Le surréalisme est ici (2)

philemon_2

Philémon. Integral 2 (Fred). ECC, 2016. Cartoné, 288 págs. Color, 35 €.

En el texto dedicado al primer volumen integral de Philémon ya se delimitaron algunas de las pautas determinantes de este texto, que respetando los márgenes estilísticos y narrativos de la BD más convencional trascendía a esta por la definición de unos códigos de lectura un tanto más complejos. Entre esto nos encontrábamos con uno definitivo y que ayudaba a cerrar el pacto entre creador y lector: el background cultural. La potencia de la obra de Fred necesita de un lector avido de lecturas y que entienda como el mismo explica un relato que en ocasiones necesita de otras referencias. Otro parámetro seria aquel que define el espacio de la creación libre dentro de la industria de la ficción donde encontramos autores como: Lewis Carroll, Jonathan Swift, Winsor McCay o George Herriman, de los que Fred da muy buena cuenta en su trabajo. En esas lides no me meteré por no ser redundante con el excelente epilogo que Toni Guiral firma para este volumen.

En este caso me gustaría poner el acento en dos aspectos principales de las que Fred se sirve para crear sus narraciones en torno a este personaje. Se trata del tiempo y el espacio. Dos elementos fundamentales para entender la creación de relatos pero que el creador francés maneja a su antojo y desdobla a su manera. Cuando me refiero al tiempo me refiero al de al de la narración, el tiempo del relato vs. el tiempo de lo contado, no al tempo con el que el autor define el ritmo, o intenta, de lectura. El tiempo es un artefacto que sirve para medir una creación de los hombres algo que realmente no existe, en países como Islandia da la impresión de ser medido más a nivel geológico que cronológico. Pero ¿Cómo podemos apreciar este aspecto en la obra de Fred? Por un lado está el tiempo del padre del protagonista, este es el nuestro: mañana, tarde, noche, madrugada…, es un tiempo regulado establecido que define no solo la realidad sino las posibilidades de la misma. En este tiempo todo está estipulado, el trabajo y el ocio, y todo lo que hay en torno a este. En El arca de la “A” aparece la muerte como un ser lujurioso en un sentido capitalista que tiene una serie de funcionarias que se dedican a gestionar la vida en estos universos y hablan en unos términos absurdos “23 millones de siglos” mostrando la irrelevancia del mismo. El tiempo como una creación del hombre sin más sentido que el de regular el devenir de lo humano. Mientras que el tiempo de los espacios surreales es inexistente y en el caso de que existan trazas de su presencia, no es ni lineal.

fred_0001

En esa ordenación entra la descripción del espacio, este pasa por ser medible y cuantificable como identificación de la realidad. En el mundo “real”, en el que un burro habla todas las distancias y edificaciones son posibles de la manera en que el padre de Philémon siempre sabe dónde están el resto de protagonistas en este plano. Aunque de vez en cuando Fred utiliza formulas por las cuales introduce la fantasía dentro de esa realidad, por ejemplo el interludio en el que una bruja se ve atrapada en una viñeta que haría las delicias de Shintaro Kago. En el universo de las letras todo es mutable y los cambios transcurren a una velocidad irremediable, los personajes que lo habitan crean las mareas enrollando el mar como si fuese un papel. Otra vez se enfrenta lo medible y lo ficcional. Dos mundo enfrentados por esos dos conceptos.

En este segundo volumen integral el hilo argumental siguen siendo los intentos de Barthelemy, ese Robinson Crusoe de lo surreal, por volver a su letra A, a la cual no  consigue regresar nunca por no encontrar la entrada adecuada a ese mundo. Solo un demiurgo como Félicien capaz de comprender las reglas de existencia de ambos mundos será capaz de retornarlos al mundo real. Una de los aspectos que se descubren en este volumen es que la evolución de este universo crece y crece en coherencia, a nivel de construcción, a través de unas reglas marcadas por el autor. Philémon es el mejor ejemplo de obra imprescindible que como lector vas a releer una y otra vez. Ya estas tardando en leerla.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Le surréalisme est ici

philemon_1

Philémon Integral 1 (Fred). ECC, 2016. Cartoné, 304 págs. Color, 35 €.

Siempre es una buena noticia la publicación de una obra clásica que apenas ha visto la luz por estos lares, como es el caso del Philémon  de Fred que llega a nuestro país de la mano de ECC  recopilado en tres volúmenes. Por fortuna el cómic franco belga está volviendo a ocupar un lugar en nuestras estanterías. Y es que aparte de los sempiternos Tintín y Asterix y Obelix cada vez vemos más novedades de un tipo de tebeo que cada vez cosecha más lectores, tanto nuevos como aquellos que en algún momento fueron adeptos a estos títulos. Si bien parece que este tipo de novedades busca contentar más a viejos lectores que a las nuevas generaciones, posiblemente estas reediciones contentan más a aquellos que en su juventud leyeron estos títulos que a aquellos que se acercan a estos por primera vez.

En el caso de Philémon nos encontramos con un caso un tanto diferente en cuanto a cómic franco-belga se refiere, trasciende de las formulas clásicas del mismo pero sin olvidarlas en su esencia más pura. Sin embargo, Fred nos plantea desde el principio un pacto que tenemos que asumir o dejar de lado, las reglas a las que están sometidas las aventuras de Philémon que transitaran desde el relato más clásico de aventuras fragmentado en piezas que se articulan a partir de la cita a textos clásicos y el surrealismo. El pacto se llama suspensión de la credibilidad y una vez firmado no podemos dejarlo de lado ni abandonarlo.

Si bien la esencia del relato es el enfrentamiento/aceptación entre realidad y fantasía este es uno de los casos en el que solo el padre del protagonista no acepta los hechos que le cuenta su hijo pero está en minoría, su propio hermano, Félicien, participa de la experiencia con la fantasía en primera persona. Tal es su conocimiento que hace uso de la misma como parte de su vida en el ámbito de la realidad, que estos cómics se ve reducida a lo mínimo.

El pacto firmado con Fred implica otra serie de condiciones: tener un background cultural mínimo. Leer Philémon implica no solo sumergirse en el cuento planteado ni saber navegar en el con las condiciones impuestas desde el primer momento sino reconocer las citas de otras obras que aparecen en el cómic, las referencias a Lewis Carroll, Jonathan Swift, Winsor McCay o George Herriman, son recurrentes desde el primer momento. Pero no son citas como tales, aunque se disfracen de estas, ya que pueden condicionar la lectura, Fred se apropia para convertirlo en recursos narrativos propios para hipnotizar al lector.

fred-slide2

Pero ¿De qué va todo esto? El cuento, me gusta más denominarlo como tal, está protagonizado por Philémon, un chico que vive en mitad del bosque, y su burro Anatole, ambos se verán una y otra vez envueltos en un universo surrealista en el que nada es lo que parece y todo adopta un doble perfil. Nada es reconocible a simple vista, pero el protagonista en su inocencia y juventud acepta desde el primer momento. Aunque aparte de su tío podemos encontrar a otro adulto que acepta esa experiencia con la fantasía, se trata de Barthélemy, un sosias de Crusoe, que habitaba en una isla con la forma de A de la palabra Atlántico, tal y como aparece indicado en los mapas. Este después de escapar de la isla siente tal añoranza que quiere retornar. Ese será el leit motiv de gran parte de este primer tomo.

¿Qué debemos esperar los lectores de Philémon? Absolutamente todo. Veremos cómo los relatos continúan de un álbum a otro pero se incluyen relatos cortos para explorar al personaje protagonista, pero sobre todo al mundo desarrollado por Fred. El tópico seria decir que es una obra surrealista, que lo es, pero lo interesante es articular un mundo de esas características en una historia narrativamente convincente que no traspase las fronteras de lo excesivamente fantasioso de tal manera que anule el resto de la construcción ficcional. A pesar del tiempo transcurrido sigue siendo una obra fresca y divertida que no deja de sorprender al lector contemporáneo. No existe la necesidad de ponerse en situación del periodo en el que fue publicado por la validez de lo descrito en estas páginas. Philémon es una obra para lectores valientes con ganas de leerse, si leerse, más allá de las narrativas puras de género, y es que a veces nos encontramos con autores que nos obligan a enfrentarnos a nosotros mismos.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo