Spain is Pain #288: Despejar la incógnita.

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Los dos amigos (Andrés Magán). Fosfatina, 2016. Periódico, 16 págs. Duotono, 6€

Lo difícil de plantear un relato críptico en cuanto a la narrativa y a la forma es la posibilidad, mayor o menor, que ofrece el autor a un lector predispuesto a plantar delante de sus retinas obras marcadas por el riesgo en todos los aspectos. Como ya hemos podido ir viendo en otras entradas de Spain is Pain ese debate entre forma y fondo y las brechas y los nexos que tienen lugar durante su utilización dan lugar a unos tipos de narrativas de carácter convencional e institucionalizadas, por un lado, y más experimentales, por otro.

En Griza zono  Andrés Magán optaba por un punto de narración cero para sembrar más incógnitas que resolución de tramas en un relato áspero que no daba ninguna facilidad a un lector que se planta delante de la acción sin saber de dónde van o donde vienen. Esta obra constituye uno de los hitos del nuevo cómic patrio. En Los dos amigos el planteamiento del autor es un tanto diferente, primero a nivel estético existe una concreción figurativa en torno a la figura humana; aquí son más reconocibles, tanto en la construcción de la figura como en el fondo. Pero son unas pautas que sirven para para sembrar la extrañeza de la soledad compulsiva.

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Un tipo nos narra en primera persona una experiencia que parece sacada de un sueño húmedo de David Lynch. Este relata cómo cree haber tenido una conversación con un amigo/ser que desaparece cuando intenta mirarlo frontalmente. Los restos que deja de su presencia son misteriosos: una cuerda, unas canicas, una llave, una piedra y un trozo de cristal roto, los restos de aquello que parece ser y puede que no sea. La segunda parte es esa elucubración del personaje narrador vagando y desvaneciéndose por el bosque.

Los dos amigos apunta directamente a una ruptura en la que la narrativa, o los mínimos bajo los cuales se sustenta este relato son una excusa para romper con arquetipos y las estructuras mínimas del mismo. Magán no resuelve el enigma, la ecuación se plantea pero la incógnita sigue ahí, la percepción del personaje es la que nos autor casi no podemos otorgarle la credibilidad debida, en la segunda parte ni siquiera sabemos si es un hecho o una ensoñación del narrador. Los personajes son definidos con un esbozo y nos obliga a una contemplación reflexiva ya contemplar la página tal como el protagonista nos contempla a nosotros. Magán es de lo mejor del panorama nacional y lo demuestra en cada una de sus obras, y Los dos amigos no es una excepción.

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Spain is Pain #286: encontrar y no buscar.

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Perlas del infierno (Begoña García-Alén). Fosfatina Ediciones, 2014. Rústica, 48 págs. B/N y Color, 12 €.

Los caminos de la abstracción son inescrutables, el cómic fue en sus inicios una fuente de creación que explotaba todo tipo de recursos narrativos y estéticos que se escapaban a muchas de las formas que poco a poco fueron constituyendo el lenguaje que hoy conocemos como noveno arte. Sin embargo, la experimentación en este medio es inherente al mismo al igual que lo ha sido en otros medios. Quizás la única restricción es y ha sido el radio de alcance de los artistas que han decidido emprender en dicho camino creativo. La difusión de este tipo de obras casi siempre ha pasado por la autopublicación o por escasas iniciativas como las de Toutain en los años setenta. Hasta que llega Fosfatina, editorial que tiene como línea este tipo de cómics.

Perlas del infierno de Begoña García-Alén transita por el puro camino de la abstracción dejando de lado por completo la narratividad. La estética y los desarrollos visuales constituyen el grueso de este volumen que apuesta totalmente por abordar la creatividad desde la pura forma desde el no-relato. Un punto cero que da lugar a la pura especulación y a un apertura en la lectura por parte del lector que abre un sinfín de posibilidades que van más allá de las puras conclusiones que se pueden extraer de aquellas historias. La autora nos da la posibilidad de una lectura e interpretación lo más abierta posible que va desde las vinculaciones a la alta cultura que van desde Malevich a Kandinsky a los RPG de los años 80.

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Este volumen se compone de cuatro obras, me resisto completamente de denominarlas como historias, que exploran el espacio de evolución constante de la abstracción. En “La visión” se construye el espacio a través de un personaje que es una forma amorfa y la exploración de este a través de diferentes estancias. La segunda pieza que no tiene título es unos zapatos de tacón caminando hasta que se rompe el tacón de uno. “Número 7” explora esa narratividad apabullante de los RPG ochenteros silenciándola y reduciéndola a los referentes visuales, la cuarta pieza es un pequeño trampantojo visual de una sola página que recoge algunos momentos de la primera y cuarta obra. La última es una puesta en abismo, una obra dentro de otra con algunos comentarios en of que interpelan al propio lector.

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Perlas del infierno es una obra infinita a la cual se le recomiendan infinitas visitas. Todas parten de la conceptualización de los espacios y como estos son abordados por los elementos que lo pueblan; pero sin una sola traza de relato, este no es necesario, García-Alén refuta cierta necesidad de explorar la página desde los ojos del propio lector una lectura abierta en la que se recomienda no buscar nada sino tan solo encontrar aquello que estemos buscando. Para ello no hay pistas, solo forma, su trabajo se debe a eso a la descripción de la forma y de la riqueza que podemos encontrar en estas formas.

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Spain is Pain #283: ¡Tengo Rabo!

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Teen Wolf (VVAA). Fosfatina y Tik Tok, 2016. Cartoné, 116 págs. Color, 23 €

¿La nostalgia ochentera ha vuelto para quedarse? Pues no lo sé, pero parece, pero en ocasiones y por momentos pienso que ese acto de rememorar el pasado, ya sea como adolescente o niño, tiene un efecto colateral, rebatir y destruir los pocos rasgos de posmodernidad que quedan en la cultura popular contemporánea. La nostalgia de este tipo consiste en focalizar en un objeto considerado de culto para volcar toda la experiencia personal sobre este. Se trata de cosas (físicas, conceptuales, ideas, etc) que tienen el poder de ser intermediarios entre el espectador y en este caso una década. A parte de eso existe cierto revisionismo cultural que poco tiene que ver con la nostalgia y si más con las formas artísticas populares, ahí están como ejemplo grupos de música como El último vecino o series como Stranger Things.

El caso de Teen Wolf (Rod Daniel, 1985) es el de la típica película de Hollywood para adolescentes sin mayor pretensión que entretener a ciertos sectores de la audiencia. Es un cine que se convierte en obra de culto con el paso de los años y por la vinculación sentimental de los espectadores hacia este. Dicha experiencia se traslada al volumen que nos ocupa en la entrada de hoy Teen Wolf publicado por Fosfatina en el que nos encontramos con las autoras más representativos del cómic nacional contemporáneo. Este libro tiene varios puntos de partida; el primero es la nostalgia que en este caso consiste en reconocer y reutilizar aquellos elementos del texto primario, revisarlos y reconvertirlos bajo la experiencia personal propia. El segundo punto es el de una transposición pragmática que pasa por actualizar el texto y hacer que el protagonista pasa de ser un hombre a una mujer. O mejor dicho, tantas mujeres como autoras reescriben a través de sus propias visiones este icono del cine ochentero.

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Los relatos se circunscriben dentro de los relatos de aceptación e inadaptación a la condición lupina pero principalmente por llevar al ámbito de lo humano un personaje idealizado, si por un lado Scott Howard, era un personaje banal en el cual se concentraban todos los topos de la adolescencia, la inseguridad, los primeros amores y la popularidad en el insti, a lo cual se le sumaba el reconocimiento por ser un hombre lobo; por otro las autoras que componen este volumen colectivo exploran no solo a ese personaje concreto sino todas las opciones del mismo con todos los matices posibles.

En Teen Wolf cada uno de los relatos focaliza en un aspecto concreto, en un matiz que ayuda a torcer el sentido de la obra original nos reencontramos, quizás, con nosotros mismos y con una forma de entender una década, desde el presente, sin nostalgias peyorativas hacia lo contemporáneo y la forma de entender las formas culturales actuales, a través de diferentes estéticas, formas y contenidos que se reescriben en cuentos breves que parten de un lugar común concreto.

Las autoras que componen este volumen son: María Herreros, Inma Lorente, María Ramos, Laura Castelló, Inés Casarejos, Powerpaola, Mirena Ossorno, Tana Oshima, Los Bravú, Miriam Persand, Roberta Vázquez, Mireia Pérez, Anabel Colazo, Klari Moreno, Ada Díez, Ana Galvañ, Alixe Lobato, Lilines Tximinika, Óscar Chíviri y Carmen Segovia.

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Spain is Pain #282: Lo mejor de 2016.

El año nuevo se viene el año viejo se va, y por estas fechas, como siempre empiezan a aparecer las listas de lo más reseñable del año en diferentes ámbitos de la cultura. Como siempre en Spain is Pain nos ocupamos de aquellos tebeos que a nivel nacional podemos considerar como más interesantes por un aspecto u otro. Este año en cuestión podemos encontrar dos grandes bloques: uno en el que la experimentación está en primer plano y otro en el que las narrativas más clásicas explotan al máximo sus recursos. Como me ha sido imposible cerrar una lista de 10 obras he cerrado una de 15 imprescindibles, es decir, un buen año para la viñeta (y en lo personal también).

P.D.- Y recuerden, las listas son siempre subjetivas.

  1. Sirio (Fulgencio Pimentel) / Gialla (Ediciones Valientes) de Martín López Lam

Este es el díptico imprescindible de 2016, Martín López Lam explora la relación entre el autor y el lector, convirtiéndola en íntima y optando por un punto de vista subjetivo para convertir a la audiencia en protagonista. Imprescindibles.

  1. Vip (Penguin Random House) de Felipe Almendros

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Felipe almendros sigue con la exploración de su yo artístico y su yo ficcional en un volumen monumental, directo y retórico. Un trabajo en el que el énfasis de la lectura se sitúa en espacios que exploran la relación y la influencia de la obra de ficción tanto para el autor como para el lector. El CD que lo acompaña es maravilloso.

  1. Gran bola de helado (Apa-Apa) de Conxita Herrero

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Un trabajo diferente, aquí la autora vuelve a ser protagonista, pero en un entramado de formas y colores que aspira a trascender al mero relato narrativo. Gran bola de helado es ante todo una obra sinestésica que se debe leer, degustar y sobre todo respirar al ritmo que esta te marque.

  1. Hopper (Autopublicado en TumblR) de Felipe H. Navarro

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Felipe H. Navarro es un autor que evoluciona rápido y en Hopper parece cristalizan todos aquellos elementos que hacen grande a este creador. Este work in progress nos habla de una idea un concepto, el que da título a la obra, que muta en función del relato que se nos narra en ese momento. El formato vinculado a la plataforma nos regala una idea de viñeta-lienzo impagable. Amigos editores ¿para cuándo una edición en formato físico?

  1. Materia (Astiberri) de Antonio Hitos

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Antonio Hitos en su último trabajo hace una aproximación holística y conceptual a nuestro mundo poniendo de relieve y cuestionando algunos de los pilares básicos de la sociedad contemporánea a través del relativismo. Mucho menos críptico que en su obra interior pero más perverso en la forma de elaborar el discurso. Un trabajo imprescindible para comprender la evolución de un autor que aspira a la simplicidad estética.

  1. Hoodo Voodo (Fosfatina) de VVAA

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En una obra colectiva de este calibre es difícil hablar de un creador en concreto, y más en este caso. La gente de Fosfatina se saca de la manga una serie de autores que trabajan al margen de la estética mainstream del cómic. Título fundamental para entender los desarrollos del cómic de vanguardia.

  1. Los dientes de la eternidad (Norma Editorial) de Jorge García y Gustavo Rico

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Jorge García y Gustavo Rico se sacan de la manga una obra sobre la épica vikinga clásica en un contexto visual innovador y rompedor. La magia consiste en no hacer que esas dos ideas choquen, y lo consiguen. El resultado una de las representaciones más preclaras de del Valhalla.

  1. El ala rota (Norma Editorial) de Antonio Altarriba y Kim

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Un relato que cuenta cómo ningún otro la soledad y ostracismo en el que han vivido las mujeres en España durante más de medio siglo. La paracuela de El arte de volar constituye una obra más depurada que su predecesora, más crítica con el sistema de valores del catolicismo español, pero sobre todo por ser una obra que no se basa en la lastima sino en la reivindicación de un personaje femenino lastrado por las circunstancias.

  1. Gran Hotel Abismo (Astiberri) de Marcos Prior y David Rubín

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El mejor escritor de ficción política y el autor que mejor representa la rabia contra el sistema ponen en escena sin ningún tipo de doblez moral la paupérrima situación política y social a la que nos somete el capitalismo feroz. El pueblo frente a la clase dominante, la violencia de clase vs. la violencia del estado y la caída del estado-nación son algunas de las cuestiones que se ponen en juego en esta obra.

  1. Lamia (Astiberri) de Rayco Pulido

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El autor canario vuelve con un trabajo de precisión tanto en el aspecto estético como en lo narrativo. Una thriller con asesino de por medio que pone de manifiesto las visicitudes de aquellas mujeres que buscan independencia en un periodo en el que todo les era negado. Intrigante y visualmente brillante.

  1. Insecto (Norma Editorial) de María Llovet

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Nunca me cansaré de reivindicar a María Llovet, su trabajo en la narración es complejo y lleno de capas. En su último trabajo hace una pequeña tesis sobre el amor y sus circunstancias, sobre lo inadecuado cuando no tiene que aparecer y de lo importante que siempre esté ahí aunque no se pueda satisfacer C. Tal como lo plantea la autora las cosas son como deben ser aunque no sean adecuadas.

  1. Palos de ciego (Astiberri) de El Irra

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La opera prima del autor sevillano es un manifiesto sobre la vida en los barrios del sur y de cómo el devenir de las personas esta en las manos del destino y de algunos cuantos cabrones que les gusta jugar con nosotros. La vida es dura y el Irra nos lo muestra sin ningún tipo de concesiones.

  1. La muerte y Román Tesoro (DeHavilland) de Lorenzo Montatore

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Lorenzo Montatore desmonta por completo la idea de la forma vinculada al relato. Bajo una apariencia banal nos desgrana un relato complejo sobre la muerte repleto de referencias literarias y de la cultura popular de la calle. Un libro para leer rápido, pero que se queda en la mente del lector durante mucho tiempo.

  1. La reina orquídea (El Verano del Cohete) de Borja González

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Una pequeña joya que ha pasado desapercibida, Borja juega con el lector a través de un trampantojo  visual en el que el lector se convierte en un espectador que tiene que estar muy atento para no caer en el agujero de conejo para no quedar atrapado en el relato. Deseando leer lo próximo de Borja.

Pues hasta aquí todo, a ver que nos depara 2017. Chau.

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Spain is Pain #277: l’avant-garde, mon ami, l’avant-garde

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Hoodo Voodo (VVAA) Fosfatina, 2016. Rústica, 192 págs. Color, 30€

Las vanguardias artísticas son de por si elitistas ya sea  por cuestiones de acceso a la obra, de lo circunscrita que esta sea un circulo creativo u otro, incluso en ocasiones por el conocimiento que el espectador tenga de la obra del autor en cuestión. En todos los casos supone una ruptura con las formas más tradicional de cualquier arte, la ruptura implica un compromiso tanto por parte del autor, al cual se le “pide” que explique su obra tal como este entienda que tiene que hacerlo y a una audiencia que se involucre con la obra, no solo a un nivel de investigación, anterior o posterior, sino de dar su punto de vista aportar desde su background cultural que le permita asumir dicha ruptura, en cierta forma cerrarla. Y es que en las vanguardias la necesidad de entender una obra no tiene por qué ser precisamente obligatorio encontrarle un sentido. En gran medida porque este se abona cada vez más a implementar una distancia más larga entre forma y fondo, y a pesar de ello la mente humana se ve abocada de manera compulsiva a crear una narrativa a todo aquello que observamos o se plantea a nuestro alrededor.

En el ámbito del cómic la experimentación sobre la forma del relato es inherente al medio desde sus inicios. Las viñetas como forma de expresión estaban abonadas a rehacer cualquier hallazgo previo para llegar a una forma consensuada de estructuración y de pautas lingüísticas. Una vez establecido lo que el noveno arte va a ser, la experimentación, entiéndase como vanguardia, consiste en pervertir, transformar, rehacer todo aquello planteado como canon, o importar/exportar de/a otros artes para encontrar confluencias discursivas en las que ambas formas textuales se enfrentan

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En el caso de Hoodo Voodo se nos plantean otras cuestiones, pero la principal consistiría en definir que es el cómic de vanguardia. De hecho todo el volumen procura trazar una definición de esta tendencia del noveno arte. Sin embargo, gran parte de los integrantes de esta generación son autores que no se caracterizan por haber sido lectores asiduos de cómics o como mínimo alejados de los tebeos mainstream. Muchos vienen de los estudios de Bellas artes o de disciplinas, como la arquitectura, que en apariencia parecen alejadas de todo rasgo comiquero. Es decir, las nuevas direcciones que debe tomar el cómic  como tal viene dado en esencia por personas que tratan de buscar confluencias, encontrar a través de su experiencia personal, intelectual y cultural una definición propia del noveno arte, y que en la mayoría de ocasiones va  a partir desde fuera de este. A estas alturas aunque pueda ser considerado como algo estéril, podemos plantear otra duda ¿la vanguardia debe ser considerada como tal cuando es generada por autores del propio medio o cuando lo es por artistas ajenos a este?

Las editoriales como Fosfatina nos ayudan a resolver en parte esta pregunta, la publicación seriada de este cómic plantea otra escena muy diferente a la que estamos acostumbrados. Como esencia, y quizás como buque insignia, de su línea editorial Hoodo Voodo se erige como un ejemplo de las diferentes vertientes de ese nuevo cómic, inquietante e intrigante, que nos proporciona la oportunidad de hacer una panorámica global no solo a modo de catálogo de autores, sino también de formas de aproximación a todas las formas de interacción viñeta. Podemos encontrar historietas anarrativas en las que se realiza un acercamiento puramente estético pero en las cuales podemos encontrar evoluciones en ese apartado, pseudonarrativas, en las que una trama mínima busca da pie a la investigación sobre el personaje, puntos narrativos cero, otras en las que la forma es la clave para acceder al texto, etc. Aquí cabe todo, pero no cualquier cosa; los autores que participan en este volumen colectivo son: Roberto Massó, Andrés Magán, María Ramos, Nacho García, Begoña García-Alén, José JaJaJa, Alexis Nolla, Julia Huete, Los Bravú, Santi Z., Cynthia Alfonso, Óscar Raña, Conxita Herrero, Martín López Lam, Alejandro Gaudino, Ana Galvañ, Irkus M. Zeberio, Sergi Puyol, Roberta Vázquez, Cristina Daura y Luis Yang. Sin duda los más representativo y a tener en cuenta en este momento.

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En resumen, Hoodo Voodo es la mejor oportunidad para conocer el nuevo cómic nacional, un trabajo editorial impecable acompañado de dos imprescindibles introducciones de Octavio Beares y Gerardo Vilches que ponen el punto de partida necesario para poder abordar un volumen con la actitud necesaria para ser lo pretendido en un inicio. Esté título hace gala de ser una introducción a esta forma de entender las viñetas, pero que en ningún momento lo hace fácil. Está pensado para aquellos lectores más valientes, los que quieren que las páginas le den algo más que un texto ordenado cronológicamente, los que son capaces de deshacerse de las estructuras mentales de los tres actos y generar nuevas dinámicas de acción entorno a la estructura de la página. Es, en definitiva, uno de los títulos más imprescindibles de lo estos años y de los próximos, un punto de partida que nos permitirá con el tiempo evaluar el estado de nuestras viñetas. Imprescindible.

@Mr_Miquelpg

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Spain is pain #203: Punto de narración cero.

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Griza Zono (Andrés Magán) Fosfatina, 2014. Rustica, 48 págs. B/N 6€

En los últimos años han surgido una serie de autores en el ámbito nacional, entre los que se encuentran Gabriel Corberá, Jose Ja Ja Ja o Roberto Massó cuya visión del cómic se aleja de ciertas ideas preconcebidas. Estos esbozan en sus obras una línea muy tenue entre la ilustración pura, el goce por la contemplación meramente estética, y la narrativa gráfica meramente dicha. Existe una historia narrada pero es lo menos importante, la idea es mantener esta en un suspenso narrativo a partir del cual parten una serie de obras en las que la estética y la exploración del cómic cómo forma y fondo parte de unos preceptos alejados de los canónicos y tradicionales.

Griza Zono de Andrés Magán es posiblemente una de las apuestas más radicales que he visto en ese sentido. El universo planteado por este autor es perturbador. Por un lado tenemos una serie de unos capítulos breves que desarrollan una serie de micronarrativas a partir de las cuales debemos reconocer las características personales de cada uno de los personajes, su psicología y su modus vivendi. Eso en tan solo unas páginas: uno que llega a casa y se sienta, otro que hace un agujero para enterrar a otro, un tipo que sale corriendo, y otro que está enfermo en cama. Esa es la narración, poco más.

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Las historias no se entremezclan no tienen nada que ver entre ellas, las acciones de unos no repercuten en las vidas de los otro. Pero existe la función del narrador narrado esta está capitalizada por un tercer personaje, un misteriosa sombra que aparece en todas los capítulos pero que no tiene otra intención que la de observar, mirar, no quiere influir y ofrecernos una visión de unos slice of life mínimos. Esas son algunas de las pautas discursivas que nos encontramos en la este trabajo de Andres Magán en el que solo existe el placer de contar por contar sin buscar ningún tipo de dobles discursos. Los personajes son redondos y los escenarios funcionan a la perfección. Griza Zono es un volumen que se lee desde la contemplación y el goce por el relato puro en un texto que tienen tantas certezas como aperturas de cara al lector.

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