Spain is Pain #253: La resistencia nº1 (VVAA)

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La resistencia nº1 (VVAA) Dibbuks, 2016. Rústica, 80 págs. Color y B/N, 8€.

La desaparición en 2005 de El víbora auguraba un hecho que quizás en aquel momento los lectores no éramos muy conscientes el panorama editorial iba a cambiar para siempre. Principalmente para las revistas. Por suerte no fue la última en los más de diez años que han pasado desde que cayó el buque insignia del cómix nacional han ido apareciendo diferentes publicaciones que realmente no lo han tenido muy fácil; desde TOS a Zander Magazine, pasando por Humo, Dos veces Breve, El Manglar. Las revistas implican en mayor o menor grado cierta complicidad por parte del lector a la hora de seguir las series de las mismas, eso implica una periodicidad razonable.

La gente de Dibbuks vuelve al ataque con otra revista aunque quizás con una mentalidad un tanto diferente a la que tenían las anteriormente citadas. En este caso La resistencia busca crear una revista que no implica un seguimiento continuo, todas las historias son autoconclusivas y nos permiten conocer los registros de distintos autores actuales y también hacer un poco de arqueología del panorama nacional. No es baladí que la revista reciba dicho nombre, el planteamiento de una publicación de estas características es un acto bastante atrevido con el que muchos no cuentan. Imagino que aparte de los fanzines puros y duros nos resulte extraño encontrarnos este tipo de publicaciones en las tiendas a día de hoy.

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El enfoque de la publicación es para lectores habituales de cómic nacional pero sin excluir a aquellos que se quieran acercar por primera vez a conocer otros autores o deseen realizar una aproximación al panorama actual. En ese sentido los editores no han optado por obras radicalmente experimentales buscando una publicación que sirva para divulgar las virtudes de la historieta nacional contemporáneas. Una labor divulgativa en pro de favorecer el acercamiento de nuevos lectores. Lo cual lo convierte en una buena oportunidad para retomar la costumbre de ir a comprar revistas de cómics, ya no a los quioscos pero si a las librerías especializadas.

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En este número de la resistencia colaboran: Juan Berrio, Pablo Velarde, Chipi, Juanjo el Rápido, Javi de Castro, Josep Busquet, Miguel B. Núñez, Manel Cráneo, Olaf Ladousse, Jali, Rubén Garrido, Raúl, Álex Fito, José Luis Ágreda, Antoine Ozanam, Infame & co, Chema García y Fermín Solís.

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Lo mejor más allá de las fronteras nacionales del 2015

Esta lista no es que sea mala, es que está tan incompleta como dominada por la subjetividad. Aún tengo bastantes cómics amontonados por leer, la mayoría editados en el 2015, e incluso puede que alguno del 2014, y como sé, porque me pasó el año pasado, alguno merecería estar en la lista de lo mejor de este año, pero no lo va a estar porque no lo leeré hasta dentro de algún tiempo. Así que supongo que si alguien hecha en falta algún título es primero porque no me lo he podido leer, y a lo mejor, es posible, porque lo he leído y no ha sido tanto para mí. Pero en fin, estaría feo disculparme, o siquiera dar razones al porqué de un cómic u otro. Son los que son. Son los diez cómics extranjeros que más le han gustado a Barto durante sus lecturas del 2015.

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10. La cólera de Fantomas 1: La guillotina (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau)

Los verdaderos protagonistas de esta obra no son Fantomas y sus maldades, si no sus perseguidores, los hombres de bien encargados de acabar con el caos del Príncipe del Crimen. Oliver Bouquet y Julie Rocheleau recrean un París de principios de siglo XX lleno de magia y personalidad, consiguiendo que la ciudad de las luces sea un escenario tan evocador como misterioso, capaz de albergar la mayor belleza y la más repulsiva maldad. Por el momento, el segundo volumen de lo que será una trilogía cumple lo expuesto con anterioridad, lo que puede cerrar un perfecto tríptico sobre la maldad pura y los hombres que la combaten.

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9. Navilandia (Tronchet)

La idea de una dictadura de la felicidad no es un tema que nunca se haya trabajado, pero por suerte, el intento de contar el terror a través de la felicidad por parte de Tronchet se asienta en el humor, lo que lo hace aún más malsano y divertido de leer. Navilandia es un cuento perverso que mezcla la obligatoriedad de la felicidad con la devoción malsana por el calendario, haciendo que la vida se convierta en un círculo vicioso del que no se puede salir, y es que uno se cansa de todo, incluso de ser feliz. Pero no sólo de esto habla Tronchet, pues también tiene espacio para divagar sobre las revueltas sociales y el amor, todo desde el prisma del héroe involuntario que se ve arrastrado a la épica por el simple interés de llamar la atención de una bella mujer.

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8. Mater Morbi (Roberto Recchioni y Massimo Carnevale)

Las historias de Dylan Dog son un perfecto ejemplo de un buen producto comercial, una obra de publicación regular con el único fin de entretener al lector. Mater Morbi consigue este fin sin problemas, pero le añade el valor de tratar un tema tan esquivo al arte como la enfermedad. Todos estamos hartos de ver como la muerte se presenta como un mal necesario, un ente casi seductor depredador de los vivos. Pero mientras la parca es fulminante y poderosa, la enfermedad es lenta, cruel de forma innecesaria y carente de cualquier sensualidad. Recchioni y Carnevale le dan la vuelta a la tortilla, nos muestran la enfermedad de otra forma y obligan a Dylan Dog a luchar contra un enemigo tan macabro como patético, digno de su propia y esquiva belleza, o al menos comprensión.

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7. El botones de verde caqui (Schwartz y Yann)

Hay pocas cosas que me gusten tanto como los juegos dentro de las obras de ficción, con personajes que cambian sus coordenadas existenciales o los creadores que les insuflan vida. En este sentido, El botones de verde caqui era una lectura obligada, tanto por el cariño que tengo por el personaje como los gratos recuerdos que guardo de una ciudad como Bruselas, más cuando la misma está bajo dominación nazi. Pero Schwartz y Yann no se limitan a realizar una buena obra de aventuras bélicas, también crea un extraño entramado dentro de la resistencia, consiguiendo un fresco de personajes buenos pero obligados por las circunstancias a vivir en la mayor desconfianza, como toda buena obra ambientada en la guerra, llena de épica, pero con un regusto tan amargo como triste.

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6. Neptuno (Jean-Yves Delitte)

Jean-Yves Delitte mezcla la influencia del mejor Julio Verne con su talento para el dibujo realista. Poco más se le puede pedir a una obra como Neptuno, aunque por suerte es más lo que ofrece. Una historia llena de imaginación y desprecio al límite, pero llena de un realismo y complejidad cercano a los engranajes de un reloj. Neptuno está llena de aventuras y acción, pero sus parámetros y universo está construido desde una lógica fría, casi matemática, para después calentarse con la furia y bondad de los personajes que la pueblan. En un mundo lleno de steampunk que se limita a la estética vacía y la excusa de la fantasía, es meritorio encontrar una obra que nos recuerda que el género no es más que ciencia-ficción aplicada al pasado.

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5. La isla de las mujeres (Zanzim)

Este año no han faltado las obras que de una u otra forma están relacionadas con la primera mitad del siglo XX, especialmente en su plano más bélico, pero tampoco son pocas las que han utilizado ese marco para hablar de algo completamente diferente. Quizás una de las más llamativas sea La isla de las mujeres de Zanzin, que aunque está centrada en un piloto seductor nato, se vale de dicho personaje para hablar del amor y del cambio en las relaciones entre hombres y mujeres. El piloto seductor puede ser un ejemplo de las nuevas relaciones amorosas donde la caza y la servidumbre dan lugar a los juegos y los sentimientos, un camino que no siempre es sencillo y que obliga a los sacrificios. Por fortuna, Zanzim sabe que habla de amor y tiene un hueco reservado al humor y la ternura.

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4. The Bomb (Steve Mannion)

Este año no han faltado obras que recuperen la esencia de los cómics de terror clásico, autores y obras que han reintentado los años 50 del baby boom americano del siglo pasado desde la óptica actual. Entre ellos sobresale Steve Mansión con su The Bomb, un cómic que es algo más que el lugar de nacimiento de su personaje estrella Fearless Dawn. En las páginas de The Bomb encontramos desde nazis zombies hasta piratas con horribles tatuajes, todo desde la perspectiva personal de Steve Mannion, empeñado en recuperar cierta edad dorada del horror y la cultura popular, una lectura tanto para nuevos lectores, que descubrirán un nuevo universo, como para los más entendidos, que disfrutan con este tributo.

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3. Vil y miserable (Samuel Cantin)

Una de las mejores cosas que hay es amar a un personaje mezquino, pues nos debatiremos en una lucha infernal entre empatizar con su dolor y disfrutar de sus desgracias. Esto es lo que nos regala Samuel Cantin en Vil y miserable un personaje tan ruin como patético, presa de las mayores injusticias pero culpable al fin y al cabo de las mismas. Vil y miserable es la historia de un demonio que vende libros usados en un concesionario de coches de segunda mano, alguien empeñado en conseguir lo mejor de la forma más sencilla y egoísta posible, con la salvedad de que la desgracia siempre llama a su puerta y sus planes de grandeza sólo están a la altura de su mediocridad.

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2. Sunny 1 (Taiyô Matsumoto)

La lectura de Sunny sólo se puede definir como la victoria moral de los derrotados llevada a su máxima potencia. Nos encontramos con una historia sencilla sobre unos niños en una casa de acogida, llena de los sinsabores y alegrías de cualquier niño pero desde el prisma de unos chavales que viven una situación anormal a ojos de la mayoría. En este sentido, hay que alabar el trabajo de Taiyô Matsumoto, que obviando cualquier atisbo de sentimentalismo barato, consigue que una obra llena de contención conmueva a niveles insospechados, haciendo que unas historias simples, que no sencillas, muestren una ternura tan desnuda que duele, todo desde una perspectiva casi anecdótica, casi insustancial, pero llena de profundidad y verdad.

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1. Preciosa oscuridad (Fabien Vehlmann y Kerascoët)

Posiblemente uno de los cómics más bellos y crueles que he leído nunca. Un arma traicionera que se vale de la ternura y la inocencia para desatar el mayor terror y golpear nuestras mentes. Lo que hacen Fabien Kehlmann y Kerascoët no tiene perdón, estos dos nombres ocultan a tres artistas capaces de jugar con lo más sangrado para desmontarlo todo y dejarnos incapaces de reconstruirlo. Una obra que obliga a la relectura instantánea, pues tras la primera nos quedamos con la duda de si hemos leído realmente lo que hemos leído, algo que se confirmará tras volver a recorrer esas páginas llenas de amor y tortura.

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La cólera de Fantomas 2: Todo el oro de París (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau)

Portada_LaColeradeFantomas2La cólera de Fantomas 2: Todo el oro de París (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau). Dibbuks, 2015. Cartoné. 64 págs. Color. 16 €

Los nudos son siempre lo más complicado a la hora de desarrollar una trilogía, no por nada el segundo acto es el más complicado y sufrido de cualquier obra. Todos podemos pensar un inicio rompedor y un final espectacular, lo complicado es rellenar lo que hay en medio. Por suerte, Oliver Bocquet y Julie Rocheleau se desenvuelven bastante bien en Todo el oro de París, la segunda parte de su trilogía La cólera de Fantomas, iniciada con el espectacular La guillotina. Las apuestas suben, Fantomas, el rey del terror, se nos presenta aún más desalmado e inteligente, una complicación más para el inspector Juve, que no sólo deberá luchar contra la encarnación física del mal, sino que tendrá en su contra a las propias fuerzas de seguridad parisinas y francesas.

Ahora mismo es complicado leer una historia como Todo el oro de París, aunque en la misma medida es más necesario que nunca. Los recientes hechos en la Ciudad de la Luz son capaces de eclipsar incluso al propio Fantomas, consiguiéndose una vez más que la realidad supere a la ficción, con un grupo de desalmados que han conseguido bajar de categoría al príncipe del crimen europeo. Sin embargo, al igual que los parisinos están obligados a volver a la calles, a recorrer y vanagloriarse sus conquistas como sociedad, sus avances más allá de la muerte y la sinrazón; los lectores debemos encontrar un asidero en la ficción, el marco referencial de lo que somos, ese Juve incansable cuyo único fin es acabar con el terror por el propio hambre de la justicia, ayudándose de personajes reales, como el mago-cineasta Méliès, que se mezclan en ese París idealizado de principios del siglo XX, capital cultural del mundo.

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Así que no se puede más que disfrutar de la trama orquestada por Oliver Bocquet, que enfrenta al héroe incansable con el villano casi omnipotente, capaz de llevar a cabo planes tan megalómanos como robar absolutamente todo el oro de la capital de Francia. Por su parte, Julie Rocheleau mantiene ese dibujo tan cargado de movimiento como de profundidad, sin olvidar un color evocador capaz de añadir nuevas capas de significado. Todo el oro de París es una obra oscura sobre la maldad, pero también sobre la obstinación de quienes luchan contra ellos. Porque por mucho que los franceses sean franceses, y todo lo que ello conlleva, no se puede negar que absolutamente nadie ama nadie nada más de lo que ellos aman la vida. Seguro que Fantomas presenta una dura batalla en el tomo que cierre la trilogía La cólera de Fantomas, pero nadie duda de que París será la única vencedora.

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El juego de las apariencias

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La isla de las mujeres (Zanzim). Dibbuks, 2015. Cartoné. 80 págs. Color. 18 €

La principal dualidad a la hora de separar a los seres humanos en dos macrogrupos es el género, nada como hombres y mujeres para levantar una muralla que casi separa a la raza en dos. Da igual que hablemos de viejos y jóvenes o ricos y pobres, las mayores diferencias estarán siempre en el sexo. Todo sin olvidar que sexo y género ni siquiera tienen porque ser lo mismo. Así que encontraremos desde quienes luchan por derivar todas las fronteras entre los dos grupos hasta los que defienden el valor positivo de la diferencia. Después están los peligrosos, los que abogan por la subyugación del otro, papel que casi siempre ha recaído en el hombre, por no decir siempre. Esperemos que todo termine en un feliz estado en el que hombres y mujeres sean iguales con derecho a diferenciarse sin molestar a lo más mínimo al otro.

Pero claro, la destrucción de un modelo único, el del hombre como único ciudadano real y la mujer como complemento, ha traído una alegre anarquía en la que las mujeres luchan por definirse como sujetos libres y los hombres deben aprender a compartir. Y con esto no hablamos sólo de derechos civiles u oportunidades laborales, elementos tan primigenios como el amor se han reinventado más en el último siglo que en los milenios de historia humana que le preceden. Con lo que obras como La isla de las mujeres de Zanzim, con un perfecto color de Hubert, son un interesante juego sobre las relaciones e interacciones entre hombres y mujeres. Zanzim parte de una figura donjuanesca, Céleste Bompard, un piloto de acrobacias que se embarca en la Gran Guerra transportando las cartas de amor de los soldados del frente. Esto trae al señor Bompard un poco al fresco, ya que está acostumbrado a conquistar a cualquier mujer que desee con la misma velocidad a la que la cambia por otra.

Sin embargo, todo esto cambia cuando el Zanzim hace que su protagonista estrelle su avión en una isla de aspecto tropical poblada por una tribu compuesta únicamente por mujeres. La obra Neputno de Jean-Yves Delitte presenta un capítulo parecido, atrapando también a sus personajes con una civilización perdida de mujeres, aunque Delitte las convierte en simples caníbales sexuales y alimenticias. Zanzim estira la historia para presentar un estudio algo más profundo, y notablemente más cómico, de las relaciones entre hombres y mujeres. Céleste Bompard es un zorro encerrado en el mayor gallinero del mundo, donde se ve obligado, sin poder hacer absolutamente nada para evitarlo, a servir a las mujeres en todos los sentidos. Aunque para desgracia del protagonista, el sentido sexual es el menos recurrido por sus captoras.

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Esta historia, que podría dar para una fantasía erótica masculina o para una fantasía vengativa femenina, se convierte en Zanzim, por difícil que pueda parecer, en una historia de ternura, en una construcción continua de puentes entre los dos géneros, desde un prisma muy actual. Céleste Bompard se ve obligado a servir a las mujeres y lo que comienza siendo una tortura acaba dando lugar a un punto de unión. Las amazonas descubren que Bompard es un gran cocinero, y es a través de la cocina, del estómago, como el hombre termina conquistado a las mujeres. De este modo, Zanzim rompe un primero modelo con el cambio de roles, que también puede entenderse como el final del monopolio por parte de un género. Pero es posteriormente, con el tema de la narración cuando La isla de las mujeres alcanza un nuevo nivel, ya que Bompard recupera el correo que transportaba y se dedica a entretener, y embelesar, a las mujeres, narrando los descarnados sentimientos que los soldados de las trincheras transmiten a sus amadas en la retaguardia.

Al final, Céleste Bompard es un hombre totalmente cambiado, abierto más al amor, pero sobre todo al respeto, al igual que las mujeres, que terminan viendo al hombre no como al enemigo, si no como al compañero. Pero por suerte, Zanzim no termina su relato con una utopía perfecta en la que un hombre es la pareja ideal de una tribu de hermosas isleñas, haciendo que las últimas páginas de su obra nos obliguen a replantearnos todo lo que hemos leído, pues a través del humor y la ternura, el autor teje una reflexión sincera, incluso descarnada, sobre las relaciones entre hombres y mujeres, un tema que posiblemente, y con suerte, jamás se agote.

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El botones contra el nazismo

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El botones de verde caqui (Schwartz y Yann). Dibbuks, 2015. Cartoné. 64 págs. Color. 16 €

Bruselas es una ciudad donde tuve la suerte de vivir varios meses, y a parte de comer muchos gofres y mejillones aprendí algo sobre la ciudad y el país que lo rodea. Bélgica es un país raro hasta el extremo, dividido entre dos sociedades, Flandes al norte y Valonia al sur, que ni siquiera comparten el idioma, dos grupos que viven en una continua tensión que no explota porque ambos han decidido ignorarse el uno al otro. Sin embargo, a pesar de vivir de espaldas, llegando incluso a aprender el idioma cooficial en su país, los belgas tienen un gran aprecio por sus símbolos nacionales, como pueden ser desde las patatas fritas hasta el chocolate o su cómic, un tesoro nacional que ocupa un lugar prominente en la capital del país. Es lógico que al pensar en Bélgica y cómic nos venga a la cabeza la figura de Tintín, pero tampoco se puede pasar por alto a Spirou, un personaje quizás más abierto al tener padres múltiples y haber seguido creciendo con el tiempo, a medida que lo hacía la sociedad que lo cobijaba.

Pero no vamos a hablar ahora de la actualización del joven botones, si no de un experimento más interesante, la reimaginación imposible de Spirou como un botones de hotel durante la Bélgica ocupada por los alemanes, un joven dispuesto a arriesgarlo todo, incluso a introducirse en la boca del lobo para liberar a su país. El caso de El botones de verde caqui de Schwartz y Yann es una interacción más de la colección Una aventura de Spirou por… que recoge propuestas de diversos autores que juegan con los personajes de la colección fuera de su cronología oficial. Algo que ha permitido al guionista y al dibujante retroceder en el tiempo para ver como se las tendría que ver nuestro héroe como miembro de la resistencia luchando contra los nazis. Dicho experimento sólo se puede definir como un éxito, ya que el guión de Yann consigue darnos por un lado una aventura frenética llena de dinamismo y al mismo tiempo entrar en los temas más grises, cuando no negros, de la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, el dibujo de Olivier Schwartz es una delicia que pivota entre el respeto por el arte clásico de la cabecera y una apuesta personal que insufla de personalidad propia al álbum, capaz de dar el mayor tenebrismo con los uniformes nazis y de crear una atmósfera naïf con los trajes de los zazou.

La relación de Bélgica con su pasado durante la Segunda Guerra Mundial es más bien optimista, el país se ve a si mismo como un luchador que sobrevivió a la ocupación con tesón y la resistencia adquiere tintes casi de leyenda entre la población. Un caso paradigmático es el museo militar de Bruselas, donde una buena parte del fondo del mismo está dedicado al imaginario nazi, mostrando toda la perversidad del régimen y la respuesta inventiva, y en la teoría futil, de la resistencia. En Bélgica se respira orgullo por su papel en la Segunda Guerra Mundial, y Yann recoge este espíritu en las páginas de El botones de verde caqui. La mayoría de los personajes se enfrentan de un modo u otro a los nazis, la mayor parte del tiempo sin saber que sus amigos se dedican a la misma tarea. Ya sean como miembros de la resistencia, dando cobijo a pilotos aliados o sólo negándose a dar información a los alemanes, los personajes belgas son individuos derrotados que se agarran a su última fibra de dignidad para al mismo tiempo sobrevivir y hacerles la ocupación lo más amarga posible a los nazis.

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En cierto sentido, Yann juega de forma cruel con los lectores, pues la historia tiende sola hacia el folletín de aventuras, hacia las huidas imposibles y los planes estrambóticos, pero la realidad, en especial la realidad de la guerra, salta una y otra vez a las páginas. Escenas como los enfrentamientos de la guerrilla, las torturas en el sótano del hotel e incluso el beso osado de una chica judía, están ahí para recordarnos que aunque exista un arma ultra secreta propia de la novela más pulp, la muerte y la desgracia están más que presentes. Este difícil equilibrio por parte de Yann es lo que hace tan especial El botones de verde caqui, porque todos los que hemos leído las aventuras de Spirou reconocemos los elementos básicos de su cosmología, podemos refugiarnos en la nostalgia… Momento que Yann aprovechará para darnos un buen guantazo y restregarnos por la cara la dureza del racionamiento, la crueldad de los colaboracionistas o las estúpidas luchas internas de quienes deberían estar luchando codo con codo contra la enorme y monstruosa bota del fascismo.

El botones de verde caqui es quizás una de las mejores historias de Spirou, quizás por la libertad que le da saberse deudora con una tradición pero conociéndose libre de la dictadura de la cronología. Schwartz y Yann pueden jugar con nosotros y con sus personajes, alterando la historia a su conveniencia y permitiéndose juegos propios como esa discusión sobre el colaboracionismo o no de Hergé. Bromas, volteretas y juegos, elementos plásticos y circenses que hacen del drama del nazismo algo masticable, una historia donde se limpian bañeras llenas de sangre, donde la resistencia se ve legitimada para hacer una limpieza entre las víctimas, y sobre todo, donde Spirou huye de la Gestapo por los tejados de Bruselas para dar con una chica judía de 15 años que se esconde en un desván.

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Se quema París

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La cólera de Fantomas 1: La guillotina (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau). Dibbuks, 2015. Cartoné. 64 págs. Color. 16 €

No sólo es más sencillo destruir que crear, también es más espectacular. Colocar piedras con argamasa puede dar un resultado tan apabullante como una catedral medieval, un edificio de proporciones colosales dedicado a la consagración de un concepto, careciendo de una utilidad formal, pues seamos serios, lo mismo que se hace en el interior de una catedral se puede hacer en mitad de un prado del campo. Pero aún así, los anegados habitantes de la Europa cristiana no han tenido problemas en dedicar décadas, en algunos casos siglos, en levantar algunas de las construcciones más solemnes e imponentes que puebla el planeta. Y sin embargo, sí hay algo más espectacular que construir una catedral es volarla en miles de pedazos con una única explosión. A parte de la emoción cinética y violenta de la propia voladura, la propia energía inmoral del acto, reírse y escupir sobre el trabajo de otros hombres, nos recorre la espina dorsal. La destrucción se transmite por nuestro cuerpo como una descarga eléctrica, una emoción que no es otra cosa que el mal, el placer agridulce de vislumbrar ese segundo de movimiento puro que existe entre el edificio imponente y la montaña de escombros, pues antes de que se pose la primera mota de polvo asistimos a una génesis perversa.

En cierto sentido, la fascinación que sentimos por lo criminal se debe más a la fuerza de la destrucción, a esa sensación de caos, que a los beneficios del acto impuro. Es evidente que existen personas que aceptan colocarse al otro lado de la justicia por mero beneficio propio, pero no hablamos aquí de simples ladrones o asesinos, si no de estetas del caos, agentes de la destrucción cuyas obras aterran en el mismo sentido que atrapan. Artistas como Fantomas, una creación literaria de Pierre Souvestre y Marcel Allain que vive una nueva vida en el cómic de la mano del guionista Oliver Bocquet y el artista Julie Rocheleau, quienes con La Cólera de Fantomas: La guillotina, inician una nueva vida de este terrorista de mil caras que parece aterrorizar a media Europa por mera diversión. Esta génesis del supervillano es hoy en día un recuerdo difuminado, como bien recuerda su guionista en el prólogo de la obra, pero que vuelve ahora apostando por una vertiente aún más artística, acentuando los ángulos, difuminando las líneas y saturando los colores, casi vaciando a Fantomas de su papel de terrorista hasta depurarlo y crear a un artesano del crimen, un artista del mal.

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Desgraciadamente todo mi conocimiento sobre Fantomas se debe a fuentes secundarias, pues nunca he tenido la suerte de leer ninguna de sus novelas, pero al leer La cólera de Fantomas: La guillotina, no puedo evitar pensar que Oliver Bocquet ha apostado más por el simbolismo del personaje que por la puesta en marcha de una trama detectivesca. Los crímenes de Fantomas están presentes en el cómic, pero parecen responder más a una puesta teatral, en el sentido más literal del término, que a un plan para conseguir el golpe del siglo. Oliver Bocquet se recrea no sólo en el personaje, sino en la época que lo vio nacer, que ha pasado de ser el mero tiempo contemporáneo a convertirse en un tiempo idealizado y romántico, en lugar de resetear al personaje en nuestros días, lo ata a un París de principios del siglo XX lleno de todos los tópicos y clichés que el arte nos ha legado. No quiero que esto se considere en ningún momento como una crítica al trabajo del guionista, pues los clichés son malos según su uso, y el trabajo de Oliver Bocquet no está empujado por la facilidad de los lugares comunes, sino por su magia y carácter evocador.

El Fantomas de Oliver Bocquet es aún más romántico y poético que el original gracias a que su propio entorno también ha ganado esa magia que sólo puede otorgar el paso del tiempo, convirtiendo a quienes eran meros rateros a las orillas del Sena en criaturas mitológicas más cercanas al trasgo que al mafioso ruso. En este sentido, este proyecto no podría haberse llevado a cabo sin el trabajo gráfico de Julie Rocheleau, quien dinamita la realidad, volvemos a recordar la catedral en llamas, para dar a los personajes de Oliver Bocquet un diseño y espacio más que digno para expandirse ellos y su historia. El trazo de Julie Rocheleau parece cercano a la improvisación del jazz, jugando con la bidimensionalidad del papel, aunque es en su color donde el arte final de La cólera de Fantomas: La guillotina explota en un millón de trozos, quedándose suspendido ante nuestros ojos antes de posarse en tierra. La luz y la sombra bailan una delicada danza en la que el color sabe contenerse y saltar en una progresión narrativa, jugando al mismo nivel que la propia disposición de las viñetas en la página.

Oliver Bocquet y Julie Rocheleau lo han hecho bien, han resucitado al terrorista centenario en La cólera de Fantomas: La guillotina haciéndolo lo más actual posible sin olvidar la magia de aquel París donde el arte se da tanto en los inicios del cine como en su teatro, pintura y crimen. Ahora sólo queda esperar los tomos dos y tres de esta trilogía donde Fantomas vuelve a reinar sobre los criminales y el miedo de los justos.

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Spain is Pain #208: Luchas en el tiempo

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Las damas de la peste (Javier Cosnava y Rubén del Rincón) Dibbuks, 2015.Cartoné, 100 págs. Color, 16€

Esta misma semana TVE ha estrenado en prime time El ministerio del tiempo, una serie de corte ci-fi que juega con las posibilidades de intervenir en el pasado conociendo todas las situaciones previamente y los actores determinantes en el devenir de la historia. Situar personajes de ficción, o reales, pero que no pertenecen al espacio geográfico o histórico puede generar una serie de problemas, de ahí la regla de no intervención en los viajes en el tiempo. La serie en cuestión funciona así: la agencia trabaja para solventar problemas que surgen en el devenir histórico de España, pero no tiene pinta que vayan a jugar a cambiar la historia y menos de momentos tan concretos como la Guerra Civil española.

Nuestro conflicto bélico, y sus alrededores, muestra la división de un país y dos formas de entenderlo que perduran hasta nuestros días. Es un contexto difícil de articular y por el que hay que decantarse por alguno de los contendientes a la hora de crear una ficción y a la hora de leerlo. Las damas de la peste de Javier Cosnava y Rubén del Rincón es un relato se articula en tres momentos históricos en los que la represión ha salido triunfante frente a la lucha por las libertades: la revolución de Asturias de 1934, la Guerra Civil española, y la II Guerra Mundial. Más un epilogo que se desarrolla en el Mayo del 68. Son tres situaciones en las que los autores no se muestran indiferentes, para ello crean tres personajes femeninos que representan el ideal de la libertad, como algo metafórico pero también como algo buscado por ellas, tres mujeres que se sobreponen a las situación para emanciparse y sobreponerse a las limitaciones y represión de los gobiernos totalitarios, tanto en la oscura España que le gusta dibujar al catolicismo como en la Francia invadida por el ejército nazi.

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Si las tres damas, personajes de ficción, están situadas en contextos históricos reales, Albert Camus aparece fuera de su contexto histórico en la revolución asturiana, interpretando a un joven que quiere ver cómo se lleva a cabo la revolución si más paliativos y dejar la literatura de lado. Pero sin intervenir, se diría que su experiencia vital funciona a modo de demiurgo, abriendo la historia, poniéndonos en situación y respetando el continuo histórico para luego reencontrarse con las protagonistas, en una línea alternativa de su vida, lo que se conoce por el nombre de missing scene. Fe, Esperanza y Caridad, son las tres damas de la peste en un contexto narrativo necesitado de esas tres virtudes. La elección de los espacios histórico Asturias, guerra civil y segunda guerra mundial representan tres momentos del enfrentamiento de dos visiones que la humanidad tiene frente a la condición humana tres estados que se pueden resumir como de lucha, huida y resignación.

Para ello destrozan los cronotopos femeninos arquetípicos de manera que los espacios abiertos definen a unos personajes que se arrojan a la vida de la misma manera que arremeten con las armas contra el enemigo. Fe es una luchadora de raza con las cosas muy claras, una persona de principios que pone por encima de todos los valores de su lucha personal, perteneciente a la clase trabajadora, por lo que todos esos valores representan una actitud vital. En cambio Caridad es una persona curiosa a la que quizás le cueste mucho más darlo todo hasta el final por la lucha nos muestra la vertiente idealista, romántica e ideológica. Aunque de lejos el personaje más interesante es Esperanza, hija de militares lucha contra el destino que le tienen preparado por ser mujer en un ambiente conservador, hija de militares, decide luchar del lado de la libertad y como paradoja sufre el escarnio de los parisinos tras la liberación de la ciudad.

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Las Damas de la peste es un relato intenso sobre la lucha de ideales, nada maniqueo, en el que lo bélico no deja de ser una mera excusa para hablarnos de tres personajes cuya máxima es combatir para vivir y para poder hacerlo con las garantías suficientes ser ciudadanas de pleno derecho. Un gran acierto el situar el relato en tres contiendas militares sin hacer de este un relato de género bélico y que se quede como un trasfondo bien documentado y definido, sin que se coma la historia principal. El combate por las libertades representado en esta obra guarda al final una pequeña sorpresa, una nimia victoria: Mayo del 68. Una toma de conciencia que parece resurgir cada cierto tiempo pero que parece que nunca acaba de cristalizar y que es absorbida por los poderes, pero los autores lo dejan ahí, con la toma de conciencia de las nuevas generaciones, que en el fondo no deja de ser algo reconfortante.

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Spain is Pain #201: Lo mejor de 2014.

Se acaba el año, empieza uno nuevo y para no perder la costumbre, ya por tercer año consecutivo, publico la lista de lo mejor del año a nivel estatal. Se trata de una lista subjetiva,  quizás más de sensaciones y de valores. Creo que he escogido los títulos listados a continuación por los valores narrativos, estéticos y discursivos en los que los autores se han apoyado para elaborar su relato; y en las sensaciones que me han provocado cada título. Esta lista como cualquier otra es puramente subjetiva. Como por lo general no me gustan las listas de 10 este año he escogido 12, porque 12 son las campanadas y las uvas que nos separan un año de otro. Pues eso, ahí va la lista:

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  1. Culto Charles de José Ja Ja Ja (Fulgencio Pimentel)

La primera posición es para el trabajo de José Ja Ja Ja. Su obra nos habla de un descubrimiento que empieza por la edición en intonso (quiero pensar que no soy el único tonto que escribí a Berni para decirle que mi volumen estaba defectuoso 😉 ) que nos remite a aquellos textos inéditos que han estado ocultos durante mucho tiempo y aparecen ante nosotros vírgenes, por abrir, en un lenguaje visual críptico que nos obliga a repasar las páginas una y otra vez. Una obra difícil pero gratificante que va en contra las visiones ultracanónicas y preconcebidas del cómic. 2014 no hubiese sido lo mismo sin Culto Charles.

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  1. Las meninas de Santiago García y Javier Olivares (Astiberri)

Frente al primer título que compone esta lista podríamos  considerar la obra de Santiago García y Javier Olivares como clásica. Pero no nos engañemos, Las meninas es uno de esos títulos que seguiremos releyendo una y otra vez por la cantidad de capas discursivas que los autores han aplicado y  que no hace más que revalorizar, más si cabe, la figura de Velázquez y poner un granito de arena más en el valor del cómic como medio para explicar la historia de un país. Firme candidato para el Premio Nacional del Cómic.

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  1. Ikea Dream Makers de Cristian Robles (DeHavilland)

Una de las sorpresas de la temporada, Ikea Dream Makers es el cómic que nadie esperaba encontrarse este año y el autor se ha plantado ahí con una gran solvencia narrativa y estética. Pero sobre todo por la capacidad de elaborar un discurso que nos habla del lado más cruel del capitalismo sin recurrir a lo más patético del relato social. Imprescindible.

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  1. Trabajo de clase/Nuevos Románticos de Ana Galvañ y Marc Torices (Apa-Apa Cómics)

Dos relatos centrados en la extrañeza de la adolescencia, y lo difícil que es crecer en una sociedad completamente alienada. Ana Galvañ y Marc Torices nos proponen un viaje alucinógeno al centro de la adolescencia, al terror que producen esos años de llenos de dudas y miedo. Así son las dos historias que componen el Miedo Issue, dos joyitas que no han de pasar desapercibidas.

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  1. VERSUS de Luis Bustos ( Entrecomics Comics)

El último combate de Tom King no es un combate normal, contra un adversario; no es un simple intercambio de golpes; sino que  es contra el tiempo y su vida. Esta cuenta atrás es narrada brillantemente por Luis Bustos, en un relato del que todos sabemos el final, pero nadie conoce el transcurso. Versus es una apología de la estética aplicada al deporte, una obra intensa que explica la fuerza de este deporte a través de unos lápices que no tiemblan a la hora de utilizar cualquier recurso y mostrar el sufrimiento del protagonista. Soberbia, dura e intensa, una obra para devorar que va directamente a la retina.

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  1. DLTLPS de Gabriel Corbera (Space Face Books)

La vida como un bucle, hacer del momento clave algo infinito del que no se sale. EL punto fuerte de DLTLPS es la creación de unos personajes muy icónicos que no evolucionan en un escenario que no para de plantearle una serie de obstáculos, que en realidad les debería hacer crecer como personajes. El relato es un reto constante al lector por plantear una aventura infinita de la que solo vemos un fragmento, de la que solo podemos percibir la esencia de lo ahí narrado.

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  1. F$P #1 de Irra y Dabi (Autoedición)

Estos dos tipos son los autores sevillanos, que si todo va como tiene que ir, van a dar mucho que hablar. El pasado noviembre se autoeditaron dos obras F $ P y A. Las dos me encantaron, pero si me tengo que quedar con una escojo la primera. Se trata de un texto adrenalítico que se desarrolla en una Sevilla sumergida en el Iberpunk con fuerzas demoniacas de por medio. El conjunto me recuerda a la primera vez que leí Akira de Katsuhiro Otomo, no digo más. Siganles la pista por las redes sociales.

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  1. Kiosco de Juan Berrio (Dibbuks)

Otro canto a la vida en la ciudad del autor vallisoletano. Este trabajo planteado con sencillez nos planta la historia de una persona, un ser humano desde que se levanta hasta que se acuesta. Su puesto de trabajo es una atalaya desde la que puede vislumbrar todo lo que sucede en la ciudad. Lejos de ser una obra voyeur, como fue su anterior Cuaderno de frases encontradas, se trata de una obra que fabricada, creada desde cero pero que guarda ese aspecto de crónica social que tiene los últimos trabajos del autor. Juan Berrio es uno de los imprescindibles del cómic español.

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  1. PutoKrío de Jorge Riera y VVAA (Edicions de Ponent)

Los que conocen a Jorge Riera dicen que es un tipo peculiar: genial, borrachuzo, pesado, encantador, bipolar, etc. No sé si es cierto pero en PutoKrío nos lo deja muy clara en su muy verdadera, aunque quizás no tanto, biografía. Esta obra es un gran juego metabiográfico en el que el personaje de ficción se apodera de la falsa vida real del guionista. Todo empieza como una broma pero el juego de Riera se encuentra a medio camino entre el found footage y el mockumentary se salda con resultados más que satisfactorios.

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  1. Inercia de Antonio Hitos (Salamandra Graphic)

Posiblemente el trabajo más anunciado y esperado del año. Antonio Hitos debuta con una obra sobre lo humano y lo divino, con una crítica brutal a esto último. Para matar ese ápice de la trascendencia de la vida y lo humano utiliza el puñal de la ciencia. Todo en un entorno urbanita, deshumanizado con unos edificios y contextos que prescinden de las personas. Un título impecable en el aspecto gráfico que sorprenderá a muchos por su solvencia narrativa. Un cómic que necesita releerse unas cuantas veces para captar las metáforas y el uso narrativo del color.

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  1. El Polo Sur de Alexis Nolla (Apa-Apa Cómics)

En este trabajo Alexis Nolla dota al fracaso con una estética casi naif a unos seres voluntariosos que saben que no van a conseguir lo que se han propuesto, y a pesar de ello siguen para adelante. El autor nos plantea una obra sobre el viaje, el trayecto supone lo más importante de la narración, el fin no existe, sino una continua secuencia de idas y venidas que retratan el carácter de unos personajes cuyo mayor logro ha sido pervivir a pesar de no lograr sus metas.

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  1. Fútbol. La novela gráfica de Santiago García y Pablo Ríos (Astiberri)

Vamos a ser sinceros, pensaba que Futbol iba a ser el comic que menos me iba a gustar este año. Me encanta el estilo de Pablo pero no lo acababa de ver. Pero tonto de mí, Futbol es un texto que ha sido capaz de alejarse de todos los tópicos del deporte rey (topicazo por excelencia) sin perder la esencia de lo que hace que este deporte sea socialmente tan aceptado. Gusta a los más forofos y enganchará a aquellos que descubran la faceta humana del deporte. Porque de eso va esta obra de la dimensión que adquieren cuando se pone por medio una pelota. Eso y que el trabajo de Pablo, y el de Santiago, es la p*ll* (perdonen)

 

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

Spain is Pain #199: Fiesta de reencuentro

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Serie B (Andres G. Leiva) Dibbuks, 2014. Cartoné, 152 págs. Color, 18 €

En su ensayo Casablanca o el renacimiento de los dioses Umberto Eco hace un análisis de la película de Michael Curtiz desde una doble perspectiva: la del fan y la del académico. Habla del film como un texto de culto que basado en su condición de película de retorno cíclico a la que se vuelve una y otra vez a pesar de conocer el argumento, los personajes, la resolución de la trama o independientemente de la calidad de la narración. El espectador vuelve porque la obra es interesante y la consideran hermosa. Para Eco un texto de culto es aquel que está completamente amueblado, que es desmontable y que sea un texto de textos. Se trata de una serie de elementos que dan lugar a la fascinación, haciendo que un texto sea, y cito, “un fenómeno digno, sino de otra cosa de veneración” es decir de culto.

Pero el teórico italiano establece una condición más para que el texto de culto sea considerado como tal, o funcione como tal, esta es la utilización de arquetipos eternos, o dicho de otra manera situaciones que han presidido las historias de todos los tiempos incluyendo la utilización de mitos históricos y contemporáneos: de manera que, citando directamente a Eco, “cuando todos los arquetipos irrumpen sin pudor alguno, se alcanzan profundidades homéricas. Dos clichés producen risa. Cien, conmueven. Porque se percibe vagamente que los clichés hablan entre sí y celebran una fiesta de reencuentro”.

Eso es lo que es exactamente Serie B de Andres G. Leiva, una fiesta de reencuentro de arquetipos vinculados a las narrativas cinematográficas del cine hecho para el entretenimiento puro y duro. Pero es una fiesta que necesita una invitación para entrar: el background cultural. Algo de lo que Eco nos hablaba en su obra Obra abierta, la necesidad de tener un background cultural para poder cerrar la obra. En este título Leiva nos propone un gran juego, una metanarración en la que los protagonistas se mueven en un equilibrio muy fino a medio camino de la ficción y la realidad. La puesta en escena es la siguiente: un director de cine por lo que parece bastante experimentado dirige un film que encarna la pura esencia del cine de serie b, con la excepcional de que el cast está compuesto por personajes reales y actores. Estos últimos bastante mediocres.

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Pero el quid de la cuestión es la similitud en la construcción de un film como Casablanca (a la que se hace referencia visual en este libro), que se fue elaborando de una manera un tanto caótica, con la cinta que se rueda en las páginas de esta obra que parece no tener ni pies de ni cabeza. Aunque nosotros como lectores y viendo solo partes de esa cinta podemos percibir por completo en su complejidad, que en realidad es simplicidad por el excelente manejo que el autor realiza de los lugares comunes de las narraciones que nos indica el camino correcto para hilar la historia narrada en segundo plano.

Pero el hilo que unifica toda la narración es el drama de Getrud, una amante despechada que ingiere un experimento científico de su amante a modo de venganza y la convierte en una mujer de un tamaño inmenso que sigue siendo acosada por los hombres. Ella el único deseo que tiene es reducir su tamaño, pasar desapercibida. La conversión física de esta lejos de convertirla en un monstruo al que la humanidad tiene que temer sus acciones la convierte en una estrella, es asumida por la cultura pop, forma parte de ella se convierte en una historia de cine. Gertrud es una sosias de Nancy Fowler Archer, la protagonista del film El ataque de la mujer de 50 pies, pero no es la única referencia, Gertrud comparte papeles con King Kong, Gort y Robby el robot entre otros personajes de la ficción cinematográfica de género.

En otros términos podríamos definir Serie B como un pastiche, pero no entendamos esa categorización como algo negativo y menos viniendo de este autor, en el que se hace necesaria la colaboración del lector para entrar en un juego de referencias culturales que aquí nos encontramos plasmadas con gran maestría y alejadas de lo críptico. Todo lo contrario es un canto de amor a la iconografía del cine tal y como se entendía hace unas décadas, cuando el cine, los libros, los cómics, se convertían en obras de culto a golpe de lectura, de hablarlo y de hacer revisiones continuadas; y no a golpe de ratón.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

Spain is Pain #195: Señor del tiempo.

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Kiosco (Juan Berrio) Dibbuks, 2014. Cartoné, 144 págs. Color. 18 €

Juan Berrio es el autor que más ha aparecido en esta sección desde que esta se alojaba en el otro blog. De su obra me fascina prácticamente todo: la creación de espacios, la humanidad de unos personajes creados sin artificios, la habitabilidad de unos no-lugares perfectamente amueblados, la planificación de unas situaciones complicadamente sencillas, pero sobre todo su capacidad de manejar los tiempos e inculcárnoslos al lector. De todo lo mencionado esto último me parece lo más complejo, y más en un momento en el que el consumo de textos, sean libros, videos, juegos, etc…, está presidida por la urgencia y por una posibilidad inmediata de abortar la lectura en cualquier momento. Aun así Berrio es capaz de plasmar un ritmo único a sus obras que te obliga a leerlas de un tirón y tal y como él las ha planteado.

Kiosco al igual que sus últimos trabajos plasma una extraña mezcla de rutina y excepcionalidad en la que la causalidad narrativa viene dada de la mano de una casualidad perfectamente planificada, al igual que los grandes narradores Berrio es capaz de imprimirle un halito de frescura sin que esta nos parezca forzada en ningún momento  y por muchas veces que volvamos al texto en cuestión. Esta sensación es un tema recurrente; aparecía en Miércoles, un trabajo en el que un buen número de situaciones planteadas como aleatorias le daban cuerpo a una historia coral que al final redundaba en la idea de que cada una de nuestras vidas repercute en la de otras tantas personas, y en el que rondaba cierta idea de denuncia social por la situación del país. En Cuaderno de frases encontradas Berrio se convierte en un cazador furtivo de la cotidianeidad recogiendo en el momento exacto una frase adecuada que en cierta manera nos identifica como una comunidad con rasgos culturales colectivos.

Esta nueva obra se encuentra a medio camino de los dos trabajos anteriores, por un lado dibuja a un personaje que intenta interactuar con el resto de seres que pueblan la narración pero a causa de su trabajo, o más bien por la carencia de este, le cuesta mucho. Pero por otro lado es un compilador de historias, lo cual me lleva a formular una pregunta un tanto absurda ¿Es este camarero un trasunto de Juan Berrio? A mí me lo parece, realiza la misma función que el autor en Cuaderno de frases encontradas: mira, observa, recoge y extrapola posibles situaciones que den pie a que terceras personas se acerquen a su kiosco a tomar algo. Pero para que eso suceda tiene que dejar de “tomar notas” y ser parte de la historia, no solo un mero observador dejar de funcionar a modo de demiurgo para formar parte de la intrahistoria, dejar de ser un narrador omnisciente para ser protagonista.

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El desarrollo de la historia es sencilla, un tipo se levanta cada mañana y se prepara para ir a trabajar en un kiosco que funciona a modo de bar con un par de mesas y poco más. El trasfondo del personaje va mucho más allá de la mera idea estereotípica del camarero como personaje plano y secundario, aquí vemos la complejidad de este desde que se levanta se arregla su piso, pinta en un pequeño lienzo, trabaja, y al final del día se enamora. La profundidad viene dada por eso y por el trayecto que realiza desde su casa hasta el lugar de trabajo en el que este recorre la ciudad a través del paisaje urbano. Pero los matices vienen en el carácter individual de la historia: vive solo, trabaja solo, y es capaz de mantener una vida plena sin la necesidad de tener a nadie a su lado. Un urbanita puro con una capacidad para la observación innegable, otorgada en gran parte por la falta de popularidad del kiosco que regenta.

No se si decir que este es el mejor trabajo de Juan Berrio, porque posiblemente me encuentre en la misma tesitura con su próxima obra. Cada nuevo título de este autor es una nueva sorpresa, por el momento que está se encuentra a medio camino entre el clasicismo narrativo y lo experimental. Kiosco es una obra muda que se puede leer de principio a fin, en el sentido de lectura convencional, o al revés con la misma efectividad narrativa, sin que nos resulte extraño ni ajeno. Es una obra obligatoria para todos los amantes del cómic, para los fans acérrimos del autor y para aquellos que quieran tener una muy buena primera experiencia dentro del mundo del cómic.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo