El mal que todos llevamos dentro

Camisa de fuerza (El Torres y Guillermo Sanna). Dibbuks, 2017. Cartoné. 112 págs. Color. 16 €

Hace poco leí por internet el argumento de una persona, no recuerdo el post, tweet o vídeo, en el que defendía el uso del término horror en lugar de terror porque el terror tenía que ser terrorífico, es decir, que tenía que dar miedo, lo que dejaba de lado todas las obras que se basan en lo horrible pero cuya función última no es asustar. Yo siempre defiendo el uso de horror sobre terror, aunque al final termino usando los términos de forma indistinta, pero me pareció un argumento más que afortunado. Creo que le di un me gusta o lo puse como favorito y se perdió en la vorágine de la red de redes. En todo caso me pareció más que remarcable, porque si lo reducimos todo al susto, al final lo único que tenemos es una atracción de feria construida en base a personas tras el quicio de la puerta esperando para dar un salto.

Así que prefiero el horror, porque permite continuar con las reglas y elementos del género sin tener que preocuparnos por los golpes de efecto, que siguen pudiendo estar más que presentes. De este modo se lleva a cabo uno de los procesos que más me gustan, la creación de mitología, la confección de un universo propio. Es como si las historias de terror se acabaran cuando mostramos lo que hay entre bambalinas: Fred le quita la máscara al vampiro de turno y nos muestra que es un agente inmobiliario que quiere desalojar a una pareja de ancianos. La magia y el horror se disipan, los sustos nos han alterado pero podemos volver a casa tranquilos. En el horror por contra, el mal es real y nunca es derrotado del todo, en su lugar cada vez lo vamos conociendo más, los tentáculos se alargan y aprisionan nuestra realidad haciéndonos cada vez más pequeños y débiles ante lo que hay al otro lado, viene de más allá del tiempo o se ha escapado de una prisión en otra dimensión.

Ese sentimiento de crecimiento continuo es lo que más me gusta del horror frente al terror, aunque sea una clasificación imperfecta surgida de un tweet furtivo. Y eso es precisamente lo que encuentro en Camisa de fuerza de El Torres y Guillermo Sanna, la promesa de un horror que no decrece, la constatación de una historia que se vuelve más compleja con cada página, haciendo que cada vez sea más complicado escapar de ese horrible cosmos que nos rodea sin que sepamos siquiera que existe. Esta dualidad a dos niveles permite a El Torres crear por un lado un escenario cotidiano donde cimentar su relato, para luego construir una mitología propia donde el horror tiene sus propias reglas y todo funciona de forma muy diferente pero con una coherencia interna inapelable. El planteamiento de Camisa de fuerza es sencillo de entender, una chica, Alex, está encerrada en un manicomio por algo tan simple como haber descuartizado a su hermano gemelo cuando eran pequeños. Frente a ella tenemos al clásico psiquiatra, que también esconde su pasado, empeñado en curar a la joven, frente a la retahíla de doctores que se limitan a drogar a la joven simplemente para que esté tranquila.

El problema, como todo buen lector ya sospechará, es que Alex tenía motivos para descuartizar a su hermano, motivos difíciles de explicar. Y aquí es donde el guión de El Torres coge vuelo y ya no para. Porque siendo sinceros, el valor de Camisa de fuerza no está en su punto de partida, sino en su desarrollo y en las pocas concesiones que se hacen al horizonte de expectativas del lector. En cierto sentido, la historia de Alex es la que hemos visto muchas veces, con un grupo de personas obligadas a creer en lo que no creen a pesar de una gran cantidad de pruebas, pero Alex no es la típica chica que busca que le crean, ella se conforma con conseguir que le dejen hacer su trabajo. Aquí es donde más brilla el guión del cómic, con un personaje tan bien escrito como Alex, una chica cínica y dura pero frágil al mismo tiempo, capaz tanto de soltar one-liners propias de una estrella del cine de acción de los ochenta, como de derrumbarse cuando percibe el fracaso como algo más que una posibilidad. Poco más se debe de contar para que el lector disfrute virginalmente de Camisa de fuerza, sólo remarcar el dominio en el guión de un personaje gris en el sentido más amplio del término, tan real que no cuesta querer o despreciar a Alex según su comportamiento y acciones.

Del trabajo gráfico de Guillermo Sanna remarcar la gran capacidad que tiene para trabajar a dos niveles. La mayoría de las páginas, en un blanco y negro absoluto, hacen que el universo real sea lo más verosímil posible. El hospital psiquiátrico donde ocurre el grueso de la acción es tan verosímil que casi se puede oler el desinfectante y se pueden oír las toses de los pacientes. El espacio está representado de una forma tan creíble que eso sólo consigue que las páginas que podemos llamar rojas sean aún más violentas y oníricas. Guillermo Sanna apuesta por un dibujo más suelto y violento para representar lo que hay más allá de lo visible. Dicen que Camisa de fuerza tiene lugar en el mismo universo que El velo, una obra anterior de El Torres, como resumen de este cómic sólo diré que tengo unas ganas locas de leer la anterior obra y conocer más sobre ese universo que sólo percibimos por el rabillo del ojo.

@bartofg
@lectorbicefalo

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¿Relevo de villanos?

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La cara oculta de Z (Yoann y Fabien Vehlmann). Dibbuks, 2016. Cartoné, 48 págs. Color, 13,50€

En el último álbum de Spirou, este y Fantasio, volvia a Champignac, resolvían una crisis que tenía que ver con una contaminación química causada por Zorglub en la que el pueblo, flora y fauna, se había visto forzada a una involución. Los daños causados en la mansión del conde sirven como nexo de unión entre dicha entrega y esta: La cara oculta de Z.  Spirou y Fantasio se encuentran reparando el tejado cuando al día siguiente se encuentran en la luna, en la base creada por Zorglub para sus investigaciones. Pero dicha instalación, construida en el lado oscuro de la luna, se parapeta en un centro de entretenimiento para los más pudientes, desde ricos despiadados, actrices caprichosas o deportistas ególatras.

Evidentemente la trama gira en torno a cómo Zorglub quiere deshacerse de ese aderezo para tomar por completo el control de la base lunar y llevar a cabo sus experimentos. Spirou y Fantasio, como no, jugaran un papel capital en el desarrollo de dicha trama no sin antes sufrir efectos colaterales. Al reportero se le impide escribir sobre el centro de recreo por el que circulan todo tipo de celebrities, por su lado Spirou sufrirá una mutación tras verse afectado por la radiación social.

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Lo más interesante del volumen no es tanto el relato en sí mismo sino la reconversión del villano. Zorglub no deja de ser un malo de cómic de toda la vida que tiene un punto entrañable que contrasta con el personaje que aparece al final y que al parecer a financiado la costosa base espacial. Este se acota más a los nuevos tiempos, se trata por lo poco que se puede ver de un gran magnate que considera que todo se puede comprar y convertirlo en una inversión. Se trata de un villano en toda regla, seguramente más duro y contemporáneo que el propio Zorglub.

En esta última entrega de Spirou y Fantasio nos encontramos con unos espacios interesantes que abren las posibilidades a que Yoann construya unos escenarios de corte fantástico y reimaginar unas instalaciones de carácter futurista en ese continuo temporal del universo de los personajes, diríase que se trata de una modernidad retro que no deja de tener un gran encanto. En estas últimas entregas se prima un relato dinámico basado en la acción en el que la función deductiva de los personajes se ve reducida, en cierta manera los personajes han ido evolucionando en pericia física pero no intelectual. Aun así la frescura de los protagonistas sigue intacta.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #253: La resistencia nº1 (VVAA)

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La resistencia nº1 (VVAA) Dibbuks, 2016. Rústica, 80 págs. Color y B/N, 8€.

La desaparición en 2005 de El víbora auguraba un hecho que quizás en aquel momento los lectores no éramos muy conscientes el panorama editorial iba a cambiar para siempre. Principalmente para las revistas. Por suerte no fue la última en los más de diez años que han pasado desde que cayó el buque insignia del cómix nacional han ido apareciendo diferentes publicaciones que realmente no lo han tenido muy fácil; desde TOS a Zander Magazine, pasando por Humo, Dos veces Breve, El Manglar. Las revistas implican en mayor o menor grado cierta complicidad por parte del lector a la hora de seguir las series de las mismas, eso implica una periodicidad razonable.

La gente de Dibbuks vuelve al ataque con otra revista aunque quizás con una mentalidad un tanto diferente a la que tenían las anteriormente citadas. En este caso La resistencia busca crear una revista que no implica un seguimiento continuo, todas las historias son autoconclusivas y nos permiten conocer los registros de distintos autores actuales y también hacer un poco de arqueología del panorama nacional. No es baladí que la revista reciba dicho nombre, el planteamiento de una publicación de estas características es un acto bastante atrevido con el que muchos no cuentan. Imagino que aparte de los fanzines puros y duros nos resulte extraño encontrarnos este tipo de publicaciones en las tiendas a día de hoy.

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El enfoque de la publicación es para lectores habituales de cómic nacional pero sin excluir a aquellos que se quieran acercar por primera vez a conocer otros autores o deseen realizar una aproximación al panorama actual. En ese sentido los editores no han optado por obras radicalmente experimentales buscando una publicación que sirva para divulgar las virtudes de la historieta nacional contemporáneas. Una labor divulgativa en pro de favorecer el acercamiento de nuevos lectores. Lo cual lo convierte en una buena oportunidad para retomar la costumbre de ir a comprar revistas de cómics, ya no a los quioscos pero si a las librerías especializadas.

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En este número de la resistencia colaboran: Juan Berrio, Pablo Velarde, Chipi, Juanjo el Rápido, Javi de Castro, Josep Busquet, Miguel B. Núñez, Manel Cráneo, Olaf Ladousse, Jali, Rubén Garrido, Raúl, Álex Fito, José Luis Ágreda, Antoine Ozanam, Infame & co, Chema García y Fermín Solís.

@Mr_Miquelpg

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Lo mejor más allá de las fronteras nacionales del 2015

Esta lista no es que sea mala, es que está tan incompleta como dominada por la subjetividad. Aún tengo bastantes cómics amontonados por leer, la mayoría editados en el 2015, e incluso puede que alguno del 2014, y como sé, porque me pasó el año pasado, alguno merecería estar en la lista de lo mejor de este año, pero no lo va a estar porque no lo leeré hasta dentro de algún tiempo. Así que supongo que si alguien hecha en falta algún título es primero porque no me lo he podido leer, y a lo mejor, es posible, porque lo he leído y no ha sido tanto para mí. Pero en fin, estaría feo disculparme, o siquiera dar razones al porqué de un cómic u otro. Son los que son. Son los diez cómics extranjeros que más le han gustado a Barto durante sus lecturas del 2015.

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10. La cólera de Fantomas 1: La guillotina (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau)

Los verdaderos protagonistas de esta obra no son Fantomas y sus maldades, si no sus perseguidores, los hombres de bien encargados de acabar con el caos del Príncipe del Crimen. Oliver Bouquet y Julie Rocheleau recrean un París de principios de siglo XX lleno de magia y personalidad, consiguiendo que la ciudad de las luces sea un escenario tan evocador como misterioso, capaz de albergar la mayor belleza y la más repulsiva maldad. Por el momento, el segundo volumen de lo que será una trilogía cumple lo expuesto con anterioridad, lo que puede cerrar un perfecto tríptico sobre la maldad pura y los hombres que la combaten.

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9. Navilandia (Tronchet)

La idea de una dictadura de la felicidad no es un tema que nunca se haya trabajado, pero por suerte, el intento de contar el terror a través de la felicidad por parte de Tronchet se asienta en el humor, lo que lo hace aún más malsano y divertido de leer. Navilandia es un cuento perverso que mezcla la obligatoriedad de la felicidad con la devoción malsana por el calendario, haciendo que la vida se convierta en un círculo vicioso del que no se puede salir, y es que uno se cansa de todo, incluso de ser feliz. Pero no sólo de esto habla Tronchet, pues también tiene espacio para divagar sobre las revueltas sociales y el amor, todo desde el prisma del héroe involuntario que se ve arrastrado a la épica por el simple interés de llamar la atención de una bella mujer.

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8. Mater Morbi (Roberto Recchioni y Massimo Carnevale)

Las historias de Dylan Dog son un perfecto ejemplo de un buen producto comercial, una obra de publicación regular con el único fin de entretener al lector. Mater Morbi consigue este fin sin problemas, pero le añade el valor de tratar un tema tan esquivo al arte como la enfermedad. Todos estamos hartos de ver como la muerte se presenta como un mal necesario, un ente casi seductor depredador de los vivos. Pero mientras la parca es fulminante y poderosa, la enfermedad es lenta, cruel de forma innecesaria y carente de cualquier sensualidad. Recchioni y Carnevale le dan la vuelta a la tortilla, nos muestran la enfermedad de otra forma y obligan a Dylan Dog a luchar contra un enemigo tan macabro como patético, digno de su propia y esquiva belleza, o al menos comprensión.

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7. El botones de verde caqui (Schwartz y Yann)

Hay pocas cosas que me gusten tanto como los juegos dentro de las obras de ficción, con personajes que cambian sus coordenadas existenciales o los creadores que les insuflan vida. En este sentido, El botones de verde caqui era una lectura obligada, tanto por el cariño que tengo por el personaje como los gratos recuerdos que guardo de una ciudad como Bruselas, más cuando la misma está bajo dominación nazi. Pero Schwartz y Yann no se limitan a realizar una buena obra de aventuras bélicas, también crea un extraño entramado dentro de la resistencia, consiguiendo un fresco de personajes buenos pero obligados por las circunstancias a vivir en la mayor desconfianza, como toda buena obra ambientada en la guerra, llena de épica, pero con un regusto tan amargo como triste.

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6. Neptuno (Jean-Yves Delitte)

Jean-Yves Delitte mezcla la influencia del mejor Julio Verne con su talento para el dibujo realista. Poco más se le puede pedir a una obra como Neptuno, aunque por suerte es más lo que ofrece. Una historia llena de imaginación y desprecio al límite, pero llena de un realismo y complejidad cercano a los engranajes de un reloj. Neptuno está llena de aventuras y acción, pero sus parámetros y universo está construido desde una lógica fría, casi matemática, para después calentarse con la furia y bondad de los personajes que la pueblan. En un mundo lleno de steampunk que se limita a la estética vacía y la excusa de la fantasía, es meritorio encontrar una obra que nos recuerda que el género no es más que ciencia-ficción aplicada al pasado.

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5. La isla de las mujeres (Zanzim)

Este año no han faltado las obras que de una u otra forma están relacionadas con la primera mitad del siglo XX, especialmente en su plano más bélico, pero tampoco son pocas las que han utilizado ese marco para hablar de algo completamente diferente. Quizás una de las más llamativas sea La isla de las mujeres de Zanzin, que aunque está centrada en un piloto seductor nato, se vale de dicho personaje para hablar del amor y del cambio en las relaciones entre hombres y mujeres. El piloto seductor puede ser un ejemplo de las nuevas relaciones amorosas donde la caza y la servidumbre dan lugar a los juegos y los sentimientos, un camino que no siempre es sencillo y que obliga a los sacrificios. Por fortuna, Zanzim sabe que habla de amor y tiene un hueco reservado al humor y la ternura.

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4. The Bomb (Steve Mannion)

Este año no han faltado obras que recuperen la esencia de los cómics de terror clásico, autores y obras que han reintentado los años 50 del baby boom americano del siglo pasado desde la óptica actual. Entre ellos sobresale Steve Mansión con su The Bomb, un cómic que es algo más que el lugar de nacimiento de su personaje estrella Fearless Dawn. En las páginas de The Bomb encontramos desde nazis zombies hasta piratas con horribles tatuajes, todo desde la perspectiva personal de Steve Mannion, empeñado en recuperar cierta edad dorada del horror y la cultura popular, una lectura tanto para nuevos lectores, que descubrirán un nuevo universo, como para los más entendidos, que disfrutan con este tributo.

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3. Vil y miserable (Samuel Cantin)

Una de las mejores cosas que hay es amar a un personaje mezquino, pues nos debatiremos en una lucha infernal entre empatizar con su dolor y disfrutar de sus desgracias. Esto es lo que nos regala Samuel Cantin en Vil y miserable un personaje tan ruin como patético, presa de las mayores injusticias pero culpable al fin y al cabo de las mismas. Vil y miserable es la historia de un demonio que vende libros usados en un concesionario de coches de segunda mano, alguien empeñado en conseguir lo mejor de la forma más sencilla y egoísta posible, con la salvedad de que la desgracia siempre llama a su puerta y sus planes de grandeza sólo están a la altura de su mediocridad.

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2. Sunny 1 (Taiyô Matsumoto)

La lectura de Sunny sólo se puede definir como la victoria moral de los derrotados llevada a su máxima potencia. Nos encontramos con una historia sencilla sobre unos niños en una casa de acogida, llena de los sinsabores y alegrías de cualquier niño pero desde el prisma de unos chavales que viven una situación anormal a ojos de la mayoría. En este sentido, hay que alabar el trabajo de Taiyô Matsumoto, que obviando cualquier atisbo de sentimentalismo barato, consigue que una obra llena de contención conmueva a niveles insospechados, haciendo que unas historias simples, que no sencillas, muestren una ternura tan desnuda que duele, todo desde una perspectiva casi anecdótica, casi insustancial, pero llena de profundidad y verdad.

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1. Preciosa oscuridad (Fabien Vehlmann y Kerascoët)

Posiblemente uno de los cómics más bellos y crueles que he leído nunca. Un arma traicionera que se vale de la ternura y la inocencia para desatar el mayor terror y golpear nuestras mentes. Lo que hacen Fabien Kehlmann y Kerascoët no tiene perdón, estos dos nombres ocultan a tres artistas capaces de jugar con lo más sangrado para desmontarlo todo y dejarnos incapaces de reconstruirlo. Una obra que obliga a la relectura instantánea, pues tras la primera nos quedamos con la duda de si hemos leído realmente lo que hemos leído, algo que se confirmará tras volver a recorrer esas páginas llenas de amor y tortura.

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La cólera de Fantomas 2: Todo el oro de París (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau)

Portada_LaColeradeFantomas2La cólera de Fantomas 2: Todo el oro de París (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau). Dibbuks, 2015. Cartoné. 64 págs. Color. 16 €

Los nudos son siempre lo más complicado a la hora de desarrollar una trilogía, no por nada el segundo acto es el más complicado y sufrido de cualquier obra. Todos podemos pensar un inicio rompedor y un final espectacular, lo complicado es rellenar lo que hay en medio. Por suerte, Oliver Bocquet y Julie Rocheleau se desenvuelven bastante bien en Todo el oro de París, la segunda parte de su trilogía La cólera de Fantomas, iniciada con el espectacular La guillotina. Las apuestas suben, Fantomas, el rey del terror, se nos presenta aún más desalmado e inteligente, una complicación más para el inspector Juve, que no sólo deberá luchar contra la encarnación física del mal, sino que tendrá en su contra a las propias fuerzas de seguridad parisinas y francesas.

Ahora mismo es complicado leer una historia como Todo el oro de París, aunque en la misma medida es más necesario que nunca. Los recientes hechos en la Ciudad de la Luz son capaces de eclipsar incluso al propio Fantomas, consiguiéndose una vez más que la realidad supere a la ficción, con un grupo de desalmados que han conseguido bajar de categoría al príncipe del crimen europeo. Sin embargo, al igual que los parisinos están obligados a volver a la calles, a recorrer y vanagloriarse sus conquistas como sociedad, sus avances más allá de la muerte y la sinrazón; los lectores debemos encontrar un asidero en la ficción, el marco referencial de lo que somos, ese Juve incansable cuyo único fin es acabar con el terror por el propio hambre de la justicia, ayudándose de personajes reales, como el mago-cineasta Méliès, que se mezclan en ese París idealizado de principios del siglo XX, capital cultural del mundo.

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Así que no se puede más que disfrutar de la trama orquestada por Oliver Bocquet, que enfrenta al héroe incansable con el villano casi omnipotente, capaz de llevar a cabo planes tan megalómanos como robar absolutamente todo el oro de la capital de Francia. Por su parte, Julie Rocheleau mantiene ese dibujo tan cargado de movimiento como de profundidad, sin olvidar un color evocador capaz de añadir nuevas capas de significado. Todo el oro de París es una obra oscura sobre la maldad, pero también sobre la obstinación de quienes luchan contra ellos. Porque por mucho que los franceses sean franceses, y todo lo que ello conlleva, no se puede negar que absolutamente nadie ama nadie nada más de lo que ellos aman la vida. Seguro que Fantomas presenta una dura batalla en el tomo que cierre la trilogía La cólera de Fantomas, pero nadie duda de que París será la única vencedora.

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El juego de las apariencias

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La isla de las mujeres (Zanzim). Dibbuks, 2015. Cartoné. 80 págs. Color. 18 €

La principal dualidad a la hora de separar a los seres humanos en dos macrogrupos es el género, nada como hombres y mujeres para levantar una muralla que casi separa a la raza en dos. Da igual que hablemos de viejos y jóvenes o ricos y pobres, las mayores diferencias estarán siempre en el sexo. Todo sin olvidar que sexo y género ni siquiera tienen porque ser lo mismo. Así que encontraremos desde quienes luchan por derivar todas las fronteras entre los dos grupos hasta los que defienden el valor positivo de la diferencia. Después están los peligrosos, los que abogan por la subyugación del otro, papel que casi siempre ha recaído en el hombre, por no decir siempre. Esperemos que todo termine en un feliz estado en el que hombres y mujeres sean iguales con derecho a diferenciarse sin molestar a lo más mínimo al otro.

Pero claro, la destrucción de un modelo único, el del hombre como único ciudadano real y la mujer como complemento, ha traído una alegre anarquía en la que las mujeres luchan por definirse como sujetos libres y los hombres deben aprender a compartir. Y con esto no hablamos sólo de derechos civiles u oportunidades laborales, elementos tan primigenios como el amor se han reinventado más en el último siglo que en los milenios de historia humana que le preceden. Con lo que obras como La isla de las mujeres de Zanzim, con un perfecto color de Hubert, son un interesante juego sobre las relaciones e interacciones entre hombres y mujeres. Zanzim parte de una figura donjuanesca, Céleste Bompard, un piloto de acrobacias que se embarca en la Gran Guerra transportando las cartas de amor de los soldados del frente. Esto trae al señor Bompard un poco al fresco, ya que está acostumbrado a conquistar a cualquier mujer que desee con la misma velocidad a la que la cambia por otra.

Sin embargo, todo esto cambia cuando el Zanzim hace que su protagonista estrelle su avión en una isla de aspecto tropical poblada por una tribu compuesta únicamente por mujeres. La obra Neputno de Jean-Yves Delitte presenta un capítulo parecido, atrapando también a sus personajes con una civilización perdida de mujeres, aunque Delitte las convierte en simples caníbales sexuales y alimenticias. Zanzim estira la historia para presentar un estudio algo más profundo, y notablemente más cómico, de las relaciones entre hombres y mujeres. Céleste Bompard es un zorro encerrado en el mayor gallinero del mundo, donde se ve obligado, sin poder hacer absolutamente nada para evitarlo, a servir a las mujeres en todos los sentidos. Aunque para desgracia del protagonista, el sentido sexual es el menos recurrido por sus captoras.

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Esta historia, que podría dar para una fantasía erótica masculina o para una fantasía vengativa femenina, se convierte en Zanzim, por difícil que pueda parecer, en una historia de ternura, en una construcción continua de puentes entre los dos géneros, desde un prisma muy actual. Céleste Bompard se ve obligado a servir a las mujeres y lo que comienza siendo una tortura acaba dando lugar a un punto de unión. Las amazonas descubren que Bompard es un gran cocinero, y es a través de la cocina, del estómago, como el hombre termina conquistado a las mujeres. De este modo, Zanzim rompe un primero modelo con el cambio de roles, que también puede entenderse como el final del monopolio por parte de un género. Pero es posteriormente, con el tema de la narración cuando La isla de las mujeres alcanza un nuevo nivel, ya que Bompard recupera el correo que transportaba y se dedica a entretener, y embelesar, a las mujeres, narrando los descarnados sentimientos que los soldados de las trincheras transmiten a sus amadas en la retaguardia.

Al final, Céleste Bompard es un hombre totalmente cambiado, abierto más al amor, pero sobre todo al respeto, al igual que las mujeres, que terminan viendo al hombre no como al enemigo, si no como al compañero. Pero por suerte, Zanzim no termina su relato con una utopía perfecta en la que un hombre es la pareja ideal de una tribu de hermosas isleñas, haciendo que las últimas páginas de su obra nos obliguen a replantearnos todo lo que hemos leído, pues a través del humor y la ternura, el autor teje una reflexión sincera, incluso descarnada, sobre las relaciones entre hombres y mujeres, un tema que posiblemente, y con suerte, jamás se agote.

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El botones contra el nazismo

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El botones de verde caqui (Schwartz y Yann). Dibbuks, 2015. Cartoné. 64 págs. Color. 16 €

Bruselas es una ciudad donde tuve la suerte de vivir varios meses, y a parte de comer muchos gofres y mejillones aprendí algo sobre la ciudad y el país que lo rodea. Bélgica es un país raro hasta el extremo, dividido entre dos sociedades, Flandes al norte y Valonia al sur, que ni siquiera comparten el idioma, dos grupos que viven en una continua tensión que no explota porque ambos han decidido ignorarse el uno al otro. Sin embargo, a pesar de vivir de espaldas, llegando incluso a aprender el idioma cooficial en su país, los belgas tienen un gran aprecio por sus símbolos nacionales, como pueden ser desde las patatas fritas hasta el chocolate o su cómic, un tesoro nacional que ocupa un lugar prominente en la capital del país. Es lógico que al pensar en Bélgica y cómic nos venga a la cabeza la figura de Tintín, pero tampoco se puede pasar por alto a Spirou, un personaje quizás más abierto al tener padres múltiples y haber seguido creciendo con el tiempo, a medida que lo hacía la sociedad que lo cobijaba.

Pero no vamos a hablar ahora de la actualización del joven botones, si no de un experimento más interesante, la reimaginación imposible de Spirou como un botones de hotel durante la Bélgica ocupada por los alemanes, un joven dispuesto a arriesgarlo todo, incluso a introducirse en la boca del lobo para liberar a su país. El caso de El botones de verde caqui de Schwartz y Yann es una interacción más de la colección Una aventura de Spirou por… que recoge propuestas de diversos autores que juegan con los personajes de la colección fuera de su cronología oficial. Algo que ha permitido al guionista y al dibujante retroceder en el tiempo para ver como se las tendría que ver nuestro héroe como miembro de la resistencia luchando contra los nazis. Dicho experimento sólo se puede definir como un éxito, ya que el guión de Yann consigue darnos por un lado una aventura frenética llena de dinamismo y al mismo tiempo entrar en los temas más grises, cuando no negros, de la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, el dibujo de Olivier Schwartz es una delicia que pivota entre el respeto por el arte clásico de la cabecera y una apuesta personal que insufla de personalidad propia al álbum, capaz de dar el mayor tenebrismo con los uniformes nazis y de crear una atmósfera naïf con los trajes de los zazou.

La relación de Bélgica con su pasado durante la Segunda Guerra Mundial es más bien optimista, el país se ve a si mismo como un luchador que sobrevivió a la ocupación con tesón y la resistencia adquiere tintes casi de leyenda entre la población. Un caso paradigmático es el museo militar de Bruselas, donde una buena parte del fondo del mismo está dedicado al imaginario nazi, mostrando toda la perversidad del régimen y la respuesta inventiva, y en la teoría futil, de la resistencia. En Bélgica se respira orgullo por su papel en la Segunda Guerra Mundial, y Yann recoge este espíritu en las páginas de El botones de verde caqui. La mayoría de los personajes se enfrentan de un modo u otro a los nazis, la mayor parte del tiempo sin saber que sus amigos se dedican a la misma tarea. Ya sean como miembros de la resistencia, dando cobijo a pilotos aliados o sólo negándose a dar información a los alemanes, los personajes belgas son individuos derrotados que se agarran a su última fibra de dignidad para al mismo tiempo sobrevivir y hacerles la ocupación lo más amarga posible a los nazis.

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En cierto sentido, Yann juega de forma cruel con los lectores, pues la historia tiende sola hacia el folletín de aventuras, hacia las huidas imposibles y los planes estrambóticos, pero la realidad, en especial la realidad de la guerra, salta una y otra vez a las páginas. Escenas como los enfrentamientos de la guerrilla, las torturas en el sótano del hotel e incluso el beso osado de una chica judía, están ahí para recordarnos que aunque exista un arma ultra secreta propia de la novela más pulp, la muerte y la desgracia están más que presentes. Este difícil equilibrio por parte de Yann es lo que hace tan especial El botones de verde caqui, porque todos los que hemos leído las aventuras de Spirou reconocemos los elementos básicos de su cosmología, podemos refugiarnos en la nostalgia… Momento que Yann aprovechará para darnos un buen guantazo y restregarnos por la cara la dureza del racionamiento, la crueldad de los colaboracionistas o las estúpidas luchas internas de quienes deberían estar luchando codo con codo contra la enorme y monstruosa bota del fascismo.

El botones de verde caqui es quizás una de las mejores historias de Spirou, quizás por la libertad que le da saberse deudora con una tradición pero conociéndose libre de la dictadura de la cronología. Schwartz y Yann pueden jugar con nosotros y con sus personajes, alterando la historia a su conveniencia y permitiéndose juegos propios como esa discusión sobre el colaboracionismo o no de Hergé. Bromas, volteretas y juegos, elementos plásticos y circenses que hacen del drama del nazismo algo masticable, una historia donde se limpian bañeras llenas de sangre, donde la resistencia se ve legitimada para hacer una limpieza entre las víctimas, y sobre todo, donde Spirou huye de la Gestapo por los tejados de Bruselas para dar con una chica judía de 15 años que se esconde en un desván.

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