vida en familia tan agradable que consigue que la infinidad de chistes de una página terminen conexionados como un todo, como elementos que fluyen y se mezclan dentro del mismo universo, ayudando a que los chistes más surrealistas convivan sin ningún problema con chistes de humor negro o con simples juegos de palabras. Todos los personajes de Una vida en familia tan agradable terminan siendo los habitantes de un mundo absurdo y pasado de frenada que se puede entender como una destilación de nuestra propia realidad, un cosmos donde las pequeñas concesiones que hacemos a las buenas maneras y las costumbres terminan gobernando para mostrarnos lo absurdo de la vida humana en sociedad.

Porque si aún no lo he dicho, es mejor aclararlo, como los buenos humoristas, Antoine Marchalot consigue que reflexionemos sobre nuestra propia existencia a través de lo absurdo, pero más allá de la reflexión, consigue que nos riamos como si tuviéramos tres años y viéramos un gato con sombrero y paraguas. De este modo tenemos chistes sobre la vida personal de un tornado, accidentes de tráfico, tonterías sin aparente gracia y chascarrillos; elementos que fluyen como pocas veces hemos visto para terminar riéndonos sin parar, teniendo que dejar el libro un rato sobre la mesa, porque Antoine Marchalot ha hecho un chiste sobre una muerte desagradable o porque uno de sus personajes simplemente ha dicho “classy”.

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Una sinuosa línea recta

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Nubes de talco (Amanda Baeza). Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica, 128 págs. Color y B/N, 19,95 €

Considerando la narrativa como un artilugio del cual nos valemos para articular nuestra experiencia vital y como modo de transmisión del relato no es más que una herramienta preconfigurada que facilita la comunicación y la experiencia humana. De ese punto podemos pasar a la carencia de esta como un elemento más vinculado a las formas de expresión artísticas de vanguardia y que buscan que sea el espectador el que establezca dicha narrativa con la obra en cuestión. Luego estarían aquellas formas que están a medio camino pero que por salirse por los cauces más convencionales se sitúan dentro de lo experimental, en ese caso estaríamos hablando de una narrativa antinatural, quizás por no acotarse a las estructuras convencionales y por valerse de recursos ajenos o contrarios a esta.

Amanda Baeza en Nubes de Talco, volumen que recoge el trabajo de la artista chilena residente en Portugal de 2013 a 2016, nos muestra que esta narrativa que hemos denominado como antinatural es posible la mejor manera de hacer una biogeografía emocional de uno mismo. Baeza nos muestra que posiblemente el camino más corto para representarse a uno mismo sea una línea recta, recta pero con muchas curvas y recovecos, dando matiz y textura a cada uno de los momentos que define la existencia de la autora en un relato, eso sí, que aborda la biografía alejándose de los prototipos del género. La protagonista podemos suponer que es la autora y que está lejos de explorarse en una relación antagonista con el mundo que la rodea sino que apunta a una exploración de este a partir de su fuero interno.

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En este recorrido se esboza una visión personal del mundo que cuestiona por completo el orden de las cosas, la fe, las creencias ciegas, la lógica de la comunicación y relación entre personas y cosas. Se trata de una descomposición que a nivel visual nos lleva a una autora que opta por explorar el universo de lo personal a través de diferentes estilos diferenciados que van desde cierto figurativismo a coquetear con la  abstracción, jugando a desprenderse del color en las páginas en blanco y negro, revolverse con los grises y desbordar la retina del lector con colores que hacen rebosar la viñeta.

Nubes de talco es una apuesta tanto por parte de la autora, Amanda Baeza, como por la editorial, Fulgencio Pimentel, para un lector ávido no solo de novedades editoriales sino de aquellos autores que buscan nuevas fronteras en el desarrollo de sus relatos. De los caminos escogidos el elegido por Baeza es uno de los más complejos se abona acierto tipo de narrativa pero sin acabar de fundirse con esta pero con una querencia por darle una importancia fundamental a la forma sin que esta le reste nada a lo primero. La autora rompe una lanza por una representación de la figura humana más cercana a las vanguardias, basada en todo tipo de descomposiciones, pero sin perder la referencias espaciales, también reimaginadas y reestructuradas una y otra en vez en función del estilo elegido en cada relato. Este volumen es una de las sorpresas del año pasado en este nos encontramos con una autora en constante evolución que sorprende a cada página por la frescura y madurez del trazo.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #282: Lo mejor de 2016.

El año nuevo se viene el año viejo se va, y por estas fechas, como siempre empiezan a aparecer las listas de lo más reseñable del año en diferentes ámbitos de la cultura. Como siempre en Spain is Pain nos ocupamos de aquellos tebeos que a nivel nacional podemos considerar como más interesantes por un aspecto u otro. Este año en cuestión podemos encontrar dos grandes bloques: uno en el que la experimentación está en primer plano y otro en el que las narrativas más clásicas explotan al máximo sus recursos. Como me ha sido imposible cerrar una lista de 10 obras he cerrado una de 15 imprescindibles, es decir, un buen año para la viñeta (y en lo personal también).

P.D.- Y recuerden, las listas son siempre subjetivas.

  1. Sirio (Fulgencio Pimentel) / Gialla (Ediciones Valientes) de Martín López Lam

Este es el díptico imprescindible de 2016, Martín López Lam explora la relación entre el autor y el lector, convirtiéndola en íntima y optando por un punto de vista subjetivo para convertir a la audiencia en protagonista. Imprescindibles.

  1. Vip (Penguin Random House) de Felipe Almendros

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Felipe almendros sigue con la exploración de su yo artístico y su yo ficcional en un volumen monumental, directo y retórico. Un trabajo en el que el énfasis de la lectura se sitúa en espacios que exploran la relación y la influencia de la obra de ficción tanto para el autor como para el lector. El CD que lo acompaña es maravilloso.

  1. Gran bola de helado (Apa-Apa) de Conxita Herrero

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Un trabajo diferente, aquí la autora vuelve a ser protagonista, pero en un entramado de formas y colores que aspira a trascender al mero relato narrativo. Gran bola de helado es ante todo una obra sinestésica que se debe leer, degustar y sobre todo respirar al ritmo que esta te marque.

  1. Hopper (Autopublicado en TumblR) de Felipe H. Navarro

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Felipe H. Navarro es un autor que evoluciona rápido y en Hopper parece cristalizan todos aquellos elementos que hacen grande a este creador. Este work in progress nos habla de una idea un concepto, el que da título a la obra, que muta en función del relato que se nos narra en ese momento. El formato vinculado a la plataforma nos regala una idea de viñeta-lienzo impagable. Amigos editores ¿para cuándo una edición en formato físico?

  1. Materia (Astiberri) de Antonio Hitos

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Antonio Hitos en su último trabajo hace una aproximación holística y conceptual a nuestro mundo poniendo de relieve y cuestionando algunos de los pilares básicos de la sociedad contemporánea a través del relativismo. Mucho menos críptico que en su obra interior pero más perverso en la forma de elaborar el discurso. Un trabajo imprescindible para comprender la evolución de un autor que aspira a la simplicidad estética.

  1. Hoodo Voodo (Fosfatina) de VVAA

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En una obra colectiva de este calibre es difícil hablar de un creador en concreto, y más en este caso. La gente de Fosfatina se saca de la manga una serie de autores que trabajan al margen de la estética mainstream del cómic. Título fundamental para entender los desarrollos del cómic de vanguardia.

  1. Los dientes de la eternidad (Norma Editorial) de Jorge García y Gustavo Rico

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Jorge García y Gustavo Rico se sacan de la manga una obra sobre la épica vikinga clásica en un contexto visual innovador y rompedor. La magia consiste en no hacer que esas dos ideas choquen, y lo consiguen. El resultado una de las representaciones más preclaras de del Valhalla.

  1. El ala rota (Norma Editorial) de Antonio Altarriba y Kim

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Un relato que cuenta cómo ningún otro la soledad y ostracismo en el que han vivido las mujeres en España durante más de medio siglo. La paracuela de El arte de volar constituye una obra más depurada que su predecesora, más crítica con el sistema de valores del catolicismo español, pero sobre todo por ser una obra que no se basa en la lastima sino en la reivindicación de un personaje femenino lastrado por las circunstancias.

  1. Gran Hotel Abismo (Astiberri) de Marcos Prior y David Rubín

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El mejor escritor de ficción política y el autor que mejor representa la rabia contra el sistema ponen en escena sin ningún tipo de doblez moral la paupérrima situación política y social a la que nos somete el capitalismo feroz. El pueblo frente a la clase dominante, la violencia de clase vs. la violencia del estado y la caída del estado-nación son algunas de las cuestiones que se ponen en juego en esta obra.

  1. Lamia (Astiberri) de Rayco Pulido

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El autor canario vuelve con un trabajo de precisión tanto en el aspecto estético como en lo narrativo. Una thriller con asesino de por medio que pone de manifiesto las visicitudes de aquellas mujeres que buscan independencia en un periodo en el que todo les era negado. Intrigante y visualmente brillante.

  1. Insecto (Norma Editorial) de María Llovet

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Nunca me cansaré de reivindicar a María Llovet, su trabajo en la narración es complejo y lleno de capas. En su último trabajo hace una pequeña tesis sobre el amor y sus circunstancias, sobre lo inadecuado cuando no tiene que aparecer y de lo importante que siempre esté ahí aunque no se pueda satisfacer C. Tal como lo plantea la autora las cosas son como deben ser aunque no sean adecuadas.

  1. Palos de ciego (Astiberri) de El Irra

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La opera prima del autor sevillano es un manifiesto sobre la vida en los barrios del sur y de cómo el devenir de las personas esta en las manos del destino y de algunos cuantos cabrones que les gusta jugar con nosotros. La vida es dura y el Irra nos lo muestra sin ningún tipo de concesiones.

  1. La muerte y Román Tesoro (DeHavilland) de Lorenzo Montatore

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Lorenzo Montatore desmonta por completo la idea de la forma vinculada al relato. Bajo una apariencia banal nos desgrana un relato complejo sobre la muerte repleto de referencias literarias y de la cultura popular de la calle. Un libro para leer rápido, pero que se queda en la mente del lector durante mucho tiempo.

  1. La reina orquídea (El Verano del Cohete) de Borja González

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Una pequeña joya que ha pasado desapercibida, Borja juega con el lector a través de un trampantojo  visual en el que el lector se convierte en un espectador que tiene que estar muy atento para no caer en el agujero de conejo para no quedar atrapado en el relato. Deseando leer lo próximo de Borja.

Pues hasta aquí todo, a ver que nos depara 2017. Chau.

@Mr_Miquelpg

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El amargo atolladero de la lucidez

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Melancolía (Simon Hanselmann) Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica, 160 págs. Color, 24€

Simon Hanselmann está empezando a caminar por unos senderos un tanto peligrosos para sus lectores. Las desventuras de Megg, Mogg y Búho empiezan, o más bien inician una acentuación, hacia la mostración de la depresión como un estado de ánimo permanente. En este universo nadie es feliz, simplemente siguen hacia adelante, viven su día a día omitiendo cualquier sentimiento que les ayude a reflexionar sobre su paupérrima situación emocional. Ninguno de los tres parece que quiere vivir en esa ciudad, ni en ese apartamento y, en el caso de Búho, odia su trabajo.

El escenario que plantea Hanselmann es de amor/odio entre los personajes, el de tener que soportarse a pesar de todo. En la última entrega tanto Búho como Werewolf Jones adquieren gran protagonismo casi dejando  a Megg y Mogg como personajes que articulan el resto del relato. El hombre lobo se ve asediado por la paternidad y tiene que  cuidar de dos hijos que al igual que el son incontrolables. Aunque es quizás la incapacidad de este a incorporar un poco de autocontrol en su vida la que hace de la vida de todos estos personajes sea un caos. Aunque el personaje más paradigmático sigue siendo Búho, la incapacidad de buscarse una vida propia le hace vivir con unas personas que lo maltratan física y psicológicamente; un punching ball de las retoricas del resto de habitantes de la casa. Búho representa la imposibilidad de marcar unas pautas sociales dentro del “hogar”, pero que él es incapaz de seguir.

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La clave de la imposibilidad emocional de los personajes la podemos encontrar en el último relato del volumen “Amsterdam” en el que la bruja y el gato deciden viajar a la ciudad holandesa para visitar los coffee shop para hartarse a fumar. Por su lado Búho se queda solo en casa y decide experimentar, en un vano intento de reconstrucción de su mundo, con un ápice de “normalidad” hasta que Werewolf Jones aparece y rebela la auténtica razón por la que no puede ser padre: es un ser totalmente dependiente que es incapaz de gestionar su propia vida como para convertirse en el pilar en el que se apoyen sus hijos. Por su lado Megg y Mogg, entre porro y porro, tienen una revelación: dejar los antidepresivos en favor de encontrar cierta lucidez en sus vidas. Pero a la vuelta sigue todo igual, Megg necesita espacio, Mogg no puede vivir sin ella, Búho asume en cierta medida su incapacidad emocional para emanciparse de dicha situación y, si, Werewolf Jones se convierte por su extrema dependencia en el elemento unificador de este grupo.

Posiblemente uno de los factores que hace emocionalmente digerible esta obra es que en su mayoría son personajes fantásticos y animales antropomorfizados. En la mayoría de ocasiones las historias breves dejan en el lector una demoledora amargura sobre la imposibilidad de la felicidad. La lucidez es un lujo que ninguno de los personajes se puede permitir. Hanselmann se está ganando como pocos  el título de cronista de una generación, sin lastres morales y sin segundas lecturas, más allá de las que cada uno de los lectores quiera extraer. En Melancolía se recuperan las dinámicas narrativas del primer volumen manteniéndose igual de fresco que en sus inicios para constituir uno de los títulos fundamentales de esta década.

@Mr_Miquelpg

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¡Hail Hanselmann!

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Hail Satan! (Simon Hanselmann). Fulgencio Pimentel, 2016. Cartoné,  66 págs. Color. 16 €

En este blog ya hemos hablado antes un par de veces de los cómics Simon Hanselmann y de lo íntima relación que tenemos los dos miembros de El lector bicéfalo con su obra; eso sí menos con las drogas recreativas que nos dan mucho miedo. Bahía de San Búho, acaba con gran amargura, a los personajes de Hanselmann no les queda más remedio que vivir con sus compañeros, compartir su desazón vital y hacer que no les importa nada la de los otros. Se trata de una obra cómica pero en esencia la transversalidad del drama me hace dudar de la primera categorización genérica.

La pregunta que recorría la lectura de Bahía de San Búho era ¿de dónde ha salido toda esa amargura? En ese volumen lo único que hacían era hacerse daño unos a otros y particularmente despreciar a Búho, un personaje simplón que busca la normalidad a través de cumplir ciertas expectativas socialmente.  La respuesta a la pregunta es Hail Satan y una portada reveladora que nos indica la perdida de contacto con la realidad de los personajes. En esta Megg, Mogg, Búho y Werewolf Jones se disuelven mientras corren lo más despavoridos posible bajo la influencia de las drogas, en un espacio boscoso que busca ser la representación de la realidad. No se sabe de qué huyen pero lo tienen que hacer juntos.

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La otra parte de la respuesta está en el mismo cómic una historia larga en la que Búho invita  a sus compañeros de piso, incluyendo a Werewolf, a celebrar su cumpleaños en un restaurante francés de postín. Evidentemente la cosa no acaba bien, y con Mogg y Werewolf en la cárcel. Aunque viendo la esencia del relato eso es algo anecdótico. Por primera vez nos encontramos con un texto largo aislado que no está rodeado de historias cortas que nos permite medir la intensidad de las relaciones entre personajes, y que, ciertamente, a pesar de las continuas bromas y chistes se desliza cada vez más hacia el drama. Más o menos a mitad del libro cuando toda la pandilla están encaramados en un árbol tiene lugar el siguiente monologo colectivo entre Werewolf y Megg:

          Werewolf: ¿No os sentís como si os fuerais a morir todos los días?. En plan: “me rindo”

          Megg Mas o Menos a diario, sí. Son como… olas de insatisfacción. Pura futilidad…

Creo que este diálogo define a la perfección la deriva que Hanselmann le está dando a su relato, que sin ningún ápice de duda se está convirtiendo en una obra generacional y que a mí me permite conectar con el texto de maneras inimaginables. Hail Satan es una excusa para dibujar a unos personajes mucho más complejos de lo que hemos podido vislumbrar hasta ahora: Mogg es un gato inseguro totalmente dependiente de Megg, esta no acaba de apreciar la centralidad de su persona en el grupo y el peso de sus desprecios en Búho, este a su vez es incapaz de asumir su marginalidad a pesar de querer ser un tipo normal y Werewolf Jones es posiblemente el loco del grupo al que a todos aceptan cómo tal. A pesar de todo es una obra que sigue siendo graciosa y divertida a rabiar que apunta a una evolución de personajes increíble manteniendo su espíritu primigenio. ¡Hail Hanselmann!

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Spain is Pain #255: La importancia de hibridar

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Sensación de Vivir (Mirena Ossorno). Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica con sobrecubierta, 72 págs. B/N, 19€

Una de las transformaciones más interesantes de los géneros narrativos contemporáneos es cierto tratamiento hacia la transversalidad y la hibridación. De los mismos si bien el segundo rasgo es casi inherente al ‘nacimiento’ de los géneros, es difícil mantener cierta pureza sin caer en la parodia por lo que en muchas ocasiones los relatos que se ciñen exclusivamente a los topos narrativos se convierten en forgeries (parodias serias). Sin embargo, la transversalidad permite utilizar dichas características para dejarlas con perfiles narrativos, preferentemente bajos lo cual permite un nivel de hibridación muy particular pero sobre todo experimentar

Mirena Ossorno se sirve de mucha transversalidad e hibridación para crear un relato que se acerca más a la crónica social que a cualquiera de los géneros de los que se sirve para contar la historia. Para ello también se vale para describir un espacio temporal indeterminado situado, podría ser 2016 u otro año, posiblemente en los últimos 30 años de nuestro occidente europeo. Eso le da ciertas libertades creativas que va desde cierta abstracción en las los aspectos concretos, diseños de fondo como los aparecidos en el primer número de Gong, como los aspectos decorativos de los espacios, lo figurativo en la representación de la forma humana y una definición de la profundidad que le da un punto de extrañeza al conjunto estético de la obras.

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Nos encontramos con tres personajes angulares: Julia, Bárbara y Amanda. Tres negaciones de la feminidad tradicional, aquella entendida como la que la construcción de la mujer se debe elaborar a partir del hombre. Ninguna de las protagonistas es una costilla de Adán. Julia tiene una relación con un hombre, Jorge, y se debate sin grandes quebraderos de cabeza entre estar con él o no, puedo suponer que como una forma de negación/afirmación de la necesidad de las relaciones. Barbara niega su instinto maternal cuando tras ver que no le viene la regla y comportándose como si no sucediera nada especial y dejar pasar el tiempo antes de abortar. El caso de Amanda es todavía más particular asesina a hombres al azar sin mayor motivación que el género.

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La intersección del slasher, el drama, lo ‘romántico’ y, porque no, la comedia nos proporciona un híbrido hipnótico con un ritmo de lectura muy marcado. Esto en parte se debe al hieratismo en la construcción de la escena contra unos personajes que no dudan en mostrar sus emociones, y en las que el instinto es muy sutil pasa muy desapercibido. Brilla la descripción de un mundo representado a través de unos personajes que nos recuerdan a la banalidad existencialista contemporánea. Julia, Bárbara y Amanda no aluden a aspectos vitales de las vida sus preocupaciones principales no son de supervivencia. Sensación de vivir es un cómic necesario como pocos por la capacidad de mostrarnos a través de un simulacro de vida que ni tan solo las protagonistas se plantean como vivirlas.

@Mr_Miquelpg

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Spain is pain # 252: Reader Meet Author

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Sirio (Martín López Lam). Fulgencio Pimentel, 2016. Rústica, 128 págs. Bitono. 20 €

Muchas veces uno se plantea, como lector, qué papel juega en el contrato implícito establece con el autor al abrir un libro. Por lo general el trato establecido es de carácter pasivo, de ser meros observadores pasivos a sumergirnos de manera más o menos activa y consciente en la obra pasando por la consabida suspensión de la incredulidad que nos permite adentrarnos en universos más o menos fantásticos con elementos ajenos a nuestra realidad. En ese cuestionamiento entran cuestiones como el cierre de la ficción, ¿debemos compartir el mismo background cultural que el autor para poder realizar cierta clausura sobre la obra abierta?, ¿Cómo lectores somos necesarios para cerrar una obra o solo con determinados trabajos? ¿Qué características deben tener estas obras?

Está claro que los lectores de un medio exigimos cada vez más al mismo y a los autores que construyen este como un ente, al menos eso me gustaría pensar, que lejos de los placeres culpables que nos ofrece el noveno arte buscamos algo más en nuestras lecturas. Al igual que el resto de las artes la evolución se construye a través de la innovación y jugar con el lector/espectador. El cómic como industria, un cierto adocenamiento de la gran mayoría del público y querer grandes masas lectoras para este medio hace que en los márgenes surjan opciones, creadores y formas de relación con el lector que van mucho más allá del conocimiento extremo de un texto. A modo de los Salones de los Rechazados del siglo XIX o La fuente de Duchamp se edifican en el cómic nacional, y evidentemente en el internacional, unos en los márgenes de las industrias algunas de las tendencias más interesantes de nuestro cómic.

Tras unos años muy interesantes y un par de hiato en el que el número de obras que optaban por cierto riesgo estético, narrativo y de forma se habían reducido, este año parece que volvemos a estar de bonanza. Sirio de Martín López Lam intenta responder algunas de las cuestiones vitales sobre la relación entre lector y autor, planteadas en el primer párrafo, viniendo a confirmar que ciertas visiones del cómic se resisten a ser obras complejas para solo unos pocos.

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En primer lugar está la relación con el público, el lector contemporáneo, posiblemente postmoderno, que quizás ponga el acento en la referencialidad a otras obras se dedica a hilar un discurso transversal lineal a través de diferentes textos. Lo que Lam plantea es completamente diferente una convergencia de textos psicológica que solemos hacer, y que aquí va de referencias a otros cómics a las obras de Turner, pero sin olvidarse de aquellos elementos del cotidiano actual como los Google Maps o aplicaciones de mapas similares que nos acompañan en nuestro día a día. El autor lo plantea no como referentes puros sino como una forma de intervención de los “otros” textos dentro de su obra descontextualizándolos pero sin perder ese sentido primigenio que nos ayudará a reconectarlo con  el significado que este quiere redescubrirnos sobre su nueva interpretación.

La otra línea de comunicación directa con el lector es una historia difuminada de una pareja en crisis durante unas vacaciones en lo que parece una zona turística en temporada baja. Todo está representado con extrañeza desde las actitudes de los vecinos, los críos, los perros, etc. La mirada de lo extraño es lo más notable de este relato narrado en primera persona, no tanto del personaje narrado a través de esa técnica, sino como el lector atrapado como un narrador en primera persona. La apuesta de Lam no es solo estética y conceptual; “Es entonces que el paisaje termina por someter a la tecnología, justo cuando nuestra paciencia se acaba / Justo para hacernos sentir ridículos en la inmensidad del plano” con el fin del mapa de cualquier aplicación se acaba el territorio conocido y es entonces que nosotros como lectores-personajes debemos reimaginarnos el nuevo/viejo territorio.

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Martín López Lam se aparta con Sirio del realismo sucio de Parte de todo esto pero reincide en alguno de los temas tratados en esa obra: la dejadez del ser humano, vivir sin ambiciones o dejar pasar la vida…; aunque en su último trabajo prefiere acentuar dichos aspectos desde los estético con composiciones de colores pesadas que contribuyen a crear un ambiente de lugar en el que no pasa el tiempo. Al igual que el hotel que regenta el personaje interpretado por Ava Gardner en La noche de la iguana (1964) de John Huston. Nos convierte en un personaje activo en un espacio pasivo en el que suceden las cosas y en la que somos meros observadores no por voluntad propia sino por voluntad del autor.

Como lector en general y persona que escribe sobre cómic, muchas veces me cuestiono sobre la que se construyen las ficciones, las formas en las que se deben desarrollar los relatos, de la manera de ser parte de este más allá de las meras ensoñaciones. Pocas veces se espera con un artefacto narrativo de estas características que lo pone en primer plano de la acción, y no me refiero a la mera utilización del plano subjetivo sino a una construcción algo más compleja. Sirio es principalmente espacio y tiempo construido al antojo del autor con el fin de establecer un puente único entre este y el lector. Una obra que pone de relieve la importancia de autores como Lam en la evolución de nuestro cómic hacia formas más sublimes.

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